October 10, 2022
De parte de Nodo50
260 puntos de vista

Enrique Seijas es miembro de ATTAC.

Un sistema cerrado es el que intercambia energía con su entorno pero no intercambia materia y, por lo tanto, mantiene su masa constante. Es decir, su masa es una cantidad finita. Según parece, las élites políticas y económicas y muchas otras gentes, no se habían enterado y, en algunos casos, empiezan a darse cuenta ahora.

El primer problema de las elites políticas y económicas actuales consiste en que solo contemplan el mundo desde el punto de vista del depredador absoluto, porque entienden que el único motor de la dinámica económica y social es la codicia. No se han enterado de que el mundo ha cambiado más en los últimos cien años que en toda la historia de la humanidad. El mundo actual ya no es el mismo que el de hace tan solo cincuenta años. Hasta hace muy poco, tan solo unas décadas, cuando desde los países ricos se hablaba de “Ellos”, se hacía referencia a África, Asia, y Latinoamérica y cuando se hablaba de “Nosotros”, se hacía referencia a América del Norte, Oceanía, Japón y Europa. Ellos eran los de la periferia, a la que “Nosotros” expoliábamos sus riquezas para traerlas a casa y construir nuestro Estado del bienestar.  Ahora, aquella diferencia entre “Ellos y Nosotros”, marcada por la geografía, ha desaparecido. Países poderosos de los cinco continentes compiten por las riquezas de los países pobres de los cinco continentes. Ahora “Ellos”, las élites extractivas del mundo se encuentran en todas partes y “Nosotros”, los expoliados, también.

Anteriormente, la competencia se establecía entre distintas zonas económicas y diferentes paradigmas ideológicos: el Este estalinista contra el Oeste capitalista, el centro consumidor contra la periferia proveedora de materias primas baratas, la periferia subdesarrollada y el centro culto e industrializado, etc. En el centro consumidor y desarrollado, las élites podían seguir enriqueciéndose sin límite y sin poner en riesgo su equilibrio interno a base de esquilmar a las zonas de la periferia; el “welfare state” y las políticas socialdemócratas se encargaron de ello. Pero hoy ese mundo ya no existe. El mundo es una sola área económica, el enfrentamiento ideológico ha desaparecido de los aparatos de propaganda, los “mass media” (cine, radio, prensa, etc.) repiten siempre los mismos dogmas a pesar de que la contumaz realidad demuestre una y otra vez su falsedad.  La competencia se plantea entre grandes países o bloques (China, India, EEUU, la UE, etc.) y grandes compañías multinacionales que compiten entre sí para controlar los mercados y las fuentes, cada vez más escasas, de materias primas. La periferia ya no es una zona externa a la que podemos esquilmar, sino que se encuentra en todas partes, la periferia ha ocupado el centro, es parte integrante de esa única zona económica constituida por un mundo globalizado, limitado y de recursos finitos. La periferia está compuesta por las mal llamadas clases medias y por los trabajadores del mundo entero. El centro ya no puede crecer fagocitando a la periferia, ahora solo pude crecer devorándose a si mismo. El centro ya no puede crecer, solo puede transformarse.

El segundo problema para las elites económicas y políticas actuales consiste en que son enormemente reacias a admitir que la fiesta se ha acabado. Hasta hace unas décadas, solo se hablaba de los límites del crecimiento y del cambio climático en algunos cenáculos tachados de subversivos por las instituciones oficiales. La versión oficial consistía en afirmar que el capitalismo era el único sistema posible, que proyectar un crecimiento permanentemente acelerado era perfectamente razonable y que la humanidad podía crecer sin ningún tipo de limitación, porque la combinación de ciencia, técnica y dinero, era capaz de resolver cualquier problema y si no siempre quedaba el recurso a la divina providencia, lo que no parece muy realista, pues si como informan las imágenes que exhiben lo panteones de casi todas las religiones, el hombre ha creado a sus dioses a su imagen y semejanza, ese también es un callejón sin salida.  

