May 14, 2021
De parte de Nodo50
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Imag铆nense por un momento que tienen en la pantalla de su televisor uno de los ya de por s铆 escasos debates pol铆ticos que hoy d铆a programan las cadenas espa帽olas de televisi贸n y que, en lugar de o铆rlo en nuestro idioma, se dobla con otro desconocido. 驴Podr铆an diferenciar claramente su formato, las secuencias, el tono, las actitudes, los tiempos, los aspavientos… del de cualquiera de esos otros 鈥渄ebates鈥 que se dedican a las cosas 鈥渄el coraz贸n鈥, a pregonar intimidades o a convertir en vulgar esc谩ndalo la vida de las 鈥渃elebrities鈥?

Lo normal es que no haya mucha diferencia por la sencilla raz贸n de que ambos se producen pr谩cticamente de igual manera, como espect谩culo, y se dise帽an y empaquetan, por tanto, como un mismo tipo de producto comunicativo y mercantil.

La Real Academia da al t茅rmino espect谩culo tres posibles connotaciones muy significativas: atraer la atenci贸n; inducir deleite, asombro, dolor u otros afectos, m谩s o menos vivos o nobles; y causar esc谩ndalo o gran extra帽eza.

Eso quiere decir que el espect谩culo es siempre un producto, la consecuencia provocada, conscientemente buscada y resultado de una estrategia espec铆ficamente dise帽ada y puesta en acci贸n.

Los contenidos de los procesos de comunicaci贸n que se conciben para ser espect谩culos han de tener, pues, una factura determinada y singular que debe responder a la intenci贸n con que se crea.

Para atraer la atenci贸n, el espect谩culo en el medio de comunicaci贸n debe ser impactante, inmediato y veloz, carente de complejidad y lo m谩s superficial posible para que sea percibido con la menor inversi贸n de tiempo y reflexi贸n. Debe orientarse a mover el 谩nimo y los afectos primarios e inmediatos, es decir, lo contrario de lo que se necesita para despertar la raz贸n y facilitar el razonamiento, por definici贸n sutiles, complejos y lentos de desplegar. El espect谩culo en comunicaci贸n ha de basarse y se basa en la simplificaci贸n y repetici贸n del lugar com煤n, en el estereotipo, en la an茅cdota y no en la categor铆a; ha de evitar la distracci贸n, eliminando referencias al contexto y dejando a un lado los matices, buscando la uniformidad a trav茅s de mensajes elementales e incluso, a ser posible, vac铆os, epid茅rmicos y emotivos aunque, precisamente por ello, tambi茅n viscerales, a diferencia de lo que produce la acci贸n reflexiva. En comunicaci贸n, el espect谩culo debe traducirse en una especie de lenguaje de c贸digo m谩quina, es decir, autom谩ticamente interpretable, porque se dilucida en t茅rminos binarios e inequ铆vocamente perceptibles: s铆 o no, a favor o en contra, bueno y malo, blanco o negro…

En la comunicaci贸n, el espect谩culo se simplifica y descontextualiza tanto que permite producir contenidos sin necesidad de disponer de informaci贸n, pronunciarse sin saber, opinar sin tener criterio y afirmar sin comprobar o haber descubierto lo que se dice. Y, sobre todo, el espect谩culo, igualmente por definici贸n, es unidireccional. En 茅l, solo se mira, y quien lo contempla no interviene o lo hace rara o incidentalmente; es decir, est谩 concebido para que ocurra exactamente lo contrario que se supone debe ocurrir en los procesos de comunicaci贸n, as铆 denominados porque implican una puesta en com煤n en la que se comparte e intercambia.

Las consecuencias no son menos sabidas. El espect谩culo desnaturaliza la comunicaci贸n porque solo fluye de un lado a otro y distrae. Relaja, en todos los sentidos del t茅rmino, el cuerpo y nuestro cerebro. Nos hace idiotas en el sentido griego de la palabra (quien se aleja de s铆 mismo y de la polis) y en el latino (persona sin educaci贸n e ignorante) porque nos ensimisma y a铆sla del contexto en que se desenvuelve y explica nuestra experiencia.

Y todo ello resulta especialmente trascendente cuando lo que convierten los medios en espect谩culo es el debate pol铆tico. Entonces, este se escenifica y se construye artificialmente, deja de ser un di谩logo natural o un reflejo veraz y espont谩neo de lo que ocurre fuera. Se modela y se perfecciona estrat茅gicamente y, por tanto, se redibuja y reconstruye. El 鈥減aquete鈥 del debate pol铆tico convertido en espect谩culo es banal y a ser posible entretenido, bipolar, superficial, nunca en profundidad, provocador, anecdotizante y emotivo, buscando, sobre todo, el impacto emocional a fuerza de promover artificialmente el choque, el desencuentro y la contienda. En los pa铆ses anglosajones lo llaman la politainment, la pol铆tica como entretenimiento y espect谩culo.

