January 17, 2022
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
159 puntos de vista

Repasamos la visi贸n de Bookchin sobre el municipalismo libertario, que tiene como objetivo la autogesti贸n de la comunidad social; para ello, aprendemos una serie de conceptos clave para educarnos en el terreno pol铆tico y no seguir perseverando en los errores de un sistema de representaci贸n incompatible con formas de democracia directa en las que las asambleas de ciudadanos tomen un pleno protagonismo.

BoockchinTal y como lo define Murray Bookchin, el municipalismo libertario es el nombre del proceso que pretende volver a crear y expandir el 谩mbito pol铆tico democr谩tico como el lugar del autogobierno de la comunidad. Este proceso, por lo tanto, tiene que tener como lugar de partida la comunidad. La comunidad est谩 comprendida por individuos cuyas viviendas est谩n agrupadas en un lugar p煤blico diferenciado, formando una entidad comunitaria perceptible. Ese espacio p煤blico es el lugar donde lo privado se convierte en comunal. Los v铆nculos dentro de esa esfera p煤blica est谩n marcados por la proximidad residencial, as铆 como por los problemas e intereses compartidas surgidos de esa comunidad (ambientales, educativos, econ贸micos…). Esos asuntos que los miembros de la comunidad tienen en com煤n, opuestos a los propios de la vida privada, son los temas de inter茅s en el 谩mbito pol铆tico. Existen otros 谩mbitos de la sociedad, como el trabajo o la universidad, donde tambi茅n se establecen asuntos de inter茅s p煤blico, y esos lugares tambi茅n pueden y deben ser democratizados (ya iremos viendo el concepto que Bookchin tiene de la democracia directa, plenamente compatible en nuestra opini贸n con el anarquismo).

Desde ese primer nivel pol铆tico de la comunidad es desde donde el municipalismo libertario se esfuerza por crear y renovar el 谩mbito pol铆tico, para expandirlo posteriormente. A partir de ese nivel, las personas pueden pasar de estar atomizadas a reconocer a sus vecinos, crear una interdependencia, llegar a acuerdos en aras del bienestar com煤n. Es ah铆 donde se pueden construir las instituciones libertarias (y Bookchin no considera tal concepto una contradicci贸n), que lleven a una amplia participaci贸n comunitaria y la mantengan de forma permanente. Se trata de que los ciudadanos recuperen el poder que el Estado les ha arrebatado. El municipalismo libertario llama “municipalidades” a este tipo de comunidades pol铆ticas potenciales. A pesar de que las municipalidades var铆an en tama帽os y en estatus legal, puede decirse que todas tienen en com煤n las caracter铆sticas y tradiciones suficientes como para que reciban esa denominaci贸n. Son lugares que tienen un potencial pol铆tico, en los que la tradici贸n de democracia directa (aqu铆 Bookchin recoge toda una tradici贸n hist贸rica) puede ser revitalizada. Podemos denominar a este espacio p煤blico como potenciamente autogestionable (si no queremos hablar de un gobierno o de democracia, para no caer en t茅rminos que resultan confusos en las ideas libertarias).

Naturalmente, ese deseable 谩mbito pol铆tico libertario, entendido desde la perspectiva del municipalismo, solo puede realizarse si la vida comunitaria se reduce a determinada escala. Las grandes ciudades actuales se descentralizar铆an en municipalidades m谩s peque帽as susceptibles de ser autogobernadas. El poder pasar铆a del Estado y los ayuntamientos a esas peque帽as municipalidades, nacer铆an nuevos espacios p煤blicos, una nueva infraestructura y producciones econ贸micas locales. Es posible que las personas pasaran de la actual vida estresante, en la que se ven obligados a desplazarse continuamente, a una mayor implicaci贸n en lo local, si as铆 pueden realizarse personalmente. Esta descentralizaci贸n no tiene por qu茅 afectar a todas las instituciones, ya que en el caso de, por ejemplo, las universidades y los grandes hospitales ser铆a m谩s efectivo mantenerlos. En cualquier caso, se espera que la implicaci贸n de los ciudadanos en los asuntos p煤blicos condujera a un nuevo florecimiento cultural, de tal manera que se decidiera crear escuelas, teatros o recintos sanitarios sin necesidad de cerrar los grandes centralizados. Del mismo modo que puede producirse la descentralizaci贸n institucional, tambi茅n puede darse una f铆sica. Esa descentralizaci贸n geogr谩fica alude al entorno construido de una gran ciudad en referencia a su terreno e infraestructura. Gracias a ello, es posible recuperar un equilibrio entre la ciudad y el campo, entre la vida social y la bioesfera. Es sabido que Bookchin ten铆a una gran preocupaci贸n por edificar una comunidad ecol贸gicamente s贸lida.

