October 20, 2020
De parte de La Haine
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En Greener Than You Think [M谩s verde de lo que crees]鈥 una novela de 1947 de Ward Moore, un escritor de ciencia ficci贸n de izquierdas 鈥 una cient铆fica enloquecida de Los 脕ngeles, una tal Josephine Francis, recluta a un vendedor sin oficio ni beneficio llamado Albert Weemer, al que se describe como alguien que posee 鈥渢odos los instintos de una cucaracha鈥, para que le ayude a promocionar su hallazgo: un compuesto llamado 鈥淢etamorfosizador鈥 [鈥淢etamorphosizer鈥漖 que acent煤a el crecimiento de las hierbas y les permite crecer en suelos 谩ridos y rocosos.

Ella sue帽a con acabar de modo permanente con el hambre en el mundo por medio de una masiva expansi贸n de las variedades de trigo y otros cereales. Weemer, un ignorante en materia de ciencia, s贸lo piensa en hacer dinero r谩pido a base de vender el producto puerta a puerta como tratamiento para el c茅sped. Como necesita desesperadamente dinero para continuar su investigaci贸n, Francis se aviene de mala gana y Weener parte hacia los amarillentos jardines de c茅sped de fatigados vecindarios de bungalows.

Para su sorpresa, el tratamiento, que altera los genes de la hierba, funciona, s贸lo que demasiado bien. En el patio de la familia Dinkman, la digitaria [c茅sped salvaje] se convierte en una 鈥淗ierba del Diablo鈥 de pesadilla, resistente a la siega y los herbicidas, que comienza a extenderse por toda la ciudad. 鈥淪e retorc铆a y enredaba en una inquietud de pesadilla鈥.cubri茅ndolo inexorablemente todo en su camino. Una grieta de la calzada desapareci贸 cubierta por ella, un matorral qued贸 engullido, un pedazo de muro desapareci贸鈥. Persiste en devorar las aceras y las casas y acaba por consumir la ciudad: una monstruosa criatura nueva que se arrastra hacia Bel茅n.

‘Greener Than You Think’ resulta a la vez hilarante y ligeramente inquietante. Pero sus absurdas premisas se est谩n convirtiendo en sucesos de actualidad gracias al cambio clim谩tico: de hecho, la Hierba del Diablo es en realidad bromo, una tribu de hierbas invasoras y casi imposibles de erradicar que llevan nombres adecuadamente desagradables como bromo 鈥渞ipgut鈥, c茅sped enga帽oso鈥 y falso bromo. Originaria del Mediterr谩neo y de Oriente Medio, algunas especies llevan en California desde la 茅poca de la 鈥渇iebre del oro鈥, cuando el sobrepastoreo permiti贸 que el bromo y el pasto de avena europeos substutuyeran agresivamente a las especies aut贸ctonas. Pero ahora el fuego y el crecimiento incontrolado m谩s all谩 de los barrios residenciales se han convertido en sus metamorfosizadores, a medida que colonizan y degradan los ecosistemas a lo largo del estado.

El desierto del Mojave Oriental constituye un sombr铆o ejemplo. En la ruta de Los 脕ngeles a Las Vegas, a veinte minutos de la l铆nea de demarcaci贸n del estado, hay una salida desde la I-15 a una v铆a asfaltada de dos carriles llamada Carretera de la Cima. Es el modesto portal de entrada a uno de los bosques m谩s m谩gicos de Am茅rica del Norte: kil贸metros sin fin de antiguo bosque virgen de 谩rboles de Josu茅 [yucca brevifolia] que cubren un campo de peque帽os volcanes del Pleistoceno conocido como Cima Dome. Los monarcas de este bosque tienen de 14 metros de alto y cientos de a帽os de edad. Se estima que a mediados de agosto 1,3 millones de estas asombrosas yuccas gigantescas perecieron en el incendio del Dome provocado por un rayo.

No es esta la primera vez que se ha quemado el Mojave Oriental. Un megaincendio de 2005 calcin贸 un mill贸n de acres [404.685,642 hect谩reas] de desierto, pero respet贸 el Dome, coraz贸n del bosque. A lo largo de la 煤ltima generaci贸n, una invasi贸n de bromo rojo ha creado un sotobosque inflamable entre los 谩rboles de Josu茅 y ha transformado el Mojave en una ecolog铆a de incendios (el bromo invasor ha desempe帽ado este papel en la Gran Cuenca [Nevada, Utah, California, Idaho, Oreg贸n y Wyoming] durante d茅cadas).

