November 28, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
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I. Introducci贸n al problema

Este trabajo analiza cr铆ticamente el concepto de Estado capitalista de Nicos Poulantzas/1. La importancia de los aportes de Poulantzas a la cr铆tica marxista del Estado alcanza para justificar nuestra empresa. La teor铆a del Estado formulada por Poulantzas entre fines de los sesenta y comienzos de los setenta sobre las bases del marxismo estructuralista franc茅s de cu帽o althusseriano, junto con la formulada casi simult谩neamente por los intelectuales reunidos en el denominado debate de la derivaci贸n del Estado dentro de la tradici贸n m谩s dial茅ctica del marxismo alem谩n, es en los hechos uno de los dos abordajes m谩s sistem谩ticos de la problem谩tica del Estado capitalista en el marxismo del siglo pasado/2.

Pero a esta justificaci贸n se agrega el hecho de que el pensamiento de Poulantzas suscita en nuestros d铆as un renovado inter茅s. La estrategia pol铆tica de la 鈥渧铆a democr谩tica al socialismo鈥 propuesta por Poulantzas a fines de los setenta, en particular, ha sido rescatada por varios de los intelectuales vinculados con las nuevas fuerzas de izquierda emergentes de la crisis europea como Syriza y, en menor medida, Podemos. Stathis Kouvelakis, miembro del Comit茅 Central de Syriza y firmante de la Plataforma de Izquierda, por ejemplo, dec铆a en una entrevista reciente: 鈥減or una parte, vemos una confirmaci贸n de la aptitud de la opci贸n gramsciana-poulantziana de tomar el poder a trav茅s de elecciones, pero combinando esto con movilizaciones sociales, y rompiendo con el concepto del poder dual como un ataque insurreccional al Estado desde afuera 鈥損uesto que el Estado debe ser tomado desde adentro y desde afuera, desde arriba y desde abajo鈥/3. El rescate de Poulantzas parece m谩s acotado en la izquierda latinoamericana. Pero tampoco 脕lvaro Garc铆a Linera, vicepresidente de Bolivia, se priv贸 en una reciente conferencia de recordar 鈥揳unque de una manera mucho m谩s sui generis, por cierto- esa estrategia del 煤ltimo Poulantzas: 鈥渆l socialismo, entendido como la transformaci贸n estructural de las relaciones de fuerzas entre las clases sociales, necesariamente tiene que atravesar al propio Estado, que por otra parte no es m谩s que la institucionalizaci贸n material e ideal, econ贸mica y cultural, de esa correlaci贸n de fuerzas sociales鈥/4. L麓etat, le pouvoir, le socialisme, en cuya conclusi贸n Poulantzas ofreciera la versi贸n m谩s acabada de esta estrategia pol铆tica, acaba de ser reeditado en franc茅s por primera vez desde su edici贸n original de 1978. En el prefacio a esta nueva edici贸n, Ramzig Kecheyan explica dicha estrategia en los siguientes t茅rminos: 鈥淟a 鈥榲铆a democr谩tica al socialismo鈥 preconizada por Poulanzas combina radicalizaci贸n de la democracia representativa con experiencias de autogesti贸n en la sociedad civil, especialmente 鈥揳unque no 煤nicamente- en el lugar de trabajo, y en el sector industrial tanto como en los servicios y la funci贸n p煤blica. Ella busca incidir en las contradicciones del Estado capitalista desde el interior y desde el exterior, es decir interviniendo en las instituciones vigentes cuando pueden obtenerse avances en ellas y a la vez presionando sobre los aparatos de Estado a partir de espacios que escapan a ellos, que se mantienen a distancia del poder del Estado鈥 (Keucheyan 2013: 31). La academia, por su parte, acompa帽贸 en alguna medida este inter茅s pol铆tico y, tanto en Europa como en Am茅rica Latina, se organizaron encuentros exclusivamente dedicados al pensamiento de Poulantzas/5.

Sin embargo, aun aceptando la importancia del pensamiento de Poulantzas as铆 como el renovado inter茅s que suscita en nuestros d铆as, podr铆amos preguntarnos por qu茅 raz贸n este pensamiento y, m谩s espec铆ficamente, su concepto de Estado capitalista, requiere un an谩lisis cr铆tico. La raz贸n radica en que, dentro del pensamiento de Poulantzas, este concepto es clave y es tambi茅n problem谩tico. En efecto, acaso su principal aporte a la historia del marxismo resida precisamente en su intento de construir una teor铆a marxista sistem谩tica del Estado capitalista. El concepto de Estado est谩 en el centro de toda su obra. Y, a pesar de que la trayectoria intelectual completa de Poulantzas se desarroll贸 en la escasa d茅cada y media que se extendi贸 entre sus primeros escritos jur铆dicos de mediados de los sesenta y la publicaci贸n de su 煤ltimo libro, unos meses antes de su suicidio a fines de la d茅cada siguiente, esa trayectoria fue muy vertiginosa y, en consecuencia, ese concepto de Estado sufri贸 importantes cambios.

En las siguientes p谩ginas nos valdremos pr谩cticamente de todos los escritos publicados por Poulantzas. Pero no seguiremos la evoluci贸n del concepto de Estado a lo largo de ellos de una manera cronol贸gica, sino que partiremos de la definici贸n que propone Poulantzas en sus 煤ltimos escritos, que es la m谩s influyente en nuestros d铆as y la que m谩s interesa discutir en estas p谩ginas y, a partir de ella, reconstruiremos su evoluci贸n previa. Esto equivale a partir de la definici贸n del Estado propuesta en su 煤ltimo libro, el citado L麓etat, le pouvoir, le socialisme (EPS) de 1978, en el que se distancia en mayor medida de su anterior marco estructuralista althusseriano. Y vamos a comparar esta definici贸n del Estado precisamente con la correspondiente a ese marco estructuralista previo, expuesta por excelencia en Pouvoir politique et classes sociales de l`茅tat capitaliste de 1968 (PPCS), ambicioso escrito que contiene el resultado m谩s acabado de su intento de construir una teor铆a marxista sistem谩tica del Estado capitalista/6.

Estos dos son los escritos que ordenar谩n nuestra exposici贸n porque polarizan la evoluci贸n de su concepto de Estado 鈥抷, en alguna medida, su pensamiento en general鈥. Pero tambi茅n deben considerarse otros escritos. En este sentido, en primer lugar, son complementarios de su concepci贸n estructuralista del Estado algunos art铆culos escritos a mediados de los sesenta, tras su ruptura con su temprano marxismo fenomenol贸gico-existencialista de cu帽o sartreano que hab铆a adoptado en su tesis de doctorado en derecho (Nature des choses et droit, publicada en 1964) y en una serie de art铆culos acad茅micos acerca de diversas cuestiones de filosof铆a del derecho (publicados en la principal revista francesa de filosof铆a del derecho, los Archives de philosophie du droit, y en Les Temps Modernes de Sartre)/7. En efecto, en la misma medida en que durante a mediados de los sesenta Poulantzas comenz贸 a interesarse por una problem谩tica pol铆tica m谩s amplia, centrada en el Estado, empieza a advertirse su creciente inter茅s por el pensamiento de Althusser/8. Los escritos en los que comienza a expresarse este inter茅s por la teor铆a del Estado, notablemente su extenso ensayo sobre la hegemon铆a (Poulantzas 1965b) y su discusi贸n del marxismo brit谩nico (Poulantzas 1967a), son ya escritos de transici贸n hacia la concepci贸n estructuralista de Estado que propondr铆a poco despu茅s en PPCS.

Tenemos, en segundo lugar, los art铆culos mediante los cuales mantuvo el c茅lebre debate con Ralph Miliband sobre las relaciones entre las clases dominantes y el Estado y otros problemas de teor铆a del Estado, en las p谩ginas de la New Left Review, entre fines de 1969 y comienzos de 1976. Las intervenciones de Poulantzas en este debate 鈥搎uiz谩s como consecuencia de las duras cr铆ticas que Miliband le planteara- est谩n crudamente polarizadas entre las concepciones del Estado del primer Poulantzas (v茅ase Poulantzas 1969) y del segundo (v茅ase Poulantzas 1976c). M谩s adelante volveremos sobre este debate con mayor detalle.

En tercer lugar, durante esos a帽os en que debat铆a con Miliband y en estrecha relaci贸n con dicho debate, Poulantzas realiz贸 una serie de an谩lisis de procesos pol铆ticos concretos en cuyo centro estaba el Estado capitalista y, m谩s espec铆ficamente, diversas transformaciones en las formas de Estado y en los correspondientes reg铆menes pol铆ticos. Tambi茅n estos an谩lisis son decisivos, naturalmente, dentro de la evoluci贸n del concepto de Estado en Poulantzas. Nos referimos a Fascisme et dictature de 1970 (FD), una extensa investigaci贸n acerca del ascenso del fascismo y del nazismo en la Italia y la Alemania de los a帽os 1920-30, las relaciones que guardaron con las distintas clases sociales, las transformaciones en la forma de Estado y el r茅gimen pol铆tico que acarrearon y los errores de caracterizaci贸n del fen贸meno cometidos por la Comintern. Ya en Fascisme et dictature, concluido apenas dos a帽os y medio despu茅s de PPCS, como veremos, puede advertirse el comienzo de una evoluci贸n que alejar铆a su concepto de Estado del marco estructuralista. Y nos referimos tambi茅n a La crise des dictatures, ya de 1975 (CD), un ensayo m谩s breve en el que Poulantzas analiz贸 las ca铆das de las dictaduras contempor谩neas de Grecia (tomas del Polit茅cnico de Atenas de 1973), Portugal (revoluci贸n de los claveles de 1974) y Espa帽a (muerte de Franco en 1975). Aqu铆, como tambi茅n veremos, esa evoluci贸n queda confirmada.

En cuarto y 煤ltimo lugar, existen tambi茅n otros escritos en los cuales Poulantzas se interes贸 por un proceso pol铆tico diferente. Los mencionados fascismos y dictaduras son, para Poulantzas, reg铆menes y formas de Estado de excepci贸n. Pero Poulantzas tambi茅n se interes贸 en el an谩lisis de las transformaciones que estaba sufriendo la forma de Estado y el r茅gimen normales, es decir, los vigentes en los Estados de los pa铆ses capitalistas europeos m谩s avanzados, que conceptualiz贸 como una transici贸n hacia un 鈥渆statismo autoritario鈥. Este inter茅s ya est谩 presente en los primeros ensayos de Les clases sociales, de 1973, pero motivar谩 m谩s tarde algunos escritos espec铆ficos, como su intervenci贸n en el debate colectivo sobre la crise de l麓茅tat (Poulantzas 1976a) y la cuarta parte de EPS. En estos 煤ltimos an谩lisis, el concepto de Estado que est谩 en juego es ya, naturalmente, el del 煤ltimo Poulantzas/9.

La estructura de este trabajo es la siguiente. Despu茅s de este primer apartado, introductorio, en el segundo presentaremos y discutiremos el concepto de Estado del Poulantzas de EPS. En el tercer apartado, por su parte, presentaremos el concepto de Estado del Poulatzas de PPCS y relevaremos los usos del concepto de Estado en los trabajos escritos en el 铆nterin, para analizar cr铆ticamente la trayectoria que atraves贸 dicho concepto. En el cuarto y 煤ltimo apartado volvemos sobre el concepto de Estado capitalista del 煤ltimo Poulantzas, pero esta vez para discutir sus implicancias pol铆ticas.

II. El concepto de Estado del 煤ltimo Poulantzas

El 煤ltimo Poulantzas define al Estado capitalista como la condensaci贸n de una relaci贸n de fuerzas entre clases y fracciones de clase que se materializa en su aparato. As铆 sucede, con unas pocas variantes, a trav茅s de las p谩ginas de EPS. Adoptemos la versi贸n m谩s acabada de esta definici贸n: el Estado capitalista es 鈥渓a condensaci贸n material de una relaci贸n de fuerza entre clases y fracciones de clase, tal como se expresa, siempre de manera espec铆fica, en el seno del Estado鈥 (1978: 154 y 159)/10. Y analicemos esta definici贸n.

Poulantzas no afirma, como suele atribu铆rsele en las lecturas m谩s vulgares, que el Estado es una mera plasmaci贸n de unas relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase. Definir al Estado capitalista de esta manera ser铆a recaer en la vieja concepci贸n reformista del Estado como una arena neutra de la lucha de clases. Poulantzas afirma, en cambio, que esas relaciones de fuerzas entre clases y fracciones de clases se condensan materialmente en el aparato de Estado. Aclaremos la diferencia antes de continuar. El Estado capitalista siempre est谩 atravesado por relaciones de fuerzas entre clases y fracciones de clase, desde luego, pero no puede definirse simplemente como algo atravesado por esas relaciones de fuerza. La raz贸n es sencilla. El Estado est谩 atravesado por relaciones de fuerzas entre clases (y fracciones de clase) porque es uno de los modos de existencia de las relaciones sociales capitalistas y estas relaciones sociales son antag贸nicas (y competitivas). Pero el Estado no es el 煤nico modo de existencia de esas relaciones sociales. El Estado es el modo de existencia de esas relaciones sociales capitalistas en tanto relaciones de dominaci贸n, m谩s espec铆ficamente, junto con el propio capital en sentido estricto, como modo de existencia de esas relaciones sociales en tanto relaciones de explotaci贸n. Tanto el Estado como el capital, en pocas palabras, como modos de existencia diferenciados de unas mismas relaciones sociales antag贸nicas, est谩n atravesados por relaciones de fuerzas entre clases. Pongamos un ejemplo: en el establecimiento por ley de un salario m铆nimo se plasma (pol铆ticamente) una relaci贸n de fuerzas entre clases de la misma manera en que se plasma (econ贸micamente) en el establecimiento de determinado nivel de salario en el mercado de trabajo como resultado de las negociaciones entre patronales y sindicatos. El atributo de plasmar relaciones de fuerza, en consecuencia, no es un atributo suficientemente espec铆fico como para definir el concepto de Estado. Definir al Estado exclusivamente como una plasmaci贸n de unas relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase, en pocas palabras, es como definir al perro como un ente movedizo.

