August 11, 2022
De parte de A Las Barricadas
28 puntos de vista

El derrotismo revolucionario

Ayer

El derrotismo es una táctica política que tiene por objetivo propagar el desaliento en el propio país mediante noticias o ideas pesimistas acerca del resultado de una guerra o de cualquier otra empresa sanguinaria impulsada desde el Estado.

Derrotismo revolucionario es el impulsado por algunas minorías en un país en guerra contra el propio gobierno, con el objetivo de favorecer al movimiento revolucionario. Se opone frontalmente a la unión sagrada, esto es, a la unidad nacional de todas las clases con el propósito único de obtener la victoria nacional sobre el enemigo, ese extranjero salvaje y demonizado. El derrotismo revolucionario rompe con esa unión sagrada entre clases y lucha contra su propia burguesía con el objetivo de conseguir la derrota de su propia nación. No hay más horizonte que el internacionalismo, la paz y la revolución social.

Aunque ya había sido utilizado esporádicamente durante la guerra franco-prusiana de 1870, el término se popularizó durante la Primera Guerra Mundial, como propuesta de los revolucionarios de luchar contra el propio gobierno en nombre del internacionalismo proletario, con el fin de alcanzar una salida revolucionaria capaz de acabar con la guerra.

Ahí está una de las claves del triunfo de la revolución rusa y de la toma del poder por los bolcheviques: convertir la guerra en revolución. Obtuvo además cierto éxito en Alemania, Italia. Hungría, Rumania… y en el verano de 1917 amenazó seriamente al ejército francés, con amotinamientos de regimientos enteros y deserciones en masa. Clemenceau, Pétain y el alto mando militar hicieron pequeñas reformas, al mismo tiempo que recurrían al fusilamiento selectivo, diezmando a los regimientos insurrectos contra sus propios mandos. En otoño de 1917 los soldados franceses volvieron a la obediencia, llenos de odio y rencor contra sus oficiales y los políticos, aunque habían conseguido que la estrategia del Estado Mayor abandonara las grandes ofensivas, y sus consecuentes carnicerías, por una guerra de trincheras meramente defensiva. Pero la táctica de derrotismo revolucionario demostró en Francia su incapacidad para poner fin a la guerra o desembocar en insurrecciones revolucionarias.

Durante la guerra civil española hubo algunos intentos de aplicación del derrotismo revolucionario. Los más destacados fueron los promovidos por Bilan y por los predecesores y fundadores de la Agrupación de Los Amigos de Durruti.

¿Qué hizo Bilan?

Bilan teorizaba un derrotismo abstracto e idealista, entre otras cosas porque no tenía capacidad para intervenir o influenciar mínimamente en la clase obrera española. No cabe despreciar o ridiculizar las tesis o posturas teóricas de la Fracción, pero sí que debe cuestionarse el carácter marxista de las mismas, porque un marxismo crítico sin capacidad operativa de intervenir en la realidad social e histórica no es marxismo: es filosofía. Aquellos que se obsesionan en la defensa a ultranza de Bilan caen en el idealismo, ya fustigado por Marx en la tesis número 11 sobre Feuerbach.

La Fracción Italiana de Izquierda comunista, que editaba Bilan en francés y Prometeo en italiano, consideraba que la guerra civil española era una guerra imperialista entre una burguesía democrática y una burguesía fascista.

Las consignas de Bilan sobre sabotaje de la industria de guerra, confraternización en el frente con los franquistas-fascistas, no tomar partido por ninguno de los bandos imperialistas en lucha, etcétera, eran unas consignas abstractas, ideológicas y en la práctica reaccionarias, cuyo principal defecto era su inoperancia, su falta de capacidad para convertirlas en acción práctica: eran papel mojado. Pero, eso sí, eran unas tesis teóricas muy brillantes, que lucían bien y muy bonito en las páginas de Bilan. Su aplicación práctica, absolutamente imposible para el grupúsculo de extranjeros de la Fracción, sin influencia alguna en la clase obrera barcelonesa o catalana, era de carácter reaccionario, porque implicaba la colaboración con los fascistas y ayudarles a romper el frente republicano, abriendo las puertas al ejército de Franco.

