February 19, 2022
De parte de Confoederatio Think Tank
166 puntos de vista

Jaya Klara Brekke (2022), The market as a gun to your head, a tool in your hand or escape route from hell. 芦Agorism in the 21st Century: A Philosophical Journal禄. I-2022

Crec铆 en una tradici贸n pol铆tica que critica a los mercados como construcciones decisivamente coercitivas, 铆ntimamente ligadas a la formaci贸n del Estado, la expansi贸n del dominio colonial y la sistematizaci贸n de la violencia racista y de g茅nero. Por lo tanto, es una sensaci贸n extra帽amente surrealista encontrar amigos que suscriben a los mercados como el principal motor de un proyecto pol铆tico liberador. Mientras la mitad de mis compa帽eras se rebelan contra la continua compulsi贸n del capitalismo de mercado que extrae recursos y mano de obra, la otra mitad est谩 retozando en los verdes pastos de los fondos del capital de riesgo alimentando construcciones financieras cada vez m谩s elaboradas, construyendo castillos en el cielo (驴o deber铆amos decir palacios simb贸licos en el espacio?). Curiosamente, ambos parecen tener el mismo objetivo: liberarse de las restricciones del dinero y la huir definitivamente del infierno de la bancarrota, colectiva e individualmente. Para mis amigos nuevos ricos de las criptomonedas, esto implica aprovechar sus reci茅n desarrollados grifos de dinero m谩gico. Pero para mis amigos anticapitalistas con el pu帽o en alto, 芦quebrado禄 no se refiere a la falta de dinero tanto como a ser privado de lo que de otro modo ser铆a una abundancia natural natural si no fuera por los desiertos creados por las m谩quinas extractivas de los mercados capitalistas. Yo, mientras tanto, me encuentro escribiendo estrategias de mercado y uni茅ndome a los canales de Slack para emprendedores y due帽os de negocios, sinti茅ndome un poco como un divertido LARP, aunque con consecuencias muy reales, incluso para mi cuenta bancaria. En otras palabras, no estoy escribiendo este art铆culo desde un punto de vista purista.
Este ensayo es una pr谩ctica. Soy yo, revisando p煤blicamente mis viejos apuntes de econom铆a pol铆tica y prepar谩ndome para una reflexi贸n mucho m谩s acerca de los mercados, los mercados negros, el crecimiento, la cibern茅tica y la psicoterapia (pr贸ximamente, ver este espacio, etc.). Y la cuesti贸n que quiero plantear en este ensayo es simple: si se toman como m茅todo principal para organizar las relaciones sociales, los mercados ser谩n tan coercitivos como, aunque m谩s nebulosos que, cualquier estado o doctrina religiosa.

