January 16, 2021
De parte de La Haine
301 puntos de vista


En abril pasado Haaretz public√≥ una declaraci√≥n en la que advert√≠a al gobierno israel√≠ que no se anexionara formalmente sus colonias en la ocupada Cisjordania. Las encuestas de opini√≥n mostraban que al p√ļblico no le importaba mucho la cuesti√≥n, sin embargo, las √©lites pol√≠ticas lo debat√≠an ferozmente. Tanto los defensores como los opositores de la anexi√≥n afirmaban que el futuro de Israel y el sionismo estaba en juego. La declaraci√≥n sosten√≠a que ‚Äúla anexi√≥n implicar√≠a un golpe mortal a las posibilidades de la paz y supondr√≠a el establecimiento de un Estado de apartheid‚ÄĚ‚Äô.

Estaba firmada por 56 exmiembros de la Knesset, entre ellos exministros del Interior, Relaciones Exteriores, Finanzas y más de una docena de otros departamentos, así como exembajadores, generales del ejército israelí, presidentes de partidos políticos, un jefe de la semigubernamental Jewish Agency for Israel, un exportavoz de la Knesset y un ganador del Israel Prize. Entre los firmantes figuraban no solo miembros de facciones de izquierda israelíes, sino dos docenas de partidos de centro y centro-izquierda e incluso un exministro de Justicia, Meir Sheetrit, del derechista Partido Likud.

A la semana siguiente los dos partidos m√°s grandes de la Knesset -el Likud y el centrista Azul y Blanco, que en conjunto ten√≠an mayor√≠a parlamentaria- firmaron un acuerdo para formar un gobierno de coalici√≥n que podr√≠a aplicar la soberan√≠a israel√≠ a zonas de Cisjordania pero no antes del 1 de julio, una vez que Israel y EEUU hubieran concluido los mapas de anexi√≥n. Estos mapas, versiones detalladas de los del ‚Äúplan de paz‚ÄĚ de Donald Trump, ped√≠an que Israel se anexionara el 30% de Cisjordania, dejando a los palestinos una especie de ‚ÄúEstado‚ÄĚ formado por varios cantones no contiguos rodeados por completo de territorio israel√≠. El plan Trump tambi√©n propon√≠a rescindir la ciudadan√≠a de alrededor de un cuarto de mill√≥n de palestinos ciudadanos de Israel mediante la transferencia de diez ciudades israel√≠es a la jurisdicci√≥n del futuro Estado palestino. Al finalizar esa semana el Partido Laborista de Israel, el creador de la empresa de colonias, decidi√≥ unirse al nuevo gobierno y votar a favor de la anexi√≥n.

Gran parte de la prensa israel√≠ malinterpret√≥ el acuerdo entre el Likud y Azul y Blanco. Los periodistas consideraron el 1 de julio no como el primer d√≠a en que podr√≠a tener lugar la anexi√≥n, sino como una fecha l√≠mite, lo que cre√≥ una sensaci√≥n de urgencia en torno a la medida. En los d√≠as posteriores a la firma del acuerdo de coalici√≥n los grupos sionistas liberales lanzaron sus gritos de batalla. Sus razones para oponerse a la anexi√≥n eran reveladoras. La preocupaci√≥n por los derechos humanos constaba a menudo como una cuesti√≥n secundaria frente al da√Īo que la anexi√≥n pod√≠a causar a Israel. Advirtieron que da√Īar√≠a la percepci√≥n de Israel como democracia. Instaron a los israel√≠es a no dar impulso a las campa√Īas que promueven los boicots o la reducci√≥n de la ayuda econ√≥mica y militar, y advirtieron tambi√©n que la anexi√≥n solo ampliar√≠a la brecha entre Israel y la di√°spora jud√≠a. Y blandieron el espectro m√°s temido por la izquierda sionista: que, finalmente, Israel se viera obligado a otorgar la ciudadan√≠a a todos los palestinos que viven bajo su control -casi cinco millones de palestinos en Cisjordania y Gaza, todos sin la ciudadan√≠a israel√≠, y aproximadamente 360.000 en la anexionada Jerusal√©n Oriental, m√°s del 90% de los cuales tienen residencia permanente pero no ciudadan√≠a ni derecho a votar en las elecciones nacionales-, poniendo as√≠ fin a la existencia de Israel como Estado jud√≠o, con todos los privilegios que eso conlleva para los jud√≠os (en 2018, un oficial del ej√©rcito israel√≠ inform√≥ que los palestinos superaban en n√ļmero a los jud√≠os en el territorio entre el r√≠o Jord√°n y el Mediterr√°neo).

‚ÄúYa sea anexionando una colonia o todas‚ÄĚ, afirm√≥ el grupo sionista liberal Peace Now, ‚Äútal movimiento constituir√≠a la base de un Estado de apartheid. La anexi√≥n perjudica a Israel‚ÄĚ. J Street, un grupo de presi√≥n con sede en Washington alineado con los dem√≥cratas, declar√≥: ‚ÄúComo estadounidenses pro-Israel y propaz, creemos que la anexi√≥n pondr√≠a en grave peligro el futuro de Israel como patria democr√°tica para el pueblo jud√≠o, adem√°s del futuro de la relaci√≥n entre EE. UU. e Israel.

