August 8, 2021
De parte de Briega
2,629 puntos de vista

Se traduce este texto de 2016, por tratar cuestiones más que actuales. Aún con el riesgo de entorpecer una lectura fluida, no se ha podido ni querido evitar
Uno, añadir algunos datos; Dos, más importante si cabe, añadir notas en los tramos del texto donde el discurso resulta muy recuperable desde posiciones totalmente reaccionarias y enemigas de la libertad:

No termina de convencer que aunque se mencionen capitalismo e industrialismo, el fin último parece ser defender la tierra, la naturaleza y su pureza, perdiendo totalmente de vista la dimensión natural humana, las formas de habitar la tierra por un lado, y las formas de combatir todo esto cuyas consecuencias son ya innegables.[*]

Justo aquí nos encontramos ante lo que podría ser perfectamente recuperable desde varias corrientes totalitarias.
Llegados a este punto, parece importante un poco de contextualización:
señalar que el origen del término ecología se remonta a 1867, acuñado por Ernst Haeckel, darwinista entusiasta y un creyente en la superioridad racial nórdica y la eugenesia. A finales de ese siglo, esas ideas se mezclaron con un romanticismo antirracionalista que floreció con fuerza en Alemania, especialmente dentro del movimiento völkisch, que unía el populismo etnocéntrico con el misticismo de la naturaleza, rechazo del cosmopolitanismo urbano y con grandes dosis de antisemitismo. Esto creó terreno fértil para la ecología de los nazis, donde entran Himmler, jefe de las SS, Alfred Rosenberg o Walther Darré y resuena todavía en grupos de la extrema derecha actuales retomando el viejo lema Blood & Soul –popularizado por Darré– en el caso de Amanecer Escocés o el senderismo de Legion Martial Arts Club, que serviría en sus palabras: “para adquirir un conocimiento íntimo de la tierra que te ha formado“).

Se trata de un ecologismo antihumanista, que ha llegado a calar, aunque con otros tintes, en ciertas corrientes autodenomidadas “anarquistas” donde se han llegado a reivindicar atentados contra “el primer turista que pase” como actos revolucionarios – la revista anarquista Kalinov Most #3 trata estas cuestiones en un artículo “¿acabar con la humanidad para acabar con el dominio? Sobre la corriente misantrópica en entornos anárquicos”. No se trata ni mucho menos del mismo caso pero me parece que existe cierto paralelismo.
A continuación citaré dos atentados (ambos en 2019) de extrema derecha en cuyas reivindicaciones se citan problemas ambientales: El Paso (Texas) y Christchurch (Nueva Zelanda) . El asesino de El Paso se cargó a 22 personas en un centro comercial. Aseguró que su ataque era “una respuesta a la invasión hispana de Texas”, tituló su manifiesto La verdad incómoda, en aparente referencia al documental ambientalista de Al Gore, y cargó contra las empresas que “encabezan la destrucción de nuestro medio ambiente con la sobreexplotación de los recursos”, la contaminación del agua, los residuos plásticos y electrónicos como consecuencia del consumismo, el uso de toallas de papel, el reciclaje insuficiente y la expansión urbana que “destruye innecesariamente millones de hectáreas de tierra”… En Nueva Zelanda, “La urbanización e industrialización desenfrenadas, la expansión constante de las ciudades y la reducción de los bosques, el alejamiento total del hombre de la naturaleza” y proclamaba que: “El nacionalismo verde es el único nacionalismo verdadero”. A diferencia del asesino de El Paso, también se etiquetó a sí mismo como “un ecofascista etnonacionalista” describiendo sus puntos de vista como: “Autonomía étnica para todos los pueblos con un enfoque en la preservación de la naturaleza, y el orden natural”.

– Recomiendo vivamente los textos:

– [*] “Vinculaciones. Para una ecología de la presencia”

– Y “Ecofascismo, la retórica del virus”, en proceso de traducción, de momento disponible en inglés y en francés

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                                             (NaT: Notas a la traducción)

                                                          /* datos*/
                                              // ** otras aclaraciones**//

 

El Mito de las Energías Renovables

La forma en que pensamos en salvar nuestro planeta es totalmente errónea

Esta cultura no actuará para detener o reducir significativamente el calentamiento global. Esta cultura sacrificará –léase matará– el planeta en lugar de cuestionar el sistema socioeconómico que está acabando con nuestro único hogar.

