May 10, 2021
De parte de Nodo50
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Desde el 28 de abril, Colombia vive una multitudinaria ola de movilizaciones similar a la que se produjo en 2019, con causas de descontento semejantes. Este nuevo ciclo de protestas tiene lugar en el tercer pico de la pandemia, en medio de un fr谩gil proceso de paz y con los peores indicadores sociales de la historia del pa铆s. El covid-19 ha sido particularmente fuerte con la sociedad colombiana: a d铆a de hoy, Colombia es el tercer pa铆s con mayor n煤mero de muertos y contagiados en Am茅rica Latina. Adem谩s, el nivel de pobreza lleg贸 a 42%, valor que no se ve铆a desde hace una d茅cada. Hoy, 15% de los colombianos viven en la pobreza extrema y no logran consumir tres comidas al d铆a.

En este contexto, el renunciado ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla present贸 la reforma tributaria m谩s ambiciosa, en t茅rminos de recaudaci贸n, de los 煤ltimos a帽os. Lo hizo, principalmente, para pagar la elevada deuda del pa铆s e intentar frenar una posible p茅rdida del grado de inversi贸n de las calificadoras internacionales. En menor medida, lo hizo tambi茅n para invertir en programas sociales.

A d铆a de hoy, Colombia es el tercer pa铆s con mayor n煤mero de muertos y contagiados en Am茅rica Latina

La reforma tributaria, que el gobierno llam贸 eufem铆sticamente 芦Ley de Solidaridad Sostenible禄, fue impopular incluso antes de que su contenido se diera a conocer. El ministerio socializ贸 partes de la reforma antes de que fuera radicada con gremios empresariales amigos e incluso estuvo en una reuni贸n cerrada en palacio con Tom谩s Uribe, el hijo del ex-presidente 脕lvaro Uribe, quien no tiene ning煤n cargo pol铆tico o mandato oficial. Esto, como era de esperarse, incomod贸 a varios pol铆ticos. Una vez que se conoci贸 la reforma, los partidos pol铆ticos de oposici贸n promovieron una votaci贸n negativa en el Congreso. Algunos partidos cercanos al gobierno, como Cambio Radical, tambi茅n se opusieron a la propuesta, y ni el mismo 脕lvaro Uribe luc铆a muy convencido de ella.

Hasta ese momento, parec铆a tratarse de otra propuesta de reforma tributaria impopular que iba a ser aprobada en la sede parlamentaria. Hay que recordar que, en 2016, el ex-presidente Juan Manuel Santos aument贸 la tarifa general del IVA de 16% a 19%. Adem谩s, las dos pasadas reformas de Iv谩n Duque inclu铆an beneficios tributarios onerosos para grandes empresas. Todas estas fueron medidas impopulares que lograron aprobaci贸n parlamentaria sin mayor escrutinio. Las cuentas en el Congreso para aprobar la Ley de Solidaridad no parec铆an f谩ciles, dado el rechazo de los partidos cercanos al gobierno. Sin embargo, Uribe ya se estaba encargando de conversar personalmente con ellos para lograr los votos necesarios con el fin de lograr una mayor铆a. Con la presi贸n directa del ex-presidente, era probable que finalmente se consiguiera el resultado favorable.

En Colombia, el nivel de pobreza es del 42%. El 15% de los colombianos viven actualmente en la pobreza extrema y no logran consumir tres comidas al d铆a