Despu茅s de los dos tipos de descentralizaci贸n, debe haber un proceso democratizador directamente vinculado. Las instituciones creadas, de democracia directa, estar铆an formadas por asambleas de ciudadanos (reuniones generales en las que todos los ciudadanos de un 谩rea determinada se re煤nen, deliberan y toman decisiones sobre los asuntos comunitarios). De nuevo se apela la la historia para llegan a normas y pr谩cticas racionales. Por supuesto, la intenci贸n transformadora es contraria a toda jerarquizaci贸n, por lo que en ese sentido las praxis anteriores pueden ser rechazables. En cualquier caso, no se habla en ning煤n caso de instituciones inmutables, todas son susceptibles de mejora. Los lugares de reuni贸n, as铆 como la periodicidad y duraci贸n de las asambleas, ser谩n cosa de los ciudadanos, siempre tratando de fomentar la participaci贸n p煤blica. Las normas establecidas se decidir谩n en las primeras acciones de la asamblea, teniendo en cuenta que no se habla de un poder separado de la sociedad, ya que se encuentra bajo el control de los ciudadanos gracias a la municipalidad. Pueden establecerse comit茅s de barrio, consejos y juntas consultivas y administrativas, siempre dirigidas a influir sobre los temas que interesen y siempre respetando la pol铆tica que decida la asamblea. Los temas deber铆an ser expuestos de la forma m谩s amplia posible, fomentando siempre el debate, algo propio de una democracia directa, y respetando la pluralidad de puntos de vista. Toda persona tiene el derecho a hablar en la asamblea, aunque el car谩cter de cada uno puede dificultar este hecho, siempre se pueden buscar formas de dar a conocer una forma de pensar (a trav茅s de las personas m谩s capacitadas) y aprender con el tiempo a expresarse mejor y adquirir confianza.

Las personas que tienen una tendencia libertaria rechazan que sea una mayor铆a la que tome las decisiones, ya que eso supone obligar a la totalidad de la comunidad. Puede decirse que el gobierno de la mayor铆a es siempre coercitivo y contrario a la libertad individual. La propuesta que se suele dar es el consenso, en el cual no se toma ninguna decisi贸n final hasta que todos los miembros de la comunidad est谩n de acuerdo. Esta b煤squeda de consenso es apropiada, y puede funcionar en grupos peque帽os. Sin embargo, en grupos mayores y heterog茅neos la cosa se complica, hasta el punto de que incluso la voluntad de uno o de un grupo peque帽o puede dificultar la toma de decisiones. Es pr谩cticamente imposible que todos los miembros de la comunidad est茅n de acuerdo en todas las decisiones. El conflicto forma parte de la pol铆tica, y la disidencia es buena, ya que hay individuos que pueden considerar que una decisi贸n no es adecuada para ellos mismos o, incluso, para la comunidad. No obstante, la b煤squeda de consenso puede tener tambi茅n sus trampas y sus coacciones diversas (la sicolog铆a social puede decir mucho sobre c贸mo la gente toma sus decisiones), incluso personas que disienten pueden ser empujadas a votar finalmente con la mayor铆a sin que esa sea su aut茅ntica voluntad. De la misma manera, provocando que el disidente se excluya del voto supone eliminarle sin m谩s de la esfera pol铆tica y hacerlo tambi茅n con su punto de vista. Es por eso que Bookchin critica el consenso, ya que, o bien intensifica el conflicto hasta fracturar la comunidad, o bien acaba con el silencio de los disidentes. Una alternativa es que los disidentes voten abierta y libremente, manifestando su oposici贸n a la mayor铆a, con la esperanza de que su decisi贸n influya sobre el cambio. De esta forma, aunque sea una mayor铆a la que toma las decisiones que afectan a la vida social, la minor铆a se reserva la libertad de intentan derrocar lo decidido. Siempre existir谩 la libertad de expresar las discrepancias, ordenada y razonadamente, intentar convencer a los otros de que el punto de vista propio es mejor, y la asamblea puede documentar al respecto. De esta manera, las minor铆as preparan el terreno para demostrar que una decisi贸n puede haber sido equivocada y, al mismo tiempo, provocan el desarrollo de la conciencia pol铆tica de la comunidad.

