December 8, 2021
De parte de Memoria Libertaria
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P煤blico/Guillermo Mart铆nez

Muchos paradores tienen en su pasado el haber sido c谩rcel o campo de concentraci贸n. Melchor Rodr铆guez evit贸 una matanza de presos de derechas

https://www.publico.es/politica/memoria-historica-olvidado-pasado-franquista-parador-alcala-henares.html

Por el lugar pasaron miles de presos pol铆ticos durante la dictadura que esperaban el consejo de guerra que les juzgar铆a. La fuga de Juan March durante la Rep煤blica, altercados durante la Guerra Civil y su uso como centro de tortura y represi贸n posterior fueron algunos de los hechos que acaecieron en el emplazamiento.

“La c谩rcel era el 煤nico lugar en el que pod铆as hablar libremente de pol铆tica”. Con estas palabras recuerda el eminente historiador Nicol谩s S谩nchez-Albornoz su paso por la prisi贸n de Alcal谩 de Henares, a donde fue devuelto tras ser interrogado en la franquista Direcci贸n General de Seguridad. Le detuvieron, en 1947, cuando pertenec铆a a la Federaci贸n Universitaria Escolar (FUE) al pintar “隆Viva la universidad libre!” en la pared de la Universidad Central de Madrid. La prisi贸n de Alcal谩 alberg贸 a miles de presos pol铆ticos que esperaban en ella su juicio ante los tribunales militares durante el franquismo. Decenas de ellos murieron en las celdas por la falta de salubridad. A d铆a de hoy, el edificio es el moderno Parador de la ciudad complutense. Ninguna placa recuerda las torturas y castigos que en ese lugar sufrieron los encarcelados a manos del r茅gimen dictatorial.

La historia se remonta al siglo XVIII, cuando cierra la antigua Universidad de Alcal谩. El consistorio perd铆a, poco a poco, todo su pasado cultural forjado durante el Siglo de Oro. “Los Gobiernos de la 茅poca van a compensarlo con el establecimiento de acantonamientos militares, nuevas 贸rdenes religiosas y una prisi贸n”, explica Juli谩n Vadillo, historiador especializado en el movimiento obrero en la mencionada ciudad. Era la ciudad de las tres C: conventos, cuarteles y c谩rceles. El edificio que nos ocupa, situado en la c茅ntrica calle Colegios, era uno de estos inmuebles abandonados hasta que se convirti贸 en prisi贸n estatal.

“Durante la Segunda Rep煤blica, el 煤nico hecho rese帽able de la c谩rcel es la fuga de Juan March, aunque estuvo encarcelado a cuerpo de rey”, agrega Pilar Lled贸, historiadora especializada en la Guerra Civil en Alcal谩. Este acusado por conspirar contra la Rep煤blica se fug贸 a Gibraltar poco despu茅s. M谩s tarde, se 

convirti贸 en una de las personas que financi贸 el golpe de Estado de Francisco Franco. “Rehabilitaron su figura durante la dictadura de tal forma que acab贸 siendo un prestigioso empresario, y ahora una Fundaci贸n que lleva su nombre es paradigma de la cultura”, relata la historiadora.

Defensa de los presos de derechas

Desde el inicio de la Guerra Civil hasta su t茅rmino, la Prisi贸n Central de Alcal谩 de Henares se nutri贸 de presos pol铆ticos de derechas que apoyaron el golpe de Estado franquista, dice Vadillo. “Cuando comienza la sublevaci贸n, algunas personas acudieron a la c谩rcel para liberar a los presos encarcelados por la huelga de 1934, y lo consiguen”, 

comenta Lled贸. Es en esos a帽os cuando ocurre uno de los hechos que mayor consenso ha suscitado casi un siglo despu茅s.

Tras un bombardeo en la ciudad en el que hab铆an muerto varios civiles, el pueblo alcala铆no quiso asaltar la c谩rcel para vengarse de los reos, tal y como ya hab铆a sucedido unos d铆as antes en Guadalajara. Melchor Rodr铆guez, apodado como el 脕ngel rojo, lo impidi贸. Este anarquista era el director de Prisiones: “Se enfrent贸 a la multitud, que iba armada. Este hombre les intentaba decir que si quer铆an vengarse y luchar contra los fascistas, se fueran al frente. Despu茅s de varias horas de forcejeo les dijo que si quer铆an asaltar la c谩rcel, adelante, pero no sin antes darles armas a los presos para que se pudieran defender. Y la gente recul贸”, narra Lled贸.