Bilan sólo hizo lo único que podía hacer: defender sus posiciones sobre el papel. Y eso ni es marxismo ni es una posición revolucionaria.

¿Qué hizo la Agrupación de los Amigos de Durruti?

Quien sí puso en práctica un derrotismo revolucionario demoledor y activo fueron Los Amigos de Durruti. La propia fundación de la Agrupación de los Amigos de Durruti se originó como punto final de un proceso de derrotismo revolucionario:

El 20 de octubre de 1936 se decretó la militarización de las milicias populares, que debía entrar en vigor el 1 de noviembre. Los milicianos de la Fracción decidieron abandonar el frente porque consideraron que la guerra civil española se había convertido definitivamente en una guerra imperialista. Las diferentes columnas anarquistas, como sucedía en tantos otros ámbitos, se resistieron varios meses a la aplicación de ese decreto.

El rechazo a la militarización de las Milicias Populares creó un serio malestar en diversas unidades de milicianos libertarios, que se concretaron en el pleno de columnas confederales y anarquistas reunido en Valencia del 5 al 8 de febrero de 1937. Pablo Ruiz asistió como delegado de los milicianos de la Columna Durruti, en el sector de Gelsa, reacios a la militarización, y los hermanos Pellicer como representantes de los milicianos de la Columna de Hierro. En la cuarta agrupación de la Columna Durruti, en el sector de Gelsa, se llegó a una desafiante desobediencia de las órdenes recibidas de los Comités Regionales de la CNT y la FAI para que aceptasen la militarización. La hostilidad entre los milicianos de la Columna Durruti que aceptaban la militarización, y quienes la rechazaban, creó serios problemas, que a punto estuvieron de provocar un enfrentamiento armado interno, que finalmente se resolvió y canalizó mediante la creación de una comisión de la Columna Durruti, presidida por Manzana, que planteó el problema al Comité Regional. Como resultado de estas conversaciones se optó por dar a todos los milicianos la posibilidad de escoger, en el término de quince días, entre dos alternativas: la aceptación de la militarización impuesta por el gobierno republicano, o el abandono del frente.

Pablo Ruiz, delegado de la cuarta agrupación de la Columna Durruti en Gelsa lideró a unos 800 milicianos que decidieron, pese a todas las presiones, abandonar el frente paulatinamente a lo largo de todo el mes de febrero, llevándose las armas, para bajar a Barcelona y fundar una organización revolucionaria que se opusiera a la constante dejación de principios anarquistas y a la contrarrevolución en marcha. Esos milicianos estuvieron en el origen de la fundación de la Agrupación de Los Amigos de Durruti. En mayo de 1937 habían expedido cinco mil carnets y cuatrocientos de ellos estaban luchando en las barricadas, armados.

La Agrupación de los Amigos de Durruti se fundó formalmente el l7 de marzo de 1937, aunque sus orígenes se remontan a octubre de 1936. En la Agrupación se daba la confluencia de dos corrientes principales: la oposición de los milicianos anarquistas de la Columna Durruti a la militarización de las Milicias Populares, y la oposición al gubernamentalismo, que halló su mejor expresión en los artículos de Jaime Balius (pero no sólo de Balius) en Solidaridad Obrera, desde julio hasta noviembre de 1936, en Ideas, desde diciembre de 1936 hasta abril de 1937, y en La Noche, desde marzo hasta mayo de 1937.

Ambas corrientes, la “miliciana” de rechazo a la militarización de las Milicias Populares, representada por Pablo Ruiz, y la “periodística” de crítica al colaboracionismo gubernamental de la CNT-FAI, encabezada por Jaime Balius, se opusieron a la ideología circunstancial y colaboracionista confederal (que servía de coartada para el abandono de los principios característicos y fundamentales del anarquismo), encarnada con diversos matices, por Federica Montseny, Juan García Oliver, “Diego Abad de Santillán” o Juan Peiró, entre otros.

