September 16, 2022
De parte de Nodo50
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Juan Torres L贸pez, Consejo Cient铆fico de Attac. Publicado originalmente para Nueva Tribuna.

El Banco Central Europeo acaba de anunciar la mayor subida de los tipos de inter茅s de su historia. La Reserva Federal los viene subiendo desde bastante antes y tambi茅n otros bancos centrales como el de Inglaterra.

Al mismo tiempo, los gobiernos est谩n anunciando y poniendo en marcha planes de gasto p煤blico multimillonarios: la nueva primera ministra brit谩nica ha anunciado un plan de 115.000 millones de euros. El gobierno alem谩n anunci贸 hace pocos d铆as ayudas por valor de 95.000 millones (que se unir铆an a otros muchos miles de millones ya aprobados) y la C谩mara de Representantes de Estados Unidos dio el visto bueno en agosto pasado a un nuevo plan de gasto, ahora de 433.000 millones de d贸lares, a instancias del presidente Biden.

En resumen. Por un lado, los bancos centrales tratan de frenar la demanda (es decir, el gasto en consumo o en inversi贸n que se realiza en la econom铆a) encareciendo el coste de la financiaci贸n. Y, por otro, los gobiernos la impulsan, gastando miles de millones en dar dinero a los hogares y las empresas para que sigan consumiendo o invirtiendo.

Algo tan contradictorio constituye, a mi juicio, uno de los mayores disparates econ贸micos de la historia y es muy f谩cil entender por qu茅.

Otra vez har谩n que gane la banca y los grandes oligopolios. Aunque ahora, como dicen en mi barrio, se est谩n pasando tres pueblos y la van a liar

La inflaci贸n es un fen贸meno que, sea cual sea la causa que lo ocasione, tiene una manifestaci贸n inequ铆voca: un desajuste entre la oferta y la demanda de bienes y servicios que hace que esta 煤ltima sea mayor que la primera. Y eso, cuando no est谩 conscientemente provocada por empresas que tienen suficiente poder de mercado como para subir los precios arbitrariamente sin perder ingresos.

Por lo tanto, para frenarla es de todo punto imprescindible o bien lograr que la oferta y la demanda se equilibren, o evitar que las empresas con demasiado poder impongan su voluntad en los mercados.

Eso se puede conseguir por tres v铆as: aumentando la oferta, restringiendo la demanda o poniendo controles sobre los precios en aquellos mercados donde haya empresas que los suben a su antojo.

Las tres soluciones tienen problemas.

Normalmente, la oferta no se puede aumentar de un d铆a para otro y en gran cantidad, pues las empresas necesitan tiempo para producir y no siempre (como ahora) disponen de los recursos o materias primas necesarias para hacerlo.

Por otro lado, si se restringe demasiado la demanda se puede producir una par谩lisis de la econom铆a (matar al enfermo para bajarle la fiebre).

Y, finalmente, en la econom铆a capitalista de nuestro tiempo no es f谩cil que los gobiernos dispongan de poder, medios o voluntad suficientes para enfrentarse a las grandes empresas (normalmente globales) y limitar sus precios. Y, si los tienen, puede que el tiro de esos controles les salga por la culata porque los mercados son los mercados.

Esta es la raz贸n que explica por qu茅 es tan dif铆cil luchar contra la inflaci贸n en las econom铆as capitalistas y por qu茅 frenarla suele llevar mucho tiempo o costes muy grandes en materia de actividad econ贸mica, empleo y equidad.

Pero lo que est谩 ocurriendo en los 煤ltimos meses es un disparate.

Se podr铆a entender que los gobiernos (sometidos a los grandes intereses empresariales) no quieran intervenir los precios en los mercados en los que todo indica que suben por su estructura oligop贸lica (multitud de datos as铆 lo confirman). Se podr铆a explicar que se sientan impotentes ante una escasez de oferta derivada de problemas de suministro y que, por tanto, se opte por combatir la inflaci贸n disminuyendo la demanda, a pesar de que es perfectamente sabido que eso producir谩 un freno general y doloroso de la econom铆a quiz谩 peor que la propia inflaci贸n que se quiere combatir. Pero lo que no tiene sentido es que tomen medidas que se anulan unas a las otras.

Cuando se necesita que aumente la oferta, no se pueden tomar decisiones que elevan los costes de las empresas y limitan su capacidad de producir bienes y servicios (lo que ha pasado en Europa con las mal dise帽adas sanciones a Rusia o con los nefastos sistemas de tarificaci贸n en el mercado el茅ctrico, por ejemplo).

Y si se quiere restringir la demanda mediante las subidas de los tipos de inter茅s de la pol铆tica monetaria, los gobiernos no pueden aumentar al mismo tiempo el gasto. Lo que tendr铆an que hacer (si no quieren anular el efecto de las medidas que tomen los bancos centrales) es reducir el gasto p煤blico corriente y aumentar los impuestos (y, por supuesto, no bajarlos, como piden los anarcoliberales). Y eso s铆, hacer ambas cosas (pol铆tica monetaria y pol铆tica fiscal restrictivas) de forma equilibrada, ponderada, compensada y, por supuesto, coordinada, para no disparar a ciegas sino hacia donde efectivamente se manifiestan los desajustes entre oferta y demanda y para que no paguen justos por pecadores.

Lo que est谩 ocurriendo en la econom铆a internacional es exactamente lo mismo que en la pel铆cula de los hermanos Marx en el Oeste cuando destrozaban el tren de madera para alimentar con sus trozos las calderas que lo impulsaban.

Pero no es que los dirigentes de los bancos centrales, de los gobiernos y organismos internacionales se hayan vuelto tan completamente locos como Groucho, Chico y Harpo en el cine, como a primera vista parece. Lo que sucede es que est谩n equivocados porque se basan en principios y teor铆as que la realidad ha demostrado que son completamente err贸neos. Y, sobre todo, que eso ocurre porque siempre tratan de favorecer a los mismos, tal y como suceder谩 ahora: las subidas de tipos de inter茅s beneficiar谩n a los poseedores de dinero y perjudicar谩n a los endeudados, frenar谩n la actividad econ贸mica y la generaci贸n de ingresos, y obligar谩n a que hogares, empresas y gobiernos tengan que endeudarse en mayor medida o pagar m谩s por su deuda actual.

Otra vez har谩n que gane la banca y los grandes oligopolios. Aunque ahora, como dicen en mi barrio, se est谩n pasando tres pueblos y la van a liar.

ATTAC no se identifica necesariamente con las opiniones expresadas en los art铆culos, que son responsabilidad de los autores de los mismos.




Fuente: Attac.es