Cuando finaliza la contienda, “las nuevas autoridades franquistas triunfantes convierten el lugar en uno de los centros de represi贸n de la dictadura”, en palabras de Vadillo. Desde 1939 hasta 1942, esta ciudad tuvo tribunal militar propio. “Si se les condenaba a muerte, se produc铆an las sacas en la prisi贸n. Se les fusilaba en el campo de tiro de El Val o en el cementerio de la ciudad, donde todos eran enterrados”, completa el historiador. As铆 pues, por las celdas del enclave en el que actualmente se encuentra el Parador pasaron comit茅s federales del PSOE, UGT y el PCE, aunque tambi茅n numerosos anarquistas. “Como dec铆a Marcos Ana, aunque 茅l se refer铆a a la de Burgos, la c谩rcel era una universidad”, recuerda Vadillo. En la actualidad, cerca del mismo municipio se encuentra la c谩rcel Alcal谩-Meco, construida en 1981.

V铆vida imagen de la prisi贸n

Nicol谩s S谩nchez-Albornoz, una de las dos 煤nicas personas que logr贸 fugarse victoriosamente del Valle de Cuelgamuros, donde fue destinado dentro del programa de redenci贸n de penas por el trabajo, recuerda su paso por la prisi贸n alcala铆na. Sus 95 a帽os no le han nublado la memoria: “Antes de pasar a las galer铆as, los nuevos reos se quedaban unos d铆as en cuarentena. Eran unas celdas en las que ten铆amos unos 50 cent铆metros para dormir las cinco personas que all铆 est谩bamos, al lado de un retrete”, rememora el que m谩s tarde, ya en democracia, ser铆a el director del Instituto Cervantes.

Esos d铆as de cuarentena se vieron alterados, dice S谩nchez-Albornoz, por un incidente durante la misa del domingo: “Parece ser que hab铆an postergado el fusilamiento de un preso al 14 de abril, por la fecha se帽alada. En un momento de la misa, una voz potente de un joven dijo: 隆Y el quinto, no matar! Se form贸 el foll贸n, se interrumpi贸 la misa y el director de la c谩rcel orden贸 que todos los reos pasaran por lo que llam谩bamos el tubo de la risa. Los guardianes formaban en dos filas y los presos ten铆amos que pasar entre medias mientras nos golpeaban”, se explaya el nonagenario.

Todo all铆 eran presos posteriores, es decir, cuyos delitos hab铆an sido realizados una vez terminada la Guerra Civil. S谩nchez-Albornoz cuantifica en 800 las personas recluidas que pod铆a haber en la prisi贸n, “lo que indicaba el volumen de la actividad clandestina del momento”, en sus propias palabras. 脡l mismo cuenta en sus memorias, C谩rceles y exilios (Anagrama, 2012), la composici贸n arquitect贸nica del lugar: “Del port贸n, por donde entraban y sal铆an los presos, hasta la capilla de la c谩rcel, se alzaba en dos plantas un fr铆o pabell贸n moderno de celdas alineadas en ambos costados de un corredor central. El pabell贸n albergaba a castigados, condenados a muerte o los ingresos en cuarentena”.

27/11/2021 Claustro del Parador de Alcal谩 de Henares

Claustro del Parador de Alcal谩 de Henares. 鈥 Guillermo Mart铆nez

Una vez superada la cuarentena, pudo ver el resto de la prisi贸n: “Cuatro edificios flanqueaban un patio cuadrangular de tama帽o mediano, salpicado con acacias de sombra escu谩lida. Tres naves de doble planta sin divisiones internas, usadas como dormitorios, rodeaban el patio, cerrado en su cuarto costado por un edificio de una sola planta destinado a cocina, comedor y almac茅n. Adjuntos al cuadril谩tero se encontraban el pabell贸n de celdas, la capilla y dos patios contiguos irregulares”, tal y como atestigua en la publicaci贸n.

Organizaci贸n clandestina en la c谩rcel

En realidad, los presos estaban destinados a las galer铆as seg煤n su ideolog铆a. “Socialistas, cenetistas, republicanos, comunistas鈥 Cada uno ten铆a m谩s o menos su galer铆a, menos una que estaba cerrada. Esa la dedicaron a los presos que denominaron como los intelectuales, a donde fuimos a parar miembros de la Uni贸n de Intelectuales Espa帽oles y de la FUE, pero tambi茅n j贸venes universitarios”, relata el antiguo preso.

“Mi paso por Alcal谩 se limit贸 desde el 12 de abril, m谩s o menos, hasta el mes de septiembre de 1947, cuando nos trasladaron a Madrid para ser juzgados. Dentro de la c谩rcel est谩bamos perfectamente organizados: le铆amos libros clandestinos y debat铆amos sobre ellos. Fueron unos d铆as muy activos e instructivos”, rememora el historiador, que termin贸 exili谩ndose en Francia, Argentina y Estados Unidos. As铆 recuerda S谩nchez-Albornoz en sus memorias a una de las personas destacadas con las que coincidi贸: “Obligar a los presos pol铆ticos probadamente recalcitrantes a asistir a un servicio religioso ten铆a mucho de provocaci贸n. En Alcal谩 solo hab铆a un recluso que se proclamaba cat贸lico. 脡ste era Luis Michelena, el luego conocido por Koldo Mitxelena, miembro del PNV”.