Poulantzas nunca incurre en semejante trivialidad/11. Insiste, en cambio, en el hecho de que esa relaci贸n de fuerzas entre clases y fracciones de clases se condensa materialmente en el aparato de Estado. En este sentido, a continuaci贸n de la definici贸n del Estado que acabamos de citar, insiste en que 鈥渆l Estado no es pura y simplemente una relaci贸n, o la condensaci贸n de una relaci贸n; es la condensaci贸n material y espec铆fica de una relaci贸n de fuerzas entre clases y fracciones de clase鈥 (1978: 155). Y un poco m谩s adelante: 鈥淸e]l Estado no es una simple relaci贸n, sino la condensaci贸nmaterial de una relaci贸n de fuerzas鈥 (idem: 184). E insistir en este punto es importante para Poulantzas porque quiere descartar desde el comienzo tanto una concepci贸n instrumentalista del Estado, que reduce el aparato de Estado al poder del Estado, como una concepci贸n tecnocr谩tica del Estado, que imagina una doble naturaleza del Estado que redundar铆a en la existencia de un sector neutro dentro de su aparato. Poulantzas sintetiza as铆: 鈥渆l Estado presenta, desde luego, un armaz贸n material propia, que no puede reducirse, en absoluto, a la sola dominaci贸n pol铆tica. El aparato de Estado es algo especial, y por tanto temible, que no se agota en el poder del Estado. Pero la dominaci贸n pol铆tica est谩, a su vez, inscripta en la materialidad institucional del Estado. Si el Estado no es producido de arriba abajo por las clases dominantes, tampoco es simplemente acaparado por ellas: el poder del Estado (el de la burgues铆a en el caso del Estado capitalista) est谩 trazado en esa materialidad鈥 (1978: 8-9). O bien 鈥渆l aparato de Estado no es una cosa ni una estructura neutra en s铆 y la configuraci贸n del poder de clase no interviene all铆 solamente como poder de Estado. Las relaciones que caracterizan al poder del Estado impregnan la estructura misma de su aparato, siendo el Estado la condensaci贸n de una relaci贸n de fuerzas. Precisamente esa naturaleza del Estado 鈥揹el Estado como relaci贸n-, atravesada de lado a lado por contradicciones de clase, es la que les atribuye y permite a esos aparatos y a los agentes que los componen un papel propio y un peso espec铆fico鈥 (1975: 104).

Sin embargo, antes de pasar a examinar esta condensaci贸n material en el aparato de Estado de aquellas relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase, es preciso advertir que, en cualquier caso, Poulantzas pone a estas relaciones de fuerza como contenido del Estado. El concepto de relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase opera as铆, en su definici贸n del Estado capitalista, como un suced谩neo del concepto de relaci贸n social, en el m谩s estricto sentido del t茅rmino. Un suced谩neo, como sucede, por ejemplo, con el indicio como suced谩neo de la prueba en el derecho, no es un sustituto arbitrario, sino un sustituto emparentado de alguna manera con lo sustituido, e incluso capaz de sustituirlo leg铆timamente en ciertas condiciones. Y aqu铆 las relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase operan como un suced谩neo de la relaci贸n social. El Estado capitalista no puede definirse a partir de las relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase que condensa en su aparato, sino a partir de la propia naturaleza de las relaciones sociales capitalistas, a煤n cuando es cierto que la naturaleza antag贸nica de estas relaciones sociales haga que el aparato de Estado siempre condense relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase. Volvamos a nuestro anterior ejemplo para aclarar este punto. El salario no puede definirse a partir de las relaciones de fuerza entre clases que se condensa en cierto nivel de los salarios, sino de la relaci贸n de explotaci贸n involucrada en el trabajo asalariado, a煤n cuando es verdad que la naturaleza antag贸nica de esta relaci贸n de explotaci贸n haga que el nivel de los salarios siempre exprese las relaciones de fuerza entre capitalistas y asalariados. Esta sustituci贸n de la relaci贸n social por las relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase es una manifestaci贸n espec铆fica, dentro de su definici贸n del Estado, del sociologicismo que en t茅rminos m谩s generales ya hab铆a encontrado Clarke (1991) en el pensamiento de Poulantzas.

Pasemos, ahora s铆, a examinar esta condensaci贸n material en el aparato de Estado de las relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase, condensaci贸n en la que Poulantzas radica la especificidad del Estado capitalista. El concepto de condensaci贸n parece implicar ya por s铆 mismo cierta especificidad. Esto porque Poulantzas emplea este concepto en un sentido an谩logo al que Verdichtung reviste en psicoan谩lisis, a saber, la representaci贸n de varias cadenas asociativas por una 煤nica representaci贸n, o punto nodal, que se encuentra en la intersecci贸n entre ellas. Pero en EPS Poulantzas sit煤a esa especificidad m谩s bien en la materialidad del aparato de Estado en el que tiene lugar dicha condensaci贸n/12. Es precisamente esta materializaci贸n de las relaciones de fuerzas en el aparato de Estado la dimensi贸n de su definici贸n del Estado capitalista gracias a la cual el objeto definido no permanecer铆a indeterminado como una mera arena neutra de la lucha de clases, sino que ser铆a determinado como un Estado capitalista propiamente dicho. El problema, como enseguida veremos, radica en que esta referencia a la materializaci贸n de las relaciones de fuerza en el aparato de Estado tampoco es suficiente para proveer un concepto adecuado del Estado capitalista.

Pero, antes de avanzar con esta cr铆tica, sigamos analizando su definici贸n del Estado capitalista. El concepto de aparato de Estado involucrado en esta definici贸n parece haber permanecido sin grandes cambios desde sus escritos m谩s estructuralistas/13. El aparato de Estado era en dichos escritos un conjunto de instituciones de la superestructura, entre las cuales Poulantzas, en sinton铆a con Althusser, ubicaba tanto instituciones p煤blicas (como las jur铆dico-pol铆ticas) como privadas (como la escuela, la iglesia, etc.) porque priorizaba la funci贸n que desempe帽aban (la organizaci贸n de la clase dominante y la desorganizaci贸n de la clase dominada) por encima de la distinci贸n jur铆dica entre lo p煤blico y lo privado. Una instituci贸n era a su vez 鈥渦n sistema de normas o de reglas socialmente sancionado鈥, estructurado a partir de una 鈥渕atriz organizadora鈥 (1968: 140, nota). Un poco m谩s tarde volver铆a sobre esta definici贸n para aclarar que hab铆a trazado esa distinci贸n entre instituciones (o aparato) y matriz (o estructura) 鈥減ara denunciar expl铆citamente la problem谩tica 鈥榠nstitucionalista鈥欌 (1970: 355, nota)/14. Y que las 鈥渘ormas o reglas鈥 remit铆an a la dimensi贸n ideol贸gica, mientras que la expresi贸n 鈥渟ocialmente sancionadas鈥 a la dimensi贸n represiva de esos aparatos. Esa matriz organizadora hac铆a a los aparatos de Estado irreductibles a meros instrumentos de la clase que detentaba el poder de Estado -y, por consiguiente, era la depositaria de su materialidad.

El segundo Poulantzas sigue entendiendo al aparato de Estado como un conjunto de instituciones p煤blicas y privadas ubicadas en la superestructura y que desempe帽an esa funci贸n de organizaci贸n de la clase dominante y desorganizaci贸n de la clase dominada. (1978: 169)/15. Pero no enfatiza tanto en esa posici贸n y funci贸n del aparato de Estado como en su condensaci贸n de relaciones de fuerza o, en sus propias palabras, en 鈥渓a inscripci贸n de la dominaci贸n pol铆tica en la armaz贸n material del Estado como condensaci贸n de una relaci贸n de fuerzas鈥 (1978: 192). 鈥淟as clases y fracciones dominantes 鈥揺scribe en este sentido鈥 existen en el Estado por intermedio de aparatos o ramas que cristalizan un poder propio de dichas clases y fracciones, aunque sea, desde luego, bajo la unidad del poder estatal de la fracci贸n hegem贸nica. Por su parte, las clases dominadas no existen en el Estado por intermedio de aparatos que concentren un poder propio de dichas clases sino, esencialmente, bajo la forma de focos de oposici贸n al poder de las clases dominantes鈥 (1978: 172).

Pasemos, finalmente, al concepto de materialidad. Poulantzas, a pesar de insistir una y otra vez en esta caracter铆stica del aparato de Estado, nunca define el concepto. Explica la manera en que se organizar铆a esta materialidad 鈥搈onopolio del conocimiento por la burocracia, mecanismos de individualizaci贸n y homogeneizaci贸n, sistema legal, matriz espacio-temporal de la naci贸n鈥, pero en ning煤n momento parece considerar necesario definir el propio concepto de materialidad. Sin embargo, puesto que Althusser ya hab铆a insistido en esta materialidad del aparato de Estado, especialmente a prop贸sito de la correlaci贸n entre la materialidad de la ideolog铆a y de las pr谩cticas ideol贸gicas, por un lado, y la materialidad de los aparatos de Estado en los que se reproduce, por el otro (v茅ase Althusser 1970: 126 y ss), quiz谩s podamos recurrir a sus escritos para establecer su significado.

En sentido estricto, tampoco Althusser defin铆a el concepto, pero prove铆a algunas pistas m谩s: 鈥淸l]a existencia material de la ideolog铆a en un aparato y en sus pr谩cticas no posee, por cierto, la misma modalidad de la existencia material de una acera o de un fusil. Pero, a riesgo de que se nos trate de 鈥榥eoaristot茅licos鈥 […] afirmamos que 鈥榣a materia se dice de muchas maneras鈥 o, m谩s bien, que existe bajo distintas modalidades y todas enraizadas en 煤ltimo t茅rmino en la materia 鈥榝铆sica鈥欌 (idem: 127)/16. En este ensayo suyo sobre los aparatos ideol贸gicos de Estado, Althusser no abundaba en estas distintas maneras de existencia de la materia, pero la referencia a la ideolog铆a de los cient铆ficos que hac铆a en ese contexto nos conduce a otras pistas que se encuentran en otros escritos suyos. En efecto, en varios de sus escritos de la 茅poca asimilaba en los hechos el materialismo del marxismo (al que, vali茅ndose de la terminolog铆a ortodoxa, continuaba designando como materialismo dial茅ctico) con el materialismo de las ciencias naturales (el que emerg铆a como filosof铆a espont谩nea de la pr谩ctica cient铆fica en dichas ciencias; v茅ase Althusser 1966: 33 y ss.; 1969: 9 y ss.; 1974: 67 y ss. y 99 y ss.). En las cabezas de los cient铆ficos naturales, argumentaba, esta filosof铆a materialista espont谩nea conviv铆a con filosof铆as idealistas provenientes de la ideolog铆a dominante en la sociedad. El desaf铆o del materialismo dial茅ctico consistir铆a entonces, seg煤n Althusser, en combatir estas filosof铆as idealistas para erigirse como el aliado filos贸fico m谩s adecuado de esa pr谩ctica de los cient铆ficos naturales. Y el ejemplo por excelencia del combate que Althusser ten铆a en mente hab铆a sido la cr铆tica de Lenin a los empiriocriticistas de comienzos de siglo (Lenin 1908). Todo esto parece indicar, en s铆ntesis, que Althusser compart铆a sin m谩s la concepci贸n vulgar del materialismo expuesta por Lenin en esa cr铆tica. El marxista y el bi贸logo compartir铆an, simplemente, 鈥渓a creencia en la existencia real, exterior y material del objeto del conocimiento cient铆fico鈥 (Althusser 1974: 101)/17.

Ahora bien, si la materialidad del aparato de Estado en cuesti贸n se reduce a la materialidad de un pu帽ado de instituciones en este sentido vulgar palabra, la insistencia de Poulantzas en que las relaciones de fuerzas entre clases y fracciones de clases se condensan materialmente en el aparato de Estado no aporta nada a la determinaci贸n del concepto de Estado. Recurrir a la materialidad del aparato de Estado en este sentido para definir el concepto de Estado equivale a recurrir a la materialidad de la mercanc铆a como cosa f铆sica para definir el concepto de mercanc铆a. La mera invocaci贸n de la materialidad en este sentido es un mero gesto que no convierte a ninguna definici贸n en materialista en el sentido marxista del t茅rmino.