Muchos de los argumentos en contra de la anexi√≥n admit√≠an que el territorio ya estaba anexionado de facto y permanecer√≠a en posesi√≥n de Israel. Yair Lapid, el jefe de la oposici√≥n y presidente del partido centrista Yesh Atid, sostuvo que la anexi√≥n formal no era necesaria porque el √°rea m√°s grande en cuesti√≥n, el Valle del Jord√°n, que constituye m√°s de una cuarta parte de Cisjordania y asegura el total cerco israel√≠ de la poblaci√≥n palestina, ‚Äúes ya parte de Israel. No es como si alguien estuviera amenazando con quit√°rnoslo‚ÄĚ. Amos Gilad, hasta 2017 uno de los funcionarios m√°s importantes del Ministerio de Defensa, dijo que el control permanente de Israel sobre el Valle del Jord√°n se lograr√≠a mejor aumentando las colonias jud√≠as en lugar de una anexi√≥n ‚Äúpuramente declarativa‚ÄĚ: ‚ÄúEl gobierno podr√≠a tomar medidas para garantizar que el Valle del Jord√°n se convierta en el hogar de decenas de miles de israel√≠es y no solo de varios miles‚ÄĚ. As√≠ pues, el debate principal no iba de ‚Äúsi‚ÄĚ sino de ‚Äúc√≥mo‚ÄĚ consolidar la apropiaci√≥n por Israel del territorio de Cisjordania.

Los cr√≠ticos tuvieron problemas para articular una raz√≥n persuasiva para que Israel no formalizara una anexi√≥n que, en la pr√°ctica, ya hab√≠a tenido lugar. Un intento t√≠picamente retorcido fue un informe publicado por el principal grupo de expertos en seguridad nacional de Israel, el INSS, una instituci√≥n de centro izquierda que apoya la soluci√≥n de dos Estados. El documento comenzaba argumentando que la anexi√≥n unilateral era un terrible error. No obstante, llegaba a la conclusi√≥n de que Israel deber√≠a proceder una vez que la anexi√≥n hubiera ganado el apoyo p√ļblico, algo que se producir√≠a una vez que los palestinos rechazaran el plan de paz de Trump. El peligro de la anexi√≥n, argumentaba el INSS, era que

‚Äúpodr√≠a socavar la visi√≥n fundacional [de Israel] como Estado jud√≠o, democr√°tico, seguro y moral que busca la paz con sus vecinos. Por lo tanto, se recomendaba que el nuevo gobierno de Israel pidiera a los l√≠deres palestinos que regresaran a la mesa de negociaciones, con el plan de Trump incluido en los t√©rminos de referencia para las negociaciones. Si los palestinos continuaban neg√°ndose a discutir el plan, entonces el gobierno recibir√≠a el apoyo del p√ļblico en Israel para que diera pasos hacia la separaci√≥n unilateral de los palestinos, incluida la anexi√≥n gradual llevada a cabo de forma que se garantizara la seguridad pol√≠tica, econ√≥mica y social de Israel‚ÄĚ.

Yair Golan, exjefe adjunto de personal del ej√©rcito y actual representante de Meretz, el partido sionista m√°s izquierdista de Israel, dijo que votar√≠a a favor de la anexi√≥n ‚Äúsi el gobierno israel√≠ declara que su objetivo supremo es separarse de los palestinos‚ÄĚ.

Los palestinos estuvieron casi completamente ausentes del debate sobre la anexi√≥n. Las cuestiones sobre, en caso de obtener un Estado, qu√© territorio y poderes tendr√≠a, si se les otorgar√≠a la ciudadan√≠a, la residencia o alg√ļn otro Estado en el territorio anexado, qu√© derechos se les otorgar√≠an o no, y qui√©nes de ellos ser√≠an despojados de su ciudadan√≠a israel√≠ se estaban decidiendo √ļnicamente a trav√©s de negociaciones de coalici√≥n entre dos partidos sionistas. Sin embargo, incluso los cr√≠ticos m√°s feroces de la anexi√≥n -aquellos que advirtieron que convertir√≠a a Israel en un Estado de apartheid- describieron a Israel como una democracia eficiente que simplemente corr√≠a el riesgo de que alg√ļn d√≠a dejara de serlo. De acuerdo con esta l√≥gica, mientras Israel se abstenga de formalizar la anexi√≥n, puede negar indefinidamente los derechos civiles de millones de palestinos a la vez que ofrece toda forma de apoyo a los israel√≠es en el territorio ocupado: infraestructura para las ciudades, pueblos y zonas industriales israel√≠es en Cisjordania; reservas naturales; edificios municipales; comisar√≠as de polic√≠a y parques de bomberos; escuelas gubernamentales y √°reas de juego; instalaciones m√©dicas estatales; cementerios‚Ķ Mientras Israel declare que la absorci√≥n de Cisjordania es temporal, seguir√° consider√°ndose una democracia. Israel nunca se convertir√° en un Estado de apartheid a menos que se declare a s√≠ mismo como tal.

La premisa de que Israel es una democracia, mantenida por Peace Now, Meretz, el consejo editorial de Haaretz y otros críticos de la ocupación, se basa en la creencia de que se puede separar el Estado anterior a 1967 del resto del territorio bajo su control. Hay que mantener un muro conceptual entre los dos regímenes: el (buen) Israel democrático y su (mala) ocupación provisional.

Esta forma de pensar est√° en consonancia con la creencia general sionista liberal de que es leg√≠timo condenar las colonias israel√≠es -e incluso, para algunos, boicotear sus productos- pero no pedir que se reduzca el apoyo al gobierno que los plane√≥, estableci√≥ y mantiene. Lo que a estos grupos les parec√≠a m√°s preocupante acerca de la anexi√≥n era que iba a socavar sus afirmaciones de que la ocupaci√≥n est√° sucediendo en alg√ļn lugar fuera del Estado y que es temporal, una desviaci√≥n de 53 a√Īos de lo que los grupos liberales sionistas como el New Israel Fund llaman los ‚Äúvalores fundacionales democr√°ticos liberales de Israel‚ÄĚ.

