October 20, 2020
De parte de La Haine
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El art铆culo analiza cu谩l es el saldo que deja la primera (驴y 煤nica?) presidencia de Donald Trump, a punto de concluir

Trump contra el orden mundial

Trump lleg贸 a la presidencia montado en la ola de disconformidad que recorri贸 a todos los pa铆ses ricos durante la 煤ltima d茅cada y que se puso de manifiesto tambi茅n en el Brexit, que para los medios y la clase dominante brit谩nica y de la Uni贸n Europea (UE) apareci贸 como un “cisne negro” que la tom贸 completamente por sorpresa. Los devastadores y duraderos efectos sociales que tuvo la crisis iniciada en 2008 golpearon las bases de consenso con las que gobern贸 durante d茅cadas el “extremo centro”, como llam贸 Tariq Ali a la alternancia de partidos de derecha y socialdem贸cratas que mantuvieron en Europa (y en EEUU con el establishment bipartidista) y produjeron una polarizaci贸n pol铆tica que se manifest贸 por derecha pero tambi茅n por izquierda (dando inicialmente aire a los partidos que hemos llamado “neorreformistas”, cuyos proyectos hoy se muestran en crisis o avanzando en ser integrados en el sistema de partidos que cuestionaban, como Podemos en el Estado espa帽ol).

El programa de “Am茅rica primero” de Trump pretend铆a ser una ruptura con varios de los principios que rigieron la pol铆tica imperial norteamericana durante las 煤ltimas d茅cadas. “El americanismo, no el globalismo, ser谩 nuestro credo”, proclamaba en su campa帽a electoral.

驴Qu茅 signific贸 esto durante lo que va de esta administraci贸n? Claramente no hubo, ni pod铆a haber, ning煤n “aislacionismo” -renuncia a la intervenci贸n en los asuntos internacionales [1]- por parte de la principal potencia imperialista, , a pesar de que el discurso de Trump en la campa帽a se mov铆a en ese sentido. Los intereses e intervenciones (econ贸micas, diplom谩ticas y militares) de EEUU, que se expanden por todo el planeta no permiten semejante orientaci贸n.

Pero el “Am茅rica Primero” s铆 se tradujo en un abrupto cambio de enfoque para lidiar con las cuestiones internacionales en todos los terrenos. En primer lugar, el abandono del multilateralismo -mediante el cual EEUU busc贸 imponer sus intereses en asociaci贸n con otros pa铆ses imperialistas teniendo como socios en primer lugar a la UE y Jap贸n- en favor del bilateralismo -la negociaci贸n separada de EEUU con cada pa铆s, evitando comprometerse en puntos que el gobierno yanqui pudiera considerar desfavorables-. No es novedosa la desconfianza de presidentes republicanos hacia el entramado de instituciones multilaterales, a pesar de que todas fueron creadas a instancias de EEUU George W. Bush tambi茅n lo puso de manifiesto y llev贸 a cabo una pol铆tica que privilegi贸 la alianza estrecha con algunos pa铆ses para avanzar en sus aventuras b茅licas en desmedro de la cobertura multilateral. Pero Trump llev贸 el desd茅n y la disposici贸n a desentenderse de las mismas a extremos que no tienen precedentes.

Esto se expres贸 en todos los terrenos: los foros de pa铆ses e instancias de gobernanza colectiva creadas a instancias de EEUU (como el G7 o el G20) cuyo fin siempre fue coordinar internacionalmente, desde las secretar铆as de Estado y del Tesoro, las pol铆ticas que interesaban al imperialismo norteamericano y negociar con otras potencias para sostener alianzas, fueron tratados por el magnate presidente como espacios intrascendentes, donde su participaci贸n se enfocaba en escenificar conflictos (con Alemania y Francia por los gastos militares de la OTAN, en el G7; con China por lo comercial en el G20). Tambi茅n le permitieron montar “shows” que buscaban indicar el cierre exitoso de algunas disputas, como cuando en Buenos Aires firm贸 con Xi Jinping la tregua de la guerra comercial, que no dur贸 ni una semana. Trump lleg贸 al extremo de retirarse de la Organizaci贸n Mundial de la Salud, de la cual EEUU era el principal aportante como ocurre con casi todas las instituciones multilaterales, en plena pandemia.

