January 22, 2021
De parte de La Haine
170 puntos de vista


El kirchnerismo no constituy贸 un emergente de la insurrecci贸n, sino una respuesta restauradora proveniente del propio orden establecido

“Me acuerdo de esa noche porque reci茅n pudimos salir a las tres de la ma帽ana, escoltados por la Infanter铆a de la Polic铆a, porque la gente quer铆a matar a cuanto pol铆tico, empresario, banquero o dirigente se le cruzara por el frente”
Cristina F. de Kirchner en el 10潞 aniversario de la insurrecci贸n del 19/20.12.2001

Buenos Aires, 20 de marzo de 2016.- Los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001, culminaci贸n de un prolongado ciclo de ascenso de las luchas sociales que ven铆a desarroll谩ndose desde las puebladas del interior de mediados de los noventa (Cutral-Co, Tartagal, Mosconi), deben conceptualizarse como una insurrecci贸n en sentido estricto, es decir, como un desaf铆o de masas a la autoridad del Estado burgu茅s.

Fue as铆 la primera vez en la historia argentina en la que una movilizaci贸n de masas se deshace de un gobierno democr谩ticamente instituido. La insurrecci贸n acab贸 tambi茅n con la convertibilidad, aunque la flexibilizaci贸n del trabajo, las privatizaciones, la orientaci贸n exportadora del gran capital, entre tantos otros, seguir铆an siendo rasgos estructurales del capitalismo argentino. Tampoco significa que los trabajadores hayan salido ganando, en t茅rminos de sus intereses inmediatos. Sus salarios perder铆an en promedio alrededor de un tercio de su poder adquisitivo como consecuencia de la devaluaci贸n.

Pero ninguna de estas cosas desmiente el hecho de que esa insurrecci贸n cerr贸 el per铆odo de ofensiva contra los trabajadores que la gran burgues铆a hab铆a desplegado durante los noventa.

El kirchnerismo

En algunos pa铆ses como Bolivia y Venezuela resulta f谩cil encontrar una l铆nea de continuidad entre quienes protagonizaron las rebeliones populares y despu茅s asumieron el gobierno. En cambio, en Argentina, su n煤cleo dirigente no solo no particip贸 de las rebeliones populares, sino que era parte de los gobiernos cuando empezaron los estallidos. Podr铆amos afirmar que una parte de la clase pol铆tica existente y gobernante se reacomod贸 ante el nuevo escenario planteado por las rebeliones populares.

El primer gobierno kirchnerista fue el gobierno de la recomposici贸n del poder pol铆tico. Dicha tarea tuvo una doble dimensi贸n. Por un lado, la reconstituci贸n del consenso en torno al ejercicio del poder pol铆tico como fundamento de la estabilizaci贸n de la dominaci贸n pol铆tica y econ贸mica del capital. Ello supon铆a la salida de la crisis pol铆tica abierta en 2001 y, en virtud de ello, expresaba el inter茅s del conjunto del capital confundi茅ndolo en un mismo movimiento con el inter茅s de la sociedad, como respuesta a una crisis que afectaba a todas las clases y fracciones de clase. Pero, al mismo tiempo, de modo inmediato, supon铆a la necesidad de construir consenso en torno a la figura del nuevo presidente que hab铆a llegado al gobierno con una debilidad de origen producto de la crisis del sistema pol铆tico post 2001.

Los dos grandes partidos hist贸ricos, la UCR y el PJ, estallaron despu茅s de la crisis y se presentaron fracturados a las elecciones presidenciales de 2003. La fractura de la UCR tendi贸 a cristalizar en la conformaci贸n de nuevas fuerzas pol铆ticas. El PJ transform贸 la elecci贸n nacional en una interna abierta, tres candidatos, incluido el ex presidente Carlos Menem, se presentaron a esas elecciones con el aval del congreso partidario. Producto de estas condiciones, NK con el 22% de los votos se transform贸 en presidente de un pa铆s sumergido en una crisis de representaci贸n.

El kirchnerismo no constituy贸 un emergente de la insurrecci贸n, sino una respuesta restauradora proveniente del propio orden establecido. Acced铆a a la presidencia para completar la tarea de restauraci贸n del orden que hab铆a iniciado, con significativo 茅xito, su antecesor Eduardo Duhalde, empezando por la propia devaluaci贸n forzada del peso que puso fin a la convertibilidad a comienzos de 2002.

La devaluaci贸n impuso de manera inflacionaria, en t茅rminos reales, el recorte del salario que, combinado con recortes tambi茅n de las tarifas de los servicios p煤blicos y los precios de la energ铆a y de las tasas de inter茅s, acarre贸 una significativa recuperaci贸n de la rentabilidad de los sectores productivos del capital, al reforzar la competitividad de los capitales orientados hacia la exportaci贸n y protegiendo a los capitales menos competitivos orientados hacia el mercado interno.

Esta devaluaci贸n, combinada con el mejoramiento de los t茅rminos de intercambio en el mercado mundial, a su vez acarre贸 una sostenida expansi贸n de las exportaciones y super谩vit comercial extraordinario. Y esta expansi贸n de las exportaciones permiti贸 a su vez la aplicaci贸n de retenciones que, combinadas con impuestos al consumo que aumentaban al ritmo de la recuperaci贸n econ贸mica, generaron super谩vit fiscal y reservas de divisas. La renegociaci贸n y contenci贸n en t茅rminos reales de las tarifas de los servicios p煤blicos y los precios de la energ铆a y los combustibles, a cambio de concesiones en los restantes aspectos contractuales y regulatorios y m谩s tarde de crecientes subsidios, fueron las medidas adoptadas ante la crisis del sistema de empresas privatizadas y concesionadas en los noventa.

A grandes rasgos, la restauraci贸n del orden que impulsaron estas medidas ya hab铆a concluido a fines de 2005, es decir, durante el Gobierno de N茅stor Kirchner. Desde 2007 o 2008 en adelante, en cambio, dichas medidas comenzaron a poner en evidencia sus l铆mites y a ser reemplazadas por otras que resultar铆an mucho menos exitosas durante los gobiernos de Cristina Fern谩ndez de Kirchner.

