May 3, 2021
De parte de Capuche Informativa
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Hace un par de semanas pusimos en la palestra aquella incompetencia natural al sistema, esa incompetencia inherente ante la cat谩strofe que ha asolado el pa铆s. Esta limitaci贸n estructural, de una sociedad ultra liberal abocada completamente al mercado, no pod铆a responder de otra forma que con el sacrificio de miles de chilenos, exhaustos en los pasillos y camas de hospitales abarrotados. Con hambre y sin trabajo, constantemente la calle se ha configurado en el lienzo de las demandas del pueblo, en donde la renuncia del tirano y la redistribuci贸n de la riqueza suena m谩s fuerte que nunca. Sin embargo, la prensa ha actuado una y otra vez en tanto escudo de clase, present谩ndonos, a trav茅s de los paladines de la democracia burguesa, la urgencia del 鈥渄i谩logo鈥 y de una 鈥渟alida pol铆tica鈥 al descalabro de la pandemia. 

Es decir, como si se tratara de una p茅sima traducci贸n de los gritos de la calle, la realpolitik se esmera por conservar lo inconservable, de atenuar con f贸rmulas legales la necesidades reales de la gente: todo se debe encauzar por la v铆a institucional, pese a que morimos a cada segundo. Es todo lo que puede entregar el liberalismo, no puede actuar diferente frente a las grandes cat谩strofes de la humanidad. De este modo, la primac铆a de la tasa de ganancia convierte a los pueblos en carne para la moledora ante las crisis inevitables, fue as铆 en la Primera Guerra Mundial, en la crisis de 1929, en el ascenso del fascismo y en el genocidio de los 40. 

Hay que ser claros, el lenguaje con que los medios y las clases pol铆ticas tratan la crisis se apega a una concepci贸n t茅cnica del Estado y sus instituciones, mostrando enga帽osamente un fin altruista por sobre el inter茅s de salvaguardar la integridad estructural del sistema neoliberal. No obstante, presuponiendo una condici贸n democr谩tica ilusoria, los apologistas e ide贸logos del Estado tratan la grave crisis pol铆tica chilena cuid谩ndose de mantener lo m谩s posible un semblante de normalidad, mientras el gobierno gestiona la muerte y el hambre de sus plebeyos. Pero este lenguaje leguleyo ya no sirve para ocultar las maquinaciones pacificantes de la clase pol铆tica, por mucho que se anuncie en las p谩ginas de la prensa burguesa 鈥渆l fin del Antiguo R茅gimen鈥, lo que se advierte con alarmante claridad es que el R茅gimen Guzmaniano se est谩 acomodando para la preservaci贸n, es decir, a pesar de las promesas de cambio y transformaci贸n, los procesos internos de la maquinaria vienen a reestablecer un orden de clase, esta vez con legitimidad democr谩tica a trav茅s de acuerdos por la paz y 鈥渕铆nimos comunes鈥.

Cuando se nos dice que Yasna Provoste fue a hacer 鈥減ol铆tica鈥 a La Moneda, nuestra respuesta es claramente negativa. Que los poderes del Estado se junten a negociar y reconfigurar el diagrama de fuerza al interior de la maquinaria estatal es un asunto meramente administrativo, un proceso de reacomodo para mejorar las gesti贸n del Estado en torno a la opini贸n p煤blica, pero sin discrepancia alguna en t茅rminos de las estructuras que nos rigen y el lenguaje que las define. A los ingenuos que quieren ver un funcionamiento ordenado y democr谩tico de las instituciones en estas juntas palaciegas de la casta pol铆tica, les recordamos lo que el Estallido Social vino a dejar en claro, la pol铆tica real la marca la oposici贸n del pueblo a la dominaci贸n olig谩rquica. Los cambios que tanto pregonan aquellos cr茅dulos progresistas, desvirtuando los logros del pueblo, no fueron resultado del 鈥渄i谩logo鈥 o 鈥渁cuerdos鈥 sino con la violenta interrupci贸n de la gesti贸n policial del Estado contra la sociedad. De ser por acuerdos y di谩logos a煤n estar铆amos en transici贸n a la democracia. 

Ante una m谩quina cuyo principio y fin es mantener sometido al pueblo a un r茅gimen de explotaci贸n y sumisi贸n, la pretensi贸n de algunos, adictos a los lenguajes m谩gicos del dominio y de la 鈥渄emocratizaci贸n del Estado鈥, es una cruel y oscura fantas铆a. El cambio desde dentro ya ha probado ser una falacia, ahora s贸lo nos queda desbaratar la m谩quina: lo que falta es corroer desde fuera la torre oscura de esta hegemon铆a. 

Esto ya lo propon铆an hace m谩s de 300 a帽os autores como V谩zquez de Menchaca y Juan de Mariana, ambos vivieron en una monarqu铆a que parec铆a nunca menguar y cuya cota de poder y expansi贸n alcanzaba m谩ximos hist贸ricos. V谩zquez en 1563 plante贸 que en ausencia de ayuda externa o divina, los s煤bditos pod铆an actuar directamente contra el r茅gimen que se ha transfigurado en tiran铆a, o cuando  芦el pr铆ncipe abusa intolerablemente del supremo poder禄. Mariana en 1599, afirm贸 que nunca habr铆a inconveniente en quitar del trono a un tirano, cualquier opini贸n neutral ante el poder corrompido, termina por defenderlo, ser parte de 茅l. Quien quiera que se apodere violentamente de la soberan铆a y el consentimiento del pueblo, puede ser despojado de su poder. Aquellos que menosprecien las leyes morales y 鈥渄esaf铆en con su arrogancia y su impiedad al propio cielo鈥, deber谩n enfrentar la resistencia leg铆tima del pueblo contra la tiran铆a. De este modo, el inter茅s social, su interacci贸n, antecede a cualquier forma institucional de poder pol铆tico, por lo que la sociedad puede recuperar sus derechos plenos usurpados por la clase dirigente. 

Estas nociones conocidas hace tres siglos nos invitan a reflexionar sobre nuestro presente. En presencia de un gobierno que ha alcanzado altos niveles de totalitarismo, sometiendo a la poblaci贸n al hambre y represi贸n, es leg铆tima aquella demanda popular acerca de la renuncia o destituci贸n de Pi帽era. Demanda que ha tenido como obst谩culo a los otros dos poderes del Estado, quienes temiendo la decadencia total del sistema, se acuartelan en sus acuerdos y salidas pol铆ticas. El desplome del gobierno de Pi帽era marcar铆a un precedente, no tanto de la inestabilidad, sino de la aparici贸n material de la soberan铆a popular, devolviendo parte del poder original a la ciudadan铆a. Sin embargo, las falacias democr谩ticas de progresistas y fascistas, tienden constantemente a alejar al plebeyo de las decisiones a trav茅s de un voto. El cambio del Antiguo R茅gimen no ser谩 por un l谩piz y un papel, ser谩 cuando todo el poder est茅 en manos del pueblo, y ese camino comienza reci茅n con la salida del tirano.   

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Fuente: Capuchainformativa.org