March 3, 2021
De parte de Amor Y Rabia
9 puntos de vista


por Shoshana Zuboff (autora de La era del capitalismo de vigilancia)

Podemos tener democracia o podemos tener una sociedad de vigilancia, pero no podemos tener ambas cosas.

Hace dos d茅cadas, el gobierno estadounidense dej贸 abierta la puerta principal de la democracia a las incipientes empresas de Internet de California, con una acogedora chimenea encendida como bienvenida. En los a帽os que siguieron, floreci贸 una sociedad de vigilancia en esas salas, una visi贸n social nacida de las necesidades distintas pero rec铆procas de las agencias de inteligencia p煤blica y las empresas privadas de Internet, ambas hechizadas por un sue帽o de disponer de la totalidad de la informaci贸n. Veinte a帽os despu茅s, el fuego salt贸 la pantalla y el 6 de enero amenaz贸 con incendiar la casa de la democracia.

He pasado exactamente 42 a帽os estudiando el auge de lo digital como fuerza econ贸mica que impulsa nuestra transformaci贸n en una civilizaci贸n de la informaci贸n. Durante las 煤ltimas dos d茅cadas, he observado las consecuencias de esta sorprendente fraternidad pol铆tico-econ贸mica cuando esas empresas j贸venes se transformaron en imperios de vigilancia impulsados 鈥嬧媝or arquitecturas globales de monitoreo, an谩lisis, focalizaci贸n y predicci贸n del comportamiento que he llamado capitalismo de vigilancia. Sobre la base de sus capacidades de vigilancia y por el bien de los beneficios que obtienen mediante la vigilancia, los nuevos imperios dise帽aron un golpe epist茅mico (episteme deriva de la palabra griega epist岣梞膿, que significa 芦conocimiento禄, AyR) fundamentalmente antidemocr谩tico marcado por concentraciones sin precedentes de conocimiento sobre nosotros y el poder impune que aumenta mediante esa informaci贸n.

En una civilizaci贸n de la informaci贸n, las sociedades se definen por cuestiones de conocimiento: c贸mo se reparte la autoridad que gobierna su distribuci贸n y el poder que protege a esa autoridad. 驴Qui茅n sabe? 驴Qui茅n decide qui茅n sabe? 驴Qui茅n decide qui茅n decide qui茅n sabe? Los capitalistas de la vigilancia ahora tienen respuestas a cada pregunta, aunque nunca los elegimos para gobernar. 脡sta es la esencia del golpe epist茅mico. Reclaman la autoridad para decidir qui茅n puede saber justific谩ndolo en su propiedad sobre nuestra informaci贸n personal, y defienden esa autoridad mediante su poder para controlar los sistemas e infraestructuras de informaci贸n clave.

Las horribles profundidades del intento de golpe pol铆tico de Donald Trump cabalgan sobre la ola de este golpe en la sombra, llevado a cabo durante las 煤ltimas dos d茅cadas por los medios antisociales que anta帽o dimos la bienvenida cosider谩ndolos agentes de liberaci贸n. El d铆a de su inauguraci贸n, el presidente Biden dijo que 鈥渓a democracia ha prevalecido鈥 y prometi贸 restaurar el valor de la verdad en el lugar que le corresponde en la sociedad democr谩tica. Sin embargo, la democracia y la verdad permanecen amenazados al m谩s alto nivel hasta que logremos derrotar el otro golpe del capitalismo de vigilancia.

El golpe epist茅mico se desarrolla en cuatro etapas.

La primera es la apropiaci贸n de los derechos epist茅micos, que sienta las bases de todo lo que sigue. El capitalismo de la vigilancia se origina en el descubrimiento de que las empresas pueden reclamar la vida de las personas calific谩ndolas como materia prima gratuita de la que extraer datos sobre su comportamiento, que luego declaran como su propiedad privada.

La segunda etapa est谩 marcada por un fuerte aumento de la desigualdad epist茅mica, definida como la diferencia entre lo que yo puedo saber y lo que se puede saber sobre m铆.

La tercera etapa, que estamos viviendo ahora, introduce el caos epist茅mico causado por la b煤squeda de beneficios mediante la amplificaci贸n algor铆tmica, difusi贸n y el microtargeting de informaci贸n degradada, gran parte de la cual ha sido producida como parte de planes coordinados de desinformaci贸n. Sus efectos se sienten en el mundo real, donde fragmentan la realidad compartida, envenenan el discurso social, paralizan la pol铆tica democr谩tica y en ocasiones instigan la violencia y la muerte.

En la cuarta etapa, se institucionaliza el dominio epist茅mico, superando el gobierno democr谩tico por el gobierno computerizado en manos del capital de vigilancia privado. Las m谩quinas saben, y los sistemas deciden, siendo dirigidos y sostenidos por la autoridad ileg铆tima y el poder antidemocr谩tico del capital privado de la vigilancia. Cada etapa se basa en la anterior. El caos epist茅mico prepara el terreno para el dominio epist茅mico al debilitar la sociedad democr谩tica, lo que ha sido demasiado evidente en la insurrecci贸n en el Capitolio de los Estados Unidos.

