May 3, 2021
De parte de Amor Y Rabia
146 puntos de vista


por Nancy Fraser

La elecci贸n de Donald Trump es una m谩s de una serie de insubordinaciones pol铆ticas espectaculares que, en conjunto, apuntan a un colapso de la hegemon铆a neoliberal. Entre esas insubordinaciones, podemos mencionar, entre otras, el voto del Brexit en el Reino Unido, el rechazo de las reformas de Renzi en Italia, la campa帽a de Bernie Sanders para la nominaci贸n Dem贸crata en los EEUU y el apoyo creciente cosechado por el Frente Nacional en Francia. Aun cuando difieren en ideolog铆a y objetivos, esos motines electorales comparten un blanco com煤n: rechazan la globalizaci贸n gran-empresarial, el neoliberalismo y al establishment pol铆tico que los ha promovido. En todos los casos, los votantes dicen 鈥溌o!鈥 a la letal combinaci贸n de austeridad, libre comercio, deuda predatoria y trabajo precario y mal pagado que resulta caracter铆stica del actual capitalismo financiarizado. Sus votos son una respuesta a la crisis estructural de esta forma de capitalismo, crisis que salt贸 por primera vez a la vista de todos con la casi fusi贸n del orden financiero global en 2008.

Sin embargo, hasta hace poco, la repuesta m谩s com煤n a esta crisis era la protesta social: espectacular y v铆vida, desde luego, pero de car谩cter harto ef铆mero. Los sistemas pol铆ticos, en cambio, parec铆an relativamente inmunes, todav铆a controlados por funcionarios de partido y elites del establishment, al menos en los estados capitalistas poderosos como los EEUU, el Reino Unido y Alemania. Pero ahora las ondas electorales de choque reverberan por todo el planeta, incluidas las ciudadelas de las finanzas globales. Quienes votaron por Trump, como quienes votaron por el Brexit o contra las reformas italianas, se han levantado contra sus amos pol铆ticos. Burl谩ndose de las direcciones de los partido, han repudiado el sistema que ha erosionado sus condiciones de vida en los 煤ltimos treinta a帽os. Los sorprendente no es que lo hayan hecho, sino que hayan tardado tanto.

No obstante, la victoria de Trump no es solamente una revuelta contra las finanzas globales. Lo que sus votantes rechazaron no fue el neoliberalismo sin m谩s, sino el neoliberalismo progresista. Esto puede sonar como un ox铆moron, pero se trata de un alineamiento, aunque perverso, muy real: es la clave para entender los resultados electorales en los EEUU y acaso tambi茅n para comprender la evoluci贸n de los acontecimientos en otras partes. En la forma que ha cobrado en los EEUU, el neoliberalismo progresista es una alianza de las corrientes principales de los nuevos movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos de los LGBTQ), por un lado, y, por el otro, sectores de negocios de alta gama 鈥渟imb贸lica鈥 y sectores de servicios (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood). En esta alianza, las fuerzas progresistas se han unido efectivamente con las fuerzas del capitalismo cognitivo, especialmente la financiarizaci贸n. Aunque maldita sea la gracia, lo cierto es que las primeras prestan su carisma a este 煤ltimo. Ideales como la diversidad y el 鈥渆mpoderamiento鈥, que, en principio podr铆an servir a diferentes prop贸sitos, ahora dan lustre a pol铆ticas que han resultado devastadoras para la industria manufacturera y para las vidas de lo que otrora era la clase media.

El neoliberalismo progresista se desarroll贸 en los EEUU durante estas tres 煤ltimas d茅cadas y fue ratificado por el triunfo electoral de Bill Clinton en 1992. Clinton fue el principal ingeniero y portaestandarte de los 鈥淣uevos Dem贸cratas鈥, el equivalente estadounidense del 鈥淣uevo Laborismo鈥 de Tony Blair. En vez de la coalici贸n del New Deal entre obreros industriales sindicalizados, afroamericanos y clases medias urbanas, Clinton forj贸 una nueva alianza de empresarios, suburbanitas, nuevos movimientos sociales y juventud: todos proclamando orgullosos su bona fides moderna y progresista, amante de la diversidad, el multiculturalismo y los derechos de las mujeres. Aun cuando la administraci贸n Clinton hizo suyas esas ideas progresistas, cortej贸 a Wall Street. Pasando el mando de la econom铆a a Goldman Sachs, desregul贸 el sistema bancario y negoci贸 tratados de libre comercio que aceleraron la desindustrializaci贸n. Lo que se perdi贸 por el camino fue el Cintur贸n del 脫xido, otrora basti贸n de la democracia social del New Deal y ahora la regi贸n que ha entregado el Colegio Electoral a Donald Trump. Esa regi贸n, junto con nuevos centros industriales en el Sur, recibi贸 un duro rev茅s cuando la financiarizaci贸n m谩s desatada camp贸 a sus anchas en el curso de las pasadas dos d茅cadas. Continuadas por sus sucesores, incluido Barak Obama, las pol铆ticas de Clinton degradaron las condiciones de vida de todo el pueblo trabajador, pero especialmente de los empleados en la producci贸n industrial. Para decirlo sumariamente: Clinton tiene una pesada responsabilidad en el debilitamiento de las uniones sindicales, en el declive de los salarios reales, en el aumento de la precariedad laboral y en el auge de las familias con dos ingresos que vino a substituir al difunto salario familiar.

