June 21, 2021
De parte de La Haine
260 puntos de vista


驴C贸mo abordar un texto de la dimensi贸n de El hurac谩n rojo? En primer lugar, deber铆a decirse que el mismo es el producto de siete a帽os de trabajo de un intelectual de gran talla –de esos que, en Argentina, quiz谩s sobren los dedos de ambas manos para nombrar–, que ha alcanzado su madurez plena como autor y se da el lujo de producir una obra que podr铆a ser perfectamente calificada como personal铆sima, fruto del inter茅s despertado por investigaciones y lecturas de toda una vida.

Enga帽ar铆a al p煤blico si afirmara que es un texto f谩cilmente accesible o de sencilla lectura. Se propone, como punto de partida, establecer minuciosamente el v铆nculo entre los dos grandes hitos insurreccionales de la modernidad: la Revoluci贸n Francesa de 1789 –la revoluci贸n burguesa por excelencia– y la Rusa de 1917, donde los proletarios y otras clases despose铆das intentaron 芦tomar el cielo por asalto禄, seg煤n la c茅lebre frase de Marx. Pero el abordaje elegido es, en este caso, desde una perspectiva particular: el ejercicio del 芦doble poder禄 (dvoevlastie, en ruso). Ese momento culminante en el cual se produce el choque entre la autorictas reconocida del poder constituido en ejercicio y el surgimiento de una nueva potestas popular en disputa, que aspira devenir en poder constituyente al interior del 芦ordine nuevo禄 (en obvia referencia a la publicaci贸n turinesa).

Ambas revoluciones, paradigm谩ticas e ic贸nicas, han sido analizadas hasta el cansancio por su ineludible trascendencia en el porvenir de la civilizaci贸n occidental. El inter茅s del autor, que domina a la perfecci贸n la bibliograf铆a existente sobre la materia –y la vuelca en un sinn煤mero de enriquecedoras notas al pie–, no es sumarse a las infinitas voces que lo precedieron en la narraci贸n de los hechos sino, partiendo de la premisa de que su lector es versado en el tema, extenderse en el desarrollo de los temas de su particular inter茅s.

El mayor hallazgo del texto, al menos en mi lectura, se encuentra en las visiones encontradas que desarrollan ambos autores del Manifiesto Comunista sobre la necesidad o no de un desarrollo capitalista en Rusia como fase previa a la b煤squeda de un avance hacia el socialismo.

Era un hecho conocido el giro de ambos autores en su visi贸n sobre la naci贸n eslava, plasmada de manera elocuente en el Prefacio de 1882 [1] a la edici贸n del Manifiesto en ese pa铆s; donde la misma dejaba de ser vista como gran reserva de la reacci贸n continental para comenzar a constituirse, partiendo del amplio desarrollo de su comuna rural (obshchina) en posible tierra f茅rtil donde sembrar una revoluci贸n que sirviera de se帽al para los proletarios de la Europa Occidental.

Es conocido tambi茅n el v铆nculo entablado por Marx con los populistas rusos (narodniki) a trav茅s de la c茅lebre carta a Vera Zas煤lich fruto de la evoluci贸n intelectual del llamado 芦fil贸sofo de Tr茅veris禄 en el contexto de su creciente decepci贸n con la hegemon铆a de ideas socialchovinistas y 芦lassalleanas禄 al interior de la Socialdemocracia alemana (SPD) –magn铆ficamente planteada en su Cr铆tica del Programa de Gotha [2]– y tambi茅n por el fracaso de la primera experiencia obrera de gobierno en Europa Occidental: la Comuna de Par铆s de 1871.

Engels –que desconoc铆a la mencionada carta– comenzaba a evidenciar, en los 煤ltimos a帽os de vida de Marx y especialmente tras su muerte en 1883, su faceta m谩s positivista y evolucionista, suscribiendo abiertamente la mirada de los narodniki de que no estaban dadas las condiciones en Rusia para el avance de una transici贸n hacia el socialismo y que la tarea entonces de las fuerzas socialistas era alentar la revoluci贸n burguesa que derribara al zarismo y fomentara el desarrollo capitalista como fase previa; hecho que lo va a acercar much铆simo a las posturas posteriores de su albaceas testamentario Kautsky. Y, a partir del 1er Congreso (1903) del naciente del POSDR (Partido Obrero Socialdem贸crata de Rusia), de la fracci贸n menchevique (o minoritaria) de 茅ste.

Marx, se帽ala nuestro autor, a diferencia de su amigo y compa帽ero de militancia, 芦se sit煤a en la trinchera opuesta, argumenta a favor de la resistencia campesina al capitalismo. No solo no defiende la progresividad del desarrollo burgu茅s, sino que lo enfrenta en la lucha pol铆tica. Una cosa es la progresividad en el pasado hist贸rico cristalizado y bien otra en el marco de una lucha viva. Una la progresividad general del capitalismo frente a los modos de producci贸n anteriores; otra, ser un agente activo de la expansi贸n del mercado mundial y sostener que se est谩 defendiendo el socialismo mientras se destroza la comuna campesina禄 (p谩g 248).