El derrotismo revolucionario de Los Amigos de Durruti fue algo muy concreto y real, y consecuentemente revolucionario; en comparación al abstracto e idealista derrotismo de Bilan que era sólo papel mojado o verborrea, y además reaccionario. La inopia de Bilan era tal que en todo momento desconoció qué eran y qué hacían Los Amigos de Durruti, y es que desde París todo parecía teóricamente perfecto y era muy fácil pontificar en bellos artículos sobre hechos y cosas que quedaban muy lejanos y ajenos, y en muchas ocasiones desconocidos.

Aquí no caben dudas, ni matices: Los Amigos de Durruti pusieron en práctica uno de los episodios de derrotismo revolucionario más sobresalientes y bellos de la historia del movimiento obrero y revolucionario: 800 milicianos abandonaron el frente de Aragón con las armas en la mano, para bajar a Barcelona con el objetivo de combatir por la revolución, fundando la Agrupación de Los Amigos de Durruti, que en mayo de 1937 intentó plantear una orientación revolucionaria a la insurrección obrera contra el estalinismo y el gobierno burgués de la Generalidad. Así fue y así sucedió. Los militantes de la Fracción, en París, se limitaban a escribir artículos de una pureza teórica inigualable en Bilan y Prometeo, con mayor o menor acierto, sobre esa lejana, ajena y desconocida insurrección.

Idealismo y materialismo son incomparables

El brillante y válido análisis teórico parisino sobre mayo de 1937, publicado en Bilan, y el hermosísimo episodio de derrotismo revolucionario, práctico y real, de la cuarta agrupación de Gelsa de la columna Durruti, que bajaron armados a Barcelona para fundar la Agrupación de los Amigos de Durruti no pueden ser comparados, porque se sitúan en planos distintos. Bilan en el plano de las lucubraciones ideológicas; los Amigos de Durruti en el combate real e histórico de la guerra de clases. Se trata del viejo antagonismo entre idealismo y materialismo.

Bilan ni siquiera analizó ese episodio de derrotismo revolucionario de la Agrupación, porque ni tan solo llegó a conocer qué y quién eran los Amigos de Durruti; ¡qué lástima! Bilan, desde París, era incapaz de informarse de lo que realmente estaba sucediendo en el frente de Aragón y en Barcelona entre febrero y mayo de 1937. Mil kilómetros era demasiada distancia, pero aún era mayor el abismo existente entre unos milicianos libertarios, que practicaban un derrotismo revolucionario real, inmersos en una auténtica y cotidiana guerra de clases y unos redactores marxistas, desinformados en su espléndido y terrible aislamiento, pero muy preocupados por el purismo doctrinal y la fiel exégesis de los textos sagrados.

El abstracto análisis idealista de Bilan nunca llegó a conocer, y mucho menos a comprender y estudiar, el concepto de Junta Revolucionaria, sintetizado y propuesto por Los Amigos de Durruti en las barricadas barcelonesas, durante las sangrientas Jornadas barcelonesas de mayo de 1937.

Lo repetiremos cien veces si es necesario: un marxismo crítico, sin capacidad operativa de intervenir en la realidad social e histórica, no es marxismo; es filosofía.

Otros ejemplos

Durante la Segunda Guerra Mundial fueron muy escasos los casos de derrotismo revolucionario, ya que la opción entre democracia y fascismo encandiló a las multitudes frente a la alternativa revolucionaria entre capitalismo (fascista o demócrata) y comunismo. Alternativa comunista que, además, aparecía deformada grotescamente como despotismo estalinista. Sólo algunas pequeñas minorías, sin apenas influencia social real, impulsaron consignas de transformación de la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria.

Entre esas minorías destacaba el Grupo Español de la Cuarta Internacional, que en la revista Revolución, editada en México, publicó los artículos de Munis y Benjamin Péret sobre la guerra imperialista, denunciando las matanzas de los bombardeos alemanes sobre Londres, los bombardeos americanos sobre Normandía y las ciudades alemanas, o el estrecho nacionalismo reaccionario de la Resistencia francesa.

