June 9, 2021
De parte de Lobo Suelto
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Se帽oras, se帽ores. En una novela de Joseph Conrad, que para m铆 es el novelista, un navegante, que es el narrador, ve desde la proa de su nave algo. Una sombra, una claridad en los confines del horizonte. Y se dice que esa claridad, esa sombra, es de la costa de 脕frica. Y que m谩s all谩 hay fiebres, imperios, ruinas, Sahara, los grandes r铆os que exploraron Stanley, Livingstone, y luego palmeras, y lo que queda de Cartago, que Roma borr贸 con el fuego y con la sal. Y luego la historia de portugueses, de holandeses, de zul煤es, de bant煤es, y tambi茅n los compradores de esclavos, y ruinas, y pir谩mides. Es decir, un vast铆simo mundo. De selvas, desde luego, de leopardos, de p谩jaros.

Bueno, a m铆 me sucede algo parecido. Me he comprometido a hablar de Spinoza. Me he pasado la vida explorando a Spinoza y, sin embargo, qu茅 puedo decir de 茅l. Puedo decir de 茅l lo que dice el narrador de la novela de Conrad. Ha vislumbrado algo. Sabe que eso que vislumbra es vast铆simo. Yo me propuse alguna vez un libro sobre Spinoza. Tengo encasa, bueno, varias ediciones de la Ethica, en alem谩n, en franc茅s, en ingl茅s. Y muchos estudios sobre Spinoza, y biograf铆as. Sin embargo, qu茅 puedo confesar ahora sino mi ignorancia, mi deslumbrada ignorancia. Pero tengo la impresi贸n de algo no solo infinito sino esencial tambi茅n. Algo que de alg煤n modo me pertenece. Yo pensaba escribir un libro sobre Spinoza. Junt茅 los materiales, y luego descubr铆 que no pod铆a explicar a otros lo que yo mismo no puedo explicarme. Pero hay algo que puedo sentir, misterioso como la m煤sica, misterioso como su Dios.

Pero pens茅 en estos d铆as que Spinoza hab铆a consagrado su vida a construir dos im谩genes. Una es la que conocemos todos. Recuerdo aquellas palabras que en la presentaci贸n acaba de recitar un amigo m铆o: un hombre engendra a Dios鈥 Ese fue Spinoza, que dedic贸 su vida no solo a pulir lentes sino tambi茅n a pulir lo que yo he llamado en un soneto ese otro claro laberinto de la Divinidad, ese ser infinito, que viene a ser el m谩s complejo de los dioses.

Una de las tareas de la humanidad ha sido imaginar a Dios. Pero, de los casi infinitos dioses que se han imaginado, ninguno, ni siquiera el Dios de la Escol谩stica, el Dios de Santo Tom谩s, por ejemplo, puede competir en variedad, en insondabilidad (si se me permite el barbarismo), con el Dios de Spinoza. Bueno, esa imagen ha quedado y ser谩 parte de la memoria de todos los hombres. M谩s all谩 de los otros dioses del pante铆smo, por ejemplo la esfera infinita de Parm茅nides, por ejemplo el Brama de la India, que crea el mundo, Visn煤, que lo conserva, y Siva, que lo destruye. Salvo que Siva es, a la vez, el que destruye y el que engendra, ya que la muerte y el acto sexual vienen a ser lo mismo, porque uno es causa del otro.

Bueno, Spinoza dedic贸 su vida a imaginar a Dios con amor, con lo que 茅l llam贸 amor intelectual, una expresi贸n que tom贸 de Mois茅s Maim贸nides. Dedic贸 su vida a imaginar a Dios con imaginaci贸n, con amor y con una rigurosa raz贸n que suele llamarse raz贸n cartesiana. Salvo que Spinoza fue mucho m谩s riguroso que Descartes, su maestro. Ya que si Descartes parte del rigor cartesiano y concluye en el Vaticano y en la Trinidad, no muchos podemos esperar de ese rigor. En cambio Spinoza llev贸 su voluntad, no dir茅 de engendrar, sino de erigir a Dios, ese cristalino laberinto, hasta el fin.

