March 2, 2022
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El defecto de la gorda va m谩s all谩 de la corporalidad: el cuerpo se convierte en un reflejo de la incapacidad para transformarse.

Rut Navarro Mahiques

Ilustraci贸n Se帽ora Milton.

La concepci贸n hist贸rica de la gordura ha ido evolucionando y adapt谩ndose a los valores de cada 茅poca, pero el estigma hacia los cuerpos gordos sin duda no es algo reciente. Actualmente, la visi贸n de la gordura guarda una estrecha y compleja relaci贸n con el capitalismo. Hay una exigencia por encajar en un sistema en el que la autogesti贸n del cuerpo deviene reflejo de la capacidad de asimilaci贸n a los modelos neoliberales. De igual modo, el aumento de la gordura entre la clase obrera tiene un papel fundamental en el desarrollo de la gordofobia. La gordura simboliza la incapacidad adaptativa de la clase obrera a los est谩ndares neoliberales.

El historiador franc茅s Georges Vigarello analiza c贸mo desde la Edad Media la mirada sobre los cuerpos gordos se intensifica y recrudece. En el imaginario cat贸lico, el gordo es un pecador preso de la gula; durante los conflictos sociales la gordura se encarna en el vientre burgu茅s, s铆mbolo de la opulencia y estatus social; en la actualidad, las personas gordas son alguien desprovisto de voluntad, amor propio y capacidad para cambiar.

A partir de finales del siglo XIX empieza a haber un mayor inter茅s social por el cuerpo y se instaura el modelo de rechazo social a las corporalidades gordas que habitamos actualmente. Por parte de la comunidad cient铆fica aumenta el inter茅s en medir y clasificar la gordura, estableciendo las bases para el actual 脥ndice de Masa Corporal. De esta manera, se relaciona la altura con el peso creando unos par谩metros de normalidad corporal. Igualmente, se se帽alan claramente dos tipos de gordura: la derivada de los excesos y la producida por la enfermedad. Con esta nueva mirada, la gordura es en ambos casos mayoritariamente reversible y, por tanto, tratable. Es aqu铆 donde finalmente se rompe con la dualidad entre 鈥榦beso鈥 fuerte y robusto, y 鈥榦beso鈥 d茅bil, que hab铆a prevalecido desde la Edad Media. A partir de la d茅cada de 1880, la publicidad referente al mercado de las dietas se dispara, evidenciando el rechazo social a la gordura. Asimismo, se empiezan a poner de moda los 鈥榯ruquitos milagro鈥 que a煤n perduran, como caldos, t茅s, ensaladas y comer en peque帽as porciones para distraer al hambre y perder peso.

Paralelamente, se empieza a tener una mayor curiosidad (o morbo) por la 鈥榚xtrema鈥 gordura, que se ve como algo monstruoso digno de ser exhibido. En este sentido, las personas gordas, especialmente las mujeres, eran desnudadas y mostradas en ferias para el entretenimiento ajeno. Sabrina Strings, en su libro Fearing the black body: the racial origins of fatphobia (Temor al cuerpo negro: los or铆genes raciales de la gordofobia), defiende los or铆genes raciales de la gordofobia en la exhibici贸n de mujeres negras gordas. Las mujeres gordas eran mostradas como ejemplo de decadencia y salvajismo, sus cuerpos gordos encarnaban todo aquello que las mujeres blancas no deb铆an ser. As铆 pues, el miedo a la gordura se entrelaza con el racismo. La autora defiende que la concepci贸n de las mujeres negras como seres salvajes, sin intelecto, incapaces de controlar su apetito y sus conductas sexuales, lo que evidencia las ra铆ces coloniales de la gordofobia. La exhibici贸n de lo 鈥榓normal鈥 permit铆a a las espectadoras distanciarse de 鈥榣o otro鈥, asociando delgadez con blanquitud y gordura con negritud.

A partir de la d茅cada de 1920, hay un cambio de paradigma en el que la apariencia musculosa y 谩gil toma un mayor protagonismo perfil谩ndose la actual imagen del cuerpo, y equiparando gordura con falta de rendimiento. La paulatina desaparici贸n del cors茅 (usado incluso en hombres gordos) provoca una mayor fijaci贸n en el cuerpo de las mujeres y sus curvas. Se analizan y establecen dos clases de gordura femenina: la que experimenta un engordamiento esf茅rico y aquella cuyas caderas concentran esta gordura. La prominencia del vientre sigue vi茅ndose como una caracter铆stica netamente masculina.