No es dif√≠cil argumentar que las acciones de Israel en Cisjordania equivalen a un apartheid. En el mismo territorio israel√≠es y palestinos est√°n sujetos a dos sistemas legales diferentes. Son juzgados en distintos juzgados, uno militar y otro civil, por el mismo delito cometido en la misma calle. Los jud√≠os en Cisjordania, tanto los ciudadanos israel√≠es como los no ciudadanos que son elegibles como jud√≠os para inmigrar, disfrutan de la mayor√≠a de los mismos derechos y protecciones que los israel√≠es en el resto del pa√≠s. Los palestinos est√°n sujetos a un r√©gimen militar y se les niega la libertad de expresi√≥n, la libertad de reuni√≥n, la libertad de movimiento e incluso el derecho a no permanecer detenidos indefinidamente sin juicio. La discriminaci√≥n no es solo nacional -de los israel√≠es contra los palestinos que carecen de ciudadan√≠a- sino √©tnica, de los jud√≠os contra los sometidos y ciudadanos palestinos por igual. Mientras que los jud√≠os en Cisjordania, ciudadanos o no, son juzgados en tribunales civiles israel√≠es, los palestinos con ciudadan√≠a israel√≠ pueden ser enviados a tribunales militares. Un informe de 2014 de la Asociaci√≥n por los Derechos Civiles de Israel, el grupo de derechos humanos m√°s grande y antiguo del pa√≠s, se√Īalaba que ‚Äúdesde la d√©cada de 1980 todos los ciudadanos israel√≠es llevados a juicio ante los tribunales militares eran ciudadanos o residentes √°rabes de Israel [‚Ķ] no se encontr√≥ ninguna sentencia en la que se aceptara la solicitud de alg√ļn ciudadano √°rabe de transferir su caso de un tribunal militar a un tribunal civil en Israel‚ÄĚ.

Despu√©s de la guerra de 1967 Israel aplic√≥ la ley militar a todos los territorios ocupados que no se anexion√≥ formalmente. Los jud√≠os israel√≠es que se mudaron a las colonias planeadas por el gobierno en Cisjordania estaban sujetos a la ley civil israel√≠, lo que los diferenciaba del r√©gimen legal impuesto a los palestinos en cuyas tierras resid√≠an. Israel no pod√≠a aplicar el derecho civil a sus ciudadanos en Cisjordania sobre una base territorial sin violar atrozmente la prohibici√≥n legal internacional sobre la anexi√≥n, por lo que la Knesset enmend√≥ sus leyes y reglamentos para aplicarlos a los colonos como individuos, extraterritorialmente. De esta manera, Israel extendi√≥ a los jud√≠os en Cisjordania la mayor parte de los derechos de los israel√≠es en el resto del pa√≠s en relaci√≥n al seguro m√©dico, seguro nacional, protecci√≥n al consumidor, impuestos (ingresos, propiedad y valor agregado), educaci√≥n superior, entradas a Israel, registro de poblaci√≥n, ordenanza de tr√°fico y emisi√≥n de voto, lo que convierte a los colonos en los √ļnicos ciudadanos israel√≠es, aparte del peque√Īo n√ļmero estacionado en el extranjero, a los que se les permite votar en un lugar de residencia fuera del territorio oficial del Estado. En los d√≠as de elecciones se confina a los palestinos que viven junto a ellos, lo que restringe a√ļn m√°s sus movimientos.

La aplicaci√≥n de la ley israel√≠ a los colonos como individuos dejaba a√ļn algunos lapsos, en particular en lo que respecta a la tierra, la construcci√≥n y la planificaci√≥n. Para solventarlos el ej√©rcito israel√≠ emiti√≥ ordenanzas que distingu√≠an las √°reas municipales de colonias (consejos locales y consejos regionales) del resto del territorio ocupado, de modo que Israel pudiera usar un conjunto de regulaciones (copiadas y pegadas de la legislaci√≥n municipal en Israel antes de 1967) para expandir las comunidades jud√≠as y otra para restringir las palestinas. Durante las √ļltimas dos d√©cadas Israel ha construido decenas de miles de viviendas para jud√≠os israel√≠es en Cisjordania, y rechazado m√°s del 96% de las solicitudes de construcci√≥n palestinas y demolido miles de hogares palestinos. De la tierra p√ļblica que Israel ha designado para cualquier tipo de uso, el 99,76% se destin√≥ a colonias jud√≠as. A los palestinos se les proh√≠be entrar en las √°reas de las colonias, excepto con permisos especiales, generalmente otorgados a los jornaleros. De forma similar, en la llamada zona de separaci√≥n -las √°reas de Cisjordania que fueron separadas del resto del territorio por la barrera de separaci√≥n de Israel- los palestinos no pueden entrar sin permiso, incluso para cultivar su propia tierra, mientras que cualquier turista o ‚Äúisrael√≠‚ÄĚ, definido como ciudadano, residente permanente o jud√≠o con derecho a inmigrar a Israel puede acceder a la misma √°rea libremente.

El hecho de que algunas leyes israel√≠es que se aplican al territorio de Cisjordania fueran introducidas a trav√©s de una orden militar -en la mayor√≠a de los casos en r√©plica de la legislaci√≥n israel√≠- ha permitido a las organizaciones jud√≠as que se consideran progresistas argumentar que hay dos reg√≠menes separados en el √°rea bajo control de Israel: un r√©gimen militar en la Cisjordania no anexionada, y un r√©gimen civil en la Jerusal√©n Oriental anexionada y en el Israel anterior a 1967. Seg√ļn esta teor√≠a, los colonos de Cisjordania y los palestinos est√°n sometidos a la misma administraci√≥n militar opresiva, mientras que los ciudadanos y residentes israel√≠es en el Israel anterior a 1967 y la Jerusal√©n Oriental anexionada est√°n gobernados por un r√©gimen civil democr√°tico.