Pero aclaremos tambi茅n esto antes de seguir avanzando. Las caracter铆sticas del aparato de Estado siempre est谩n determinadas, tal como afirma Poulantzas, por la plasmaci贸n m谩s o menos duradera de relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clases en su seno. Y esto implica, tal como tambi茅n afirma Poulantzas, que un cambio en esas relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase nunca se expresa de manera autom谩tica en el aparato de Estado preexistente 鈥抷 que, en caso de que la clase trabajadora tomara el poder de Estado, no podr铆a emplear ese aparato de Estado como un simple instrumento para la transici贸n al socialismo鈥. El ascenso de un gobierno de izquierda 鈥渘o significa, ni forzosa ni autom谩ticamente, que la izquierda controle los aparatos de Estado, y ni siquiera algunos de ellos鈥 (Poulantzas 1978: 166). La izquierda debe abandonar, en consecuencia, la creencia de que ese Estado 鈥減odr铆a ser utilizado de otra manera por la clase obrera, mediante un cambio del poder de Estado, para una transici贸n al socialismo鈥 (idem: 155). 鈥淟as modificaciones en la relaci贸n de fuerzas no se traducen, en el aparato econ贸mico del Estado menos que en ning煤n otro, de manera autom谩tica: este aparato posee una materialidad marcada, en el m谩s alto grado, por la continuidad del Estado鈥 (idem: 239). Todas estas afirmaciones de Poulantzas son correctas e importantes y, sin embargo, la referencia a esa materialidad del aparato de Estado tampoco alcanza para completar una definici贸n adecuada del Estado capitalista.

En efecto, sucede que tambi茅n el concepto de aparato de Estado opera como un suced谩neo en la definici贸n poulantziana del Estado capitalista, esta vez respecto del concepto de forma. Pues, el Estado no puede definirse como el aparato en el que se institucionaliza, sino como forma, a煤n cuando la existencia del Estado como forma guarda una relaci贸n con su existencia como aparato. En este sentido, hay que distinguir entre el Estado como forma, es decir, como modo de existencia de las relaciones sociales capitalistas en tanto relaciones de dominaci贸n, diferenciado del modo de existencia de esas mismas relaciones sociales capitalistas en tanto relaciones de explotaci贸n, y el Estado como aparato, esto es, como institucionalizaci贸n de esa existencia particularizada de las relaciones de dominaci贸n. Y la diferencia tiene implicancias. El car谩cter capitalista del Estado no depende de esas relaciones de fuerza particulares entre clases y fracciones de clases que cristalizan en su aparato, sino de su existencia misma como relaci贸n de dominaci贸n separada de la relaci贸n de explotaci贸n. El Estado capitalista, en consecuencia, no puede definirse a partir de su aparato, sino de su forma. Y la insistencia de Poulantzas en la materialidad del aparato de Estado, cualquiera sea el ambiguo significado que revista esta expresi贸n, no modifica un 谩pice este asunto. La materialidad de la mercanc铆a incide en su valor de uso, por ejemplo, pero no es esta materialidad, sino su forma el punto de partida para su definici贸n. La materialidad del capital tambi茅n incide en la competitividad, por ejemplo, pero no es esta materialidad sino su forma el punto de partida para su definici贸n. La cr铆tica marxiana de la econom铆a pol铆tica no apunta a rendir cuenta de la materialidad de las cosas, sino del modo de existencia de las relaciones sociales en el capitalismo.

En la definici贸n poulantziana del Estado capitalista, esta sustituci贸n de la forma Estado por el aparato de Estado no es sino la contrapartida de la antes mencionada sustituci贸n del capital como relaci贸n social por las relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase. Y esto es inevitable, porque contenido y forma son inseparables. El institucionalismo es la contrapartida del sociologicismo. Y el resultado es que, as铆 como el Estado capitalista no pod铆a definirse a partir de la relaci贸n de fuerzas entre clases y fracciones de clase, tampoco puede definirse como la condensaci贸n material de esa relaci贸n de fuerzas entre clases y fracciones de clase en un conjunto de aparatos.

Agreguemos ahora que los participantes del debate alem谩n sobre la derivaci贸n del Estado (el Staatsableitungsdebatte) de los a帽os setenta fueron los primeros en encarar sistem谩ticamente una cr铆tica del Estado capitalista como forma de las relaciones sociales. Y, en algunos momentos de su argumentaci贸n, tanto el primer como el segundo Poulantzas se acercan sorprendentemente a los argumentos de algunos derivacionistas. Contra la idea marxiana-hegeliana de una sociedad civil integrada por individuos como punto de partida para pensar el Estado, por ejemplo, el primer Poulantzas se refer铆a a la separaci贸n entre lo econ贸mico y lo pol铆tico en los siguientes t茅rminos: 鈥淸e]sa autonom铆a espec铆fica de lo pol铆tico y de lo econ贸mico del M.P.C. 鈥揹escriptivamente opuesta por Marx a una pretendida 鈥榤ezcla鈥 de las instancias del modo de producci贸n feudal鈥 se refiere finalmente a la separaci贸n del productor directo de sus medios de producci贸n […] Esta separaci贸n del productor directo y de los medios de producci贸n es la combinaci贸n que regula y distribuye los lugares espec铆ficos de lo econ贸mico y de lo pol铆tico, y que se帽ala los l铆mites de la intervenci贸n de una de las estructuras regionales en la otra, no tiene estrictamente nada que ver con la aparici贸n real, en las relaciones de producci贸n, de los agentes en cuanto 鈥榠ndividuos鈥欌 (1968: 155)/18. Este argumento parece cercano al que poco despu茅s encontrar铆amos entre algunos derivacionistas, como Joachim Hirsch, para la derivaci贸n de la forma Estado/19.

Sin embargo, significativamente, para el segundo Poulantzas esa separaci贸n entre productor y medios de producci贸n ya no aparece como el punto de partida para fundamentar la propia separaci贸n entre lo econ贸mico y lo pol铆tico, sino m谩s bien para fundamentar la existencia y las caracter铆sticas del aparato de Estado. 鈥淓n lo concerniente al Estado capitalista, su separaci贸n relativa de las relaciones de producci贸n, instaurada por 茅stas, es el fundamento de su armaz贸n organizativa y configura ya su relaci贸n con las clases y la lucha de clases bajo el capitalismo鈥 (1978: 24). La materialidad del aparato de Estado 鈥渟e debe a la separaci贸n relativa entre el Estado y las relaciones de producci贸n bajo el capitalismo. El fundamento de esta separaci贸n, principio organizador de las instituciones propias del Estado capitalista y de sus aparatos (justicia, ej茅rcito, administraci贸n, polic铆a, etc茅tera), de su centralismo, de su burocracia, de sus instituciones representativas (sufragio universal, parlamento, etc茅tera), de su sistema jur铆dico, consiste en la especificidad de las relaciones de producci贸n capitalistas y la divisi贸n social del trabajo inducidas por aquellas: separaci贸n radical entre el trabajador directo y sus medios y objeto de trabajo en la relaci贸n de posesi贸n, en el proceso mismo de trabajo鈥 (idem: 54). Las relaciones de producci贸n 鈥渃onstituyen el basamento primero de la materialidad institucional del Estado y de su separaci贸n relativa de la econom铆a, que caracteriza a su armaz贸n como aparato: son la 煤nica base de partida posible de un an谩lisis de las relaciones del Estado con las clases y la lucha de clases鈥 (idem: 58).

Y aqu铆 vuelve a evidenciarse que el concepto de aparato de Estado opera en su argumentaci贸n como un suced谩neo del concepto de forma Estado. En efecto, esa separaci贸n entre el productor y los medios de producci贸n es el fundamento de la separaci贸n entre lo econ贸mico y lo pol铆tico. Pero el hecho de que lo pol铆tico, que asume as铆 la forma Estado, cristalice en un aparato de Estado con determinadas caracter铆sticas no se sigue inmediatamente de esa misma forma/20. Es cierto que la separaci贸n entre lo econ贸mico y lo pol铆tico es, en 煤ltima instancia, una condici贸n de posibilidad necesaria para la existencia de un aparato de Estado como el descripto por Poulantzas 鈥搚 por esta raz贸n, insistimos, el concepto de aparato de Estado es en sus argumentos un suced谩neo y no un sustituto arbitrario del concepto de forma Estado. Pero, si saltamos directamente de aquella separaci贸n entre lo econ贸mico y lo pol铆tico constitutiva de las relaciones sociales capitalistas a este aparato de Estado existente en los Estados nacionales de los pa铆ses capitalistas m谩s o menos avanzados, perdemos en el camino la propia definici贸n del Estado capitalista. El Estado capitalista no puede definirse a partir de su aparato, en s铆ntesis, sino del modo en que existen las relaciones de dominaci贸n como relaciones particularizadas, es decir, de su forma.

El problema subyacente, naturalmente, radica en que este concepto de forma y el concepto de derivaci贸n, empleados por los derivacionistas alemanes en su cr铆tica del Estado capitalista y provenientes de la cr铆tica de la econom铆a pol铆tica marxiana, son completamente ajenos al marco estructuralista de pensamiento de Poulantzas. Y esto se pone de manifiesto, de manera privilegiada, en su cabal incomprensi贸n de esa empresa derivacionista/21. Poulantzas afirma por ejemplo, en tres l铆neas: 鈥淸s]e trata de hacer 鈥榙erivar鈥 鈥揹igamos, deducir- las instituciones propias del Estado capitalista de las 鈥榗ategor铆as econ贸micas鈥 de la acumulaci贸n del capital鈥 (1978: 56). Y comete as铆 a raz贸n de un error por cada l铆nea. Las categor铆as de la cr铆tica de la econom铆a pol铆tica marxiana, punto de partida de la derivaci贸n, no son meras 鈥渃at茅gories 茅conomiques鈥 sino formas, modos de existencia de las relaciones sociales capitalistas, elevadas a concepto. La derivaci贸n no consiste en una 鈥渄茅duction鈥 sino en una exposici贸n de esos conceptos que avanza de los m谩s simples a los m谩s complejos a trav茅s de las contradicciones que los encadenan. Y, por encima de todas las cosas, lo derivado no son las 鈥渋nstitutions propres de l鈥櫭塼at鈥 sino la forma Estado (1978bis: 92)/22.

III. La trayectoria del concepto de Estado en Poulantzas

Comparemos brevemente la concepci贸n del Estado capitalista de este 煤ltimo Poulantzas con la del primero. A nuestro entender, entre ambas no media una ruptura completa, sino un desplazamiento de 茅nfasis. Hay momentos en la argumentaci贸n del 煤ltimo Poulantzas que recuerdan al primero. Por ejemplo, cuando intenta anclar la existencia misma del aparato de Estado en las relaciones de producci贸n y, m谩s exactamente, en la divisi贸n del trabajo entre trabajo manual y trabajo intelectual. 鈥淓l Estado encarna en el conjunto de sus aparatos 鈥揺s decir, no s贸lo en sus aparatos ideol贸gicos sino tambi茅n en sus aparatos represivos o econ贸micos-, el trabajo intelectual en tanto separado del trabajo manual […] Esto se traduce en la materialidad misma del Estado. Ante todo, en la especializaci贸n-separaci贸n de los aparatos del Estado respecto del proceso de producci贸n: tal separaci贸n se realiza principalmente mediante una cristalizaci贸n del trabajo intelectual鈥 (1978: 61). O bien, cuando vincula las caracter铆sticas de ese aparato de Estado con las funciones que desempe帽a: 鈥淸l]as funciones del Estado se encarnan en la materialidad institucional de sus aparatos: la especificidad de las funciones implica la especializaci贸n de los aparatos que las realizan y da lugar a formas particulares de divisi贸n social del trabajo en el seno mismo del Estado鈥 (1978: 205). Y m谩s adelante: 鈥渆l contenido pol铆tico de dichas funciones [del Estado] est谩 inscrito en la materialidad institucional y la armaz贸n organizativa del aparato del Estado鈥 (铆dem: 231).

Sin embargo, en este 煤ltimo Poulantzas, a la hora de definir el Estado capitalista, tanto la posici贸n como la funci贸n del aparato de Estado ceden su puesto a la mencionada caracter铆stica suya de condensar materialmente relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase. Pero no suced铆a as铆 en el primer Poulantzas. Este Poulantzas m谩s althusseriano defin铆a al Estado capitalista a partir de su funci贸n (de cohesi贸n) y de su posici贸n dentro de la estructura (el modo de producci贸n): 鈥渆n el interior de la estructura de varios niveles separados por un desarrollo desigual, el Estado posee la funci贸n particular de constituir el factor de cohesi贸n de los niveles de una formaci贸n social. Esto es precisamente lo que el marxismo expres贸 al concebir el Estado como factor de 鈥榦rden鈥, como 鈥榩rincipio de organizaci贸n鈥, de una formaci贸n, no ya en el sentido corriente de orden pol铆tico, sino en el sentido de la cohesi贸n del conjunto de los niveles de una unidad compleja, y como factor de regulaci贸n de su equilibrio global, en cuanto sistema鈥 (1968: 43-44).