En materia comercial el bilateralismo se expres贸 en el rechazo a impulsar grandes tratados comerciales, abandonados en favor de la tratativa con cada pa铆s individualmente para arrancar mayores concesiones. Es decir, no se abandona el principio de buscar la mayor apertura comercial, pero la prioridad est谩 menos en asegurar reglas generales que obliguen a todos los pa铆ses y m谩s desembozadamente en asegurar la tajada para EEUU, medida como mejora de la balanza comercial (menos d茅ficit).

La administraci贸n de Obama hab铆a concentrado sus energ铆as en dos acuerdos estrat茅gicos de gran escala que unir铆an a decenas de pa铆ses -el Tras-Atl谩ntico (TTIP) y el Trans-Pac铆fico (TPP)- entre los que se encontraba la mayor parte de la econom铆a mundial, exceptuando a China. Estos acuerdos hab铆an sido la respuesta a la par谩lisis de la Organizaci贸n Mundial del Comercio (OMC). Con la fundaci贸n de la OMC en 1995 (como continuidad e institucionalizaci贸n del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio que desde los a帽os 1950 negoci贸 en sucesivas rondas la integraci贸n comercial), “el capital gan贸 una batalla decisiva”, al decir de Ernesto Screpanti [2]. Pero si bien esta coron贸 y reforz贸 los avances de d茅cadas en materia de integraci贸n comercial bajo presi贸n de las econom铆as m谩s ricas -cuyas empresas se beneficiaron ampliamente-, al comienzo del milenio hab铆a entrado en un impasse, mostrando incapacidad para profundizar la integraci贸n econ贸mica.

Despu茅s del fracaso de la llamada ronda de Doha, abierta en 2001 y suspendida desde 2006 por falta de acuerdos, los tratados TPP y TTIP, que superar铆an en escala todos los existentes, fueron la nueva v铆a por la que los sectores m谩s globalistas del imperialismo buscaron profundizar la integraci贸n en materia de comercio e inversiones en beneficio del capital multinacional. Un objetivo clave de estos acuerdos por parte de EEUU bajo Obama era condicionar a China. Como sostienen Amor, Lea帽o y Merino, estos apuntaban a “la instalaci贸n de una institucionalidad transnacional que fija normas y autoridades de aplicaci贸n ex贸genas a cada Estado y aseguran al capital global el poder de autorregulaci贸n en relaci贸n a la potencia emergente y sus empresas” [3]. Como expres贸 Obama, lo que se juega “es qui茅n pone las reglas de juego del siglo XXI, y no puede ser China” [4].

Trump abandon贸 el TPP, cuyo acuerdo de creaci贸n estaba ya firmado y pendiente de implementaci贸n, y se desentendi贸 de las negociaciones en curso para avanzar en el TTIP. Uno de los principales planteos de su campa帽a hab铆a sido que este tipo de acuerdos hab铆an redundado en la p茅rdida de millones de puestos de trabajo en EEUU -que 茅l se propon铆a recuperar- y en la decadencia de vastas regiones del pa铆s. Sin embargo, y a diferencia de lo que pod铆a esperarse -ya que tambi茅n hab铆a sido planteado en campa帽a-, no se retir贸 del Tratado de Libre Comercio de Am茅rica del Norte (TLCAN o NAFTA en ingl茅s), el m谩s importante que tiene EEUU con Canad谩 y M茅xico. Fue renegociado y reemplazado por el Tratado entre M茅xico, EEUU y Canad谩 (T-MEC).

EEUU impuso en el nuevo acuerdo sus criterios, que reemplazan el multilateralismo por el bilateralismo; fueron m谩s bien acuerdos negociados separadamente entre pa铆ses, sin que EEUU se privara durante las duras tratativas de amenazar con sanciones comerciales si Canad谩 y M茅xico no aceptaban sus exigencias. El tratado mantuvo la integraci贸n comercial, pero en EEUU se asegur贸 -al menos en los papeles- m谩s composici贸n local en la producci贸n automotriz, una de las claves del acuerdo; se fijaron cuotas de la cantidad de autos que pueden vender Canad谩 y M茅xico en EEUU, y para casi todos los sectores se eliminaron los mecanismos de soluci贸n de controversias (lo que deja las manos libres para el establecimiento unilateral de cuotas o aranceles). El T-MEC tendr谩 adem谩s una revisi贸n peri贸dica cada 6 a帽os.