Por otro lado, es en este momento cuando obreros y campesinos empiezan a ser caricaturizados con cuerpos gordos, anta帽o reservados a la burgues铆a. La gordura comienza a ser un fen贸meno creciente entre la clase obrera, produciendo un mayor distanciamiento y rechazo hac铆a las corporalidades gordas, que se asocian cada vez m谩s con la pobreza y la vulgaridad. Empiezan aqu铆 las comparaciones entre lo que Vigarello denomina los 鈥榗ivilizados鈥 deformes, aquella gente obrera con cuerpos gordos, y los 鈥榩rimitivos鈥 fuertes, 谩giles y burgueses, que respond铆an a un modelo corporal m谩s 鈥榗uidado鈥. Nunca la gordura se hab铆a denunciado tanto como en este momento. En el caso de las mujeres, la cr铆tica es m谩s salvaje, puesto que se promueve una delgadez alejada de las formas redondeadas pero sin llegar a ser 鈥榤asculina鈥.

Con el nuevo siglo y la intensificaci贸n de la cr铆tica a las corporalidades gordas, se empieza a tener una mayor preocupaci贸n por la gordura inscrita en lo cotidiano, es decir, de las 鈥榝ormas discretas de gordura鈥 como la celulitis. Adem谩s, con la ampliaci贸n de los datos sobre la gordura y el auge de la cultura de la delgadez, hay un desplazamiento del estigma: el gordo deja de ser simplemente un trag贸n y es alguien que evita, que elude la delgadez y que no se esfuerza lo suficiente en encajar en la norma. El defecto de la gorda va m谩s all谩 de la corporalidad: el cuerpo se convierte en un reflejo de la incapacidad para transformarse.

La popularizaci贸n de la balanza como objeto imprescindible en todo hogar juega un papel fundamental en la criminalizaci贸n de la gordura. 锘緾lic para tuitear

Ligado al auge del capitalismo, se aboga por el 鈥榓utogobierno鈥 y la responsabilidad individual de las personas para cambiar, para encajar en el modelo productivo de corporalidad. La popularizaci贸n de la balanza como objeto imprescindible en todo hogar juega un papel fundamental en la criminalizaci贸n de la gordura. El control social se materializa en el plano 铆ntimo y aumenta la presi贸n sobre la responsabilidad individual de entrar en la 鈥榥ormalidad鈥. Por lo tanto, se naturaliza la obsesi贸n por el peso y se advierte como un comportamiento sano, necesario para la autoconservaci贸n.

M谩s all谩 de las dietas, se confirma la obesidad como patolog铆a y se afianza todo un mercado y una profesionalizaci贸n alrededor de esta. La prioridad ya no es solo encajar en el modelo est茅tico sino tambi茅n en el m茅dico. La persona debe ser productiva en t茅rminos de mercado y para esto debe estar sana, es decir, estar delgada. Esto conlleva un sufrimiento doble para la gente gorda, por un lado, la dif铆cil aceptaci贸n de la gordura y, por el otro, la inalcanzable meta de la delgadez. Se produce una p茅rdida de la identidad donde el cuerpo se vive como una constante evidencia del fracaso. De este modo, el adelgazamiento se impone como parte de una conducta adaptada y la gordura se concibe como una enfermedad social.

As铆 pues, durante los siglos XIX y XX hay una transformaci贸n de la visi贸n del cuerpo. La importancia y la atenci贸n que se le da no ha variado especialmente, es el estatus el que se ha desplazado. El cuerpo es, en este momento, el centro de la identidad. Este desplazamiento est谩 ligado al individualismo y al auge del capitalismo. Schorb plantea que la asociaci贸n entre delgadez y el reconocimiento como buena ciudadan铆a est谩 a la par con la degradaci贸n pol铆tica de la clase obrera en el discurso neoliberal. El aumento de las corporalidades gordas entre la clase trabajadora la retrata como incapaz de adaptarse a las exigencias de autosuficiencia y autorresponsabilidad. De este modo, se interrelaciona gordura y pobreza, entendiendo que ambas tienen sus causas en la falta de capacidad adaptativa de la clase obrera.