El Estado desempe帽aba esta funci贸n de cohesi贸n entre niveles de distintas maneras seg煤n el modo de producci贸n (y la formaci贸n social) del que se tratara. En el modo de producci贸n capitalista, el Estado la ejerc铆a a trav茅s de su separaci贸n o, en t茅rminos poulantzianos, de su autonom铆a relativa. 鈥淓sa funci贸n [de cohesi贸n] del Estado se convierte en una funci贸n espec铆fica, y que lo especifica como tal, en las formaciones dominadas por el M.P.C., caracterizado por la autonom铆a espec铆fica de las instancias y por el lugar particular que all铆 corresponde a la regi贸n del Estado鈥 (铆dem: 46). Puesto que el Estado lidiaba con las distintas instancias de la estructura, desempe帽aba funciones t茅cnico-econ贸micas al nivel de lo econ贸mico, funciones pol铆ticas al nivel de lo pol铆tico y funciones ideol贸gica al nivel de lo ideol贸gico (1968: 52). Sin embargo, todas las intervenciones del Estado eran pol铆ticas porque la funci贸n espec铆ficamente pol铆tica del Estado sobredeterminaba a las restantes: 鈥渆l papel global del Estado es un papel pol铆tico鈥 (ib铆dem). Y esta funci贸n pol铆tica era, precisamente, la de mantener la cohesi贸n de una sociedad dividida en clases: 鈥渆se papel [del Estado] reviste un car谩cterpol铆tico en el sentido de que mantiene la unidad de una formaci贸n en cuyo interior las contradicciones de los diferentes niveles se condensan en una dominaci贸n pol铆tica de clase鈥 (1968: 56). As铆, la funci贸n de cohesi贸n y la posici贸n dentro del modo de producci贸n alcanzaban, para el primer Poulantzas, para definir al Estado capitalista.

Ciertamente, en su calidad de factor de cohesi贸n entre niveles, el Estado tambi茅n condensaba las contradicciones propias de esos niveles. El Estado, dec铆a Poulantzas, en tanto 鈥渇actor de cohesi贸n de la unidad de una formaci贸n, es tambi茅n la estructura en la que se condensan las contradicciones de los diversos niveles de una formaci贸n鈥 (铆dem: 44). Pero esta condensaci贸n de contradicciones revest铆a caracter铆sticas distintas de la posterior condensaci贸n de relaciones de fuerzas entre clases y fracciones de clase: era una simple consecuencia de su funci贸n de cohesi贸n. 鈥淓l Estado est谩 en relaci贸n con las contradicciones propias de los diversos niveles de una formaci贸n, pero en cuanto representa el lugar en que se refleja la articulaci贸n de esos niveles, y el lugar de condensaci贸n de sus contradicciones鈥 (铆dem: 49). Agreguemos que esta condensaci贸n de contradicciones en el Estado se reproduc铆a por su parte en una suerte de condensaci贸n de la lucha de clases en su conjunto 鈥揺s decir, precisamente, de las pr谩cticas de clase desarrolladas en esos distintos niveles de la estructura: lucha econ贸mica, pol铆tica e ideol贸gica鈥 en la lucha de clases espec铆ficamente pol铆tica, es decir, en la lucha que ten铆a por objetivo la conquista del poder de Estado (v茅ase 1968: 87-88 y 108-109)/23. Poulantzas afirmaba as铆, a prop贸sito de esta relaci贸n del Estado con la lucha pol铆tica de clases, que 鈥渟e deber谩, pues, tener presente constantemente que esta 煤ltima relaci贸n refleja en realidad la relaci贸n con las instancias, porque es efecto de estas, y que la relaci贸n del Estado con la lucha pol铆tica de clases concentra en s铆 la relaci贸n con los niveles de las estructuras y con el campo de las pr谩cticas de clase鈥 (1968: 334).

Sin embargo, en la medida en que el 煤ltimo Poulantzas tiende a sustraer esta idea de condensaci贸n de contradicciones de su anterior marco estructuralista de referencia y, adem谩s, a situarla en el centro de su definici贸n del Estado capitalista, su concepto de Estado capitalista tiende a quedar indeterminado. Esta trayectoria del concepto de Estado capitalista poulantziano no puede menos que resultar parad贸jica para quienes (como nosotros) somos muy cr铆ticos respecto de ese marxismo estructuralista que el primer Poulantzas hab铆a adoptado de Althusser. Aqu铆 no vamos a desarrollar una cr铆tica de ese marxismo estructuralista. Nos limitamos a plantear esta paradoja: mientras que el concepto de Estado capitalista aparece perfectamente determinado dentro del marco de referencia estructuralista del primer Poulantzas (que consideramos muy cuestionable) la tendencia del 煤ltimo Poulantzas a abandonar dicho marco de referencia estructuralista (tendencia que a priori deber铆amos aplaudir) tiende sin embargo a arrojar a su concepto de Estado en la indeterminaci贸n/24. Y esta trayectoria resulta especialmente parad贸jica para quienes (de nuevo: como nosotros mismos) creemos que una de las mayores deficiencias de ese marxismo estructuralista es, precisamente, su relegamiento de la lucha de clases. El precio que Poulantzas parece pagar a cambio de que la lucha de clases ingrese dentro de su concepto de Estado es, parad贸jicamente, la indeterminaci贸n de dicho concepto.

Agreguemos ahora, sin embargo, que durante los a帽os en que se registraba esta trayectoria de su concepto de Estado, Poulantzas emprend铆a adem谩s una serie de an谩lisis de procesos pol铆ticos concretos en los que pon铆a en juego su concepto de Estado. Se destacan entre ellos sus an谩lisis de dos casos diferentes de lo que consideraba como reg铆menes y formas de Estado de excepci贸n: el ascenso de los reg铆menes nazi y fascista en la Alemania y la Italia de los a帽os 1920-30 (Poulantzas, 1970) y la crisis de las dictaduras militares de Portugal, Grecia y Espa帽a de mediados de los 1970 (Poulantzas, 1975). Y, aunque acaso menos sistem谩ticamente, en algunos otros escritos suyos tambi茅n abordaba las mutaciones que consideraba que estaba atravesando el r茅gimen y la forma de Estado democr谩tico-parlamentario normal vigente en los pa铆ses europeos centrales y que conceptualizaba en t茅rminos de la transici贸n hacia un estatismo autoritario (especialmente en Poulantzas, 1974: 84 y ss.; 1976a y 1978: 247 y ss.). Aqu铆 vamos a concentrarnos en los dos primeros y, especialmente, en el papel que atribuye Poulantzas a la lucha de clases en sus explicaciones de los procesos de ascenso del fascismo y de crisis de las dictaduras, para ampliar nuestro an谩lisis de las consecuencias de ese ingreso de la lucha de clases en su teor铆a del Estado.

El primer an谩lisis relevante es el referido al ascenso del nazismo y el fascismo en la Alemania y la Italia de los a帽os 1920-30. En principio, FD sigue a煤n la orientaci贸n estructuralista de PPCS, libro que Poulantzas hab铆a acabado apenas dos a帽os y medio antes y al que remite en reiteradas ocasiones. El Estado capitalista, en particular, sigue siendo definido como 鈥渓a instancia central cuyo papel es el mantenimiento de la unidad y de la cohesi贸n de una formaci贸n social, el mantenimiento de las condiciones de la producci贸n y, as铆, la reproducci贸n de las condiciones sociales de la producci贸n; es, en un sistema de lucha de clases, el fiador de la dominaci贸n pol铆tica de clase鈥 (1970: 357). Empero, significativamente, Poulantzas comienza la parte de su an谩lisis dedicado al Estado fascista con una serie de cr铆ticas al citado ensayo sobre los aparatos ideol贸gicos de Estado que Althusser (1970) hab铆a publicado en el 铆nterin. El eje de estas cr铆ticas est谩 justamente en que, para Poulantzas, la concepci贸n de Althusser se desentiende de la lucha de clases/25. Dice Poulantzas: 鈥渃reo que este texto de Althusser peca, en cierta medida, por su abstracci贸n y su formalismo; en 茅l, la lucha de clases no ocupa el lugar a que tiene derecho鈥 (1970: 355). Y un poco m谩s adelante agrega que, en consecuencia, Althusser considera a los aparatos ideol贸gicos de Estado como monol铆ticos y carentes de autonom铆a relativa: 鈥渓a 鈥榰nidad鈥 de los aparatos ideol贸gicos est谩 abstractamente reducida, y s贸lo por el rodeo de la 鈥榠deolog铆a鈥, a la del poder de Estado. Ahora bien, este an谩lisis es abstracto y formal ya que no toma (concretamente) en consideraci贸n la lucha de clases鈥, es decir, no tiene en cuenta ni la existencia de 鈥渧arias ideolog铆as de clase contradictorias y antag贸nicas鈥 ni 鈥渓os desajustes presentes en el poder de Estado鈥 (铆dem: 362-3, nota).

Pero m谩s importante que este distanciamiento expl铆cito respecto de Althusser es la distancia respecto del estructuralismo que, en los hechos, comienzan a guardar sus an谩lisis concretos. En el caso de este an谩lisis del fascismo, el punto de partida de Poulantzas son las caracter铆sticas del estadio imperialista del desarrollo del modo de producci贸n capitalista y de las funciones desempe帽adas por el Estado intervencionista en su seno. El fascismo se instaur贸 en los eslabones siguientes (Alemania e Italia) al eslab贸n m谩s d茅bil (Rusia) de la cadena imperialista durante la transici贸n hacia el predominio del capital monopolista. Una vez planteadas estas coordenadas generales del fen贸meno, sin embargo, Poulantzas advierte que el fascismo no emergi贸 como un mero resultado necesario de la evoluci贸n del Estado democr谩tico-parlamentario, como sostuvo en algunos momentos la Comintern, sino que emergi贸 de una 鈥渃risis pol铆tica, situaci贸n de condensaci贸n de contradicciones, que rompe con un ritmo 鈥榞radual鈥 de desarrollo y que desemboca en el fascismo鈥 (1970: 59). Una crisis que no puede analizarse sino como efecto de la lucha de clases: 鈥渆sta 鈥榗risis de las instituciones鈥, sin dejar de ejercer sus propios efectos sobre la lucha de clases, no es ella misma sino el efecto. No son las instituciones las que determinan los antagonismos sociales, es la lucha de clases la que impone las modificaciones de los aparatos de Estado鈥 (铆dem: 64). 鈥淪i se puede hablar de proceso de fascistizaci贸n es en la medida misma en que no se trata de un simple autodesarrollo de los 鈥榞茅rmenes鈥 contenidos en la democracia parlamentaria, sino de una diferencia importante con 茅sta, correspondiente a una crisis pol铆tica. El proceso de fascistizaci贸n no puede, pues, ser comprendido sino rompiendo enteramente con la tesis del 鈥榩roceso org谩nico y continuo鈥, de factura evolutivo-lineal, entre democracia parlamentaria y fascismo鈥 (铆dem: 66).

El desaf铆o que enfrenta Poulantzas en este sentido es el de explicar, siempre a partir de la lucha de clases, el surgimiento del fascismo en una coyuntura en la cual la modificaci贸n fundamental de la relaci贸n de fuerzas entre clases ya hab铆a tenido lugar, aunque subsist铆an agudas contradicciones dentro del bloque en el poder que imped铆an la consolidaci贸n de una hegemon铆a del capital monopolista. 鈥淓l proceso de fascistizaci贸n y el advenimiento del fascismo corresponden a una situaci贸n de profundizaci贸n y de exacerbaci贸n aguda de las contradicciones internas entre las clases y fracciones de clase dominantes鈥 (1970: 71). El fascismo, argumenta as铆 Poulantzas, es una ofensiva de la burgues铆a, posterior a una derrota de la clase obrera en el ascenso de la lucha de clases de la salida de la Primera Guerra y a un per铆odo de estabilizaci贸n de la relaci贸n de fuerzas ya favorable a la burgues铆a. Durante los procesos revolucionarios de 1919-20 en Italia y 1918-23 en Alemania, aunque derrotada en sus metas revolucionarias, la clase obrera hab铆a obtenido importantes conquistas. 鈥淧uede decirse as铆 que esas conquistas persist铆an a煤n cuando la relaci贸n de las fuerzas sobre la cual estaban fundadas se hallaba ya modificada a favor de la burgues铆a. Esto es parad贸jico s贸lo en apariencia, salvo si se considera, lo cual es eminentemente falso, que todo cambio en la relaci贸n de fuerzas va acompa帽ado autom谩ticamente en cierto modo por una reorganizaci贸n y redistribuci贸n mec谩nica de las posiciones ocupadas por los adversarios. En lo que concierne, en particular bajo este aspecto, a la estrategia de la burgues铆a respecto de la clase obrera se podr铆a incluso aventurar la proposici贸n siguiente: cuando semejantes conquistas se arrancan por medio de crisis graves, la burgues铆a se dedica en primer lugar a modificar la relaci贸n real de las fuerzas sobre la cual se han fundado esas conquistas, y s贸lo despu茅s pasa al ataque directo de las conquistas mismas鈥 (铆dem: 158). Todo su an谩lisis del proceso de fascistizaci贸n y, m谩s tarde, de las vicisitudes del fascismo una vez que accede al poder de Estado, descansa sobre la evoluci贸n de esta compleja correlaci贸n de fuerzas entre clases y fracciones de clase/26. Evoluci贸n que signa, naturalmente, la forma de Estado y el r茅gimen y que acarrea en consecuencia una radical reorganizaci贸n del aparato de Estado 鈥揺mergencia y consolidaci贸n de un partido fascista de masas como partido 煤nico, supresi贸n del sufragio, predominio de la polic铆a pol铆tica como rama del aparato represivo dentro del aparato de Estado en su conjunto, conflictos palaciegos entre camarillas, ascenso del aparato de propaganda y de la familia, y as铆 sucesivamente.

