December 9, 2020
De parte de La Haine
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La filósofa, periodista, escritora y activista brasileña Djamila Ribeiro habla sobre su libro, ‘Lugar de enunciación’, que acaba de ser traducido al castellano, y de subalternidades, narrativas y la situación de la población negra en su país.

Djamila Ribeiro, filósofa, periodista, escritora y activista, explica en una entrevista la lucha de las mujeres negras brasileñas para que sus voces sean oídas dentro de la narrativa dominante creada por las estructuras de poder racistas, patriarcales y heteronormativas. Ribeiro propone una reflexión interseccional contra la opresión discursiva de una parte de la población: “El movimiento feminista también tiene que ser antirracista, anti LGTBIfóbico, si no será solo un movimiento de mujeres privilegiadas no comprometidas con la transformación real de las estructuras de poder”, explica la autora de la obra Lugar de enunciación.
Presenta su libro como “una invitación a la reflexión sobre lo que nosotras, mujeres negras brasileñas, pensamos como proyecto de sociedad”. Y añade, como intelectual brasileña del sur del mundo, que le parece importante “propiciar reflexiones que no se hacen en otros contextos, generar provocaciones sobre el papel del norte global en la colonización”.

Percibirse como mujer negra dentro de las actuales estructuras de poder discursivas

“Nosotras, mujeres negras, somos silenciadas de varias formas: en la naturalización de nuestro lugar de subalternidad, cuando vamos a la escuela y no aprendemos la historia del pueblo negro desde la perspectiva del pueblo negro como sujeto y no solo como objeto de opresión. También en mi caso cuando estudié Filosofía y, durante cuatro años, no me presentaron ninguna autora o autor negro, ni indígena, ni siquiera mujeres blancas, yo estudié Simone de Beauvoir por mi cuenta”, explica la filósofa Djamila Ribeiro en una entrevista con Pikara Magazine con motivo de la traducción al español y publicación de su libro Lugar de enunciación, a la venta desde, tanto en España como en otros países de América Latina, desde octubre de 2020.

Ribeiro estudió en la universidad gracias a las políticas públicas de acción afirmativa que reservan un número de cotas específico para ciertos grupos sociales, como personas negras, indígenas o de baja renta. Ella comenzó a tomar consciencia racial en el seno familiar: gracias a las prácticas de su madre en religiones de matriz africana y al activismo antirracista de su padre, que se ocupó de transmitir historias y conocimientos sobre África a sus hijos e hijas. “Yo asumí mi lugar de enunciación en dos momentos, desde niña en mi casa y cuando siendo adolescente comencé a trabajar en la Casa de la Cultura de la Mujer Negra”, cuenta. Este fue un lugar decisivo para Ribeiro, ya que descubrió la obra de muchas feministas negras: “El Libro de la salud de las mujeres negras, de Jurema Werneck, me mostró cómo ciertas áreas de la Medicina podían no estar preparadas para lidiar con traumas de las mujeres negras. La obra de Carolina María de Jesús marcó mi vida y gracias a todas ellas descubrí a la que es hoy mi autora favorita: Toni Morrison y su obra Ojos azules”.

El lugar de enunciación de las mujeres negras brasileñas

“Veo el lugar de enunciación como un lugar social, un lugar que todavía no nos ofrece oportunidades iguales a nosotras las mujeres negras”, responde Ribeiro para presentar este concepto sobre él que ella desarrolla una obra de análisis histórico social del feminismo negro intersectorial y, también, de reivindicación por el derecho a que la voz de la población oprimida sea escuchada. “Las mujeres negras en Brasil son hoy uno de los grupos más vulnerabilizados: todavía la gran mayoría trabajan como empleadas domésticas o en puestos terciarizados y, además, son las que sufren la gran mayoría de feminicidios y de violencia sexual”, añade.

Las mujeres negras en Brasil representan el mayor grupo demográfico del país, correspondiente a un 28 por ciento de la población, no obstante son uno de los colectivos con mayor dificultad para hacer oír su voz debido a las estructuras de poder racistas, patriarcales y heteronormativas. “Cada ocho minutos una mujer es violada en Brasil y la mayoría de ellas son mujeres negras, por tanto, es importante resaltar esta realidad porque sus historias acaban siendo inviabilizadas. Las mujeres negras en Brasil comparten experiencias todavía muy marcadas por las violencias coloniales”, explica esta filósofa durante la entrevista.

