August 5, 2022
De parte de Nodo50
221 puntos de vista

Realmente quieren matarlo. Tal vez ya es hora de que sus detractores y esc茅pticos, que han demostrado estar equivocados esencialmente desde el principio, admitan que el imperio estadounidense, junto con sus estados clientes, est谩 deseando ver a Julian Assange perecer en prisi贸n. La localidad y el lugar no son relevantes para su prop贸sito. Al igual que con la Inquisici贸n, la Iglesia Cat贸lica nunca fue partidaria de ensuciarse las manos, prefiriendo el empleo de figuras no eclesi谩sticas para torturar a sus v铆ctimas.

En el caso de Assange, Gran Breta帽a ha sido un carcelero voluntarioso desde el principio, guiado por los buenos oficios de Washington, y no demasiado interesado en ver libre a este difusor de secretos.  El Gobierno brit谩nico rechaz贸 en repetidas ocasiones e inexcusablemente la libertad bajo fianza, a pesar de las amenazas de COVID-19, del deterioro de la salud del propio editor y de las restricciones de acceso, a intervalos regulares, al asesoramiento legal de su equipo.  Al igual que se considera que algunos bancos son demasiado grandes para quebrar, a Assange se le considera un objetivo demasiado grande para permitirle escapar. Si se le dejara libre de nuevo, podr铆a hacer lo que mejor sabe hacer: revelar las corrupciones del Gobierno en la guerra y en la paz y demostrar que el contrato social es un burdo enga帽o y una burla a nuestra sensibilidad.

El sistema jur铆dico del Reino Unido ha sido el foro ideal
para ejecutar los deseos de Washington. 
Cada rama jur铆dica que ha examinado el caso de extradici贸n ha evitado
diligentemente encarar el fondo del asunto: el ataque a la libertad de prensa,
la exposici贸n de los cr铆menes de guerra, la vigilancia ilegal de un refugiado
pol铆tico en el recinto de una embajada, las violaciones de la intimidad y el
secreto legal, las intromisiones en la vida familiar, las pruebas sobre la
propuesta de secuestro y asesinato, los cuestionables conflictos de intereses
de algunos miembros judiciales, la connivencia de las autoridades del Estado鈥

En lugar de ello, los tribunales han utilizado una cuchilla para rebanar los argumentos m谩s s贸lidos, centr谩ndose en una rodaja que, en su momento, ser铆a derrotada.  La 煤nica decisi贸n que favoreci贸 a Assange fue considerarlo un individuo cuya fragilidad mental le har铆a peligrar en un centro penitenciario estadounidense. En tal caso, ser铆a pr谩cticamente imposible evitar el suicidio.  La jueza de distrito Vanessa Baraitser, que dict贸 la sentencia, tuvo poco en cuenta las credenciales del editor, coincidiendo de coraz贸n con la acusaci贸n en que ning煤n periodista habr铆a expuesto los nombres de los informantes.  (Esta farsa de interpretaci贸n fue rebatida de forma convincente en el juicio de Old Bailey).

El resto ha sido un espect谩culo grotesco de proporciones colosales,
en el que el Alto Tribunal y el Tribunal Supremo han demostrado ser unos
zopencos pol铆ticos o, lo que no es mucho mejor, unos incautos.  Creer en las garant铆as diplom谩ticas de los
fiscales estadounidenses sobre el destino de Assange despu茅s de la extradici贸n,
ofrecidas a posteriori, recordaba terriblemente la pr谩ctica de ama帽ar un
partido para que uno de los equipos gane. 
Todos sabemos que los casos judiciales y la ley pueden compararse a las
apuestas y a la asunci贸n de riesgos: el resultado nunca est谩 claro hasta que se
produce, pero en este caso era extremadamente rid铆culo.