La convertibilidad

Es posible distinguir dos etapas en la convertibilidad: la primera desde 1991 a 1994 y la otra desde 1995 en adelante.

Entre 1995 y 2001, el salario real cay贸 debajo del nivel de 1991. La pauperizaci贸n relativa cedi贸 el lugar a la pauperizaci贸n absoluta, y los agudizados procesos de centralizaci贸n y concentraci贸n del capital condujeron a una creciente pauperizaci贸n y proletarizaci贸n de los sectores medios. Ante esta situaci贸n adquirieron centralidad los mecanismos coercitivos de producci贸n de consenso. En este contexto comenzaron a manifestarse dificultades en la capacidad del Estado para ejercer sus funciones hegem贸nicas frente a la emergencia del movimiento piquetero y frente al inicio del proceso de movilizaci贸n de los sectores medios, sobre todo urbanos. La emergencia de la Alianza puede vincularse a este proceso de movilizaci贸n de los sectores medios.

El an谩lisis de la evoluci贸n de la conflictividad durante el 2001 muestra que los mecanismos de coerci贸n fracasaron fundamentalmente entre sectores de las capas medias, los desocupados organizados y los sectores m谩s pauperizados. Para estos sectores, sometidos por la crisis a acelerados procesos de disoluci贸n social y de proletarizaci贸n y pauperizaci贸n que amenazaban su reproducci贸n social, la hiperinflaci贸n ya no constitu铆a una amenaza.

Los trabajadores ocupados, por el contrario, permanecieron atrapados entre la fragmentaci贸n y la amenaza del desempleo.

La nueva fase expansiva iniciada a fines del 2002

Desde 2002, el mejoramiento de los t茅rminos de intercambio y la fuerte reducci贸n en t茅rminos reales del gasto p煤blico dieron origen a super谩vits comercial y fiscal, los denominados “super谩vits gemelos”. Simult谩neamente, la cesaci贸n de pagos primero, la quita compulsiva de m谩s del 60% del valor de la deuda defaulteada despu茅s y la cancelaci贸n de la deuda con el FMI por 煤ltimo, aliviaron las obligaciones de pago de intereses y redujeron sensiblemente el peso de la deuda sobre un PBI y exportaciones crecientes. El resultado fueron sucesivos super谩vits de cuenta corriente, un hecho novedoso en la econom铆a argentina post 1976.

En este contexto, en primer lugar, el Estado vio fuertemente incrementada su disponibilidad de recursos; en segundo lugar, en caso de serle necesario, su capacidad para hacerse de recursos v铆a el endeudamiento interno le permiti贸 eludir la toma de deuda en el exterior, en condiciones que despu茅s del default siempre supusieron altas de tasas de inter茅s. Esta situaci贸n permiti贸 ignorar los problemas para el financiamiento externo del sector p煤blico y privado.

Esta mayor disponibilidad de recursos, combinada con el fin de la convertibilidad y la subordinaci贸n del Banco Central y el Ministerio de Econom铆a al ala pol铆tica del Poder Ejecutivo, dieron al gobierno una mayor capacidad para responder a demandas sociales y arbitrar entre fracciones del capital. En este sentido, sobresale la amplia pol铆tica de subsidios con el fin de contener precios y tarifas sensibles para la determinaci贸n del salario.

El segundo aspecto del modo de acumulaci贸n de capital entre 1991-2001 era la dependencia financiera. Este rasgo fue el m谩s radicalmente modificado. En la medida que la combinaci贸n de devaluaci贸n y altos precios de los commodities sostuvo un elevado super谩vit comercial, a lo que se sum贸 en el corto plazo una reducci贸n de los pagos de intereses de la deuda externa, el saldo de la cuenta corriente fue superavitario. Esto condujo, en lo inmediato, a reducir la dependencia de los flujos de capital dinero y a un ritmo menor de endeudamiento externo, reflejado en la evoluci贸n de la cuenta capital. Era esperable que, en el mediano plazo, el aumento del pago de intereses y la reducci贸n del super谩vit comercial llevaran a un d茅ficit de cuenta corriente, m谩s a煤n con la ca铆da de los precios internacionales de los commodities. Llegado ese punto, el ritmo y la continuidad de la acumulaci贸n volver铆an a depender de los flujos de capital y de la capacidad de endeudamiento externo p煤blico y privado. Es decir, que la fragilidad financiera del modelo de acumulaci贸n segu铆a presente, aunque de modo latente.

Si bien los rasgos centrales del modo de acumulaci贸n no se hab铆an modificado, ocurrieron cambios. Estos cambios pueden definirse como t谩cticos en el marco de una misma estrategia de acumulaci贸n.

De all铆 que el economista de izquierda Claudio Katz hable de una “d茅cada repetida”, ya que “reprodujo los desequilibrios estructurales del capitalismo dependiente argentino en todos los planos. En una pol铆tica impositiva regresiva, en el pago de una deuda externa que termin贸 descapitalizando el pa铆s, en un afianzamiento de la primarizaci贸n sojera, el extractivismo minero y petrolero, la perpetuaci贸n de una estructura industrial concentrada y muy desequilibrada y un sistema financiero que bloquea la inversi贸n. No se modificaron los pilares de la desigualdad social que rige en Argentina”.

Tras 12 a帽os de gobiernos kirchneristas no hallamos grandes novedades en el patr贸n productivo, aunque a diferencia de otros momentos hist贸ricos, el pa铆s no debi贸 afrontar los efectos de la escasez de divisas ni buscar suplirlos con endeudamiento externo o con ingresos de capitales del exterior. Sin embargo, la inversi贸n productiva no tuvo crecimiento explosivo de ning煤n tipo.

驴C贸mo se comport贸 la inversi贸n en la Argentina de los gobiernos kirchneristas?

La recuperaci贸n de la inversi贸n fue bastante lenta, reci茅n en 2006 alcanzar铆a el 20% del PIB. Sigui贸 creciendo en los a帽os posteriores hasta alcanzar un techo en 2008 de 21,67% del PIB, para comenzar a caer en el a帽o siguiente como producto de la crisis internacional. En 2011 superar铆a el nivel de 2008, alcanzando el 22,72% del PIB.

