June 17, 2021
De parte de Anarquia.info
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El 8 de febrero de 1921 muri贸 Piotr Kropotkin, te贸rico anarquista y cient铆fico. El af谩n por conservar su legado intelectual llev贸 a la creaci贸n del Museo Kropotkin en Mosc煤. Esta es su historia.

Recorrido en homenaje a Pavel Kropotkin en la ciudad de Dmitrov a la estacio虂n para enviar su cuerpo a Moscu虂.

Despu茅s de un d铆a g茅lido en la localidad de Dmitrov, la noche se volvi贸 silenciosa. Poco a poco fueron llegando vecinos y allegados a la casa de los Kropotkin. Era el 8 de febrero de 1921 y la noticia de la muerte de Piotr corr铆a como la p贸lvora; hac铆a poco m谩s de un mes que hab铆a cumplido los 78 a帽os. La ciudad, un peque帽o enclave agr铆cola situado al norte de la populosa Mosc煤, pronto se convirti贸 en un hervidero de idas y venidas, de caras nuevas y de caras conocidas. A la ma帽ana siguiente, sus vecinos 鈥攎ayoritariamente campesinos鈥 guardaban su turno frente a la casa para despedirse de 茅l y, 鈥攅n la medida de lo posible鈥 dar aliento a Sof铆a y Sasha, su mujer e hija respectivamente.

Piotr Kropotkin, el anciano te贸rico anarquista, acababa de morir dejando un legado cuya influencia superaba con creces cualquier expectativa. El anarquista, adem谩s de teorizar sobre el anarcocomunismo, las c谩rceles, los Estados o el apoyo mutuo, era un gran cient铆fico, un pensador y un hombre muy respetado por un inmenso n煤mero de personas. Sus aportaciones iban m谩s all谩 de su c铆rculo, siendo hasta le铆do y considerado por sus adversarios pol铆ticos. Incluso el diario bolchevique Pravda le dedic贸 dos art铆culos en su p谩gina principal.

Instalacio虂n del atau虂d con el cuerpo de PA Kropotkin en un automo虂vil para el transporte desde las montan虄as Dmitrov a Moscu虂

En muy pocas horas se estableci贸 una comisi贸n para organizar todos los actos que estaban por venir. All铆, en Dmitrov, a煤n con la fatalidad de la noticia, sus familiares y amigos m谩s cercanos planificaron los preparativos. Emma Goldman, Aleksandr Berkman y 鈥攅ntre otros鈥 el m茅dico armenio Atabekian, se hab铆an desplazado r谩pidamente al lugar para despedirse del viejo compa帽ero. El cuerpo de Kropotkin se traslad贸, entre un gent铆o, desde su casa hacia la estaci贸n de tren, donde tom贸 camino hasta Mosc煤. All铆, en la capital donde hab铆a nacido, miles de personas se acercaron para verle por 煤ltima vez; muchos no hab铆an le铆do sus libros, pero mostraban respeto ante el te贸rico revolucionario ca铆do. Los mensajes y las condolencias llegaban desde los lugares m谩s lejanos e inh贸spitos.

Despu茅s de varios d铆as y no pocas pol茅micas, su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Novod茅vichi. Piotr Kropotkin hab铆a muerto, pero algunos pocos se resist铆an a que su legado desapareciera para siempre. No eran momentos f谩ciles para el anarquismo ni para las organizaciones anarquistas, pues la reciente guerra civil rusa, el comunismo de guerra y la vigilancia sobre las disidencias originaban todo tipo de dificultades.

La comisi贸n funeraria de Dmitrov pronto gener贸 la aparici贸n de varios comit茅s en memoria del viejo anarquista. Los grupos m谩s activos, los organizados en Petrogrado y Mosc煤, iniciaron tensas y largas gestiones para dar con una f贸rmula en la que todas las partes se sintieran a gusto.

