July 8, 2021
De parte de La Haine
170 puntos de vista


Hasta hace poco, el movimiento feminista en Espa帽a estaba viviendo un momento dulce, de aparente unidad, donde las diferencias quedaban en un segundo plano ante la fuerza de su presencia p煤blica. Hoy asistimos a una especie de impasse en el que los conflictos enconados, sobre todo a partir de la cuesti贸n trans o del trabajo sexual, han mostrado fracturas aparentemente irreconciliables. Las divisiones en el movimiento no son nuevas, s铆 lo son los contextos y la manera en la que se producen.

Hay un momento de potencia 鈥搚 de alegr铆a de caminar juntas鈥 que estalla en las grandes manifestaciones y en las huelgas feministas de los a帽os 2018 y 2019, pero ya ese 煤ltimo a帽o las grietas comienzan a hacerse evidentes. En muchas asambleas del 8M 鈥揺n Madrid y Barcelona, por ejemplo鈥 se produce un trabajo de desgaste y divisi贸n a partir de la introducci贸n de la discusi贸n de la prostituci贸n de manera violenta. Esto est谩 relacionado con dogmatismos y falta de respeto por los mecanismos asamblearios de generaci贸n de consenso 鈥搎ue es como se trabaja en estas comisiones鈥, pero tambi茅n con intentos de control del espacio del 8M por parte de intereses de partido y de organizaciones abolicionistas que giran en la 贸rbita del PSOE. En la manifestaci贸n del 8M del 2020 en Madrid, incluso vivimos un intento de tomar por la fuerza la cabecera oficial por parte de un grupo abolicionista que hab铆a convocado una contramanifestaci贸n. En Sevilla, se ha llegado a abuchear a trabajadoras sexuales que acudieron a manifestarse contra la violencia machista. Esto ha desgastando mucho algunos de estos procesos asamblearios abiertos, a los que tampoco ha ayudado mucho la situaci贸n de pandemia. Estamos ante la primera l铆nea de fractura.

Los momentos de unidad, que se han producido en situaciones de mayor movilizaci贸n, se han terminado; apenas fueron un destello 

La segunda emergi贸 en 2019 en la Escuela Feminista Rosario de Acu帽a de Gij贸n 鈥揻inanciada por el ayuntamiento gobernado por el PSOE鈥, cuando por primera vez en Espa帽a tuvo resonancia p煤blica el discurso del feminismo antitrans 鈥搎ue ya ten铆a fuerte presencia en el mundo anglosaj贸n鈥. All铆, entre otras, Amelia Valc谩rcel, miembro del Consejo de Estado, y una buena representante del feminismo institucional critic贸 la 鈥渢eor铆a queer鈥 y la autodeterminaci贸n de las personas trans 鈥搎ue puedan cambiar de nombre y sexo en el DNI sin informe m茅dico ni operaciones u hormonaciones鈥. Estas posiciones antiderechos dentro del feminismo estallaron con toda su virulencia a partir de la tramitaci贸n de la nueva ley trans propuesta por Podemos, que no deja de ser una conquista obtenida gracias a las movilizaciones del movimiento trans. Los dos 煤ltimos a帽os, las redes y los medios se llenaron no solo de argumentos para una discusi贸n, sino tambi茅n de insultos y desprecio a las personas trans. Otro dato que parece relevante, teniendo en cuenta c贸mo la disputa sobre la ley ha desgastado al gobierno, es el de que algunas de las representantes del PSOE que m谩s a fondo se han empleado contra la ley son exdiputadas, como 脕ngeles 脕lvarez, que fueron apartadas de primera l铆nea despu茅s de apoyar a Susana D铆az en el proceso de primarias del partido, tras la victoria de S谩nchez.

Fallas en un campo plural

Las posiciones abolicionistas y antitrans suelen converger 鈥揳unque no siempre鈥. Estos debates no son nuevos. En el feminismo siempre ha habido diferencias ideol贸gicas profundas y tambi茅n distintos intereses materiales, como corresponde a un movimiento de car谩cter interclasista. Ambas cosas, como sabemos, suelen estar muy relacionadas. En el feminismo, hay acad茅micas y te贸ricas, pol铆ticas profesionales y periodistas, activistas de base, y amplios anillos de afinidad o simpat铆a que rodean al movimiento m谩s activo. Esta diversidad equivale a fuerza social pero tambi茅n a luchas cuyos problemas no son 煤nicamente las formas o que resulten divisivas, sino que responden a propuestas pol铆ticas incompatibles.

