February 10, 2023
De parte de ANRed
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El baile avanza con fervor en una ronda, dentro de otra ronda, dentro de otra ronda. La energ铆a se siente vibrar en la arena. Reparten rosas blancas y amarillas para quienes quieren ofrendar y no tienen con qu茅. Del mont贸n de gente se asoman manos desesperadas por agarrar su flor. Nadie quiere quedarse sin dar a Iemanj谩 su homenaje. Por Florencia Ferioli (El Grito del Sur).


鈥淨uienes nos acercamos a la religi贸n lo hacemos por una necesidad muy grande. Una vez que entr谩s, lo principal es que nunca m谩s est谩s sola鈥, afirma Cecilia, que sostiene sus palabras con una mirada dulce y clara puesta en el mar. 鈥淟a Mae Iemanj谩, madre de todos los orix谩s, es la que le da vida a nuestra religi贸n, es la fuerza para todo. El mar es el que trae a nuestra tierra el misterio, la fuerza, la dulzura, la angustia que se va y lo bueno que viene鈥. Mientras habla, los sonidos de los tambores siguen sonando sin parar.

Hace trece a帽os que Cecilia pertenece a la religi贸n de culto y hace diez que disfruta la ceremonia en la ciudad de Mar del Plata. Lleg贸 desde Tucum谩n, al igual que toda su familia. 鈥淓ste a帽o es la primera vez que participo desde adentro de la fiesta. Siento una emoci贸n gigante鈥, dice sonriente.

La imagen es impactante. El play贸n del Hotel Provincial est谩 te帽ido de blanco y celeste. Tambi茅n hay quienes lucen sus vestimentas de color amarillo, otros est谩n de rojo. Es que cada orix谩, deidades yorubas, tiene su leyenda y su funci贸n: son divinidades del amor, del fuego, de la pesca, la m煤sica, la sabidur铆a, la fertilidad.

Noelia tiene 37 a帽os, vino desde Catamarca y es la novena vez que participa de la ceremonia. Conoci贸 la religi贸n por un amigo y como muchos otros, se uni贸 por motivos personales, 鈥渆nfermedades y asuntos familiares hicieron que me arrime al Pai, 茅l me sac贸 adelante. Soy hija de Iemanj谩, es mi orix谩 de cabeza, la madre de todos nosotros鈥. Explica que para el catolicismo, su sincretismo es la Virgen Stella Maris. A su lado, otra fiel prefiere no hablar, 鈥渟u historia tiene que ver con su madre y es demasiado triste para contarla鈥.

Es la 39潞 ceremonia que se hace en Mar del Plata en honor a Iemanj谩 y todos los a帽os se realiza el primer domingo de febrero. La primera fue en 1984 y participaron 12 personas vestidas de blanco, 鈥渙bservadas por cuatro patrulleros que no estaban ah铆 para protegernos, sino para ver qu茅 hac铆amos鈥, recuerda el Baba Hugo Watenberg, presidente y director espiritual del Reino de Iemanj谩 Bom铆.

El punto de reuni贸n inicial es El Club San Jos茅, ubicado en la calle Espa帽a 3443, donde se juntan para la organizaci贸n los y las fieles de Iemanj谩. Se ven los micros estacionados y la mayor铆a de las personas que circulan por la calle lo hacen con sus vestimentas blancas. Al ingresar al Club la imagen es preciosa. 鈥溌ecuerden la ubicaci贸n de cada uno!鈥; 鈥渁ntorchas, ac茅rquense鈥; 鈥渂ahianas van en primera hilera鈥 se escucha vociferar a un hombre, encargado de ordenar la procesi贸n.

Hugo tiene una mirada transparente y luminosa. Tiene hijos en todo el pa铆s y esta ceremonia es el momento donde los re煤ne. Llegan fieles desde Catamarca, Tucum谩n, La Rioja, Buenos Aires. Un beso en cada mejilla y uno en la mano es como lo saludan. Quieren tener su recuerdo con 茅l, hacen fila para sacarse una foto con Hugo junto a la imagen de Iemanj谩 tra铆da desde Nigeria, que est谩 ubicada en el centro del sal贸n.

Los ni帽os y ni帽as miran la situaci贸n con asombro, algunos juegan con globos, una ronda de ni帽as sentadas esperan tranquilas en el sal贸n de al lado, un gimnasio donde abundan los colchones, el maquillaje y las caras frente a los espejos. Otras mujeres retocan sus labiales y peinan al resto de las fieles. En el sal贸n principal, el caos organizado. Un mapa marca el lugar de la ubicaci贸n de cada cu谩l. Se acercan a ver qu茅 rol les toca en la procesi贸n. Flores, barcas celestes y blancas, vasijas, globos, bandejas. Cada cosa en su lugar, cada objeto en su mesa correspondiente.

Las barcas est谩n repletas de cartas y ofrendas, perfumes, joyas, frutas, espejos y peines. Ah铆 se depositan los agradecimientos y los pedidos a Iemanj谩, reina del mar y protectora de los navegantes, del hogar, de la fertilidad, los embarazos, los partos y los reci茅n nacidos; ah铆 van las ilusiones y el amor de sus fieles; la energ铆a de miles de personas intencionando al un铆sono.

鈥溌ahianas, vengan las bahianas!鈥 鈥 gritan. Y ellas corren al punto de encuentro, cargan sus ofrendas y avanzan de a una hacia el micro estacionado en la esquina. El sol se refleja en sus vestidos, las ilumina, las enaltece. Suben de a una y mientras, una hilera de autos encabezada por un taxi queda petrificada, detenida en el tiempo. Cuando la 煤ltima bahiana sube al escolar, avanzan los autos.

