March 25, 2021
De parte de Memoria Libertaria
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El Salto/Eduardo P茅rez

El 25 de marzo de 1911 un incendio en la f谩brica Triangle Shirtwaist dej贸 sin vida a m谩s de cien mujeres trabajadoras, pobres e inmigrantes.

https://www.elsaltodiario.com/contigo-empezo-todo/incendio-mujeres-obreras-nueva-york

Kate Leone mir贸 de reojo el reloj de la pared. Las 16.30 todav铆a. Llevaba solo tres semanas y a煤n no se hab铆a acostumbrado a las largas jornadas, que depend铆an de las necesidades de la empresa. Este d铆a, 25 de marzo de 1911, llevaba casi diez horas trabajando y calculaba que, con suerte, a煤n ten铆a dos o tres horas por delante. Cuando el encargado pas贸 a su lado con su t铆pica mirada de malas pulgas, redirigi贸 la vista hacia la m谩quina de coser y sigui贸 trabajando. Llevaba solo tres semanas en la f谩brica y ya estaba harta. Odiaba coser y odiaba la f谩brica.

Lo que de verdad le gustaba a Kate, de 14 a帽os de edad, era dibujar. Sus padres dec铆an que lo hac铆a muy bien. Los domingos, o incluso el resto de d铆as tras la jornada laboral, si no estaba demasiado cansada, dedicaba largos ratos a practicar. Retrataba a miembros de su familia, a quienes luego regalaba sus dibujos, o a gente de la calle que llamaba su atenci贸n. Nueva York estaba repleta de gente de rostros interesantes y variados, resultado de las sucesivas oleadas de inmigraci贸n.

Ella era una de esas personas. Kate hab铆a nacido en Estados Unidos, pero su padre, Vito, era italiano. Los padres de su madre, Louise, hab铆an venido desde Alemania. En Nueva York hab铆a trabajo. 鈥淥jal谩 no lo hubiera鈥, pensaba a veces Kate, quien sin embargo era consciente de que, para poder tener un futuro mejor, ten铆a que aportar dinero al ser la mayor de ocho hermanos. Ella ganaba tres d贸lares a la semana desde que hab铆a empezado a trabajar en la f谩brica de ropa de la empresa Triangle Waist Company, en el barrio de Greenwich Village. La rodeaban otras 500 personas, en su gran mayor铆a mujeres j贸venes, pobres e inmigrantes jud铆as e italianas. Dos de ellas eran sus primas Annie y Michelina.

A Kate le lleg贸 olor a humo. Era un olor habitual en la f谩brica. Se supone que estaba prohibido fumar all铆, pero algunos hombres lo hac铆an igualmente. La f谩brica no destacaba precisamente por su respeto a las normas. El a帽o anterior, una huelga textil en Nueva York hab铆a conseguido mejoras de las condiciones laborales, pero Max Blanck e Isaac Harris, los due帽os, no se hab铆an dado por aludidos. Ni siquiera ten铆an un per铆odo de descanso para poder comer algo.

La joven not贸 que el olor era m谩s fuerte de lo normal. Era raro, porque a su alrededor, en la novena planta donde trabajaba, no ve铆a a nadie que estuviera fumando. Yetta, una trabajadora jud铆a muy simp谩tica que hab铆a bajado al piso inferior para hacer un recado, confirm贸 sus malas vibraciones cuando regres贸 corriendo por las escaleras gritando: 鈥溌uego!鈥. Muchas de sus compa帽eras entraron en p谩nico y salieron disparadas en todas las direcciones.

Ella trat贸 de mantener la compostura, en alg煤n sitio hab铆a le铆do que en este tipo de situaciones lo mejor era no perder los nervios. R谩pidamente se reuni贸 con sus primas, quienes tambi茅n trabajaban en la planta novena. 鈥淰amos a Greene Street鈥, les dijo. Era una de las dos escaleras interiores del edificio. Hab铆a otra que desembocaba en Washington Place, pero normalmente la puerta que llevaba a ella estaba cerrada, como medida de seguridad que tomaba la empresa para evitar robos de las trabajadoras. Cogidas de la mano para no perderse entre la multitud, comenzaron el descenso. No pudieron siquiera llegar al piso octavo porque la gente que iba por delante empez贸 a retroceder aterrada. Las llamas bloqueaban el camino. El incendio ya hab铆a llegado hasta all铆, si es que no hab铆a comenzado en esa planta.

Ahora la gente se agolpaba en el acceso a la escalera de incendios. Kate asegur贸 a sus nerviosas primas que saldr铆an, pero no hubiera apostado su magro sueldo semanal por la resistencia de esa v铆a de escape. Siempre le hab铆a parecido una estructura bastante vieja que hubiera preferido no tener que utilizar. Impedidas temporalmente para bajar por la escalera por la cantidad de muchachas que se apelotonaban delante, ella y sus primas vieron espantadas c贸mo el hierro ced铆a y varias personas se precipitaban hacia las aceras.

Annie, que le doblaba la edad, empez贸 a gritar y llorar. Kate quer铆a tener la oportunidad de volver a dibujar y no ten铆a tiempo para eso, as铆 que arrastr贸 al grupito hacia los ascensores. Tambi茅n sab铆a que utilizarlos en un incendio no era buena idea, pero era la 煤ltima opci贸n de escapatoria.

Los operadores de los dos ascensores eran Joseph y Gaspar, dos chicos italianos dicharacheros y sonrientes. Kate esperaba que no les fallaran. Al llegar, vieron que la gente se api帽aba en el ascensor de Joseph, mientras este informaba a voces de que el otro ascensor se hab铆a averiado y aseguraba que 茅l volver铆a en cuanto se vaciara en la planta baja. El elevador descendi贸. En ese momento las presentes observaron c贸mo el fuego ya hab铆a alcanzado su planta. El humo lo inundaba todo. Una joven perdi贸 la paciencia y, en vez de esperar el regreso de Joseph, se agarr贸 a los cables para descolgarse a pulso. Otras personas siguieron su ejemplo, pese a que Kate y alguna m谩s intentaron disuadirles. Era imposible que todas ellas aguantaran nueve pisos sin caerse. Los fat铆dicos golpes no tardaron en escucharse. En los segundos siguientes, el ascensor no se movi贸. Los cuerpos lo hab铆an bloqueado.

Las tres chicas corrieron a las ventanas, huyendo de las lenguas de fuego que se encontraban a pocos metros. Kate se subi贸 al alf茅izar. Las vistas de Nueva York eran lo 煤nico bueno de trabajar en la f谩brica. 鈥淥s har茅 un retrato en cuanto llegue a casa鈥, les dijo a sus primas. Se rode贸 la cabeza con los brazos, cerr贸 los ojos y se dej贸 caer.

Kate Leone se convertir铆a en la v铆ctima m谩s joven de las 146 鈥123 mujeres y 23 hombres鈥 del incendio de la f谩brica Triangle Shirtwaist de Nueva York.




Fuente: Memorialibertaria.org