Pero, mientras 茅l se dedicaba a ese prop贸sito, estaba creando otra imagen. Esa otra imagen no es menos inmortal que la de Dios. Es la imagen que ha dejado en cada uno de nosotros. La imagen de su propia vida. Recuerdo una expresi贸n latina, vita umbratiles, vida en la sombra. Es la que busc贸 Spinoza y la que no ha logrado ciertamente, ya que ahora, tantos siglos despu茅s, estamos aqu铆, en el extremo de un continente que casi ignor贸, estamos aqu铆 pensando en 茅l, yo tratando de hablar de 茅l, y todos extra帽谩ndolo. Y, curiosamente, queri茅ndolo, lo cual es lo m谩s importante.

Bueno, veamos primero esa imagen de la vida de Spinoza que sin duda ustedes conocen mejor que yo.

En Holanda

Suele leerse que Spinoza era un jud铆o portugu茅s. En todo caso, su familia se embarc贸 en Lisboa huyendo del quemadero inquisitorial y busc贸 refugio en la m谩s tolerante de las naciones, Holanda. Y Spinoza fue un buen ciudadano holand茅s.

Le铆 hace a帽os en una biograf铆a de Spinoza un cat谩logo de su biblioteca. Y, curiosamente, no figuraban libros portugueses. Pero hab铆a ejemplares de Cervantes, y de Quevedo tambi茅n.

Y le铆 en la admirable History of Western Philosophy, de Bertrand Russell, que Spinoza conoc铆a el castellano, el portugu茅s (su familia se embarc贸 en Lisboa, y adem谩s conocer un idioma es conocer a otros, las diferencias son m铆nimas, como yo lo he comprobado muchas veces), y supo tambi茅n lat铆n.

Es una l谩stima que hayamos perdido el lat铆n. Todos sentimos la nostalgia del lat铆n, y la literatura la siente. En versos de Quevedo, pro ejemplo. Feroz, de tierra, el d茅bil muro escalas. El hip茅rbaton latino. Quiere decir: feroz escalas el d茅bil muro鈥 Y otro hip茅rbaton famoso de Eleg铆a a las ruinas It谩licas: Esto, Fabio, ay dolor, que ves ahora鈥, que parecen palabras casi amontonadas al azar, y luego todo se explica al empezar el segundo verso: campos de soledad, mustio collado. Y tendr铆amos ejemplos de G贸ngora m谩s forzados y menos felices..

Pero, en fin. Spinoza lleg贸 no solo a escribir en lat铆n, sino, estoy casi seguro, a pensar en lat铆n. Es una l谩stima que se haya perdido esa lengua universal. Y todos sentimos esa nostalgia. Es una caracter铆stica de las literaturas. De todas. Querer volver al lat铆n, ese idioma que Browning llam贸 el idioma de m谩rmol: lat铆n, marble language.

Pues bien. Spinoza conoci贸 desde luego el holand茅s. Fue su lengua. Estudi贸 quiz谩s algo de griego, estudi贸 el hebreo, y algo de le habr谩 alcanzado del italiano, y del franc茅s tambi茅n. Su familia era humilde. Mis fechas son vagas, pero espero no equivocarme al hablar de 1632- 1677, lo cual dar铆a una vida bastante larga, cuarenta y cinco a帽os, dada la tuberculosis que lo aquej贸. Recuerdo haber escrito aquel soneto, donde me refiero a la tuberculosis, que dice as铆: Las trasl煤cidas manos del jud铆o / Labran en la penumbra los cristales / Y la tarde que muere es miedo y fr铆o / (Las tardes a las tardes son iguales). Luego explico que esos cristales son los lentes que 茅l pul铆a, ya que existe esa buena tradici贸n jud铆a de que el rabino tenga un oficio manual. Y luego esos otros cristales que constituyen el laberinto de la Divinidad.