¿Cómo lo sabemos? He aquí algunas buenas razones.

Empecemos con Donald Trump. No, aunque el presidente electo de Estados Unidos piense que el cambio climático es un engaño, él y su palabrería – y lo que podemos suponer que serán sus políticas – no son suficientes por sí mismos para matar el planeta.

Más significativo es que su posición sobre el calentamiento global es representativa de su desprecio por el mundo natural. Y aún más significativo es que su desprecio por el mundo natural es representativo de las actitudes de gran parte de esta cultura. Obtuvo casi 62 millones de votos, lo que significa que Trump está lejos de ser el único en sentir lo que siente por el mundo real. No sólo Trump y los 62 millones de estadounidenses que le votaron valoran más el sistema económico que el mundo real. Lo mismo ocurre con los demócratas, los republicanos, los líderes políticos de todo el mundo, los mass media y casi todos los activistas del cambio climático. Todos ellos dejan muy claras sus prioridades cada día. ¿No me crees? Entonces pregúntate: ¿Qué tienen en común todas sus supuestas soluciones al calentamiento global?

La respuesta es que todas sus soluciones priorizan esta forma de vida – el industrialismo, la civilización industrial, el capitalismo, el colonialismo – sobre las necesidades del mundo natural. Todas sus soluciones aceptan este modo de vida como un hecho – como lo que hay que preservar a toda costa – y suponen que el mundo natural debe ajustarse a las exigencias y los efectos nocivos de esta cultura. Así que, en términos reales, cualquier esfuerzo que se haga para detener el daño del calentamiento global es en realidad un intento de detener el daño a la economía, no al planeta.

Son bastante explícitos al respecto. Leed sus propias palabras. Lo llaman “La carrera para salvar la civilización”. O “Elaborar un plan para salvar la civilización”. O “Movilizarse para salvar la civilización”.

UN INCREÍBLE TRUCO DE RELACIONES PÚBLICAS Y MARKETING

Esto nos lleva a otra forma de saber que preferimos matar al planeta antes que acabar con este modo de vida. Gran parte del “ambientalismo” – y especialmente el activismo climático – se ha convertido ya en un brazo de presión de facto para un sector industrial. Es un truco bastante ingenioso por parte del capitalismo y los capitalistas: convertir la preocupación real por el calentamiento global en un movimiento de masas, y luego utilizar este movimiento de masas para promover los objetivos de sectores específicos de la economía capitalista industrial.

Si preguntas a muchos de los manifestantes de este movimiento de masas por qué protestan, te dirán que intentan salvar el planeta. Pero si les preguntas cuáles son sus demandas, probablemente dirán que quieren subvenciones adicionales para los sectores industriales de la energía solar, eólica, hidroeléctrica y de la biomasa.

Es un gran golpe de relaciones públicas y marketing. Y no estoy culpando a los manifestantes individuales. Ellos no son el problema. El problema es que esto es lo que hace el capitalismo. Y el verdadero problema es que la energía solar y la hidroeléctrica ayudan a la industria, no al mundo real. ¿Necesitan las tortugas del desierto que se construyan instalaciones de generación de electricidad solar en lo que solían ser sus hogares? ¿Necesitan los salmones que se construyan presas en los ríos que solían ser sus hogares? ¿Y el siluro del Mekong?

Para ser claros, la naturaleza salvaje – desde el borrego cimarrón del desierto hasta las flores mono de Michigan, pasando por las praderas marina de Johnson – no se beneficia en absoluto de las llamadas energías alternativas. /* Por supuesto, en algunos casos estas “energías alternativas” emiten menos carbono que sus homólogas de petróleo y gas, */ pero siguen emitiendo más carbono que si no se construyera ninguna instalación, y destruyen más hábitat que si no se construyera ninguna.
Esto es parte de lo que quiero decir cuando afirmo que las soluciones están pensadas para proteger – en este caso, alimentar – la economía más que para proteger la naturaleza salvaje.