Como sugiere esto 煤ltimo, al asalto a la seguridad social le dio lustre un barniz de carisma emancipatorio prestado por los nuevos movimientos sociales. Durante todos los a帽os en los que los se abr铆a un cr谩ter tras otro en su industria manufacturera, el pa铆s estaba animado y entretenido por una faramalla de 鈥渄iversidad鈥, 鈥渆mpoderamiento鈥 y 鈥渘o-discriminaci贸n鈥. Identificando 鈥減rogreso鈥 con meritocracia en vez de igualdad, con esos t茅rminos se equiparaba la 鈥渆mancipaci贸n鈥 con el ascenso de una peque帽a elite de mujeres 鈥渢alentosas鈥, minor铆as y gays en la jerarqu铆a empresarial del quien-gana-se-queda-con-todo, en vez de con la abolici贸n de esta 煤ltima. Esa comprensi贸n liberal-individualista del 鈥減rogreso鈥 vino gradualmente a reemplazar a la comprensi贸n anticapitalista 鈥搈谩s abarcadora, antijer谩rquica, igualitaria y sensible a la clase social鈥 de la emancipaci贸n que hab铆a florecido en los a帽os 60 y 70. Cuando la Nueva Izquierda mengu贸, su cr铆tica estructural de la sociedad capitalista se marchit贸, y el esquema mental liberal-individualista tradicional del pa铆s se reafirm贸 a s铆 mismo al tiempo que se contra铆an las aspiraciones de los 鈥減rogresistas鈥 y de los sedicentes izquierdistas. Pero lo que sell贸 el acuerdo fue la coincidencia de esta evoluci贸n con el auge del neoliberalismo. Un partido inclinado a liberalizar la econom铆a capitalista encontr贸 su compa帽ero perfecto en un feminismo empresarial centrado en la 鈥渧oluntad de dirigir鈥 del leaning in o en 鈥渞omper el techo de cristal鈥.

El resultado fue un 鈥渘eoliberalismo progresista鈥, amalgama de truncados ideales de emancipaci贸n y formas letales de financiarizaci贸n. Fue esa amalgama la que desecharon in toto los votantes de Trump. Prominentes entre los dejados atr谩s en este bravo mundo cosmopolita eran los obreros industriales, desde luego, pero tambi茅n ejecutivos, peque帽os empresarios y todos quienes depend铆an de la industria en el Cintur贸n Oxidado y en el Sur, as铆 como las poblaciones rurales devastadas por el desempleo y la droga. Para esas poblaciones, al da帽o de la desindustrializaci贸n se a帽adi贸 el insulto del moralismo progresista, que se acostumbr贸 a considerarlos culturalmente atrasados. Rechazando la globalizaci贸n, los votantes de Trump repudiaban tambi茅n el liberalismo cosmopolita identificado con ella. Algunos 鈥搉o, desde luego, todos, ni mucho menos鈥 quedaron a un paso muy corto de culpar del empeoramiento de sus condiciones de vida a la correcci贸n pol铆tica, a las gentes de color, a los inmigrantes y los musulmanes. A sus ojos, las feministas y Wall Street eran aves de un mismo plumaje, perfectamente unidas en la persona de Hillary Clinton.

Lo que hizo posible esa combinaci贸n fue la ausencia de cualquier izquierda genuina. A pesar de arrebatos peri贸dicos como Occupy Wall Street, que se rebel贸 ef铆mero, no ha habido una presencia sostenida de la izquierda en los EEUU desde hace varias d茅cadas. Ni se ha dado aqu铆 una narrativa abarcadora de izquierda que pudiera vincular los leg铆timos agravios de los votantes de Trump con una cr铆tica efectiva de la financiarizaci贸n, por un lado, y con la visi贸n antirracista, antisexista y antijer谩rquica de la emancipaci贸n, por el otro. Igualmente devastador result贸 que se dejaran languidecer los potenciales v铆nculos entre el mundo del trabajo y los nuevos movimientos sociales. Divorciados el uno del otro, estos indispensables polos de cualquier izquierda viable se alejaron indefinidamente hasta llegar a parecer antit茅ticos.