Las controversias fueron muchas, pues eran varios los intereses; por un lado, un grupo de anarquistas rusos que aspiraban a perpetuar la memoria de Kropotkin bas谩ndose en sus planteamientos ideol贸gicos. Por otro, un colectivo importante tambi茅n de colaboradoras y amigas, seguidoras de su trabajo m谩s cient铆fico, que anhelaban reclamar sus aportaciones en los campos acad茅micos, especialmente en la biolog铆a y en la geolog铆a. Por si fuera poco, todo se complicaba con la intervenci贸n de las autoridades rusas, que vigilaban cualquier movimiento, pues esperaban que con la muerte del ge贸grafo 谩crata se diluyera su idea poco a poco.

Los kropotkinianos, si es que podemos llamarlos as铆, coincidieron en la necesidad de que m谩s all谩 de sus diferencias y posicionamientos, era necesario consolidar un espacio en el que se pudiera recoger todo el legado de Piotr. La tarea era compleja y la f贸rmula a desarrollar converg铆a de com煤n acuerdo en la creaci贸n de un museo-archivo en el epicentro del comunismo, Mosc煤. As铆 que, manos a la obra, los diferentes grupos de trabajo iniciaron gestiones y tambi茅n solicitaron permisos 鈥攃on las autoridades bolcheviques鈥 para poder convertir, a la mayor brevedad posible, una de las casas de la familia del cient铆fico en el futuro espacio muse铆stico.

El autodenominado comit茅 Kropotkin se marc贸 como tarea fundamental la apertura de ese enclave, por lo que contact贸 con instituciones cient铆ficas de todo tipo con la finalidad de recabar apoyos y fondos documentales o econ贸micos con los que poder dar forma al proyecto. La futura instituci贸n, que ser铆a presidida honor铆ficamente por Sof铆a Kropotkin, contaba con la presidencia ejecutiva de la revolucionaria rusa Vera Figner y con delegados de las diversas secciones que la deb铆an componer. La presencia de cient铆ficos y cient铆ficas de gran prestigio fue tambi茅n fundamental para dar el impulso inicial a la idea.

Las sospechas de las autoridades rusas eran l贸gicas, pues en torno a la instituci贸n se agruparon algunos de los anarquistas m谩s significativos por aquel entonces en Mosc煤: Atabekian, Lebedev o Borovoy, por ejemplo. El Museo Kropotkin abri贸 definitivamente sus puertas en diciembre de 1923, en el n煤mero 26 de la calle Shatniy Lane, enclave c茅ntrico en el que vivi贸 durante sus primeros a帽os de vida. Las aportaciones de cuadros, libros, cartas y otros materiales llegaban a cuentagotas desde diferentes partes del mundo; con ellas, poco a poco, se fue dotando el espacio. En 1925 consiguieron incorporar al museo la biblioteca personal de Kropokin que a煤n se conservaba, junto con buena parte de su archivo personal y correspondencia, procedentes de Inglaterra.

Se prepararon charlas, explicaciones, boletines de noticias y hasta una gu铆a para el visitante. Pero las dificultades iban en aumento. Tanto internamente, como externamente, la gesti贸n del legado de Kropotkin se enfrentaba a grandes contratiempos. Por un lado, en el seno de la instituci贸n, continuaba la pugna entre sus seguidores por hacerse un hueco en sus 贸rganos de gesti贸n. Un grupo de anarquistas hab铆a conseguido utilizar el espacio para reunirse y dar salida a sus conferencias y debates, cuesti贸n que levant贸 constantes problemas con las autoridades comunistas. La OGPU, la polic铆a secreta, vigilaba sus actos, pues consideraba que tras el cierre de los pocos peri贸dicos anarquistas que se manten铆an en pie y la clausura de la imprenta libertaria Golos Trud谩, el Museo Kropotkin era poco menos que el n煤cleo principal de propaganda anarquista de toda Rusia. Era de esperar que en esos primeros a帽os del mandato de Stalin se fijaran detenidamente en ese espacio y en las personas que lo frecuentaban.

