March 24, 2022
De parte de SAS Madrid
246 puntos de vista

El modelo residencial vasco trata de hacer dinero con la soledad de las personas mayores: las residencias son privadas o gestionadas por fondos, mientras que los planes del Gobierno Vasco exploran la tecnificaci贸n del hogar (pulseras, sensores, etc) o crean mercados para la vejez en lugar de abordar otras formas de convivencia.

Rosendo Basagoiti vive en Getxo y dentro de poco cumplir谩 ocho d茅cadas. Ha sufrido dos ictus cerebrales en menos de un a帽o. Al aislamiento social se le suman las complicaciones de la vejez, las enfermedades, cada vez m谩s presentes, y el miedo constante a que le vuelva a ocurrir algo sin nadie cerca. 鈥淐on el primer ictus tuve suerte porque el t茅cnico de la caldera se encontraba en mi casa realizando una reparaci贸n y pudo ayudarme. De lo contrario, no quiero saber qu茅 hubiera sido de m铆鈥, confiesa. 鈥淎 veces creo que si muriera ahora mismo nadie se dar铆a cuenta hasta pasados unos d铆as. Solo tengo noticias de mis hijas cuando necesitan dinero. Y ni siquiera se molestan en venir a recogerlo en persona, me lo piden por tel茅fono鈥.

鈥淢i mayor compa帽铆a desde siempre ha sido mi madre, pero la soledad me acecha m谩s que nunca desde que falleci贸 hace unos meses. Tengo hijos, hermanos, nueras鈥 todo familiares en la distancia, ausentes. S茅 que me quieren, pero no me voy a enga帽ar; realmente no est谩n ah铆 como lo estaba mi madre鈥, solloza Mar铆a del Carmen Salm贸n. Natural de Barakaldo, a sus 66 a帽os pasa aislada la mayor parte de sus d铆as: no tiene a nadie con quien hablar. Es madre de cinco hijos y la menor de sus hermanos, aunque solo su perra Rumba est谩 a su lado durante el transcurso de los d铆as.

Son alrededor de 263.000 personas las que viven solas en Euskadi, de las cuales casi la mitad, 112.531, tienen m谩s de 65 a帽os. El panorama estad铆stico para las personas mayores que publica peri贸dicamente Eustat permite hacerse una idea de lo estrechamente ligadas que est谩n la vejez y la soledad en nuestra sociedad. Entre la poblaci贸n joven y de mediana edad, la mayor铆a de las personas que viven solas son hombres solteros. A partir de la edad de jubilaci贸n la cosa cambia. Son mujeres viudas, mayoritariamente, quienes terminan solas sus d铆as.

Isabel Larrea es una de tantas que encaja en ese perfil sociol贸gico: persona mayor sin pareja que gestiona su angustia existencial como puede. Hasta que cumpli贸 86 a帽os vivi贸 con su marido, pero I帽igo muri贸 por el coronavirus. Ocurri贸 en marzo de 2020, cuando atravesamos el m谩s estricto confinamiento. 鈥淒esde que vivo sola me siento como un trasto, siento que mis hijos y mis nietos vienen a verme por compromiso y no porque tengan ganas de estar conmigo鈥, cuenta con pesar. 鈥淟o poco que les veo, toman un caf茅 conmigo y se van pensando que ya han cumplido. Eso me hace sentir incluso peor. S茅 de m谩s familiares que hacen lo mismo, piensan que no nos damos cuenta鈥.

Pese a lo naturalizadas que tenemos las visitas a rega帽adientes a nuestros mayores, lo que no escuchamos en el Teleberri son los riesgos que conlleva a nivel de su salud, tanto f铆sica como mental. La Academia Nacional de Ciencias, Ingenier铆a y Medicina desvela en un estudio de 2020 que la soledad no deseada puede aumentar hasta en un 50% las posibilidades de padecer demencia. A nivel psicol贸gico y conductual, la soledad no deseada puede provocar enfermedades mentales graves como la depresi贸n y la ansiedad, as铆 como adicciones a sustancias como el tabaco o el alcohol, insomnio o, incluso, trastornos alimentarios. Por otro lado, preocupa tambi茅n que las personas que se encuentran en situaci贸n de aislamiento social puedan presentar pensamientos suicidas y aumentar su riesgo de morir de manera prematura. As铆 lo indican algunos estudios de psicogerontolog铆a, 谩mbito de la psicolog铆a especializado en  la tercera edad.

