May 7, 2021
De parte de ANRed
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El 8 de mayo de 1911, según estiman las fuentes más confiables, nace en Hazlehurst, Mississipi, Robert Johnson: uno de los padres del blues. De él solo se conocen 29 canciones, dos fotografías y retazos confusos de una biografía plagada de mitos y misterios que termina con su muerte violenta a los 27 años siendo el primero de varios y varias artistas que fallecieron a esa edad. Un recorrido por los años que este artista vivió en el infierno y el legado presente 110 años después. Por Ramiro Giganti (ANRed).


“Es una ley del diablo y los fantasmas. Allá por donde logramos entrar hemos de marcharnos. Para lo primero tenemos libertad, de lo segundo somos esclavos.” Johann Wolfgang Goethe

A mediados de los años 20, dos experimentados músicos de Blues, Willie Brown y Charley Patton, tenían buenas referencias en distintos pueblos de las extensas llanuras del Delta del Mississippi. Años después ambos músicos grabarían para la Paramount, aunque no llegaron a presenciar la explosión del blues y su fama entre jóvenes blancos décadas después. Se estima que un adolescente los conoció alrededor del año 1926, cuando ambos vivían en Robisonville, y se les pegó queriendo mejorar su limitada técnica con la guitarra y tener alguna oportunidad de poder vivir de la música. Tiempo después, hacia 1930 el también guitarrista y cantante Son House llegó a la ciudad, y este músico novato y errático se hizo fan de él. Se escapaba de su casa los sábados por la noche para verlos tocar en las juke houses de los alrededores. Aprovechaba los recesos para saltar al escenario, apropiarse de sus guitarras y comenzar a rasgar sus cuerdas, lo que sacaba de quicio al público. Son House apenas lo toleraba. Los tres músicos solían burlarse de sus limitadas habilidades cuando andaban borrachos después de tomar varios vasos de moonshine: un tipo de whisky destilado ilegalmente en aquellos tiempos marcados por la “ley seca”. Lejos de acomplejarse, estas burlas le inspiraron una respuesta tenaz.

El joven novato se esfumó un día sin dejar rastro. Se reencontraron con él en un local en Banks, donde lo vieron llegar con su guitarra. Habían pasado varios meses. Quizás un año. Comenzó a tocar la guitarra y a cantar de un modo deslumbrante, seguro de sí mismo y manejando una técnica que no se había escuchado antes, por la velocidad, el manejo de melodías simultaneas marcando al base con sonidos graves mientras el slide chillaba. Los dejó fascinados. Este episodio marcó el inicio de su carrera profesional y de una vida errante. De tocar en una esquina para juntar unos centavos pasaría ser la figura principal en los bares nocturnos. Su historia corrió como la pólvora. Él mismo alimentó el rumor de que, en un cruce de caminos, una noche, se encontró con el diablo para hacer una negociación: entregarle su alma a cambio de ser el mejor guitarrista de blues del mundo. Que luego de arrodillarse, el diablo afinó su guitarra y allí se convirtió en ese músico sorprendente… y ahí empezó la leyenda.

La nota prohibida

El diabolus in musica o ‘el diablo en la música’ según su traducción literal, hace referencia al intervalo de tritono (4a aumentada o 5a disminuida). Dicha disonancia, estaba considerada en la Edad Media como una ‘ruptura’ y un ‘conflicto’ a evitar según el tratamiento musical de la época, ya que dificultaba su entonación para el canto y se le consideraba un intervalo de sonido ‘verdaderamente siniestro’.  Tenemos que tener en cuenta que en la Edad Media prácticamente todos los aspectos, tanto filosóficos como artísticos, se regían por un estricto y cerrado sistema teocrático; es decir, todo confluía hacia Dios y todo se explicaba desde el punto de vista de lo divino como causa lógica de todas las cosas.

Luego comenzó una lenta admisión de su empleo en la música dejando de ser tabú en el Barroco tardío y el Clasicismo (XVIII), pasando a ser ya plenamente aceptado en la práctica común junto con otras disonancias, en el Romanticismo (XIX).

El intervalo de “tritono” que fuera considerado diabólico en el pasado, está presente en los acordes más característicos del Blues: los de 7ma dominante, que contienen un tritono en su construcción, entre el tercer y séptimo grados del acorde. Relacionado a esto, también en las melodías, la llamada “blue note” (nota del blues) es el intervalo de 4ta aumentada (tritono).  Este recurso nace de los cantos vocales tradicionales de buena parte los estadounidenses negros de origen esclavo y en su manera de entonar.

Más allá de estos elementos de teoría musical, la asociación de distintos géneros musicales, como el blues, el soul, o el rock pesado, como “música del diablo encierra cuestiones sociales. En el siglo XX el intervalo de tritono estaba presente en todos los estilos musicales sin cuestionamientos, lo que era cuestionado eran los mensajes que la música transmitía y sobre todo quienes hacían música: los afrodescendientes.