Pese a los esfuerzos de algunas, separar a Kropotkin de sus ideas era pr谩cticamente imposible, por lo que las autoridades se esforzaron en realizar informes sobre unos y otros, a los que acusaron, con cierta facilidad, de difundir actividades contrarrevolucionarias. Para colmo de las autoridades, buena parte de las colaboradoras del museo hac铆an preparativos para realizar una exposici贸n y un acto conmemorativo para el cincuentenario de la muerte de Mijail Bakunin. La propaganda bakuninista en Mosc煤 gener贸 un esc谩ndalo, pues en los actos que se organizaron se lanzaron proclamas y cr铆ticas contra los bolcheviques y contra lo que consideraban una deriva de sus principios.

Piotr Kropotkin y Sofi虂a en una escena cotidiana en su domicilio.

Algunos de los organizadores del museo marcharon de la instituci贸n a medida que iban perdiendo protagonismo, mientras se aumentaba la vigilancia sobre las actividades que realizaban tanto dentro como fuera del mismo. Varios trabajadores, incluidos sus bibliotecarios, sufrieron detenciones y encierros.

Pero los problemas con las autoridades no eran los 煤nicos a los que deb铆an hacer frente; a finales de los a帽os 20, a la vez que crec铆an los fondos muse铆sticos, los problemas de autonom铆a econ贸mica del centro aumentaban y se hac铆an estructurales. Mantener el museo y sus actividades generaba un coste econ贸mico dif铆cilmente asumible, si se hac铆a al margen de las autoridades. La instituci贸n se mantuvo econ贸micamente por las aportaciones que llegaban principalmente desde Norteam茅rica. Los kropotkinianos de los Estados Unidos, Canad谩, Francia, Alemania y de otros lugares, organizaban rifas y ceremonias para aportar d贸lares y rublos al proyecto. Pero su realidad, la econ贸mica, no era ajena a la del resto; la crisis econ贸mica de 1929 y, por qu茅 no decirlo, la p茅rdida de presencia p煤blica de los anarquistas, se hicieron notar. La dificultad para abrir las puertas era cada vez mayor; Sof铆a Kropotkin reconoce en su correspondencia que ella ya era anciana para gestionar ese gigante y advert铆a tambi茅n de la imposibilidad de mantener sola las cargas del museo. El legado del anarquista ruso pend铆a de un hilo y la cuesti贸n econ贸mica no era m谩s que un lastre a帽adido a los que deb铆an hacer frente. Las noticias del museo dejaban de tener presencia en la prensa libertaria de la 茅poca y las dificultades para contactar con el exterior de la Uni贸n Sovi茅tica eran cada vez mayores.

La paradoja era visible: mientras se traduc铆an al chino, al yiddish o al esperanto algunas de las obras de Kropotkin y se imprim铆an a miles sus libelos en Espa帽a, el fondo documental del autor desaparec铆a, poco a poco, de la escena p煤blica. En los a帽os 30, el movimiento obrero internacional miraba para otro lado; una nueva generaci贸n ten铆a que hacer frente al ascenso del fascismo y al de los totalitarismos. Muchas de las colaboradoras del museo hab铆an muerto o estaban en los a帽os finales de sus vidas.

En 1939, en la antesala de la catarsis b茅lica, el Museo Kropotkin cerraba sus puertas definitivamente y la mayor parte de su enorme legado se guardaba en cajas. Durante la contienda mundial, los fondos documentales se transfirieron al Museo de la Revoluci贸n, tambi茅n en Mosc煤, donde permanecieron mucho tiempo. En la actualidad, parte de ese archivo se puede consultar en diversas instituciones rusas, mientras que otra parte de su contenido desapareci贸 para siempre. El antiguo museo acoge desde los a帽os 80 del pasado siglo la embajada de la Organizaci贸n para la Liberaci贸n de Palestina en Rusia. Kropotkin y su obra se diluyeron durante mucho tiempo en su Rusia natal.


Por: Jordi Ma铆z Chac贸n,




Fuente: Anarquia.info