September 14, 2021
De parte de Nodo50
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Por Julia Pascolini para La tinta

鈥淎 esos hay que meterles un palo por el orto bien caliente, que caigan en cana, 驴y ah铆? Ah铆 que les hagan lo que quieran鈥. Var贸n X en medio de una conversaci贸n que no inici茅 ni sostuve.

El escrache, la cultura de la cancelaci贸n y las perspectivas no punitivas pertenecen al mismo orden social, por lo tanto, responden a tensiones presentes, por ejemplo, en los feminismos. El segundo enunciado es propio de una conversaci贸n que sostuvo conmigo -aunque unilateralmente- un var贸n. As铆, qued贸 expresada su opini贸n en relaci贸n al ejercicio de la violencia de g茅nero por parte de otros varones que evidentemente no son 茅l.
Puede que parezca una ensalada: escrache, cancelar, un var贸n apostando a la violaci贸n como forma de aprendizaje (y castigo). Un poco lo es, porque no es lo mismo que una piba elija denunciar a trav茅s del escrache -o se encuentre en esa secuencia- porque: el Estado no respondi贸 a sus demandas, existi贸 el temor a represalias o a la re-victimizaci贸n, etc茅tera, que un var贸n que comprende y expresa sin tapujos que al violador hay que violarlo.

Si bien es necesario hacer la diferenciaci贸n pertinente, es cierto que las l贸gicas punitivas son permeables a todos los c铆rculos sociales. Expresadas de forma diferente y producto de hechos completamente diferentes. Por ejemplo, la falta de pol铆ticas que agilicen los procesos judiciales despierta la necesidad de alertar a la sociedad sobre la persona que ejerci贸 violencia por motivos de g茅nero. Adem谩s, la pregunta y el cuestionamiento por parte de ciertos agentes estatales ponen en duda la palabra de la persona sobreviviente. Como es l贸gico, eso desencadena en el agotamiento y posterior b煤squeda de justicia en otros m茅todos no institucionales.

El escrache, pr谩ctica historizada

Con el retorno de la democracia en Argentina, la agrupaci贸n Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S) recuper贸 el t茅rmino escrache para denominar las pr谩cticas colectivas que buscaban romper con el anonimato de los genocidas que hab铆an cometido cr铆menes en la 煤ltima dictadura c铆vico-militar. Los escraches buscaron denunciar y visibilizar el hecho de que responsables de cometer cr铆menes atroces siguieran ocupando cargos en el Estado, en las Fuerzas de Seguridad o anduvieran por la calle sin mayores represalias. El contexto: un Poder Ejecutivo, avalado por los poderes Judicial y Legislativo, sosteniendo un pacto de impunidad.

A pesar de que, desde sus comienzos, los escraches recibieron duras cr铆ticas cuestionando la modalidad del reclamo -su car谩cter violento y la amenaza de diluir las fronteras entre lo p煤blico y lo privado-, la pr谩ctica fue recuperada por organismos de derechos humanos de otros pa铆ses del continente. El escrache como pr谩ctica es una medida de urgencia ante la falta de respuestas a conflictos de m谩xima gravedad. En este sentido, la escalada de escraches llevados adelante en el per铆odo 2016/2018, respectivamente, no est谩 exenta de esa 鈥渞espuesta a la urgencia鈥.

A ver qui茅n se帽ala primero: de c贸mo se criminaliza al movimiento feminista

Existe un problema en relaci贸n a c贸mo es percibido el escrache en el 谩mbito p煤blico. Se lo punitiviza, tal como se punitiviza a la persona que est谩 en cana y es asociada a lo salvaje, lo violento, lo deshumanizado. Ambas partes terminan siendo v铆ctimas de una serie de hechos que las criminalizan y acusan de ser 鈥渧iolentas y punitivistas鈥. 驴Hay algo que no sea punitivo en nuestro orden social, econ贸mico y cultural? 驴Hay alguien que est茅 exento de esa pr谩ctica? 驴No es parte de los acuerdos sociales a los que adherimos tanto consciente como inconscientemente?

Tal como lo indica el t茅rmino, el escrache atiende a lo que urge y que no debe urgir para siempre. Se desprende entonces la otra parte del escrache: no puede durar para siempre. No tiene fecha de caducidad, pero s铆 tiene fecha de caducidad. No casualmente, los escraches que acontecieron en nuestro pa铆s fueron en el per铆odo de un gobierno que desinfl贸 grandemente los presupuestos destinados al abordaje de las violencias por motivos de g茅nero. Si bien tambi茅n tuvo que ver con el hartazgo de sobrevivientes, la falta de respuestas por parte de la justicia y la creaci贸n del movimiento Ni Una Menos, aportaron tambi茅n cuestiones del orden pol铆tico y econ贸mico caracter铆sticas de ese tiempo.