Spinoza estudi贸 el hebreo, estudi贸 la escritura, estudi贸 el Talmud, estudi贸 la filosof铆a de Maim贸nides y estudi贸 la C谩bala. En cuanto a la C谩bala, la consider贸 un delirio. Y en cuanto a todo lo dem谩s, esa idea de un Dios que es un ser personal, un Dios que elige un pueblo, un Dios que hace pacto con el pueblo, todo eso le result贸 del todo extra帽o. El lo rechaz贸 y divulg贸 sus dudas entre sus compa帽eros. Y eso se supo, y tiene que haber sido bastante importante su influencia, ya que quisieron sobornarlo con mil florines, que 茅l rechaz贸, y, seg煤n se dice, trataron de asesinarlo. Pero como 茅l persist铆a en sus opiniones her茅ticas, la Sinagoga lo excomulg贸. En las biograf铆as de 茅l est谩n las terribles palabras del Anatema: Anatema sea cuando est谩 solo. Anatema sea en la calle. Anatema sen en el lecho. Que ning煤n hombre se acerque a 茅l鈥

Una cosa terrible. Bueno, fue excomulgado, arrojado de Israel, y quiz谩 lo atrajo la Escol谩stica, quiz谩s habr谩 le铆do algo del te贸logo irland茅s del siglo IX Escoto Er铆gena. Escoto quiere decir irland茅s. Er铆gena nacido en Er铆n, en Irlanda. Es decir, dos veces irland茅s. Escoto lleg贸 a la corte de Carlos el Calvo desde su monasterio en Irlanda, perseguido por los sajones, e invent贸 un sistema seg煤n el cual todas las cosas emanan de la Divinidad, y despu茅s del Juicio Final regresan a la Divinidad. Curiosamente, ese sistema es el mismo que otro irland茅s m谩s famoso, George Bernard Shaw, dramatiza en el pentateuco metabiol贸gico Vuelta a Matusal茅n, en el cual dice que no hay hombres adultos, por lo menos en Occidente, y que la edad m铆nima debe ser de trescientos a帽os. Ya la final, en el 煤ltimo acto, todas las cosas vuelven a la Divinidad.

Hay una expresi贸n muy linda, admirable, de este sistema, en la obra Contemplations, de V铆ctor Hugo. El poema se titula hermosamente Ce que dit la bouche d鈥檕mbre, Lo que dice la boca de sombra, y al final todos los seres, sin excluir al demonio, vuelven a Dios, y vuelven tambi茅n los dragones, las serpientes, los reptiles que hemos hecho s铆mbolos del mal, y todos ellos vuelven a la Divinidad y no se sabe qu茅 sucede despu茅s.

Pulir, pensar, escribir

Pues bien, Spinoza vive humildemente en distintas ciudades de Holanda, da pruebas de su valor en alguna circunstancia patri贸tica y rechaza dos sobornos. En un caso, le ofrecieron no s茅 qu茅 cargo muy importante en Francia a condici贸n de que 茅l dedicara un libro a Luis XIV, el gran monarca. Pero Spinoza rechaz贸 aquello. Y luego le ofrecieron tambi茅n una c谩tedra de filosof铆a en Heidelberg, Alemania. Y le prometieron que tendr铆a plena libertad de expresar su pensamiento. El rechaz贸 este soborno tambi茅n y sigui贸 puliendo lentes, pensando y escribiendo. Escribiendo en un 谩rido lat铆n, como Swedenborg, el m铆stico sueco que fue su contempor谩neo.

Ten铆a muchos amigos. En Inglaterra, en Holanda, en Alemania. Decidi贸 escribir su libro siguiendo el m茅todo geom茅trico de Euclides, y eso hace que su lectura sea muy dif铆cil. Goethe dice que no se atrevi贸 a entrar en ese laberinto que vendr铆a a ser la Ethica de Spinoza porque ley贸 algunas p谩ginas y no se sinti贸 mejorado en ning煤n momento, pero que vio lo bastante de Spinoza para sentir su grandeza, para sentir que ah铆 hab铆a algo distinto.

Spinoza recibi贸 la visita de Leibniz, y, seg煤n he le铆do, Leibniz habr铆a tomado de 茅l la doctrina de la armon铆a preestablecida, pero luego neg贸 haberlo conocido. No se condujo bien con 茅l. Pues bien, Spinoza llevaba su vida. Era una vida muy sencilla. Creo que le gustaba la sopa de lentejas, se retiraba muy temprano y su ocupaci贸n principal era el pensamiento.