Para ensayar los argumentos de la tradici贸n pol铆tica en la que crec铆, entonces, la historia de los mercados tal y como los conocemos en el capitalismo actual es algo as铆: en los primeros tiempos de lo que se conoce (al menos por ahora) como el Reino Unido, la gente sol铆a subsistir en gran medida de las tierras comunes, los r铆os, los lagos y los bosques, recursos compartidos y cuidados por una comunidad que depend铆a de ellos. Estas tierras comunes fueron entonces expropiadas, cercadas y convertidas de recurso compartido en propiedad privada por un pu帽ado de terratenientes (situaci贸n que ha persistido hasta hoy). Esto provoc贸 la expulsi贸n de muchas personas, comunidades enteras aisladas de sus medios de subsistencia, lo que cre贸 una clase trabajadora, estimulando una migraci贸n masiva hacia las ciudades y las f谩bricas. Al no poder depender ya de los recursos naturales, la gente se vio obligada a encontrar formas de conseguir dinero, generalmente vendiendo su trabajo y sus cuerpos de diversas formas, para poder acceder a las necesidades b谩sicas. Tambi茅n ten铆an que pagar impuestos al Estado para que este pudiera pagar los ej茅rcitos. Estos pod铆an entonces formar empresas conjuntas con los 芦empresarios禄 de la 茅poca y zarpar y repetir este violento proceso de expropiaci贸n y explotaci贸n a escalas 茅picas por todo el planeta, de formas altamente racializadas y sist茅micamente violentas, extrayendo personas tanto como metales y madera, en una incursi贸n que no ha cesado desde entonces.
En resumen: los mercados capitalistas, el colonialismo y el Estado moderno est谩n hist贸ricamente muy interrelacionados, un punto que merece la pena repetir dado el persistente mito de que los Estados y los mercados son enemigos mortales. Los mercados necesitan a los Estados para hacer cumplir las normas que les permiten funcionar eficazmente, mientras que los Estados necesitan a los mercados para alimentar y financiar sus operaciones. Es importante se帽alar que esto es s贸lo la mitad de la historia, ya que debido a las batallas y luchas hist贸ricas, los Estados tambi茅n han consagrado diversos niveles de derechos y protecciones para la riqueza y los recursos de propiedad com煤n, el 芦estado social禄, por as铆 decirlo.
En alg煤n momento de la posguerra comenz贸 a imponerse una perspectiva. 芦El Mercado禄, en sentido abstracto, se convirti贸 no s贸lo en un lugar para comprar y vender bienes y servicios, sino en un procesador de informaci贸n descentralizado. El Mercado era ahora una m谩quina para computar y coordinar las actividades humanas a gran escala sin necesidad de una planificaci贸n central. Este mito de los mercados como medio para liberar a las personas del Estado y la sociedad se impuso propiamente en los a帽os ochenta. Los mercados proporcionar铆an la coordinaci贸n m铆nima necesaria para cubrir las necesidades materiales, dejando todos los dem谩s aspectos de la vida enteramente a cargo de las preferencias individuales. O eso dec铆a la propaganda. Aunque uno podr铆a suscribir este elaborado esquema y encontrarlo atractivo sobre el papel, la teor铆a ten铆a algunos puntos ciegos importantes. En primer lugar, sin ninguna fuerza social, cultural, pol铆tica o legal que respalde los t茅rminos del compromiso, 芦el mercado禄 se centraliza r谩pidamente en gigantescos monopolios hasta que ya no hay mercados significativos de los que hablar, sino meras mafias con m谩s o menos estatus legal.
Estas ideas tambi茅n tienen algunos aspectos ligeramente psic贸ticos. Para que funcione en la pr谩ctica, la gente tendr铆a que comportarse realmente como los aut贸matas del modelo de mercado de la informaci贸n. En pocas palabras, tendr铆an que estar aislados, ser ego铆stas y carecer de criterio, relegando el trabajo de reflexi贸n, respuesta y responsabilidad a los mecanismos de retroalimentaci贸n codificados en el modelo de mercado. Ya no ser铆a el deber de los humanos reflexionar sobre su entorno inmediato, confiar en sus experiencias y en los dem谩s, sino que un orden superior estaba en funcionamiento. Y resulta que los mercados tienen graves 芦fallos禄 y 芦externalidades禄, es decir, consecuencias y condiciones para las personas y los lugares que simplemente no se tienen en cuenta.
Para la mayor铆a de la gente, el mercado no tiene nada de voluntario. Se trata simplemente de diferentes grados de coerci贸n (para algunos, un sueldo de distancia hasta el desastre, mientras que para otros son cinco o seis). Otro dicho extra帽amente persistente es que el Estado tiene el monopolio de la violencia. Mientras tanto, el mercado tiene con demasiada frecuencia el monopolio de los medios de supervivencia, insert谩ndose en todas las relaciones e imponiendo una intermediaci贸n monetaria. Puede que 芦el Estado禄 tenga la mayor铆a de las armas, pero el mercado tiene mucha voz en cuanto a d贸nde apuntarlas.

Muchos de los ideales, acuerdos y contratos sociales construidos a lo largo de esta historia se revelaron y algunos se derrumbaron en la crisis financiera de 2008. Ning煤n tonto pod铆a creerse 茅l mismo, y mucho menos hacer creer a los dem谩s, que 芦el mercado禄 era una fuerza racional que operaba a un nivel superior de coordinaci贸n agregada que cualquier ser humano o instituci贸n pod铆a comprender. Desgraciadamente, la amnesia se impuso r谩pidamente, y el admirable proyecto de Bitcoin como forma digital de dinero antiautoritario subi贸 el volumen de una elaborada renovaci贸n de esta ideolog铆a retr贸grada. Esto se generaliz贸 r谩pidamente a trav茅s del ethos inicial de Ethereum, es decir, que el problema no era el descerebramiento, el aislamiento, la expropiaci贸n y la desconfianza que fabricaban los mercados, sino que estos viejos y torpes artefactos simplemente no estaban bien dise帽ados. En resumen, la din谩mica del mercado m谩s la computaci贸n rectificar铆an la simplicidad de los mercados capitalistas en un dise帽o m谩s elaborado y adecuado. Gran parte de la simplicidad original persiste en una nueva forma ingenua. Y aqu铆 me refiero a descerebrado literalmente: la intenci贸n de la econom铆a hayekiana para el ser humano es eliminar la cognici贸n cr铆tica en favor de una forma de ideolog铆a ciega de comportarse como un imb茅cil ego铆sta y pensar que el bien colectivo ser谩 administrado por 芦alguien禄. Del mismo modo, aunque esta vez reconducido a trav茅s del vocabulario y las curiosidades culturales de las historias peer-to-peer, los hackers y los conceptos de ingenier铆a de seguridad de la informaci贸n, los seres humanos fueron considerados ahora no s贸lo irracionales, sino tambi茅n indignos de confianza. En resumen, no conf铆es en nadie, y comp贸rtate como un aut贸mata aislado y ego铆sta, porque realmente, aunque esto suene inicialmente mal, todo confluir谩 en una forma superior de organizaci贸n, un bien mayor mediado por la computaci贸n.
Por suerte, las lecciones se aprendieron r谩pidamente y, tras unas cuantas cagadas, se rechaz贸 el volumen de los mercados como computaci贸n elaborada que ser铆a m谩s perfecta que las personas, en favor de enfoques a medida y herramientas de utilidad m谩s inmediata. Y aqu铆 estamos hoy. Los mercados son ahora un espacio de dise帽o. Una herramienta en nuestras manos que puede dise帽arse para lograr resultados organizativos y de comportamiento espec铆ficos, muchos de los cuales a煤n no han sido probados. Los incentivos est谩n elaboradamente equilibrados en libros de la en茅sima dimensi贸n. Todo esto es muy bonito. Como construcciones, quiero decir. Los percibo como expresiones on铆ricas casi cristalinas de mundos deseados, y de hecho los encuentro impresionantes por la pura creatividad cognitiva que se emplea en su construcci贸n y redacci贸n en libros blancos y Rust.
No obstante, sigo considerando y vigilando las motivaciones coercitivas de muchos de ellos. En otro lugar, hace algunos a帽os, escrib铆:

la llegada explosiva de la tecnolog铆a blockchain ha astillado el neoliberalismo en peque帽os fragmentos que en lugar de ser destruidos han llovido y atravesado a todos nosotros y nuestras cosas, convirtiendo todas nuestras cosas en capital/activos y todos nuestros esfuerzos en especulaci贸n financiera.

Pero en realidad, lo que se ha fragmentado en una mir铆ada de formas es la ideolog铆a. Los libros blancos son los nuevos manifiestos ideol贸gicos. Son utop铆as, so帽adas en los escritorios universitarios. Como comprenden quienes me conocen bien, las utop铆as, para m铆, son opresivas. Cualquier escrito ut贸pico lleva latente un deseo de coacci贸n encubierta para conformarse con otra idea de un mundo perfecto. Las utop铆as son a menudo intentos de domesticar un caos mucho m谩s asombroso en alguna nueva idea de reglas universales, otro conjunto de procesos y patrones predictivos. Y con las nuevas marcas de los mercados como un espacio de dise帽o a medida para los incentivos que equivaldr谩n a un bien colectivo mayor, los esfuerzos ansiosos por establecer el control social siguen filtr谩ndose, disfrazados a trav茅s de capas de c贸digo y complejidad computacional.
Desde el principio de Bitcoin he sido una indecisa, y sigo si茅ndolo, lo que significa que prefiero las intervenciones de dise帽o a las intervenciones policiales. As铆 que, para ser menos ingeniosa y m谩s real por un minuto, la criptoeconom铆a y la teor铆a de juegos para m铆 son m谩s afines a la disciplina del dise帽o y la planificaci贸n que al autoritarismo. Lo que quiero decir es que se trata de un enfoque que utiliza los mercados como medio de poder, dando forma a los entornos en los que operan las personas, en lugar de utilizar la violencia directa.
Pero, como cualquier dise帽ador sabe, los Estados tambi茅n utilizan la planificaci贸n y el dise帽o como una forma de poder m谩s sutil y, por tanto, a menudo m谩s eficaz.

Ahora (en lo que espero que complazca a mis amigos que encargaron este art铆culo) hay un enfoque muy diferente y mucho menos autoritario de la idea de los mercados como herramienta y no como objetivo ideol贸gico. A saber, cuando los mercados son un medio o un primer paso hacia la evasi贸n. Como alguien constitucionalmente preocupado por la libertad, soy partidaria de dos cosas: un trabajo que no se considere a s铆 mismo una soluci贸n completa y exhaustiva al problema de ser un humano en este mundo, sino m谩s bien un di谩logo receptivo y con capacidad de respuesta con un mundo abierto que sigue cambiando; y, en segundo lugar, la multipolaridad y la opci贸n de ir siempre a otra parte si el entorno o la comunidad se vuelven t贸xicos. Este segundo punto es un importante correctivo al primero, porque los mercados, y tambi茅n los algoritmos como procesadores de informaci贸n, son, en muchos sentidos, abiertos y responden a un mundo que nunca est谩 completo ni es totalmente conocible. Sin embargo, siguen present谩ndose como modos de hacer necesariamente expansivos y singulares.
Los mercados no pueden ser los 煤nicos organizadores de las relaciones sociales. Como proyecto social o pol铆tico en s铆 mismo, los mercados no tienen sentido y son coercitivos. Y para ir m谩s lejos, los mercados oscuros no implican la ausencia de poder coercitivo, sino un vac铆o para que la coerci贸n se instale. Ya sea a trav茅s de la violencia o de una modelizaci贸n criptoecon贸mica cada vez m谩s fina, tan coercitiva como un Estado, aunque m谩s nebulosa.
Este breve ensayo presenta una revisi贸n de antiguas notas. A continuaci贸n viene el an谩lisis y la argumentaci贸n completos.



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Fuente: Confoederatio.noblogs.org