Vivimos en el siglo digital durante los a帽os en lo que se est谩 creando la civilizaci贸n de la informaci贸n. Nuestra 茅poca es comparable a la primera etapa de la industrializaci贸n, cuando los propietarios ten铆an todo el poder, sus derechos de propiedad privilegiados por encima de todas las dem谩s consideraciones. La intolerable verdad de nuestra condici贸n actual es que Estados Unidos y la mayor铆a de las otras democracias liberales han cedido, hasta ahora, la propiedad y el funcionamiento de todo lo digital a la econom铆a pol铆tica del capital privado de vigilancia, que ahora compiten con la democracia sobre los derechos y principios fundamentales que definir谩n nuestro orden social en este siglo.

El pasado a帽o de miseria pand茅mica y autocracia trumpista magnific贸 los efectos del golpe epist茅mico, revelando el potencial asesino de los medios antisociales mucho antes del 6 de enero. 驴El creciente reconocimiento de este otro golpe y sus amenazas a las sociedades democr谩ticas finalmente nos obligar谩 a considerar la verdad inc贸moda que se ha vislumbrado en las 煤ltimas dos d茅cadas? Podemos tener democracia, o podemos tener una sociedad de vigilancia, pero no podemos tener ambas. Una sociedad de vigilancia democr谩tica es una imposibilidad pol铆tica y existencial. No se equivoquen: esta es la lucha por el alma de nuestra civilizaci贸n de la informaci贸n.

Bienvenidos a la tercera d茅cada.

LA EXCEPCI脫N DE LA VIGILANCIA

La tragedia p煤blica del 11 de septiembre cambi贸 dr谩sticamente el enfoque en Washington en los debates sobre la legislaci贸n federal de privacidad pasando a una man铆a por disponer del total de la informaci贸n, convirtiendo las pr谩cticas innovadoras de vigilancia de Silicon Valley en objetos de gran inter茅s. Como observ贸 Jack Balkin, profesor de la Facultad de Derecho de Yale, la comunidad de inteligencia tendr谩 que “depender de la empresa privada para recopilar y generar informaci贸n para ella”, para poder ir m谩s all谩 de las limitaciones constitucionales, legales o reglamentarias, unos debates que son centrales hoy dia. En 2013, el director de tecnolog铆a de la CIA describi贸 la misi贸n de la agencia como “recopilar todo y conservarlo para siempre”, agradeciendo a las empresas de Internet, incluidas Google, Facebook, YouTube, Twitter y Fitbit, y las empresas de telecomunicaciones, por hacerlo posible. Las ra铆ces revolucionarias del capitalismo de la vigilancia se sembraron en la doctrina pol铆tica no escrita del excepcionalismo de la vigilancia, que pasa por alto la supervisi贸n democr谩tica y esencialmente otorga a las nuevas empresas de Internet una licencia para robar la experiencia humana y convertirla en datos de propiedad exclusiva.

Los j贸venes emprendedores sin ning煤n mandato democr谩tico obtuvieron una ganancia inesperada de informaci贸n infinita y poder inexplicable. Los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, ejercieron un control absoluto sobre la producci贸n, organizaci贸n y presentaci贸n de la informaci贸n mundial. Mark Zuckerberg de Facebook ha tenido control absoluto sobre lo que se convertir铆a en un medio principal de comunicaci贸n global y consumo de noticias, junto con toda la informaci贸n oculta en sus redes. El n煤mero de usuarios del grupo creci贸 y una creciente poblaci贸n de usuarios globales pas贸 a participar sin darse cuenta de lo que acababa de suceder.

La licencia para robar tuvo un precio, vinculando a los ejecutivos al patrocinio continuo de los funcionarios electos y reguladores, as铆 como a la ignorancia sostenida -o al menos resignaci贸n aprendida- de los usuarios. Despu茅s de todo, la doctrina era una doctrina pol铆tica y su defensa requerir铆a un futuro de maniobras pol铆ticas, reconciliaci贸n, compromiso e inversi贸n.

Google abri贸 el camino con lo que se convertir铆a en una de las m谩quinas de lobbyismo m谩s ricas del mundo. En 2018, casi la mitad del Senado recibi贸 contribuciones de Facebook, Google y Amazon, y las empresas siguen estableciendo r茅cords de gastos.

M谩s importante a煤n, el excepcionalismo de la vigilancia ha significado que Estados Unidos y muchas otras democracias liberales eligieron la vigilancia sobre la democracia como el principio rector del orden social. Con esta p茅rdida, los gobiernos democr谩ticos paralizaron su capacidad para mantener la confianza de su pueblo, intensificando la justificaci贸n de la vigilancia.

LA ECONOM脥A Y LA POL脥TICA DEL CAOS EPISTEMICO

Para comprender la econom铆a del caos epist茅mico, es importante saber que las operaciones del capitalismo de vigilancia no tienen un inter茅s formal en los hechos. Todos los datos son bienvenidos como equivalentes, aunque no todos los datos son iguales. Las empresas dedicadas a la extracci贸n de datos proceden con la disciplina del c铆clope, consumiendo vorazmente todo lo que pueden ver, siendo radicalmente indiferentes al significado, los hechos y la verdad.

En un memorando filtrado, un ejecutivo de Facebook, Andrew Bosworth, describe este desprecio deliberado por la verdad y el significado de los datos: 鈥淐onectamos a la gente. Eso puede ser bueno si lo hacen positivo. Quiz谩s alguien encuentre el amor… Eso puede ser malo si lo hacen negativo… Quiz谩s alguien muera en un ataque terrorista… La fea verdad es que… cualquier cosa que nos permita conectar a m谩s personas con m谩s frecuencia es *de facto* algo bueno”.