Otro ejemplo digno de mención fue el del judío austriaco Georg Scheuer y el grupo RK (Comunistas revolucionarios), que practicó el derrotismo revolucionario entre los soldados alemanes del ejército hitleriano, con octavillas y propaganda que llamaban a la deserción en el ejército alemán de ocupación, en Francia. Sus acciones superan la imaginación desbordada de una novela de aventuras. Como judíos de habla alemana en la Francia ocupada necesitaban falsificar papeles de identificación, y puestos a ello, falsifican documentos de mutilados de guerra, porque de este modo les sale más barato los billetes de tren. Secuestrada una militante del grupo por la Gestapo, en un hospital francés, el grupo se disfraza de comando de la Gestapo, amedrenta a los guardias fascistas de Vichy y la libera sin disparar un solo tiro. Después de la Liberación de París, en agosto de 1944, Scheuer participó en la huelga de ocupación y autogestión de la fábrica Renault, propiedad de un destacado colaboracionista, pero la intentona revolucionaria fracasó estrepitosamente ante el peso aplastante de la restauración capitalista.

Ucrania y la economía de guerra

No hay guerras justas o injustas. No hay guerras de agresión o defensivas. Sólo hay guerras irracionales de destrucción masiva. E1 1 % de la población mundial concentra la mitad de la riqueza total producida en el planeta. La desigualdad no para de crecer. Esa guerra social por la igualdad y el reparto equitativo de los recursos es la guerra de clases.

El capitalismo se ha convertido en un sistema OBSOLETO. El capitalismo ha entrado en una fase de decadencia, y la actual crisis tiene un carácter estructural. No estamos ante una clásica crisis de sobreproducción. Se da, hoy, una crisis del proceso de valorización del capital y, por lo tanto, de las relaciones de producción capitalistas, que no garantizan ya la reproducción de la fuerza de trabajo. Aparece un enorme ejército industrial de reserva (global) a causa de la insuficiente absorción de la fuerza de trabajo en el proceso de producción capitalista. La tasa de plusvalía es cada vez menor y tiende a decrecer.

La economía real es sustituida por una economía virtual, fruto de una enorme especulación financiera descontrolada y desregularizada, que provoca un abismo insalvable con la economía productiva, con el consiguiente riesgo de crisis financieras y depresión económica.

Irrumpen las guerras imperialistas por el control de los mercados, de las fuentes de energía, de las materias primas y unos recursos naturales limitados. La guerra emerge como solución económica inmediata a la crisis de la demanda, esto es, la guerra entre potencias como única solución a las crisis internas de todos los protagonistas enfrentados. La tasa de plusvalía es el motor del sistema capitalista; un motor que se ha averiado.

La masiva destrucción de mercancías, fábricas, ciudades, países y población suponen un reinicio o “reset” del sistema capitalista, que en la posguerra ve cómo se ha restablecido la tasa de plusvalía. El motor del sistema vuelve a funcionar.

Sólo hay dos salidas: guerra o revolución. La guerra como solución final del capital y la revolución como solución final del proletariado.

Las élites capitalistas, tanto en Rusia como en Estados Unidos, China y Europa, ya tienen la solución preparada. No se trata de ninguna novedad, pues el capitalismo ha resuelto sus últimas grandes crisis con un recurso infalible: la guerra mundial.

En los años treinta del siglo XX las tesis sobre el derrumbe (automático) del capitalismo mostraron su incapacidad para entender la realidad. La Segunda guerrea mundial con su infinita capacidad de destrucción masiva de capital fijo, de mercancías y de población, planteada ideológicamente como un enfrentamiento entre fascismo y antifascismo, supo superar la depresión económica de los años treinta. Al terrible precio de sesenta millones de muertos y desaparecidos y una Europa en ruinas. El colapso del capitalismo nunca será automático o mecánico, fruto único de las contradicciones del sistema: es necesaria la intervención decisiva del proletariado revolucionario para evitar una nueva fase de barbarie y destrucción masiva de capital y de población.

La crisis de 1875 se resolvió con la Primera Guerra Mundial, la crisis de 1929 se solventó con la Segunda Guerra Mundial, y la de 1973 lo hizo con una auténtica guerra social, una ofensiva neoliberal, jalonada por dictaduras militares en Chile, Argentina y un largo etcétera, complementada por la ofensiva militar y política que llevó al colapso del bloque socialista y encendió definitivamente el polvorín de Oriente Medio.