El segundo an谩lisis relevante de procesos pol铆ticos concretos es el de la crisis de las dictaduras militares de Portugal, Grecia y Espa帽as de mediados de los 1970/27. En CD, Poulantzas parte del modo de inserci贸n de las econom铆as en cuesti贸n en el mercado mundial (en t茅rminos de una industrializaci贸n dependiente del capital monopolista extranjero, donde compiten los EEUU con el entonces Mercado Com煤n Europeo) y la estructura de clases resultante (en particular, la distinci贸n entre la burgues铆a compradora tradicional, predominantemente comercial y financiera, completamente subordinada a ese capital extranjero y principal soporte de las dictaduras, y la burgues铆a interior vinculada a ese proceso de industrializaci贸n que no alcanza a ser una burgues铆a nacional aut贸noma, capaz de dirigir una proceso de liberaci贸n nacional, pero alberga mayores contradicciones con el curso adoptado por las dictaduras)/28. Y, a continuaci贸n, Poulantzas pasa a la explicaci贸n de la propia crisis de las dictaduras. La clave de esta explicaci贸n radica en la desestabilizaci贸n de los bloques en el poder involucrados, producto de la incapacidad de los reg铆menes dictatoriales de regular los conflictos entre esas distintas fracciones de la burgues铆a mediante su representaci贸n org谩nica en el aparato de Estado (Poulantzas 1975: 33 y ss.). El aparato de Estado de las dictaduras, aunque no monol铆tico, resultaba demasiado r铆gido como para canalizar esos conflictos. Dice Poulantzas: 鈥渓a situaci贸n en su conjunto produc铆a una profundizaci贸n de las contradicciones en el seno mismo del bloque en el poder. De ah铆 la necesidad de una forma de Estado que hubiera podido permitir una soluci贸n negociada y permanente mediante el recurso de una representaci贸n org谩nica de las diversas clases y fracciones de clase del bloque en el poder, es decir, por medio de sus organizaciones pol铆ticas propias鈥 (铆dem: 53). Pero esta conflictividad interburguesa est谩 sobredeterminada por la lucha de clases, a煤n cuando no hubiera un ascenso de las luchas sociales de caracter铆sticas insurreccionales. 鈥淣o hubo entonces un movimiento de masas frontal contra el r茅gimen: lo subrayo tanto m谩s, y categ贸ricamente, porque si las luchas populares no fueron el factor directo o principal, ellas fueron (o ser谩n), sin ning煤n g茅nero de duda, el factor determinante. Quiero decir con eso que los factores que gravitaron directamente en esos derrocamientos (las contradicciones internas de los reg铆menes) fueron ellos mismos determinados por las luchas populares鈥 (铆dem: 87-88)/29.

Este es el punto en que el an谩lisis del Estado se vuelve central. El interesante desaf铆o que enfrenta Poulantzas aqu铆 es el de explicar la manera en que los conflictos interburgueses y la lucha de clases que los sobredetermina atraviesan el aparato de Estado de unos reg铆menes que 鈥抋 diferencia del nazismo y el fascismo cl谩sicos antes mencionados鈥 no gozaban de bases de apoyo de masas y, por consiguiente, aparec铆an como un aparato aislado de la sociedad. Su punto de partida para abordar este desaf铆o es ya expl铆citamente su segunda definici贸n del Estado: 鈥渆n ning煤n caso, el Estado es un Sujeto o una Cosa, sino que, por su naturaleza y en igual medida que el 鈥榗apital鈥, el Estado es una relaci贸n: m谩s precisamente, la condensaci贸n de la relaci贸n de fuerzas entre las clases tal como se expresa, de manera espec铆fica, en el seno del Estado. As铆 como el 鈥榗apital鈥 contiene ya en s铆 la contradicci贸n capital / trabajo asalariado, las contradicciones de clase atraviesan siempre, de lado a lado, el Estado porque este, por su naturaleza de Estado de clase, reproduce en su seno mismo esas contradicciones鈥 (铆dem: 91-92). Y esto vale tambi茅n, afirma Poulantzas, a prop贸sito del aparato de Estado en manos de las dictaduras. 鈥淐omo para todo Estado burgu茅s, su relaci贸n con las clases populares se ha manifestado por las contradicciones internas que se refieren a diversas medidas pol铆ticas y econ贸micas que hay que tomar respecto de aquellas, es decir, de modalidades concretas de acumulaci贸n de capital. En efecto, las contradicciones mismas entre las diversas fracciones de la burgues铆a siempre expresan, en 煤ltima instancia, las t谩cticas y modalidades diferenciales que conciernen a la explotaci贸n y dominaci贸n de las masas populares: lo que no es otra cosa que formular, en t茅rminos de clase, el hecho de que las contradicciones de la acumulaci贸n capitalista se deben, finalmente, a la lucha de clases y el hecho de que el ciclo mismo de reproducci贸n de capital ya contiene, en s铆, la contradicci贸n entre el capital y las clases explotadas. Sismos internos muy graves en el seno de los diversos aparatos y del personal pol铆tico dirigente de las dictaduras militares de los que se podr铆an dar m煤ltiples ejemplos y que no pueden ser apreciados en su justa medida si no se percibe, detr谩s de tal o cual medida o pol铆tica a favor de tal o cual fracci贸n del capital, el espectro de la lucha de las masas populares鈥 (铆dem: 92-93)/30. Poulantzas retoma as铆 su punto de partida: 鈥渓a lucha de las masas populares, a煤n cuando no tome la forma de un levantamiento general y frontal contra los reg铆menes, ha tenido siempre, en 煤ltimo t茅rmino, un papel determinante en su derrocamiento, porque interviene, inicialmente, en las contradicciones internas mismas de esos reg铆menes, que son las que motivan que se desencadene el proceso de su derrumbe鈥 (铆dem: 96). Y dedica el 煤ltimo cap铆tulo de su libro en su conjunto a un an谩lisis pormenorizado de las caracter铆sticas de esos aparatos de Estado en manos de las dictaduras, con todas sus contradicciones internas, y de las modificaciones que estaba introduciendo en ellos el movimiento democratizador.

La distancia respecto del estructuralismo que, entendemos, guardan estos an谩lisis del ascenso de los reg铆menes fascistas y de la crisis de las dictaduras queda ratificada expl铆citamente en algunos momentos del debate que, mientras tanto, Poulantzas ven铆a desarrollando con Miliband. Ya en su primera intervenci贸n en dicho debate (su rese帽a de The state in capitalist society de Miliband) insist铆a leg铆timamente en la necesidad de contar con una adecuada teor铆a del Estado para analizar las relaciones entre las clases dominantes y el Estado/31. Pero tambi茅n advert铆a acerca de la importancia de encarar an谩lisis concretos del Estado como el realizado por Miliband (鈥渟oy tanto m谩s consciente de la necesidad de an谩lisis concretos, cuanto que he descuidado relativamente este aspecto de la cuesti贸n en mi propia obra鈥; 1969: 75) y alud铆a en varias ocasiones al caso del fascismo. Esta concesi贸n de Poulantzas no impedir铆a que Miliband, en su respuesta, despu茅s de reconocer que su investigaci贸n 鈥減uede que sea insuficientemente 鈥榯e贸rica鈥欌, objetara que la investigaci贸n de Poulantzas 鈥減eca por la tendencia opuesta鈥 (Miliband 1970: 95). La teor铆a detr谩s de este 鈥渢eoricismo鈥 de Poulantzas era el estructuralismo de Althusser. Y, en este sentido, agregaba Miliband, su concepci贸n 鈥渃onduce directamente a una especie de determinismo estructural o m谩s bien a un superdeterminismo, que hace imposible una consideraci贸n verdaderamente realista de la relaci贸n dial茅ctica entre el Estado y 鈥榚l sistema鈥欌 (铆dem: 99). La imposibilidad de distinguir entre distintas formas de Estado concretas era, seg煤n Miliband, una de las consecuencias de esa concepci贸n superdeterminista de las relaciones entre las clases dominantes y el Estado. En palabras de Miliband: 鈥渟e sigue que no existe en realidad ninguna diferencia entre un Estado dirigido, pongamos por caso, por burgueses constitucionalistas, ya sean conservadores o socialdem贸cratas, y uno dirigido, por ejemplo, por fascistas鈥 (铆dem: 100).

Ejemplo parad贸jico, porque apenas unos meses m谩s tarde Poulantzas publicaba FD, donde identificaba minuciosamente las caracter铆sticas distintivas del Estado fascista como forma de Estado de excepci贸n. Pero Miliband har铆a caso omiso de esto y, en su rese帽a de la edici贸n en ingl茅s de PPCS, insistir铆a en sus cargos de teoricismo y de determinismo o, en sus nuevas palabras, de 鈥渁bstraccionismo estructuralista鈥: 鈥渆l mundo de las 鈥榚structuras鈥 y de los 鈥榥iveles鈥 que 茅l [Poulantzas] habita tiene tan pocos puntos de contacto con la realidad hist贸rica o contempor谩nea que le aparta de toda posibilidad de llegar a hacer lo que 茅l describe como 鈥榓n谩lisis pol铆tico de una coyuntura concreta鈥. […] 鈥楲a lucha de clases鈥 hace su aparici贸n, como es debido, pero en forma de un ballet de sombras evanescentes, excesivamente formalizado鈥 (Miliband 1973: 110). Pero esta mera insistencia en su cr铆tica inicial al determinismo estructuralista de PPCS 鈥損or entonces ampliamente justificada- ya no rend铆a cuenta del hecho 鈥搎ue, en realidad, la reforzar铆a鈥 de que en sus posteriores an谩lisis del ascenso del fascismo y de otros procesos pol铆ticos concretos Poulantzas ya hab铆a relajado ese determinismo estructuralista y otorgado mayor centralidad a la lucha de clases 鈥搚, por consiguiente, hab铆a podido proponer an谩lisis mucho m谩s finos de esos procesos鈥/32.

La 煤ltima intervenci贸n de Poulantzas en el debate es muy reveladora en este sentido. Comenzaba se帽alando que, para que la discusi贸n no se estancara, era necesario incorporar en ella los libros que hab铆a publicado despu茅s de PPCS, pues ya en FD y m谩s tarde en CD hab铆a rectificado sus posiciones iniciales (Poulantzas 1976c: 155-56). Reconoc铆a, en este sentido, un teoricismo inicial, derivado precisamente de la r铆gida concepci贸n epistemol贸gica althusseriana, que lo hab铆a conducido a presentar los an谩lisis concretos como meros ejemplos de la teor铆a, a descuidar esos an谩lisis emp铆ricos y a emplear una jerga innecesaria. Pero el punto que nos interesa remarcar es que, despu茅s de reconocer que no hab铆a otorgado suficiente centralidad a la lucha de clases, redefin铆a al Estado en los t茅rminos ya examinados de sus 煤ltimos escritos. 鈥淢e inclino a pensar, en efecto, que no subray茅 suficientemente la primac铆a de la lucha de clases frente al aparato de Estado. […] A煤n tomando la separaci贸n de lo pol铆tico y lo econ贸mico bajo el capitalismo, incluso en su fase presente, como punto de partida, el Estado deber铆a ser contemplado (del mismo modo que lo deber铆a ser el capital, de acuerdo con Marx) como una relaci贸n, o, m谩s precisamente, como la condensaci贸n de una relaci贸n de poder entre las clases en conflicto鈥 (1976c: 170).

Y as铆 volvemos a nuestro punto de partida. Pero, ahora, podemos apreciar la contrapartida de la paradoja que se帽alamos antes a prop贸sito de la trayectoria de este concepto de Estado capitalista en Poulantzas. El paulatino abandono de su marco estructuralista althusseriano, aqu铆 ya muy avanzado, que arroja su concepto de Estado capitalista en la indeterminaci贸n, parece emancipar al mismo tiempo a los conceptos de menor grado de abstracci贸n de su teor铆a del Estado, multiplicando sus potencialidades para el an谩lisis de formas y metamorfosis concretas de ese Estado desde la perspectiva de la lucha de clases/33.

IV. Las implicancias pol铆ticas del concepto de Estado

La trayectoria del concepto de Estado capitalista en Poulantzas, como se帽alara en su momento Jessop (1982: 177), se halla estrechamente vinculada con la trayectoria de las estrategias pol铆ticas que impulsara.