En otras palabras, pedirle a un extractor de vigilancia que rechace el contenido es como pedirle a una empresa minera que deseche contenedores de carb贸n porque est谩n demasiado sucio. Es por eso que la moderaci贸n de contenidos es un 煤ltimo recurso, una operaci贸n de relaciones p煤blicas siguiendo el esp铆ritu de los mensajes de responsabilidad social de la ExxonMobil. En el caso de Facebook, la clasificaci贸n de datos se lleva a cabo tanto para minimizar el riesgo de retiro del usuario como para evitar sanciones pol铆ticas. Ambos tienen como objetivo aumentar, en lugar de disminuir, los flujos de datos. El imperativo de extracci贸n combinado con una indiferencia radical para producir sistemas que aumentan incesantemente la escala de la participaci贸n, pero les da igual por lo que te atrae.

Me estoy concentrando ahora en Facebook no porque sea el 煤nico perpetrador del caos epist茅mico, sino porque es la empresa de redes sociales m谩s grande y sus consecuencias llegan m谩s lejos.

La econom铆a del capitalismo de vigilancia engendr贸 al c铆clope extractivo, convirtiendo a Facebook en un monstruo publicitario y un campo de exterminio para la verdad. Luego, un se帽or Trump amoral se convirti贸 en presidente, exigiendo el derecho a mentir a gran escala. La econom铆a destructiva se fusion贸 con el apaciguamiento pol铆tico y todo se volvi贸 infinitamente peor.

La clave de esta historia es que la pol铆tica de apaciguamiento requiri贸 solamente poco m谩s que un rechazo a mitigar, modificar o eliminar la desagradable verdad de la econom铆a de la vigilancia. Los imperativos econ贸micos del capitalismo de la vigilancia convirtieron a Facebook en un polvor铆n social. El Sr. Zuckerberg simplemente tuvo que ponerse a un lado y asumir el papel de espectador.

La investigaci贸n interna presentada en 2016 y 2017 demostr贸 v铆nculos causales entre los mecanismos de focalizaci贸n algor铆tmicos de Facebook y el caos epist茅mico. Un investigador concluy贸 que los algoritmos fueron los responsables de la propagaci贸n viral de contenido divisivo que ayud贸 a impulsar el crecimiento de los grupos extremistas alemanes. Descubri贸 que las herramientas de recomendaci贸n fueron responsables del 64% de las 鈥渃onexiones de grupos extremistas鈥, una din谩mica que no es exclusiva de Alemania.
El esc谩ndalo de Cambridge Analytica en marzo de 2018 atrajo la atenci贸n del mundo hacia Facebook de una manera nueva, ofreciendo una ventana temporal en la que poder llevar a cabo cambios audaces. El p煤blico comenz贸 a entender que el negocio de publicidad pol铆tica de Facebook es una forma de alquilar el conjunto de capacidades de la compa帽铆a para micro-segmentar a los usuarios, manipularlos y sembrar el caos epist茅mico, girando toda la m谩quina solo unos pocos grados desde los objetivos comerciales a los pol铆ticos.

La empresa puso en marcha algunas iniciativas modestas, prometiendo m谩s transparencia, un sistema m谩s robusto de verificaci贸n de hechos mediante terceros y una pol铆tica para limitar el “comportamiento coordinado no aut茅ntico”, pero a pesar de todo, Zuckerberg cedi贸 el campo a las demandas de Trump de que no hubiera restricciones de acceso al flujo sangu铆neo de informaci贸n global.

El Sr. Zuckerberg rechaz贸 las propuestas internas de cambios operativos que podr铆an reducir el caos epist茅mico. Una lista blanca pol铆tica identific贸 a m谩s de 100.000 funcionarios y candidatos pol铆ticos cuyas cuentas estaban exentas de verificaci贸n de datos, a pesar de que las investigaciones internas muestran que los usuarios tienden a creer en la informaci贸n falsa compartida por los pol铆ticos. En septiembre de 2019, la compa帽铆a anunci贸 que la publicidad pol铆tica no estar铆a sujeta a verificaci贸n de hechos.
Para aplacar a sus cr铆ticos en 2018, Zuckerberg encarg贸 una auditor铆a de derechos civiles dirigida por Laura Murphy, exdirectora de la oficina legislativa de Washington de la ACLU. El informe publicado en 2020 es una queja apasionada expresada mediante un r铆o de palabras que dan testimonio de esperanzas frustradas: “descorazonador”, “frustrado”, “enojado”, “consternado”, “temeroso”, “desgarrador”.
El informe es consistente con una ruptura casi completa de la fe del p煤blico estadounidense en Big Tech (las grandes empresas del sector de las nuevas tecnolog铆as, AyR). Cuando se le pregunt贸 c贸mo se adaptar铆a Facebook a un cambio pol铆tico hacia una posible administraci贸n de Biden, un portavoz de la compa帽铆a, Nick Clegg, respondi贸: “Nos adaptaremos al entorno en el que estemos operando”. Y as铆 fue. El 7 de enero, un d铆a despu茅s de que qued贸 claro que los dem贸cratas iban a controlar el Senado, Facebook anunci贸 que bloquear铆a indefinidamente la cuenta de Trump.