Estos resultados se dieron a pesar de un fuerte crecimiento de la inversi贸n p煤blica. Seg煤n IERAL, la inversi贸n privada en el per铆odo 2004-8 habr铆a sido de 16% aproximadamente. Desde 2009 rondar铆a 13,5% del PIB, es decir, se encontrar铆a estancada en niveles relativamente bajos.

La inversi贸n p煤blica, entre 2002 y 2014, vio aumentar 4 veces su participaci贸n en el PIB, pasando de 0,9% en 2002 a 3,7% en 2014. Pas贸 de representar el 8% de la Inversi贸n Bruta Interna Fija (IBIF) en 2002 al 21% en 2014.

Lo que vemos, es que las grandes empresas nacionales y extranjeras han realizado una masa de ganancias superior a la que estaban dispuestas a invertir. Una parte importante de dichas ganancias tuvieron como destino alternativo a la inversi贸n productiva en el pa铆s, la adquisici贸n de divisas que fueron sacadas del pa铆s, destinadas a la fuga de capitales.

La recuperaci贸n de la tasa de ganancia del capital productivo fue tambi茅n producto de la ca铆da en t茅rminos reales de las tarifas de gas, electricidad, etc., y de la reducci贸n de las tasas de inter茅s respecto de los promedios de la d茅cada del noventa. Estos hechos, a los que habr铆a que agregar el resultado de la renegociaci贸n de la deuda externa, representaron una alteraci贸n en la relaci贸n de fuerzas de las fracciones del capital a favor del capital productivo -especialmente el orientado hacia las exportaciones- y en detrimento del capital financiero y de aquellos sectores del capital cuya inserci贸n predominante era la propiedad accionaria de empresas privatizadas. Esta alteraci贸n del balance de fuerzas es correlativa con un aumento de la autonom铆a relativa del Estado.

La tendencia desde 2003 a un mayor crecimiento de las MOI (Manufacturas de origen industrial) respecto de las MOA (Manufacturas de origen agropecuario) y las exportaciones primarias es un rasgo de continuidad con el proceso de reestructuraci贸n iniciado en los a帽os noventa y no una ruptura.

驴D贸nde se encuentra la especificidad de este per铆odo entonces?

En primer lugar, la devaluaci贸n actu贸 como un paraguas que permiti贸 cierto proceso de sustituci贸n de importaciones. Sin embargo, a diferencia de la sustituci贸n cl谩sica de los a帽os 30 a mediados de los 70, la sustituci贸n de este per铆odo se articul贸 con la orientaci贸n predominantemente exportadora de la gran burgues铆a industrial de productos altamente estandarizados y de bajo valor agregado relativo.

La hip贸tesis m谩s consistente con el conjunto de datos disponibles es que la acumulaci贸n en el per铆odo ha sido predominantemente capital-extensiva y que el crecimiento econ贸mico desde 2003 se apoy贸 en el fundamento de la reestructuraci贸n de capital operada en los noventa. Esto fue posible en un contexto de tipo de cambio alto y de costos laborales hist贸ricamente bajos. Sin embargo, la heterogeneidad de la estructura industrial presupone que coexisten comportamientos tecnol贸gico-intensivos en sectores de exportaci贸n, con el empleo intensivo de mano de obra descalificada en ramas como la textil. Pareciera que la articulaci贸n de la orientaci贸n exportadora de la gran burgues铆a industrial y el crecimiento de sectores orientados al mercado interno bajo el paraguas cambiario profundizaron dicha heterogeneidad. El car谩cter predominantemente capital-extensivo de la inversi贸n explica el fuerte aumento del empleo, es decir, la m谩s alta elasticidad empleo/producto respecto de los noventa por lo menos hasta el 2007, y la consiguiente ca铆da de la tasa de desempleo. A su vez, la ca铆da del desempleo en un contexto de costos laborales hist贸ricamente bajos fue condici贸n de posibilidad del aumento de los salarios reales.

El a帽o 2007 marca el inicio de algunas tendencias que pueden bien se帽alarlo como un cambio de etapa dentro del per铆odo de crecimiento abierto en 2002-3. En primer lugar, el salario real interrumpe su marcha claramente ascendente e inicia un sendero de relativo estancamiento, aun cuando subsiste una leve mejora entre 2007 e inicios de 2012. En segundo lugar, se desacelera la creaci贸n de empleo en la medida que se reduce la elasticidad empleo/producto.

Desde 2007 se evidencia cierta tendencia a que las negociaciones salariales perforen los techos inicialmente planteados por el gobierno.

En tercer t茅rmino, la apreciaci贸n del peso est谩 minando el super谩vit comercial y comienza a reaparecer el d茅ficit en cuenta corriente. Al mismo tiempo, el aumento, junto con la inflaci贸n, de la masa de subsidios requeridos para mantener congelados los precios y tarifas elimina o reduce el super谩vit fiscal. La combinaci贸n de ambas tendencias limita la capacidad del Estado para responder a las demandas sociales y transforma en un problema real las dificultades para financiarse tomando deuda externa, debidas a las altas tasas de inter茅s exigidas al Estado argentino desde el default.

Crece el empleo y el poder reivindicativo de la clase obrera

El volumen f铆sico de producci贸n aument贸 tres veces m谩s entre 2003-11 que entre 1991-8. La contrapartida de estos datos fue el fuerte aumento del empleo y la ca铆da del desempleo que fue un aspecto esencial de la reconstrucci贸n del consenso pol铆tico. La tasa de empleo se increment贸 desde el 38,8% en el tercer trimestre de 2003 hasta el 43,4% en el tercer trimestre de 2011 y la tasa de desempleo se redujo desde el 16,1% en el segundo trimestre de 2003 hasta el 7,3% en el segundo trimestre de 2011.