Un cap铆tulo aparte que puso en evidencia este bilaterialismo es la “guerra comercial” con China. Si bien desde el comienzo el principal argumento de Trump para lanzarla fue el d茅ficit comercial, el coraz贸n de la disputa est谩 en la intenci贸n de EEUU de frenar el avance de China en el desarrollo de alta tecnolog铆a. La guerra de aranceles y otras trabas comerciales entre los dos pa铆ses, tuvo sus idas y venidas desde que fue lanzada en marzo de 2018, y mostr贸 un salto en la irrelevancia de la OMC. Congelada la negociaci贸n de nuevas rondas de apertura comercial, la 煤nica raz贸n de ser de este organismo era zanjar los conflictos abiertos entre pa铆ses por incumplimiento de las normas que estos se comprometieron a aceptar, y por las que vela la OMC.

Pero en esta guerra comercial el organismo se convirti贸 en un mero observador. Si bien EEUU ya se hab铆a mostrado reacio en tiempos de George W. Bush a acatar fallos de la OMC que le eran desfavorables (aunque finalmente los acept贸 ante la amenaza de sanciones comerciales de otros pa铆ses), Trump dio un nuevo salto. No solo ignor贸 a la OMC, sino que liquid贸 el 脫rgano de Apelaci贸n de la misma, principal instancia de resoluci贸n de disputas, al negarse a prestar acuerdo para el nombramiento de nuevos jueces que lo integren. Desde diciembre de 2019 no cuenta con el m铆nimo de tres jueces requerido para fallar, y por eso la UE, China y otros pa铆ses impulsaron la creaci贸n de un tribunal paralelo, que no cuenta con la aceptaci贸n de EEUU

El enfoque de Trump, seg煤n se queja desde la revista Foreign Affairs Richard Haass, se ha centrado en “los intereses econ贸micos definidos estrechamente”, y su corolario ha sido “el descuido casi total de otras metas de la pol铆tica exterior de EEUU” [5].

Su administraci贸n impuls贸 la revisi贸n de algunas de las alianzas hist贸ricas en que se apoy贸 el imperialismo de EEUU Amenaz贸 con abandonar la OTAN, creada durante la Guerra Fr铆a para integrar militarmente a Europa, si los dem谩s pa铆ses no se compromet铆an a aumentar significativamente su aporte al sostenimiento de la misma. Se retir贸 del acuerdo clim谩tico de Par铆s que limitaba para EEUU el desarrollo de la explotaci贸n de hidrocarburos y de otras industrias contaminantes. Unilateralmente repudi贸 el tratado con Ir谩n firmado por Obama para frenar el desarrollo nuclear de este pa铆s. Y as铆 podr铆amos continuar. S铆 mantuvo incambiados otros pilares hist贸ricos del imperialismo, como el apoyo a Israel o Arabia Saudita. Respecto de Am茅rica Latina, la relaci贸n estuvo cruzada por las pol铆ticas antiinmigraci贸n aplicadas por el magnate desde que asumi贸, dirigidas especialmente contra la migraci贸n de la regi贸n, as铆 como por la ubicaci贸n de los gobiernos respecto de Venezuela, donde Trump, en esto igual que sus antecesores, fue un puntal de apoyo para la oposici贸n al chavismo y sus fracasadas intentonas golpistas.

El giro americanista de Trump se tradujo tambi茅n en un significativo incremento del gasto militar, algo a lo que tambi茅n fueron propensas las administraciones precedentes. Tuvo un aumento promedio de 6 % anual entre 2016 y 2020, alcanzando para este a帽o los USD 720 mil millones (lo que representa el 38 % del gasto militar mundial). Pero al mismo tiempo, a pesar de la ret贸rica agresiva, evit贸 embarcarse en nuevos conflictos de gran envergadura, al igual que lo hab铆a hecho Obama -excepto, claro est谩, por el uso masivo de drones realizado durante sus ocho a帽os de gobierno para intervenir militarmente en Medio Oriente-. Las principales intervenciones militares de Trump fueron los bombardeos a Afganist谩n (con la llamada “superbomba”), a una base Siria donde supuestamente almacenaban armas qu铆micas, y el asesinato del general Qasem Soleimani d铆as despu茅s de que este fuera parte de la organizaci贸n de un asalto a la embajada de EEUU en Bagdad a fines de 2019.