Una demarcaci贸n fundamental que sirve de paisaje de fondo de estas divisiones es la que separa a un feminismo que entiende que la igualdad solo se consigue transformando profundamente la sociedad, de un feminismo del poder 鈥揹el 1% o liberal鈥 que suele coincidir con el institucional. Las representantes de este feminismo Ana Bot铆n buscan la igualdad dentro del statu quo, sin ninguna voluntad de cambiarlo, y quieren poder para s铆, en lugar de intentar desestructurar las jerarqu铆as sociales. Esto suele tener un reflejo en c贸mo encaran la violencia sexual: fundamentalmente de manera individualizada, como un problema de 鈥渉ombres malos鈥 a los que hay que combatir con las herramientas penales del Estado, y no como un problema estructural que requiere abordajes m谩s complejos. Por ejemplo, cambiar la cultura, pero sobre todo, mejorar el acceso a renta y vivienda de las que m谩s lo necesitan. Es decir, poniendo el foco en las condiciones de vida que impiden salir de estas situaciones y aumentan la dependencia de los hombres. Este feminismo carcelario o punitivista no reconoce que apelar al sistema penal tiene impactos negativos en las personas m谩s desfavorecidas 鈥搑acializadas y migrantes鈥 y en la clase trabajadora en general. Para ellas, la injusticia de g茅nero 鈥揳l menos c贸mo les afecta personalmente por su clase social鈥 se combate 煤nicamente mediante leyes. Ya lo dijo Carmen Calvo: la 煤nica revoluci贸n es la del BOE.

Evidentemente, no todas las feministas que asumen posturas abolicionistas o antitrans vienen del mismo lugar, ni todas tienen poder institucional, ni comparten ideario al cien por cien. De hecho, este tipo de discursos se han defendido tambi茅n desde posiciones de izquierda conservadora 鈥揷omunistas, 鈥渙breristas鈥濃︹. Pero es el feminismo institucional el que tiene mayor capacidad de liderar discursos, de convertirlos en leyes y de impulsarse en ellos en sus luchas por el poder del Estado. Adem谩s, el dogmatismo y la violencia con el que estas posturas llevan adelante la lucha ideol贸gica est谩 atravesando a muchos movimientos sociales hoy, no solo al feminismo. Podemos decir que empieza a ser caracter铆stico de nuestra vida p煤blica un cierto cierre identitario que trae como consecuencia una pol铆tica de car谩cter moralista y sus consiguientes posiciones fundamentalistas.

Por tanto, es inevitable que empecemos a reconocer p煤blicamente lo que ya es una evidencia. Los momentos de unidad, que se han producido en situaciones de mayor movilizaci贸n, se han terminado; apenas fueron un destello. Aunque es posible que regresen ante cualquier intento de involuci贸n en derechos, como el del aborto. Los llamamientos a la unidad, a veces, suenan como apelaciones a no disolver el capital pol铆tico del feminismo, y su equivalente en la representaci贸n institucional, algo que tambi茅n tiene que ver con el especial enconamiento de estos debates. Si el feminismo se vuelve feo, es m谩s dif铆cil convertirlo en votos, cargos o en posiciones en una lista de primarias. 驴Qu茅 feminismo se va a representar en esos espacios si hay una guerra? Adem谩s, estas guerras son escenarios donde se compite por capital simb贸lico, por reconocimiento y por elementos de distinci贸n que posicionan p煤blicamente.

Genealog铆a de un campo de luchas

Vale la pena mirar atr谩s. Paloma Ur铆a explica en un reciente art铆culo que en los 70 y hasta la mitad de los 80, el feminismo en Espa帽a part铆a de un impulso unitario. El contexto era el antifranquista y todav铆a quedaba conquistar la igualdad legal plena y derechos como el aborto. Nada une m谩s que un enemigo poderoso. Ur铆a identifica la emergencia de los debates m谩s enconados y divisorios con el proceso de institucionalizaci贸n del feminismo, cuando desde las movilizaciones de la calle se produce un gran trasvase a las instituciones de nueva creaci贸n en la Transici贸n. Al mismo tiempo, se crean toda una serie de asociaciones feministas 鈥搗inculadas de una manera u otra al Estado o al PSOE鈥. 