La experiencia de vida de los colonos israel√≠es o de los palestinos en Cisjordania no se ajusta a esa visi√≥n. De hecho, lo contrario est√° m√°s cerca de la verdad: no son los ciudadanos israel√≠es en Cisjordania y quienes est√°n dentro de las l√≠neas anteriores a 1967 los que viven bajo reg√≠menes separados, sino los colonos israel√≠es y los palestinos que viven junto a ellos. Israel√≠es de todo el pa√≠s conducen por las principales carreteras que entran y salen de Cisjordania: no hay se√Īales que indiquen que han salido de Israel. Los nuevos inmigrantes jud√≠os pueden mudarse directamente desde Londres o Los √Āngeles a una colonia en Cisjordania de la misma forma en que se mudar√≠an a Tel Aviv, con los mismos beneficios financieros, instrucci√≥n de idiomas e hipotecas a bajo inter√©s. Los israel√≠es que viven dentro de las l√≠neas anteriores a 1967 trabajan en f√°bricas ubicadas en las colonias, estudian en una universidad en las colonias acreditada por el Consejo de Educaci√≥n Superior de Israel, compran en centros comerciales de las colonias y visitan parques nacionales en Cisjordania.

El gobierno israel√≠ no est√° separado de sus instituciones en el territorio ocupado. La Knesset aprob√≥ una legislaci√≥n que se aplica espec√≠ficamente a Cisjordania y enmend√≥ leyes para que se apliquen espec√≠ficamente a los jud√≠os e israel√≠es que residen all√≠. Los ministerios israel√≠es gastan cientos de millones de d√≥lares al a√Īo en las colonias e infraestructura de Cisjordania. Es un comit√© ministerial del poder ejecutivo quien aprueba el establecimiento de colonias en Cisjordania. Un subcomit√© de la rama legislativa se dedica a promover su infraestructura y desarrollo. El interventor estatal fiscaliza la pol√≠tica gubernamental en Cisjordania, supervis√°ndolo todo, desde la contaminaci√≥n de las aguas residuales hasta la seguridad vial. El fiscal general hace cumplir las directrices que llevan a la legislatura a explicar la aplicabilidad de cada proyecto de ley en las colonias. El Tribunal Superior de Justicia de Israel es el tribunal de apelaci√≥n final para todos los ciudadanos israel√≠es y s√ļbditos palestinos en todo el territorio bajo el control de Israel. Los agentes de la polic√≠a nacional de Israel imponen multas de tr√°fico tanto a palestinos como a israel√≠es en Cisjordania. La absorci√≥n de Cisjordania por parte de Israel es una empresa conjunta de todos los poderes del gobierno: legislativo, ejecutivo y judicial.

Mientras que los israel√≠es viajan libremente a trav√©s de Israel y sus colonias de Cisjordania, los palestinos del interior del territorio ocupado viven en jurisdicciones separadas, lo que requiere de permisos israel√≠es para cruzar desde las partes no anexionadas de Cisjordania a la anexionada Jerusal√©n, a Gaza o a m√°s del 30% de Cisjordania, a la que los palestinos tienen prohibido el acceso: la Zona de Separaci√≥n, las √°reas jurisdiccionales de las colonias y las llamadas √°reas de entrenamiento militar, m√°s de las tres cuartas partes de las cuales, seg√ļn ha descubierto la ONG israel√≠ Kerem Navot, no se utilizan realmente para entrenamiento militar, sino para impedir el desarrollo palestino y retener el control israel√≠. Una palestina de Ramala vive ostensiblemente en uno de los 165 enclaves gobernados por la Autoridad Palestina (AP) que en conjunto componen menos del 40% de Cisjordania. Pero tambi√©n est√° sometida a una √ļnica autoridad israel√≠, no a un r√©gimen separado en Cisjordania.

Si resulta que forma parte de una de las más de cuatrocientas organizaciones ilegales (la lista se amplía constantemente y contiene todos los partidos políticos palestinos importantes, incluido Fatah), las fuerzas israelíes pueden arrestarla en un área palestina autónoma, como sucedió en 2019 con la política Khalida Jarrar, miembro de alto rango del Frente Popular para la Liberación de Palestina, que fue sacada por las fuerzas israelíes de su casa cerca de Ramala a las tres de la madrugada. Los poderes de la Autonomía Palestina son tan limitados que Israel controla todas las carreteras que conducen a y fuera de las áreas gobernadas por la AP, invade hogares dentro de ellas todos los días y noches, y se le permite entrar incluso por razones que no tienen nada que ver con la seguridad de los ciudadanos israelíes, como arrestar a ladrones de autos. Entre los que realizan las detenciones se encuentran los miembros de Yamas y Yamam, dos unidades de la policía nacional de Israel.

La residente de Ramala arrestada pudo ser llevada de su casa al Recinto Ruso en Jerusalén occidental, donde la estuvieron interrogando miembros de la Agencia de Seguridad de Israel, que tiene su sede en Tel Aviv pero opera en todas las áreas bajo el control de Israel. Puede permanecer detenida durante seis meses sin juicio ni cargos, y prorrogar su detención repetidamente, por otros seis meses seguidos cada vez, indefinidamente. Si finalmente se la somete a juicio, podría pasar del régimen supuestamente separado en Jerusalén Occidental al tribunal militar de Ofer cerca de Ramala.

