June 21, 2021
De parte de El Topo
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芦La vivienda es un derecho, pero tambi茅n es un bien de mercado.禄 As铆 respondi贸 Jos茅 Luis 脕balos a las preguntas sobre el desacuerdo entre PSOE y UP a ra铆z de la nueva ley de vivienda que contempla el pacto de Gobierno. La paradoja del ministro no debe sorprender, puesto que est谩 en la l铆nea de la evoluci贸n ideol贸gica neoliberal de los partidos socialistas en las 煤ltimas d茅cadas. S铆 sorprende, en cambio, si tenemos en cuenta que estamos ante el Gobierno m谩s progresista de la historia. O eso nos han contado, porque en materia de vivienda, la afirmaci贸n no es cierta. El derecho a la vivienda no se puede garantizar sin regular el mercado, especialmente en grandes ciudades. La vivienda no es una mercanc铆a como otra cualquiera. Al ser un bien ra铆z, su ubicaci贸n geogr谩fica condiciona los precios, lo que explica que el mismo piso, con las mismas caracter铆sticas, cueste m谩s en el Arenal que en Amate. La vivienda, adem谩s, satisface una necesidad humana fundamental: el refugio, donde nos sentimos seguras, donde tenemos intimidad. Hasta en el epicentro del capitalismo global, Nueva York, lo saben y desde hace un siglo tienen pol铆ticas de control del alquiler. No es la 煤nica ciudad norteamericana: San Francisco, Los 脕ngeles o Seattle tambi茅n han regulado los precios de los arrendamientos. Se trata de una pol铆tica que el PSOE rechaza aplicar; pero 驴en qu茅 consiste exactamente?

El control del alquiler significa que algunos propietarios privados que arriendan una o varias viviendas tienen un l铆mite m谩ximo fijado por el Estado en el precio de la renta. La pol铆tica garantiza el acceso a la vivienda a un gran n煤mero de personas, asegurando su permanencia en las mismas, puesto que obliga a renovar contratos y evita subidas de renta abruptas. Tambi茅n impone unos est谩ndares m铆nimos de habitabilidad. Esto es especialmente relevante en Nueva York, una de las ciudades m谩s caras del mundo, donde casi un mill贸n de viviendas tienen el precio regulado por ley, lo que se calcula que es un 40-45% del total del mercado de arrendamientos. El control del alquiler se fundamenta en que caseros e inquilinas no negocian los precios en igualdad, sino que los primeros se encuentran en una posici贸n de poder y tienen la facultad de imponer condiciones injustas o arbitrarias en un mercado muy especulativo. Adem谩s, la regulaci贸n se legitima en que los propietarios de las viviendas intervenidas ya han recuperado la inversi贸n que realizaron para construirlas: son objeto de control del alquiler todos los edificios de seis viviendas o m谩s levantados entre 1947 y 1974. Los precios se fijan una vez al a帽o en una comisi贸n del Ayuntamiento teniendo en cuenta las caracter铆sticas (a帽o de construcci贸n, n煤mero de habitaciones, tama帽o, etc.) y la localizaci贸n. Bajo el mandato del alcalde, Bill de Blasio, los precios han subido entre un 1 y un 4% anualmente, y con la pandemia se han congelado. La situaci贸n contrasta con las subidas de hasta un 8% permitidas cuando gobern贸, entre 2002 y 2013, el multimillonario y entonces republicano Bloomberg.

Estas normas generales tienen excepciones. Por ejemplo, si la renta, con sus incrementos anuales, alcanza los 2 733 d贸lares al mes, se entiende que la vivienda pasa a estar en el mercado libre y el casero podr谩 aumentarla a su gusto. De esta forma, el programa del control de alquiler ha perdido casi 300 000 viviendas desde 1994. Cabe puntualizar que, en abril de 2021, el precio medio mensual de un alquiler de un piso de una habitaci贸n en Nueva York era de 2 500 d贸lares, y hab铆a descendido por la pandemia, tras llegar a rozar los 3 000 d贸lares en 2019. Otro supuesto por el que la vivienda puede dejar de estar regulada es si la propiedad hace una inversi贸n considerable en ella. Por su parte, los propietarios de viviendas posteriores a 1974 tienen incentivos fiscales para que entren en el programa. Desde la perspectiva del inquilinx, si pasa a ganar m谩s de 200 000 d贸lares al a帽o, autom谩ticamente la propiedad tiene derecho a sacar la vivienda del marco regulado. A estas excepciones se suman algunas deficiencias. Por ejemplo, debido a los tipos de edificios que se contemplan, la gran parte de los apartamentos controlados est谩n en el norte del Bronx y de Queens o en barrios centrales de Brooklyn, lo que contribuye a cierta segregaci贸n, puesto que un buen n煤mero de personas beneficiadas por esta pol铆tica son clases trabajadoras racializadas, en ocasiones j贸venes precarizadxs o mujeres migrantes. Estas personas tambi茅n se favorecen de otras pol铆ticas en la materia, como las de vivienda p煤blica, que si se han mantenido vigentes en el contexto desregulador del neoliberalismo ha sido gracias a la movilizaci贸n constante de sindicatos de inquilinxs y colectivos por el derecho a la vivienda.

Estos mismos colectivos son los que, en el marco de la pandemia, han organizado la campa帽a #CancelTheRent con el objetivo de condonar miles de d贸lares de deuda que acumulan muchxs inquilinxs. La crisis de la covid-19 est谩 haciendo emerger problemas estructurales del mercado de la vivienda neoyorquino, lo que demuestra que tampoco podemos idealizar el control del alquiler. A pesar de esta regulaci贸n, en 2017 se calculaba que el 45% del inquilinato blanco y el 57% del inquilinato negro y latino destinaba m谩s del 30% de su salario a pagar el alquiler. Asimismo, en 2018 se produjeron casi 20 000 desahucios por impago del alquiler. La situaci贸n se solapa con las pr谩cticas cuasi mafiosas de muchos caseros, de viviendas reguladas o en el mercado libre, propietarios individuales o empresas. Estas 煤ltimas han crecido tras la crisis de 2008, sobre todo las entidades financieras, que son due帽as de unas 100 000 viviendas con los precios regulados. Si la situaci贸n general es mala, incluso extrema para familias en barrios obreros, ser铆a todav铆a peor si no existiera el control del alquiler. En Nueva York, como en tantas otras ciudades, existe una emergencia habitacional cada vez m谩s acuciante. El control del alquiler no es una panacea y, de forma aislada, es insuficiente, aunque contribuye a combatir la especulaci贸n y dar seguridad en el acceso y disfrute de una vivienda para muchas personas con pocos ingresos. En definitiva, es una pol铆tica intervencionista necesaria para compensar un mercado en s铆 mismo desequilibrado, que debe complementarse con otras pol铆ticas proactivas de vivienda para que sea eficiente y socialmente justo. Lo m铆nimo que esperamos del Gobierno m谩s progresista de la historia.

Por

Jaime Jover Ge贸grafo

CUNY Graduate Center




Fuente: Eltopo.org