Al menos hasta la notable campa帽a de Bernie Sanders en las primarias, que breg贸 por unirlos luego del relativo pinchazo de la consigna 鈥淟as Vidas Negras Cuentan鈥 (Black Lives Matters, AyR). Haciendo estallar el sentido com煤n neoliberal reinante, la revuelta de Sanders fue, en el lado Dem贸crata, el paralelo de Trump. As铆 como Trump logr贸 dar el vuelco al establishment Republicano, Sanders estuvo a un pelo de derrotar a la sucesora ungida por Obama, cuyos apparatchiks controlaban todos y cada uno de los resortes del poder en el Partido Dem贸crata. Entre ambos, Sanders y Trump, galvanizaron una enorme mayor铆a del voto norteamericano. Pero s贸lo el populismo reaccionario de Trump sobrevivi贸. Mientras que 茅l consigui贸 deshacerse f谩cilmente de sus rivales Republicanos, incluidos los predilectos de los grandes donantes de campa帽a y de los jefes del Partido, la insurrecci贸n de Sanders  fue frenada eficazmente por un Partido Dem贸crata mucho menos democr谩tico. En el momento de la elecci贸n general, la alternativa de izquierda ya hab铆a sido suprimida. La opci贸n que quedaba era un t贸malo o d茅jalo entre el populismo reaccionario y el neoliberalismo progresista: elijan el color que quieran, mientras sea negro. Cuando la sedicente izquierda cerr贸 filas con Hillary, la suerte estaba echada.

Sin embargo, y de ahora en m谩s, este es un dilema que la izquierda deber铆a rechazar. En vez de aceptar los t茅rminos en que las clases pol铆ticas nos presentan el dilema que opone emancipaci贸n a protecci贸n social, lo que deber铆amos hacer es trabajar para redefinir esos t茅rminos partiendo del vasto y creciente fondo de revulsi贸n social contra el presente orden. En vez de ponernos del lado de la financiarizaci贸n-cum-emancipaci贸n contra la protecci贸n social, lo que deber铆amos hacer es construir una nueva alianza de emancipaci贸n y protecci贸n social contra la finaciarizaci贸n. En ese proyecto, que construir铆a sobre terreno preparado por Sanders, emancipaci贸n no significa diversificar la jerarqu铆a empresarial, sino abolirla. Y prosperidad no significa incrementar el valor de las acciones o el beneficios empresarial, sino la base de partida de una buena vida para todos. Esa combinaci贸n sigue siendo la 煤nica respuesta de principios y ganadora en la presente coyuntura.

En lo que a m铆 hace, no derram茅 ninguna l谩grima por la derrota del neoliberalismo progresista. Es verdad: hay mucho que temer de una administraci贸n Trump racista, antiinmigrante y antiecol贸gica. Pero no deber铆amos lamentar ni la implosi贸n de la hegemon铆a neoliberal ni la demolici贸n del clintonismo y su tenaza de hierro sobre el Partido Dem贸crata. La victoria de Trump significa una derrota de la alianza entre emancipaci贸n y financiarizaci贸n. Pero esta presidencia no ofrece soluci贸n ninguna a la presente crisis, no trae consigo la promesa de un nuevo r茅gimen ni de una hegemon铆a segura. A lo que nos enfrentamos m谩s bien es a un interregno, a una situaci贸n abierta e inestable en la que los corazones y las mentes est谩n en juego. En esta situaci贸n, no s贸lo hay peligros, tambi茅n oportunidades: la posibilidad de construir una nueva Nueva Izquierda.

Mucho depender谩 en parte de que los progresistas que apoyaron la campa帽a de Hillary sean capaces de hacer un serio examen de conciencia. Necesitar谩n librarse del mito, confortable pero falso, de que perdieron contra una 鈥減anda deplorable鈥 (racistas, mis贸ginos, islam贸fobos y hom贸fobos) auxiliados por Vladimir Putin y el FBI. Necesitar谩n reconocer su propia parte de culpa al sacrificar la protecci贸n social, el bienestar material y la dignidad de la clase obrera a una falsa interpretaci贸n de la emancipaci贸n entendida en t茅rminos de meritocracia, diversidad y empoderamiento. Necesitar谩n pensar a fondo en c贸mo podemos transformar la econom铆a pol铆tica del capitalismo financiarizado reviviendo el lema de campa帽a de Sanders 鈥鈥渟ocialismo democr谩tico鈥鈥 e imaginando qu茅 podr铆a ese lema significar en el siglo XXI. Necesitar谩n, sobre todo, llegar a la masa de votantes de Trump que no son racistas ni pr贸ximos a la ultraderecha, sino v铆ctimas de un 鈥渟istema fraudulento鈥 que pueden y deben ser reclutadas para el proyecto antineoliberal de una izquierda rejuvenecida.

Eso no quiere decir olvidarse de preocupaciones acuciantes sobre el racismo y el sexismo. Pero significa molestarse en mostrar de qu茅 modo esas inveteradas opresiones hist贸ricas hallan nuevas expresiones y nuevos fundamentos en el capitalismo financiarizado de nuestros d铆as. Rechazando la idea falsa, de suma cero, que domin贸 la campa帽a electoral, deber铆amos vincular los da帽os sufridos por las mujeres y las gentes de color con los experimentados por los muchos que votaron a Trump. Por esa senda, una izquierda revitalizada podr铆a sentar los fundamentos de una nueva y potente coalici贸n comprometida a luchar por todos.


Este art铆culo ha sido publicado en el n煤mero 34 de la revista Desde el Confinamiento, que puede descargarse gratuitamente aqu铆.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com