Como respuesta muchos artistas utilizarían esta estigmatización para fomentar leyendas y quedar en la historia resignificando el “pensamiento mágico”.

Vivir en el infierno

Se estima Robert Leroy Johnson nació en el pueblo de Hazlehurst, estado de Misisipi, el 8 de mayo de 1911. Su madre era Julie Ann Majors (Julie Dodds), hija de esclavos,  lo tuvo tras una relación con un jornalero que estaba de paso por el poblado, llamado Noah Johnson. La gestación y nacimiento de Robert Johnson se produjo cuando su madre estaba momentáneamente separada de su marido Charles Dodds Jr., un carpintero próspero que había huido del pueblo perseguido por supremacistas blancos. Al poco tiempo Charles retornó al pueblo y recompuso por algunos años la relación con Julie Ann siendo padrastro del niño, quien creció con el apellido Spencer sin saber que Charles no era su padre biológico, y la familia se estableció en 1918 en Robinsonville. Años más tarde, su madre le confesó a Robert que era hijo de Noah Johnson, por lo que pasó a adoptar el apellido de su verdadero padre.

Desde niño, Johnson mostró interés por la música tocando la armónica, y luego la guitarra. No se llevaba bien ni con la escuela ni con el trabajo en las plantaciones de algodón, por lo que solía escapar con la guitarra, a tocar en alguna esquina donde lograba juntar algunos centavos. Se cree que motivado por la mala relación con su padrastro y quizás queriendo buscar a su padre biológico, o simplemente buscando donde poder trabajar de músico, en algún momento de su adolescencia partió con su guitarra iniciando el recorrido errante por los pueblos del Delta del Misisipi.

Distintas historias rodean ese período y lo que pudo motivar su partida de Robinsonville, por donde anduvo y cómo fue que logró su retorno artísticamente triunfal. Una historia real antes de la más conocida leyenda en relación él, fue el trágico desenlace de su relación sentimental con Virginia Travis, una joden de 16 años con quien contrajo matrimonio en febrero de 1929. Ambos habían mentido en su edad para casarse. Poco tiempo después, ella quedó embarazada. Las versiones que relatan esto sostienen que Robert Johnson estaba entusiasmado con la idea de formar una familia e intentó “sentar cabeza”. Cuando Virginia estaba entrando en el último mes de su embarazo, se quedó en la casa de su abuela mientras Robert tuvo que peregrinar pro trabajo buscando algo de dinero, cuando fue a buscarla se encontró que tanto su esposa como su hija habían fallecido en el parto. Fue uno de los golpes más duros que tuvo en su corta vida… y no fue el único.

Entre los misterios, rumores e historias cruzadas, hay versiones ue afirman que Johnson tuvo una relación con Esther Lockwood, madre de Robert Lockwood Jr., que más tarde se convertiría también en intérprete de blues, siguiendo las huellas de su padrastro.

Pero la otra triste historia, que se comprobó tras fallos judiciales luego de una ardua lucha de su fallecido hijo Claud Johnson, fue la de su segundo hijo quien no falleció en el parto, pero a quien le negaron la posibilidad de conocer a su padres por cuestiones religiosas, ya que Robert Johnson hacía “la música del diablo” y por ese simple rumor le negaron la posibilidad de conocer a su hijo. Como él mismo explicó hace unos años: «la gente en aquel entonces era muy religiosa, y creían que el blues era la música del diablo». «Yo me quedé en la puerta y él fuera, y eso fue lo más cerca que llegué a estar de él. Al final, dijo ‘bueno, pues seguiré mi camino’, dio media vuelta y nunca más lo volví a ver», sostuvo Claud, que en aquel entonces tenía 6 años. Después de años de lucha y demandas judiciales Claud pudo lograr que la Corte Suprema de Misisipí sentencie que es hijo del legendario guitarrista, y por ello va a cobrar alrededor de un millón de dólares en concepto de derechos por las grabaciones y composiciones que dejó su padre. Probar su filiación no ha sido tarea fácil para los abogados, que sólo contaban con testimonios de la época, incluyendo el de una amiga que declaró haber visto a Robert Johnson y su novia en pleno acto sexual en 1931, nueve meses antes del nacimiento de Claud.

Tras estos episodios Robert Johnson continuó su vida con destino errante dedicándose a algo que ya estaba en condiciones de no perder: el blues.