Este proceso, dice Ur铆a, acompa帽a el cierre del feminismo mainstream que acaba como un movimiento de car谩cter identitario que asume una serie de posiciones. La m谩s evidente es la que gira en torno a la sexualidad 鈥搚 que da lugar a las sex wars鈥. Esta se concibe 煤nicamente como un lugar de peligro y no de placer y autodeterminaci贸n, y se impone una visi贸n esencialista de los hombres como depredadores sexuales y de las mujeres como seres d茅biles siempre necesitadas de protecci贸n. Desde esta concepci贸n 鈥搎ue se produce como reacci贸n a la violencia sexual鈥, es casi inevitable que se acabe demandando m谩s protecci贸n al Estado: m谩s leyes que, en vez de abordar problemas estructurales, demandan m谩s penas y nuevos delitos con los que seguir aumentando nuestras desproporcionadas tasas de encarcelamiento. Nada de eso nos hace estar m谩s seguras. En este marco, se empiezan a impulsar leyes que criminalizan la prostituci贸n con las excusa de proteger a las mujeres 鈥揷omo la Ley Mordaza o las ordenanzas municipales que multan a las que trabajan en la calle鈥. La 鈥渕ujer鈥 ser谩 considerada una, y determinadas feministas ser谩n las que representen sus intereses en las instituciones y definan la agenda oficial. 

Cuando algo se vuelve identitario se ideologiza y se aleja progresivamente de las condiciones de vida de las personas, de las posibilidades de transformaci贸n concretas de esas vidas que el feminismo deber铆a impulsar. En los 90, cuenta Ur铆a, este feminismo 鈥揳l que llama cultural鈥 llega a las instituciones y otras posiciones m谩s transformadoras quedan arrinconadas o en la marginalidad. 

Precisamente, durante los 90, llega al feminismo el reconocimiento de que no todas somos iguales, y de las diferencias de clase, raza/nacionalidad, identidad de g茅nero, capacidades, etc鈥︹. Tambi茅n es el momento en el que se incorporan las mujeres trans al movimiento. Los feminismos que representan esta pluralidad, los de base o aut贸nomos, quedan como latentes, trabajando de forma subterr谩nea pero constante hasta que el ciclo 2017-2019 los hace emerger a un primer plano. Este ciclo se ha expresado mediante una amalgama inextricable de lenguajes mainstream y radicales y, de ah铆, su potencia. 

Por tanto, s铆, esta ola ha sido la del #Metoo y la violencia sexual, pero sobre todo ha sido la de la reemergencia de ese feminismo m谩s arraigado en las luchas sociales, que parte de un sujeto m谩s plural, e inclusivo 鈥揹onde se habla, por ejemplo, de condiciones laborales de las trabajadoras dom茅sticas o del campo y tambi茅n de abolir la ley de extranjer铆a para que las migrantes dejen de ser tan vulnerables a la explotaci贸n de todo tipo鈥. En este marco, el componente internacional ha resultado fundamental: la huelga feminista ha llegado con fuerza desde Latinoam茅rica, donde el feminismo tiene otros perfiles m谩s populares y donde las compa帽eras han sabido tejer mejor la relaci贸n entre violencia machista y condiciones de vida, entre violencia sexual y econ贸mica 鈥搊 estatal o policial鈥.

Podemos trazar un paralelismo, pues, entre el proceso de institucionalizaci贸n, que produce una p茅rdida de potencia del movimiento despu茅s de la Transici贸n 鈥揺l cierre dogm谩tico de una parte de ese movimiento鈥, y lo que est谩 sucediendo en el presente. La institucionalizaci贸n a la que nos enfrentamos hoy es la del movimiento de las plazas 鈥15M鈥, que tuvo su reflejo en las configuraciones masivas y transversales de los 8M de los pasados a帽os. Lo intentar茅 explicar en el pr贸ximo art铆culo.

https://ctxt.es/es/20210701/Firmas/36595/#.YOZ2aHDUQ7U.telegram




Fuente: Lahaine.org