La aparici贸n del 谩mbito pol铆tico

Vamos a tratar de realizar una distinci贸n hist贸rica, atendiendo a ciertos pensadores, sobre la distinci贸n entre el 谩mbito pol铆tico y otras esferas de la intervenci贸n humana. Murray Bookchin, sin dudarlo, establece tres 谩mbitos: el pol铆tico, el social y el Estado. En la Antigua Grecia, Arist贸teles solo reconoc铆a una dualidad: la esfera social y la pol铆tica. Muchos pensadores han continuado pensando como el estagirita, como es el caso de Hannah Arendt, aunque esta autora parece ser que lo que llamaba 谩mbito pol铆tico es lo que ahora podemos considerar el Estado (una confusi贸n, por otra parte, habitual).

El 谩mbito social podemos considerarlo el 谩mbito privado, y no podemos confundirlo con la sociedad en su conjunto. La esfera privada es la m谩s antigua de los tres 谩mbitos mencionados por Bookchin, de tal forma que en la prehistoria, en forma de grupos y tribus, las comunidades humanas se estructuraban alrededor de 茅l. Al no existir el Estado, lo que podemos llamar vida grupal coexist铆a en las primeras sociedades con el 谩mbito social. Todas aquellas comunidades se manten铆an cohesionadas y organizadas por el parentesco, pero tambi茅n por otros factores que se consideraban hechos biol贸gicos inalterables (como los roles atribuidos al sexo o la cuesti贸n de la edad). Es posible que tardara en aparecer la diferencia de clases y la dominaci贸n en la misma sociedad, d谩ndose tal vez una solidaridad gracias a esos factores de cohesi贸n, aunque lo que parece seguro es que la aparici贸n del chovinismo y el racismo (hostilidad hacia otras tribus, al considerarlos una amenaza, y consideraci贸n de una taxonom铆a diferente hacia sus miembros) fue algo consustancial al nacimiento de las primeras sociedades. Ello no implica que no existieran tambi茅n muestras de benevolencia hacia los extranjeros, aunque hay que tener en cuenta siempre los factores supersticiosos que empujaban a considerarlos algo peligroso.

Las sociedades tribales eran n贸madas, cazaban y recolectaban, y en algunas ocasiones recurr铆an a formas b谩sicas de horticultura. Con el neol铆tico, se da un cambio de paradigma econ贸mico, la agricultura y cr铆a de animales conducen a que las tribus se establezcan en aldeas estables. Con ello, lleg贸 el hecho del almacenamiento de v铆veres, con lo que algunos miembros se convirtieron en los distribuidores y, consecuentemente, en poseedores de bienes y riqueza. Se dio lugar as铆 a la divisi贸n de clases, lo que acentu贸 la jerarquizaci贸n ya existente (se dio la supremac铆a al g茅nero masculino, cre谩ndose la cultura del patriarcado). El concepto del cham谩n dejo paso a lo que se pueden considerar ya sacerdotes, fortaleci茅ndose tambi茅n la instituci贸n religiosa con sus demandas ya claramente materiales. Sin embargo, tal vez la consecuencia m谩s importante en este cambio de paradigma econ贸mico es el nacimiento de las ciudades: grandes asentamientos permanentes sin producci贸n propia, dependiendo del grano importado del campo. Los componentes de estas ciudades ten铆an su vida estructurada, no ya alrededor del parentesco, sino por la proximidad de residencia y por los intereses compartidos. Poco a poco, la ciudad se convirti贸 en una forma de vida en la que el principio de organizaci贸n social no eran ya los lazos de parentesco; la gente no se consideraba ya miembro de una tribu, sino que se ve铆a a trav茅s del prisma de un estatus social o de la pertenencia de bienes, o de una determinada residencia o profesi贸n. Aunque seguir铆an existiendo prejuicios 茅tnicos, la nueva situaci贸n produjo que se diluyeran en cierta medida, un nuevo orden social transform贸 a la gente de una condici贸n tribal en componentes de grupos heterog茅neos y potencialmente cosmopolitas. Era el germen de lo que podemos llamar la universalidad humana.

