January 9, 2021
De parte de Amor Y Rabia
2,138 puntos de vista


por Andreas Malm

30 de marzo de 2015 (Traducido y anotado por Daniel Ruilova, revisado por Manuel Casal Lodeiro)

El a帽o pasado fue el m谩s caluroso jam谩s registrado. Y, a pesar de esto, las 煤ltimas cifras muestran que en el 2013 la fuente que proporcion贸 la mayor铆a de la nueva energ铆a a la econom铆a mundial no fue solar, e贸lica, ni siquiera el gas natural o el petr贸leo, sino el carb贸n.

El crecimiento de las emisiones mundiales 鈥攄esde el 1% anual en los a帽os 1990 hasta el 3% en lo que va de este milenio鈥 es sorprendente. Es un aumento paralelo a nuestro creciente conocimiento sobre las terribles consecuencias del uso de combustibles f贸siles.

驴Qui茅n nos conduce hacia el desastre? Una respuesta radical ser铆a la dependencia de los capitalistas con respecto a la extracci贸n y al uso de la energ铆a f贸sil. Algunos, sin embargo, preferir铆an identificar a otros culpables.

Se nos dice que la Tierra ha entrado ahora en 鈥渆l Antropoceno鈥: la era de la humanidad. Enormemente popular 鈥攜 aceptado incluso por muchos acad茅micos marxistas鈥, el concepto de Antropoceno plantea que la humanidad es la nueva fuerza geol贸gica que est谩 transformando el planeta hasta hacerlo irreconocible, principalmente debido a la quema de prodigiosas cantidades de carb贸n, petr贸leo y gas natural.

Seg煤n estos investigadores, tal degradaci贸n es el resultado de la actuaci贸n de los seres humanos a partir de sus predisposiciones innatas, el destino ineludible para un planeta sujeto al business-as-usual (1) de la humanidad. De hecho, quienes propusieron esta idea no pueden argumentar de otra forma, porque si las din谩micas fueran de un car谩cter m谩s contingente, la narrativa de una especie entera ascendiendo a la supremac铆a biosf茅rica ser铆a dif铆cil de defender.

Su relato se centra en un elemento cl谩sico: el fuego. La especie humana por s铆 sola puede manipular el fuego y, por lo tanto, es la que destruye el clima; cuando nuestros ancestros aprendieron a poner las cosas en llamas, encendieron el interruptor del business-as-usual. Aqu铆 鈥攅scriben los destacados cient铆ficos clim谩ticos Michael Raupach y Josep Canadell鈥 estaba 鈥渆l desencadenante evolutivo esencial para el Antropoceno鈥 (Raupach y Canadell, 2010), que ha llevado a la humanidad derecha hacia 鈥渆l descubrimiento de que la energ铆a podr铆a derivarse no solo del carbono org谩nico detr铆tico, sino que tambi茅n del carbono f贸sil detr铆tico, en primer lugar del carb贸n鈥 (2).

La 鈥渞az贸n principal鈥 del uso actual de combustibles f贸siles es que 鈥渕ucho antes de la era industrial, una especie particular de primate aprendi贸 c贸mo aprovechar las reservas de energ铆a almacenadas en el carbono detr铆tico鈥. Que yo aprendiera a caminar a la edad de un a帽o es la raz贸n que explica que hoy baile salsa; cuando la humanidad quem贸 su primer 谩rbol muerto, eso 煤nicamente pod铆a llevar, un mill贸n de a帽os despu茅s, a quemar un barril de petr贸leo.

O, en las palabras de Will Steffen, Paul J. Crutzen y John R. McNeill: 鈥淓l dominio del fuego por nuestros ancestros proporcion贸 a la humanidad una poderosa herramienta monop贸lica inasequible para otras especies, que nos puso firmemente en el largo camino hacia el Antropoceno鈥 (Steffen et al., 2007: 1). En esta narrativa, la econom铆a f贸sil es la creaci贸n precisamente de la especie humana, o del 鈥渕ono del fuego, Homo pir贸filo鈥, como en la popularizaci贸n de Mark Lynas del pensamiento del Antropoceno, apropiadamente titulada La especie divina.

La capacidad para manipular el fuego era con seguridad una condici贸n necesaria para el inicio de la quema de combustibles f贸siles a gran escala en Gran Breta帽a a inicios del siglo XIX. Ahora bien, 驴fue tambi茅n la causa de ello?