Esta ca铆da del desempleo fue el fundamento de la recuperaci贸n del poder reivindicativo de la clase obrera que se evidenci贸 en el crecimiento del salario real, sobre todo desde 2005 y, especialmente, para los asalariados registrados del sector privado. La combinaci贸n de reducidos aumentos de productividad, ca铆da de las horas trabajadas por obrero y la recuperaci贸n del salario real dieron lugar a una ca铆da de la tasa de explotaci贸n en la industria y, muy probablemente, en el conjunto de las actividades productivas.

De conjunto, los datos expuestos parecen se帽alar que la ca铆da del desempleo y el fortalecimiento de la posici贸n negociadora de los trabajadores durante la post convertibilidad posibilitaron una mejora de su situaci贸n -aumento del salario real, menor tasa de explotaci贸n, mayor participaci贸n en el producto, ca铆da de la desigualdad seg煤n distintas medidas-, pero que no revirti贸 los resultados de la fuerte ofensiva contra la clase obrera desarrollada entre la hiperinflaci贸n (1989) y la primera mitad de los a帽os noventa. A pesar de ello, dicha mejora implica que la acumulaci贸n se desarroll贸 sobre la base de una relaci贸n de fuerzas m谩s favorable para el trabajo que en los a帽os noventa. Pero esta relaci贸n de fuerzas, a su vez, solo se abri贸 camino a trav茅s de la acci贸n del Estado y es aqu铆 donde el an谩lisis de la dimensi贸n espec铆ficamente pol铆tica de la pol铆tica econ贸mica y su relaci贸n con las tendencias de la acumulaci贸n capitalista cobran importancia.

La implementaci贸n de los planes Jefes y Jefas de Hogar durante el gobierno de Eduardo Duhalde y el retorno a las pol铆ticas sociales m谩s focalizadas durante los primeros a帽os de la presidencia de N茅stor Kirchner buscaron contener el impacto sociopol铆tico del aumento de la desigualdad y la pobreza producto de la crisis. La asistencia social, el aumento del empleo y la recuperaci贸n del consumo de los sectores medios permitieron articular el relanzamiento de la acumulaci贸n con la reconstrucci贸n de la legitimidad pol铆tica. Sin embargo, la presi贸n y recuperaci贸n salarial empez贸 a sentirse reci茅n en 2005, junto con un fuerte aumento del conflicto sindical.

El conflicto obrero entre 2003 y 2010, m谩s all谩 de variaciones coyunturales, mantuvo sus caracter铆sticas esenciales. En contraposici贸n, la adhesi贸n inicial al gobierno y la desmovilizaci贸n de los “sectores medios” urbanos result贸 m谩s inestable.

Los movimientos de trabajadores desocupados (piqueteros), fueron protagonistas del ciclo de movilizaciones del 2001 y el n煤mero de acciones colectivas de dichos movimientos creci贸 hasta el 2003. Una primera aproximaci贸n cuantitativa nos muestra que el n煤mero de acciones, despu茅s de crecer en 2004, cae en 2005 y, sobre todo, en 2006, a帽o a partir del cual no se recuperar谩n los niveles de los primeros dos a帽os. Tambi茅n la radicalidad de las medidas decrece fuertemente. El porcentaje de acciones radicales (cortes, ocupaciones, tomas, etc.) pasa de representar porcentajes superiores al 80% de las acciones en 2004 y 2005 a menos del 40% en 2006 y del 30% posteriormente. Estos datos demuestran el 茅xito del gobierno en normalizar el conflicto de los movimientos de desocupados.

Las primeras tensiones: alejamiento de Lavagna

De conjunto, la pol铆tica econ贸mica se articul贸 con un proceso de acumulaci贸n impulsado por la exportaci贸n de productos industriales de bajo valor agregado y basado en bajos costos salariales relativos, alrededor del cual se desarroll贸 una limitada sustituci贸n de importaciones.

Las tensiones entre pol铆tica econ贸mica y acumulaci贸n de capital comenzaron a manifestarse en 2005 y, desde esta perspectiva, la salida del Ministro de Econom铆a Roberto Lavagna constituy贸 un acontecimiento significativo. La disputa entre el Ministerio de Econom铆a y los de Planificaci贸n y Trabajo que derivaron en la renuncia de Lavagna tuvieron como eje la pol铆tica fiscal y salarial.

La posici贸n de Lavagna iba en el sentido de moderar la expansi贸n del gasto p煤blico y contener los aumentos salariales. Este 煤ltimo punto en particular resultaba sensible en el contexto del retorno a las paritarias desde 2004 y de aumento del conflicto obrero a niveles no vistos desde fines de los a帽os ochenta. La salida de Lavagna es sintom谩tica del punto en que la l贸gica de reconstrucci贸n y reproducci贸n del consenso pol铆tico por la v铆a de la satisfacci贸n gradual de demandas populares entr贸 parcialmente en conflicto con una estrategia de acumulaci贸n impulsada por las exportaciones y una industrializaci贸n limitada soportada por bajos costos salariales.

Pero aun este escenario de tibias concesiones graduales a la clase obrera no puede desvincularse de la necesidad de recomponer la legitimidad del poder pol铆tico despu茅s de a帽os de evoluci贸n descendente y de los grandes conflictos que entre 2004 y 2005 protagonizaron fracciones de los ocupados como telef贸nicos, subtes, ferroviarios, etc.

El agotamiento, hacia 2007, del per铆odo de compatibilizaci贸n entre acumulaci贸n de capital y concesiones graduales a la clase obrera, puso de manifiesto que la l贸gica del modo de acumulaci贸n, basado en bajos costos salariales relativos, plantea l铆mites a una hegemon铆a sustentada sobre esa base.

En primer lugar, aumentos salariales superiores a los incrementos de productividad y del movimiento del tipo de cambio tendieron a deteriorarlo afectando los niveles de competitividad. En segundo lugar, la pol铆tica monetaria se torn贸 m谩s expansiva por una intervenci贸n cambiaria debida al aumento del tipo de cambio en condiciones de super谩vit comercial y con esterilizaci贸n parcial de la nueva emisi贸n y, por otro lado, por la pol铆tica de convalidaci贸n monetaria del traslado a precios de los aumentos salariales.