¿Por qué escribo?
Porque tengo que
Porque mi voz
en todas sus dialécticas
fue silenciada durante mucho tiempo

Con este trecho del poeta londinense Jacob Sam-La Rose, Djamila Ribeiro abre uno de los capítulos de su libro donde explica qué es el “lugar de enunciación” y dónde se sitúan las mujeres negras en la lucha por salir de la subalternidad discursiva, narrativa, histórica y política. Si bien la autora reconoce que el origen de este concepto es impreciso, es posible encontrar una raíz en la discusión sobre el feminist stand point, que podría ser traducido por “punto de vista feminista” y que tiene a Patricia Hill Collins como una de sus principales exponentes. Collins, ya en los años 90, afirmaba que la representación de las diferentes formas de ser mujer se construye sobre la intersección entre género, raza, clase y generación, sin predominancia de ninguno de estos elementos sobre otro. “Una mujer negra tendrá experiencias distintas de una mujer blanca debido a su localización social, va a experimentar el género de otra forma”, explica Ribeiro en el libro, donde añade que la teoría del punto de vista feminista necesita ser discutida desde la posición que ocupan los grupos sociales dentro de las relaciones de poder.

Para la filósofa, tan esencial es visibilizar el lugar de la mujer negra en la base de la pirámide social como destacar los lugares de enunciación conquistados por las mujeres negras lideresas de movimientos antirracistas, de lucha por derecho al alojamiento digno, de comunidades quilombolas (afrodescendentes) o de académicas negras. Ellas colocan a la mujer negra como sujeto político y exigen una serie de cambios en las relaciones de poder. “En los últimos años, el movimiento negro brasileño ha ganado mucha fuerza y visibilidad, hay muchos libros de autoras negras que están siendo publicados y esto sería impensable hace unos años en Brasil”, añade.

Contestar la narrativa hegemónica dominante desde el lugar de la mujer negra

Ribeiro escribe en su libro que históricamente diversas voces subalternizadas han cuestionado la opresión. Sobre cómo acabar con la narrativa hegemónica dominante, esta filósofa responde que “aún es un camino muy largo para poder romper con estructuras seculares, pero creo que vamos por el buen camino. Desde siempre, donde hay poder hay resistencia. En Brasil hubo cuatro siglos de esclavitud, pero también hubo revueltas, quilombos (comunidades creadas por personas negras que huyeron de la esclavitud)”. No obstante, estas resistencias históricas deben ser conocidas para impulsar las luchas actuales, ya que Ribeiro considera que la población brasileña es todavía poco consciente de sus propias historias de lucha, sus epistemologías y sus saberes. Esto se debe, en parte, a que la ley brasileña 10.639, que determina la enseñanza de la historia africana como obligatoria, no se aplica en todas las escuelas. “Es más fácil que un académico brasileño sepa hablar de la Comuna de París que del Quilombo de los Palmares, que tuvo 100 años de resistencia negra contra la esclavitud en Brasil”, explica Ribeiro. Y añade: â€œEstas narrativas para la resistencia siempre existieron, pero necesitamos visibilizarlas”.

Por tanto, para la autora de esta obra, un primer paso es el reconocimiento de otros saberes propios de la cultura negra para la construcción de las subjetividades. Le sigue la toma de consciencia sobre el lugar de enunciación, porque, según ella explica, “ser negro o negra no significa tener una consciencia de este lugar”. Asimismo, es importante ser consciente del proyecto político que se defiende y qué políticas públicas propone para romper esta hegemonía. “La discusión sobre democracia es fundamental porque no hay democracia real en una sociedad racista”, especifica Ribeiro.

«Los privilegios no son naturales, se construyen sobre la opresión de otros grupos sociales»CLIC PARA TUITEAR

