January 26, 2022
De parte de Lobo Suelto
272 puntos de vista


En invierno de 1980, Cristian Delacampagne decide pedirle a Michel Foucault una entrevista para Le Monde, teniendo en cuenta que el suplemento dominical estaba, en aquel entonces, claramente consagrado al debate de las ideas. Michel Foucault acepta inmediatamente, pero pone una condici贸n desde el comienzo: la entrevista debe permanecer an贸nima, su nombre no debe figurar y todos los indicios que permitieran adivinar su identidad deben ser eliminados. Foucault justifica as铆 su posici贸n: la escena intelectual est谩 presa de los medios de comunicaci贸n, las figuras no pueden tomar las ideas y el pensamiento como tal ya no est谩 reconocido; aquello que es dicho importa menos que la personalidad de quien habla. Asimismo, esa cr铆tica sobre la mediatizaci贸n tiene el riesgo de devaluarse 鈥搊 incluso de alimentar aquello que busca denunciar- si es proferida por alguien que, sin quererlo, ya ocupa un lugar en los medios de comunicaci贸n 鈥揺l caso de Foucault. Para romper con esos efectos perversos y para intentar hacer o铆r una palabra que no pueda ser rebatida por el nombre del que ella procede, es necesario entonces decidirse a entrar en el anonimato. La idea gusta a Delacampagne. Se convino que la entrevista se har铆a con un 鈥渇il贸sofo enmascarado鈥 privado de una identidad precisa. Solo restaba convencer a Le Monde 鈥搎ue quer铆a una entrevista con Foucault- de aceptar un texto de 鈥渘adie鈥. Eso fue dif铆cil, pero Foucault se mostr贸 inflexible.

El secreto fue bien guardado hasta la muerte de Foucault. Parece que fueron muy pocos aquellos que lograron desentra帽arlo. En consecuencia, Le Monde y La d茅couverte decidieron volver a publicar esta entrevista en un volumen junto a otras que aparec铆an en la misma serie. Como sucede en casos similares, Le Monde decide entonces, unilateralmente, revelar el verdadero nombre del 鈥渇il贸sofo enmascarado鈥. El texto de esta entrevista regresa integralmente a Foucault, quien elabor贸 tambi茅n las preguntas con Delacampagne y quien reescribi贸 con un cuidado extremo cada una de las respuestas鈥

 

Para comenzar, perm铆tame preguntarle 驴por qu茅 ha elegido el anonimato?

 

Usted conoce la historia de esos psic贸logos que hab铆an ido a realizar un test a partir de la proyecci贸n de un cortometraje, en una aldea del 煤ltimo conf铆n del 脕frica. A continuaci贸n, pidieron r谩pidamente a los espectadores que contaran la historia tal como ellos la hab铆an comprendido. Pues bien, en esa historia con tres personajes, una sola cosa les hab铆a interesado: el pasaje de las sombras y las luces a trav茅s de los 谩rboles.

 

Para nosotros, los personajes constituyen la ley de la percepci贸n. Los ojos siguen con predilecci贸n a las figuras que van y vienen, surgen y desaparecen. 驴Por qu茅 le he sugerido que utilicemos el anonimato? Por nostalgia de tiempos en que, siendo yo totalmente desconocido, aquello que dec铆a ten铆a alguna chance de ser comprendido. Con el lector ocasional, la superficie de contacto estaba sin arrugas. Los efectos del libro repercut铆an en lugares imprevistos y dibujaban formas en las cuales yo no hab铆a pensado. El nombre es una facilidad.

 

Propondr茅 un juego: el del 鈥渁帽o sin nombre鈥. Durante un a帽o, se editar谩n los libros sin el nombre del autor. Los cr铆ticos se las deber谩n ver con una producci贸n enteramente an贸nima. Pero estoy so帽ando, tal vez no tendr铆an nada que decir: todos los autores esperar铆an al a帽o siguiente para publicar sus libros鈥

 

驴Usted piensa que hoy en d铆a los intelectuales hablan demasiado? 驴Qu茅 ellos nos entorpecen con sus discursos acerca de todo y con frecuencia fuera de prop贸sito?