Lo importante que cabe destacar aqu铆 es la estructura l贸gica de la narrativa del Antropoceno: alg煤n rasgo universal de la especie debe estar impulsando esta 茅poca geol贸gica suya, o bien ser铆a cuesti贸n de alg煤n subconjunto de la especie. Pero la historia de la naturaleza humana puede verse de muchas formas, tanto en el g茅nero del Antropoceno como en otras partes del discurso sobre el cambio clim谩tico.

En un ensayo publicado en la antolog铆a Engaging with Climate Change, el psicoanalista John Keene ofrece una explicaci贸n original de por qu茅 los humanos contaminan el planeta y se niegan a parar. En la infancia, el ser humano descarga materia de desecho sin l铆mites y aprende que la madre cuidadora se llevar谩 el excremento y la orina, y le limpiar谩 la entrepierna.

Como resultado, los seres humanos est谩n acostumbrados a la pr谩ctica de arruinar su entorno: 鈥淐reo que estos encuentros repetidos contribuyen a la creencia complementaria de que el planeta es una 鈥榤adre-inodoro鈥 infinita, capaz de absorber nuestros productos t贸xicos hasta el infinito鈥 (Keene, 2012).

Pero 驴d贸nde est谩 la evidencia de cualquier tipo de relaci贸n causal entre la quema de combustibles f贸siles y la defecaci贸n infantil? 驴Qu茅 pasa con todas aquellas generaciones de personas que, hasta el siglo diecinueve, dominaron ambas artes pero nunca vaciaron los dep贸sitos de carbono de la tierra y los arrojaron a la atm贸sfera? 驴Eran defecadores y quemadores que estaban esperando a realizar todo su potencial?

Es f谩cil burlarse de ciertas formas de psicoan谩lisis, pero los intentos de atribuir el business-as-usual a las propiedades de la especie humana est谩n condenados al sinsentido. Lo que existe siempre y en todas partes no puede explicar por qu茅 una sociedad se diferencia de todas las otras y desarrolla algo nuevo, como es la econom铆a f贸sil, que apareci贸 hace tan s贸lo dos siglos pero que ahora se ha vuelto tan arraigada que la reconocemos como lo 煤nico que pueden producir los humanos.

Pero sucede, sin embargo, que el discurso clim谩tico dominante est谩 empapado positivamente de referencias a la humanidad como tal, a la naturaleza humana, a la iniciativa humana, a la humanidad como un gran villano conduciendo el tren. En The God Species (La especie divina), leemos: 鈥淓l poder de dios es cada vez m谩s ejercido por nosotros. Somos los creadores de la vida, pero tambi茅n somos sus destructores鈥 (Lynas, 2011). Este es uno de los lugares m谩s comunes en el discurso: nosotros 鈥攖odos nosotros, t煤 y yo 鈥 hemos creado este problema juntos y lo empeoramos cada d铆a.

Por su parte, Naomi Klein, en Esto lo cambia todo pone al descubierto, de una manera magistral, las innumerables maneras en las que la acumulaci贸n de capital en general, y su variante neoliberal en particular, vierten combustible al fuego que est谩 consumiendo el sistema terrestre. Dando escasa importancia a todo el discurso de un malhechor humano universal, ella escribe: 鈥淓stamos atrapados porque las acciones que nos dar铆an la mejor oportunidad de evitar la cat谩strofe 鈥攜 que beneficiar铆an a la gran mayor铆a鈥 son extremadamente amenazadoras para una elite minoritaria que tiene estrangulados nuestra econom铆a, nuestro proceso pol铆tico y la mayor铆a de nuestros principales medios de comunicaci贸n鈥 (Klein, 2014: 16).

As铆 que, 驴c贸mo responden los cr铆ticos? 鈥淜lein describe la crisis clim谩tica como una confrontaci贸n entre el capitalismo y el planeta鈥, responde el fil贸sofo John Gray en el peri贸dico Guardian. 鈥淪er铆a m谩s adecuado describir la crisis como un enfrentamiento entre las demandas crecientes de la humanidad y un mundo finito鈥 (Gray, 2014).

Gray no est谩 solo. Este cisma est谩 emergiendo como la gran divisi贸n ideol贸gica en el debate clim谩tico, y los defensores del consenso dominante est谩n contraatacando.

