October 6, 2021
De parte de Asociacion Germinal
197 puntos de vista

 El primer movimiento de este drama lo hizo el presidente norteamericano, Donald Trump, reconociendo la soberan├şa marroqu├ş sobre el Sahara Occidental a cambio del reconocimiento diplom├ítico del Estado de Israel por parte del Reino de Marruecos. Con este movimiento, Trump pretend├şa ampliar su estrategia para Oriente Medio, basada en la construcci├│n de una alianza entre los israel├şes y las principales monarqu├şas del Golfo y otros pa├şses isl├ímicos, que ahondase en el aislamiento pol├ştico y econ├│mico de la Rep├║blica de Ir├ín. Trump, pretendiendo contener a Ir├ín, inicia un movimiento pol├ştico que, quiz├ís involuntariamente, va a desestabilizar, tiempo despu├ęs, la frontera sur de Europa con el Magreb e incluso la propia seguridad energ├ętica de la econom├şa espa├▒ola.

Envalentonado por el reconocimiento norteamericano, el Reino de Marruecos presiona en los foros internacionales para que Espa├▒a y otros pa├şses de la Uni├│n Europea desconozcan las resoluciones de la ONU sobre el S├íhara Occidental y reconozcan la soberan├şa marroqu├ş sobre el territorio, mientras, abandonado a su suerte y cada vez m├ís aislado, el Frente Polisario reinicia sus actividades militares contra el ej├ęrcito ocupante.

En medio de esta situaci├│n de creciente tensi├│n, Espa├▒a da el visto bueno para que, a instancias de Argelia, Brahim Gali, dirigente del Frente Polisario, sea ingresado en un hospital de Logro├▒o para ser tratado de Covid 19. La rocambolesca entrada de Gali (que pese a ser ciudadano espa├▒ol a todos los efectos legales entra en el pa├şs sin ense├▒ar su pasaporte y es ingresado en el hospital con un nombre falso) es r├ípidamente contestada por Marruecos. La polic├şa de fronteras marroqu├ş empuja a miles de migrantes a cruzar hacia Ceuta y Melilla durante varios d├şas, creando una espectacular crisis que pone en cuesti├│n la seguridad fronteriza de la Uni├│n Europea y motiva la suspensi├│n de las relaciones diplom├íticas entre ambas riberas del Estrecho.

Mientras tanto, en Marruecos, los medios nacionalistas y la prensa vinculada con la Casa Real inician una feroz cascada de ataques contra la pol├ştica exterior espa├▒ola, reivindicando la devoluci├│n al reino alau├ş de las posesiones espa├▒olas en el norte de ├üfrica y poniendo en cuesti├│n la soberan├şa sobre las islas Canarias. Es de resaltar que, a finales de 2020, Marruecos hab├şa extendido, mediante dos leyes, los l├şmites de las que considera sus aguas territoriales en una zona colindante con el archipi├ęlago canario en la que hay prometedores indicios de la existencia de yacimientos de telurio y cobalto, minerales imprescindibles para el desarrollo de la industria del coche el├ęctrico y los paneles solares.

La r├ípida intervenci├│n de la Comisaria europea de Interior, Ylva Johansson, recordando a Marruecos que ÔÇťlas fronteras espa├▒olas son fronteras europeasÔÇŁ, y de la presidenta de la Comisi├│n Europea, Ursula von der Leyen, que muestra su solidaridad con Espa├▒a y recuerda que est├í trabajando sobre un nuevo Pacto comunitario sobre inmigraci├│n, parece aplacar los ├ínimos y frenar la estrategia de tensi├│n de Mohamed VI. Sobre todo porque, al mismo tiempo que inicia su enfrentamiento con Espa├▒a, Marruecos entra en conflicto con Alemania y Francia por motivos relacionados con las presiones desatadas por el reino alau├ş para impulsar el reconocimiento internacional de su soberan├şa sobre el S├íhara y por el esc├índalo desatado por la posible utilizaci├│n del sistema inform├ítico israel├ş Pegasus por los servicios secretos marroqu├şes para espiar las comunicaciones de conocidos pol├şticos, periodistas y empresarios franceses, entre ellos el propio presidente Emmanuel Macron.