Sin embargo, el futuro de la reforma no se defini贸 en el Congreso, como hab铆a sucedido siempre, sino en las calles, lo que marca un hecho in茅dito en Colombia. Si bien aun antes de la radicaci贸n del proyecto las centrales obreras hab铆an convocado un paro para el 28 de abril, la divulgaci贸n del articulado de la ley d铆as antes de la protesta convirti贸 el rechazo hacia la reforma  鈥搚 hacia el ministro鈥 en el lema de la movilizaci贸n. El malestar ven铆a de algunos puntos espec铆ficos de la ley, como ciertos aumentos en el IVA a servicios p煤blicos e impuestos a los combustibles, y el congelamiento de los salarios de los empleados p煤blicos, quienes tienen el convenio colectivo con mayor cobertura en el pa铆s. La molestia principal no eran los eventuales resultados de la reforma 鈥損od铆a beneficiar a los m谩s pobres con ayudas sociales y reducir la desigualdad de ingresos鈥, sino el sujeto al que presionaba para conseguir su objetivo. La presi贸n tributaria no se dirig铆a principalmente a los estratos m谩s ricos de la sociedad, sino a los ya golpeados sectores medios. Y es que lo que hoy en Colombia se conoce como clase media es un amplio conglomerado integrado mayoritariamente por individuos que no ganan ni siquiera el salario m铆nimo y que tienen una limitada capacidad contributiva, en un pa铆s con pocos servicios y bienes sociales p煤blicos.

La ley dej贸 en evidencia la desconexi贸n entre la tecnocracia colombiana y su pueblo. Este alejamiento qued贸 evidenciado en una entrevista en la que el ministro, mientras explicaba las medidas sobre el IVA que llevar铆an al aumento del precio de los huevos, se帽al贸 que 12 huevos en Colombia costaban menos de una tercera parte de lo que en realidad valen. Tras las declaraciones, el huevo se convirti贸 en un s铆mbolo que se incorpor贸 en las pancartas de las manifestaciones y el ministro, por su parte, pas贸 a personificar la desconexi贸n del gobierno con la sociedad. Una desconexi贸n similar se vio tambi茅n entre el pueblo y la academia ortodoxa, que constantemente trat贸 a los manifestantes de desinformados que no entend铆an la filigrana de la reforma y por eso se opon铆an a ella. Treinta destacados economistas del pa铆s llegaron a redactar una carta p煤blica apoyando la propuesta tributaria.

A pesar de que Colombia est谩 pasando por el tercer pico de la pandemia 鈥揺l m谩s fuerte hasta el momento鈥, las manifestaciones han sido multitudinarias, incluso en ciudades intermedias bastante conservadoras. Su pregnancia ha sido tal que las protestas han continuado, a pesar de que el 27 de abril un tribunal orden贸 su suspensi贸n y de que rigen diversos decretos de toques de queda (algunos reg铆an ya por la pandemia y otros se produjeron para frenar las protestas). En algunas ciudades las manifestaciones han sido particularmente fuertes. Cali, que hoy se autodenomina la 芦capital de la resistencia禄, en medio de un desabastecimiento general y del bloqueo de todas las entradas, incluso la del aeropuerto, es quiz谩s la expresi贸n m谩xima de ello. Los l铆deres locales de las grandes ciudades como Bogot谩, Medell铆n y la misma Cali no solo desafiaron los decretos de suspensi贸n y los toques de queda, sino que se posicionaron directamente en contra de la militarizaci贸n ordenada por el gobierno. Algunas ciudades medianas buscaron salidas democr谩ticas pac铆ficas, por ejemplo en mesas conjuntas de la ciudadan铆a y los militares, como sucedi贸 en Cartagena.

Duque siempre ha sido impopular, pero su manejo de la pandemia y sus desatinos en su programa de televisi贸n no han hecho m谩s que empeorar su imagen