De conjunto, el americanismo no signific贸 la ruptura abrupta que los pron贸sticos m谩s agoreros de sectores del establishment norteamericano anunciaban. Esto fue as铆 entre otros motivos porque su agenda debi贸 lidiar con la fuerte resistencia de sectores de la burgues铆a norteamericana m谩s trasnacionalizada, que son los que m谩s prosperaron en las 煤ltimas d茅cadas. La 煤ltima muestra de este rechazo es la demanda interpuesta a finales de septiembre por 3.500 empresas, entre las que se cuentan Coca-Cola, Disney, Tesla, Ford o la farmac茅utica Abbott, para resarcirse por los costos generados por los aranceles que impuso Trump contra China. Las mismas fricciones enfrent贸 Trump por el choque de su pol铆tica con inclinaciones muy arraigadas en el consenso bipartidista y que pesan en todos los niveles del Estado norteamericano, que conspiraron por ejemplo contra sus intenciones de acercarse a Rusia para concentrarse en la pelea con China.

Dicho esto, s铆 podemos decir que Trump aceler贸 numerosas tendencias que ya pod铆amos observar previamente y profundiz贸 la situaci贸n de desorden mundial, y en ese sentido su administraci贸n podr铆a considerarse un punto de inflexi贸n que configura una nueva situaci贸n con dif铆cil vuelta atr谩s. No observamos un aislacionismo sino una intervenci贸n selectiva en el terreno internacional en funci贸n de los intereses estadounidenses, pero que al mismo tiempo se muestra descarnadamente m谩s agresiva en defensa de los mismos, sin pretender compaginarla con la agenda de la “comunidad internacional”, ni nada por el estilo. De conjunto, observamos una renuncia a comprometer a la principal potencia a seguir actuando como sost茅n y garante de la arquitectura en la que se apoy贸 la internacionalizaci贸n del capital durante las 煤ltimas cuatro d茅cadas, y que benefici贸 con creces a buena parte de la clase capitalista norteamericana.

Leo Panitch y Sam Gindin plantean correctamente que el capitalismo global de las 煤ltimas d茅cadas fue una “construcci贸n”, es decir, que la configuraci贸n que adquiri贸 y la disposici贸n de los Estados a involucrarse en asegurar todas las garant铆as al capital global e involucrarse en las instituciones multilaterales, dependi贸 decisivamente de la intervenci贸n del imperialismo norteamericano. Pero, por eso mismo, hay que tomarse muy en serio las consecuencias que ya tuvo la renuncia de dicha administraci贸n a seguir cumpliendo este rol, incluso si en noviembre Trump fuera derrotado. La administraci贸n de Trump marca mucho m谩s que una “crisis pol铆tica” interna de EEUU sin consecuencias para el ordenamiento del “imperio informal”, como parecen inclinados a interpretar estos autores [6].

[Norte]Am茅rica, 驴primero?

El lema de Trump no parece haber avanzado mucho en concretarse. El mayor logro que pod铆a mostrar el magnate hasta que lleg贸 la pandemia, que fue el sostenido crecimiento econ贸mico, no estuvo asociado a ninguna de sus pol铆ticas rupturistas sino a la continuidad de la alquimia monetaria de la Reserva Federal. Esto estuvo ayudado por el recorte de impuestos que vot贸 esta administraci贸n para los capitales que las empresas con inversiones en el exterior repatriaran. Aunque el dise帽o de este obsequio impositivo tiene las marcas del “Am茅rica primero”, no es tan diferente de lo que han hecho todas las administraciones republicanas desde Ronald Reagan cuando asumieron. La baja de impuestos de Trump hizo que numerosas multinacionales repatriaran capitales a EEUU Pero lejos de volcarse a “crear trabajos para los estadounidenses” invirtiendo en nuevos emprendimientos, los fondos fueron a inversiones financieras o a pagos a los accionistas.