Debido a que casi todos los que comparecen ante los tribunales militares israel√≠es son condenados, es casi seguro que acabe en prisi√≥n. Esa prisi√≥n ser√≠a una de las 29 administradas por el Servicio de Prisiones de Israel, que act√ļa en todos los territorios controlados por Israel. Su familia, que no obtendr√≠a permiso para visitar una c√°rcel ubicada dentro de las l√≠neas anteriores a 1967, no podr√≠a visitarla. Podr√≠a intentar apelar contra su condena en el Tribunal Superior de Israel, pero las probabilidades no son alentadoras: el Tribunal ha aprobado casi todas las pol√≠ticas prohibidas internacionalmente que Israel ha llevado a cabo en el territorio ocupado, incluidas deportaciones, asesinatos, encarcelamiento sin juicio, demoliciones, confiscaci√≥n de terrenos, saqueo de recursos naturales y castigos colectivos como toques de queda masivos, cierre de escuelas y supresi√≥n de la electricidad en toda una regi√≥n. Para su apelaci√≥n, podr√≠a contratar a un abogado israel√≠ de derechos humanos, quien argumentar√≠a su caso contra un abogado del Ministerio de Justicia ante un panel de jueces del Tribunal Superior, dos de los cuales viven en Cisjordania. Seg√ļn el an√°lisis de los ‚Äúreg√≠menes separados‚ÄĚ, ella y los dos jueces israel√≠es no son tan diferentes entre s√≠. Todos est√°n sometidos, en teor√≠a, a un r√©gimen militar separado en Cisjordania.

La insistencia en reg√≠menes separados se deriva m√°s de consideraciones pol√≠ticas que jur√≠dicas. Al afirmar la existencia de dos reg√≠menes, los grupos sionistas liberales como J Street pueden decir a donantes, legisladores y estudiantes universitarios que son ‚Äúpro-Israel‚ÄĚ a la vez que critican una ocupaci√≥n que supuestamente existe en alg√ļn lugar m√°s all√° del Estado. Pero el intento de separar a Israel de las cr√≠ticas y las consecuencias de sus pol√≠ticas en Cisjordania tambi√©n conduce a afirmaciones absurdas y falsas, como la reciente afirmaci√≥n de J Street de que los ‚Äúcolonos israel√≠es‚ÄĚ est√°n ‚Äúdemoliendo hogares [palestinos]‚ÄĚ. En realidad, no son ‚Äúlos colonos‚ÄĚ -uno de cada diez jud√≠os israel√≠es- sino el gobierno de Israel, al que apoya J Street, el que destruye los hogares palestinos en Cisjordania. El gobierno lo hace a instancias de ministros y legisladores electos.

La ficci√≥n de los reg√≠menes separados permite a los sionistas liberales promover una soluci√≥n de dos Estados, pol√≠ticamente correcta, basada en las l√≠neas anteriores a 1967, al tiempo que evita la soluci√≥n m√°s equitativa que exige el reconocimiento de que el Estado israel√≠ se extiende a toda la tierra que est√° bajo su control. Tal soluci√≥n requerir√≠a no solo del fin de la ocupaci√≥n sino tambi√©n del fin de la discriminaci√≥n √©tnica en todo el territorio. La izquierda sionista no pide que los ciudadanos jud√≠os y palestinos de Israel tengan plena igualdad dentro del Israel anterior a 1967. En cambio, las principales organizaciones sionistas liberales buscan garantizar que Israel siga siendo un Estado de mayor√≠a jud√≠a que pueda seguir proporcionando a sus ciudadanos jud√≠os los derechos de tierra y de inmigraci√≥n que niega a los ciudadanos de la minor√≠a ind√≠gena palestina. La √ļnica forma de que la izquierda sionista se oponga a la dominaci√≥n √©tnica en Cisjordania, mientras preserva los privilegios √©tnicos en el Israel anterior a 1967, es afirmar que existe un ‚Äúr√©gimen de apartheid‚ÄĚ en Cisjordania separado del Estado israel√≠. Por lo tanto, para que el Israel de antes de 1967 fuera parte de un Estado de apartheid necesitar√≠a la anexi√≥n formal de Cisjordania, que ‚Äúfusione‚ÄĚ los dos reg√≠menes.

Pero este es un equ√≠voco del crimen de apartheid que el derecho internacional describe. Al igual que la tortura, el apartheid no necesita que se aplique de forma uniforme o en todas las partes de un pa√≠s para ser criminal: en el derecho internacional no existe un ‚Äúr√©gimen de apartheid‚ÄĚ, como tampoco existe un ‚Äúr√©gimen de tortura‚ÄĚ. La palabra ‚Äúr√©gimen‚ÄĚ no aparece en ninguna parte de la Convenci√≥n Internacional sobre la Represi√≥n y el Castigo del Crimen de Apartheid original de 1973. Y, aunque el Estatuto de Roma de 1998 de la Corte Penal Internacional s√≠ usa la palabra ‚Äúr√©gimen‚ÄĚ en su definici√≥n (se agreg√≥ para satisfacer a la delegaci√≥n estadounidense, que estaba preocupada por el posible enjuiciamiento de ciudadanos estadounidenses pertenecientes a grupos supremacistas blancos), no se insert√≥ a fin de permitir, de forma clara, que el apartheid se restringiera a regiones o unidades de un Estado.

Sin embargo, la idea de que solo la anexi√≥n formal puede convertir a Israel en un Estado de apartheid se ha convertido en algo intr√≠nseco a la ideolog√≠a sionista de izquierdas. En junio del a√Īo pasado m√°s de quinientos eruditos en estudios jud√≠os, muchos de ellos destacados partidarios de Israel, como el fil√≥sofo jud√≠o estadounidense Michael Walzer, firmaron una carta en la que declaraban que ‚Äúla anexi√≥n de territorios palestinos consolidar√° un sistema antidemocr√°tico de leyes separadas y desiguales, y una discriminaci√≥n sist√©mica de la poblaci√≥n palestina. Esa discriminaci√≥n por motivos raciales, √©tnicos, religiosos o nacionales se define como ‚Äėsituaci√≥n de apartheid‚Äô y ‚Äėcrimen de lesa humanidad‚Äô‚ÄĚ.