Aunque ya hubo muertos en las manifestaciones anteriores, el estado de violencia y represi贸n que se ha vivido no tiene precedentes. Temblores, una importante organizaci贸n de defensa de los derechos humanos, ha reportado, entre el 28 de abril y el 6 de mayo, 37 v铆ctimas por violencia homicida por parte de la polic铆a y m谩s de 1.728 casos de violencia policial, incluyendo violencia sexual contra mujeres. La Defensor铆a del Pueblo reporta un n煤mero de 89 desaparecidos, mientras que distintas organizaciones no gubernamentales hablan de m谩s de 170. Muchos temen que la ineficacia del sistema judicial lleve otra vez a la impunidad de estos cr铆menes, como ya sucedi贸 con casos semejantes en 2020. Los medios y el establishment han sostenido, por su parte, que se han producido graves e injustificables ataques contra la polic铆a y vandalismo contra propiedad p煤blica y privada. En una sociedad que, tras a帽os de conflicto interno, se encuentra inmersa en un proceso de justicia transicional cuyo lema es el de 芦no repetici贸n禄, el escenario resulta aterrador. Colombia ya ha padecido ciclos muy fuertes de conflicto interno como para ignorar que m谩s violencia evoca a煤n m谩s violencia, en un espiral que parece no tener fin.

Para ponerlo en contexto, las violaciones de derechos humanos por parte de la polic铆a superan, en solo cuatro d铆as, las cometidas en Chile durante varios meses de protesta en 2019. Organizaciones de la sociedad civil colombiana denuncian que la violencia policial es una pr谩ctica difundida dentro de las manifestaciones. Mientras contin煤an las violaciones de derechos humanos, la consejera presidencial de Derechos Humanos asegur贸 en una entrevista que 芦los derechos humanos solo existen si todos los ciudadanos observamos los deberes que tenemos para ser parte de la sociedad, porque la protecci贸n de los derechos es un asunto de todos禄. De manera semejante reaccion贸 tambi茅n el gobierno ante las cr铆ticas de m煤ltiples organismos internacionales, que pidieron el 4 de mayo una aclaraci贸n de los hechos cometidos y el respeto de los derechos humanos.

En medio de esta escalada de violencia, el paro tuvo su primer triunfo el 2 de mayo: el presidente orden贸 retirar la reforma tributaria y acept贸 la renuncia de Carrasquilla. Esto representa un descalabro pol铆tico para un gobierno muy debilitado y un problema para el partido del gobierno en vistas a las elecciones de 2022.

La realidad es que la gesti贸n del presidente Duque siempre ha sido impopular, pero su manejo de la pandemia 鈥揵asado casi exclusivamente en decretos鈥 y sus desatinos continuos en su programa diario de televisi贸n no han hecho m谩s que empeorar su imagen. Adem谩s, desde hace m谩s de un a帽o, el Congreso solo act煤a de manera virtual y se esfuerza poco por cumplir su funci贸n de control pol铆tico. Este hecho ha contribuido a llevar a la democracia colombiana a una crisis.

Frente a la continuaci贸n anunciada del paro, la pregunta es c贸mo superar, en medio de la violencia desbordada, la profunda crisis de gobernabilidad de esta administraci贸n. La estrategia del gobierno para manejar la protesta parece ser la misma que en 2019: iniciar un di谩logo, cuando lo que realmente se necesita es una negociaci贸n seria. Adem谩s, junto con los actos de violencia policial, no queda claro si esta estrategia de di谩logo puede llevar a desescalar la situaci贸n y a reparar la confianza de los sectores que se han movilizado. El problema es tan agudo que algunos manifestantes, al igual que el ala de extrema derecha del partido de gobierno, han pedido la destituci贸n del presidente. Otros sectores est谩n pidiendo, por su parte, la declaraci贸n de un estado de conmoci贸n interior.

La falta de apoyo al presidente, la crisis derivada de la pandemia y las protestas multitudinarias con altos niveles de violencia, en medio de la crisis social y econ贸mica m谩s grande de la historia, parecen constituir una carga demasiado grande para Duque. Pero en el sistema presidencialista no hay salidas f谩ciles para un gobierno que enfrenta una crisis de esta magnitud. Para salir de la crisis de gobernabilidad, algunos miembros destacados del partido de gobierno han pedido un cambio inmediato en la Presidencia. Seguramente, el partido tiene entre sus opciones explotar las manifestaciones para estos fines. Desde fuera, esta parece ser una estrategia arriesgada, porque el espectro pol铆tico de la centroderecha y la extrema derecha no ha definido sus candidaturas hasta ahora. En el Centro Democr谩tico, el partido del presidente, no ha surgido un liderazgo convincente. Es probable que, confiando en el fuerte institucionalismo que siempre ha guiado al pueblo colombiano y que ha garantizado la estabilidad del sistema pol铆tico, se busque finalmente una salida institucional. Esta se presenta en menos de diez meses, a trav茅s de elecciones legislativas y luego presidenciales.

