May 8, 2021
De parte de Nodo50
180 puntos de vista


La más baja reducción desde la Segunda Guerra Mundial del Producto Interno Bruto (PIB) global ocurrida en 2020 y la continuidad de esa tendencia en 2021 debido a la pandemia de coronavirus, se contrapone a los enormes gastos dedicados a la carrera armamentista que en ese período alcanzaron cifras récord.

La Covid-19 ha puesto en vilo a la economía del orbe al perderse millones de puestos de trabajo; quiebras de empresas y negocios; enormes gastos para atender la salud de los contagiados; caída del comercio y la proliferación de la miseria y la pobreza en gran parte de la población sobre todo en los países en desarrollo.

Los expertos
catalogan la situación de catastrófica en la que muy pocos países han salido
incólumes ante tamaña enfermedad que ha demostrado la incapacidad del sistema
capitalista neoliberal para enfrentar y proteger a la mayoría de sus
poblaciones de los graves efectos del flagelo. 

El
Instituto Internacional de Finanzas
(IIF por su siglas en inglés) en un reciente informe indicó que la
deuda de hogares, empresas, bancos y gobiernos de todo el planeta sumaba al
cierre del tercer trimestre de 2020, 272 billones de dólares y a finales del
año llegó a un máximo histórico de 277 billones de dólares, que representan el 365
% del PIB mundial.

Pese a esta gran
problemática, el gasto militar continuó incrementándose, pues según el
Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (CEPRI), la
crisis generada por la pandemia no ha impedido que el capital colocado en la defensa
siga en alza.

Por quinto año
consecutivo afirma, subió hasta los 1,98 billones de dólares, 74 000 millones
más que en 2019, es decir, 2,6 % interanual, mientras que el PIB mundial cayó
un 4,4 %. El hecho de que el gasto militar aumente en un año de recesión
económica, significa que la proporción de este tipo de inversiones en el PIB
total también creció.

De acuerdo al CEPRI,
solo cinco países ostentan el 62 % del gasto militar: Estados Unidos ascendió a
4,4 % en 2020 hasta los 778 000 millones de dólares, o sea, 39 % del total;
China 1,9 % en el año para 252 000 millones; India, 2,1 % para 72 000 millones;
Rusia 2,5 % hasta 61 700 millones; Reino Unidos, 2,9 %, o sea, 59 200 millones.

Con respecto a los países
integrantes de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) se elevó a 1,1
billones, lo que representa el 56 % global.

Pero analicemos
otros datos, como el del Banco Mundial, donde indica que en 2020 cayeron en la
pobreza extrema entre 88 millones y 115 millones más por lo que las personas
que sobreviven con solo 1,98 dólares al día ha aumentado entre 703 millones y
729 millones. La tasa de pobreza extrema sería entre 9,1 y 9,4 % lo que
equivale a un retroceso de tres años pues se volvió a los niveles que se
registraron en 2017.

Durante las décadas
de 1970, 1980 y 1990, el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, señaló en
múltiples foros internacionales la necesidad de poner coto a los monumentales
gastos en que incurrían las naciones más poderosas con el objetivo de mantener
la carrera armamentista.

En
uno de sus discursos, pronunciado el 12 de octubre de 1979 ante el XXXIV
período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, Fidel denunció:

«El
ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena
internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo
se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los
hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre,
las enfermedades, la ignorancia».

Expertos de Naciones
Unidas aseguran que solo se necesitan 160 dólares por persona al año para
minimizar la extrema pobreza. Si se multiplica por los 729 millones que están
en esa frágil categoría, la cifra llegaría a 116 640 millones de dólares,
cantidad suficiente para minimizarla.

Pero la ONU va más
lejos al asegurar que se necesitan 1,5 billones para erradicar la pobreza
humana para siempre y para que los más necesitados pueden tener a su alcance
programas de alimentación, salud y educación.

Aunque la cifra
parece grande, la cantidad solo equivale al 1 % del PIB global anual o 23 meses
de gasto militar de Estados Unidos. Si en los últimos años la inversión social
hubiera crecido en vez de la carrera armamentista, el mundo estaría mejor, con menos
desigual, más próspero y humano.

Las políticas realizadas en los últimos tiempos por la anterior administración estadounidense de Donald Trump y al parecer, continuada por la actual de Joe Biden al impulsar una nueva guerra fría, esta vez contra China y Rusia,  indiscutiblemente que incrementará aun más el hambre y la pobreza mundial. Esperemos que esta situación no se prolongue por el bien de la humanidad.  

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.




Fuente: Rebelion.org