September 21, 2021
De parte de Lobo Suelto
268 puntos de vista


El intruso se introduce por fuerza, por sorpresa o por astucia; en todo caso, sin derecho y sin haber sido admitido de antemano. Es indispensable que en el extranjero haya algo del intruso, pues sin ello pierde su ajenidad. Si ya tiene derecho de entrada y de residencia, si es esperado y recibido sin que nada de 茅l quede al margen de la espera y la recepci贸n, ya no es el intruso, pero tampoco es ya el extranjero. Por eso no es l贸gicamente procedente ni 茅ticamente admisible excluir toda intrusi贸n en la llegada del extranjero.

Una vez que est谩 ah铆, si sigue siendo extranjero, y mientras siga si茅ndolo, en lugar de simplemente 芦naturalizarse禄, su llegada no cesa: 茅l sigue llegando y ella no deja de ser en alg煤n aspecto una intrusi贸n: es decir, carece de derecho y de familiaridad, de acostumbramiento. En vez de ser una molestia, es una perturbaci贸n en la intimidad.

 

Es esto lo que se trata de pensar, y por lo tanto de practicar: si no, la ajenidad del extranjero se reabsorbe antes de que este haya franqueado el umbral, y ya no se trata de ella. Recibir al extranjero tambi茅n debe ser, por cierto, experimentar su intrusi贸n. La mayor铆a de las veces no se lo quiere admitir: el motivo mismo del intruso es una intrusi贸n en nuestra correcci贸n moral (es incluso un notable ejemplo de lo politically correct). Sin embargo, es indisociable de la verdad del extranjero. Esta correcci贸n moral supone recibir al extranjero borrando en el umbral su ajenidad: pretende entonces no haberlo admitido en absoluto. Pero el extranjero insiste, y se introduce. Cosa nada f谩cil de admitir, ni quiz谩 de concebir鈥

***

 

Yo (驴qui茅n, 芦yo禄?; esta es precisamente la pregunta, la vieja pregunta: 驴cu谩l es ese sujeto de la enunciaci贸n, siempre ajeno al sujeto de su enunciado, respecto del cual es forzosamente el intruso, y sin embargo, y a la fuerza, su motor, su embrague o su coraz贸n?), yo he recibido, entonces, el coraz贸n de otro; pronto se cumplir谩n diez a帽os. Me lo trasplantaron. Mi propio coraz贸n (la cosa pasa por lo 芦propio禄, lo hemos comprendido; o bien no es en absoluto eso, y no hay propiamente nada que comprender, ning煤n misterio, ninguna pregunta siquiera, sino la simple evidencia de un trasplante,ii como dicen preferentemente los m茅dicos), mi propio coraz贸n, por tanto, estaba fuera de servicio por una raz贸n nunca aclarada. Para vivir era preciso, pues, recibir el coraz贸n de otro.

 

(Pero, 驴qu茅 otro programa se cruzaba entonces con mi programa fisiol贸gico? Menos de veinte a帽os atr谩s no se hac铆an trasplantes, y sobre todo, no se recurr铆a a la ciclosporina, que protege contra el rechazo del 贸rgano trasplantado. Dentro de veinte a帽os seguramente se practicar谩n otros trasplantes, con otros medios. Se produce un cruce entre una contingencia personal y una contingencia en la historia de las t茅cnicas. Antes, yo habr铆a muerto; m谩s adelante ser铆a, por el contrario, un sobreviviente. Pero siempre ese 芦yo禄 se encuentra estrechamente aprisionado en un nicho de posibilidades t茅cnicas. Por eso es vano el debate que he visto desplegarse entre quienes pretend铆an que fuera una aventura metaf铆sica y quienes lo conceb铆an como una proeza t茅cnica: se trata por cierto de ambas, una dentro de otra.)