Ilustre vida. Ahora, ese modo de escribir, en el cual sigue la geometr铆a de Euclides, no es arbitrario, ya que ve铆a todo el Universo como l贸gicamente justificable. Y. Si cre铆a que la geometr铆a pod铆a justificarse l贸gicamente, no es un capricho (y adem谩s Descartes ya hab铆a hecho algo parecido) que explicara su filosof铆a de ese modo, mediante axiomas, definiciones, proposiciones, corolarios. En los Estados Unidos, tuve ocasi贸n de manejar un libro titulado On God (De Dios), que es el nombre de otra obra de Spinoza, pero ese libro est谩 construido de este modo: se suprime todo el inc贸modo andamio geom茅trico y est谩 el texto de Spinoza. Y se han combinado la Ethica y el Tractatus con las cartas de 茅l a sus amigos en las cuales explica sin aparato geom茅trico el sistema.

Pues bien, Spinoza llev贸 esa vida. Bertrand Russell dijo que quiz谩 no es el m谩s riguroso de los fil贸sofos, pero, y esto es mucho m谩s importante, s铆 The most lovely, el m谩s querible de todos los fil贸sofos, ya que otros pueden ser admirados, pero no queridos. Y es m谩s importante ser querido que admirado.

El, quiz谩 tomando esa idea de Maim贸nides, predic贸 el amor intelectual de Dios. Pero dice ( y esto no lo entendi贸 bien Goethe) que ese amor no espera ser correspondido. Debemos querer a Dios, pero no debemos esperar que 茅l nos quiera. Dios se quiere infinitamente a s铆 mismo y no tiene por qu茅 querernos a nosotros, que somos atributos o modos muy parciales, casi infinitesimales, de la Divinidad.

Sabemos, entonces, que Spinoza vivi贸 solo, que se retiraba temprano. Pero hay un rasgo un tanto ingrato que, sin embargo, no tengo por qu茅 ocultar, ya que nos ayuda a tener una imagen suya. Ese rasgo es que le gustaba organizar y presenciar ri帽as de ara帽as. Ve铆a en esos duelos s铆mbolos de la maldad y las pasiones de los hombres. Siento haber tenido que recordar eso.

Bueno, ya tenemos esa vida que pasa de una ciudad a otra en Holanda, que rechaza honores ofrecidos en Heidelberg, ofrecidos tambi茅n, creo, por La Sorbona, en Par铆s, y que prefiere el placer intelectual a cualquier otro.

Parece que siendo muy joven se enamor贸, que su amor no fue correspondido, que 茅l volvi贸 a ese otro amor, el amor de Dios. Vivi贸 cuarenta y cinco a帽os, muri贸 t铆sico, e inmediatamente se dijo que hab铆a sido ateo. Lo cual parece un castigo justo para un hombre que pensaba que solo Dios existe.

Hay un verso de Amado Nervo que vendr铆a a ser una suerte de s铆ntesis, quiz谩s involuntaria, de la filosof铆a de Spinoza. Ese verso, si no me enga帽o, dice: Dios existe / nosotros somos los que no existimos.

He llegado a pensar que la filosof铆a de Spinoza puede llegar a desaparecer, pero que quedar谩 su imagen. John Toland, unos cuarenta a帽os despu茅s de la muerte de Spinoza, acu帽贸 una palabra que parece imprescindible ahora y que 茅l no conoci贸: la palabra pante铆smo. Es lo contrario a ate铆smo. Ate铆smo quiere decir que no hay Dios, y pante铆smo, que todo es Dios. Spinoza usa la frase Deus sive natura, (Dios o la Naturaleza). Es decir, ambas cosas son iguales. Dios o el Universo. Salvo que el universo no es solo el Universo material, el del espacio astron贸mico, sino lo que llamamos el proceso c贸smico. Es decir, el Universo comprende todo lo que existe. Nos comprende, por ejemplo, a cada uno de nosotros, comprende esta tard铆a tarde posterior a la muerte de Spinoza, comprende toda nuestra vida, lo que so帽amos, lo que entreso帽amos, lo que hemos hecho, comprende la historia universal, y todo eso tambi茅n es Dios.