Cuestionada sobre el hecho de que, en muchos países, como en Francia, no se elaboren estadísticas de identidades raciales, a diferencia de Brasil donde sí hay un proceso de autoidentificación, esta filósofa argumenta la necesidad de pensar identidades específicas para la elaboración de políticas públicas afirmativas. “Si no tenemos los datos no podemos saber cómo vive la población negra ni cuáles son sus demandas. Nuestro interés cuando defendemos la identificación no es por la propia identidad en sí misma, sino para entender cómo se ejerce el poder sobre el concepto de la identidad, qué sucede bajo esas estructuras para que unas identidades estén oprimidas y otras privilegiadas”. Asimismo, la pensadora añade que el hecho de negar este debate presupone que la blanquitud racial es un lugar universal. â€œBlanquitud o masculinidad también son identidades, no es solo la negritud o la feminidad que son específicas y que tienen que ser estudiadas”, aclara. Por eso, cree esencial que las personas blancas también se consideren parte importante del proceso de deconstrucción de la narrativa dominante: â€œEl racismo no es un problema solo de la población negra, las personas blancas tienen que entender su lugar de privilegio en esta estructura de poder. Los privilegios no son naturales, se construyen sobre la opresión de otros grupos sociales, por eso es importante que la población blanca piense cómo puede contribuir de forma positiva con el resto de lugares sociales menos privilegiados. Necesitamos estudiar y entender la blanquitud como metáfora del poder”.

Ocupar el discurso como mujer negra en Brasil conlleva un riesgo

En Brasil, nunca hubo tantas mujeres negras ocupando cargos políticos como ahora, no obstante, la representatividad aún es baja: solo 13 de los 513 parlamentarles de la Cámara de los Diputados. La semilla dejada por la activista y concejala Marielle Francoasesinada brutalmente en 2018, ha motivado la candidatura de muchas otras mujeres negras en las recientes elecciones municipales. No obstante, este continúa siendo un lugar de alto riesgo. “Brasil es un país extremadamente colonialista que no acepta ver a las mujeres negras en lugares de poder, todavía existe la visión de que la mujer negra está en un lugar de subalternidad”, declara Ribeiro. “Estar en estos lugares es tan importante cuanto peligroso, hay muchas mujeres negras sufriendo amenazas. Yo como activista también he sido amenazada y no es necesario estar en posiciones institucionales para recibir amenazas, Brasil es el cuarto país del mundo donde más activistas de derechos humanos se asesinan”.

Djamila Ribeiro. /Foto: Agência Preview

En su libro, Ribeiro explica cómo “grupos situados en el poder comienzan a incomodarse con el avance de los discursos de los grupos minoritarios en cuanto a derechos” y, durante la entrevista, añade cómo este hecho se refleja en la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil con “una mayoría de su electorado compuesto por hombres blancos defendiendo sus intereses particulares”. Para esta pensadora, la polarización política de Brasil se intensificó desde que la expresidenta Dilma Rousseff sufrió el impeachment que la apartó del cargo, momento en el que se comenzaron a revelar otras tensiones políticas. “Brasil es un país extremadamente violento con las personas que cuestionan el sistema de poder, con los negros, con los indígenas, con la población LGTBI. Es importante romper esa imagen del Brasil cordial donde todos se llevan bien”, apunta.

El silencio institucional frente a la muerte de personas negras

Este 20 de noviembre, justo el día que se conmemora la Consciencia Negra en Brasil, los guardias de seguridad de un supermercado Carrefour de Porto Alegre, al sur de Brasil, asesinaron a un hombre negro a golpes. Esto ocasionó una de las mayores manifestaciones antirracistas de la historia de Brasil. Ribeiro destaca la importancia de la afluencia masiva de personas manifestándose, así como de la excepcional cobertura que los medios de comunicación brasileños hicieron sobre el caso, aunque critica que no llegase a ser tan masiva como la del asesinato de George Floyd en Estados Unidos. “La cobertura mediática en Brasil es un buen termómetro de cómo la población brasileña reacciona a los asesinatos de la población negra”, afirma la filósofa.

Cada 23 minutos un joven negro brasileño es asesinado, de acuerdo con los últimos datos del Mapa de Violencia de 2016 de FLACSO Brasil. “Infelizmente estos alarmantes datos no causan la conmoción que deberían, existe una banalización en Brasil cuando el muerto es un negro, ya que hay una construcción del hombre negro como sospechoso, como violento, una criminalización de las periferias”. Para Ribeiro, este silencio social e institucional frente a la muerte de la población negra extrae la humanidad de una historia de vida y reafirma la reproducción de una necropolítica. “Este es un proyecto político que reproduce narrativas dominantes y que silencia no solo nuestras voces sino también nuestras vidas. Nos niegan otras posibilidades de existencia que no estén marcadas por estas violencias”.

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Fuente: Lahaine.org