Se espera que nos creamos que los efectos destructivos del caos epist茅mico son el costo inevitable de los preciados derechos de libertad de expresi贸n. No es cierto. As铆 como los niveles catastr贸ficos de di贸xido de carbono en la atm贸sfera terrestre son la consecuencia de la quema de combustibles f贸siles, el caos epist茅mico es una consecuencia de las operaciones comerciales fundamentales para el capitalismo de vigilancia, agravado por las obligaciones pol铆ticas y puesto en marcha por un sue帽o de control total de la informaci贸n que ya tiene 20 a帽os y se convirti贸 en una pesadilla. Luego lleg贸 una plaga a Estados Unidos, convirtiendo la conflagraci贸n antisocial de los medios de comunicaci贸n en un incendio forestal.

EL CAOS EPIST脡MICO SE ENCUENTRA CON UN MISTERIOSO MICROORGANISMO

Ya en febrero de 2020, la OMS (Organizaci贸n Mundial de la Salud) inform贸 sobre una 鈥渋nfodemia鈥 de Covid-19, con mitos y rumores que se estaban difundiendo por las redes sociales. En marzo, investigadores del M. D. Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas llegaron la conclusi贸n de que la informaci贸n m茅dica err贸nea relacionada con el coronavirus se estaba “propagando a un ritmo alarmante en las redes sociales”, poniendo en peligro la seguridad p煤blica.
The Washington Post inform贸 a finales de marzo que con casi el 50% del contenido de las noticias de Facebook dedicadas a temas relacionados con el Covid-19, un n煤mero muy peque帽o de “usuarios influyentes” estaba impulsando los h谩bitos de lectura y las fuentes de una gran cantidad de usuarios. Un estudio publicado en abril por el Instituto Reuters confirm贸 que pol铆ticos de alto nivel, celebridades y otras figuras p煤blicas prominentes produjeron el 20% de la informaci贸n err贸nea en la muestra que analizaron, pero atrajeron el 69% de las interacciones en las redes sociales.
Un estudio publicado en mayo por el Instituto de Di谩logo Estrat茅gico de Gran Breta帽a identific贸 un grupo central de 34 sitios web de extrema derecha que difunden desinformaci贸n de Covid o est谩n vinculados a centros establecidos de desinformaci贸n de salud que ahora se centran en el Covid-19. De enero a abril de 2020, las publicaciones p煤blicas de Facebook con enlaces a estos sitios web obtuvieron 80 millones de interacciones, mientras que las publicaciones con enlaces al sitio web de la OMS recibieron 6,2 millones de interacciones y los Centers for Disease Control and Prevention (Centros para el Control y la Prevenci贸n de Enfermedades o CDC, organismo de EEUU dedicado a combatir epidemias, AyR) recibieron 6,4 millones.
Un estudio de Avaaz publicado en agosto destap贸 82 sitios web que difunden informaci贸n err贸nea sobre el Covid que alcanzaron un pico de casi 500 millones de visitas en Facebook en abril. El contenido de los 10 sitios web m谩s populares atrajo alrededor de 300 millones de visitas en Facebook, en comparaci贸n con 70 millones de 10 instituciones l铆deres en el campo de la salud. Los modestos esfuerzos de moderaci贸n de contenido de Facebook no fueron rival para sus propios sistemas de m谩quinas dise帽ados para crear caos epist茅mico.
En octubre, un informe del National Center for Disaster Preparedness (Centro Nacional de Preparaci贸n para Desastres) de la Universidad de Columbia estim贸 el n煤mero de muertes evitables por Covid-19. M谩s de 217.000 estadounidenses hab铆an muerto. Tr谩gicamente, el an谩lisis concluy贸 que al menos 130.000 de esas muertes podr铆an haberse evitado. De las cuatro razones clave citadas, los detalles de cada una, incluida la “falta de obligaci贸n de llevar puesta una mascatilla” y “enga帽ar al p煤blico”, reflejan la org铆a del caos epist茅mico desatado sobre las hijas e hijos de Estados Unidos.

Este es el mundo en el que floreci贸 un microorganismo misterioso y mortal. Recurrimos a Facebook en busca de informaci贸n. En cambio, encontramos estrategias letales de caos epist茅mico con 谩nimo de lucro.

TERRORISMO EPIST脡MICO

En 1966, Peter Berger y Thomas Luckmann escribieron un libro breve de importancia fundamental, “The Social Construction of Reality” (La construcci贸n social de la realidad). Su observaci贸n central es que la 鈥渧ida cotidiana鈥 que experimentamos como 鈥渞ealidad鈥 la construimos activa y perpetuamente. Este milagro continuo del orden social se basa en el “conocimiento del sentido com煤n”, que es “el conocimiento que compartimos con los dem谩s en las rutinas normales y evidentes de la vida cotidiana”.

Piense en el tr谩fico: no hay suficientes agentes de polic铆a en el mundo para garantizar que todos los autom贸viles se detengan en cada sem谩foro en rojo, pero no todas las intersecciones desencadenan una negociaci贸n o una pelea. Eso es porque en sociedades ordenadas todos sabemos que las luces rojas tienen la autoridad para hacernos detener y las luces verdes est谩n autorizadas para dejarnos ir. Este sentido com煤n significa que todos actuamos de acuerdo con lo que todos sabemos, mientras confiamos en que los dem谩s tambi茅n lo har谩n. No solo estamos obedeciendo las leyes; estamos creando orden juntos. Nuestra recompensa es vivir en un mundo en el que la mayor铆a de las veces llegamos a donde vamos y volvemos a casa de manera segura porque podemos confiar en el sentido com煤n de los dem谩s. Ninguna sociedad es viable sin ella.

