July 16, 2021
De parte de Nodo50
210 puntos de vista


Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes. Se preguntaba Silvio Rodríguez. Hay silencios atronadores. Silencios que hieren. Silencios que ofenden. “El silencio adormece, te envejece. El silencio ya no entiende lo que es bueno y lo que es malo, sólo dice sí firmado y acatando lo que ordenen”, cantaba Pablo Milanés.

Esta semana, el foco de los principales grupos mediáticos del Estado español se centraba precisamente en el país de ambos músicos, Cuba. Ríos de tinta llenaban titulares avivando el fuego de los ataques contra la soberanía de la isla caribeña. Tertulianos encendidos vociferaban. Un ruido ensordecedor que silenciaba lo que sucedía a las puertas de su casa. Cuba es la excusa veraniega de los ‘demócratas’ europeos -liberales mayormente- para esconder sus vergüenzas: la sistemática vulneración de los derechos humanos en territorio europeo, ya sea con leyes mordaza, incumplimiento del derecho a la vivienda, las colas del hambre, sus políticas migratorias criminales, o escondiendo acuerdos comerciales de venta de armas a regímenes totalitarios como Arabia Saudí, Turquía, Marruecos, o Colombia, que al parecer de los liberales, son democracias consolidadas y modélicas.

Con bulos y medias verdades sobre Cuba, con ese vacío de la nada, pasaban de puntillas por lo que esta misma semana comenzaba en la Audiencia Nacional española, el macrojuicio del sumario 13/13. El fantasma del “todo es ETA” volvía una vez más, tras de diez años del cese definitivo de la actividad armada y de tres años desde la disolución de la organización. Un proceso marcado por los testimonios de tortura relatados por Saioa Agirre y Naia Zuriarrain durante sus detenciones en 2010, dos de las ocho personas encausadas:

Me dijeron “desnúdate”. Intenté resistirme, pero me quitaron la ropa a la fuerza entre varios guardias civiles. Me dejaron en bragas y en camiseta y me envolvieron los brazos en gomaespuma. “Arrancadle la camiseta”. Empezaron a tocarme. Los pechos. Todo el cuerpo. Un guardia civil pegó sus genitales contra mí entre comentarios sexuales. Me precintaron todo el cuerpo con bandas de gomaespuma. Me envolvieron la cabeza con una bolsa de plástico. No podía respirar. Yo intentaba romper la bolsa con los dientes. “Las bolsas de Eroski son una mierda”, dijo uno de ellos. “Menos mal que tenemos muchas bolsas”. Yo sentía que me moría. Estuve desnuda en casi todos los interrogatorios. Me obligaban a hacer flexiones y sentadillas. Me pellizcaban los pezones. Me tocaron la vagina dos veces. Me metían el humo del cigarrillo dentro de la bolsa y yo no podía respirar. Me tiraban contra la pared. Me arrojaban al suelo y se tumbaban encima de mí.

Los relatos de torturas de Saioa Agirre y Naia Zuriarrain, incomunicadas durante cinco días en dependencias del instituto armado, llegaron en su momento hasta los oídos del entonces juez instructor del sumario, Fernando Grande-Marlaska. No fueron escuchadas. Las denuncias archivadas. Silencio otra vez. Un silencio por el que hasta en once ocasiones el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) de Estrasburgo ha condenado al Estado español por no haber investigado las denuncias de torturas. En siete de ellas el juez señalado ha sido precisamente Grande-Marlaska, actual ministro del Interior del Gobierno español.

Once años después, Saioa Agirre y Naia Zuriarrain se enfrentan de nuevo a la angustia del recuerdo de sus estremecedores relatos. Ha sido esta semana en la Audiencia Nacional española. “La declaración policial la escribió la Guardia Civil. La escribieron ellos, yo me la tuve que aprender de memoria, hicimos varios ensayos para aprenderlo y para decirlo de forma adecuada. No me acuerdo de lo que dije en la declaración policial porque no es cierto; toda mi declaración policial fue mentira”, afirmaron las dos ante la jueza que preside el tribunal, Ángela Murillo. La misma jueza que dirigió el juicio contra Arnaldo Otegi y el resto de condenados por el caso Bateragune y que Estrasburgo dictaminó que no fue justo ni imparcial.

En la primera sesión del macrojuicio del sumario 13/13, Murillo rechazó todas las alegaciones de la defensa. Entre ellas, no respetar el principio de que una persona no puede ser juzgada dos veces por los mismos hechos o la participación del CNI en la puesta en marcha de la instrucción de este sumario, “una indefensión, ya que se hizo sin control jurisdiccional”, según publicaba el periodista de Naiz / Gara, Martxelo Díaz, que ha estado siguiendo el proceso desde el primer día. Uno de los pocos que lo ha cubierto.

Mientras los grandes medios estatales callaban con un apagón informativo vergonzoso, las redes sociales gritaban, se indignaban. Y los crudos testimonios saltaban a Europa. La coalición Ahora Repúblicas, integrada por EH Bildu, ERC, BNG, Ahora Canarias, Andecha Astur y el partido soberanista aragonés Puyalón de Cuchas, ha llevado el caso a la Comisión Europea. “Ante el espeluznante testimonio de Naia Zuriarrain, preguntamos a la Comisión sobre los mecanismos que dispone para garantizar que el Estado español cumpla con el artículo 4 de la Carta de los Derechos Fundamentales sobre la prohibición de la tortura en la detención de personas”, denunciaba Pernando Barrena, eurodiputado de la coalición. Otro europarlamentario, Miguel Urban de Anticapitalistas, también se hacía eco. Ya va siendo hora de romper el silencio -estricallar o silencio-.

“En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias […] La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos” -de la carta de José Martí a Manuel Mercado, 18 de mayo de 1895-.




Fuente: Arainfo.org