 

La palabra intelectual me parece extra帽a. Intelectuales, nunca los encontr茅. Encontr茅 personas que escriben novelas y personas que curan a los enfermos. Personas que estudian econom铆a y personas que componen m煤sica electr贸nica. Encontr茅 personas que ense帽an, personas que pintan y personas de las que no entend铆 si hac铆an cosa alguna. Pero nunca encontr茅 intelectuales.

 

Por el contrario, encontr茅 muchas personas que hablan del intelectual. Y, por escucharlos tanto, constru铆 para m铆 una idea de qu茅 tipo de animal se trata. No es dif铆cil, es el culpable. Culpable un poco de todo: de hablar, de silenciar, de no hacer nada, de meterse en todo鈥 En suma, el intelectual es la materia prima para juzgar, condenar, excluir鈥

 

Yo no encuentro que los intelectuales hablen demasiado, porque realmente creo que ellos no existen. Sin embargo, me parece que es muy invasivo el discurso sobre los intelectuales, y para nada tranquilizador.

 

Tengo una man铆a muy molesta. Cuando la gente habla de esa forma, en el aire, yo trato de imaginar lo que eso corresponder铆a en la realidad. Cuando 鈥渃ritican鈥 a alguien, cuando 鈥渄enuncian鈥 sus ideas, cuando 鈥渃ondenan鈥 lo que ha escrito, me los imagino en la situaci贸n ideal donde tendr铆an todo el poder sobre 茅l. Dejo retornar a sus sentidos primarios las palabras que ellos emplean: 鈥渄emoler鈥, 鈥渄erribar鈥, 鈥渞educir al silencio鈥, 鈥渆nterrar鈥. Y veo entreabrirse la radiante ciudad donde el intelectual estar铆a en prisi贸n y ahorcado, claro, si adem谩s fuera te贸rico. Es cierto que no estamos en un r茅gimen donde se env铆an los intelectuales al arrozal; pero, de hecho, d铆ganme, 驴no han escuchado hablar de un tal Toni Negri? 驴Por casualidad no est谩 en prisi贸n precisamente en tanto intelectual?

 

Entonces, 驴qu茅 lo ha conducido a atrincherarse detr谩s del anonimato? 驴Un determinado uso publicitario que los fil贸sofos, hoy en d铆a, hacen o dejan hacer en su nombre?

 

Esto no me choca para nada. He visto en los pasillos de mi colegio grandes hombres en yeso. Y ahora veo en la parte baja de la primera p谩gina de los peri贸dicos la fotograf铆a del pensador. Realmente no s茅 si la est茅tica ha mejorado. La racionalidad econ贸mica, seguramente lo ha hecho鈥

 

En el fondo me afecta mucho una carta que Kant hab铆a escrito cuando estaba ya muy viejo: 茅l se apresuraba, dec铆a, contra la edad y la vista que disminu铆a, y las ideas que se difuminaban, en terminar uno de sus libros para la Feria de Leipzig. Cuento esto para mostrar que eso no tiene ninguna importancia. Con o sin publicidad, con o sin feria, el libro es otra cosa. Nunca me har谩n creer que un libro es malo porque vi a su autor en la televisi贸n. Pero jam谩s que es bueno justamente por la misma raz贸n.

 

Si he elegido el anonimato, no es pues para criticar a tal o cual, cosa que jam谩s hago. Es una manera de acercarme m谩s directamente al lector eventual, el 煤nico personaje que aqu铆 me interesa: 鈥淵a que t煤 no sabes qui茅n soy yo, no tendr谩s la tentaci贸n de buscar las razones por las que digo lo que lees; d茅jate llevar para decirte simplemente: esto es verdadero, esto es falso. Esto me gusta, esto no me gusta. Y ya est谩 y nada m谩s, es todo鈥.

 

驴Pero el p煤blico no espera de la cr铆tica que le proporcione evaluaciones precisas acerca del valor de una obra?

 

No s茅 si el p煤blico espera o no que la cr铆tica juzgue las obras o los autores. Creo que los jueces estaban all铆, antes de que el p煤blico pudiera pronunciarse acerca de lo que ten铆a ganas.