Los subsidios al transporte, la energ铆a y dem谩s tarifas de servicios p煤blicos surgieron como una v铆a de compromiso para evitar aumentos de tarifas en un escenario post devaluaci贸n de alto grado de conflictividad social y en un marco de conservaci贸n del esquema de privatizaciones. Pero en la medida que el aumento de tarifas entraba en tensi贸n con la construcci贸n y conservaci贸n del consenso pol铆tico, se prolong贸 en el tiempo y sus dimensiones se volvieron crecientes junto con la aceleraci贸n de la inflaci贸n. Desde 2008, empez贸 a ser un problema fiscal serio y, particularmente desde 2010, fue un elemento en la reaparici贸n del d茅ficit fiscal. Por esta v铆a se transform贸, adem谩s, en una variable que explica una parte significativa del aumento de la emisi贸n monetaria para cubrir el d茅ficit creciente.

El desfase entre pol铆tica econ贸mica y acumulaci贸n de capital se desarroll贸 plenamente m谩s all谩 de 2007. En este sentido, el conflicto de 2008 con la burgues铆a agraria y el cambio del contexto internacional se帽alan un nuevo giro en esa relaci贸n.

驴Qu茅 expresa ese desfase? Una alteraci贸n en la relaci贸n de fuerzas favorable a los trabajadores sobre la base de la cual debi贸 reconstruirse -despu茅s de su crisis- y reproducirse el poder pol铆tico. Esta dimensi贸n constitutiva del Estado, la de la reconstituci贸n y reproducci贸n de la dominaci贸n pol铆tica, sobre determina la pol铆tica econ贸mica e imposibilita la correspondencia “t铆pico ideal” entre pol铆tica econ贸mica y necesidades de la acumulaci贸n capitalista.

Es de destacar que el gobierno intent贸 reducir subsidios y limitar los aumentos salariales con poco 茅xito, es decir, debiendo retroceder ante el rechazo masivo, hasta los a帽os 2013 y 2014, a帽os en los que se lleva adelante un ajuste salarial gradual y una reducida quita de subsidios en medio de una recesi贸n y crecientes dificultades en el sector externo.

El cambio central es que baj贸 la desocupaci贸n de manera dr谩stica y la posibilidad de discutir salarios en paritarias. Ese es un cambio cualitativo importante en el capitalismo argentino que afecta directamente la situaci贸n de la clase obrera, aunque hay que tener presente que las luchas del per铆odo son luchas econ贸mico-corporativas inmediatas, que no van m谩s all谩 en ning煤n caso.

Todo el menemismo y su pol铆tica se organizaron en base a la derrota de los 70 y la hiperinflaci贸n de fines de los 80. El 2001 en cambio no fue una derrota, fue vivido como un triunfo popular, y lo que vino despu茅s fue la realizaci贸n de esa fuerza popular para echar a patadas a un gobierno.

Los gobiernos de Kirchner y de Cristina vinieron a canalizar y contrarrestar esa fuerza, con el poder de los votos por un lado y la amenaza destituyente por el otro. Las voces que hubo a partir de la democracia participativa y las asambleas populares, terminaron casi en su totalidad institucionalizadas en la democracia representativa, formal y burguesa. Esta ha sido una de las tareas que ha llevado a cabo el kirchnerismo.

Esto fue posible porque tomaron las pol铆ticas que estaban planteadas en el 2001, aunque a la izquierda le cueste asumirlo. El 2001 no iba m谩s all谩 de las pol铆ticas que desarroll贸 el kirchnerismo y por haber realizado estas pol铆ticas es que pudo canalizar esa fuerza social como lo hizo.

En primer lugar se observa un importante aumento del consumo. Este hecho, asociado a las fases de recuperaci贸n y crecimiento, impact贸 sobre todo en las capas medias, con acceso al cr茅dito y la adquisici贸n de bienes durables. En segundo lugar, descendieron sensiblemente los niveles de desempleo y subempleo. Simult谩neamente, aument贸 el salario real de todos los trabajadores respecto del 2002, aunque solo para los trabajadores registrados en el sector privado se produjo una recuperaci贸n de los niveles pre devaluaci贸n. En el caso de los privados no registrados y de los trabajadores del sector p煤blico, a煤n persiste un fuerte retraso respecto del cuarto trimestre de 2001. Los mecanismos coercitivos de producci贸n de consenso negativo (amenaza hiperinflacionaria, alto desempleo, fragmentaci贸n de la clase obrera) han funcionado desde 2003 de manera subordinada respecto de la capacidad del Estado de otorgar concesiones a las clases subalternas. El consenso se ha sostenido fundamentalmente, sobre esa capacidad de satisfacci贸n gradual de demandas y otorgamiento de concesiones.

Recomposici贸n del poder del Estado. El conflicto con el campo

El primer gobierno kirchnerista pudo recomponer el poder del Estado a trav茅s de la construcci贸n de un amplio consenso entre 2003-7. El gobierno de Cristina pudo recomponerlo despu茅s del denominado “conflicto del campo” en 2008. Lo hicieron, en ambos casos, a trav茅s de una l贸gica de satisfacci贸n gradual de demandas, que consisti贸 en una recuperaci贸n selectiva y resignificaci贸n de reivindicaciones democr谩ticas y populares forjadas desde la resistencia al neoliberalismo en los a帽os noventa.

Pero el conflicto con el campo dividi贸 aguas. Ah铆 se acab贸 el intento de poner en pie una estrategia neodesarrollista, que requer铆a mayor firmeza en la captaci贸n estatal de la renta sojera, la reintroducci贸n de un monopolio estatal del comercio exterior como una medida clave, dejar de subsidiar a una burgues铆a argentina que remarca precios, hace especulaciones cambiarias y coloca fondos en el exterior y no invierte.

La cuesti贸n del agro en la econom铆a argentina y las transformaciones generadas por el agrobussiness en las 煤ltimas d茅cadas saltaron a la palestra con el enfrentamiento que tuvieron el kirchnerismo y las patronales agropecuarias que conformaron la Mesa de Enlace, durante el primer a帽o del mandato de Cristina Fern谩ndez de Kirchner. El gobierno afront贸 entonces una derrota, ya que no pudo imponer la Resoluci贸n 125 ni plantear nuevos aumentos en las retenciones desde entonces. En el terreno pol铆tico, el resultado fue m谩s desparejo. Aunque el traspi茅 del gobierno y el malestar creado por el impacto de la crisis mundial de 2008-9 dieron aire en las elecciones de 2009 a sectores opositores de adentro y de afuera del peronismo, el gobierno mantuvo un n煤cleo duro a partir del cual pudo recuperarse desde 2010, ayudado por la m铆stica generada por este conflicto.