驴Y ahora?

Antesala para preguntarnos: 驴creemos en el Estado? 驴En qu茅 Estado creemos? Si la pr谩ctica del escrache se sostiene, 驴se derrumba lo institucional? No se derrumba, pero s铆 debemos ser inteligentes en la forma. Tomar de los escraches todos los llamados de atenci贸n, ponerlos sobre la mesa y hacerlo tensionar. El escrache tiene, o debe tener, un momento de conversi贸n en pol铆tica p煤blica. Todo eso que se construy贸 discursivamente, gracias al movimiento feminista y a la visibilizaci贸n de muchas violencias por motivos de g茅nero, debe traducirse, en alg煤n momento, en pol铆tica de Estado.

Eso sucedi贸, se crearon ministerios destinados al abordaje de la tem谩tica, se fortalecieron los espacios de capacitaci贸n y formaci贸n en materia de g茅nero en todos los estamentos del Estado, etc. 驴Es suficiente? No, nunca lo ser谩. Porque la violencia es una pr谩ctica transversal a toda la sociedad y excede las cuestiones de g茅nero. Como tal, interpela a varones, mujeres y disidencias. Por esto, es necesario abordar las violencias por motivos de g茅nero con los varones, a trav茅s del trabajo en materia de capacitaci贸n y formaci贸n. Aqu铆 entra el segundo debate: y la cultura de la cancelaci贸n, 驴qu茅 onda?

Cultura de la cancelaci贸n

驴Sirve cancelar a la persona que ejerci贸 violencia por motivos de g茅nero? Quiz谩s es una forma de reparaci贸n para la persona sobreviviente, pero, 驴la reparaci贸n asociada a la cancelaci贸n? Si esa persona va a ocupar nuevos espacios, nuevos v铆nculos y ejercer谩 nuevos tipos de violencia, 驴es efectiva la cancelaci贸n? Es cierto que una forma de responder a la impunidad es la visibilizaci贸n.

El problema ser铆a que se extienda esa pr谩ctica, tal como sucede con el escrache, y no se piensen espacios de abordaje de las violencias por motivos de g茅nero con las personas que la ejercieron. La c谩rcel, en ese sentido, opera como dep贸sito de personas marginadas (por diferentes motivos). En ese grupo poblacional, entran varones que ejercieron diferentes tipos de violencia y que all铆 dentro sufren otras por parte del sistema penitenciario (bonaerense) y de otros internos. La responsabilidad, una vez m谩s, es del Estado, ya que, a diferencia de otros pa铆ses, en Argentina, los lugares de encierro dependen exclusivamente de 贸rganos p煤blicos.

Pero, 驴en qu茅 Estado creemos? Un Estado que re煤ne efectivamente a todas las partes, o sea, un Estado del que participan todas las personas y no es pensado en t茅rminos mercantiles: cliente-proveedor. La cultura de la cancelaci贸n podr铆a obturar ciertos procesos de re-aprendizaje en materia vincular. Si bien apunta sobre todo a varones con llegada p煤blica, es cierto que termina trascendiendo ese hecho. Por momentos, anula el debate y excluye a la persona que ejerci贸 violencia por motivos de g茅nero.

Inclusive en los contextos carcelarios, la persona que ejerci贸 violencia por motivos de g茅nero accede a menos beneficios y sufre violencias vinculadas a la 鈥渧enganza鈥 por lo que hizo. Esa persona, 驴c贸mo sale de la c谩rcel? 驴Renovada y fresca, o convencida de que la violencia es el mejor m茅todo de castigo? La violaci贸n es un m茅todo de control social. Una forma de demostrar poder bastante alejada, de hecho, de tener su origen en el deseo sexual. Entonces, atender al abordaje de la violencia por motivos de g茅nero tiene que ver con encontrar los espacios para hacerlo sin silenciar ese debate ni reducir su llegada solo a quienes, en teor铆a, no la ejercen.

Poner del otro lado la pr谩ctica de la violencia obtura un hecho real que es: todes ejercemos diferentes tipos de violencia y no por eso somos menos sujetes de derecho en relaci贸n a las responsabilidades del Estado. Visibilizar a trav茅s de la cancelaci贸n es un m茅todo que sirve, al igual que el escrache, como respuesta urgente a un conflicto grave. En este sentido, tambi茅n deber铆a tener su tiempo de conversi贸n a la pol铆tica p煤blica, de pensar nuevas estrategias de abordaje de esas violencias por motivos de g茅nero y no de exclusi贸n de la persona que las ejerce.

*Por Julia Pascolini para La tinta / Imagen de portada: Javier Joaqu铆n

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Fuente: Latinta.com.ar