Colombia vive un despertar democr谩tico de la ciudadan铆a hacia temas de justicia econ贸mica, adem谩s de poner en claro que las pol铆ticas p煤blicas se hagan de frente y no de espaldas a ella

Si bien es cierto que el gobierno y Centro Democr谩tico salen de la 煤ltima semana fuertemente debilitados, no es f谩cil identificar ganadores pol铆ticos que puedan beneficiarse de esta crisis. Ganan, seguramente, los partidos pol铆ticos de la oposici贸n, que se posicionaron pronto contra la reforma y que, adem谩s, han estado acompa帽ando las protestas en los territorios. El llamado Pacto Hist贸rico, una alianza alrededor del candidato de izquierda Gustavo Petro, parece tomar impulso. El Pacto Hist贸rico ha apoyado abiertamente al comit茅 del paro, aunque tambi茅n otros partidos han declarado empat铆a y solidaridad con los manifestantes. En efecto, seg煤n las m谩s recientes encuestas, Petro tiene las mejores posibilidades de ganar las elecciones de 2022. Esto es as铆 incluso cuando recientes sondeos tambi茅n indican que la mayor铆a de los colombianos se ubican en el centro dentro del espectro pol铆tico. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las encuestas no siempre resultan confiables: recordemos que los sondeos realizados en Colombia en 2016 anunciaban un resultado afirmativo arrollador al plebiscito sobre el Acuerdo de Paz.

Sea quien fuere la ganadora o el ganador de esta situaci贸n, algo resulta evidente: para ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales, esa persona deber谩 ser capaz de movilizar no solo a los manifestantes, sino tambi茅n a una buena parte del establishment.

Quien gane pol铆ticamente con la situaci贸n de 2021 se enfrentar谩, adem谩s, a un nuevo reto: la ca铆da de la reforma tributaria y del ministro. Este es un hito hist贸rico que muestra que Colombia se encuentra frente a un despertar democr谩tico de la ciudadan铆a hacia temas de justicia econ贸mica, adem谩s de poner en claro la vocaci贸n ciudadana de que las pol铆ticas p煤blicas se hagan de frente y no de espaldas a ella. Para realizar cambios estructurales y transformar la sociedad colombiana, ser谩 precisa una alianza que pueda inspirar una mayor confianza popular y la certeza de que se construir谩 una democracia deliberativa m谩s incluyente, con una propuesta social y econ贸mica m谩s equitativa. A su vez, ser谩 necesario asumir que los proyectos pol铆ticos deben ser consensuados y discutidos m谩s ampliamente con sectores pol铆ticos y sociales diversos. El progreso hacia la paz estable y la justicia social debe hacerse a trav茅s de una soluci贸n negociada de estos conflictos socioecon贸micos, fortaleciendo las instituciones democr谩ticas y cumpliendo las normas internacionales de derechos humanos. 

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Este art铆culo fue publicado originalmente en Nueva Sociedad.

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Mar铆a Fernanda Vald茅s es economista, m谩ster en Desarrollo por el Instituto de Estudios Sociales (Holanda) y doctora en Econom铆a por la Universidad Libre de Berl铆n. Actualmente se desempe帽a como coordinadora de proyectos en la Fundaci贸n Friedrich Ebert (FES) en Colombia y como coordinadora del proyecto Tributaci贸n para la Equidad de la FES en Am茅rica Latina.

Kristina Birke es la directora de la oficina de la Fundaci贸n Friedrich Ebert (FES) en Colombia.




Fuente: Ctxt.es