[/*Nota a la Traducción*/ Realmente no se contabiliza el consumo de todos los procesos implicados: la extracción y refinado necesarios para obtener los materiales de los que están hechos estos captadores de energías renovables, los procesos industriales de fabricación posteriores, todo el transporte –de la gigantesca maquinaria extractiva hasta las minas, el transporte de los minerales o materiales ya procesados, según el caso, el posterior de las minas y/o refinerías a las fábricas y de las fabricas al lugar de instalación), y el desmantelamiento al final de la vida útil de los captadores]

NADA ES GRATUITO

Valorar este modo de vida por encima de la vida en el planeta hace que sus defensores se cuenten mentiras, a sí mismos y a los demás. La primera mentira es que esta forma de vida no es inherentemente destructiva. A estas alturas de la desintegración de la vida en este planeta no debería tener que respaldar esta afirmación. Basta con mirar a nuestro alrededor.

Lo último que necesita el mundo es la generación de más energía industrial, energía que se utilizará para hacer lo que hace la economía industrial: convertir lo vivo en muerto: bosques vivos en tablones de madera, montañas vivas en compuestos minerales.

Nada es gratuito. Las acciones tienen consecuencias, y cuando se expolia a los demás, estos ya no dispondrán de lo que se les ha privado. Esto es tan cierto cuando las víctimas son no humanas como cuando si lo son.

Pero, como dijo Upton Sinclair, “es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su trabajo depende de que no lo entienda”. Es aún más difícil hacer que la gente entienda algo cuando toda su forma de vida depende de que no lo entienda.

Así que nos mentimos a nosotros mismos. Con respecto al calentamiento global, los tipos de Trump mienten simplemente negando que se esté produciendo. Desde el ecocidio hasta el genocidio pasando por las agresiones individuales, ésta suele der la primera línea de defensa de los autores de todas las atrocidades: Lo que ocurre ante tus ojos no está ocurriendo.

Los activistas del cambio climático perpetran una mentira similar, ya que parecen pretender que la destrucción causada por las industrias solar, eólica, hidroeléctrica y de biomasa no existe. O que de alguna manera el daño causado por éstas es un sacrificio que debe hacerse para servir a un bien mayor. Pero el sacrificio lo hace, como siempre, el planeta, [//**NaT. y los habitantes más desfavorecidos, habitualmente en los países periféricos**//] y el bien mayor es que la economía industrial obtenga más energía. Eso no es un buen pacto para el planeta (por ahora) vivo [//**NaT. ni para las personas que sufren las consecuencias directas – lease contaminación, destrucción de su medio y formas de vida además de la represión a manos de mercenarios, estatales o privados en caso que se levanten contra estos proyectos destructores**//].

He aquí un ejemplo. Un artículo del LA Times titulado “Sacrificar el desierto para salvar la Tierra” describe cómo los gobiernos estatal y federal, una gran empresa y grandes organizaciones/corporaciones “ecologistas” están destruyendo grandes extensiones del desierto de Mojave para construir instalaciones industriales de generación de energía solar. El desierto está siendo sacrificado no para salvar la tierra como dice el artículo, sino para generar electricidad, principalmente para la industria. La tierra no necesita esta electricidad: la industria sí. Pero además, desde esta perspectiva narcisista, la industria es la tierra. No hay ni puede haber nada más que la industria. [//**NaT. bajo esta lógica, resulta más fácil imaginar un mundo sin agua potable o sin aire respirable – que no dependan de ningún tipo de técnica potabilizadora o de filtrado –, que un mundo sin capitalismo. Bien, pero, ¿dónde quedan los humanos? A fin de no caer en una mera exaltación de la naturaleza y su pureza sin incluir los modos de habitar en ella.
A muchas personas –aunque cada vez a menos– sorprendería el (falso)discurso anticapitalista de diferentes totalitarismos y fascismos, pero sorprendería aún más el ecologismo (antihumanista) y la exaltación de la naturaleza de nazis y fascistas
**//]

EL MITO DE LAS RENOVABLES

Incluso dejando de lado el hecho de que la electricidad generada por las “renovables” se utiliza para alimentar la economía industrial, es decir, para fomentar el asesinato del planeta, las soluciones eólica/solar/hidráulica/biomasa siguen siendo en sí mismas perjudiciales.