En la London Review of Books, Paul Kingsnorth, un escritor brit谩nico que hace tiempo viene argumentando que el movimiento ambiental deber铆a disolverse y aceptar el colapso total como nuestro destino, responde: 鈥淓l cambio clim谩tico no es algo que un peque帽o grupo de malvados nos ha impuesto (鈥) al final, todos estamos implicados鈥. Esto, argumenta Kingsnorth, 鈥渆s un mensaje menos agradable que el que ve a un brutal 1% jodiendo el planeta y un noble 99% oponi茅ndose a ellos, pero es m谩s cercano a la realidad鈥 (Kingsnorth, 2014).

驴Es m谩s cercano a la realidad? Seis simples hechos demuestran lo contrario:

PRIMERO: la m谩quina de vapor es ampliamente vista, y con raz贸n, como la locomotora original del business-as-usual, por la cual la combusti贸n de carb贸n se asoci贸 primero a la espiral siempre creciente de la producci贸n capitalista de mercanc铆as.

Si bien es cierto que resulta banal se帽alarlo, los motores de vapor no fueron adoptados por unos representantes naturales de la especie humana. La elecci贸n de un motor primario en la producci贸n de mercanc铆as no podr铆a haber sido la prerrogativa de esa especie, ya que presupon铆a, para empezar, la instituci贸n del trabajo asalariado. Fueron los due帽os de los medios de producci贸n quienes instalaron la novedosa m谩quina motriz. Una peque帽a minor铆a incluso en Gran Breta帽a 鈥攖odos hombres, todos blancos鈥, esta clase de personas comprend铆a una fracci贸n infinitesimal de la humanidad a inicios del siglo XIX.

SEGUNDO: cuando los imperialistas brit谩nicos penetraron en el norte de la India en la misma 茅poca, se tropezaron con que los filones de carb贸n ya eran, para su gran asombro, conocidos para los nativos; de hecho, los indios ten铆an el conocimiento b谩sico de c贸mo excavar, quemar y generar calor a partir del carb贸n. Y, sin embargo, no les interesaba nada como combustible.

Los brit谩nicos, por otra parte, quer铆an sacar desesperadamente el carb贸n del suelo: para impulsar los barcos de vapor con los que transportaban las riquezas y materias primas extra铆das a los campesinos indios hacia la metr贸polis, y su propio excedente de algod贸n hacia los mercados interiores. El problema era que ninguno de los trabajadores se ofreci贸 a entrar en las minas. Los brit谩nicos tuvieron que organizar un sistema de trabajo forzado, obligando a los campesinos a entrar en los pozos para adquirir el combustible necesario para la explotaci贸n de la India.

TERCERO: la mayor parte de la explosi贸n de emisiones del siglo XXI tiene su origen en la Rep煤blica Popular China. El motor de esa explosi贸n es evidente: no es el crecimiento de la poblaci贸n china, ni el consumo de sus hogares, ni su gasto p煤blico, sino que la tremenda expansi贸n de la industria manufacturera, implantada en China por el capital extranjero para extraer plusval铆a de la mano de obra local, percibida hacia el cambio del milenio como extraordinariamente barata y disciplinada (Bybee, 2015).

Ese cambio fue parte de un asalto mundial sobre los salarios y las condiciones laborales: los trabajadores del mundo estaban agobiados por la amenaza de la relocalizaci贸n del capital a sus sustitutos chinos, que s贸lo pod铆an ser explotados por medio de la energ铆a f贸sil como sustrato material necesario. La consiguiente explosi贸n de emisiones es el legado atmosf茅rico de la guerra de clases.

CUARTO: probablemente no hay otra industria que encuentre tanta oposici贸n popular dondequiera que busque establecerse, como la industria del petr贸leo y del gas. Como relata tan bien Naomi Klein, las comunidades locales est谩n en pie de guerra contra la fractura hidr谩ulica (fracking), los oleoductos y la exploraci贸n, desde Alaska al delta del N铆ger, desde Grecia hasta Ecuador. Pero en su contra se levanta un inter茅s recientemente expresado con claridad ejemplar por Rex Tillerson, presidente y CEO de ExxonMobil: 鈥淢i filosof铆a es hacer dinero. Si puedo perforar y hacer dinero, entonces eso es lo que quiero hacer鈥 (Tillerson, 2013). Este es el esp铆ritu del capital f贸sil encarnado.