Insistiremos en que estas ciudades, por muy heterog茅neas que fueran, no eran para铆sos de igualdad. Exist铆an jerarqu铆as militares y religiosas, as铆 como divisi贸n de clases y de g茅nero. Las 茅lites que gobernaban dominaban a los ciudadanos comunes, los cuales trabajaban para proporcionar bienes o se convert铆an en soldados forzosos para brutales periodos de guerra. Por otra parte, la ignorancia sobre los fen贸menos naturales hizo m谩s poderosa a la clase sacerdotal. Incluso, estas primeras ciudades se pod铆an ver como vastos templos. Sin embargo, y a pesar de todas estas tiran铆as, podemos considerar que la revoluci贸n urbana abri贸 la posibilidad de que pudieran existir tambi茅n comunidades libres e igualitarias. El hecho de que las personas tuvieran conciencia de una humanidad universal, tambi茅n dio lugar a la posibilidad de una organizaci贸n 茅tica y racional. Es por eso que la aparici贸n de la ciudad inauguro el desarrollo de lo que podemos llamar “谩mbito pol铆tico”. Esta esfera se caracteriza por la existencia en una misma ciudad de intereses compartidos y de espacios p煤blicos mantenidos en com煤n por comunidades inter茅tnicas. El 谩mbito social queda f铆sicamente delimitado por las paredes del hogar, m谩s all谩 est谩 el 谩mbito p煤blico (calles, plazas y lugares de reuni贸n). En ese espacio p煤blico, los ciudadanos pod铆an comerciar, encontrarse, relacionarse, influenciarse mutuamente, intercambiar noticias y hablar de asuntos comunes. Eran espacios que, potencialmente, pod铆an ser usados para fines c铆vicos y actividades pol铆ticas. Es la polis griega, a pesar de las desigualdades ya mencionadas, la que define y concreta el 谩mbito pol铆tico como el campo de la autogesti贸n por democracia directa: la libertad positiva de una comunidad como conjunto, con la cual las libertades individuales est谩n estrechamente entretejidas. Ah铆 se puede situar la tradici贸n de democracia directa, que es ahogada por los grandes imperios que llegan despu茅s, pero que reaparece a lo largo de la historia (como es el caso de algunas comunas medievales). En pleno feudalismo autoritario, algunos ciudadanos reclamaban un espacio para autogestionar sus asuntos sin 茅lites gobernantes.

La aparici贸n del 谩mbito pol铆tico abre la posibilidad de una comunidad libre y autogestionada, pero las 茅lites pol铆ticas siguen ejerciendo su autoridad sobre la vida pol铆tica (apelando incluso a derechos tribales ancestrales supuestamente superados). Por otra parte, los ejemplos hist贸ricos de lo que podemos llamar “democracias directas” conservan numerosos rasgos olig谩rquicos, xen贸fobos y discriminatorios de diversa 铆ndole. Sin embargo, todos esos defectos son contextualizables, propios de un determinado momento en la totalidad de una 茅poca. Era seguramente muy complicado que no se diera la esclavitud en la Antigua Grecia, al igual que en otras sociedades del momento, pero s铆 se mostraron superiores a las monarqu铆as represivas de esas regiones y generaron el concepto del 谩mbito pol铆tico. El Estado, al igual que los 谩mbitos social y pol铆tico, tambi茅n tiene un desarrollo hist贸rico del que nos ocuparemos en otro textos.