Las plantas del desierto, a diferencia de los robles y el chaparral californianos, no est谩n adaptadas al fuego, de modo que puede que su recuperaci贸n resulte imposible. Debra Hughson, cient铆fica jefe de la Reserva Nacional de Mojave [Mojave National Preserve], describi贸 el fuego como acontecimiento de extinci贸n. 鈥淟os 谩rboles de Josu茅 son muy inflamables. Se morir谩n y no se recobrar谩n鈥.

Nuestros desiertos en llamas son expresiones regionales de una tendencia global. La vegetaci贸n mediterr谩nea ha evolucionado conjuntamente con el fuego; ciertamente, los robles y la mayor铆a de las plantas requieren de incendios epis贸dicos para reproducirse. Pero los incendios extremos de forma rutinaria en Grecia, Espa帽a, Australia y California est谩n hoy anulando las adaptaciones del Holoceno y produciendo cambios irreversibles en la biota.

Si bien Australia es un aspirante que se le acerca, California es quien mejor ilustra el c铆rculo vicioso en el que un calor extremo lleva a incendios extremos frecuentes que impiden la regeneraci贸n natural, y con la ayuda de las enfermedades de los 谩rboles acelera la conversi贸n de paisajes ic贸nicos en praderas dispersas y laderas monta帽osas desprovistas de 谩rboles. Y con las plantas aut贸ctonas, por supuesto, desaparece la fauna aut贸ctona.

A comienzos de este siglo, los planificadores de recursos h铆dricos y las autoridades en materia de incendios locales se centraban primordialmente en la amenaza de sequ铆as de varios a帽os causadas por episodios agudizados de La Ni帽a y b贸vedas de altas presiones tercamente persistentes, las cuales podr铆an atribuirse ambas al calentamiento antropog茅nico. Sus peores temores se cumplieron con la gran sequ铆a de la 煤ltima d茅cada, la mayor quiz谩s de los 煤ltimos 500 a帽os, que se estima que llev贸 a la muerte de 150 millones de 谩rboles infestados de barrenillo [escarabajo de la corteza], lo que posteriormente proporcion贸 una masa de le帽a para las tormentas de fuego de 2017 y 2018.

La gran mortandad de pinos y con铆feras se ha visto acompa帽ado por una pandemia de hongos que se extiende exponencialmente, conocida como 鈥渕uerte s煤bita del roble鈥 que ha matado a millones de encinas de California y de tanoaks en las sierras costeras de California y Oreg贸n. Puesto que los tanoaks, sobre todo, crecen en bosques mixtos con abetos de Douglas y pinos ponderosa, sus troncos muertos deber铆an probablemente contabilizarse como el equivalente de millones de barriles de fuel-oil en las actuales tormentas de fuego que asolan las monta帽as costeras y las laderas de las sierras.

Por a帽adidura a la sequ铆a corriente, los cient铆ficos hablan hoy de un nuevo fen贸meno, la 鈥渟equ铆a c谩lida鈥. Hasta en a帽os con precipitaciones medias propias del siglo XX, el calor extremo del verano, nuestra nueva normalidad, est谩 produciendo d茅ficits masivos de agua por medio de la evaporaci贸n en embalses, corrientes y r铆os. En el caso del sustento del sur de California, el r铆o Colorado inferior, se ha predicho un asombroso descenso del 20% de su caudal en el curso de unas cuantas d茅cadas, independientemente de si decaen las precipitaciones.

Pero el impacto m谩s demoledor de temperaturas semejantes a las del Valle de la Muerte (hac铆a 50 grados en el Valle de San Fernando hace unas pocas semanas) es la p茅rdida de la humedad de plantas y suelo. Un invierno h煤medo y una primavera temprana pueden fascinarnos con extravagantes despliegues de plantas en flor, pero tambi茅n producen cosechas abundantes de hierbas y plantas herb谩ceas que se cuecen nuestros veranos de horno para convertirse en iniciadoras del fuego cuando vuelven los vientos del diablo.

Los bromos y otras hierbas ex贸ticas anuales son los principales subproductos y facilitadores de este nuevo r茅gimen de incendios. A帽os de investigaci贸n en parcelas experimentales, en las que los cient铆ficos queman distintos tipos de vegetaci贸n y estudian su comportamiento frente al fuego, ha confirmado su ventaja darwiniana. Arden a una temperatura que es el doble de la cubierta de suelo herb谩ceo, vaporizando nutrientes del suelo e inhibiendo el retorno de las plantas aut贸ctonas. Los bromos crecen asimismo muy bien con la poluci贸n atmosf茅rica y son m谩s eficientes que la mayor铆a de las plantas en la utilizaci贸n de niveles m谩s altos de di贸xido de carbono, grandes ventajas evolutivas en la actual lucha entre ecosistemas.