El mismo mes Zulat, un nuevo grupo de expertos encabezado por el expresidente del partido liberal sionista Meretz, Zehava Gal-On, public√≥ un informe titulado ‚ÄúBlanqueo del apartheid‚ÄĚ. En una secci√≥n sobre las consecuencias de la anexi√≥n de jure, llev√≥ a cabo su propio blanqueo al argumentar que el apartheid en Cisjordania no lo practica actualmente Israel sino un r√©gimen separado: ‚ÄúAunque s√≥lo nos anexion√°ramos un metro cuadrado, el Estado de Israel renunciar√≠a a sus pretensiones democr√°ticas y abandonar√≠a su declarada intenci√≥n durante 53 a√Īos de poner fin al conflicto, de llegar a un acuerdo con los palestinos y de dejar de gobernarlos‚ÄĚ. Sin embargo, incluso la anexi√≥n ‚Äúno convierte necesariamente a Israel en un Estado de apartheid, sino que m√°s bien lo mantiene como un Estado que dirige un r√©gimen con caracter√≠sticas de apartheid en los territorios ocupados‚ÄĚ. Seg√ļn este criterio, la Sud√°frica del apartheid era una democracia -aunque imperfecta, como todas las democracias- que operaba con un r√©gimen con caracter√≠sticas de apartheid en las zonas destinadas a los negros y bantustanes. Esos bantustanes, dicho sea de paso, ten√≠an sus propias banderas, himnos, funcionarios, parlamentos, elecciones y un grado limitado de autonom√≠a no muy diferente al de la Autoridad Palestina.

Quiz√°s ninguna organizaci√≥n haya promovido la idea de reg√≠menes separados con m√°s fuerza que Yesh Din, una organizaci√≥n de derechos humanos que ha llevado a cabo una importante labor de defensa legal en nombre de los palestinos sometidos a la violencia de los colonos, homicidios ileg√≠timos y la destrucci√≥n de propiedades por las fuerzas de seguridad israel√≠es, confiscaci√≥n de tierras y restricciones para el acceso a sus tierras agr√≠colas. El a√Īo pasado Yesh Din se convirti√≥ en la primera organizaci√≥n israel√≠ en publicar un informe significativo acusando de apartheid a funcionarios del gobierno. Pero, al mismo tiempo, es una de las m√°s ac√©rrimas defensoras de la teor√≠a de los reg√≠menes separados. Las respuestas cambiantes e inconsistentes de Yesh Din a la pregunta de en qu√© punto Israel dejar√≠a de ser una democracia han sido representativas de las debilidades m√°s amplias que presenta el argumento de los reg√≠menes separados. La noche que el Likud firm√≥ su acuerdo de coalici√≥n con Azul y Blanco Yesh Din public√≥ un documento de posici√≥n sobre el potencial impacto de la anexi√≥n. ‚ÄúLa siguiente anexi√≥n‚ÄĚ, conclu√≠a,

‚ÄĚliquidar√° el argumento, que actualmente prevalece en muchos c√≠rculos, de que si bien el apartheid, o al menos un r√©gimen similar al apartheid, se practica actualmente en Cisjordania, el Estado soberano de Israel es una democracia. Aplicar la soberan√≠a israel√≠ a Cisjordania equivaldr√≠a a declarar que hay un √ļnico r√©gimen, en lugar de administraciones separadas. La anexi√≥n sin la ciudadan√≠a plena e igualdad de derechos para los residentes palestinos de la zona anexionada producir√≠a un verdadero r√©gimen de apartheid que Israel dif√≠cilmente podr√≠a negar. Tal r√©gimen perpetuar√≠a los abusos de los derechos humanos contra los palestinos, priv√°ndoles para siempre de libertad e igualdad‚ÄĚ.

Seg√ļn este razonamiento, Israel podr√≠a anexionar solo las √°reas habitadas por jud√≠os en Cisjordania, mantener su ocupaci√≥n de millones de palestinos en las √°reas adyacentes no anexionadas y seguir siendo democr√°tico. Quiz√°s consciente de las deficiencias de este argumento, Yesh Din modific√≥ posteriormente el documento. La nueva versi√≥n, publicada sin explicaci√≥n ni correcci√≥n algunas, declaraba que, despu√©s de la anexi√≥n, Israel ser√≠a un Estado de apartheid a menos que otorgara derechos plenos e iguales a los palestinos, no en ‚Äúel √°rea anexionada‚ÄĚ, como aparec√≠a en la versi√≥n original, sino en ‚Äútoda Cisjordania‚ÄĚ.

Esta formulaci√≥n permite a√ļn, al menos a los ojos de Yesh Din y grupos afines, que Israel siga siendo una democracia aunque mantenga a dos millones de palestinos en Gaza, el m√°s grande de sus enclaves √©tnicos, sin agua potable, alcantarillado operativo, electricidad regular o el derecho a entrar y salir libremente. Aunque Israel afirma que puso fin a su ocupaci√≥n de Gaza en 2005, todav√≠a controla las exportaciones, las importaciones, el espacio mar√≠timo y a√©reo, e incluso el registro de poblaci√≥n, que da un n√ļmero de identificaci√≥n √ļnico a todos los palestinos en el territorio, sin el cual no pueden salir, ni siquiera al otro lado de la frontera con Egipto. En el documento de Yesh Din tampoco aparec√≠a por ning√ļn lado sugerencia alguna de que Israel debiera otorgar derechos plenos e iguales a los palestinos en las √°reas anexionadas formalmente en 1967: Jerusal√©n Este y 28 aldeas circundantes de Cisjordania. Los residentes palestinos de estas √°reas todav√≠a no tienen ‚Äúciudadan√≠a plena e igualdad de derechos‚ÄĚ. Tampoco se hizo intento alguno de explicar por qu√© una anexi√≥n parcial de Cisjordania en 2020 convertir√≠a a Israel en un Estado de apartheid mientras que las anexiones de 1967 no lo hicieron.