Por ejemplo, las energías eólica y solar requieren la extracción de tierras raras. Toda la minería es devastadora para el medio ambiente, y la minería de tierras raras lo es especialmente. La extracción y el refinado de tierras raras han devastado, por ejemplo, la zona de Baotou (China). [/*NaT. Todo indica que esa centralización está por romperse –no precisamente para repartir las nefastas consecuencias, sino para romper con las consecuencias geopolíticas del quasi-monopolio chino (actualmente China controla más del 80% del refinado mundial de tierras raras, fundamentales para la producción tecnológica).
Por ejemplo, Birmania aumentó su producción tras el golpe militar de 2018; pero se está expandiendo desde Australia a Groenlandia, pasando por Canadá o los fondos marinos de Naurou en el pacífico y otras tantas concesiones para minería submarina que a día de hoy, en 2021, parecen inminentes
*/] Como escribía The Guardian, “desde el aire parece un enorme lago, alimentado por muchos afluentes, pero sobre el terreno resulta ser una extensión de agua turbia, en la que no pueden sobrevivir ni peces ni algas. La orilla está recubierta de una costra negra, tan gruesa que se puede caminar sobre ella. En esta enorme balsa de residuos de 10 km2, las fábricas cercanas vierten agua cargada de [/**material radioactivo asociado a esos metales y que es liberado para obtener lo que interesa, y de**//] productos químicos utilizados para procesar los 17 minerales más codiciados del mundo, conocidos colectivamente como tierras raras”. El suelo de la región también se ha vuelto tóxico.

[además de las tierras raras, la industria de los paneles solares requiere muchos otros materiales enumerados en abril de 2016 por el sitio Resource Investor, incluyendo, entre otros: Arsénico (semiconductor), aluminio, boro (semiconductor), cadmio (utilizado en algunos tipos de células fotovoltaicas), cobre (cableado y algunos tipos de células fotovoltaicas), galio, indio (utilizado en células fotovoltaicas), mineral de hierro (acero), molibdeno (células fotovoltaicas), fósforo, selenio, silicio, plata, telurio y titanio. Nota de Partage-le a la traducción francesa, 2016]

[/*NaT. los eólicos también requieren tierras raras como el neodimio o el praseodimio para la transmisión directa (600 t. para una turbina de 3MW); además de silicio dopado nuclear (es decir, silicio radiado en reactores nucleares experimentales que funcionan con uranio enriquecido) necesario para la transmisión de la electricidad cuando supera cierto voltaje; cientos de toneladas de cemento, 900 t. de acero, entre 20 y 30 toneladas de cobre, decenas de toneladas de plástico, aluminio, resinas… Todas estas cantidades, aunque aproximativas ya que dependen del modelo, se refieren a una sola turbina eólica*/.]

Asimismo, por muy “verdes” y “renovables” que digan ser las presas muchos activistas climáticos, políticos y “ecologistas”, debería ser obvio que las presas matan los ríos. Matan las zonas de ribera que inundan. Privan a los ríos por encima de las presas de los nutrientes de los peces anádromos. Privan a las llanuras de inundación de los nutrientes que transportan los ríos. Privan a las playas de sedimentos. Destruyen el hábitat de los peces y otras especies que viven en ríos caudalosos y no en embalses lentos y cálidos.

Y luego está la biomasa, otra de las favoritas de los activistas climáticos “renovables” y “verdes”. La biomasa es sólo una forma elegante de decir “quemar cosas”. En la práctica significa que los bosques de Estados Unidos, Canadá, Sudáfrica, Alemania, Suecia, República Checa, Noruega, Rusia, Bielorrusia, Ucrania y muchos otros países estén siendo talados para alimentar la demanda europea de “biocombustibles”.

Sólo en el sureste de Estados Unidos hay docenas de enormes fábricas de pasta de papel. Adivina qué porcentaje de los “biocombustibles” de éstas se exporta a Europa. Si has pensado el 99% o menos, sube tu apuesta y vuelve a intentarlo: sí, el 100%. La mayoría de estos árboles procedentes de Estados Unidos se queman como pellets en el Reino Unido. Y no sólo el Reino Unido deforesta otros países para alimentar la industria.

Un investigador pro-industria afirma sin tapujos: « Como los recursos de madera del noroeste de Europa no son suficientes para esta repentina demanda, la región depende de las importaciones del extranjero ». Y, por supuesto, estos países también deforestan su propio territorio: Casi la mitad de la producción maderera de Alemania consiste simplemente en talar árboles, despulparlos, secarlos en pellets y quemarlos.