La administraci贸n hab铆a definido como uno de sus grandes objetivos poner en caja a China. Pero empez贸 d谩ndole un gran alivio con el abandono del TPP, que representaba para el pa铆s una gran amenaza. Los dos a帽os de “guerra comercial”, tampoco arrojaron resultados favorables. El d茅ficit de EEUU con China continu贸 en aumento, mientras que el saldo de las sanciones cruzadas pareci贸 golpear relativamente peor a los capitalistas de EEUU (tanto los que exportan a China como los que dependen de insumos cr铆ticos de ese pa铆s). La disputa, que desde 2019 se convirti贸 abiertamente en una competencia por el liderazgo del 5G y otras tecnolog铆as, en este terreno no muestra un panorama mejor. Los mayores golpes recibidos hasta el momento por China han sido la restricci贸n del acceso a los chips fabricados por Taiwan Semiconductor Manufacturing Co Ltd (TSMC), lo que significa la traba a un insumo clave para la construccion del 5G y la inteligencia artificial, y haber logrado que muchos pa铆ses siguieran a EEUU en el rechazo al 5G de Huawei por cuestiones de seguridad. Pero esto representa en el peor de los casos un retraso, y no aborta el desarrollo tecnol贸gico de China en estos terrenos.

Otro duro golpe fue el bloqueo a TikTok y WeChat en territorio estadounidense. Al contrario de lo deseado por Trump, The Economist sugiere que puede haber sido EEUU el que ayud贸 a Pek铆n a encontrar los sectores estrat茅gicos a priorizar dentro del plan “Made in China 2025”. El semanario cita al economista Yu Yongding, involucrado en el desarrollo de algunos de los planes, quien afirma que “todos los departamentos del ministerio de industria idearon proyectos favoritos. Pero no hubo una estrategia de acci贸n real”. Pero la ambici贸n de la propuesta “junto con la m铆stica de la pol铆tica industrial y el espionaje habitual de China, llevaron a EEUU a reaccionar. Y eso le ha proporcionado a Xi los criterios para seleccionar sus verdaderas prioridades” [7]. Un saldo paradojal de la administraci贸n Trump, cuyo lema de campa帽a en 2016 era “hacer grande a Am茅rica de nuevo”, puede terminar siendo que, a pesar de sus intenciones, termine ayudando a Xi a concretar m谩s r谩pido su “hacer grande a China de nuevo”, como han sostenido ir贸nicamente algunos analistas.

M谩s de conjunto, el objetivo de “vender m谩s” y “comprar menos” del resto del mundo, que fue un componente importante de las relaciones exteriores durante estos a帽os, tuvo magros resultados. Por eso, el d茅ficit comercial no cay贸 sino que sigui贸 en aumento, excepto por una ligera ca铆da en 2019 que se revirti贸 en 2020, a帽o que va encaminado a un rojo r茅cord.

En los dem谩s terrenos no le fue mucho mejor, mientras que el camino alien贸 aliados y continu贸 debilitando la posici贸n de EEUU Esto es resultado de inconsistencias iniciales del giro unilaterialista. Como sintetiza Claudio Katz:

La estrategia de Trump depend铆a de la disciplina de sus aliados (Australia, Arabia Saudita, Israel), la subordinaci贸n de sus socios (Europa, Jap贸n) y la complacencia de un adversario (Rusia) para forzar la capitulaci贸n de otro (China). Pero el magnate no consigui贸 esos alineamientos y el consiguiente relanzamiento de la supremac铆a norteamericana fall贸 desde el principio [8].

Si Trump se va, 驴regresa EEUU a ser “el pa铆s indispensable”?

La noci贸n de que, en caso de que Trump resulte derrotado -y que efectivamente acepte la derrota-, tendremos un regreso a la normalidad, carece de sustento. No es que simplemente EEUU volver谩 a ocupar su lugar a la cabeza del “orden trasnacional liberal”, incluso si esto fuera lo que efectivamente se propusiera una hip贸tetica administraci贸n de Biden (lo cual no est谩 para nada claro).