脡l mismo insiste en que “Alcal谩 era una m谩quina de represi贸n para ese tiempo” porque se daba la combinaci贸n perfecta: militares que serv铆an para la vigilancia de las c谩rceles y oficiales para los consejos de guerra, parafraseando a este hist贸rico antifranquista. En este sentido, Lled贸 cuantifica en 2.400 las personas que se encontraban en la Prisi贸n Central de Alcal谩 de Henares a 1 de enero de 1940. Junto con las dem谩s dependencias de reclusi贸n ubicadas en la ciudad complutense, como la c谩rcel La Galera, exclusiva para mujeres y muy cerca de la Prisi贸n Central, los presos ascend铆an hasta los 8.000. Entre ellos, el poeta Jos茅 Hierro, recluido en all铆, o el tambi茅n escritor Marcos Ana.

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El olvidado pasado franquista del Parador de Alcal谩 de Henares

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Por el lugar pasaron miles de presos pol铆ticos durante la dictadura que esperaban el consejo de guerra que les juzgar铆a. La fuga de Juan March durante la Rep煤blica, altercados durante la Guerra Civil y su uso como centro de tortura y represi贸n posterior fueron algunos de los hechos que acaecieron en el emplazamiento.

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27/11/2021 La zona del Parador de Alcal谩 de Henares en el que se ubican las habitaciones

La zona del Parador de Alcal谩 de Henares en el que se ubican las habitaciones. 鈥 Guillermo Mart铆nez

MADRID

27/11/2021 21:51 ACTUALIZADO: 28/11/2021 08:39

GUILLERMO MART脥NEZ@GUILLE8MARTINEZ

“La c谩rcel era el 煤nico lugar en el que pod铆as hablar libremente de pol铆tica”. Con estas palabras recuerda el eminente historiador Nicol谩s S谩nchez-Albornoz su paso por la prisi贸n de Alcal谩 de Henares, a donde fue devuelto tras ser interrogado en la franquista Direcci贸n General de Seguridad. Le detuvieron, en 1947, cuando pertenec铆a a la Federaci贸n Universitaria Escolar (FUE) al pintar “隆Viva la universidad libre!” en la pared de la Universidad Central de Madrid. La prisi贸n de Alcal谩 alberg贸 a miles de presos pol铆ticos que esperaban en ella su juicio ante los tribunales militares durante el franquismo. Decenas de ellos murieron en las celdas por la falta de salubridad. A d铆a de hoy, el edificio es el moderno Parador de la ciudad complutense. Ninguna placa recuerda las torturas y castigos que en ese lugar sufrieron los encarcelados a manos del r茅gimen dictatorial.

La historia se remonta al siglo XVIII, cuando cierra la antigua Universidad de Alcal谩. El consistorio perd铆a, poco a poco, todo su pasado cultural forjado durante el Siglo de Oro. “Los Gobiernos de la 茅poca van a compensarlo con el establecimiento de acantonamientos militares, nuevas 贸rdenes religiosas y una prisi贸n”, explica Juli谩n Vadillo, historiador especializado en el movimiento obrero en la mencionada ciudad. Era la ciudad de las tres C: conventos, cuarteles y c谩rceles. El edificio que nos ocupa, situado en la c茅ntrica calle Colegios, era uno de estos inmuebles abandonados hasta que se convirti贸 en prisi贸n estatal.

“Durante la Segunda Rep煤blica, el 煤nico hecho rese帽able de la c谩rcel es la fuga de Juan March, aunque estuvo encarcelado a cuerpo de rey”, agrega Pilar Lled贸, historiadora especializada en la Guerra Civil en Alcal谩. Este acusado por conspirar contra la Rep煤blica se fug贸 a Gibraltar poco despu茅s. M谩s tarde, se convirti贸 en una de las personas que financi贸 el golpe de Estado de Francisco Franco. “Rehabilitaron su figura durante la dictadura de tal forma que acab贸 siendo un prestigioso empresario, y ahora una Fundaci贸n que lleva su nombre es paradigma de la cultura”, relata la historiadora.

Imagen de archivo del Valle de los Ca铆dos.