Así es como proponen “salvar el mundo” o, más exactamente, seguir alimentando la economía industrial, mientras el planeta vivo que es nuestro único hogar agoniza.

Incluso cuando se trata simplemente de las emisiones de carbono, muchos de los supuestos éxitos de los activistas climáticos no se deben a reducciones reales de las emisiones de carbono, sino más bien a chanchullos contables. Tomemos el siguiente titular: « Costa Rica presume de un 99% de energía renovable en 2015 ». Pues lo siento pero no. En primer lugar se refieren a “electricidad”, no energía. En la mayoría de los países, la electricidad representa alrededor del 20% del uso de energía. Así que reducen su porcentaje del 99 a algo menos del 20.
A continuación, el artículo afirma que « tres cuartas partes de la electricidad de Costa Rica se generan en plantas hidroeléctricas, aprovechando el abundante sistema fluvial del país y las fuertes lluvias tropicales ». Así pues, la electricidad procede de presas que, como hemos dicho, matan los ríos. Y las presas ni siquiera son “neutras en carbono”, como tanto les gusta afirmar a los gobiernos, los capitalistas y los activistas climáticos. Se sabe que esta afirmación es falsa desde hace décadas. Las presas pueden llamarse “bombas de metano” o “fábricas de metano” porque emiten una gran cantidad de metano, gas de potente efecto invernadero.
Son la mayor fuente antropogénica, ya que representan el 23% de todo el metano emitido por el ser humano. Las presas pueden liberar hasta tres veces y media más de carbono atmosférico por unidad de energía que la que se libera al quemar petróleo, principalmente porque, como señalaba un artículo de New Scientist, « se liberan grandes cantidades de carbono ligado a los árboles y otras plantas cuando el embalse se inunda inicialmente y las plantas se pudren. Después de este primer impulso de descomposición, la materia vegetal que se deposita en el fondo del embalse se descompone sin oxígeno, lo que da lugar a una acumulación de metano disuelto. Este se libera a la atmósfera cuando el agua pasa por las turbinas de la presa ».

Así que cuando la gente te dice que las presas son “neutras en carbono”, en realidad sólo están diciendo: « No contamos el carbono de las presas ». Pero todo esto no es más que una contabilidad, y no refleja la realidad, que supera a la contabilidad en todo momento.

Desde el punto de vista de la salud del planeta, lo mejor que podemos decir de las presas es que acaban fallando, y en la medida en que el río siga vivo en ese momento, hará lo posible por recuperarse.

La biomasa es, si cabe, una estafa aún mayor en la contabilidad del carbono. Se cuenta como “neutra en carbono”, “verde” y “renovable”, aunque la quema de pellets de madera produce entre un 15 y un 20% más de dióxido de carbono que la quema de carbón. Esta cifra no incluye el combustible necesario para moler, calentar, secar y transportar la madera, que añade otro 20% a las emisiones.

DÓLAR NEUTRO

Así que te preguntarás: ¿Cómo pueden los activistas climáticos (y las naciones, y los simples capitalistas) llamar a esto “verde” y “neutral en carbono”? Uno de los argumentos es que, como los árboles capturaron originalmente carbono en sus cuerpos mientras crecían y acabarán liberando este carbono cuando mueran, podemos cortarlos y quemarlos. Pero esto es tan falso como absurdo. A medida que los bosques van creciendo, siguen capturando más y más carbono. Un bosque antiguo contiene y captura anualmente más carbono que un bosque que intenta crecer después de haber sido talado. Y los árboles individuales también capturan más carbono con la edad.

Otra forma de plantear este argumento de la “neutralidad del carbono” de la biomasa es que el carbono ya estaba almacenado cuando los árboles crecieron, así que todo lo que estamos haciendo es volver a liberar el carbono previamente almacenado. Es como gastar el dinero que ya teníamos ahorrado. Esto también es una mierda, por al menos dos de razones. La primera es que nosotros no almacenamos ese carbono. Los árboles lo hicieron.
Esto es como si tú pones dinero en tu cuenta de ahorros, y yo lo saco, me lo gasto y luego digo que estamos en paz. Podrías llamarlo robo, pero los capitalistas lo llamarían “dólar neutro”: se puso un dólar y se sacó otro, ¿cuál es el problema? Otra razón por la que esto no es cierto es que se puede hacer el mismo argumento sobre el carbón y el petróleo. El carbono fue capturado por las algas en la época de los dinosaurios, y nosotros solo lo estamos sacando.