El listado de posibles objetivos de escucha del servicio secreto marroqu├ş, gracias a Pegasus, incluye un m├│vil del rey Mohamed VI, varios del Palacio Real y m├ís de 6.000 n├║meros de Argelia. Entre los objetivos argelinos aparece buena parte de la c├║pula pol├ştica y militar, dirigentes de los servicios secretos, diplom├íticos extranjeros, y periodistas, como el director del medio digital TSA, Lounes Guemache.

El gobierno argelino acusa abiertamente a los servicios secretos marroqu├şes de estar financiando a grupos subversivos islamistas, a los independentistas de la Cabilia, y al Hirak (el movimiento de protesta contra el r├ęgimen) en Argelia. El mi├ęrcoles 22 de septiembre el gobierno argelino anuncia el cierre del espacio a├ęreo para todos los aviones civiles y militares de Marruecos. El Alto Consejo de Seguridad argelino alega ÔÇťcontinuas provocaciones y pr├ícticas hostiles del lado marroqu├şÔÇŁ.

La tensi├│n escala y, de nuevo, impacta directamente sobre los intereses espa├▒oles. El cierre de las fronteras entre los dos pa├şses norteafricanos lleva a la suspensi├│n del suministro de gas argelino a Espa├▒a a trav├ęs del Gasoducto Magreb-Europa (GME), que atraviesa 540 kil├│metros de territorio marroqu├ş.

Tengamos en cuenta que el 45 % del gas que consume Espa├▒a procede de Argelia. El 41 % de ese gas llega por los distintos tramos de gasoducto y el 4 % por barco. El 31 de octubre caduca la licencia de explotaci├│n del GME y Argelia afirma a estar dispuesta a no renovar el contrato, cerrando esta v├şa de aprovisionamiento de energ├şa para la industria y el mercado espa├▒oles.

Adem├ís, esto sucede en una situaci├│n extremadamente desfavorable para la econom├şa espa├▒ola. Los precios del gas han subido aceleradamente, ante la fuerte alza de la demanda desatada en el inicio de la recuperaci├│n post-pandemia. Rusia controla el grifo de gran parte del gas que llega a Europa, y est├í encontrando mejores clientes en el mercado asi├ítico, lo que al tiempo le sirve para hacer notar a los gobiernos europeos las dificultades que les derivan del seguidismo acr├ştico de las pol├şticas antirusas del gobierno norteamericano. Pero los precios de la energ├şa crecen tambi├ęn por algunas razones de dif├şcil soluci├│n a medio plazo: el inicio del proceso de transici├│n ecol├│gica, que pretende descarbonizar la econom├şa europea, unido a la creciente especulaci├│n en mercados de la energ├şa regulados a la manera m├ís favorable para los grandes oligopolios y los fondos internacionales, empuja al alza al precio de los derechos de emisi├│n de CO2 y alienta los reclamos de parte del empresariado de la energ├şa, que pretende detener las pol├şticas clim├íticas y ÔÇťexplorar la vuelta temporalÔÇŁ al carb├│n y la expansi├│n de lo nuclear.

Hay otro gasoducto entre Espa├▒a y Argelia. Conocido como Medgaz, conecta directamente Beni Saf con Almer├şa, pero su capacidad no es suficiente para sustituir al GME, que transporta el 25 % del suministro de gas que llega anualmente a territorio espa├▒ol. La posibilidad de realizar el transporte por barco no es realista: no hay capacidad log├şstica suficiente para hacerlo y, adem├ís, el producto resultar├şa mucho m├ís caro. El gobierno se enfrenta a una situaci├│n de urgencia, reuni├ęndose con los argelinos y dictando una orden ministerial para incrementar las reservas estrat├ęgicas de gas. Enag├ís, por su parte, ampl├şa la capacidad de descarga en sus instalaciones para admitir todo el gas que sea posible, venga de donde venga.

Al tiempo, el Frente Polisario obtiene una resonante victoria jur├şdica ante el Tribunal General de la Uni├│n Europea, que dictamina que los acuerdos de pesca y de comercio de la Uni├│n con Marruecos son nulos en lo que afecta a los productos y a los caladeros de pesca situados en territorio saharaui. La ONU no reconoce la soberan├şa marroqu├ş sobre el S├íhara y, por tanto, el reino alau├ş no puede llegar a acuerdos que se refieran a los recursos naturales y los productos producidos en dicho territorio. Las dos sentencias no son directamente ejecutivas, a la espera de los recursos que sin duda se interpondr├ín ante el TJUE, pero reconocen abiertamente el derecho del Frente Polisario de ser el ├║nico interlocutor oficial del pueblo saharaui, contrariando las tesis marroqu├şes.