El aislamiento en la tercera edad, un estrato con un enorme peso en Euskadi, parece ser otro de esos problemas sin nombre. Desde comienzos del siglo XXI, el porcentaje de poblaci贸n de m谩s de 65 a帽os no ha parado de crecer y los escenarios demogr谩ficos proyectados por Eustat a 20 y 40 a帽os vista intensifican ese crecimiento. La persistencia de la pandemia ha agravado el fen贸meno. Las personas ancianas viven 鈥攃omo casi todas鈥 en una situaci贸n de miedo y de angustia. Saber que existe un virus que puede ser mortal ah铆 afuera es suficiente para verse obligadas a aislarse. Gloria Alea ha dejado de hacer su vida en Basauri por ese motivo. Tiene 70 a帽os, pero no quiere visitar a sus nietos, salir a pasear, o reunirse con el club de costura como cada mi茅rcoles. 鈥淣o s茅 qu茅 me da m谩s miedo, si rehacer mi vida y enfermar con el virus o irme de este mundo cuando me llegue la hora sin haber disfrutado suficiente de los m铆os鈥.

驴Qui茅n cuida?

Aunque los nombres de los testimonios son ficticios para proteger su intimidad, sus historias son reales y cada vez m谩s comunes. Rosendo, Mar铆a del Carmen, Isabel y Gloria no se conocen entre s铆, pues han llevado vidas muy diferentes. Sin embargo, poseen un nexo en com煤n: tienen familia, pero est谩n solos. Por tanto, alguien tiene que cuidar de ellos, acompa帽arlos e incluso entretenerlos. A partir de los 75 a帽os, la dependencia se incrementa hasta situarse en el 35,8% de las mujeres y el 26,1% para los hombres. Esta desigualdad se reproduce tambi茅n entre quienes cuidan. Adem谩s del trabajo realizado por alg煤n miembro de la familia, que recae en las mujeres en hasta un 62,7% de los hogares, son miles las mujeres que cada d铆a se desplazan a casas ajenas para atender a las necesidades de estas personas. Trabajo en el hogar, servicios de asistencia a domicilio, trabajo interno鈥 Diferentes formas de un mismo fen贸meno: mujeres cuidando a mujeres. 

En Espa帽a son m谩s de medio mill贸n de personas las que diariamente se emplean solo en el trabajo en el hogar. Algo m谩s de la mitad de las mujeres empleadas de hogar son migrantes 鈥攅l 57% de las trabajadoras del hogar y cuidados no han nacido en Espa帽a, seg煤n la media de 2019 de la EPA鈥. De ellas, una de cada cuatro se encuentra en situaci贸n irregular. Por si esto fuera poco, el 32,5% viv铆a en 2019 bajo el umbral de la pobreza y una de cada seis en pobreza severa. Estas mujeres se desempe帽an en un marco laboral discriminatorio y en muchos casos sobreexplotadas o bajo amenaza como consecuencia de la Ley de Extranjer铆a.

Los informes sobre la inmigraci贸n en Espa帽a y las cifras de afiliaci贸n en el subsistema de hogar en el Registro General de la Seguridad Social dan cuenta de c贸mo el fen贸meno migratorio aparece para hacer frente a los d茅ficits existentes en este sector. En palabras de Isabel Otxoa, profesora de Derecho del Trabajo en la Universidad del Pa铆s Vasco, 鈥渘o contamos con ning煤n estudio riguroso sobre la cantidad de trabajadoras sin papeles que hacen su aportaci贸n a la econom铆a de los servicios de cuidado, y durante cu谩ntos a帽os en cada caso鈥. Si nos fijamos en la estad铆stica de 2020 de la ATH-ELE, el 31% de las internas que atend铆an a domicilio a personas con alguna dependencia no estaba ni siquiera regularizada. 鈥淭ampoco est谩 investigado el volumen de empleo en servicios al hogar que circula con la tapadera de agencias de colocaci贸n que dirigen la relaci贸n laboral desde su oficina, evitando la aplicaci贸n del Estatuto de los Trabajadores con la pantalla de la firma de un contrato de hogar entre las partes鈥.