En efecto, el concepto de Estado capitalista determinado por su posici贸n dentro del modo de producci贸n y su funci贸n de cohesi贸n del primer Poulantzas estaba acompa帽ado por una estrategia pol铆tica de conquista del poder de Estado deudora a煤n de la tradici贸n leninista. Poulantzas se preguntaba en este sentido: 鈥溌縫uede el Estado tener una autonom铆a tal respecto de las clases dominantes que pueda realizar el paso al socialismo sin que el aparato de Estado se rompa por la conquista de un poder de clase por la clase obrera?鈥 (1968: 353). Y su respuesta era negativa: la unidad del Estado, articulada con su autonom铆a relativa, cerraba esa posibilidad. El Estado, dec铆a Poulantzas, 鈥渞eviste una autonom铆a relativa respecto de esas clases [dominantes] en la medida precisamente en que constituye un poder pol铆tico un铆voco y exclusivo de 茅stas. Dicho de otra manera, esa autonom铆a respecto de las clases pol铆ticamente dominantes, inscrita en el juego institucional del Estado capitalista, no por eso autoriza de ning煤n modo una participaci贸n efectiva de las clases dominadas en el poder pol铆tico, o una cesi贸n a esas clases de 鈥榩arcelas鈥 de poder institucionalizado鈥 (铆dem: 377). Desde luego, en la misma medida en que su althusserianismo tend铆a a relegar a la lucha de clases, es decir, en la misma medida en que las pr谩cticas aparec铆an como meras reproductoras de las estructuras y los agentes como meros soportes de esas estructuras, suprimiendo cualquier capacidad de intervenci贸n aut贸noma de la lucha de la clase trabajadora, esa conquista del poder de Estado aparec铆a como un acontecimiento inexplicable. S贸lo la intervenci贸n del partido de vanguardia como una suerte de deus ex machina pod铆a aspirar, aunque con dudoso 茅xito, a llenar el vac铆o dejado por la lucha de clase/34.

Quiz谩s en el car谩cter apor茅tico de esta propuesta estrat茅gica de Poulantzas hab铆a dejado su impronta la relativa estabilidad del capitalismo europeo de posguerra previo al nuevo ascenso de la lucha de clases que se desencadenar铆a a fines de los sesenta. Quiz谩s la conversi贸n entera del marxismo, de cr铆tica negativa y revolucionaria de la sociedad capitalista en ciencia positiva de la reproducci贸n de esa sociedad capitalista, operada por el estructuralismo althusseriano hab铆a encontrado en esa estabilidad su sentido hist贸rico/35. Pero, en cualquier caso, no son tanto las implicancias del concepto de Estado de este primer Poulantzas las que nos interesan en estas p谩ginas, sino las implicancias pol铆ticas del concepto de Estado del segundo. Y en este sentido hay que tener presentes m谩s bien ciertos acontecimientos pol铆ticos que tuvieron lugar durante los setenta, pusieron en entredicho esa estabilidad relativa del capitalismo europeo de posguerra e influyeron sobre su posterior propuesta estrat茅gica. Se trata, fundamentalmente, de dos procesos: el de las mencionadas ca铆das de las dictaduras vigentes en algunos pa铆ses europeos perif茅ricos (la dictadura de los coroneles de Grecia, el Estado novo en Portugal y el franquismo en Espa帽a) y el de las crisis pol铆ticas en los Estados de algunos pa铆ses europeos m谩s centrales (particularmente, en Italia y en Francia). Podr铆an a帽adirse tambi茅n algunos acontecimientos que tuvieron lugar en el ex Bloque del Este (como la Primavera de Praga) o en el llamado Tercer Mundo (como el gobierno de Allende en Chile), pero Poulantzas siempre parece haber centrado su atenci贸n en esos procesos europeos occidentales. Y, si tuvi茅ramos que escoger uno, deber铆amos centrarnos en el viraje del Partido Comunista Franc茅s dirigido por Marchais hacia el eurocomunismo y su firma del Programa Com煤n con el Partido Socialista de Mitterrand, deriva que a comienzos de la d茅cada siguiente culminar铆a en el ascenso al poder de este 煤ltimo/36. Pero, en cualquier caso, todos esos procesos compart铆an una caracter铆stica: hab铆an inaugurado, cada uno a su manera, escenarios en los que fuerzas pol铆ticas de izquierda pod铆an acceder, o hab铆an accedido en los hechos, electoralmente al poder de Estado.

La estrategia que Poulantzas defender铆a ante estos nuevos escenarios ser铆a la de la llamada v铆a democr谩tica al socialismo. Poulantzas present贸 esta estrategia en sus 煤ltimos escritos y, especialmente, en la conclusi贸n pol铆tica del citado EPS/37, como una estrategia distinta tanto de la socialdem贸crata como de la leninista, pero argumenta en su favor contrast谩ndola espec铆ficamente con la estrategia de doble poder. En este sentido, seg煤n Poulantzas, la m谩s adecuada ya no era una estrategia que apuntara a la destrucci贸n del Estado a trav茅s de la dualizaci贸n del poder de Estado, sino una estrategia que combinara la transformaci贸n desde adentro del aparato de Estado mediante 鈥渓a ampliaci贸n y la profundizaci贸n de las instituciones de la democracia representativa y de las libertades鈥 con 鈥渆l despliegue de las formas de democracia directa de base y el enjambre de focos autogestionarios鈥 por fuera de ese aparato de Estado (1978: 313-14). Pero conviene revisar su argumento en la conclusi贸n pol铆tica EPS paso a paso.

El primer paso de Poulantzas consiste en reducir ese fen贸meno del doble poder a la estrategia pol铆tica puesta en pr谩ctica por los bolcheviques, bajo la conducci贸n de Lenin, durante la Revoluci贸n Rusa de 1917. 鈥淟os an谩lisis y la pr谩ctica de Lenin tienen una l铆nea principal: el Estado debe ser destruido en bloque mediante una lucha frontal en una situaci贸n de doble poder y ser reemplazado-sustituido por el segundo poder, los soviets, poder que no ser铆a ya un Estado en sentido propio, pues ser铆a ya un Estado en v铆as de extinci贸n鈥 (1978: 308). Pero esta reducci贸n es ileg铆tima. Los propios soviets rusos hab铆an surgido durante la revoluci贸n de 1905, con independencia de cualquier estrategia bolchevique. Y experiencias parecidas de autoorganizaci贸n de masas surgir铆an a continuaci贸n en los procesos revolucionarios que se desencadenar铆an a la salida de la guerra en Alemania, Hungr铆a, Italia, sin intervenci贸n alguna de los bolcheviques. M谩s a煤n: la emergencia de formas de autoorganizaci贸n de masas y la tendencia de estas organizaciones a dualizar el poder del Estado capitalista sign贸 a todos los procesos revolucionarios registrados desde entonces hasta nuestros d铆as, desde la Rusia de 1917 y la Alemania de 1918 a la China de 1925-27, la Espa帽a de 1936, la Bolivia de 1952, la Cuba de 1958, as铆 como el Chile de 1973 y el Portugal de 1975, y as铆 como la Chiapas de 1995. La dualidad de poderes, en s铆ntesis, no es una invenci贸n de los bolcheviques sino una situaci贸n resultante del desarrollo de los propios procesos revolucionarios.

El segundo paso de Poulantzas consiste en asociar ese fen贸meno del doble poder sovi茅tico con la posterior dictadura del partido de Estado. 鈥淪e quiera o no, la l铆nea principal de Lenin fue originariamente, frente a la corriente socialdem贸crata, a su parlamentarismo y a su p谩nico al consejismo, la de una sustituci贸n radical de la llamada democracia formal por la llamada democracia real, de la democracia representativa por la democracia directa llamada consejista (en la 茅poca no se empleaba todav铆a el t茅rmino autogesti贸n). Lo que me lleva a plantear la verdadera cuesti贸n: 驴no fue m谩s bien esta misma situaci贸n, esta misma l铆nea (sustituci贸n radical de la democracia representativa por la democracia directa de base) la que constituy贸 el factor principal de lo que sucedi贸 en la Uni贸n Sovi茅tica, ya en vida de Lenin, y la que dio lugar al Lenin centralizador y estatista cuya posterioridad conocemos?鈥 (1978: 309). Una asociaci贸n completamente arbitraria, en la medida en que Poulantzas no explica en ning煤n momento mediante qu茅 mecanismos la democratizaci贸n del poder pol铆tico a trav茅s de la organizaci贸n sovi茅tica habr铆a conducido a su contrario, es decir, a la monopolizaci贸n de dicho poder pol铆tico por parte del partido de Estado. As铆 como arbitraria en la medida en que, en los hechos, la instauraci贸n de esa dictadura del partido de Estado en la ex URSS no requiri贸 s贸lo la supresi贸n de la democracia burguesa, sino tambi茅n la supresi贸n de la propia democracia sovi茅tica, por parte de los bolcheviques.

Y en su tercer paso, como respuesta a esa pregunta, Poulantzas intenta apoyar su estrategia de una v铆a democr谩tica al socialismo en la cr铆tica que Rosa Luxemburgo hab铆a planteado a la revoluci贸n rusa: 鈥渓o que Luxemburgo reprocha a Lenin no es su negligencia o su desprecio por la democracia directa de base, es exactamente lo contrario: a saber, que se apoye exclusivamente en esta 煤ltima (exclusivamente, pues seg煤n Rosa la democracia consejista sigue siendo esencial), eliminando pura y simplemente la democracia representativa, especialmente en el momento de la disoluci贸n de la Asamblea Constituyente elegida bajo el gobierno bolchevique, en beneficio exclusivo de los soviets鈥 (1978: 309-10). Ahora bien, en su cr铆tica a la Revoluci贸n Rusa, Luxemburgo (1918) no propuso, propiamente hablando, una estrategia de v铆a democr谩tica al socialismo, es decir, una estrategia que combinara parlamento y consejos obreros, como s铆 propon铆an algunos austromarxistas de entonces/38. Luxemburgo critic贸, en cambio, la decisi贸n de los bolcheviques, que se encontraban en minor铆a, de disolver la Asamblea Constituyente, porque interpret贸 esta decisi贸n como una peligrosa sustituci贸n autoritaria de las masas por el partido. Una interpretaci贸n coherente con las objeciones a la concepci贸n leninista del partido que ya hab铆a planteado quince a帽os antes (Luxemburgo 1904) y que la historia posterior convalidar铆a.

Ahora bien, estas objeciones nuestras al argumento de Poulantzas en favor de una estrategia de v铆a democr谩tica al socialismo est谩n enlazadas entre s铆 e incumben al concepto de Estado. Para advertir esto, dejemos de lado la cr铆tica de Luxemburgo a la Revoluci贸n Rusa, que en definitiva no viene a cuento, y volvamos sobre las citadas experiencias de convivencia entre parlamento y consejos auspiciadas por otros socialdem贸cratas europeos a la salida de la guerra. Esta convivencia adopt贸 entonces la forma de una legalizaci贸n de los consejos obreros a trav茅s de las nuevas constituciones republicanas y de leyes espec铆ficas (las Betriebsr盲tegesetzen) sancionadas en Alemania y Austria en 1919-20. El resultado fue, como se sabe, la degradaci贸n de los consejos obreros a meros 贸rganos consultivos encerrados dentro de las empresas, mientras afuera de las empresas los parlamentos segu铆an sancionando sus leyes. 鈥淟a legalidad -dec铆a el joven Luk谩cs (1919)- mata a los consejos obreros鈥. Pero la clave aqu铆 es advertir que lo se dirimi贸 entonces bajo esta forma espec铆fica de una incorporaci贸n de los consejos obreros dentro de la legalidad burguesa fue una problema mucho m谩s general: la inestabilidad de la dualidad de poderes.

Y as铆 volvemos al comienzo. La emergencia de formas de autoorganizaci贸n de masas y la tendencia de estas organizaciones a dualizar el poder del Estado resultan del desarrollo de los propios procesos revolucionarios. Esta dualidad de poderes es una situaci贸n inestable que tiende a resolverse en un sentido o en otro, es decir, en el sentido de la restauraci贸n del poder de Estado o de la destrucci贸n del ese poder de Estado. Y tanto los casos alem谩n y austr铆aco (la restauraci贸n del poder del Estado capitalista bajo la forma de una rep煤blica) como el propio caso ruso (la instauraci贸n de un nuevo poder de Estado por los bolcheviques) muestran que la restauraci贸n del poder de Estado es incompatible, y a muy corto plazo, con el desarrollo de esas formas de autoorganizaci贸n de masas. El propio Poulantzas reconoce que la combinaci贸n entre ambos aspectos de su estrategia es problem谩tica y que puede conducir a 鈥渦na oposici贸n abierta entre los dos, con riesgo de eliminaci贸n de uno a favor del otro鈥 (1978: 325) -como en el caso de Portugal. Pero, en la medida en que siga trat谩ndose de una estrategia de transici贸n hacia el socialismo, su viabilidad descansa sobre el supuesto de que dicha 鈥渙posici贸n abierta鈥 es una posibilidad y no una necesidad/39. El problema est谩 en que la incompatibilidad entre la restauraci贸n del poder de Estado y el desarrollo de formas de autoorganizaci贸n de masas est谩 inscripta en la propia naturaleza del Estado capitalista.