 

Parece ser que Courbet ten铆a un amigo que se despertaba en la noche gritando: 鈥淛uzgar, yo quiero juzgar鈥. Es una locura lo que a la gente le gusta juzgar. Se juzga por todo, todo el tiempo. Sin duda es una de las cosas m谩s simples que se dan a la humanidad de hacer. Y ustedes saben bien que el 煤ltimo hombre, cuando, por fin la 煤ltima radiaci贸n haya reducido a cenizas a su 煤ltimo adversario, tomar谩 una mesa coja, se sentar谩 detr谩s y comenzar谩 el juicio del responsable.

 

No puedo dejar de pensar en una cr铆tica que no busque juzgar, sino hacer existir una obra, un libro, una frase, una idea; ella encender铆a fuegos, observar铆a la hierba crecer, escuchar铆a el viento y aprovechar铆a el vuelo de la espuma para esparcirla. No multiplicar铆a los juicios, pero s铆 los signos de existencia, ella los llamar铆a, los arrancar铆a de su somnolencia. 驴Los inventar铆a a veces? Tanto mejor, tanto mejor. La cr铆tica sentenciosa me provoca sue帽o; me gustar铆a una cr铆tica hecha con destellos de imaginaci贸n. No ser铆a soberana, ni vestida de rojo. Traer铆a consigo los rayos de posibles tempestades.

 

Entonces, existen tantas cosas que es necesario conocer, tantos trabajos interesantes que los medios deber铆an hablar todo el tiempo de filosof铆a鈥

 

Es cierto que hay un malestar tradicional entre la 鈥渃r铆tica鈥 y aquellos que escriben los libros. Unos se sienten incomprendidos y los otros creen que se los quiere tener bajo control. Pero ese es el juego.

 

Me parece que la situaci贸n hoy en d铆a es bastante particular. Tenemos instituciones de escasez, mientras que estamos en una situaci贸n de superabundancia.

 

Todo el mundo observ贸 la exaltaci贸n que acompa帽a a menudo la publicaci贸n (o reedici贸n) de obras, por otra parte a veces interesantes. Nunca son menos que la 鈥渟ubversi贸n de todos los c贸digos鈥, 鈥渓o contrario de la cultura contempor谩nea鈥, la 鈥渞adical puesta en cuesti贸n de todas nuestras maneras de pensar鈥. Su autor debe ser un marginal desconocido.

Y, en contrapartida, por supuesto es necesario que los otros sean devueltos a la noche de la que nunca debieron haber salido; ellos no eran m谩s que la espuma de 鈥渦na moda irrisoria鈥, un simple producto de la instituci贸n, etc.

Fen贸meno parisino, se dice, y superficial. Percibo m谩s bien all铆 los efectos de una profunda inquietud. El sentimiento de 鈥渘o hay lugar鈥, 鈥溍﹍ o yo鈥, 鈥渃ada uno a su turno鈥. Estamos en fila india debido a la extrema exig眉idad de los lugares donde se puede escuchar y ser escuchado.

 

De all铆 una suerte de angustia que estalla en mil s铆ntomas, agradables o no tan  divertidos. De all铆, en los que escriben, su sentimiento de impotencia ante los medios, a quienes acusan de gobernar el mundo de los libros y hacer existir o desaparecer aquellos que les gustan o les desagradan. De all铆 tambi茅n el sentimiento entre los cr铆ticos de que no se har谩n o铆r, a menos que alcen el tono y saquen un conejo de la galera cada semana. De all铆 incluso una pseudopolitizaci贸n, que enmascara, sobre la necesidad de llevar el 鈥渃ombate ideol贸gico鈥 o de erradicar los 鈥減ensamientos peligrosos鈥, la profunda ansiedad de no ser ni le铆do ni entendido. De all铆 incluso la fant谩stica fobia del poder: toda persona que escribe ejerce un inquietante poder al cual es necesario intentar ponerle un fin o al menos un l铆mite. De all铆 igualmente la afirmaci贸n un poco m谩gica, acerca de que actualmente todo est谩 vac铆o, desolado, sin inter茅s ni importancia: afirmaci贸n que viene evidentemente de aquellos que, no haciendo nada por s铆 mismos, hayan que los otros est谩n de m谩s.

 

Por lo tanto, 驴no cree Ud. que nuestra 茅poca carece realmente de esp铆ritus que est茅n a la altura de esos problemas, y de grandes escritores?

 

No, no creo en la cantinela de la decadencia, de la ausencia de escritores, de la esterilidad del pensamiento, del horizonte cerrado y apagado.