鈥淭odas las sociedades son construcciones frente al caos鈥, escriben Berger y Luckmann. Como las normas son res煤menes de nuestro sentido com煤n, la violaci贸n de normas es la esencia del terrorismo, aterradora porque repudia las certezas sociales m谩s dadas por sentadas. “La violaci贸n de las normas crea una audiencia atenta m谩s all谩 del objetivo del terror”, escriben Alex P. Schmid y Albert J. Jongman en Terrorismo Pol铆tico (Political Terrorism), texto ampliamente citado sobre el tema. Todos experimentan el shock, la desorientaci贸n y el miedo. La legitimidad y la continuidad de nuestras instituciones son esenciales porque nos protegen del caos al formalizar nuestro sentido com煤n.

Las muertes de reyes y las transferencias pac铆ficas del poder en las democracias son momentos cr铆ticos que aumentan la vulnerabilidad de la sociedad. Las normas y leyes que gu铆an estas coyunturas se tratan correctamente con la m谩xima gravedad. Mr. Trump y sus aliados llevaron a cabo una campa帽a de desinformaci贸n de fraude electoral que finalmente se tradujo en violencia. Apunt贸 directamente al punto de m谩xima vulnerabilidad institucional de la democracia estadounidense y sus normas m谩s fundamentales. Como tal, se puede calificar como una forma de terrorismo epist茅mico, una expresi贸n extrema del caos epist茅mico. La determinaci贸n de Zuckerberg de prestar su maquinaria econ贸mica a la causa lo convierte en c贸mplice de este asalto.

Como el b茅isbol, la realidad cotidiana es una aventura que comienza y termina en nuestra casa, donde estamos a salvo. Ninguna sociedad puede vigilar todo todo el tiempo, y menos una sociedad democr谩tica. Una sociedad sana se basa en un consenso sobre lo que es una desviaci贸n y lo que es normal. Nos aventuramos fuera de la norma, pero conocemos la diferencia entre el campo y el hogar, la realidad de la vida cotidiana. Sin eso, como hemos experimentado ahora, las cosas se desmoronan. 驴Dem贸cratas bebiendo sangre? Seguro, 驴por qu茅 no? 驴Hidroxicloroquina para Covid-19? 隆S铆game, por aqu铆! 驴Irrumpir en el Capitolio y convertir al se帽or Trump en dictador? 隆S铆, lo tenemos!

La sociedad se renueva a s铆 misma a medida que evoluciona el sentido com煤n. Esto requiere instituciones de discurso social confiables, transparentes y respetuosas, especialmente cuando no estamos de acuerdo. En cambio, nos enfrentamos a lo contrario, casi 20 a帽os en un mundo dominado por una instituci贸n pol铆tico-econ贸mica que opera como una m谩quina del caos a sueldo, en la que la violaci贸n de las normas es clave para los ingresos.

Los hombres que ya no son j贸venes de las redes sociales defienden sus m谩quinas del caos con una interpretaci贸n retorcida de los derechos de la Primera Enmienda. Las redes sociales no son una plaza p煤blica, sino privada, gobernada por las operaciones de las m谩quinas y sus imperativos econ贸micos, incapaces y y sin inter茅s de distinguir la verdad de la mentira o la renovaci贸n de la destrucci贸n.

Para muchos que consideran la libertad de expresi贸n como un derecho sagrado, la opini贸n disidente del juez Oliver Wendell Holmes de 1919 en Abrams v. Estados Unidos es una piedra de toque. 鈥淓l bien final deseado se alcanza mejor mediante el libre comercio de ideas鈥, escribi贸. “La mejor prueba de la verdad es el poder del pensamiento para ser aceptado en la competencia del mercado”. La informaci贸n corrupta que domina el sector privado no sube a la cima de una competencia libre y justa de ideas. Gana en un juego ama帽ado. Ninguna democracia puede sobrevivir a este juego.

Nuestra susceptibilidad a la destrucci贸n del sentido com煤n refleja una joven civilizaci贸n de la informaci贸n que a煤n no ha encontrado su base en la democracia. A menos que interrumpamos la vigilancia econ贸mica y revoquemos la licencia para robar que legitima sus operaciones antisociales, el otro golpe seguir谩 fortaleci茅ndose y produciendo nuevas crisis. 驴Qu茅 se debe hacer ahora?

TRES PRINCIPIOS PARA EL TERCER DECENIO

Comencemos con un experimento mental: Imagine un siglo XX sin leyes federales que regulen el trabajo infantil o establezcan est谩ndares para los salarios, las horas y la seguridad de los trabajadores; ning煤n derecho de los trabajadores para afiliarse a un sindicato, hacer huelga o negociar colectivamente; sin derechos del consumidor; y ninguna instituci贸n gubernamental para supervisar las leyes y pol铆ticas destinadas a hacer que el siglo industrial sea seguro para la democracia. En cambio, se deja que cada empresa decidiera por s铆 misma qu茅 derechos est谩 dispuesta a reconocer, qu茅 pol铆ticas y pr谩cticas emplear铆a y c贸mo se distribuir铆an sus beneficios. Afortunadamente, esos derechos, leyes e instituciones existieron, inventados por personas durante d茅cadas en todas las democracias del mundo. Por importantes que sigan siendo esos extraordinarios inventos, no nos protegen del golpe epist茅mico y sus efectos antidemocr谩ticos.