La Tercera Guerra Mundial se fragmentó en una miríada de conflictos bélicos menores de carácter local: Palestina, Israel, Corea, Vietnam, Indonesia, Congo, Ruanda y Burundi, Etiopía, Somalia, Sudán, Afganistán, Irak, Siria, Yemen… sólo entre las más conocidas.

De todas estas grandes crisis, el capital supo salir airoso porque la guerra no solo supone un descomunal negocio en sí misma, sino que las reconstrucciones posteriores a esas destrucciones masivas de capital y de personas auguran una especie de «reinicio» del sistema de enorme rentabilidad. La Cuarta Guerra Mundial se está fraguando, hoy, en Irak, Siria y Ucrania.

Estados Unidos, primera potencia militar mundial, es el estado más endeudado del mundo, la Unión Europea agoniza y el colapso económico global tampoco respeta a potencias emergentes y muy militarizadas como Rusia o China.

Desde que empezó la crisis bancaria en 2008 el mundo se ha gastado unos diez billones de dólares en armamento, lo que supone un gasto de unos 1,5 billones de dólares al año. Un gigantesco negocio en tiempos de paz, que puede incrementarse si el sistema decide reiniciarse mediante la guerra como solución final a una crisis que ya no es solo económica, sino social y, sobre todo, energética y ecológica.

Para las élites. una gran guerra global no sería ningún problema, sino la única solución a una crisis económica mundial sin otra salida. Una solución que pone a la humanidad en peligro de extinción, a causa del riesgo de desencadenar una guerra atómica mundial, con numerosos protagonistas….

Se dibuja un siniestro horizonte que apunta a un enfrentamiento definitivo y total entre los dos antagonistas esenciales: China y Estados Unidos.

Europa ha dado en 2022 un paso político y económico irreversible hacia el militarismo y la economía de guerra. Las característicos de una economía de guerra son la concentración y centralización de capitales planificada por el Estado, priorización de la industria bélica, supeditación de las necesidades de la acumulación del capital a las necesidades estratégicas del conflicto bélico.

La UE machaca unas políticas de encuadramiento político, militar y social de la población, aceleradas y aumentadas en 2022 hasta el paroxismo.

El horizonte político y económico contempla, a ocho o diez años vista, una nueva guerra mundial, prevista ya en algunos informes estatales para el 2030. Mientras tanto, el militarismo social y político lo subordina todo a una economía de guerra que exigirá sacrificios inauditos a la población y muy especialmente a los trabajadores. El primer paso será la reinstauración de un servicio militar obligatorio, una primeras medidas suaves de racionamiento e inculcar las ideas sagradas de austeridad, sacrificios y unidad nacional (o europea).

No al militarismo

Revolución o barbarie. No a la guerra: ni Rusia, ni la OTAN. La OTAN no es mejor que Rusia o China, todos son beligerantes que representan el omnipresente poder de las élites estatales y/o de las corporaciones multinacionales.

Los soldados rusos han de girar sus fusiles contra sus oficiales y su élite gobernante. Los ciudadanos ucranianos no deben ser obligados a tomar las armas porque les cierran las fronteras. ¡Estados Unidos resistirá hasta el último ciudadano ucraniano con vida! Los trabajadores europeos han de luchar contra las políticas de sacrificio y austeridad que todos y cada uno de los Estados europeos han declarado contra cada uno de sus pueblos.

La guerra de clases ha de mejorar la sanidad y educación mediante inversiones ilimitadas. El bienestar social ha de imponerse contra esos presupuestos de una guerra permanente e infinita, como la descrita por Orwell en 1984.

La insurrección de los soldados rusos contra sus oficiales y la insurrección de los pueblos europeos contra sus Estados forman parte de la misma guerra de clases. Hay un hilo directo, que relaciona la actualidad de las ciudades bombardeadas en Ucrania con la inminente gestión estatal del caos, la miseria y el hambre en los pueblos europeos.

El objetivo no puede ser otro que la destrucción de todas las estructuras estatales, la desaparición de todas las fronteras, la supresión del trabajo asalariado y la plusvalía. Hay que destruir todos los ejércitos y todas las policías en todas partes. No a la guerra.

