February 11, 2021
De parte de Lobo Suelto
2,580 puntos de vista

Un cuerpo planteado en la v铆a p煤blica, una lectura en voz alta, un deambular por la ciudad, o una peque帽a impresi贸n de un cartel, son todas expresiones de una misma cosa: un gesto. El gesto, a diferencia de un discurso pol铆tico, no busca efectuar una acci贸n, puesto que simplemente aparece en la escena, sigue el ritmo del cuerpo, e irrumpe en la secuencia del tiempo.

Cuando nos preguntamos por qu茅 el poder del Estado cubano persigue a las j贸venes artistas con tanta insistencia, nos parece que es justamente porque saben que un gesto es m谩s fuerte que los principios y los discursos pol铆ticos que sostienen una realidad defectuosa. Ya lo ha dicho con nitidez la artista Celia Gonz谩lez: 鈥渓a generaci贸n de nuestros padres se derrumba鈥.

驴Qu茅 significa que el mundo de la autoridad se encuentre en ruinas?

En primer lugar, que la legitimidad de ese ordenamiento institucional ahora carece de respuestas adecuadas para atender los anhelos de una juventud que busca defender una simbolizaci贸n igualitaria. Como sabemos, un gesto carece de jerarqu铆as, y, por lo tanto, tampoco es divisa exclusiva del 鈥渁rtista鈥. Al contrario, el gesto es la apertura del deseo de una existencia com煤n por la cual los cuerpos se juntan con otros para escapar el amedrentamiento. El gesto es el punto de partida para transfigurar la realidad. Y, por lo tanto, es deseo de estar y perdurar en libertad.  

No es contradictorio que el gesto de las j贸venes artistas del 27N tenga una pulsi贸n central en el deseo femenino. Cuando decimos 鈥渄eseo femenino鈥 no estamos apuntando a una postura meramente subjetiva 鈥攔educida a la diferencia sexual en t茅rminos estrictamente biol贸gicos y dicot贸micos con respecto al mundo masculino鈥, sino que remite a la postura exc茅ntrica de lo femenino en la simbolizaci贸n de la realidad. Por eso, el deseo femenino expresa un 鈥渘o-todo鈥 que deshace las mediaciones (pol铆ticas, sociales, y culturales) que buscan someterlo a par谩metros normativos. El deseo femenino marca su diferencia ante la subsunci贸n de un poder que se intensifica tras la orfandad de su propia autoridad.

La fuerza del deseo femenino excede el contenido de sus discursos, ya que su protagonismo fragmenta la aspiraci贸n del Estado. Ya sea en la lectura de poes铆a de la joven curadora Carolina Barrero o cuando Camila Lob贸n insiste en la separaci贸n entre Estado y sociedad, el deseo tiene la fuerza capaz de desficcionalizar al Estado total. As铆, la esencia del gesto genera un saber que habita en un umbral por el cual se regeneran formas de crear, imaginar, y estar juntos. Por eso el deseo tiene lugar cuando la voz separa vida y realidad, abriendo otras posibilidades desde el cuerpo.

Ciertamente, la separaci贸n del deseo femenino supone siempre en cada caso una enorme soledad. Solo basta recordar la transgresi贸n de Ant铆gona en la polis. Y debemos defender la soledad de la transgresi贸n. Esta soledad no se refugia en las compensaciones ps铆quicas de la melancol铆a ni en un pathos donado al resentimiento. Al contrario, la soledad del deseo abre nuevos encuentros que renuevan una comunidad de amigos desde una lengua que es ajena a pasiones reactivas como el odio, la ira, o la culpa.

Todo esto puede explicar por qu茅 el poder estatal intenta una y otra vez intervenir en el espacio de lo clandestino; a tal punto de que la joven historiadora de arte Carolina Barrero ha sido arrestada bajo la oscura figura legal del art铆culo 210 de la Constituci贸n cubana, que proscribe la 鈥渃landestinidad de impresos鈥 (el objeto del caso han sido unas inofensivas tarjetas impresas con la figura de Jos茅 Mart铆). Pero, 驴no es lo esencial de una vida siempre aquello que acontece en la clandestinidad, esa regi贸n inapropiable por los poderes econ贸micos o pol铆ticos?

La guerra en curso contra las j贸venes artistas es tambi茅n un intento de sitiar el espacio impol铆tico de la vida 鈥攓ue en la tradici贸n se ha conocido como el oikos鈥 para traducir a la vida en presa de cacer铆a sin tregua (Chamayou).

Lo sabemos: la clandestinidad es siempre la ex lex de la vida, porque all铆 nos damos cita con las complicidades, los rumores, las luces de los cuerpos, y el raro acontecimiento de la poes铆a. Como se帽alara en su momento Dionys Mascolo, en el espacio de la clandestinidad nos entregamos al amor como seres exiliados que experimentan una relaci贸n sin privaci贸n. En otras palabras, en la clandestinidad disolvemos el reino del 鈥測o鈥 y sus fantas铆as del mandato. El deseo de esta juventud cuida la clandestinidad que le es propia a cada vida.  

De los malabaristas de las calles de Panguipulli a las j贸venes artistas de La Habana, asistimos hoy a la misma eficacia del poder: el dispositivo policial contra una insurrecci贸n corporal que enarbola una salida del terror. Si la eficacia del poder acosa incesantemente a estos cuerpos, es porque sospecha que, en el sol negro de la clandestinidad, comienzan a derrumbarse las ficciones de su mando.




Fuente: Lobosuelto.com