La vida de las personas ancianas se sostiene a d铆a de hoy gracias a un sistema global de explotaci贸n que la soci贸loga estadounidense A.R. Hochschild bautiz贸 en el a帽o 2000 como 鈥渓a cadena global de cuidados鈥. De acuerdo a la propia Otxoa 鈥渆l concepto hace referencia a la migraci贸n como motor del empleo dom茅stico en los pa铆ses ricos鈥 y desarrolla la idea de que 鈥渓a cadena estar铆a constituida por mujeres que ya no quieren o no pueden hacerse cargo de los cuidados en su entorno, trasladando sus responsabilidades a mujeres de pa铆ses empobrecidos, las cuales a su vez delegan el cuidado de sus familias a otras mujeres en sus pa铆ses de origen鈥. 

Descuida, yo te cuido

En la tragicomedia I care a lot 鈥攖raducido en Espa帽a como Descuida, yo te cuido鈥, Carla Grayson es una despiadada mujer de negocios que ha hecho de la vejez la gallina de los huevos de oro y no tiene ning煤n escr煤pulo para beneficiarse de los dem谩s. La pel铆cula narra una trama de corrupci贸n en la que una triangulaci贸n entre el sistema de salud, la judicatura y la propia Grayson, que se desempe帽a en el sector de cuidados, arrebata la tutela a personas mayores para gestionar su patrimonio y exprimir hasta el 煤ltimo centavo. Volviendo a la realidad, lo cierto es que la econom铆a de la vejez, o silver economy, como la han bautizado los amantes de los anglicismos, se ha convertido en un nicho de mercado altamente apetecible. El Banco Sabadell estima que las personas mayores de 55 a帽os, conocidas como silver, gastaron cerca de 11,8 billones de euros en todo el mundo en 2020.

Silver economy es un sistema de producci贸n, distribuci贸n y consumo de bienes y servicios que promete satisfacer las necesidades de consumo, vida y salud de las personas mayores, aprovechando su poder adquisitivo. O como dice la protagonista de I care a lot,  exprimir hasta el 煤ltimo euro de los ahorros y la pensi贸n. 鈥淣uestros mayores, 鈥榦ro en bruto鈥 de la sociedad vasca鈥, se le铆a en un titular de una de las cabeceras vascas.

驴C贸mo solucionar este problema recurriendo a los mecanismos del mercado? La silver economy se ha presentado desde el Gobierno Vasco como 鈥渦na forma de estimular la actividad econ贸mica y sectores productivos y de servicios ligados al envejecimiento como oportunidad para Euskadi ante el reto demogr谩fico鈥. A pesar de la situaci贸n de precariedad de muchas personas mayores, la Comisi贸n Europea estima que esta econom铆a aportar谩 un 32% al PIB Europeo para el a帽o 2025 y que en los pr贸ximos a帽os el 38% del empleo estar谩 vinculado a esta pr谩ctica. Rakel San Sebasti谩n, directora de la Fundaci贸n Adinberri, reconoce que en la actualidad la silver economy representa un 5,5% del PIB de Gipuzkoa y un 9,2% del empleo.

En cierto modo, esta econom铆a se asienta en la creaci贸n de centros y residencias privadas, con mano de obra precaria, como motores de cuidado. En 2019 hab铆a un total de 20.949 plazas residenciales, de las cuales 7.487 eran p煤blicas y las otras 13.462, privadas. Por territorios hist贸ricos, las plazas se distribuyen entre 脕lava (3.489), Bizkaia (11.449) y Gipuzkoa (6.011).

Pilar P茅rez ha ingresado en una residencia privada de Vitoria-Gasteiz a su padre de 81 a帽os, Miguel 脕ngel. Por los 2.600 euros al mes que paga, esperaba los mejores cuidados, pero nada m谩s lejos de la realidad. 鈥淓n lugar de atenderlos como se merecen, se limitaban a medicar a los ancianos para calmarlos, para que molesten lo menos posible鈥, confiesa, a la vez que reconoce sentirse estafada.