Biopoder, biopegagog铆as y capitalismo

La incorporaci贸n individual de la vigilancia, ilustrada por Foucault en el pan贸ptico, cambia la mirada: el individuo se convierte en la fuente de su propio sometimiento. Adem谩s, con la normalizaci贸n de los par谩metros para medir la delgadez, toda aquella que no entre en la norma va a ser se帽alada y marginada, sirviendo como representante de todo aquello que nadie quiere ser. Como explica Hannele Harjunen, el peso y la talla se convierten en un asunto de biopoder y en un espacio para la acci贸n disciplinaria y el castigo. Toda persona debe poner sus esfuerzos en ser capaz de presentar un 鈥榗uerpo neoliberal鈥 que encarne los valores neoliberales. Como explica Foucault, el cuerpo se convierte en 煤til cuando es a la vez un cuerpo productivo y un cuerpo sometido.

El biopoder ha servido para instaurar y normalizar las pr谩cticas orientadas a la delgadez 锘緾lic para tuitear

As铆 pues, el biopoder, es decir, el gobierno y la regulaci贸n de los individuos y la poblaci贸n a trav茅s de pr谩cticas relativas al cuerpo, ha servido para instaurar y normalizar las pr谩cticas orientadas a la delgadez. La clasificaci贸n, medici贸n y jerarquizaci贸n de los cuerpos no es casual, responde a una motivaci贸n que va m谩s all谩 de la preocupaci贸n m茅dica y que se relaciona con el control social.

Wright y Harwood hablan de la biopedagog铆a entendida como un conjunto de pr谩cticas destinadas a la normalizaci贸n y disciplina de los cuerpos gordos o en riesgo de 鈥榗onvertirse en鈥. Los sistemas de control se basan en el autogobierno creando un imperativo moral en el que la persona es responsable del 鈥榤antenimiento y cuidado鈥 de su cuerpo. Por ende, el ejercicio y la dieta (la vida fitness) se instauran como pr谩cticas asociadas al 茅xito. Laura Contrera lo explica al decir que vivimos en sociedades de control en las que existe una imposici贸n de la vida saludable que nos obliga a 鈥榤ejorarnos鈥 para encajar. Todo para tener una presencia digna de ser vista y elogiada en t茅rminos de mercado. El concepto de biopoder nos ayuda a entender que el cuerpo es un espacio pol铆tico en el que se materializan y reproducen los valores sociales. La pedagog铆a alrededor de la lucha contra la obesidad se vende como necesaria, reproduci茅ndose la visi贸n de los cuerpos gordos desprovistos de voluntad. As铆 pues, estas biopedagog铆as no solo se desarrollan en las escuelas, sino que impregnan desde las redes sociales, la televisi贸n, la radio, los anuncios y hasta los carteles en las salas de espera de los hospitales. Algunas buscan expl铆citamente cambiar el comportamiento de las personas que lo leen (como las campa帽as contra la 鈥榚pidemia de la obesidad鈥), mientras que en otros casos los mensajes son m谩s sutiles y calan m谩s profundamente.

Por tanto, la 铆ntima relaci贸n entre capitalismo y gordofobia no puede ser obviada. El imperativo del autogobierno corporal y las pr谩cticas de control sobre 茅l evidencian que hay un inter茅s m谩s all谩 de la preocupaci贸n por la salud. Instituciones como el mercado se aprovechan de la gordofobia para sacar beneficio; adem谩s, la industria de las dietas y de la belleza se alimenta de esta concepci贸n validada socialmente.

Por todo esto, no podemos desvincular la lucha contra la gordofobia de la lucha contra el capitalismo. De igual manera que no podemos ignorar que el sistema capitalista atraviesa a todas las corporalidades en t茅rminos de g茅nero, capacidad, clase y raza y que, por tanto, existe una lucha com煤n. La gordofobia no es un hecho aislado; como hemos visto, hay una profunda relaci贸n con el g茅nero, pero tambi茅n con la marginalizaci贸n de los cuerpos discapacitados, racializados y de clase obrera. Cabe preguntarse, pues, de qui茅nes son los cuerpos que se se帽alan cuando se habla de la gordura como un problema y entender que la patologizaci贸n de los cuerpos disidentes no puede tener un espacio dentro de los movimientos emancipatorios, pues as铆 reproducimos y perpetuamos el neoliberalismo.


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Fuente: Pikaramagazine.com