Tambi茅n puede suceder, naturalmente, que las 鈥渇ormas de democracia directa de base鈥 y los 鈥渇ocos autogestionarios鈥 en cuesti贸n no est茅n en condiciones de desafiar el poder del Estado y, en consecuencia, esa 鈥渙posici贸n abierta鈥 no exista -como en el caso de Francia. Esta parece una situaci贸n m谩s acorde con la preocupaci贸n de Poulantzas por 鈥渓os problemas a los cuales una estrategia de la Uni贸n de la Izquierda se encuentra actualmente confrontada y que conciernen directamente a las transformaciones radicales de los aparatos del Estado que socialistas y comunistas deber谩n poner en marcha en el caso de su llegada al poder鈥 (1976a: 76). Sin embargo, en este caso, la v铆a democr谩tica al socialismo parece quedar devaluada a un curso en el cual unos cuantos movimientos sociales presionan para que el gobierno, en manos de la Uni贸n de la Izquierda, cumpla efectivamente con las reformas contempladas en su Programa Com煤n (v茅ase Jessop 1985: 300 y ss.). Y en este caso, como hubiera dicho la propia Luxemburgo, ya no estar铆amos ante 鈥渦na v铆a m谩s tranquila, calma y lenta hacia el mismo objetivo鈥, sino ante 鈥渦n objetivo diferente鈥 (Luxemburgo 1899: 97).

Pero el punto importante aqu铆 radica en que, en cualquier caso, la definici贸n del Estado a partir del aparato de Estado, como una la relaci贸n de fuerzas entre clases y fracciones de clase materializada en ese aparato, opera como soporte de esta v铆a democr谩tica al socialismo. Y el car谩cter capitalista del Estado, en esta estrategia, depende en definitiva de qu茅 relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase se materializan en su aparato/40. Pero las cosas resultan muy diferentes si el Estado es definido como forma de una relaci贸n social, como corresponde, y no a partir de las relaciones de fuerzas que se materializan en su aparato. En efecto, si es constitutiva del Estado capitalista en tanto forma, es decir, modo de existencia de las relaciones sociales capitalistas, la separaci贸n entre lo pol铆tico y lo econ贸mico derivada de la separaci贸n entre los productores y los medios de producci贸n, la existencia misma del Estado es incompatible con el desarrollo de formas de autoorganizaci贸n de masas que tienden a impugnar, precisamente, esa separaci贸n entre lo econ贸mico y lo pol铆tico. No es casual en este sentido que, as铆 como el car谩cter capitalista del Estado acaba dependiendo de las relaciones de fuerza entre clases y fracciones de clase que se materializan en su aparato, la propia particularizaci贸n de lo pol铆tico en el Estado pierde su car谩cter espec铆ficamente capitalista/41. La dualidad de poderes rechazada por Poulantzas no es, en definitiva, sino la impugnaci贸n de esta particularizaci贸n de lo pol铆tico en el Estado capitalista.

Alberto Bonnet es miembro del Consejo de Redacci贸n de la revista Cuadernos del Sur. Integrante de la Escuela de Econom铆a Pol铆tica de la Facultad de Ciencias Econ贸micas de la Universidad de Buenos Aires, profesor en la Universidad de Quilmes.

Marzo 2016

Notas:

1/Agradezco a los participantes de la minuciosa discusi贸n del borrador de este art铆culo que realizamos en el marco del Programa de Investigaci贸n: Acumulaci贸n, dominaci贸n y lucha de clases en la Argentina contempor谩nea, 1989-2011 de la Universidad Nacional de Quilmes.

2/ Nuestra propia cr铆tica del concepto de Estado del Poulantzas, aunque aspira a ser una cr铆tica interna, es deudora precisamente, como quedar谩 en evidencia m谩s adelante, de la perpectiva derivacionista (sobre esta perspectiva, menos conocida en nuestro medio que la estructuralista, puede consultarse: Bonnet, 2007).

3/ S. Kouvelakis: 鈥淕reece: phase one鈥, entrevista de S. Budgen publicada en Jacobin(www.jacobinmag.com/2015/01/phase-one/). V茅ase en este sentido Varela y Guti茅rrez (2015).

4/ A. Garc铆a Linera: 鈥淓stado, democracia y socialismo鈥, conferencia pronunciada en La Sorbona el 16/1/15 y publicada en Rebeli贸n (www.rebelion.org/noticia.php?id=195607).

5/ T茅nganse en cuenta el Coloquio Internacional realizado en La Sorbona (16-17/1/13) y las Jornadas Internacionales realizadas en la Universidad de Chile (2-4/10/13) y la Universidad de Buenos Aires (22-23/9/14).

6/ La distinci贸n entre distintos per铆odos en la evoluci贸n del concepto de Estado de Poulantzas es controvertible. Adriano Codato (2008), por ejemplo, distingue tres per铆odos, considerando que los trabajos publicados entre esos dos libros justifican hablar de un per铆odo intermedio. Nosotros, en cambio, los consideraremos simplemente como trabajos de transici贸n entre los conceptos de Estado expuestos en esos dos libros.

7/ Sus ensayos sobre el problema del derecho en la transici贸n al socialismo (1964) y sobre los aportes de la Critique de la raison dialectique de Sartre a la filosof铆a del derecho (1965a) son representativos de esa adhesi贸n al marxismo fenomenol贸gico-existencialista. Acerca de la evoluci贸n del pensamiento de Poulantzas en su conjunto v茅ase especialmente el estudio de Jessop (1985); aqu铆 seguimos la s铆ntesis que propusimos en Bonnet (2014).

8/ V茅ase en este sentido, especialmente, su extensa rese帽a del Pour Marx de Althusser publicada en Les Temps Modernes (Poulantzas 1966).

9/ Les clases sociales es menos relevante para nuestro an谩lisis de la evoluci贸n del concepto de Estado de Poulantzas 鈥損ero no as铆 para la evoluci贸n de su pensamiento pol铆tico en t茅rminos m谩s amplios porque, en realidad, Poulantzas nunca se interes贸 por las clases y fracciones de clase por s铆 mismas (de una manera, digamos, sociol贸gica a secas), sino por las clases en su dimensi贸n pol铆tica (a la manera de una sociolog铆a pol铆tica).

10/ Escribe Poulantzas: 鈥渓a condensation mat茅rielle d麓un rapport de forces entre classes et fractions de classe, tel qu麓il s麓exprime, de fa莽on sp茅cifique toujours, au sein de l麓脡tat鈥 (1978bis: 191). (Aqu铆 emplearemos las versiones en espa帽ol de sus escritos, pero las confrontaremos con las versiones originales en algunos casos.) Definiciones semejantes (aunque a veces con p茅rdida de alguna de sus dimensiones) se encuentran en otros pasajes. Entre otras: 鈥渃ondensaci贸n material y espec铆fica de una relaci贸n de fuerza, que es una relaci贸n de clase鈥 (1978: 83); 鈥渃ondensaci贸n 鈥揹esde el punto de vista de su naturaleza de clase- de una relaci贸n de fuerzas que es una relaci贸n de clase鈥 (idem; 142); 鈥渃ondensaci贸n material de una relaci贸n de fuerzas鈥 (idem: 163); 鈥渃ondensaci贸n de una relaci贸n de fuerzas, precisamente la de las luchas鈥 (idem: 183); 鈥渃ondensaci贸n material de una relaci贸n de fuerzas entre las clases鈥 (idem: 235); 鈥渃ondensaci贸n de una relaci贸n de fuerzas entre las diversas clases sociales鈥 (idem: 316).

11/ Poulantzas mismo esboza este paralelismo entre el Estado y el capital en L麓Etat鈥 (1978: 154) y en otros textos. En su contribuci贸n al volumen colectivo sobre la crisis del Estado, por ejemplo, afirmaba que 鈥渆l Estado capitalista no debe ser considerado como una entidad intr铆nseca sino, como por otra parte es el caso del `capital麓, como una relaci贸n, m谩s exactamente una condensaci贸n material (el Estado-aparato) de una relaci贸n de fuerzas entre las clases y las fracciones de clases tal como se expresan, siempre de manera espec铆fica (separaci贸n relativa del Estado y de la econom铆a que da lugar a las instituciones propias del Estado capitalista), en el seno mismo del Estado鈥 (1976: 54).

12/ Poulantzas se limita aqu铆 a recordar su anterior empleo del concepto en PPCS, donde refer铆a al 鈥減unto nodal en que se condensan las contradicciones de los diversos niveles de una formaci贸n social鈥 (Poulantzas 1968: 39; v茅ase sobre esto Bretthauer 2011). Quiz谩s este 煤ltimo Poulantzas no quisiera seguir cargando con el marco estructuralista en el que se inscrib铆a este concepto 鈥搑ecu茅rdese que en la interpretaci贸n lacaniana del psicoan谩lisis que hab铆a heredado de Althusser la condensaci贸n, como met谩fora, remit铆a a una sustituci贸n entre significantes dentro de una cadena y presupon铆a un inconsciente estructurado como lenguaje (v茅ase Lacan 1966: 486). Y, en efecto, en el primer Poulantzas, debido a su posici贸n dentro de la estructura, el Estado condensaba las contradicciones inherentes a las otras instancias de la estructura y esto le permit铆a desempe帽ar su funci贸n de cohesi贸n del conjunto 鈥搒er, como dec铆a Marx en su conocida carta a Annenkov de 1846, el 鈥渞esumen oficial de la sociedad civil鈥.

13/ Esto sigue siendo cierto aunque Poulantzas se distancie de Althusser en algunos aspectos como, por ejemplo, la distinci贸n entre aparatos ideol贸gicos y represivos (1978: 28 y ss. y 205 y ss.).

14/ Poulantzas no aclara 鈥搚, como veremos m谩s adelante, no es para nada clara鈥 la diferencia entre su propia perspectiva y la perspectiva del institucionalismo que denuncia 鈥搚 mientras tanto, su definici贸n de instituci贸n como 鈥渟yst猫me de normes ou r猫gles socialement sancionn茅鈥 (1968bis: 123 y 1970bis: 332) coincide en los hechos con la de Parsons (debo esta observaci贸n a Adri谩n Piva).

15/ Poulantzas advierte en este sentido que, aunque las relaciones de poder s贸lo pueden existir materializadas en aparatos, no todas las relaciones de poder son de clase (p. ej., las de g茅nero) y no todas las relaciones de poder de clase son estatales (p. ej., el despotismo patronal) (1978: 47).

16/ 鈥淟鈥檈xistence mat茅rielle de l鈥檌d茅ologie dans un appareil et ses pratiques ne poss猫de pas la m锚me modalit茅 que l鈥檈xistence mat茅rielle d鈥檜n pav茅 ou d鈥檜n fusil. Mais, quitte 脿 nous faire traiter de n茅o-aristot茅licien (signalons que Marx portait une tr猫s haute estime 脿 Aristote), nous dirons que 芦 la mati猫re se dit en plusieurs sens 禄 ou plut么t qu鈥檈lle existe sous diff茅rentes modalit茅s, toutes enracin茅es en derni猫re instance dans la mati猫re 芦 physique 禄鈥 (Althusser 1976: 118-19) .

17/ Agreguemos, sin embargo, que, como en otros aspectos de su pensamiento, Althusser volvi贸 autocr铆ticamente sobre el concepto de materialismo en sus 煤ltimos escritos (v茅ase en particular Althusser 1982).

18/ Antes de PPCS Poulantzas ya hab铆a abordado esta problem谩tica de la separaci贸n entre lo econ贸mico y lo pol铆tico, pero en textos transicionales como el citado ensayo sobre hegemon铆a, en los cuales todav铆a la presentaba vali茅ndose del par hegeliano y gramsciano de Estado – sociedad civil (v茅ase Poulantzas 1965b).

19/ Esto dejando de lado dos aristas problem谩ticas de este razonamiento: en primer lugar, cabr铆a preguntarse si la propiedad sobre la propia fuerza de trabajo que permite su venta, cualquiera sea el car谩cter colectivo que adquiera su consumo en los procesos de producci贸n, no constituye ya un mecanismo individualizador que ya es inherente a esa separaci贸n entre productor y medios de producci贸n referida por Poulantzas; en segundo lugar, si se radicaliza la correcta distancia que parece adoptar Poulantzas respecto de la idea marxiana de una 鈥渕ixit茅鈥 entre lo econ贸mico y lo pol铆tico en el feudalismo, puede conducir a cuestionar asimismo la concepci贸n althusseriana de los modos de producci贸n como diferentes articulaciones de instancias transhist贸ricas. Pero estas dos cuestiones son externas a nuestro argumento.

20/ Estrictamente hablando, ni siquiera el propio hecho de que lo pol铆tico, as铆 particularizado, asuma la forma de Estado se sigue necesariamente de la separaci贸n entre lo econ贸mico y lo pol铆tico. La forma Estado no se deriva inmediatamente de la separaci贸n entre lo econ贸mico y lo pol铆tico, en t茅rminos l贸gicos, ni lo pol铆tico coincide ni coincidi贸 nunca sin m谩s con el Estado, en t茅rminos hist贸ricos (v茅ase Bonnet 2015).