En julio Yesh Din public√≥ una opini√≥n jur√≠dica de cincuenta p√°ginas, escrita por el abogado de derechos humanos Michael Sfard, que declaraba a los funcionarios israel√≠es culpables de apartheid, seg√ļn aparece definido en la Convenci√≥n de 1973 como ‚Äúactos inhumanos cometidos con el prop√≥sito de establecer y mantener la dominaci√≥n de un grupo racial de personas sobre cualquier otro grupo racial de personas, oprimi√©ndolas sistem√°ticamente‚ÄĚ. El derecho penal internacional reconoce los grupos raciales m√°s como grupos sociales que biol√≥gicos: en la Convenci√≥n Internacional sobre la Eliminaci√≥n de Todas las Formas de Discriminaci√≥n Racial, invocada en el pre√°mbulo de la Convenci√≥n del Apartheid de 1973, la ‚Äúdiscriminaci√≥n racial‚ÄĚ se define como ‚Äúcualquier distinci√≥n, exclusi√≥n, restricci√≥n o preferencia basada en la raza, color, ascendencia u origen nacional o √©tnico‚ÄĚ.

D√©cadas m√°s tarde, los Tribunales Penales Internacionales para Ruanda y para la ex Yugoslavia sostuvieron que la definici√≥n de grupo perseguido no era una cuesti√≥n de herencia, sino de estigmatizaci√≥n y de las percepciones subjetivas de los perseguidores. El derecho penal internacional se aplica a los individuos, no a los Estados, por lo que no es el gobierno israel√≠ sino sus funcionarios quienes podr√≠an ser procesados por perpetrar apartheid. Las organizaciones de derechos humanos B‚ÄôTselem y Adalah son los √ļnicos grupos importantes en Israel que han pedido a la CPI que inicie una investigaci√≥n sobre los cr√≠menes de guerra cometidos por funcionarios israel√≠es. Cuando el director ejecutivo de B‚ÄôTselem, Hagai El-Ad, habl√≥ en contra de las colonias en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2016, fue condenado por los legisladores israel√≠es de centro y centro-izquierda. El presidente de la coalici√≥n del Likud amenaz√≥ con despojarle de su ciudadan√≠a y un activista del Partido Laborista present√≥ una denuncia policial alegando que hab√≠a cometido traici√≥n.

El dictamen jur√≠dico de Yesh Din se centr√≥ √ļnicamente en si se est√° cometiendo el apartheid, ‚Äúno en qui√©n lo est√° cometiendo‚ÄĚ, y limit√≥ su alcance a las √°reas no anexionadas de Cisjordania (el √°rea principal de especializaci√≥n de Yesh Din), dejando fuera no solo a Gaza e Israel dentro de sus l√≠neas anteriores a 1967, sino tambi√©n las tierras anexionadas en 1967. Esto no se debi√≥ a que fuera inv√°lido examinar la subyugaci√≥n de los palestinos en todo el territorio bajo el control de Israel, afirm√≥ Sfard, sino porque a√ļn era posible, a pesar de la ‚Äúinsidiosa anexi√≥n legal‚ÄĚ, considerar que Cisjordania estaba gobernada por un ‚Äúr√©gimen‚ÄĚ separado o al menos un r√©gimen ‚Äúsubsidiario‚ÄĚ de Israel. Una de las ‚Äúdificultades‚ÄĚ de tratar a Cisjordania como un r√©gimen separado, reconoci√≥, es que parte de Cisjordania ya ha sido anexionada formalmente. El √°rea anexionada de Jerusal√©n Este y sus aldeas circundantes tienen muchos puntos en com√ļn con Cisjordania: sus residentes palestinos no son ciudadanos israel√≠es y, como tales, no votan ni tienen representaci√≥n pol√≠tica.

Adem√°s, Israel ha implementado una serie de pol√≠ticas en Jerusal√©n Oriental que son an√°logas, y a veces id√©nticas, a las que utiliza en Cisjordania: colonizaci√≥n masiva a trav√©s de un desarrollo centrado en Israel, que incentiva a decenas de miles de ciudadanos israel√≠es a establecerse en la zona, expropiaci√≥n masiva y despojo de tierras y propiedades palestinas, obstaculizaci√≥n del desarrollo palestino y desviaci√≥n de recursos en beneficio de los israel√≠es que se trasladan a la ciudad. Todo esto y principalmente la anexi√≥n ilegal, que no debe reconocerse, justifica que se trate a Jerusal√©n Oriental y a Cisjordania como una √ļnica unidad.

Sin embargo, el dictamen jur√≠dico de Yesh Din no entr√≥ a considerar eso. Tampoco examin√≥ las pol√≠ticas discriminatorias dentro de Israel, donde decenas de miles de ciudadanos palestinos viven en aldeas que Israel se niega a reconocer ni a conectarlas al agua y electricidad, y donde cientos de ciudades solo para jud√≠os tienen comit√©s de admisi√≥n a los que la ley permite rechazar a los palestinos con el pretexto de la ‚Äúidoneidad social‚ÄĚ, excluyendo as√≠ a los solicitantes que no han servido en el ej√©rcito israel√≠, que no son sionistas o que no tienen la intenci√≥n de enviar a sus hijos a escuelas en lengua hebrea. Israel se ha apoderado de m√°s de las tres cuartas partes de la tierra de sus ciudadanos palestinos.