QUINTO: los estados capitalistas avanzados siguen agrandando y profundizando sin descanso sus infraestructuras f贸siles 鈥攃onstruyendo nuevas carreteras, nuevos aeropuertos, nuevas plantas en base a carb贸n鈥 siempre a tono con los intereses del capital, y casi nunca consultando a sus poblaciones sobre estas materias (Kahle, 2014). S贸lo los intelectuales verdaderamente ciegos, del tipo Paul Kingsnorth, pueden creer que 鈥渢odos estamos implicados鈥 en tales pol铆ticas.

驴Cu谩ntos estadounidenses est谩n involucrados en las decisiones para dar al carb贸n una mayor participaci贸n en el sector el茅ctrico, de modo que la intensidad del carb贸n en la econom铆a norteamericana aumentara en 2013? 驴Cu谩ntos suecos deben ser culpados por el impacto de una nueva autopista alrededor de Estocolmo 鈥攅l mayor proyecto de infraestructura en la historia moderna de Suecia鈥 o la asistencia de su gobierno a las centrales el茅ctricas de carb贸n en Sud谩frica?

Se necesitan las m谩s extremas ilusiones sobre la democracia perfecta del mercado para sostener la noci贸n de que 鈥渢odos nosotros鈥 conducimos el tren.

SEXTO, y quiz谩s m谩s evidente: pocos recursos se consumen tan desigualmente como la energ铆a. Los 19 millones de habitantes del estado de Nueva York solos consumen m谩s energ铆a que los 900 millones de habitantes del 脕frica subsahariana. La diferencia en el consumo de energ铆a entre un pastor de subsistencia en el Sahel y un canadiense promedio puede ser f谩cilmente mayor de 1.000 veces (y eso es un canadiense promedio, no el due帽o de cinco casas, tres jeeps y un avi贸n privado).

Un ciudadano norteamericano promedio emite m谩s que 500 ciudadanos de Etiop铆a, Chad, Afganist谩n, Mali o Burundi; cu谩nto m谩s emite un millonario estadounidense promedio 鈥攜 cu谩nto m谩s que un trabajador promedio de EE.UU o Camboya鈥 es algo que queda por resolver. Pero la huella de una persona en la atm贸sfera var铆a enormemente dependiendo de d贸nde nace. La humanidad, como resultado, es una abstracci贸n demasiado d茅bil para cargar con la culpa.

La nuestra es la 茅poca geol贸gica no de la humanidad, sino del capital. Por supuesto, una econom铆a f贸sil no necesariamente tiene que ser capitalista: la Uni贸n Sovi茅tica y sus estados sat茅lites tuvieron sus propios mecanismos de crecimiento conectados al carb贸n, al petr贸leo y al gas. No fueron menos sucios o intensivos en las emisiones 鈥攓uiz谩s lo fueron incluso m谩s鈥 que sus adversarios en la Guerra Fr铆a. As铆 que, 驴por qu茅 enfocarse en el capital? 驴Qu茅 raz贸n hay para ahondar en la destructividad del capital, cuando los estados comunistas lo hicieron al menos con igual abyecci贸n?

En medicina una pregunta similar quiz谩s ser铆a, 驴por qu茅 concentrar los esfuerzos en el c谩ncer en lugar de la viruela? 隆Ambos pueden ser fatales! Pero s贸lo uno existe hoy. La historia cerr贸 el par茅ntesis alrededor del sistema sovi茅tico, por lo que volvemos al principio, cuando la econom铆a f贸sil era coextensiva al modo de producci贸n capitalista, s贸lo que ahora a escala mundial.

La versi贸n estalinista se merece sus propias investigaciones y en sus propios t茅rminos (los mecanismos de crecimiento son de su propio tipo). Pero no vivimos en el gulag minero de Vorkuta de los a帽os treinta. Nuestra realidad ecol贸gica, que nos abarca a todos, es el mundo fundado por el capital-a-vapor, y hay caminos alternativos que un socialismo ambientalmente responsable podr铆a tomar. Por lo tanto es el capital, no la humanidad como tal.