La encrucijada y la música

El músico Son House que conoció a Robert Johnson en esa época desgraciada, y en un principio lo recordaba como un guitarrista pésimo, carente de talento. Son House contaba que Robert Johnson desapareció durante unos meses, y que volvió convertido en un maestro supremo de la guitarra. Ahí comenzó la leyenda del diablo, de la que el propio Johnson mencionó más de una vez. Decía que, en efecto, había vendido su alma. Investigaciones posteriores indican que House no tardó unos meses, sino más de un año, en rencontrarse con Johnson. En cualquier caso, Robert Johnson aprendió a tocar, cantar y componer ya adulto y en muy poco tiempo, para convertirse en quien hoy es considerado como el mejor bluesman de todos los tiempos.

El pacto diabólico de Robert Johnson es sin lugar a dudas la leyenda más explotada del blues del Delta. El estado de Mississippi ha explotado este filón con fines turísticos. Como todo buen mito, dio pie a diferentes teorías y al menos tres localidades se arrogan la ubicación del legendario cruce en su circunscripción. El enclave más popular es el cruce entre la Highway 61 y la Highway 49 en Clarksdale. A este se suman otras posibles ubicaciones en Dockery y al sur de Rosedale, en el punto en el que se cruzan la Highway 8 y la 1.

Waitin’ for the Devil to come, 2021. ©Ignacio Pulido

Muchos se preguntarán dónde estuvo Robert Johnson desde su repentina huida de Robinsonville hasta su reaparición en Banks. Es posible que el supuesto “diablo” con quien pasó ese tiempo y se desarrolló como músico tenga un nombre real: Ike Zinneman. Robert Palmer sostiene en su libro Deep Blues, que allí desarrolló su estilo practicando con un músico de Alabama llamado Ike Zinneman, quien a su vez afirmaba haber aprendido a tocar sentado sobre las tumbas de un cementerio a la medianoche. Alimentando los mitos se estima que ambos músicos, Johnson y Zinnerman se juntaban a la medianoche a practicar en un cementerio.

El final de una historia y el principio de otra: el legado

«Robert Johnson sólo existió en sus discos, fue pura leyenda.» Martin Scorsese

Después de varios años actuando por todo el sur de los Estados Unidos, tuvo la oportunidad de dejar grabadas sus 29 legendarias canciones, Seis de ellas hablaban del diablo. Las primeras grabaciones se dieron en un hotel de San Antonio (Texas), los días 23, 26 y 27 de noviembre de 1936.

El 19 y 20 de junio de 1937 grabó sus últimas canciones en un almacén de Dallas. Entre las que se encuentra Me and the Devil blues. En ella, Johnson aborda asuntos que le acechaban desde hacía tiempo: la deuda que había de ser pagada por su talento, el dolor, el placer y la muerte. En su última estrofa suplica que su cadáver sea enterrado en una cuneta para que su “viejo y malvado espíritu” pueda subirse al Greyhound.

Al año siguiente, el 16 de agosto de 1938, encontró la muerte en circunstancias extrañas. Según las últimas investigaciones, la causa de fallecimiento más aceptada es que murió tras supuestamente ser envenenado días atrás por el marido de Beatrice Davies, que lo había contratado para actuar en una country house cerca de Greenwood. El motivo del asesinato sería por celos ante un supuesto romance, por lo que habría mezclado su whisky con naftalina. La leyenda cuenta que un amigo le habría advertido que la botella de whisky no estaba sellada, lo que era una señal de que podría estar envenenado, la leyenda afirma que agonizó durante más de un día, que al poco tiempo de empezar a sentir el efecto empezó a aullar como un lobo, similar a un sonido que solía emitir mientras cantaba. Existieron otras versiones menos atractivas y jamás probadas, que afirmaban que murió de sífilis o neumonía o que fue asesinado con un arma de fuego. Su certificado de defunción revela que falleció el 16 de agosto de 1938, en Greenwood, estado de Misisipi, y que no hubo autopsia. Así como está llena de misterio su muerte, también su lugar de entierro, ya que existen tres posibles tumbas donde se encuentren los restos de Johnson: Una en el Cementerio Payne Chapel, cerca de la localidad de Quito, Misisipi, con la leyenda Resting in the blues (Descansando en el blues); otra en el cementerio de la Iglesia Little Zion, cerca de Greenwood, restaurada en 2020 por la compañía discográfica Sony Music (poseedora actual de los derechos sobre sus canciones); y un memorial u obelisco situado en el cementerio de la Iglesia Bautista Mount Zion, también cerca de Greenwood.

Robert Johnson en el centro de una imagen que homenajea al «club de los 27»

Murió a los 27 años, siendo el primero de lo que décadas después sería llamado como el Club de los 27 tras las muertes de Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, y décadas después Kurt Cobain y Amy Winehouse. Siendo parte de otro mito más creado alrededor de figuras , talentosas de la música, principalmente del rock, con vidas atormentadas y fallecimientos prematuros.