El fondo de la pelea era que el kirchnerismo, para sostener las necesidades crecientes de caja, poder continuar como el representante del inter茅s general de la sociedad y continuar actuando en los hechos como armonizador de los intereses de las distintas fracciones de la burgues铆a, necesitaba avanzar en una apropiaci贸n de la renta agraria.

La tecnificaci贸n de las tareas que se profundiz贸 con la soja transg茅nica permiti贸 un salto de la productividad del trabajo, que redujo a la mitad la cantidad de horas anuales demandadas por las labores agr铆colas, al tiempo que se duplic贸 el 谩rea sembrada.

El “campo”, por otro lado, quer铆a captar una mayor porci贸n de esta renta que se multiplicaba como man谩 ca铆do del cielo gracias a los altos precios de los commodities agropecuarios. Una disputa entre intereses capitalistas, en la que las aspiraciones de los trabajadores y los sectores populares eran convidados de piedra.

Un hecho fundamental fue la reversi贸n durante la 煤ltima d茅cada de la tendencia de un siglo al deterioro de los t茅rminos de intercambio entre los productos de la periferia y del centro del sistema mundial.

Desde al a帽o 2002 los precios de los commodities, y de las materias primas en particular, tendieron a aumentar significativamente dando lugar a un mejoramiento de los t茅rminos de intercambio que impact贸 positivamente en la balanza comercial argentina.

Este fen贸meno se encuentra vinculado al impacto en el mercado mundial del crecimiento de la econom铆a china y, en menor medida, de la india.

Si en otros momentos hist贸ricos las condiciones de competencia asim茅trica enfrentaron a grandes y peque帽os capitalistas del agro, la conversi贸n de decenas de miles de 茅stos 煤ltimos en rentistas los llev贸 a marchar junto con los primeros, como propietarios, en rechazo de las retenciones m贸viles para defender su renta.

La derrota del kirchnerismo en el conflicto de 2008 fue menos por la homogeneidad y fuerza social del bloque que se le opuso, que resultado de la desproporci贸n entre la supuesta “gesta” contra la oligarqu铆a que se dibujaba en el discurso del gobierno y el alcance real de la disputa.

La disputa por las retenciones, la estatizaci贸n de las AFJP, el enfrentamiento con algunos sectores de la burgues铆a financiera por la utilizaci贸n de las reservas del BCRA, la disputa por la colocaci贸n de directores en empresas con participaci贸n accionaria estatal o la estatizaci贸n parcial de YPF responden, sin duda, a las necesidades de financiamiento para mantener subsidios a empresas y, en menor medida, pagar deuda externa. Sin embargo, es significativo que la respuesta pol铆tica fuera esa y no, fundamentalmente, el ajuste fiscal.

La estrategia del kirchnerismo fue intentar contener las tensiones a trav茅s de la combinaci贸n de una mayor desvalorizaci贸n cambiaria acompa帽ada de mayores tasas de inter茅s, junto con el uso de todo el poder de fuego de las finanzas funcionales y el acelerador del gasto p煤blico, buscando desplazar hacia adelante las presiones sobre el tipo de cambio -evitando una nueva devaluaci贸n brusca antes de las elecciones nacionales de fines de octubre- y contrarrestar la ca铆da general en la rentabilidad del capital, por la v铆a de aumento vigoroso del d茅ficit fiscal.

El nacionalismo burgu茅s fracasa nuevamente. Del auge al estancamiento

A partir de 2008 el kirchnerismo careci贸 de los logros en materia econ贸mica que caracterizaron la etapa de recuperaci贸n econ贸mica del 2003 al 2007. El crecimiento disminuy贸, la inflaci贸n comenz贸 a deprimir los salarios y el mercado laboral redujo su capacidad de integrar fuerza de trabajo. Esta situaci贸n acompa帽a la crisis del capitalismo a escala global, las dificultades de las experiencias reformistas o nacionalistas basadas en concesiones sociales, que fueron posibles en la primera d茅cada del siglo XXI por una coyuntura econ贸mica internacional favorable, y la recuperaci贸n de las derechas en el continente.

En la emergencia de esos procesos confluy贸 el derrumbe de los partidos pol铆ticos tradicionales, que fueron la garant铆a de estabilidad capitalista durante d茅cadas en Am茅rica Latina.

Hubo altas tasas de crecimiento, inflaci贸n reducida y presupuestos equilibrados o hasta con super谩vits. Casi 50 millones de personas salieron de la pobreza. Seg煤n la Comisi贸n Econ贸mica para Am茅rica Latina y el Caribe (Cepal), la pobreza disminuy贸 del 43,9% al 28,1%, entre 2002 y 2012, aunque la polarizaci贸n social se mantuvo estable y Am茅rica Latina continu贸 siendo la regi贸n con mayor desigualdad social del planeta.

Pero los datos de la econom铆a latinoamericana comenzaron a cambiar dr谩sticamente con la crisis mundial. Las experiencias nacionalistas fracasaron en la tentativa de estructurar un Estado nacional independiente y en iniciar un proceso de industrializaci贸n aut贸nomo, destruyendo la supremac铆a del capital financiero. No crearon una burgues铆a nacional, sino en su lugar, una “boliburgues铆a” en Venezuela o el “capitalismo de amigos” de los Kirchner que desangr贸 financieramente al Estado. En las nacionalizaciones, las empresas recibieron compensaciones fuertes (Sidor, YPF), a煤n mayores que el valor en Bolsa. En ning煤n caso controlaron o gestionaron colectivamente la propiedad nacionalizada y no tocaron los bancos.

Las crisis mundiales son una oportunidad para los pa铆ses de desarrollo atrasado, pero para eso se necesita una pol铆tica independiente de la burgues铆a nacional.