Las desconfianzas con los viejos aliados no se revierten con un cambio de administraci贸n, entre otras cosas porque no hicieron m谩s que acentuar las profundas divergencias de intereses que vienen de larga data. El manejo de una pol铆tica monetaria de impacto mundial con la mirada puesta en el PBI de EEUU, intervenciones unilaterales como la de Irak o las disputas por el manejo de los efectos de la crisis de 2008 -especialmente las estrategias para lidiar con las crisis de deuda en la UE- ya hab铆an puesto en evidencia que lo que es bueno para EEUU no necesariamente lo es para sus viejos aliados. Trump solo acentu贸 la magnitud de las divergencias, y le agreg贸 la incertidumbre sobre el rol de EEUU Las alianzas “se basan en la confianza y predictibilidad, y es probable que ning煤n aliado vea a EEUU como lo ve铆a antes. Las semillas de la duda est谩n planteadas, si pas贸 una vez, puede ocurrir de vuelta. Es dif铆cil reclamar el trono despu茅s de abdicar” [9].

Tampoco ser谩 f谩cil retomar el espacio ocupado por adversarios, en terrenos como el de Siria, donde Rusia aprovech贸 para avanzar. La guerra entre Armenia y Azerbaiy谩n, en la que juegan Turqu铆a y Rusia, es otra muestra de los vac铆os dejados por EEUU en su autoasignado rol de 谩rbitro internacional.

Y con China, tampoco hay a la vista ninguna reversi贸n al curso de conflicto. En suma, cualquier intento de regreso a un curso m谩s multilateralista del imperialismo estar谩 plagado de escollos. No sorprenden entonces los lamentos, por parte de los apologistas de este dominio imperialista “basado en reglas”, que fue pr贸spero para el capital al precio de someter todo el planeta a la explotaci贸n de las multinacionales potenciando la polarizaci贸n social y los desastres ambientales, de que puede haberse tratado, simplemente, de un interregno excepcional [10] dentro del curso de competencia exacerbada entre potencias y guerras, que van de la mano de choques m谩s agudos entre las clases en cada pa铆s -algo a lo que la pol铆tica de Trump tambi茅n contribuy贸 a acicatear dentro del pa铆s agravando las tensiones pol铆ticas y sociales, de lo cual tuvimos una muestra reciente con las masivas movilizaciones que recorrieron todo EEUU como rechazo a los cr铆menes racistas.

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Notas

[1] Hasta la II Guerra Mundial, el aislacionismo fue una corriente de peso en la pol铆tica norteamericana, reacia al creciente intervencionismo al que empujaba la clase dominante para asentar su primac铆a mundial. Como afirma Perry Anderson, su basti贸n estaba tradicionalmente “en las peque帽as empresas y poblaci贸n de agricultores del Medio Oeste” (Perry Anderson, “Imperium”, New Left Review 83.

[2] Ernesto Screpanti, Global imperialism and the Great Crisis. The uncertain future of capitalism, Nueva York, Monthly Review Press, 2014, p. 76.

[3] Juan Andr茅s Amor, Andr茅s Lea帽o, Gabriel Esteban Merino, “La Alianza del Pac铆fico (AP) y el Acuerdo Transpac铆fico (TPP), entre globalistas y americanistas”, en Gabriel Merino y Patricio Narodowski (coord.), Geopol铆tica y econom铆a mundial: el ascenso de China, la era Trump y Am茅rica Latina, La Plata, IDIHCS-Conicet, 2019, p. 233.

[4] 脥dem.

[5] Richard Haass, “Present at the Disruption. How Trump Unmade U.S. Foreign Policy”, Foreing Affairs septiembre/octubre 2020.

[6] Leo Panitch y Sam Gindin, “Trumping the empire”, en Leo Panith y Greg Albo (ed.), The World Turned Upside Down? Socialist Register 2019. Para un debate con esta mirada ver 驴Podr谩 el imperio norteamericano sobrevivir a Trump?.

[7] “The new state capitalism. Xi Jinping is trying to remake the Chinese economy”, The Economist, 15/8/2020.

[8] Claudio Katz, “El resurgimiento americano que no logr贸 Trump”, en Lahaine.org, consultado el 8/10/2020 en https://katz.lahaine.org/el-resurgimiento-americano-que-no-logro/.

[9] Haass, ob. cit.

[10] Ver por ejemplo Michael Beckley, “Rogue Superpower”, Foreing Affairs noviembre/diciembre 2020.

La Izquierda Diario




Fuente: Lahaine.org