El d茅ficit refleja un patr贸n m谩s amplio: Estados Unidos y las otras democracias liberales del mundo hasta ahora no han logrado construir una visi贸n pol铆tica coherente de un siglo digital que promueva los valores, principios y gobierno democr谩ticos. Mientras que los chinos han dise帽ado y desplegado tecnolog铆as digitales para hacer avanzar su sistema de gobierno autoritario, Occidente se ha mantenido comprometido y ambivalente.

Este fracaso ha dejado un vac铆o donde deber铆a estar la democracia, y el peligroso resultado ha sido una deriva de dos d茅cadas hacia sistemas privados de vigilancia y control de comportamiento fuera de las limitaciones de la gobernabilidad democr谩tica. Este es el camino hacia la etapa final del golpe epist茅mico. El resultado es que nuestras democracias marchan desnudas hacia la tercera d茅cada sin las nuevas cartas de derechos, marcos legales y formas institucionales necesarias para asegurar un futuro digital compatible con las aspiraciones de una sociedad democr谩tica.

Todav铆a estamos en los primeros d铆as de una civilizaci贸n de la informaci贸n. La tercera d茅cada es nuestra oportunidad de igualar el ingenio y la determinaci贸n de nuestros antepasados 鈥嬧媎el siglo XX al sentar las bases para un siglo digital democr谩tico.

La democracia est谩 bajo el tipo de asedio que solo la democracia puede acabar. Si queremos derrotar al golpe epist茅mico, la democracia debe ser la protagonista.

Ofrezco tres principios que pueden ayudar a guiar estos comienzos:

EL ESTADO DE DERECHO DEMOCR脕TICO

Lo digital debe vivir en la casa de la democracia, no como un pir贸mano, sino como un miembro de la familia, sujeto y prosperando bajo sus leyes y valores. El gigante dormido de la democracia finalmente se mueve, con importantes iniciativas legislativas y legales en curso en Am茅rica y Europa. En los Estados Unidos, cinco proyectos de ley integrales, 15 proyectos de ley relacionados y una propuesta legislativa importante, cada uno con un significado material para el capitalismo de vigilancia, se presentaron en el Congreso desde 2019 hasta mediados de 2020. Los californianos dieron la bienvenida a la legislaci贸n hist贸rica sobre privacidad. En 2020, el Subcomit茅 de Derecho Antimonopolio, Comercial y Administrativo del Congreso emiti贸 un an谩lisis de gran alcance del caso antimonopolio contra los gigantes tecnol贸gicos. En octubre, el Departamento de Justicia, junto con 11 estados, inici贸 una demanda federal antimonopolio contra Google por abuso de su monopolio de b煤squeda en l铆nea. En diciembre, la Comisi贸n Federal de Comercio present贸 una demanda hist贸rica contra Facebook por acciones anticompetitivas, junto con una demanda de 48 fiscales generales. Estos fueron seguidos r谩pidamente por una demanda iniciada por 38 fiscales generales que hac铆a frente al motor de b煤squeda central de Google al considerarlo como un medio anticompetitivo para bloquear a los rivales y privilegiar sus propios servicios.

Los argumentos antimonopolio son importantes por dos razones: indican que la democracia est谩 nuevamente en movimiento y legitiman una mayor atenci贸n regulatoria a las empresas designadas como dominantes en el mercado. Pero cuando se trata de derrotar al golpe epist茅mico, el paradigma antimonopolio se queda corto. Este es el por qu茅.

El giro hacia el antimonopolio recuerda las pr谩cticas anticompetitivas y las concentraciones de poder econ贸mico en los monopolios de la Gilded Age (la Edad Dorada, el periodo de expansi贸n del capitalismo industrial que creo multitud de monopolios durante el siglo XIX y comienzos del XX, AyR). Como Tim Wu, un campe贸n antimonopolio, explic贸 en The Times, 鈥“La estrategia de Facebook fue similar a la de John D. Rockefeller en Standard Oil durante la d茅cada de 1880. Ambas empresas examinaron el horizonte del mercado en busca de competidores potenciales y luego los compraron o los enterraron”. A帽adi贸 que “fue precisamente este modelo de negocio el que el Congreso prohibi贸 en 1890” con la Sherman Antitrust Act.

Es cierto que Facebook, Google y Amazon, entre otros, son capitalistas despiadados, as铆 como capitalistas de vigilancia despiadados, pero el enfoque exclusivo en su poder monopol铆stico al estilo Standard Oil plantea dos problemas. Primero, el modelo antimonopolio no tuvo tanto 茅xito, incluso en los t茅rminos de sus fiscales de finales del siglo XIX y principios del XX, en su objetivo de poner fin a las concentraciones injustas de poder econ贸mico en la industria petrolera. En 1911, una decisi贸n de la Corte Suprema dividi贸 a Standard Oil en 34 empresas de la industria de combustibles f贸siles. El valor combinado de las empresas result贸 mayor que el original. El m谩s grande de los 34 ten铆a todas las ventajas de la infraestructura y escala de Standard Oil y r谩pidamente se movi贸 hacia fusiones y adquisiciones, convirti茅ndose en imperios de combustibles f贸siles por derecho propio, incluidos Exxon y Mobil (que se convirti贸 en ExxonMobil), Amoco y Chevron.

