March 31, 2021
De parte de Nodo50
172 puntos de vista


JPEG - 44.1 KB

Göbbels, ministro de propaganda durante el Tercer Reich lo tenía claro: “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Las Fake News son un tipo de bulos que, por su forma de noticias maquilladas difundidas sobre todo a través de las redes sociales, se han popularizado durante el mandato del expresidente Donald Trump en los Estados Unidos.

En una sociedad mediatizada e hiperconectada, Trump ha encarnado los beneficios de una sociedad desinformada. Las noticias e historias que leemos en los medios de comunicación hegemónicos y en las redes sociales carecen cada vez más de rigor y precisión, por lo que la “mentira” queda difusa en grandes titulares que se convierten en el “relato” o la verdad absoluta de una realidad que se nos presenta distorsionada.

La manipulación mediática y las noticias falsas se vienen produciendo desde hace mucho tiempo, y no por casualidad. Por un lado, el sistema capitalista y la globalización han acelerado la mercantilización de la información, transformando la ética periodística a un ejercicio en el que las ganancias de una crónica o exclusiva priman sobre el derecho de la ciudadanía a una información veraz y contrastada. Y, por otro lado, el desarrollo de las redes sociales ha proliferado la utilización de noticias falsas por el rédito social, electoral y el alcance populista que se consigue a través de un tweet de 240 caracteres; además, estamos tan hiperconectadas que la mentira ya no hace falta repetirla, basta con acertar en el mensaje y los destinatarios para que se haga viral en la red.

Se dice que los bulos se diseñan y emiten con la intención deliberada de engañar, inducir a error o incluso manipular a la ciudadanía. Pero el hecho de presentar una realidad distorsionada o meramente falsa, también contribuye a generar un imaginario colectivo, una opinión pública muy peligrosa para las sociedades que dicen llamarse democráticas. Los bulos perpetúan y profundizan las desigualdades, contribuyen a señalar a los enemigos, a categorizar los buenos y los malos, a incentivar la violencia o a personificar el mal en gobiernos que no responden a tus intereses.

Desde hace décadas las noticias falsas han jugado un papel fundamental para determinar decisiones y manipular la conciencia pública. Fueron utilizadas, entre otras, para justificar la invasión de Irak; para definir la autoría interesada de los atentados de Atocha (Madrid) en 2004; para justificar y endurecer el bloqueo político y económico a Venezuela, Cuba o Irán; y para desprestigiar a la Organización Mundial de la Salud y cuestionar la existencia de la Pandemia.

Pero las Fake News no son solo propiedad de personajes públicos, showmans, excéntricos y populistas. Los medios de comunicación de masas también interpretan interesadamente la realidad, distorsionando el contexto, antecedentes y las causas de determinados hechos para la creación de una opinión pública determinada. La propiedad de los grandes medios en manos de empresas privadas y bancos, hace que la información que recibimos sea sesgada y, sobre todo, que no cuestione el actual modelo capitalista y heteropatriarcal, evitando así señalar a los responsables de, por ejemplo, las guerras, el desplazamiento forzoso de poblaciones, los desahucios o el cambio climático. Es así como los medios de comunicación se constituyen en el “Cuarto poder”, por su influencia en los asuntos sociales y políticos de un país, en los que las multinacionales y las instituciones económicas se convierten en las propietarias de la información que recibimos.

En este contexto, la ciudadanía debemos conocer algunos criterios que nos ayuden a identificar si una noticia es falsa. Entre otras: considerar la fuente (para comprender su misión y propósito); leer más allá del titular (para comprender toda la historia); verificar la autoría (para ver si son reales y creíbles); verificar la fecha de publicación (para ver si la historia es relevante y está actualizada); revisar los propios prejuicios (para ver si están afectando el juicio); e incluso prestar atención al lenguaje, que muchas veces implícitamente suele expresar una posición ideológica determinada. Desarrollar esta capacidad de análisis crítico de los medios de comunicación y las redes sociales, nos puede ayudar a sentirnos parte de una realidad más cercana y veraz que la que nos cuentan.

Además, también podemos consultar los medios de comunicación alternativos o comunitarios. El Salto, Hala Bedi, Pikara Magazine o Tantaka TV, entre otros, se caracterizan por no depender de intereses económicos o políticos, y cumplen una función social, siendo medios que están al servicio de los movimientos sociales. La autogestión, los modelos organizativos asamblearios y la inclusión de valores como la igualdad, la diversidad o la interculturalidad, transforma las lógicas de la comunicación clásica y la ciudadanía pasa de receptora a ser emisora o productora de la información.

El año 2020 terminó con la cuenta de Twitter del expresidente de los EEUU, Donald Trump, bloqueada, por su negativa a reconocer la victoria de Biden en las elecciones presidenciales e infundir el bulo del fraude. Pero como “una mentira mil veces repetida se convierte en verdad”, sus hooligans se lo han creído y costará mucho tiempo sanar el imaginario colectivo de una sociedad polarizada. Ese es uno de los mayores riesgos de jugar al Kinito, tener una sociedad emborrachada por la sobreinformación, pero al mismo tiempo, desinformada interesadamente.


Eneko Calle García, Tantaka TV.

- Descargar artículo completo en PDF aquí >>




Fuente: Omal.info