Con base en los recursos extraordinarios, Venezuela y Bolivia impulsaron importantes campa帽as de salud y educaci贸n, pero no avanzaron en sentar las bases econ贸micas de la autonom铆a nacional, para sustentar en el largo plazo los planes y programas sociales.

El ciclo de grandes recaudaciones fiscales est谩 concluido. Las limitadas reformas fiscales, con aumento de los impuestos sobre el petr贸leo y el gas extra铆dos por las multinacionales, ofrecieron una ventaja pasajera en el marco de precios internacionales elevados. La crisis mundial amenaza tambi茅n al gobierno de Ecuador.

Este contexto menos favorable exacerb贸 las barreras del proyecto de neodesarrollo en la Argentina, haciendo que sus l铆mites se hagan cada vez m谩s evidentes como estrategia de desarrollo posible sobre una base popular.

La inflaci贸n se consolid贸 como un problema persistente resultante del poder social del gran capital. Tambi茅n una estructura fiscal regresiva con preeminencia de impuestos al consumo y un creciente peso del impuesto a los salarios. El peso de la deuda p煤blica y la multiplicaci贸n de los subsidios millonarios al gran capital local.

Frente a este esquema la pol铆tica de universalismo b谩sico actu贸 compensatoria y limitadamente. Adem谩s, persiste la fuga de capitales y retorna el d茅ficit externo.

Frente a estos l铆mites del gobierno kirchnerista, las fracciones dominantes operaron en la esperanza de forzar cambios en la correlaci贸n social de fuerzas que permitieran “corregir los desequilibrios”, buscando promover cambios en las pol铆ticas estatales que eviten el creciente d茅ficit fiscal y la escasez de d贸lares.

En lo que podr铆amos denominar la primera fase de inestabilidad, el kirchnerismo busc贸 apuntalar el debilitamiento del crecimiento econ贸mico mediante la expansi贸n del gasto p煤blico sobre la base de una flexibilizaci贸n de la pol铆tica monetaria y la apropiaci贸n de fondos de fuentes no impositivas como el ANSES, PAMI, etc.

Esto dio por resultado una cierta recuperaci贸n econ贸mica en el per铆odo 2009 a 2011, combinada con una ampliaci贸n de la cobertura previsional, la implementaci贸n de la Asignaci贸n Universal por Hijo (AUH) y pol铆ticas de endeudamiento popular para compensar el estancamiento salarial, que alcanz贸 para prolongar la gesti贸n m谩s all谩 del 2011 con un resultado electoral del 54% para la reelecci贸n de Cristina Fern谩ndez de Kirchner.

El final

La necesidad pol铆tica del kirchnerismo de buscar su continuidad en el poder se enfrent贸 a la necesidad sist茅mica de devaluaci贸n, ajuste fiscal y externo. Esa transici贸n se inicia a fines del 2011 con la “sinton铆a fina” o ajuste heterodoxo, marcada por la pol铆tica de control del mercado cambiario y se profundizar谩 a fines de 2013 con el nombramiento de Axel Kiciloff como Ministro de Econom铆a.

La devaluaci贸n del peso a comienzos del 2014, el progresivo regreso al mercado financiero internacional de capitales con el pago al Club de Par铆s, a Repsol por la expropiaci贸n parcial de YPF y el acuerdo financiero con China, la ampliaci贸n de la pol铆tica de endeudamiento popular para el consumo (Procrear, Procreauto, tarjeta Argenta y plan Ahora12) y el fortalecimiento de techos salariales expl铆citos, ser谩n las herramientas claves de esta nueva etapa.

La transici贸n se extiende en un contexto global y regional cada vez m谩s negativo. Brasil, nuestro primer socio comercial, se encuentra estancado en lo econ贸mico y atravesando una crisis pol铆tica terminal. China, el segundo socio comercial, est谩 desacelerando su crecimiento y EE. UU. sube las tasas de inter茅s. Las urgencias del gobierno pasan por sostener las reservas internacionales para el pago de la deuda e importaciones y articular el ajuste fiscal con pol铆ticas de endeudamiento personal para mantener la paz social, pero choca con una econom铆a estancada, con la huelga de inversiones del gran capital que ha decidido acentuar las demandas de ajuste y esperar a las elecciones de 2016.

Los sectores populares carecen de alternativas pol铆ticas propias y siguen apostando al “mal menor”. La auspiciosa convergencia electoral de las fuerzas de izquierda anticapitalista en torno al Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) no alcanza para conformar una opci贸n de masas en el campo electoral. Con sus limitaciones, esa convergencia es parte de una apuesta a mediano plazo a condici贸n de construir una unidad pol铆tica en la diversidad de pr谩cticas y tradiciones en una estrategia amplia de poder popular.

Agrupaciones como Pueblo en Marcha, un partido construido desde los movimientos populares por el Frente Popular Dar铆o Santill谩n, Democracia Socialista y el Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social (MULCS) o el Movimiento Popular la Dignidad, que participaron en las listas del FIT en las elecciones PASO de abril de 2015, instal贸 el debate sobre la posibilidad de avanzar en un polo de izquierda que nuclee a fuerzas pol铆ticas con tradiciones distintas.

La delimitaci贸n de ese polo de izquierda debe basarse en el acuerdo por un frente pol铆tico que se pronuncie por el anticapitalismo, la independencia de los gobiernos de turno y el rechazo de los proyectos de conciliaci贸n de clases. La construcci贸n debe ser integral, con un pie en la movilizaci贸n por desarrollar poder popular y otro en la lucha estatal y electoral.

En abril pasado, Jos茅 Natanson escrib铆a en Le Monde Diplomatique: “El kirchnerismo, independientemente del resultado de las elecciones de octubre, permanecer谩 como una cultura pol铆tica (…) las grandes orientaciones pol铆ticas de la 煤ltima d茅cada -intervencionismo estatal, pol铆ticas sociales, latinoamericanismo, derechos humanos- constituyen un n煤cleo de valores compartido por la mayor铆a de la sociedad”.