Jacques Attali, en su muy lograda biograf铆a titulada Karl Marx o el Esp铆ritu del Mundo [3], dedica el 煤ltimo cap铆tulo a explayarse en extenso sobre la larga serie de distorsiones que sufri贸 la obra del gran pensador alem谩n en manos de sus ep铆gonos. En algunos casos de manera m谩s intencionada que en otros, pero sin dejar lugar a dudas. Parte de la responsabilidad primigenia de esta distorsi贸n, seg煤n el intelectual franc茅s, pas贸 por el exceso de celo del propio Marx, que se negaba a desprenderse por completo de los textos que consideraba centrales en la construcci贸n del socialismo cient铆fico.

Attali hace una interesante distinci贸n al respecto, entre los textos que el Moro consideraba 芦period铆sticos禄, o destinados a su pronta publicaci贸n en diversos peri贸dicos –como el New York Daily Tribune, entre muchos otros–, que le serv铆an como medio de sustento, y los que consideraba verdaderamente te贸ricos.

Un ejemplo paradigm谩tico del primer caso lo constituye El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, que –como se帽ala su autor en el Pr贸logo a la Segunda Edici贸n– fue escrito para ser publicado por Jos茅 Weydemeyer en un semanario pol铆tico neoyorquino fallido y termin贸 publicado por la misma persona en una revista mensual titulada Die Revolution [4].

El segundo caso, por antonomasia, lo constituye la mayor obra legada por el padre del materialismo hist贸rico: su monumental obra El Capital, Cr铆tica de la Econom铆a Pol铆tica [5]; la cual Marx nunca dej贸 de revisar [6], llegando a publicar en vida solo el primer tomo (de los cuatro que se terminaron publicando luego, a manos de Engels y Kautsky).

Podr铆a parecer que me desvi茅 bastante de la obra que nos ocupa, pero esta digresi贸n apunta a otro t贸pico abordado por el autor, que es la desaparici贸n de las referencias a Rusia y a la Carta a Zas煤lich en la traducci贸n de Wenceslao Roces de El Capital, publicada por Fondo de Cultura Econ贸mica, que re煤ne XXV cap铆tulos en su primer tomo. Cito al respecto: 芦el cap铆tulo XXVII, que utiliza Marx para sus citas a la carta, remite a un relato casi borgiano. 驴Un cap铆tulo que no existe? La reformulaci贸n de contenidos realizada por Engels, que termin贸 siendo en definitiva el editor final de toda la obra y su coautor 驴involuntario?, explica en parte la ausencia禄 (p谩g. 222/3).

A la hora de analizar la llegada a nuestros d铆as de la obra marxiana, es imposible prescindir de otro personaje central en la materia: un jud铆o nacido en Odessa en 1870 bajo el nombre de David Barisovich Goldendach, que pasar铆a a la historia grande del marxismo bajo el seud贸nimo de D. B. Riazanov; responsable de que muchos textos del pensador alem谩n hayan llegado a nuestros d铆as, rescatados de las catacumbas de la socialdemocracia alemana –que prefer铆a que quedaran en el olvido, o nunca vieran la luz, como los hoy c茅lebres Manuscritos Econ贸mico-Filos贸ficos–.

Horowicz, mencion谩ndolo entre muchos otros personajes centrales de la 茅poca, realiza en el libro una aut茅ntica arqueolog铆a de los or铆genes del pensamiento socialista ruso, abrevando con pasi贸n de entom贸logo en los or铆genes de Iskra (Chispa), la publicaci贸n fundada por Plejanov –padre del socialismo en Rusia– y que albergar铆a posteriormente nada menos que a Lenin y el germen del Partido Obrero Socialdem贸crata de Rusia.

As铆 como Attali, tras su cr铆tica a las distorsiones que sufre el pensamiento marxiano a manos de sus herederos alemanes, elige –desde una perspectiva marcadamente socialdem贸crata– apuntar sus ca帽ones contra Lenin y las falsificaciones que le atribuye al l铆der bolchevique atribuy茅ndole un marcado sesgo autoritario, Horowicz prefiere tomarse el trabajo de describir con exhaustividad admirable el desarrollo de las tres d茅cadas de historia rusa que precedieron a las revoluciones de 1917.

Poniendo la lupa especialmente en los 煤ltimos tres lustros, que tienen como punto de origen la publicaci贸n del 驴Qu茅 hacer? [7] (1902) e incluyen como hitos m谩s relevantes el ya mencionado al inicio primer congreso del POSDR (1903), el 芦Domingo Sangriento禄 de la Revoluci贸n de 1905 y el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914, a los efectos de que el lector se provea de todos los elementos posibles de an谩lisis a la hora de realizar su propio balance sobre la gesta bolchevique; valorando –del mismo modo que Rosa Luxemburgo–, que los mismos 芦hayan osado禄 llevar la revoluci贸n burguesa de febrero del 17 –que derroc贸 al zar e impuso al Gobierno Provisional– hasta las 煤ltimas consecuencias, bajo la consigna de 芦todo el poder a los s贸viets禄 y las reivindicaciones centrales de 芦paz, pan y tierra禄.