Para disimular el da帽o, se quiere hacer creer que los medios han convertido en espect谩culo cada d铆a m谩s 谩mbitos de la vida social como consecuencia de un proceso natural e inevitable, fruto del desarrollo material y tecnol贸gico

Si los resultados de todo ello son lamentables cuando se trata de la moderna 鈥減rensa rosa鈥 televisiva que convierte los plat贸s en sucios lavaderos, no es menor la degradaci贸n de la discusi贸n pol铆tica visceral, descuartizada y dicot贸mica que se promueve a conciencia con tertulianos de tan escasa verg眉enza y escr煤pulos como falta de saber, educaci贸n y conocimientos.

La exposici贸n fiel del contraste social, la deliberaci贸n sosegada y el debate pol铆tico riguroso en los medios de comunicaci贸n no son cualquier cosa, ni un lujo: son la fuente de alimentaci贸n de la democracia, su presupuesto genuino, una condici贸n sine qua non para que exista.

Para disimular el da帽o, se quiere hacer creer que si los medios han convertido en espect谩culo cada d铆a m谩s 谩mbitos de la vida social y, entre ellos, el debate pol铆tico, es como consecuencia de un proceso natural e inevitable, fruto del desarrollo material y tecnol贸gico de las industrias de la comunicaci贸n de nuestro tiempo. Y, por otro, porque eso es lo que demanda una poblaci贸n que no tiene af谩n de conocimiento sino que solo desea entretenerse y saber aquello que confirma sus creencias previas. Pero no creemos que eso sea cierto.

La tendencia hacia el predominio del espect谩culo en la producci贸n de los medios es la consecuencia de convertir la comunicaci贸n en una mercanc铆a que hay que rentabilizar, procur谩ndose una demanda lo m谩s amplia y fidelizada posible, lo que solo se puede conseguir recurriendo a contenidos planos que puedan ser susceptibles de atraer a cualquier tipo de consumidores. Es decir, ofreciendo contenidos no sutiles, susceptibles de ser asumidos sin distinci贸n ni criterio, superficiales. Y ha sido la oferta masiva de ese tipo la que ha creado su propia demanda porque, al difundir esos contenidos, conforma tambi茅n al tipo de sujeto social que los prefiere, un ser cada vez m谩s aplanado y vac铆o, conformista, que reh煤ye las verdades inc贸modas o todo aquello que ponga en cuesti贸n su esqueleto normativo particular.

No es cierto, por lo tanto, que la deriva hacia la conversi贸n en espect谩culo de cualquier dimensi贸n de la vida humana, incluso de las que nos pueden resultar m谩s dolorosas o repugnantes, sea algo natural e inevitable. Es la conversi贸n de los medios en puro comercio, su sometimiento al af谩n de lucro, la b煤squeda de cada vez m谩s ganancias, lo que lo provoca. Es la consecuencia de que se permita hacer negocio idiotizando a la gente.

Y no es verdad tampoco que eso sea una expresi贸n de una demanda social aut贸noma e inamovible. Es innegable que el espect谩culo que brindan los medios tiene hoy d铆a una demanda extraordinaria, incluso mayoritaria o dominante. Pero tambi茅n lo es que mucha y cada vez m谩s gente huye de estos contenidos, a pesar de que la inercia en este tipo de consumo es una fuerza muy poderosa y aun cuando esa huida no es gratuita. En Espa帽a, el n煤mero de abonados a la televisi贸n de pago supera ya los 8,2 millones de personas.

Si de verdad queremos vivir en democracia hay que garantizar que la poblaci贸n delibere en condiciones de aut茅ntica libertad y eso significa que hay que impedir que el debate pol铆tico se prostituya, como ocurre cuando se convierte en el espect谩culo que, en lugar de promover el conocimiento y la capacidad efectiva de elecci贸n, siembra la confusi贸n y aviva el fuego del enfrentamiento e incluso del odio civil.

Es imprescindible que los medios p煤blicos se conviertan en el espacio natural de estos debates, quiz谩 la forma m谩s aut茅ntica de mostrar que se encuentran realmente al servicio del inter茅s general. Pero tambi茅n hay que exigir que el debate que se desarrolla en los medios privados sea plural, reflexivo, ciudadano y no cainita, formativo y habilitador de la capacidad de preferir y decidir aut茅nticamente en libertad.

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Emelina Fern谩ndez Soriano es doctora en Comunicaci贸n Audiovisual y ex presidenta del Consejo Audiovisual de Andaluc铆a.

Juan Torres L贸pez es catedr谩tico de Econom铆a Aplicada de la Universidad de Sevilla.




Fuente: Ctxt.es