June 23, 2021
De parte de Lobo Suelto
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鈥淨uiero decirles que ustedes esta noche no han hecho m谩s que alimentar un mito. Un mito que, no bien atraviese esta puerta, comenzar谩 a derrumbarse鈥.

En una especie de homenaje que se le hizo en vida, cuentan que HG se despidi贸 de esta manera, con esta frase, exhalada con esa cadencia 煤nica, luego de 36 alocuciones que recorrieron su obra y su legado. Una de las interpretaciones que se hizo de esta exhalaci贸n de HG, maestro en el arte de la repentizaci贸n, o como dice un amigo, en frotar la l谩mpara, es que all铆 qued贸 expresada como nunca -algo que, sin dudas, era un componente del estilo HG- 鈥渟u fortaleza de intelectual cr铆tico, de naturaleza tr谩gica鈥. Sin embargo, cuando me lleg贸 por primera vez, y ahora que la vuelvo a o铆r citada, a prop贸sito de su partida, me provoca la misma sonrisa, porque me parece y me pareci贸 una gran frase humor铆stica. Tal vez es falta de sensibilidad para con lo tr谩gico, pero no puedo evitar (re)o铆rla y (re)leerla de ese modo.

Y entonces, retrocedo m谩s de 20 a帽os, hacia fines de los 90鈥, ya que ah铆 se encuentran 鈥渓ocalizados鈥 mis recuerdos con Horacio, en esa 驴m铆tica? Sociales de fin de siglo. Me imagino que en estos d铆as se dir谩n mil cosas, y como dice Diego Sztulwark, quien pint贸 de maravillas a ese HG, al que yo tambi茅n conoc铆 en aquellos a帽os: 鈥渢odos los que lo conocimos tenemos 3 o 4 an茅cdotas maravillosas con Horacio鈥. Y es as铆, pues si algo lo defin铆a era esa generosidad para el di谩logo con todxs, en este caso con un estudiante de Sociolog铆a de apenas veinte, seguramente en busca de maestros.

Lo 煤nico serio que dir茅 aqu铆 es que me bastaron dos o tres charlas y clases de HG para dar por imposible una sociolog铆a que no estuviera permeada, o m谩s bien inundada por la filosof铆a, y tal vez fue lo que me llev贸 a trocar mi biblioteca all谩 por el 2000, y quiz谩s tambi茅n a fantasear con una editorial de filosof铆a.

En cuanto al humor de HG, que encuentro en la frase epigr谩fica, y en la que 鈥揷reo- se (des)mitifica a s铆 mismo, van aqu铆 mis 3 o 4 an茅cdotas con 茅l, que a mi humilde sentir expresan 鈥渟u fortaleza de pensador plebeyo, de naturaleza tragic贸mica鈥.

La primera es quiz谩s la m谩s hermosa, corr铆a el a帽o 1998 y no s茅 a qui茅n de aquel entra帽able grupo militante que fue El Mate, se le ocurri贸 que coordinara la C谩tedra Che Guevara. Yo reci茅n me volcaba a la militancia y desde ya no estaba a la altura de semejante cosa, pero bien, como en ese entonces audacia e imprudencia iban de la mano, asum铆 el desaf铆o. En una de las jornadas, hab铆amos invitado a tres 鈥減esos pesados鈥, Eduardo Gr眉ner, Le贸n Rozitchner y a Horacio. El convite era para las 19 hs., creo recordar, y ya entonces el aula estaba colmada de unas 200 personas. Sin embargo, todav铆a ninguno de los 鈥渄isertantes鈥. Pasaron 15 minutos de las 19, y ya mis nervios aumentaban, ninguno de los tres aparec铆a, recuerdo mirar esa escalera, el ascensor, y lo 煤nico que sub铆a era la ansiedad, entramos una primera vez al aula a pedir paciencia. Pasaron 10 minutos m谩s, y ah铆 un compa帽ero nos informa que Gr眉ner no contesta y que lo descartemos. A todo esto, record茅 mi conversaci贸n con Le贸n R. al invitarlo, y su insistente pedido, que tambi茅n lo define mucho: 鈥淵o voy, pero quiero debatir con Hebe de Bonafini, me qued茅 con las ganas desde la 煤ltima vez que hablamos de decirle unas cuantas cosas, eso es lo que quiero鈥. Siendo las 19,30 pens茅, evidentemente, al no conseguirlo se baj贸. Entr茅 una segunda vez a pedir paciencia, la gente ya miraba con cierta desconfianza, pero para mi sorpresa nadie se mov铆a. Quedaba HG, 驴c贸mo nos pod铆a fallar 茅l que era tan buen tipo, muy allegado, comprometido鈥?, pero su inconfundible silueta no se dejaba ver鈥 Cuando ya perd铆amos la fe (el 煤ltimo pedido de paciencia ya lo tuvo que hacer un compa帽ero m谩s experimentado porque a m铆 ya no me daba la cara), apareci贸, con su malet铆n de siempre, su sonrisa a cuestas. Gritamos al un铆sono: 隆Horacioooo! Resulta que, volviendo de una actividad en La Plata, se hab铆a confundido y hab铆a recalado en la otra sede de Sociales, en calle Ramos Mej铆a, al no encontrar la C谩tedra, se tom贸 un taxi, otra vez empujado por su generosidad鈥 Lo acompa帽茅 hasta el frente del aula y lo present茅 en dos palabras, aliviado, solo quer铆a escucharlo鈥 Lo que sigui贸 lo recuerdo como una de las charlas m谩s notables que escuch茅 en mi vida. Me quedan huellas dispersas, pero serpentearon all铆 -al modo en que solo HG hac铆a serpentear las palabras, los textos, las historias- Sartre, el Che, Althusser, Cohn-Bendit, un palito para Marta Harnecker, Cooke鈥 y mucho m谩s si la memoria fuera menos esquiva, pero valga para la an茅cdota decir que fue un momento deslumbrante, como solo HG pod铆a lograr. Cuando termin贸 de hablar, recuerdo haber dicho, entre extasiado y agotado: 鈥淰ali贸 la pena esperarlo, 驴no?鈥.