Un segundo problema con las leyes antimonopolio, mucho m谩s significativo, es que, si bien puede ser importante abordar las pr谩cticas anticompetitivas en empresas despiadadas, no es suficiente para abordar los da帽os del capitalismo de vigilancia, como tampoco la decisi贸n de 1911 abord贸 los da帽os de la producci贸n de combustibles f贸siles y consumo. En lugar de evaluar Facebook, Amazon o Google a trav茅s de las gafas del siglo XIX, deber铆amos reinterpretar el caso de Standard Oil desde la perspectiva de nuestro siglo.

Otro experimento mental: imagina que los Estados Unidos de 1911 entendieran la ciencia del cambio clim谩tico. La decisi贸n de disoluci贸n de la corte habr铆a abordado las pr谩cticas anticompetitivas de Standard Oil ignorando el caso mucho m谩s trascendente: que la extracci贸n, refinaci贸n, venta y uso de combustibles f贸siles destruir铆a el planeta. Si los juristas y legisladores de esa 茅poca hubieran ignorado estos hechos, habr铆amos considerado sus acciones como una mancha en la historia de Estados Unidos.

De hecho, la decisi贸n del tribunal ignor贸 las amenazas mucho m谩s apremiantes a los trabajadores y consumidores estadounidenses. Un historiador de la ley estadounidense, Lawrence Friedman, describe la Ley Sherman Antimonopolio como “una especie de fraude” que logr贸 poco m谩s que satisfacer “necesidades pol铆ticas”. Explica que el Congreso 鈥渢uvo que responder al llamado a la acci贸n – alguna acci贸n, cualquier acci贸n – contra los fideicomisos鈥 y el acto fue su respuesta. Entonces, como ahora, la gente quer铆a un asesino gigante.

Recurrieron a la ley como la 煤nica fuerza que pod铆a corregir el equilibrio de poder. Pero los legisladores tardaron d茅cadas en abordar finalmente las verdaderas fuentes de da帽o mediante la codificaci贸n de nuevos derechos para los trabajadores y los consumidores. La National Labor Relations Act (Ley Nacional de Relaciones Laborales), que garantizaba el derecho a aliarse a un sindicato mientras regulaba las acciones de los empleadores, no se promulg贸 hasta 1935, 45 a帽os despu茅s de la Ley Sherman Antimonopolio. No tenemos 45 a帽os, o 20 o 10, para demorarnos antes de abordar los da帽os reales del golpe epist茅mico y sus causas.

Puede haber s贸lidas razones antimonopolio para romper los grandes imperios tecnol贸gicos, pero dividir Facebook o cualquiera de los otros en los equivalentes capitalistas de vigilancia de Exxon, Chevron y Mobil no nos proteger铆a de los peligros claros y presentes del capitalismo de vigilancia. Nuestra 茅poca exige m谩s.

NUEVAS CONDICIONES IMPONEN NUEVOS DERECHOS

Los nuevos derechos legales se cristalizan en respuesta a las condiciones cambiantes de la vida. El compromiso del juez Louis Brandeis con los derechos de privacidad, por ejemplo, fue estimulado por la difusi贸n de la fotograf铆a y su capacidad para invadir y robar lo que se consideraba privado.

Una civilizaci贸n de la informaci贸n democr谩tica no puede progresar sin nuevas cartas de derechos epist茅micos que protejan a los ciudadanos de la invasi贸n y el robo a gran escala impulsados 鈥嬧媝or la econom铆a de la vigilancia. Durante la mayor parte de la era moderna, los ciudadanos de las sociedades democr谩ticas han considerado la experiencia de una persona como inseparable del individuo, inalienable. De ello se desprende que el derecho a conocer la propia experiencia se ha considerado elemental, unido a cada uno de nosotros como una sombra. Cada uno de nosotros decide si se comparte nuestra experiencia y c贸mo, con qui茅n y con qu茅 prop贸sito.

Escribiendo en 1967, el juez William Douglas afirmo que los autores de la Declaraci贸n de Derechos cre铆an que “el individuo deber铆a tener la libertad de seleccionar por s铆 mismo el momento y las circunstancias en las que compartir谩 sus secretos con otros y decidir谩 el alcance de ese intercambio”. Esa 鈥渓ibertad de selecci贸n鈥 es el derecho epist茅mico elemental a conocernos a nosotros mismos, la causa de la que fluye toda privacidad.
Por ejemplo, como portador natural de tales derechos, no le doy al reconocimiento facial de Amazon el derecho a conocer y explotar mi miedo a la focalizaci贸n y las predicciones de comportamiento que benefician los objetivos comerciales de otros. No es simplemente que mis sentimientos no est茅n a la venta, es que mis sentimientos son imposibles de vender porque son inalienables. No le doy a Amazon mi miedo, pero me lo arrebatan de todos modos, solo otro dato m谩s en los billones de d贸lares que recibieron las m谩quinas ese d铆a.

Nuestros derechos epist茅micos elementales no est谩n codificados en la ley porque nunca hab铆an estado bajo una amenaza sistem谩tica, como tampoco tenemos leyes para proteger nuestro derecho a levantarnos, sentarnos o bostezar.

Pero los capitalistas de la vigilancia han declarado su derecho a conocer nuestras vidas. As铆 amanece una nueva era, fundada y protegida sobre la doctrina no escrita del excepcionalismo de la vigilancia. Ahora, el derecho que antes se daba por sentado a conocer y decidir qui茅n sabe algo de nosotros debe estar codificado en la ley y protegido por instituciones democr谩ticas, si es que va a existir.