Ahora, el pante铆smo como sistema es antiguo. Lo encontramos por ejemplo en Parm茅nides. Cre铆a que solo existe una esfera, infinita, pero esa esfera es material. Y en la filosof铆a de la India, tenemos a Brama, que es tambi茅n el Universo. Y luego hubo otras filosof铆as pante铆stas posteriores. Pero la m谩s extra帽a es la de Baruj Spinoza, o benedictus Spinoza. Para 茅l hay un solo ser, y ese ser es Dios. Pero ese Dios es harto m谩s complejo que las otras divinidades que nos han propuesto los te贸logos de todas las sectas y de todas partes del mundo. La definici贸n, creo, est谩 en la primera p谩gina de la Ethica, aunque es de dif铆cil comprensi贸n y no estoy seguro de haberla entendido. Pero quiz谩 podamos adelantar algo en la infinita exploraci贸n de esa frase. El define a Dios como una sustancia infinita, dotada de infinitos modos o a tributos. Y agrega que esa sustancia es su propia causa. Eso es lo m谩s dif铆cil, o en todo caso me resulta a m铆 lo m谩s dif铆cil. Pero podemos pensar en la definici贸n ontol贸gica de la Divinidad que da el escol谩stico San Anselmo. Seg煤n parece, era un italiano, arzobispo de Canterbury, y cre铆a en Dios, y le pidi贸 que, ya que hab铆a tanta gente que no cre铆a en 脡l, le diera un prueba, y descubri贸 as铆 lo que se ha dado en llamar la prueba ontol贸gica, la prueba del Ser. Hay otras pruebas que dicen que Dios existe ya que en este mundo se observa un orden. Por ejemplo, las diversas edades del hombre, las diversas estaciones, el orden de los astros, el hecho de que las cosas se dividan en animales, minerales, vegetales. Ese vendr铆a a ser el orden cosmol贸gico, pero el ontol贸gico es m谩s raro. Voy a decirlo con las mismas palabras de San Anselmo, que quiz谩 lo hagan m谩s f谩cil, aunque no convincente. Empieza por preguntar: 驴Puedes t煤 concebir un ser perfecto? Y para seguir el juego tenemos que decir que s铆. Entonces sigue: 驴Puedes concebir un Ser absolutamente poderoso, absolutamente omnisciente, absolutamente justo? Tenemos que contestar que s铆. Luego San Anselmo nos pregunta: 驴Ese Ser existe o no? Entonces, si somos sinceros, contestamos que no sabemos. Y San Anselmo nos dice: Entonces, no has imaginado al Ser m谩s perfecto, ya que le falta el atributo de existir. Y podemos imaginar otro m谩s perfecto, que adem谩s exista. Luego, Dios existe.

Ahora, no entiendo esta prueba, porque me parece muy raro que una combinaci贸n de palabras pueda determinar la existencia de Dios. Porque al fin, lo que San Anselmo ha dicho, y Spinoza tambi茅n, no son m谩s que combinaciones de palabras dichas en lat铆n, o en castellano, o en la lengua que ustedes quieran, en cierto orden.

Luego, Hegel toma ese argumento de un modo insolente que no puede convencer a nadie. Empieza por preguntarnos si una hormiga existe. Le contestamos, previsiblemente, que s铆. Entonces, Hegel dice: Bueno, si una hormiga, que es un ser m铆nimo que podemos aniquilar de un pisot贸n, existe, c贸mo no va a existir Dios, que es un ser todopoderoso.

No s茅 si este es un juego de palabras o mucho m谩s. A m铆, personalmente, esto no me convence.