Desde el momento en que me dijeron que era necesario hacerme un trasplante, todos los signos pod铆an vacilar, todos los puntos de referencia invertirse, sin reflexi贸n, por supuesto, e incluso sin identificaci贸n de ning煤n acto ni de permutaci贸n alguna. Simplemente, la sensaci贸n f铆sica de un vac铆o ya abierto en el pecho, con una suerte de apnea en la que nada, estrictamente nada, todav铆a hoy, podr铆a separar en m铆 lo org谩nico, lo simb贸lico y lo imaginario, ni distinguir lo continuo de lo interrumpido: todo eso fue como un mismo soplo, impulsado de all铆 en m谩s a trav茅s de una extra帽a caverna ya imperceptiblemente entreabierta, y como una misma representaci贸n, la de pasar por la borda mientras se permanece en la cubierta.

Si mi propio coraz贸n me abandonaba, 驴hasta d贸nde era 芦el m铆o禄, y 芦mi propio禄 贸rgano? 驴Era siquiera un 贸rgano? Desde hac铆a algunos a帽os experimentaba cierto palpitar, quiebres en el ritmo, poco en verdad (cifras de m谩quinas, como la 芦fracci贸n de eyecci贸n禄, cuyo nombre me gustaba): no un 贸rgano, no la masa muscular rojo oscuro acorazada con tubos que ahora, de improviso, deb铆a imaginan. No 芦mi coraz贸n禄 latiendo sin cesar, tan ausente hasta entonces como la planta de mis pies durante la marcha.

Se me volv铆a ajeno, hac铆a intrusi贸n por defecci贸n: casi por rechazo,iii si no por deyecci贸n. Ten铆a ese coraz贸n en la boca, como un alimento inconveniente. Algo as铆 como una n谩usea,iv pero disimulada. Un suave deslizamiento me separaba de m铆 mismo. Estaba all铆, era verano, hab铆a que esperar, algo se desprend铆a de m铆, o surg铆a en m铆 donde no hab铆a nada: nada m谩s que la 芦propia禄 inmersi贸n en m铆 de un 芦yo mismo禄 que nunca se hab铆a identificado como ese cuerpo, todav铆a menos como ese coraz贸n, y que se contemplaba de repente. Por ejemplo, al subir las escaleras, m谩s adelante, cuando sent铆a las palpitaciones de cada extras铆stole como la ca铆da de una piedra en el fondo de un pozo. 驴C贸mo se convierte entonces uno en una representaci贸n para uno mismo? 驴Y en un montaje de funciones? 驴Y d贸nde desaparece entonces la evidencia poderosa y muda que manten铆a el conjunto unido sin historia?

Mi coraz贸n se convert铆a en mi extranjero: justamente extranjero porque estaba adentro. Si la ajenidad ven铆a de afuera, era porque antes hab铆a aparecido adentro. Qu茅 vac铆o abierto de pronto en el pecho o en el alma 鈥攅s lo mismo鈥 cuando me dijeron: 芦Ser谩 necesario un trasplante禄鈥 Aqu铆, el esp铆ritu tropieza con un objeto nulo: nada que saber, nada que comprender, nada que sentir. La intrusi贸n de un cuerpo ajeno al pensamiento. Ese blanco permanecer谩 en m铆 como el pensamiento mismo y su contrario al mismo tiempo.

Un coraz贸n que s贸lo late a medias es s贸lo a medias mi coraz贸n. Yo no estaba m谩s en m铆. Llego desde otro lado, o bien ya no llego. Una ajenidad se revela 芦en el coraz贸n禄 de lo m谩s familiar, pero familiar es decir demasiado poco: en el coraz贸n de lo que nunca se designaba como 芦coraz贸n禄. Hasta aqu铆, era extranjero a fuerza de no ser siquiera sensible, de no estar siquiera presente. De all铆 en m谩s desfallece, y esta ajenidad vuelve a conducirme a m铆 mismo. 芦Yo禄 soy porque estoy enfermo (芦enfermo禄 no es el t茅rmino exacto: no est谩 infectado, est谩 enmohecido, r铆gido, bloqueado). Pero el que est谩 jodido es ese otro, mi coraz贸n. A ese coraz贸n, ahora intruso, es preciso extrudirlo.

Revista Adynata




Fuente: Lobosuelto.com