DA脩OS SIN PRECEDENTES EXIGEN SOLUCIONES SIN PRECEDENTES

As铆 como las nuevas condiciones de vida revelan la necesidad de nuevos derechos, los da帽os del golpe epist茅mico requieren soluciones construidas con un prop贸sito. As铆 es como el derecho evoluciona, crece y se adapta de una 茅poca a otra.

Cuando se trata de las nuevas condiciones impuestas por el capitalismo de la vigilancia, la mayor铆a de las discusiones sobre leyes y regulaciones se enfocan en los argumentos sobre los datos, incluida su privacidad, accesibilidad, transparencia y portabilidad, o en esquemas para comprar nuestra aquiescencia con pagos (m铆nimos) por datos. M谩s all谩 de esto discutimos sobre la moderaci贸n del contenido y las burbujas de filtro, donde los legisladores y los ciudadanos golpean a los ejecutivos recalcitrantes.

M谩s all谩 es donde las empresas quieren que estemos, tan absortos en los detalles del contrato de propiedad que nos olvidamos del problema real, que es que su exigencia de propiedad en s铆 misma es ileg铆tima.

驴Qu茅 soluciones sin precedentes pueden abordar los da帽os sin precedentes del golpe epist茅mico? Primero, avanzamos hacia el suministro y finalizamos las operaciones de recopilaci贸n de datos de la vigilancia comercial. Previamente, la licencia para robar obra sus implacables milagros, empleando estrategias de vigilancia para hacer girar la pajita de la experiencia humana (mi miedo, su conversaci贸n del desayuno, su paseo por el parque) en el oro de los suministros de datos patentados. Necesitamos marcos legales que interrumpan y proh铆ban la extracci贸n masiva de experiencia humana. Las leyes que detienen la recopilaci贸n de datos terminar铆an con las cadenas de suministro ileg铆timas del capitalismo de vigilancia. Los algoritmos que recomiendan, se enfocan en detalles micro y manipulan, y los millones de predicciones de comportamiento emitidas al segundo no pueden existir sin los billones de puntos de datos que reciben cada d铆a.

A continuaci贸n, necesitamos leyes que relacionen la recopilaci贸n de datos con los derechos fundamentales y el uso de los datos con el servicio p煤blico, abordando las necesidades genuinas de las personas y las comunidades. Los datos ya no son el medio de la guerra de informaci贸n librada contra los inocentes.

En tercer lugar, hay que interrumpir los incentivos financieros que recompensan la econom铆a de la vigilancia. Podemos prohibir las pr谩cticas comerciales que exigen una recopilaci贸n de datos rapaz. Las sociedades democr谩ticas han prohibido los mercados que comercian con 贸rganos humanos y beb茅s. Los mercados que comercian con seres humanos est谩n prohibidos, incluso cuando respaldan econom铆as enteras.

Estos principios ya est谩n dando forma a la acci贸n democr谩tica. La Federal Trade Commission (Comisi贸n Federal de Comercio) inici贸 un estudio de las empresas de redes sociales y transmisi贸n de video menos de una semana despu茅s de presentar su caso contra Facebook y dijo que ten铆a la intenci贸n de “levantar el cap贸” de sus operaciones internas “para estudiar cuidadosamente sus motores”. Una declaraci贸n de tres comisionados se帽al贸 a las empresas de tecnolog铆a “capaces de vigilar y monetizar… nuestras vidas personales”, y agreg贸 que “demasiadas cosas sobre esa industria siguen siendo peligrosamente opacas”.
Las propuestas legislativas innovadoras en la Uni贸n Europea y Gran Breta帽a, si se aprueban, comenzar谩n a institucionalizar los tres principios. El marco de la UE afirmar铆a la gobernanza democr谩tica sobre las cajas negras de operaciones internas de las plataformas m谩s grandes, incluida la autoridad integral de auditor铆a y ejecuci贸n. Los derechos fundamentales y el estado de derecho ya no se evaporar铆an en la ciberfrontera, ya que los legisladores insisten en “un entorno en la red seguro, predecible y confiable”. En Gran Breta帽a, el Online Harms Bill (Proyecto de Ley de Da帽os en la Red) establecer铆a un “deber de cuidado” legal que responsabilizar铆a a las empresas de tecnolog铆a de los da帽os p煤blicos e incluir铆a nuevas autoridades y poderes para hacer cumplir la ley.
Dos frases que a menudo se atribuyen al juez Brandeis aparecen en el impresionante informe antimonopolio del subcomit茅 del Congreso. “Tenemos que elegir. Podemos tener democracia, o podemos tener riqueza concentrada en manos de unos pocos, pero no podemos tener ambas”. La declaraci贸n tan relevante para la 茅poca de Brandeis sigue siendo un comentario mordaz sobre el viejo capitalismo que conocemos, pero ignora el nuevo capitalismo que nos conoce a nosotros. A menos que la democracia revoque la licencia para robar y desaf铆e la econom铆a fundamental y las operaciones de vigilancia comercial, el golpe epist茅mico debilitar谩 y eventualmente transformar谩 la democracia misma. Debemos hacer nuestra elecci贸n. Podemos tener democracia, o podemos tener una sociedad de vigilancia, pero no podemos tener ambas. Tenemos que construir una civilizaci贸n de la informaci贸n democr谩tica y no hay tiempo que perder.



Fuente: Noticiasayr.blogspot.com