Pues bien, Spinoza nos propone ese ser que es causa de s铆 mismo, y luego de dedica a explorarlo. Y ya que ese ser es Dios, tiene que ser infinito. Y Spinoza piensa en una sustancia infinita, dotada de infinitos modos o atributos. Y aqu铆 viene quiz谩 lo m谩s sorprendente de su concepto de Dios. S茅 que todo esto es raro, para ustedes y para m铆, pero tengo que explicarlo de alg煤n modo. Pues bien, Spinoza imagina esa sustancia infinita, dotada de infinitos atributos. Y al decir infinito no quiero decir m煤ltiple, quiero decir estrictamente infinito. Por ejemplo, si pensamos en el tiempo, el tiempo es estrictamente infinito, ya que no podemos concebir ni un principio ni un fin. Ya lo mismo ocurre con la idea de Spinoza. Pero dos de los atributos, y aqu铆 prep谩rense para algo muy asombroso tambi茅n, son lo que 茅l llama la extensi贸n y el pensamiento. Pero quiz谩 m谩s f谩cil para nosotros sea decir el espacio y el tiempo. Esos vendr铆an a ser dos de los atributos de Dios. Ahora, Leibniz tom贸 su idea de la armon铆a preestablecida de Spinoza, y esto podr铆a explicarse as铆: imaginemos dos cosas tan distintas como la materia y el esp铆ritu. 驴C贸mo puede una influir en la otra? Por ejemplo: alguien clava una aguja en mi carne. Ese es un hecho f铆sico. Yo siento dolor. Ese es un hecho mental, o espiritual. 驴C贸mo puede ser que uno est茅 causado por el otro? O, por ejemplo, en este momento alguien saca una fotograf铆a. Yo, a pesar de mi ceguera, veo el flash. 驴C贸mo puede ese flash, que es meramente f铆sico, ser percibido por mi mente, que es espiritual? Todos tendemos a pensar, quiz谩 sea imposible no pensar, que lo material influye en lo f铆sico. Por ejemplo, yo estoy pronunciando estas palabras. Ustedes las oyen. Es dif铆cil suponer que mi pronunciaci贸n de estas explicativas y torpes palabras no sea la causa de lo que ustedes oyen. Pero, seg煤n Leibniz, y seg煤n Spinoza, el hecho no es ese. El hecho vendr铆a a ser que son dos cosas paralelas, pero no una, causa de la otra. El ejemplo que da Leibniz es este: 茅l imagina dos relojes. Los dos funcionan perfectamente. Les dan cuerda. En el mismo momento en que uno marca las siete de la tarde, el otro marca las siete. Pero ninguno de esos dos relojes ejerce una influencia en el otro. Los dos han sido condicionados para ese hecho. Pues bien, seg煤n Leibniz, y seg煤n Spinoza, cada uno de nosotros ha sido condicionado por la Divinidad para una serie de hechos. Y esos hechos son paralelos. En el momento en que yo golpeo la mesa, ustedes oyen el golpe. Pero no se trata de que el golpe haya producido esa impresi贸n en ustedes. Se trata de que cada uno de nosotros ha sido condicionado inconcebiblemente para ese fin.

Yo tengo 85 a帽os. Posiblemente, me he muerto hace unos d铆as, y ustedes han sido condicionados para seguir escuch谩ndome. O ustedes no han venido, han ido todos a o铆r la conferencia sin duda muy superior de Octavio Paz, pero yo he sido condicionado para o铆rlos a ustedes y sentir que est谩n aqu铆.

No s茅 si ustedes pueden aceptar eso. Pero eso no es nada. Yo creo que la filosof铆a y la teolog铆a son las formas m谩s extravagantes y m谩s admirables de la literatura fant谩stica. Ahora viene algo a煤n m谩s raro que las muchas cosas raras que he dicho.

Atributos infinitos

Seg煤n Spinoza, Dios es una sustancia infinita que consta de un n煤mero infinito de atributos. Uno de ellos es el espacio, o lo que llama la extensi贸n, y el otro el tiempo, o lo que llama el pensamiento. Pero, adem谩s, hay un n煤mero infinito de otros atributos. A nosotros solo se nos ha dado sentir dos: el espacio y el tiempo. Entonces, yo decido abrir los dedos de esta manos, y eso es el pensamiento. Luego, yo abro lentamente los dedos, y esa es la extensi贸n, el espacio. Pero, paralelamente, en otra serie ocurren infinitas otras cosas que ni siquiera podemos concebir. Y eso vendr铆a a ser el Universo.

Si eso es as铆, casa uno de nosotros ha sido condicionado, y ninguno de nosotros merece ser castigado, o premiado. Con eso se borra la idea de un establecimiento penal, el Infierno, y un establecimiento premial, el Cielo. Somos aut贸matas condicionados para un fin, y nuestro arduo deber es el amor de Dios, que vendr铆a a ser no el amor de un Ser, sino el amor de todo este sistema.