Para cualquiera que haya seguido el juicio y conozca la
debilidad de las garant铆as ofrecidas por una potencia estatal, especialmente si
tiene el peso de los Estados Unidos, las promesas de un encierro m谩s c贸modo, no
sujeto a brutales medidas administrativas especiales y de poder solicitar el
regreso a Australia para cumplir all铆 el resto de la condena, eran pura y
apestosa palabrer铆a.

Amnist铆a Internacional es inequ铆voca en este punto: los
gobiernos utilizan las garant铆as diplom谩ticas para 芦eludir禄 diversos
convenios de derechos humanos, y el simple hecho de que se soliciten crea sus
propios peligros.  芦El mero hecho de
que los estados necesiten pedir garant铆as diplom谩ticas contra la tortura y
otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes es indicativo de que
existe riesgo de tortura禄.

Las autoridades fiscales estadounidenses han llegado incluso
a debilitar su propia posici贸n, condicionando sus compromisos.  Como de costumbre, vuelven a centrar la
atenci贸n en Assange, sugiriendo que podr铆a influir en ciertos asuntos por su
propia conducta maliciosa.  En
definitiva, nada de lo que se dijo era vinculante, y el pegamento que manten铆a
las promesas podr铆a, en cualquier momento, disolverse.

Admirablemente, Assange sigue teniendo algunos seguidores muy dedicados que le desean lo mejor y quieren verle libre.  El diputado australiano independiente Andrew Wilkie posee el tipo de certeza que puede pulverizar las actitudes de los esc茅pticos sombr铆os, aunque incluso 茅l deba alimentar algunas dudas.  En su discurso a los partidarios de Assange en Camberra, pronunciado en los jardines del Parlamento australiano, se mostr贸 confiado en que si se mantiene 芦la presi贸n禄 se acabar谩 haciendo justicia con el editor.

En un escueto resumen, Wilkie sintetiz贸 el caso:
芦Estados Unidos quiere vengarse y, durante mucho tiempo, el Reino Unido y
Australia se han contentado con seguir el juego porque han antepuesto las
relaciones bilaterales con Washington a los derechos de un hombre
decente禄.  Es preciso mantener la
rabia, inst贸 a su audiencia.

El asunto se considera tan urgente que los m茅dicos
australianos de Assange han advertido de que la muerte puede estar asomada a la
vuelta de la esquina.  芦Los ex谩menes
m茅dicos realizados a Julian Assange en la prisi贸n de Belmarsh, en el Reino
Unido禄, declar贸 el portavoz Robert Marr, 芦han revelado que padece
graves afecciones cardiovasculares y relacionadas con el estr茅s que ponen en
peligro su vida, y que incluso ha sufrido un peque帽o accidente cerebrovascular
como consecuencia de su encarcelamiento y de la tortura psicol贸gica.禄

La organizaci贸n ha escrito a la embajadora de Estados Unidos
en Australia, Carolyn Kenney, 芦pidi茅ndole que solicite urgentemente al
presidente Biden que ponga fin a la persecuci贸n por parte de Estados Unidos del
ciudadano australiano Julian Assange por la mera publicaci贸n de informaci贸n que
se le ha facilitado y que ponga fin al intento de Estados Unidos de
extraditarlo desde el Reino Unido禄.

Desde la perspectiva australiana, vemos que se pretende enfocar el destino de Assange sin prisa alguna y con toda cautela, lo que tambi茅n es concordante con la agenda letal que persiguen los fiscales estadounidenses. A pesar del cambio de guardia en Camberra *, el statu quo de las relaciones de poder entre los dos pa铆ses permanece inalterado.  Todos, salvo Assange, parecen tener tiempo para esperar.  Pero en t茅rminos de vida y salud, el tiempo se est谩 acabando.

* N. de T.: En mayo de este a帽o el Gobierno australiano cambi贸 de manos y los socialdem贸cratas retomaron el poder tras nueve a帽os de gobierno conservador.

Fuente: https://www.counterpunch.org/2022/08/01/penal-assassination-the-gradual-effort-to-kill-assange/

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Fuente: Rebelion.org