Otro argumento relacionado con la neutralidad del carbono de la deforestación es que, aunque se corten árboles y se libere carbono, como los árboles vuelven a crecer, el carbono se volverá a capturar en el futuro, lo que hace que el proceso sea neutral en cuanto al carbono. Como explica John Upton, periodista de Climate Central:

« Cuando las centrales eléctricas de los principales países europeos queman madera, la única contaminación por dióxido de carbono que declaran es la derivada de la quema de los combustibles fósiles necesarios para fabricar y transportar el combustible leñoso. La legislación europea asume que la contaminación climática liberada directamente por la quema de combustible fabricado con árboles no importa, porque será reabsorbida por los árboles que crezcan para reemplazarlos. Esta suposición es conveniente, pero errónea. La ciencia del clima la ha rechazado durante más de 20 años… El truco contable permite a la industria energética bombear decenas de millones de toneladas de dióxido de carbono al aire cada año y fingir que no ocurre ».

Así que, básicamente, el argumento es que la biomasa es neutra en carbono porque los árboles pueden volver a crecer y el carbono puede ser recapturado en los próximos 100 años. Esto es lo suficientemente fraudulento en cuanto a la contabilidad como para dar envidia a los dirigentes de Enron. ¿Se imaginan lo que le ocurriría incluso a una empresa que tratara de afirmar que sus libros estaban equilibrados porque estaba gastando dinero ahora, y esperando acumular esa misma cantidad de dinero en los próximos 100 años? Cualquier empresa de contabilidad que lo intentara se cerraría en un abrir y cerrar de ojos.

En realidad es peor que esto. Dado que los (des)forestales no capturaron el carbono, sino que fue el bosque el que lo hizo, la analogía más precisa sería la de una empresa al estilo de Enron que roba a la gente y luego dice que no es un robo porque con el tiempo sus víctimas ganarán más dinero para volver a ingresar en el banco (que luego será robado -quiero decir cosechado- por la empresa).

Pero nada de esto importa: Los “ecologistas”, las naciones y los capitalistas siguen contando con la biomasa como carbono neutral, y la cuentan, y sus cifras, como parte de sus “historias de éxito” del calentamiento global, a menudo sin decir una palabra sobre la deforestación.

Y para que conste, el 70% de la “energía renovable” de Alemania proviene de la biomasa. Como afirma el analista energético Robert Wilson, “la biomasa es… la mayor fuente de energía renovable, sobre la base del consumo final de energía, en todos los países de la UE excepto en dos. Las excepciones son Chipre e Irlanda. Dinamarca puede obtener el 30% de su electricidad de los parques eólicos, pero sigue obteniendo más del doble de su consumo final de energía de la biomasa que de los parques eólicos”.

Podemos mostrar una contabilidad de carbono similar, humo y espejos para la eólica y la solar.

Mientras tanto, las emisiones de carbono siguen en aumento.

¿Para qué molestarse?

El otro día recibí una nota en la que alguien decía que entendía que esta cultura está acabando con el planeta, y luego me decía que su actitud sobre la protección de la tierra es: “¿Para qué molestarse? Me limitaré a pasar el rato con mis amigos en el tiempo que nos queda”.

Esta es precisamente la actitud que une todas las razones de nuestra incapacidad para amar el planeta, nuestro único hogar. Si un ser querido fuera amenazado, actuarías y lo defenderías. En eso consiste el amor. No te te limitarías a salir con tus amigos y, desde luego, no defenderías – como demasiados “ambientalistas” y activistas climáticos – al agresor.

Ya es hora de que rompamos con nuestra lealtad a esta economía devastadora de la Tierra, para que nuestra lealtad vuelva a residir en el planeta vivo y empecemos a luchar enérgicamente para protegerlo.

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Artículo de Derrick Jensen, 2016, con ligeras modificaciones y notas a la traducción
Visto en partage-le, original (en inglés) aquí




Fuente: Briega.org