Ahora, en cuanto a Dios, Spinoza le concede la imaginaci贸n, Dios imagina hasta el m谩s 铆nfimo detalle de nuestras vidas, que adem谩s conciernen a todos los atributos infinitos. Pero, curiosamente, le niega dos posibilidades. Una, la de comprender, ya que, si yo comprendo algo, el instante anterior fue de incomprensi贸n. Yo, de golpe, comprendo que estoy hablando demasiado tiempo, o que no he hablado bastante, pero hay un momento anterior. Y luego, Spinoza le niega tambi茅n a Dios la voluntad, ya que querer algo es carecer de algo. Si yo quiero salir de aqu铆, si yo quiero haber llegado, quiere decir que hubo un momento en que no estuve aqu铆, un momento en el cual decidir茅 irme. Y Dios, que es todas las cosas, Dios, que agota todas las posibilidades, no puede desear nada y no puede comprender nada. El es todas las cosas.

Un consejo

Y entonces Spinoza aconseja a los hombres, si es que cabe aconsejar algo a alguien que ha sido condicionado, no arrepentirse, porque el arrepentimiento es un error, ya que obrar mal es un error, y arrepentirse es agregar una tristeza tambi茅n. De modo que 茅l aconsejar铆a la serenidad, si es que depende de nosotros la serenidad.

Y recuero aqu铆 inesperadamente una estrofa de un gran poeta espa帽ol, de origen jud铆o tambi茅n como su nombre lo indica, Fray Luis de Le贸n (los topon铆micos corresponden a apellidos jud铆os), que dice: Vivir quiero conmigo / gozar quiero del bien que debo al Cielo / a solas sin testigo / libre de amor, de celo / de odio, de esperanza, de recelo.

Libre de amor, ya que el amor es una pasi贸n, una pasi贸n que nos inquieta, y puede aniquilarnos. Luego, de celos, de odio, de esperanza, de recelo. Pero, como esos atributos son de alg煤n modo imaginarios, ya que no agotan la sustancia divina, Spinoza dice que los hombres deben tratar de liberarse de la esperanza y del temor, que se parecen tanto. El que espera desespera. Adem谩s, ambas cosas se refieren al tiempo. Esperar algo es esperar algo del tiempo, suponer que ma帽ana puede suceder algo. Temer algo es, de alg煤n modo, lo mismo, y todo eso est谩 contra la idea de Spinoza de que el tiempo es ilusorio, como lo es el espacio. Son dos de los atributos de la Divinidad, pero los dos, y queda un n煤mero estrictamente infinito de otros. Bueno鈥 cuando vine aqu铆 me recordaron una frase de Spinoza que dice algo as铆 como no llorar, no esperar, no temer. S铆 tratar de comprender, ya que es tan vasto ese territorio que llamamos la Divinidad que no acabaremos de recorrerlo.

No s茅 si he logrado darles a ustedes una idea de ese querible ser humano Baruj Spinoza. Fue anatemizado, la Sinagoga lo rechaz贸, ahora ha vuelto p贸stumamente a anexarlo, no s茅 si eso puede importarle a 茅l鈥 脡l no cre铆a en la inmortalidad personal. Spinoza escribi贸: sentimos, experimentamos ser inmortales. Pero no se refer铆a a su yo, sino a esa sustancia que somos. De alg煤n modo sentimos la inmortalidad de esa sustancia anterior en el tiempo a nuestro nacimiento, posterior a nuestra muerte en el tiempo.

(1)

Diciembre 27, 1988. La generosidad de Jorge Luis Borges elabor贸, a lo largo de los a帽os, un patrimonio gigantesco y casi ignorado. Sus charlas, laber铆nticas y a la vez milagrosamente concisas, permanecer en muchos casos encerradas en grabaciones olvidadas o en la memoria fragmentada de sus p煤blicos. En abril de 1985, el gran maestro de nuestra lengua y nuestras ideas pronunci贸 una conferencia en la Sociedad Hebraica Argentina sobre 芦el m谩s querible禄 de los fil贸sofos, Baruj Spinoza. Agradecemos a esa instituci贸n que nos haya posibilitado transcribirla a estas p谩ginas, lo cual implica el rescate de una creaci贸n precisa y did谩ctica belleza. Tambi茅n agradecemos a Mar铆a Kodama la autorizaci贸n para publicarla. De tal manera, el lector podr谩 encontrarse una vez m谩s con la magnitud entera de una inteligencia est茅ticamente prodigiosa, cuya originalidad crece en el panorama actual de nuestro pensamiento. 




Fuente: Lobosuelto.com