Tambi茅n Eduardo Jozami en El futuro del kirchnerismo sostiene que: “Se se帽ala que no debe temerse una victoria opositora ni tampoco del actual gobernador de la provincia de Buenos Aires (Scioli) puesto que las reformas del 煤ltimo decenio ser铆an tan profundas y habr铆an logrado tanto consenso social como para que puedan ser consideradas irreversibles (…) no deber铆amos subestimar las debilidades que hemos marcado en t茅rminos de implantaci贸n del kirchnerismo en la sociedad”.

Para nosotros, el saldo que deja en conciencia y organizaci贸n el kirchnerismo es decepcionante.

Hay dos formas de promover la inclusi贸n social: arrebat谩ndole negocios a la burgues铆a o distribuyendo s煤per ganancias y parece que es lo mismo, pero no lo es.

Quienes se limitan a repartir s煤per ganancias quedan expuestos inexorablemente a las pol铆ticas de ajuste, porque tienen que mantener las ganancias de la burgues铆a que controla todos los negocios. El Brasil de Lula y Dilma es un buen ejemplo.

El desmoronamiento del proceso pol铆tico kirchnerista va de la mano con que nunca super贸 el horizonte de construir un capitalismo un poco menos malo.

Por otro lado, a lo largo de la d茅cada se fue abriendo paso un movimiento pol铆tico-social de un fuerte contenido conservador, estructurado alrededor de sectores tradicionales de la clase alta y media-alta: los propietarios rurales, la famosa “corpo” (grupos econ贸micos y medi谩ticos de oposici贸n), grupos institucionales (sectores del Poder Judicial), etc.

Estos sectores lograron dominar las calles en varias ocasiones en 2008 con el conflicto del campo, en 2012 con los cacerolazos contra el cepo al d贸lar y en el 2015 con el caso Nisman. Este movimiento pol铆tico-social conservador en diferentes momentos logr贸 capitalizar el desgaste del gobierno en su propia base social. As铆 es como la derecha gan贸 en 2009 las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires (De Narv谩ez) y volvi贸 a hacerlo nuevamente en 2013 (Massa).

La derecha consigui贸, a trav茅s de la mediaci贸n de ese movimiento pol铆tico-social conservador, ocupar el vac铆o pol铆tico que el kirchnerismo dej贸 con su desgaste y su crisis.

Su herencia es el macrismo, pero en un contexto radicalmente distinto. Sin una crisis org谩nica y con elevada legitimidad de origen, profundizar谩 el ajuste en los diferentes desequilibrios del proyecto capitalista, con el fin de recuperar las condiciones macroecon贸micas para su expansi贸n. Para ello acelerar谩 la devaluaci贸n de la moneda local, ajustar谩 el gasto fiscal y acentuar谩 la pol铆tica de re-endeudamiento externo.

Pero la resistencia obrera y popular ha comenzado inmediatamente.

Publicado en 芦The Class Struggle in Latin America: Making History Today禄, de James Petras & Henry Veltmeyer (Routledge, 2017)

—-

Bibliograf铆a

AA. VV.: Ensayos pol铆ticos. Debates en torno al poder, la organizaci贸n y la etapa. Editorial El Colectivo, Buenos Aires, 2015.

Bonnet, Alberto: “El kirchnerismo: un breve balance”, Revista Herramienta, 12.8.2015.

Bonnet, Alberto: La insurrecci贸n como restauraci贸n, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2015

Barrios, Armando y Polischuk, Sebasti谩n: “Entrevista a Nicol谩s I帽igo Carrera y Mar铆a Celia Cotarelo”, Revista Venceremos en Resumen Latinoamericano, 20.8.2015.

Cieza, Guillermo: “驴Fin de ciclo o fin de cuento?”, lahaine.org, 3.10.2015.

Coggiola, Osvaldo: “Am茅rica Latina vuelve a escena” en En defensa del marxismo, N潞 44, A帽o XXIII, Buenos Aires, junio 2015.

D’Arrigo, Mariano: “Ni ganada ni perdida, esta fue la d茅cada repetida”, La Capital, Rosario, 21.10.2015.

F茅liz, Mariano: “Neodesarrollismo, 驴quo vadis?, 12.10.2015.

F茅liz, Mariano: “Neodesarrollismo en crisis. 驴El futuro ya lleg贸?” en Ensayos pol铆ticos. Debates en torno al poder, la organizaci贸n y la etapa. Editorial El Colectivo, Buenos Aires, 2015.

Jozami, Eduardo: El futuro del kirchnerismo, Sudamericana, Buenos Aires, 2015.

Kur, Ale: “驴Por qu茅 avanz贸 la derecha?”, Socialismo o Barbarie,Buenos Aires, A帽o XIV, N潞 355, 29.10.2015.

L贸pez Monja, Carina; Mart铆n, Facundo Nahuel y Orchani, Federico: “Un escenario abierto para el movimiento popular y las izquierdas en la Argentina” en Ensayos pol铆ticos. Debates en torno al poder, la organizaci贸n y la etapa. Editorial El Colectivo, Buenos Aires, 2015.

Mercatante, Esteban: La econom铆a argentina en su laberinto, Ediciones IPS, Buenos Aires, 2015.

Natanson, Jos茅: “Las cuatro paradojas de la campa帽a”, en Le Monde Diplomatique, Buenos Aires, abril 2015, N潞 190.

Piva, Adri谩n: Econom铆a y pol铆tica en la Argentina kirchnerista, Batalla de Ideas, Buenos Aires, 2015.

Rodr铆guez, Mart铆n: Orden y progresismo. Los a帽os kirchneristas, Emec茅, Buenos Aires, 2015.

Ruiz, Luc铆a: “Los n煤meros del fin del kirchnerismo”, Buenos Aires, 24 de octubre de 2015.

Stefanoni, Pablo: “Tiempos nestornautas”, Nueva Sociedad, 13.9.2015.

Vommaro, Gabriel; Morresi, Sergio y Bellotti, Alejandro: Mundo Pro. Anatom铆a de un partido fabricado para ganar, Planeta, Buenos Aires, 2015.

https://petras.lahaine.org/




Fuente: Lahaine.org