Estas sentencias afectan de manera contradictoria a Espa├▒a: pese a que la mayor parte de los barcos europeos autorizados a faenar en aguas saharauis son espa├▒oles, la mayor parte de las capturas en dichas aguas las realizan barcos de otras nacionalidades de la Uni├│n, dado que los nav├şos espa├▒oles no suelen hacer efectivo esa autorizaci├│n al estar limitada a especies concretas. Por otra parte, la posible limitaci├│n de entrada de los productos agrarios con origen en el S├íhara en Espa├▒a provoca una discreta esperanza en el campo andaluz, sometido a una brutal competencia internacional.

La tensi├│n entre Argelia y Marruecos parece escalar por momentos. Se habla de recurrentes movimientos de tropas en la frontera. La dirigencia marroqu├ş, al tiempo, parece cada vez m├ís decidida a impulsar una pol├ştica exterior agresiva, destinada a obtener el reconocimiento internacional de su soberan├şa sobre el S├íhara y a ir creando las bases de futuras reivindicaciones territoriales frente a Espa├▒a. Se impone asumir tres grandes ense├▒anzas de esta pugna en el Magreb, que puede poner en peligro la sostenibilidad energ├ętica del modelo econ├│mico espa├▒ol y empujar a la desestabilizaci├│n de toda el ├írea del Mediterr├íneo Occidental:

La primera: el colapso de la hegemon├şa unipolar de Estados Unidos, y la consiguiente apuesta de su clase dirigente por una agresiva pol├ştica nacionalista que ya no considere a los europeos como ÔÇťaliados preferentesÔÇŁ, puede llevar a tensiones y conflictos inesperados, incluso en las propias fronteras (o en el interior) de Europa. Estados Unidos ya no valora con preferencia el efecto que sus pol├şticas pueden tener sobre los intereses geopol├şticos, comerciales o econ├│micos europeos. Las pol├ęmicas sobre el Aukus, el gasoducto Nord Stream 2, o la creciente inestabilidad del Magreb tienen un mismo origen: la clase dirigente norteamericana apuesta por el ÔÇťAmerica FirstÔÇŁ y ya no valora como antes la llamada ÔÇťrelaci├│n transatl├ínticaÔÇŁ.

La segunda: las econom├şas desarrolladas no pueden sobrevivir sin grandes flujos migratorios, como demuestra la situaci├│n actual en el Reino Unido. Pero controlar (que no evitar) esos flujos, dada la brutal desigualdad del sistema econ├│mico global, es imposible sin la participaci├│n de los pa├şses fronterizos. Y los pa├şses fronterizos ya han aprendido que los flujos migratorios les dan un enorme poder que puede usarse como un arma de presi├│n o de guerra. Revertir la brutal desigualdad entre el Norte y el Sur, acabando con la miseria en todo el planeta, ya no es s├│lo un sue├▒o ut├│pico o bienintencionado, sino tambi├ęn una necesidad perentoria de seguridad y de defensa de la paz, incluso para los pa├şses del Norte.

La tercera: el proceso de transici├│n ecol├│gica es un proceso problem├ítico e incierto en las presentes condiciones sociales y geopol├şticas. La descarbonizaci├│n va a desatar m├ís conflictos y contradicciones de las que probablemente esperan los analistas de la Comisi├│n Europea. Limitar el calentamiento global y reconvertir la econom├şa a lo verde, sin poner en crisis el capitalismo es una estrategia de muy compleja implementaci├│n, rodeada de peligros, en la que muchas cosas pueden salir tr├ígicamente mal. Si no se apuesta por un modelo social completamente distinto a nivel global, la descarbonizaci├│n de los oligopolios amenazar├í con descarrilar una y otra vez, y quiz├ís llegue a hacerlo.

El mundo est├í mutando a toda velocidad y el norte de ├üfrica no es una excepci├│n. Aqu├ş al lado, al otro lado del Estrecho, las tensiones se disparan. Las viejas seguridades de la pol├ştica exterior espa├▒ola empiezan a resquebrajarse.

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Fuente: Asociaciongerminal.org