La propia Rosa, m谩s all谩 de celebrar que la Revoluci贸n de Octubre fuese llevada a cabo, se encarg贸 al a帽o siguiente –con una lucidez y premonici贸n que hoy impresiona– de marcar muchas de las dificultades irresolubles que deber铆an enfrentar los bolcheviques, as铆 como tambi茅n criticar decisiones como la clausura de la Asamblea Constituyente o la restricci贸n de la libertad de expresi贸n [8].

Horowicz opta por describir el contexto de la toma del Palacio de Invierno por parte de los bolcheviques, con el ej茅rcito alem谩n a las puertas de Petrogrado –tras las fallidas ofensivas emprendidas por Kerensky– y una amenaza cierta de 芦balcanizaci贸n禄 del territorio ruso, que pod铆a terminar repartido por la Sociedad de las Naciones a la manera que se hizo tras la Gran Guerra con los territorios bajo la 茅gida del Imperio Otomano. Esta situaci贸n de desintegraci贸n del pa铆s, generada por el colapso de una monarqu铆a absoluta que hab铆a ingresado al Siglo XX siendo derrotada en la Guerra contra el Jap贸n –uno de los detonantes de la Revoluci贸n de 1905– y que terminaba de colapsar tras sostener tres a帽os de un conflicto al que se hab铆a visto obligada a ingresar por su marco de alianzas y para el cual claramente no estaba preparada, llev贸 a constituir a los bolcheviques en la 芦煤nica conducci贸n nacional posible禄, en palabras de Trotsky. Y esto fue lo que les permiti贸 alinear a 30 mil oficiales exzaristas en las filas del Ej茅rcito Rojo contra la reacci贸n Blanca.

En otro de los libros publicados en los 煤ltimos a帽os Todo lo que necesit谩s saber sobre la Revoluci贸n Rusa [9], Mart铆n Ba帽a y Pablo Stefanoni dedican el 煤ltimo cap铆tulo a la lectura que se hizo en la actual Rusia de Putin de las jornadas del 17, en el centenario de la revoluci贸n que marc贸 todo el Siglo XX. La recuperaci贸n desde el nacionalismo que se hace de la misma, desde los intelectuales cercanos al Kremlin, los lleva a afirmar: 芦Para estos ide贸logos, la Uni贸n Sovi茅tica fue una de las formas que tom贸 el Imperio Ruso禄.

Volviendo al autor del libro que nos ocupa, decide poner punto final al texto apelando a la tragedia cl谩sica de Edipo –en una clara analog铆a con el contexto ruso– afirmando: 芦Lenin descifra correctamente el enigma de la toma del poder en Rusia, pero el partido que vence en la guerra civil se ve obligado a improvisar un programa que no existe en parte alguna. Ya no se trata de interpretar a Marx –que nunca dijo demasiado sobre un orden socialista– sino de prolongarlo hist贸ricamente. La idea de que semejante operaci贸n –que nadie hab铆a previsto del todo– puede dirimirse amablemente entre camaradas, no deja de ser una enso帽aci贸n id铆lica禄.

—-

Notas

[1] Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto del Partido Comunista, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pek铆n, 1987. P谩g. 4-6

[2] Karl Marx, Cr铆tica del Programa de Gotha, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pek铆n, 1979.

[3] Jacques Attali, Karl Marx o el Esp铆ritu del Mundo, Fondo de Cultura Econ贸mica, Buenos Aires, 2007.

[4] Karl Marx, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Ediciones de La Comuna, Montevideo, 1995. Pag.1.

[5] Karl Marx, El Capital, Cr铆tica de la Econom铆a Pol铆tica, Fondo de Cultura Econ贸mica, M茅xico D. F. 1999.

[6] Jacques Attali, en la obra citada, a los efectos de graficar las obsesiones de Marx sobre la precisi贸n de sus texto toma un fragmento de Paul Lafargue (yerno de Marx) muy representativo al respecto: 芦No publicaba nada que no hubiera dado vuelta del derecho y del rev茅s, hasta encontrarle la forma que m谩s le conven铆a. La idea de dar al p煤blico un estudio insuficientemente trabajado le resultaba insoportable禄 (p谩g 247).

[7] Vladimir Illich Lenin, Obras Selectas, IPS, Buenos Aires, 2013. Tomo I.

[8] Rosa Luxemburgo, Critica de la Revoluci贸n Rusa. Disponible en https://www.marxists.org/espanol/luxem/11Larevolucionrusa_0.pdf

[9] Mart铆n Ba帽a y Pablo Stefanoni, Todo lo que necesit谩s saber sobre la Revoluci贸n Rusa, Buenos Aires, Paid贸s, 2017, p谩g. 187.

jacobinlat.com




Fuente: Lahaine.org