Formaci贸n ciudadana

El liberalismo es, al menos al d铆a de hoy, una teor铆a pol铆tica primordial para la democracia representativa. Seg煤n esta idea, el individuo es libre y soberano para elegir entre una serie de opciones en unas elecciones democr谩ticas. Tambi茅n, entre las libertades que preconiza el liberalismo, est谩 la presunta libertad para buscar su beneficio personal. La cultura norteamericana, puede decirse, es la exacerbaci贸n de esta visi贸n heroica y abnegada del individuo en buscar de una determinada meta. Sin embargo, no es demasiado complicado desmontar esta visi贸n de un individuo aut贸nomo, que no depende de un v铆nculo social, ni a nivel privado ni a nivel comunitario. No est谩 nunca dem谩s insistir en esta visi贸n falaz del liberalismo, cuyos postulados son meramente negativos; es decir, autonom铆a e independencia son conceptos que no adquieren un sentido pleno ni positivo si no los vinculamos a lo social. El individuo solo puede realizarse aceptando su condici贸n de “animal social”, no independiz谩ndose de la sociedad, ya que necesita el apoyo y la solidaridad de la comunidad. Las m谩s nobles aspiraciones son, tanto individuales, como sociales, y solo el individuo plenamente desarrollado puede comprender esto. Incluso, a pesar de lo que sostenga el liberalismo, las etapas de mayor atomizaci贸n pueden coincidir con un mayor poder del Estado y de otras instancias a las que el individuo se subordina. En las sociedad contempor谩nea, desgraciadamente, el ciudadano se ve reducido a su condici贸n de votante y de contribuyente; tanto el Estado, como el sistema capitalista, promueve la infantilizaci贸n, perpet煤an la dependencia y la subordinaci贸n (aunque esa intenci贸n adopte la forma de tutela en tantas ocasiones). En este contexto, potenciado por una sociedad de consumo que nos empuja a acumular bienes de manera irracional, nos convertimos en extremadamente vulnerables a la manipulaci贸n por parte de personas y de instituciones. Elegir a un candidato a un puesto, tal y como elegimos un producto en el mercado, debe ser substituido por una vida pol铆tica activa con un compromiso claro con los asuntos que nos afectan. Por lo tanto, hay que trabajar para desmontar esa mistificaci贸n de un individuo aut贸nomo y autodeterminado desprendido de todo nexo social.

Nuestra capacidad de razonar, la dependencia mutua que tenemos con otras personas y la necesidad de la solidaridad deber铆an ayudar a una existencia m谩s activa y a la creaci贸n de un nuevo 谩mbito pol铆tico libertario. El Estado, el capitalismo y la jerarqu铆a social pueden ser substituidos por las instituciones cooperativas adecuadas. Esta perspectiva, por ejemplo para Murray Bookchin y su idea del municipalismo libertario, pero tambi茅n en nuestra opini贸n desde cualquier perspectiva 谩crata (un socialismo descentralizado, una autogesti贸n de lo social), se realiza desde el 谩mbito de lo local. Una nueva sociedad requiere de un nuevo car谩cter social e individual, nada de votantes y contribuyentes pasivos. Nuevas potencias del car谩cter, virtudes c铆vicas y compromisos pueden desarrollarse en un nuevo contexto. Entre todo ello, otorgar un campo m谩s extenso para la raz贸n y para la solidaridad (compromiso con el bien p煤blico) es primordial. El esfuerzo y la responsabilidad compartidos de todos los miembros de la comunidad es lo que hace a 茅sta posible. Tantas veces, se ha cuestionado la capacidad de los ciudadanos para gestionar con sentido com煤n de manera directa, pero precisamente en potenciar la raz贸n, algo tan cuestionado en la posmodernidad, estriba la cuesti贸n. Para un debate constructivo, es necesaria la raz贸n, precisamente para superar todo partidismo y prejuicio, para demostrar la superioridad de una sociedad cooperativa frente a otra competitiva en la que las personas est谩n atomizadas. Esta visi贸n socialista no elimina la posibilidad de una vida personal enriquecedora, todo lo contrario, promueve un mayor sentido en las relaciones humanas. De hecho, debemos analizar siempre qu茅 relaci贸n tenemos con las personas de nuestro entorno, y acabaremos descubriendo el miedo y la desconfianza que prevalecen sobre cualquier otro factor. Al compartir proyectos, las personas desarrollamos nuevos v铆nculos solidarios y responsabilidades conjuntas, podemos ganarnos la confianza de los dem谩s y dar lugar a nuevas situaciones. En definitiva, individualidad y comunidad pueden reforzarse y alimentarse mutuamente desde una perspectiva libertaria. Observar el compromiso y la vida activa, no como una pesada carga, sino como una forma de realizaci贸n es la base para este nuevo contexto social.