Son cuatro micros cargados de belleza, de ansiedad, de felicidad, de expectativas. Arranca la caravana. Un micro, un patrullero; otro micro, otro patrullero. Turistas miran con asombro desde las veredas la procesi贸n de colectivos. La quietud invade las calles, hablan entre s铆. Tal vez se pregunten 鈥溌縌ui茅nes son?, 驴qu茅 hacen?, 驴a d贸nde van?鈥.

El calor es sofocante, la temperatura disminuye muy poco en el transcurso de la tarde y el viento es m铆nimo. A medida que se van acomodando, una exhibici贸n de capoeira del grupo 鈥淭opazio鈥 da inicio a la ceremonia, mientras fieles y curiosos se arriman a los costados para ver mejor. Sacan fotos y filman con sus celulares. Algunos fieles est谩n serios, otros risue帽os. Desde las ventanas del Hotel Provincial se ven las cabezas de quienes no se animan a bajar a presenciar de cerca el espect谩culo.

Mat铆as es la primera vez que viene, conoc铆a la religi贸n 鈥減or un amigo鈥 pero nunca hab铆a estado en una. As铆 que como est谩 vacacionando en Mar del Plata se acerc贸 a ver. Cree que el umbandismo est谩 mal visto y carga con prejuicios negativos, pero dice que como todo, 鈥渟e puede hacer el bien, pero tambi茅n se puede hacer el mal, eso no depende de la religi贸n鈥, y sigue observando fijamente sentado en la punta de la escalera, d谩ndole la espalda al mar.

Se acerca una se帽ora vestida de color celeste a la barca m谩s grande. Le pregunta a los hombres que la rodean si puede dejar sus ofrendas, 鈥渧a todo: plata, joyas, caramelos de miel. Quiero darle todo lo que tengo a Iemanj谩鈥, dice mientras saca de una bolsa blanca lo que quiere ofrendar.

La procesi贸n avanza. Las personas que rodean la columna de fieles tambi茅n. 鈥淎bran paso, abran paso por favor鈥, se escucha. Es que los asistentes quieren acercarse cada vez m谩s y por momentos se hacen peque帽os embudos de gente. Al llegar a la playa, el cielo sorprende con unas nubes que parecen pinceladas de color rosa. Un rosa furioso, casi fucsia. Los vestidos blancos ahora reflejan el cielo. Unas bahianas frenan para sacarse los zapatos, algunos ialorix谩s, sacerdotisas del culto afrobrasile帽o, siguen su paso firme hacia el centro de la Playa Popular.

Ubican el altar de Iemanj谩 nuevamente en el centro de la escena, mientras se sit煤an los tambores. La costa est谩 poblada, m谩s de 16 mil personas asisten a la ceremonia. La luna redonda y naranja sale del mar. La noche se presenta como una obra de arte.

Un pasillo extenso de personas se forma hasta la orilla del mar, donde un grupo de bahianas dan comienzo a la bendici贸n de las aguas en este rito ancestral. El Baba Hugo da sus palabras de bienvenida minutos despu茅s, agradeciendo a las diferentes instituciones y autoridades que acompa帽an la religi贸n.

La celebraci贸n es doble. Hay dos parejas con l谩grimas en sus ojos que esperan para ser casados por Hugo frente a los presentes. 鈥淟o primero que les voy a preguntar es si vinieron por su propia voluntad鈥, consulta a cada pareja con el micr贸fono en la mano. Carlos y Teresa por un lado; Liliana y Carlos por otro. 鈥淗onro a sus padrinos de casamiento y a sus orix谩s. Fidelidad, amor y en nuestra religi贸n, la muerte no nos separa鈥. Ambas parejas se prometen amor infinito, 鈥渦n amor puro que existir谩 eternamente鈥.

Se arma la tradicional 鈥渞oda鈥, una rueda humana que se forma alrededor del altar con Iemanj谩, para pedir en茅rgicamente la protecci贸n de los presentes. Los tambores siguen tocando al ritmo de percusi贸n. Hay quienes rezan, danzan con ojos cerrados, quienes mueven sus brazos fren茅ticamente y cantan en portugu茅s.

El baile avanza con fervor en una ronda, dentro de otra ronda, dentro de otra ronda. La energ铆a se siente vibrar en la arena. Reparten rosas blancas y amarillas para quienes quieren ofrendar y no tienen con qu茅. Del mont贸n de gente se asoman manos desesperadas por agarrar su flor. Nadie quiere quedarse sin dar a Iemanj谩 su homenaje.

El momento de la entrega de barcas es intenso. El mar crece inesperadamente, las olas chocan con las piernas de quienes se acercan para soltar los deseos y pedidos en el agua. Guardavidas ayudan a depositar las barcas en el mar y personal de Prefectura custodia. En simult谩neo, fuegos artificiales explotan en el cielo e iluminan la ciudad. Es un espect谩culo vehemente.

El final lo marca un manto blanco que cubre a los que pasan por debajo, simbolizando el cuidado de los presentes. La luna sigue redonda y potente, con un blanco brillante observando el ritual. Las olas van y vienen cada vez con m谩s fuerza. L谩grimas se mezclan con el oleaje. Hay abrazos, hay rezos, lamentos y agradecimientos. Iemanj谩 se hace visible en la inmensidad de la noche.

Fuente: https://elgritodelsur.com.ar/2023/02/el-mar-se-lleva-angustia-y-trae-la-fuerza-y-el-misterio.html





Fuente: Anred.org