Esta expropiaci√≥n es un proyecto continuo, particularmente en el Negev y Galilea, pero la mayor parte se llev√≥ a cabo, como hoy en Cisjordania, cuando los palestinos estaban bajo r√©gimen militar. En las siete d√©cadas de existencia de Israel solo ha habido seis meses, entre 1966-1967, en los que no puso a miembros de un grupo √©tnico bajo un gobierno militar mientras confiscaba sus tierras. Como ha se√Īalado el historiador israel√≠ Amnon Raz-Krakotzkin, ‚Äúesos seis meses, menos del uno por ciento de la existencia de Israel, son el punto de referencia para toda la discusi√≥n sobre Israel como ‚ÄėEstado democr√°tico jud√≠o‚Äô‚ÄĚ. Y, sin embargo, ‚Äúla excepci√≥n [‚Ķ] se convierte en la norma, mientras que la norma, la ocupaci√≥n, se presenta como la excepci√≥n‚ÄĚ.

El apartheid no podría haberse sostenido durante décadas sin los muchos patrocinadores, protectores y cómplices externos. El principal de ellos es EEUU, que ha otorgado más de 110.000 millones de dólares a la fuerza militar ocupante y ha gastado cientos de millones en mejorar las infraestructuras del apartheid, rehabilitar puestos de control y pavimentar las carreteras de Cisjordania. La UE es el principal financiero de los cantones autónomos palestinos y uno de los principales importadores de productos de las colonias. Juntos, EEUU y sus aliados europeos han intentado incansablemente evitar que el Consejo de Seguridad de la ONU y la Corte Penal Internacional hagan que Israel rinda cuentas.

Incluso aquellos que se presentan a s√≠ mismos como campeones de la libertad y los derechos humanos palestinos apoyan el statu quo. El representante de pol√≠tica exterior de la UE, Josep Borrell, dijo sobre el plan de Trump: ‚ÄúReconocemos [su] m√©rito‚ÄĚ y ‚Äútal vez sea un punto de partida para las negociaciones‚ÄĚ. La oficina del coordinador especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio descuida regularmente los mandatos b√°sicos de la ONU de proteger los derechos humanos y defender el derecho internacional, y prefiere ser un actor secundario en el ‚Äúproceso de paz‚ÄĚ liderado por EEUU. En octubre, despu√©s de que Israel potenciara sus planes para casi 5.000 casas nuevas en las colonias de Cisjordania, el enviado saliente de la ONU, Nickolay Mladenov, emiti√≥ una declaraci√≥n t√≠picamente insulsa, se√Īalando que la mayor√≠a de las casas estaban en ‚Äúubicaciones perif√©ricas en el interior de la Cisjordania ocupada‚ÄĚ y que ‚Äúel n√ļmero significativo y la ubicaci√≥n de las ampliaciones es motivo de gran preocupaci√≥n‚ÄĚ porque ‚Äúsocavan la perspectiva de lograr una soluci√≥n viable de dos Estados‚ÄĚ.

¬ŅEs el papel del enviado de la ONU distinguir entre colonias ilegales en las profundidades de Cisjordania y colonias ilegales m√°s pr√≥ximos a las l√≠neas anteriores a 1967? Con la ayuda de los ‚Äúpacificadores‚ÄĚ, la definici√≥n de lo que constituye ‚Äúperif√©rico‚ÄĚ avanza constantemente hacia el este. La ONU, al igual que EEUU, Europa y los grupos sionistas liberales, ha subordinado el derecho internacional y los derechos humanos a la santificaci√≥n de una soluci√≥n de dos Estados, que no aborda como un posible medio para lograr lo que deber√≠a ser el objetivo principal -poner fin a la opresi√≥n de millones de personas sobre la base de su origen √©tnico- sino como el objetivo en s√≠.

Diplom√°ticos y grupos antiocupaci√≥n bien intencionados acogen cada nuevo acto de expansi√≥n israel√≠ con advertencias nefastas de que ser√° un ‚Äúgolpe mortal‚ÄĚ para la soluci√≥n de dos Estados, que ‚Äúla ventana se est√° cerrando‚ÄĚ para la estatalidad palestina y que ahora, en v√≠speras de esta √ļltima absorci√≥n, estamos a ‚Äúcinco minutos de la medianoche‚ÄĚ para la perspectiva de paz. Innumerables alarmas de este tipo se han disparado durante las √ļltimas dos d√©cadas. Se supon√≠a que todos deb√≠an convencer a Israel, EEUU, Europa y el resto del mundo de la necesidad de detener o al menos ralentizar la anexi√≥n de facto de Israel. Pero han conseguido el efecto contrario: demostrar que siempre faltar√°n cinco minutos para la medianoche. Los legisladores europeos y estadounidenses, junto con los grupos sionistas liberales que los presionan, pueden as√≠ sostener que la soluci√≥n de dos Estados no est√° muerta sino simplemente asediada y, por lo tanto, permanentemente ‚Äúviva‚ÄĚ. Mientras tanto, millones de palestinos contin√ļan privados de sus derechos civiles b√°sicos y sometidos a un r√©gimen militar. Con la excepci√≥n de esos seis meses en 1966-1967, esta ha sido la realidad para la mayor√≠a de los palestinos que viven bajo el control israel√≠ durante toda la historia de ese Estado. El apartheid de Sud√°frica dur√≥ 46 a√Īos. El de Israel lleva ya 72, y suma y sigue‚Ķ

lrb.co.uk.. Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández. Extractado por La Haine.




Fuente: Lahaine.org