(…)ya no hay de donde sacar riqueza para que las élites sigan enriqueciéndose sin poner en riesgo el equilibrio de la única sociedad existente, por la sencilla razón de que ya no hay para todos.

Así pues, de repente, nos encontramos con que ya no hay de donde sacar riqueza para que las élites sigan enriqueciéndose sin poner en riesgo el equilibrio de la única sociedad existente, por la sencilla razón de que ya no hay para todos. Escasea el gas, el petróleo, el aluminio, el cobre, el hierro, el litio, el coltán, la madera y mil cosas más. El agua potable y los alimentos ya son motivo de preocupación en muchas zonas del mundo, el Montblanc ha perdido algunos metros de altura por el deshielo de las capas de permafrost, el nivel del mar aumenta debido al deshielo de los casquetes polares, reduciendo la superficie de tierra habitable (zonas llanas inundables e islas cubiertas por el mar) y algunos científicos del clima afirman que no volveremos a vivir un verano tan fresco como el actual. No hay para todos y algunas cosas, en las que hasta ahora podíamos confiar, empiezan a fallar y a redibujar los paisajes, amenazándonos con el hundimiento de algunas zonas habitadas, desplazamientos masivos de población, destrucción de los hábitats más frágiles y la liberación de microrganismos que llevan cientos de miles de años congelados y cuyos efectos sobre la vida actual desconocemos.

La humanidad pues, se enfrenta por primera vez en su historia a un dilema insuperable en el marco de un sistema económico, el capitalismo, para el que no dispone de recambio, porque no parece estar dispuesta a enfrentar el proceso revolucionario que supondría su transformación y la superación del conflicto que representa por un lado, el crecimiento constante de la población y sus necesidades, el crecimiento constante de la producción y el consumo, el crecimiento constante de la concentración de la riqueza en pocas manos y por el otro, los recursos finitos que nos ofrece el planeta. Como el mundo es un sistema cerrado y encerrado en una jaula de años luz de espacio intransitable con los medios actuales, la sociedad necesita abandonar urgentemente los puntos de vista del depredador absoluto y del crecimiento ilimitado que defienden las élites.

La humanidad pues, se enfrenta por primera vez en su historia a un dilema insuperable en el marco de un sistema económico, el capitalismo, para el que no dispone de recambio

En un sistema cerrado, como el mundo en el que habitamos, solo caben dos soluciones posibles: redefinir nuestras necesidades para poder satisfacerlas con los recursos limitados de que disponemos y repartir la riqueza de forma equitativa o enfrentarnos a múltiples y repetidos conflictos civiles por todo el planeta, al fin de la democracia como sistema de gobierno y a la reedición de las dictaduras como único medio de que las élites actuales puedan mantener sus privilegios.

La derecha extrema o no, cuando mira hacia el futuro, solo es capaz de ver un espejismo del pasado. La derecha neoliberal o no, no acaba de entender que nada dura eternamente y que la sociedad actual, basada en el reparto desigual de la riqueza, la explotación de los unos por los otros y el agotamiento de los recursos naturales tampoco puede ser eterna. Las mejores propuestas de la derecha se articulan en torno a tres ejes: la negación de la realidad, la confianza ciega en el poder omnímodo de la ciencia y la técnica y la actualización de las viejas teorías del darwinismo social.  La izquierda, por su parte, es incapaz de aceptar que las soluciones a los problemas actuales están delante de sus narices y que tan solo es cuestión de tener el valor reconocerlas (reparto efectivo del poder y de la riqueza, terminar con la explotación indiscriminada de la naturaleza, reconducir la producción y el consumo y la defensa radical de la igualdad de derechos y deberes entre todos los seres humanos) y  abandonar los eternos y estériles debates de siempre, sobre si son galgos o son podencos, para empezar a aplicarlas.

La tierra es un sistema cerrado, un hormiguero encerrado en una urna transparente, Las imágenes del planeta tomadas desde el espacio lo ilustran perfectamente.

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Fuente: Attac.es