La mentalidad estatal, es decir conservadora, considerar谩 siempre al ciudadano como un cr铆o incompetente y escasamente razonable. Con las adecuadas experiencias y preparaci贸n, los ciudadanos pueden adoptar posiciones razonables y constructivas. Solo hace falta desprenderse de prejuicios y tener la paciencia necesaria y fortaleza de car谩cter. La pol铆tica puede pasar de la clase dirigente, de la profesionalizaci贸n, a la gente de la calle. Precisamente, el grado de maduraci贸n de los ciudadanos es lo que puede alcanzar un compromiso pol铆tico no profesional, sin subordinaciones a jerarqu铆a alguna. Esa actitud de las personas para autogestionar la sociedad no brota de la noche a la ma帽ana, puede ser resultado de una preparaci贸n cuidadosa, un formaci贸n cultural y personal propia de una nueva situaci贸n. Los antiguos atenienses, denominaban a esta educaci贸n paideia, el cultivo apropiado de las cualidades c铆vicas y 茅ticas necesarias para la ciudadan铆a. Esa educaci贸n puede estar dirigida tambi茅n a una identificaci贸n con la comunidad y hacia una responsabilidad con ella, hacia la participaci贸n asamblearia de manera racional, tolerante y creativa. Esta formaci贸n de ciudadanos se produce tambi茅n en la participaci贸n pol铆tica, la mejor escuela es sin duda una nueva sociedad cooperativa y participativa, integrada por individuos responsables. Es una tarea inmensa, que no pasa por un mero compromiso pol铆tico, ya que el ser humano necesita tantas veces respuestas vitales inmediatas. Es necesario, como hemos dicho antes, mucha paciencia y car谩cter para lograr resultados y transformar la sociedad. Desgraciadamente, muchas personas reducen su conceptos de la pol铆tica al arte de gobernar, al Estado, y no son capaces de encontrar una alternativa clara al sistema econ贸mico. Sin embargo, a medida que vayamos encontrando nuestras propias respuestas, gracias a tratar de escapar de toda subordinaci贸n y a construir m谩s 谩mbitos de debate, junto a m谩s v铆as solidarias y participativas, es posible que se vayan cimentando las bases de un nuevo contexto libertario.

La descentralizaci贸n institucional

Lo deseable es que las personas recuperen el 谩mbito pol铆tico de lo local (podemos llamarlo municipalidad, en consonancia con el pensamiento de Murray Bookchin, ya que la terminolog铆a es menos importante que los hechos). Tal y como hemos comprobado en los 煤ltimos a帽os, con movimientos sociales como el 15-M, se forman asambleas y el poder pasa a los ciudadanos, lo que requiere un esfuerzo consciente por parte de cada persona. Los anarquistas, como movimiento social, tal vez sean los que m谩s experiencia tengan en este sentido, por lo que pueden ayudar a formar y a movilizar a los ciudadanos y a establecer las asambleas. Aunque, en gran medida, pueda haber mucho de espontaneidad en el movimiento, solo la organizaci贸n libertaria establecer谩 bases s贸lidas para la transformaci贸n social. Resulta esencial que se creen tambi茅n grupos de estudio, que debatan y busquen respuestas ante todas las necesidades locales. Solo a trav茅s de la autoeducaci贸n, tratando de vencer todos los obst谩culos que se puedan presentar, puede luego ayudarse a los dem谩s y propiciar que se eduquen a s铆 mismos. Todo ello contribuir谩 a hacer avanzar un movimiento libertario desde lo local, sin que existan tendencias centralistas y autoritarias. En cualquier caso, es imprescindible el florecimiento cultural, tal y como propicia el anarquismo, solo posible donde se d茅 la m谩xima libertad con la m谩xima igualdad.

Insistir en el esfuerzo consciente y en la educaci贸n social es algo importante, con toda la dificultad que ello conlleva en nuestra sociedad, tan dada al aislamiento y a la enajenaci贸n. Bookchin apostaba por la creaci贸n de una fuerza identificable dentro de la comunidad, la cual deber铆a darse un nombre previo, claro y reconocible, para desarrollar una inconfundible identidad pol铆tica. Es esta fuerza, o movimiento, la que puede ayudar a la educaci贸n p煤blica, captando los temas que sean de mayor inter茅s. La implicaci贸n en lo local supone poner en marcha an谩lisis, estudios, medios, expresiones art铆sticas…, todo aquello que ayude al conocimiento de un determinado tema y lo ponga al alcance general. Pueden publicarse y distribuirse todos las expresiones a trav茅s de los lugares m谩s frecuentados. A modo de la antigua tradici贸n del 谩gora, pueden hacerse lecturas, conferencias y debates en espacios p煤blicos o en cierto centros, todo ello propiciando la continua educaci贸n sobre los m谩s variados temas, incluyendo la formaci贸n pol铆tica. Aunque en la sociedad capitalista pueda haber rasgos cooperativos, que fortalecen la solidaridad en comunidad, solo la creaci贸n de asambleas de ciudadanos y el florecimiento de una nueva vida cultural y pol铆tica puede crear una sociedad libertaria, junto a las instituciones que le dan sentido, de forma permanente. Verdaderamente, se necesita una gran preparaci贸n, 茅tica y pol铆tica, junto a una voluntad y una paciencia f茅rreas, para explicar a los dem谩s lo importante de la sociedad libertaria.