21/ Incomprensi贸n que se extiende tambi茅n al pensamiento de quien, ya en los a帽os treinta, hab铆a planteado de manera correcta la pregunta por la forma Estado, es decir, a Evgeny Pashukanis (v茅ase Poulantzas 1964: 14 y ss.; 1967b: 109 y ss,.; 1978: 54 y ss. ).

22/ Esta misma respuesta -y no casualmente- vale para la cr铆tica del debate de la derivaci贸n del Estado de Laclau (1981), como correctamente se帽alarom Alvater y Hoffmann (1990) en su retrospectiva sobre dicho debate.

23/ Es por esta raz贸n que cohesi贸n entre niveles de la estructura y cohesi贸n entre clases -entre 鈥渃oh茅sion des niveaux d麓une formation sociale鈥 (1968bis: 43) y 鈥渃oh茅sion d麓une formation divis茅e en classes鈥 (1968bis: 54)- aparec铆an en realidad, dentro de dicho marco estructuralista, como dos caras de una misma moneda.

24/ Ser铆a interesante, aunque tambi茅n escapa a los l铆mites de este trabajo, indagar hasta qu茅 punto esta trayectoria del concepto de Estado de Poulantzas no es sino un caso m谩s de la trayectoria de tantos otros conceptos de tantos otros intelectuales que transitaron este pasaje desde el determinismo estructuralista a la indeterminaci贸n postestructuralista que parec铆a estar transitando Poulantzas en sus 煤ltimos escritos.

25/ Tambi茅n objeta a Althusser que ignore la funci贸n econ贸mica del Estado y reduzca el Estado a sus funciones represiva e ideol贸gica (1970: 358, nota) y que no tenga en cuenta el aparato econ贸mico (idem: 359, nota). Estas cr铆ticas son menos relevantes para nuestra argumentaci贸n, pero las mencionamos porque en todos los casos Poulantzas parece criticar su propio enfoque previo a trav茅s de la cr铆tica a Althusser. Este, por su parte, en el postfacio de su ensayo sobre los aparatos ideol贸gicos de Estado, ya reconoce el car谩cter 鈥渁bstracto鈥 de su concepci贸n en la medida en que la reproducci贸n se realiza a trav茅s de la lucha de clases y, por consiguiente de ideolog铆as antag贸nicas (Althusser 1970: 139-41).

26/ V茅ase tambi茅n, complementariamente, el an谩lisis de las relaciones entre el fascismo y las distintas clases y fracciones de clases de Poulantzas (1976d).

27/ Aqu铆 vamos a concentrarnos en CD, pero es importante advertir que el inter茅s de Poulantzas por estas dictaduras y, en particular, por la griega, ya se hab铆a expresado en escritos anteriores. De hecho Poulantzas ingres贸 en el llamado Partido Comunista del Interior (el KKE-I), de orientaci贸n eurocomunista, cuando se escindi贸 en 1968, es decir, un a帽o despu茅s del golpe de Papadopoulos, y desde entonces se mantuvo vinculado con las disyuntivas pol铆ticas planteadas por la resistencia a la dictadura (v茅ase 1979b). Y ya en un art铆culo muy temprano publicado en una revista griega (Poulantzas 1967c) hab铆a indicado las especificidades de la dictadura militar griega dentro de los reg铆menes de excepci贸n en los mismos t茅rminos en que lo har铆a en sus an谩lisis posteriores.

28/ En el primer ensayo reunido en Les classes sociales (1974; 36 y ss.) Poulantzas ya hab铆a analizado con mucho m谩s detenimiento las consecuencias de la internacionalizaci贸n del capital para la composici贸n de las burgues铆as europeas.

29/ En su rese帽a de La crise des dictatures Bensaid observaba cr铆ticamente que la lucha de clases interven铆a demasiado marginalmente en el an谩lisis poulantziano. 鈥淒鈥檃bord, la lutte de classes y fait une entr茅e fort tardive, 脿 la page 57 (sur les 137 que compte l鈥檕uvrage). Au point que les luttes ouvri猫res apparaissent comme un effet second des contradictions interbourgeoises, comme la tentative de saisir une opportunit茅 offerte. Et non comme le premier r茅sultat du d茅veloppement 茅conomique, d茅veloppement profond茅ment in茅gal, qui bouleverse les rapports sociaux, au point que les diff茅renciations au sein de la bourgeoisie sont souvent plus des diff茅renciations politiques face au mouvement ouvrier que des affrontements d鈥檌nt茅r锚ts 茅conomiques (int茅rieurs contre compradores)鈥. Esto puede tomarse como un caso puntual de una objeci贸n m谩s general de fraccionalismo contra Poulantzas. Sin embargo, Poulantzas evita en alguna medida este fraccionalismo (que, dentro de su marco te贸rico, no es sino un corolario del citado sociologicismo) mediante esta interesante idea de determinaci贸n de los conflictos interburgueses por la lucha de clases en la crisis de las dictaduras (v茅ase sobre este punto Bonnet 2012).

30/ El caso del franquismo plantea algunos problemas dentro del an谩lisis de Poulantzas (quien ya lo hab铆a reconocido: 鈥淸e]l caso espa帽ol, por ejemplo, difiere en la medida en que se presenta como una forma concreta combinada de fascismo y de dictadura militar, con predominio de esta 煤ltima鈥; 1970: 424). Tanto en el mencionado caso del fascismo como en este de las dictaduras Poulantzas consideraba que el ascenso y la ca铆da de los reg铆menes de excepci贸n son mediados por grandes crisis institucionales. Esto lo condujo a un pron贸stico acertado para los casos de las dictaduras portuguesa y griega, aunque err贸neo para la espa帽ola. Este error en s铆 mismo reviste una importancia menor, pero quiz谩s sea indicador de algo m谩s importante. En el postfacio a la segunda edici贸n francesa de La crise des dictatures (Poulantzas 1976) reconoc铆a que hab铆a subestimado el apoyo social al franquismo 鈥揳unque insiste en su pron贸stico de una transici贸n cr铆tica鈥. Y quiz谩s haya un v铆nculo entre ambos factores, a saber, entre este apoyo social y la posibilidad de una transici贸n democr谩tica sin crisis institucional. La experiencia de la ca铆da del pinochetismo parece semejante. Adem谩s el franquismo, m谩s cercano a los reg铆menes fascistas, se diferencia de ellos en que no hab铆a ascendido al poder una vez que la clase trabajadora ya hab铆a sido derrotada -como se帽ala Poulantzas (1970), con raz贸n, que sucedi贸 en Alemania e Italia- sino como emergente inmediato de esa derrota. Tambi茅n en este sentido la experiencia del pinochetismo es semejante. Y tambi茅n en este sentido quiz谩s haya un v铆nculo entre aquel persistente apoyo social y el proceso revolucionario en el que se alcanz贸: el franquismo fue una expresi贸n m谩s inmediata del bando triunfador.

31/ La definici贸n del Estado dentro de la teor铆a en cuesti贸n segu铆a siendo, naturalmente, la del primer Poulantzas: 鈥渆l factor de cohesi贸n de una formaci贸n social y el factor de reproducci贸n de las condiciones de producci贸n de un sistemaque, por su parte, determina la dominaci贸n de una clase sobre las dem谩s鈥 (1969: 82); 鈥渓a instancia que mantiene la cohesi贸n de una formaci贸n social y que reproduce las condiciones de producci贸n de un sistema social mediante el mantenimiento de la dominaci贸n de clase鈥 (铆dem: 88).

32/ Por lo dem谩s, este no es sino uno m谩s de los puntos ciegos del c茅lebre debate entre Miliband y Poulantzas (v茅ase en este sentido Thwaites Rey 2007a).

33/ Esta emancipaci贸n de sus conceptos de menor grado de abstracci贸n respecto de su original marco de referencia estructuralista quiz谩s sea la condici贸n de posibilidad para que su teor铆a del Estado 鈥渟e reconcilie con un an谩lisis de la forma Estado basado en la cr铆tica de la econom铆a pol铆tica de Marx鈥 (Hirsch y Kannankulam 2011: 57). Pero este es un problema muy complejo, que no podemos abordar en estas p谩ginas.

34/ Esto es particularmente notorio en la privilegiada exterioridad de la que goza el partido de vanguardia respecto de los aparatos de Estado: 鈥渘o pueden finalmente `escapar麓 al sistema de los aparatos ideol贸gicos de Estado m谩s que las organizaciones revolucionarias y de lucha de clases. Este problema depende de la teor铆a marxista-leninista de la organizaci贸n鈥︹ (1970: 365).

35/ Recordemos que todos escritos estrictamente estructuralistas de Poulantzas, inclu铆do PPCS, son anteriores al mayo del 68 y que el propio Poulantzas posterior advertir谩 esto a menudo como una manera de tomar distancia respecto de ellos. Por ejemplo: 鈥渆l desarrollo de los conflictos de clases en Europa desde 1968 no ha dejado de tener influencia en mis cambios de posici贸n鈥 (1976c: 161).

36/ En este sentido, naturalmente, la deriva pol铆tica de Poulantzas acompa帽贸 el viraje de los partidos comunistas europeos hac铆a el eurocomunismo que, en el caso del PCF, inaugur贸 el abandono de la dictadura del proletariado en su XXII Congreso de febrero de 1976. Recu茅rdese, en particular el debate sobre la denominada crisis del marxismo que mantuvo Poulantzas con los propios Althusser y Balibar, entre otros, en la segunda mitad de los setenta (v茅ase Poulantzas 1979a y, para una rese帽a del debate, Motta 2014).

37/ Esta conclusi贸n ya hab铆a sido publicada por separado por la New Left Review (鈥淭owards a democratic socialism鈥, enNLR 109, mayo-junio de 1978) y alrededor de ella Poulantzas hab铆a organizado una discusi贸n pol铆tica en el seno de la revista, seg煤n informa Michel L枚wy (2014), quien hab铆a sido asistente de Poulantzas durante a帽os en Par铆s 8 鈥 Vincennes.

38/ V茅ase, por ejemplo, Adler (1972). En este sentido, existe alguna semejanza entre la estrategia propuesta por Poulantzas y la propuesta por algunos dirigentes del ala izquierda del Partido Socialdem贸crata Obrero (el SDAP) austr铆aco a la salida de la Primera Guerra; sin embargo, inexorablemente, esta 煤ltima revest铆a en aquel escenario de revoluci贸n democr谩tica que enfrentaban los socialistas austr铆acos y alemanes (y con m谩s raz贸n los rusos) de comienzos de siglo un car谩cter muy diferente del que pod铆a revestir en la democracia burguesa francesa o italiana de los a帽os setenta.

39/ Sobre este punto, v茅ase la conocida entrevista de Henri Weber a Poulantzas (1977) y la rese帽a de EPS de Daniel Bensaid (1979).

40/ Poulantzas nunca afirma esto con semejante crudeza pero (como se帽ala correctamente Javier Waiman 2015), Bob Jessop, su disc铆pulo, extrae esta consecuencia de su definici贸n tard铆a del Estado: 鈥渆l car谩cter de clase del Estado depende de sus implicancias para las estrategias: no est谩 inscripto como tal en la forma Estado鈥 (1991: 269; advirtamos que Jessop asimila forma y aparato). 鈥淓l poder estatal es la condensaci贸n material de un equilibrio variable de fuerzas pol铆ticas y sociales o de fuerzas ligadas al campo pol铆tico. En otras palabras, es una relaci贸n social que se reproduce en y a trav茅s de la interacci贸n entre la forma institucional del Estado (que le da su materialidad espec铆fica) y las fuerzas cambiantes que dan forma al ejercicio del poder estatal, tanto en el interior como desde el exterior del aparato de Estado. El Estado presenta necesariamente un car谩cter de clase porque sus instituciones, sus capacidades y sus recursos son m谩s accesibles a ciertas fuerzas pol铆ticas y m谩s f谩ciles de orientar hacia ciertos fines que hacia otros鈥 (Jessop 2013: 374).

41/ Poulantzas s贸lo deja planteado este problema: 鈥渆s claro que, en la medida en que hablamos de democracia representativa, la separaci贸n relativa entre las esferas p煤blica y privada a煤n siga existiendo. Esto nos conduce al problema m谩s complejo de que la separaci贸n relativa del Estado no sea simplemente una cuesti贸n s贸lo vinculada con las relaciones de producci贸n capitalistas鈥 (1979b: 400). Pero aqu铆 tambi茅n sus disc铆pulos tienen la 煤ltima palabra: 鈥渓a tesis marxista de la 鈥榚xtinci贸n del Estado鈥 reposa sobre la idea de que el Estado es un instrumento de dominaci贸n y que la superaci贸n del capitalismo conducir谩 a t茅rmino a la obsolescencia de este instrumento. Si en cambio, como piensa Poulantzas, el Estado capitalista ha sido en parte formado por luchas populares, la necesidad de su extinci贸n en la transici贸n hacia el socialismo de vuelve mucho menos evidente鈥 (Keucheyan 2013: 19).

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