A pesar del 茅xito de Naomi Klein y de las recientes movilizaciones en las calles, este sigue siendo un punto de vista marginal. La climatolog铆a, la pol铆tica y el discurso se expresan constantemente en la narrativa del Antropoceno: el pensamiento-de-especie, la humanizaci贸n, la autoflagelaci贸n colectiva indiferenciada, el llamamiento a la poblaci贸n general de consumidores a que modifiquen sus costumbres y otras piruetas ideol贸gicas que s贸lo sirven para ocultar al conductor.

Retratar ciertas relaciones sociales como una propiedad natural de la especie no es nada nuevo. Deshistorizar, universalizar, eternalizar y naturalizar un modo de producci贸n espec铆fico a un cierto tiempo y lugar: estas son las estrategias cl谩sicas de legitimaci贸n ideol贸gica.

Estas posturas bloquean cualquier perspectiva de cambio. Si el business-as-usual es el resultado de la naturaleza humana, 驴c贸mo podr铆amos siquiera imaginar algo distinto? Es perfectamente l贸gico que los defensores del Antropoceno y las formas de pensar asociadas defiendan soluciones falsas que eviten desafiar el capital f贸sil 鈥攃omo la geoingenier铆a en el caso de Mark Lynas y Paul Crutzen, el inventor del concepto de Antropoceno鈥 o prediquen la derrota y la desesperaci贸n, como en el caso de Kingsnorth (3).

De acuerdo a esto 煤ltimo, 鈥渁hora est谩 claro que detener el cambio clim谩tico es imposible鈥;y, por cierto, construir una granja e贸lica es tan malo como abrir otra mina de carb贸n, ya que ambos profanan el paisaje.

Sin antagonismo nunca puede haber ning煤n cambio en las sociedades humanas. El pensamiento de especie sobre el cambio clim谩tico s贸lo induce la par谩lisis. Si todos son culpables, entonces nadie lo es.

NOTAS

(1) N. del T.: Literalmente 鈥渓os negocios como siempre鈥, se refiere al curso actual del cambio clim谩tico marcado por la inercia. La ONU emplea esta expresi贸n para proyectar un escenario de cambio clim谩tico en el que no se toma ninguna medida relevante.

(2) N. del T.: 鈥淟a vida en la tierra ha creado grandes reservas de carbono detr铆tico. Los remanentes de los organismos en base a carbono despu茅s de que han muerto. Estas reservas de carbono van desde las hojas muertas y la madera hasta el carbono f贸sil en el carb贸n, el petr贸leo y el gas. Contienen grandes cantidades de energ铆a utilizable鈥 (Raupach y Candell, 2010).

(3) N. del T.: A esta lista podr铆amos agregar al famoso climat贸logo James Hansen, que defiende la energ铆a nuclear como 鈥渟oluci贸n鈥 al calentamiento global, igual que el ya mencionado Mark Lynas.

BIBLIOGRAF脥A

LIBROS

Keene, John: Engaging with climate change. Gran Breta帽a. Routledge, 2012.

Klein, Naomi: Esto lo cambia todo. Trad.: Albino Santos Mosquera. Barcelona. Paid贸s, 2015.

Lynas, Mark: The God Species. Washington. National Geographic, 2011.

ART脥CULOS

Bybee, Roger: 鈥淪capegoating China鈥Jacobin, (marzo de 2015).

Kahle, Trish: 鈥淩ank-and-File Environmentalism鈥, Jacobin (junio de 2014).

Kingsnorth, Paul: 鈥淭he Four Degrees鈥, London Review of Books 36 (octubre de 2014), p谩gs. 17-18. 

Raupach, Michael y Candell, Josep: 鈥淐arbon and the Anthropocene鈥, Current Opinion in Environmental Sustainability 4 (octubre de 2010), p谩gs. 210-218.

Steffen, Will, Crutzen Paul y McNeill John: 鈥淭he Anthropocene: Are Humans Now Overwhelming the Great Forces of Nature?鈥, Ambio 36 (diciembre de 2007).

DOCUMENTOS EN LA RED

CBS News: 鈥淓xxonMobil CEO: My philosophy is to make money鈥, 2013.

Gray, John: 鈥淭his Changes Everything: Capitalism vs the Climate review 鈥 Naomi Klein鈥檚 powerful and urgent polemic鈥, 2014.

Strombergh, Joseph: 鈥淲hat is the Anthropocene and Are We in It?鈥, 2013.




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com