Un grupo de investigaci贸n del Colegio Forestal de la Universidad Estatal de Oreg贸n [Oregon State鈥檚 College of Forestry] que est谩 estudiando las invasiones de hierba en los bosques de la Costa Oeste, un tema hasta ahora desatendido, avis贸 anteriormente este mismo a帽o de que una vez se asienta el bucle de retroalimentaci贸n con el fuego, se convierte en 鈥渢ormenta perfecta鈥. Al igual que la Hierba del Diablo de Weemer, los invasores desaf铆an a la voluntad humana.

鈥淎ctuaciones de gesti贸n tales como como rebajar la espesura y las quemas controladas, concebidas a menudo para paliar las amenazas de incendios incontrolados, pueden exacerbar tambi茅n la invasi贸n de hierbas y vegetaci贸n forestal, con potenciales consecuencias en la escala del paisaje que en buena medida no se advierten suficientemente鈥. S贸lo un constante esfuerzo sostenido por eliminar la biomasa de la hierba鈥攁lgo que requerir铆a un gran ej茅rcito de de trabajadores forestales a tiempo completo y la plena cooperaci贸n de los propietarios de tierras鈥 podr铆a posponer en teor铆a el apocalipsis de las malas hierbas.

Tambi茅n precisar铆a de una moratoria a nuevas construcciones, as铆 como la reconstrucci贸n tras los incendios en bosques en peligro. La mayor铆a de la vivienda nueva de los 煤ltimos veinte a帽os en California se ha levantado, rentable pero insensatamente, en zonas de elevado riesgo de incendios. La 鈥渆xurbanizaci贸n鈥 [crecimiento urbano m谩s all谩 de las zonas residenciales], buena parte de ella consistente en la huida de los blancos de la diversidad humana de California, promueve por doquier la contrarrevoluci贸n bot谩nica. Pero a los residentes habitualmente la hierba no les deja ver el bosque.

驴Qu茅 deber铆amos pensar de lo que est谩 pasando? A finales de los a帽os 40 las ruinas de Berl铆n se convirtieron en un laboratorio en el que los cient铆ficos naturales estudiaron la sucesi贸n de las plantas despu茅s de tres a帽os de bombardeos incendiarios. Su expectativa era que la vegetaci贸n original de la regi贸n 鈥攍os bosques de robles y sus matorrales鈥 se restablecer铆an pronto. Para horror suyo result贸 que no fue este el caso. Por el contrario, plantas ex贸ticas escapadas, algunas de ellas plantas raras de jard铆n, se establecieron como nuevas dominadoras.

Los bot谩nicos continuaron sus estudios hasta que se limpiaron las 煤ltimas 谩reas de explosi贸n en los a帽os 80. La persistencia de esta vegetaci贸n de zona muerta y el fracaso de las plantas de los bosques de Pomerania a la hora de reasentarse provocaron un debate sobre la 鈥楴aturaleza II鈥. La opini贸n era que el calor extremo de las bombas incendiarias y de las estructuras de ladrillo hab铆a creado un nuevo tipo de suelo que invitaba a la colonizaci贸n por parte de plantas resistentes como el 鈥溍bol del cielo鈥 (ailanto) que hab铆a evolucionado en las morrenas de las capas de hielo del Pleistocene. Una guerra nuclear en toda regla, advirtieron, podr铆a reproducir esas condiciones a ingente escala (para saber m谩s sobre esto, v茅ase mi libro Dead Cities).

El fuego en el Antropoceno se ha convertido en equivalente f铆sico de la guerra nuclear. Tras los incendios del S谩bado Negro en Victoria [Australia] a principios de 2009, los cient铆ficos australianos calcularon que la energ铆a que liberaban era igual a la explosi贸n de 1.500 bombas del tama帽o de la de Hiroshima. Mayor energ铆a todav铆a es la que han producido las columnas de humo de los piroc煤mulos que durante semanas se han ense帽oreado del norte de California. La niebla naranja t贸xica que ha envuelto durante semanas la zona de la Bah铆a de San Francisco es nuestra versi贸n regional del invierno nuclear.

Est谩 surgiendo una naturaleza nueva, profundamente siniestra, de los escombros de los incendios, a expensas de paisajes que anta帽o consider谩bamos sagrados. Nuestra imaginaci贸n apenas puede abarcar la velocidad o la magnitud de la cat谩strofe.

The Nation, 16 de septiembre de 2020. Traducci贸n: Lucas Ant贸n para Sinpermiso. Extractado por La Haine.




Fuente: Lahaine.org