 

Por el contrario, creo que es plet贸rico. Y que no sufrimos de vac铆o, sino de tener demasiados pocos recursos para pensar todo lo que pasa. Existe una abundancia de cosas para saber: esenciales o terribles, o maravillosas, o divertidas, o min煤sculas y capitales a la vez. Y adem谩s hay una inmensa curiosidad, una necesidad, o un deseo de saber. Nos lamentamos todo el tiempo de que los medios de comunicaci贸n abarrotan la cabeza de la gente. Hay misantrop铆a en esa idea. Por el contrario, creo que la gente reacciona; m谩s se la quiere convencer, m谩s ellos se interrogan. El esp铆ritu no es una cera blanda. Es una sustancia reactiva. Y el deseo de saber m谩s, y mejor y  otra cosa, crece a medida que se nos quiere rellenar la cabeza.

 

Si se admite esto, y se a帽ade que se forma en la Universidad y en otros lugares una multitud de personas que pueden servir de intercambiadores entre esta masa de cosas y esta avidez de saber, se deducir谩 r谩pidamente que el desempleo de los estudiantes es la cosa m谩s absurda que hay. El problema es multiplicar los canales, las pasarelas, los medios de informaci贸n, las redes de televisi贸n y de radio, los peri贸dicos.

 

La curiosidad es un vicio que ha sido estigmatizado una y otra vez por el cristianismo, por la filosof铆a e incluso por una cierta concepci贸n de la ciencia. Curiosidad, futilidad. Sin embargo, la palabra me gusta; me sugiere totalmente otra cosa: evoca el 鈥渃uidado鈥; evoca la atenci贸n que se toma con aquello que existe y que podr铆a existir; un sentido agudizado de lo real pero que no se inmoviliza jam谩s ante ello; una prontitud a encontrar extra帽o y singular lo que nos rodea; un cierto empe帽o en deshacernos de nuestras familiaridades y en mirar de otro modo las mismas cosas; un entusiasmo en captar lo que est谩 sucediendo y lo que est谩 pasando; una desenvoltura al respecto de las jerarqu铆as tradicionales entre lo importante y lo esencial.

 

Sue帽o con una nueva era de la curiosidad. Tenemos los medios t茅cnicos; el deseo est谩 ah铆; las cosas a saber son infinitas; las personas que pueden emplearse en ese trabajo existen. 驴De qu茅 se sufre? De demasiado poco: de canales estrechos, reducidos, casi monopol铆sticos, insuficientes. No hay que adoptar una actitud proteccionista, para impedir a la 鈥渕alvada鈥 informaci贸n invadir y ahogar la 鈥渂uena鈥. M谩s bien es necesario multiplicar los caminos y las posibilidades de idas y venidas. 隆Nada de colbertismoen este dominio! Lo cual no quiere decir, como se cree a menudo, uniformizaci贸n y nivelaci贸n por lo abajo. Por el contrario, diferenciaci贸n y simultaneidad de redes diferentes.

 

Imagino que a este nivel, los medios de comunicaci贸n y la Universidad, en lugar de continuar oponi茅ndose, podr铆an ponerse a jugar papeles complementarios.

 

Usted se acuerda de la admirable palabra de Sylvain L茅vi: la ense帽anza es cuando se tiene un oyente; en cuanto se tienen dos, es vulgarizaci贸n. Los libros, la Universidad, las revistas sabias, son tambi茅n medios de comunicaci贸n. Ser铆a necesario cuidarse de llamar medio de comunicaci贸n a todo canal de informaci贸n al que no se pueda o no se quiera tener acceso. El problema es saber c贸mo hacer jugar las diferencias; es saber si es necesario instaurar una zona reservada, un 鈥減arque cultural鈥 para las especies fr谩giles de sabios amenazados por los grandes rapaces de la informaci贸n, mientras que el resto del espacio ser谩 un gran mercado para los productos de pacotilla. Un reparto as铆 no me parece que se corresponda con la realidad. Peor a煤n: no es en lo absoluto deseable. Para que jueguen las diferenciaciones 煤tiles, no hace falta que exista un reparto de esa manera.

 

Arriesgu茅monos a hacer algunas proposiciones concretas. Si todo va mal, 驴por d贸nde comenzar?