A la guerra mundial como solución capitalista, los trabajadores deben oponer la Guerra de clases: SUPRESIÓN DE TODAS LAS FRONTERAS Y EJÉRCITOS

Guerra a la guerra

Ni Rusia, ni la OTAN. Ni el tirano Putin, ni el payaso Zelenski o el burócrata Borrell. No a la guerra significa no tomar bando por ninguno de los adversarios enfrentados. Guerra al alza de precios; guerra a la disminución de los presupuestos en educación, servicios sociales, pensiones y sanidad. Guerra a la economía de guerra y al militarismo

Supresión de las colas en la atención sanitaria. Sueldos dignos para el personal sanitario y educativo. Guerra al constante aumento de precios en los productos básicos. Vivienda digna al alcance de todos. Puestos de trabajo no precarios que permitan a los jóvenes un proyecto de vida. Menos bombas y más pan, menos cañones y más inversiones en investigación. Menos soldados y más médicos y maestros. Menos nacionalismos y más jardines de Epicuro. Disolución de los ejércitos y la policía. Supresión de las fronteras.

Cortemos el hilo que une la guerra en Ucrania con nuestra creciente precariedad y nuestra futura miseria. Corremos el riesgo de ser sacrificados en el altar de Marte.

Hoy

En la actualidad de la guerra de clases en curso, la táctica del derrotismo revolucionario tiene estos frentes abiertos:

1. El de las tropas nacionales operando en otros países en las llamadas misiones de paz. ¿Qué intereses defienden si no son los del capital financiero internacional? ¿Qué paz pueden ofrecer legionarios, policías, mercenarios y similares?

2. Tras la exageradísima magnificación de la amenaza terrorista islámica o antisistema, por no hablar de su creación desde la nada, se esconde la elaboración de una ofensiva política y militar contra todas las libertades y derechos democráticos de los países occidentales. A medio plazo recortes sociales y libertades son incompatibles. Las distintas leyes mordaza o antiterroristas son el inicio del camino hacia un autoritarismo político sin límites, que desemboca en dictaduras más o menos camufladas con inocentes adornos democráticos y elecciones entre lo malo y lo peor.

3. Las prohibiciones estatales a las migraciones son matanzas en masa y una burla a los refugiados políticos.

4. La guerra social contra los marginados, parados y precarios toma hoy la forma de una guerra del Estado contra los sectores más desfavorecidos de sus pueblos, que tiene sus campos de batalla en los barrios obreros y en los guetos.

5. Se abre una nueva perspectiva en la que el capitalismo intenta superar su crisis estructural y su obsolescencia mediante la imposición de una economía de guerra. Frente a los sacrificios, el racionamiento y la penuria que anuncian y exigirán los Estados, solo cabe la insurrección de los pueblos contra la guerra. La solución no está en la guerra o en la miseria, sino en la destrucción del Estado.

6. La táctica derrotista contempla hoy la disolución de todos los ejércitos, de todas las policías, de todas las fronteras, de todos los Estados, como única solución de supervivencia para todos aquellos que no tienen ningún poder de decisión sobre sus propias vidas y que padecen la burla de unas elecciones en las que se eligen unos representantes que no pueden hacer otra cosa, sea cual fuere su voluntad, que fortalecer al sistema y aplicar su lógica destructiva y antipopular en defensa de las multinacionales y el capital financiero.

7. Hoy, más que nunca, está en juego la supervivencia de la especie humana: revolución o barbarie.

8. No a la guerra. Guerra a la guerra. O nos manifestamos y sublevamos contra las guerras o seremos dóciles corderos camino del matadero.

9. No a la economía de guerra. Ni austeridad, ni sacrificios, ni presupuestos de guerra. Tolerancia cero contra quienes afirman impunemente “que estamos en guerra”.

10. Estamos teórica y políticamente desarmados. La esperanza ha muerto. La catástrofe climática y económica mundiales ya son una realidad. Solo nos queda el combate, aunque la derrota parece segura e inevitable. Solo podemos perder la vida y nuestras cadenas, porque nuestro futuro y el de nuestros nietos ya ha desaparecido… en el seno de la barbarie capitalista.

Balance. Cuadernos de historia

Barcelona, a 12 de agosto de 2022




Fuente: Alasbarricadas.org