Su leyenda iría creciendo con los años, pero también su legado artístico presente en las siguientes revoluciones musicales tanto dentro del blues como del rock. Artistas como Muddy Waters o Elmore James, protagonistas en los años 50 y principios de los 60 de la irrupción del blues eléctrico,  fueron fuertemente influenciados por el estilo de Johnson y a su vez estos, influenciaron junto a él a quienes luego llevarían el blues a Inglaterra y también haría su propia revolución en el rock.

Desde sus inicios Eric Clapton le rindió homenaje. En el álbum debut de Cream, editado en diciembre de 1966 hay una versión de Four Until Late, una canción de su autoria. Pero sería una de las principales canciones de Cream y luego de la carrera solista de Clapton la versión eléctrica de Crossroads. Que hable el álbum en vivo de Cream Wheels of Fire (Live at the Fillmore), que luego fue posicionado en el lugar no. 205 de los 500 Mejores Álbumes de la Historia, por la revista Rolling Stone. En 1988 Clapton publicó una caja recopilatoria de 4 discos llamada también Crossroads. DE hecho en su última presentación en Argentina en el Estadio de River cerró su actuación con este clásico de Robert Johnson

Clapton también ha dedicado un álbum entero: Me and Mr. Johnson (el Sr. Johnson y yo) a versionar el repertorio de Robert Johnson, publicado en el año 2004. El también guitarrista británico Peter Green lo ha versionado en un disco llamado The Robert Johnson Songbook.

Es muy conocida la versión de Love in vain de los Rolling Stones presente en el disco Let it bleed, y en recopilaciones y grabaciones en vivo. Keith Richards declaró años después que se negó a interpretarla como blues para no incurrir en sacrilegio. No es casualidad que esta banda haya grabado una versión de Robert Johnson casi al mismo tiempo que el lanzamiento de Sympathy for the Devil, y el bautismo de la banda como “sus majestades satánicas”, tras la publicación del álbum con el nombre Their Satanic Majesties Request en 1967.

Lemon song, de Led Zeppelin, rinde tributo en su letra a una de las estrofas de Me and the Devil Blues. Desde los años 60 hasta la actualidad son incontables las referencias y versiones de canciones de Rober Johnson existentes.

También con muchas las referencias en la industria audiovisual. Su historia fue inspiradora de la película Crossroads (1986),de Walter Hill, protagonizada por Ralph Macchio (Karate Kid) y Joe Seneca, que cuenta con la aparición de Steve Vai en el duelo final de guitarras, donde se interpreta una versión del “Capricho 5” del violinista Nicoló Paganini, quien 100 años antes que Robert Johnson también fue objeto de historias relacionadas con el diablo. En la película O Brother,(2001) Protagonizada por George Clooney y John Turturro. Aparece Robert Johnson durante un pequeño rato y comparte coche con los protagonistas, hablándoles de su pacto diabólico y como consiguió cierta «maestría con la guitarra».

En televisión, se le realizó un homenaje en la serie de ciencia ficción Supernatural emitida por la cadena de televisión CW, en el capítulo 8 de la segunda temporada, Crossroad Blues, en el que se lo incorpora como personaje y se mencionan varias de sus canciones También en la reciente serie alemana de Netflix, aparece la innovadora versión de Soap & Skin en un clip durante un episodio en su primera temporada.

También en Netflix, hay un documental sobre su vida llamado ReMastered: Devil at the Crossroads (La encrucijada del diablo). También aparece como personaje protagonista de la trama del episodio 6 de la segunda temporada de la serie Timeless.

Estas son solo algunas de las innumerables referencias que este personaje tiene en distintos ámbitos artísticos. Un humilde afrodescendiente nacido en la región más pobre de los Estados Unidos, nieto de esclavos, con una desgraciada vida de solo 27 años pudo dejar su sello en la historia. Sufrido y demonizado, peregrinó por las llanuras del delta, primero sobreviviendo y luego llevado su música y sus leyendas. De algún modo utilizó la figura del diablo para caracterizar desde sus canciones a gran parte de sus pesares, incluso para caracterizar a quienes lo demonizaron a él. Su sincretismo, combinando referencias al diablo con elementos de vudú, es una característica de muchos pueblos colonizados del mundo.

De algún modo, el mundo hoy se encuentra en una encrucijada. Teniendo que tomar decisiones difíciles ante una decisión adversa, pactando y lidiando con diablos poderosos. La encrucijada de tener que resignar posesiones o actividades personales para preservar algo como la vida propia y ajena. El diablo está presente en quienes hacen negocios, compran almas,  o patentan vacunas. El diablo puede estar en quienes golpean a las mujeres hasta quedar satisfechos, o hacen del destrato un medio de vida, en quienes condenan vidas ajenas por beneficio propio. Incluso en quienes utilizan historias vinculadas al diablo para oprimir y demonizar a quienes no comparten esas creencias religiosas, como le ocurriera al propio Robert Johnson.





Fuente: Anred.org