La segunda habr谩 sido un a帽o despu茅s, hab铆amos creado con Sebasti谩n Puente, un personaje que se llamaba Oscar Monti. Se presentaba como un estudiante promedio de la carrera, que cursaba y se encontraba con los distintos personajes, sobre todo profesores, de 鈥渓a facu鈥. Monti hac铆a un uso ir贸nico de la cr铆tica, un poco salvaje, desde la comodidad del anonimato. Era una t铆pica travesura universitaria, inocente. Y una de sus v铆ctimas fue HG. Lo que hizo Monti fue remedar el estilo barroco, alambicado, que tanto admir谩bamos, pero por supuesto exager谩ndolo un poquito para lograr el efecto humor铆stico. Ac谩 el recuerdo es de una asamblea nocturna, en la que Rub茅n Dri re铆a a carcajadas mientras le contaba a HG como este tal Monti se hab铆a mofado de ambos, y recuerdo como si fuera hoy el rostro de Horacio, que se lo tom贸 muy a bien, creo yo, pero que no dijo ni mu.

La tercera cosa que quiero contar ocurri贸 en las jornadas de Sociolog铆a, que organiz贸 HG en el a帽o 2000. Como todas las cosas en las que estaba metido, fue un revuelo, por primera vez la facultad se sal铆a de los marcos (estrechos y aburridos) del formato acad茅mico, y se abr铆a a otros lenguajes y experiencias. En ese entonces, uno de nuestros 鈥渄eportes favoritos鈥 con un grupo de militantes medio invertebrados, era correr por izquierda a todo el mundo. Transcurr铆a el a帽o 2000 y la situaci贸n social del pa铆s se colaba por todas partes. Con un grupete decidimos entonces hacer una especie de jornadas paralelas, para llenar las venas resecas de Sociales de sangre, dec铆amos algo as铆. Sin dudas, solo lo hicimos porque HG estaba ah铆, pero en nuestra cabeza, eso funcionaba como una radicalizaci贸n por izquierda de las jornadas de HG, un poco como si lo tom谩ramos como una especie de Per贸n y nosotros nos tom谩ramos como鈥 se entiende鈥 Nunca se hab铆a vivido algo as铆 en la facultad, grupos de los m谩s diversos la invadieron, personajes de todo tipo, experiencias como las de H.I.J.O.S., experimentos educativos, gente de barrios, y todo cerr贸 con una murga. Recuerdo bien que ciertos del entorno de HG se enojaron, Monti ya hablaba en ese entonces de una 鈥渢eor铆a del cerco鈥 que se le hac铆a en el bar la Giralda a HG mientras com铆a sus ravioles. Pero la lecci贸n de Horacio fue otra, dej贸 vivir sin inquietarse todo ese bullicio, dej贸 entrar todo el ruido del afuera, y sin dudas lo disfrut贸, ya que toda su vida lo hab铆a fomentado, era su modo de estar en las instituciones, gesto de una radicalidad mucho m谩s acuciante que aquella de esos j贸venes traviesos que 茅ramos.

Mi 煤ltimo encuentro con 茅l, casual, data de 2008. Ya no era estudiante, sino un reciente editor, y particip谩bamos con Cactus de una feria que se hac铆a en los patios de la Biblioteca Nacional dirigida por HG. Se acerca a la mesita que hab铆amos dispuesto con nuestros libros, y recuerdo su sonrisa algo socarrona acerc谩ndose y preguntando: 鈥淨u茅 publicaron ahora鈥. Dud茅 en hablarle de Gilbert Simondon, pues siempre con HG hab铆a que estar al acecho de que no te 鈥済astara鈥 con que te enganchabas f谩cil con los autores de moda (como lo hizo unos a帽os antes, tom谩ndome un oral, y me anim茅 a nombrarle un libro reci茅n salido de Jameson鈥 y no le gust贸 nada鈥 no haberlo le铆do a煤n, y me lo hizo notar). Entonces, sabi茅ndolo lector voraz de cl谩sicos, le nombr茅 a Charles P茅guy y su 鈥淐l铆o: di谩logo entre la historia y el alma pagana鈥, esperando que su reacci贸n fuese alguna cita gloriosa, que frotara su l谩mpara鈥 La respuesta: 鈥淣o lo conozco, pero cuando llegue a casa lo voy a googlear鈥︹ y su risotada posterior鈥 jam谩s las olvidar茅.




Fuente: Lobosuelto.com