 

Pero no, no va todo mal. En todo caso, creo que es necesario no confundir la cr铆tica 煤til contra las cosas con las lamentaciones repetitivas contra la gente. En cuanto a las proposiciones concretas, ellas no pueden aparecer m谩s que como artilugios, si no se admiten de entrada algunos principios generales. Ante todo 茅ste: que el derecho a saber no debe estar reservado a una 茅poca de la vida y a unas ciertas categor铆as de individuos; sino que se lo debe poder ejercer sin interrupci贸n y de m煤ltiples formas.

 

驴No es ambiguo ese deseo de saber? En el fondo, 驴qu茅 es lo que la gente va a hacer con todo ese saber que va a adquirir? 驴Para qu茅 le podr谩 servir?

 

Una de las funciones principales de la ense帽anza era que la formaci贸n del individuo se acompa帽ara de la determinaci贸n de su lugar en la sociedad. Hoy en d铆a, ser铆a necesario concebirla de tal manera que permita al individuo modificarse a su agrado, lo cual no es posible salvo que la condici贸n de la ense帽anza sea una posibilidad ofrecida 鈥減ermanentemente鈥.

 

En suma, 驴usted est谩 por una sociedad erudita?

 

Lo que digo es que la conexi贸n de la gente con la cultura debe ser incesante y tambi茅n todo lo polimorfa como sea posible. No deber铆a haber, por un lado, esta formaci贸n que se padece y, por el otro, esta informaci贸n a la cual se est谩 sometido.

 

驴Qu茅 deviene en esta sociedad erudita la filosof铆a eterna? 驴Hay a煤n necesidad de ella, de sus preguntas sin respuesta y de sus silencios ante lo incognoscible?

 

La filosof铆a, 驴qu茅 es sino una manera de reflexionar, no tanto acerca de lo que es verdadero o lo que es falso, sino sobre nuestra relaci贸n con la verdad? Nos quejamos a veces de que no hay filosof铆a dominante en Francia. Tanto mejor. No hay filosof铆a soberana, es verdad, sino filosof铆a o m谩s bien filosof铆a en actividad. Es la filosof铆a del movimiento por el cual, no sin esfuerzos y tanteos y sue帽os e ilusiones, nos desatamos de aquello est谩 establecido como verdadero y buscamos otras reglas de juego. La filosof铆a es el desplazamiento y la transformaci贸n de los cuadros de pensamiento, la modificaci贸n de los valores recibidos y todo el trabajo que se hace para pensar de forma diferente, para hacer otra cosa, para devenir otra cosa que lo que se es. Desde este punto de vista, es un per铆odo de actividad filos贸fica m谩s intensa que la de los 煤ltimos treinta a帽os. La interferencia entre el an谩lisis, la investigaci贸n, la cr铆tica 鈥渆rudita鈥 (savante) o 鈥渢e贸rica鈥 y los cambios en el comportamiento, la conducta real de la gente, su manera de ser, su relaci贸n con ellos mismos y los otros ha sido constante y considerable.

Dec铆a hace un instante que la filosof铆a era una manera de reflexionar sobre nuestra relaci贸n con la verdad. Es necesario completar esto; es una manera de preguntarse: si 茅sta es la relaci贸n que tenemos con la verdad, 驴c贸mo debemos comportarnos? Creo que se ha hecho y en la actualidad se hace siempre un trabajo considerable y m煤ltiple, que modifica a la vez nuestro lazo con la verdad y nuestra manera de comportarnos. Y eso implica una compleja conjunci贸n entre toda una serie de b煤squedas y todo un conjunto de movimientos sociales. Es la vida misma de la filosof铆a.

 

Se comprende que algunos se lamenten por el vac铆o actual y deseen, en el orden de las ideas, un poco de monarqu铆a. Pero aquellos que, una vez en la vida, encontraron un tono nuevo, una nueva manera de mirar, una manera otra de hacer, creo que nunca experimentar谩n el deseo de lamentarse que el mundo es un error, la historia, atestada de inexistencias, y que es tiempo que los otros est茅n en silencio para que finalmente no se oiga m谩s el cascabel de sus reprobaciones鈥  

 

Traducci贸n: Santiago Sburlatti

 




Fuente: Lobosuelto.com