November 20, 2021
De parte de ANRed
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Quienes viven en la zona sur del conurbano bonaerense saben que está en el borde entre Ministro Rivadavia y Longchamps. Tal vez no se arrimaron a algún taller gratuito, obra de teatro, locro, gratiferia o peña, pero lo escucharon nombrar. Y seguro se cruzaron en alguna calle, marcha o carnaval con una banda violeta y amarilla que está siempre por y con el barrio. Eso es Al Borde, y está cumpliendo 30 años. Por Movimiento Etiopía para ANRed.


El Grupo Cultural Al Borde está festejando 30 años desde la primera barrileteada con los pibes del barrio, allá por el 9 de noviembre de 1991, y prepara una jornada para celebrar el recuerdo del 20 de noviembre de 1991, cuando hicieron la primera obra teatral en el descampado donde hoy, gracias al esfuerzo de muchas personas, existe, entre otras cosas, un gran teatro. 

Quienes pasaron por el Grupo Cultural Al Borde (ubicado en Cobián 50, localidad de Ministro Rivadavia) tienen tanto para contar que sería imposible resumirlo en un texto. No solamente porque sus talleres, siempre gratuitos, generaron experiencias y conocimientos más que valiosos, como técnicas de teatro, danzas, matemática, acrobacia, informática, canto, guitarra, mecánica automotriz, artes marciales, percusión o gimnasia, que para muchas personas significaron incluso el descubrimiento de su propia identidad; sino también porque representaron una posibilidad concreta de construir otro mundo, desde la auténtica primera persona del plural: nosotres. 

Un nosotres que intenta transformar la realidad desde todos los frentes. Porque Al Borde propone una visión de la cultura, con valores comunitarios y autogestivos, que no se queda en creer sino que apuesta al crear, que desea “menos artistas y más personas que hagan arte”. Al Borde considera que la sociedad está integrada por multiplicidad de espacios que hay que disputar, y subraya que no sirve ser una isla y salvarse solo. 

Por eso, Al Borde está en la calle y en las universidades, en los clubes y en las escuelas, en los Centros de Atención Primaria y en los sindicatos. Con una visión de la justicia que no acepta ningún tipo de privilegio, sino que exige en todo momento mantener la dignidad desde y hasta los bordes. Y no como algo marginal, sino dejando claro que es ahí, en los márgenes, en los bordes, donde sucede tantas veces lo más trascendente. 

Quienes conforman Al Borde Grupo Cultural no proponen ser perfectos ni uniformes. Hay tantos Al Borde como personas que lo transitan. Encarando cada actividad desde la inexperiencia, la erudición, la risa, la humildad o el compromiso, despreocupadamente o con intensidad, o desde el simple silencio de quien parece pasar desapercibido: todo vale mientras accione un “para todes”. 

Al Borde propuso siempre alejarse del modelo del producir y consumir, para abocarse con pasión a la tarea de construir colectivamente. Frente a la cultura del envase, experimentó la alquimia del contenido. Frente a la visión que llama progreso a la insensibilizada destrucción de la vida, activó la creación constante de formas de relacionarse afectivamente. “El capitalismo hace mercancías, el pueblo hace cultura”, dicen sus paredes. Y no se quedan en decirlo: lo ejercen en su práctica diaria, siempre desde el cariño, la diversidad y la gratuidad.

Al Borde también subraya: “Lo gratuito no es gratis”. Tienen claro que llevar adelante un espacio cultural y comunitario autogestivo requiere de un enorme esfuerzo colectivo e individual. De poner casi todo el tiempo cuerpo y corazón. No solo es arrancar tempranito el fuego del locro cada 9 de Julio, coser infinitas lentejuelas cada carnaval, pintar sonrisas y murales recordando fechas del calendario que otros quisieran borrar. No solo es resolver sobre el pucho los cortes de luz o las barreadas después de la lluvia, lidiar con las trabas burocráticas para poder funcionar. Al mismo tiempo hay que marchar reclamando lo que consideran justo. 

Al Borde intuyó, practicó y sigue sosteniendo que, para construir colectivamente, hay que tener la ternura y la paciencia infinita de participar en forma permanente de asambleas, donde todes aprenden a escuchar su propia voz y la de los demás.

Quizá sea imposible crear una imagen que resuma su significado, sus alcances y consecuencias, o unificar toda esa impronta en pocas palabras. Pero podría graficarse así: hace 30 años, un grupo de vecinas y vecinos se juntaron con pibes de su barrio a remontar barriletes. Y todavía lo siguen haciendo.





Fuente: Anred.org