Un problema que planteaba Bookchin, que no se produce en pueblos y ciudades, era el de los suburbios. Los grupos que se hallen en un 谩rea suburbana pueden desplazarse durante largo tiempo sin que den con un espacio p煤blico, pisando solo propiedad privada y apenas relacion谩ndose con otros seres humanos. El anarquismo se basa en la existencia de la comunidad, por lo que tiene m谩s sentido en aquellos lugares donde la gente se encuentra con los dem谩s con cierta frecuencia. En los suburbios, el sentimiento comunitario es m谩s d茅bil que en pueblos y ciudades, aunque tambi茅n existen intereses comunes sobre educaci贸n, medio ambiente, transporte o econom铆a local. El ser humano necesita vivir en sociedad para poder desarrollarse, resulta impensable que haya nadie que lo dude a estas alturas (incluso aquellos cr铆ticos con la vida en sociedad, tienen que pensar que son igualmente determinados por ella, aunque sea por su propio y deseado aislamiento), por lo que las necesidades pr谩cticas de nuestra existencia, individual y social, hacen que sea necesario que nos entendamos con los dem谩s. No de forma casual, sino de una forma deliberada y consciente, ya que solo ello puede tender a la liberaci贸n. Para ello, sea donde sea el contexto urbano en el que vivamos, hay que buscar espacios p煤blicos donde se delibere y se conduzcan adecuadamente las reuniones.

En el caso de las grandes ciudades, con la concentraci贸n a veces de millones de personas, se presentan otro tipo de problemas. Tantas veces, las personas somos extra帽as unas a otras, a pesar de vivir en el mismo vecindario. Esta densidad de poblaci贸n parece excesiva para la creaci贸n de asambleas populares, ya en la Antigua Grecia se consideraba que la polis deb铆a ser lo suficientemente peque帽a para que los ciudadanos se conocieran entre s铆. En estas ciudades enormes, se produce el mismo poder pol铆tico que en un Estado, por lo que la democracia directa plantea verdaderas dificultades. No obstante, tal como dice Bookchin, la administraci贸n del municipio tiene diferencias con la del Estado-naci贸n, ya que la implicaci贸n del ciudadano es m谩s accesible y los centros vecinales no son tan dif铆ciles de crear. Las juntas escolares y la reuniones de distrito permiten a los ciudadanos de un mismo vecindario reunirse y hablar de problemas comunes. Es posible que una descentralizaci贸n f铆sica fuera complicado, y extendida en el tiempo, pero una descentralizaci贸n institucional puede iniciarse en cualquier momento, como podemos ver en ciertos movimientos sociales, de 谩mbito general, con la creaci贸n de asambleas populares. Los rasgos libertarios se encuentran en esta creaci贸n de asambleas populares por barrios, y tambi茅n en su posterior confederaci贸n, que puede tratar de coordinar cuestiones como el transporte, la sanidad y otros servicios. Es un inicio de descentralizaci贸n institucional, a nivel de barrios, que puede conducir a transformaciones generales tambi茅n en aspectos log铆sticos y estructurales.

Siendo, como somos, los anarquistas siempre cr铆ticos con eso llamado “identidad colectiva”, creyendo siempre en una liberaci贸n individual 铆ntimamente ligada a la cuesti贸n social, hay que aceptar las diferentes culturas y sensibilidades que albergan las grandes ciudades. Una descentralizaci贸n institucional, que asegure la potestad de los ciudadanos para gestionar los asuntos que les ata帽en, donde las personas de sensibilidad libertaria posibiliten que se asegure la pluralidad, la dignidad y el respeto, solo conseguible gracias a la m谩xima libertad junto a la m谩xima igualdad, y donde se produzca un ilimitado florecimiento cultural y pol铆tico, es un camino en el que la utop铆a puede ir haci茅ndose realidad y alej谩ndose cada vez un poco m谩s hacia adelante.

Fuente: http://www.portaloaca.com/pensamien…




Fuente: Grupotortuga.com