La historia de Francisco y de su madre es similar. Decidieron ingresarla en una residencia privada de Donostia, ya que presentaba una demencia senil severa que requer铆a unos cuidados inasumibles dentro del domicilio familiar. Su coste, 2.100 euros mensuales. 鈥淩ecuerdo que en la maleta de mi madre met铆 unas pr贸tesis para que pudiera comer. Al cabo de diez d铆as, cuando fui a visitarla, las pr贸tesis segu铆an en su caja, no se las hab铆an puesto. Decidimos traerla de vuelta al domicilio y, entre otras cosas, resulta que el centro hab铆a extraviado parte de su ropa. Dada su demencia, mi madre suele gritar por las noches, pero cuando regres贸 a casa estaba tan adormilada por las altas dosis de medicaci贸n que le administraban que tard贸 un par de d铆as en volver a la normalidad鈥, denuncia Francisco. 

El Pa铆s Vasco tiene las residencias privadas m谩s caras de Espa帽a, con un pago mensual medio de 2.496 euros. Sin embargo, desde el a帽o 2017 los sindicatos vascos han realizado diferentes manifestaciones y protestas en demanda de mejoras en los servicios que ofrecen y en sus precarias condiciones laborales.

La desidia latente en nuestra sociedad normaliza la marginaci贸n que sufren las personas mayores. Y la soluci贸n no puede basarse 煤nicamente en el aumento de residencias o en la contrataci贸n de personal auxiliar. Menos a煤n, en mirar para otro lado. Sin embargo, el futuro que muchos cr铆ticos vaticinan es una divisi贸n de clases a煤n m谩s acrecentada entre las personas mayores que pueden hacerse cargo de un final de vida pr贸spero y quienes deben seguir en la marginaci贸n social. Respecto a la clase pudiente, el consenso cr铆tico coloca el foco en los 1.215,7 millones de euros que ha previsto el Gobierno Vasco en inversiones p煤blico-privadas bajo los Proyectos Estrat茅gicos para la Recuperaci贸n y Transformaci贸n Econ贸mica. Concretamente, en tres proyectos de car谩cter estrat茅gico dise帽ados para crear nuevos mercados donde la salud de los mayores se convierte en un servicio de pago, no en un derecho. 

Este el car谩cter eminentemente comercial de la silver economy que define los 130 millones en fondos europeos destinados para el Gipuzkoa Advanced New Therapies Territory, que busca convertir al territorio en un motor econ贸mico en este mercado partiendo de empresas tractoras, como Viralgen y VIVEbiotec. Tambi茅n destaca el proyecto Osasunberri, que contar谩 con una inversi贸n p煤blica de casi 200 millones para desarrollar medidas de contenci贸n privadas y tratamientos de pago que ofrezcan una soluci贸n integral de diagn贸stico para la gesti贸n del covid-19 o futuras pandemias. La firma corporativa que lidera el proyecto es la empresa Biolan Microbiosensores SL. Finalmente, el proyecto Econom铆a de los Cuidados plantea un objetivo social, con el foco puesto en la perspectiva de g茅nero, modelos de atenci贸n, sistemas, servicios, productos y relaciones entre agentes, pero los casi 282 millones p煤blicos de inversi贸n terminar谩n en residencias privadas.

De otro lado, si nos referimos a los mayores en peores condiciones materiales, las estad铆sticas muestran que los hombres de 65 y m谩s a帽os tienen una renta personal media que va decreciendo progresivamente con la edad. Cuanto mayores son, menos renta tienen. Respecto a las mujeres, a partir de los 80 a帽os tienen unas rentas medias que aumentan ligeramente, debido al cobro de pensiones de viudedad. Una lectura un tanto torticera, pues tambi茅n muchas mujeres de 80 a帽os tienen pensiones no contributivas. Datos m谩s precisos sobre los umbrales base de pobreza evidencian que estos aumentaron en un 17,5% en hogares de personas de 65 a帽os o m谩s y se situaron en 816,99 euros de ingresos netos mensuales.

No podemos darle la raz贸n a Gabriel Garc铆a M谩rquez cuando dec铆a que 鈥渆l secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad鈥. Depende tanto de las instituciones, como de la ciudadan铆a, que las personas mayores se sientan escuchadas y reconocidas, y no como un problema, un estorbo o un gasto.

Enlace relacionado ElSaltoDiario.com 24/03/2022.




Fuente: Sasmadrid.org