Una jueza paraliza de forma cautelar la licencia de obras para exhumar a las v铆ctimas del Valle de los Ca铆dos

P脷BLICO

Defensa de los presos de derechas

Desde el inicio de la Guerra Civil hasta su t茅rmino, la Prisi贸n Central de Alcal谩 de Henares se nutri贸 de presos pol铆ticos de derechas que apoyaron el golpe de Estado franquista, dice Vadillo. “Cuando comienza la sublevaci贸n, algunas personas acudieron a la c谩rcel para liberar a los presos encarcelados por la huelga de 1934, y lo consiguen”, comenta Lled贸. Es en esos a帽os cuando ocurre uno de los hechos que mayor consenso ha suscitado casi un siglo despu茅s.

Tras un bombardeo en la ciudad en el que hab铆an muerto varios civiles, el pueblo alcala铆no quiso asaltar la c谩rcel para vengarse de los reos, tal y como ya hab铆a sucedido unos d铆as antes en Guadalajara. Melchor Rodr铆guez, apodado como el 脕ngel rojo, lo impidi贸. Este anarquista era el director de Prisiones: “Se enfrent贸 a la multitud, que iba armada. Este hombre les intentaba decir que si quer铆an vengarse y luchar contra los fascistas, se fueran al frente. Despu茅s de varias horas de forcejeo les dijo que si quer铆an asaltar la c谩rcel, adelante, pero no sin antes darles armas a los presos para que se pudieran defender. Y la gente recul贸”, narra Lled贸.

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Cuando finaliza la contienda, “las nuevas autoridades franquistas triunfantes convierten el lugar en uno de los centros de represi贸n de la dictadura”, en palabras de Vadillo. Desde 1939 hasta 1942, esta ciudad tuvo tribunal militar propio. “Si se les condenaba a muerte, se produc铆an las sacas en la prisi贸n. Se les fusilaba en el campo de tiro de El Val o en el cementerio de la ciudad, donde todos eran enterrados”, completa el historiador. As铆 pues, por las celdas del enclave en el que actualmente se encuentra el Parador pasaron comit茅s federales del PSOE, UGT y el PCE, aunque tambi茅n numerosos anarquistas. “Como dec铆a Marcos Ana, aunque 茅l se refer铆a a la de Burgos, la c谩rcel era una universidad”, recuerda Vadillo. En la actualidad, cerca del mismo municipio se encuentra la c谩rcel Alcal谩-Meco, construida en 1981.

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Esos d铆as de cuarentena se vieron alterados, dice S谩nchez-Albornoz, por un incidente durante la misa del domingo: “Parece ser que hab铆an postergado el fusilamiento de un preso al 14 de abril, por la fecha se帽alada. En un momento de la misa, una voz potente de un joven dijo: 隆Y el quinto, no matar! Se form贸 el foll贸n, se interrumpi贸 la misa y el director de la c谩rcel orden贸 que todos los reos pasaran por lo que llam谩bamos el tubo de la risa. Los guardianes formaban en dos filas y los presos ten铆amos que pasar entre medias mientras nos golpeaban”, se explaya el nonagenario.

Todo all铆 eran presos posteriores, es decir, cuyos delitos hab铆an sido realizados una vez terminada la Guerra Civil. S谩nchez-Albornoz cuantifica en 800 las personas recluidas que pod铆a haber en la prisi贸n, “lo que indicaba el volumen de la actividad clandestina del momento”, en sus propias palabras. 脡l mismo cuenta en sus memorias, C谩rceles y exilios (Anagrama, 2012), la composici贸n arquitect贸nica del lugar: “Del port贸n, por donde entraban y sal铆an los presos, hasta la capilla de la c谩rcel, se alzaba en dos plantas un fr铆o pabell贸n moderno de celdas alineadas en ambos costados de un corredor central. El pabell贸n albergaba a castigados, condenados a muerte o los ingresos en cuarentena”.

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Una vez superada la cuarentena, pudo ver el resto de la prisi贸n: “Cuatro edificios flanqueaban un patio cuadrangular de tama帽o mediano, salpicado con acacias de sombra escu谩lida. Tres naves de doble planta sin divisiones internas, usadas como dormitorios, rodeaban el patio, cerrado en su cuarto costado por un edificio de una sola planta destinado a cocina, comedor y almac茅n. Adjuntos al cuadril谩tero se encontraban el pabell贸n de celdas, la capilla y dos patios contiguos irregulares”, tal y como atestigua en la publicaci贸n.

Organizaci贸n clandestina en la c谩rcel

En realidad, los presos estaban destinados a las galer铆as seg煤n su ideolog铆a. “Socialistas, cenetistas, republicanos, comunistas鈥 Cada uno ten铆a m谩s o menos su galer铆a, menos una que estaba cerrada. Esa la dedicaron a los presos que denominaron como los intelectuales, a donde fuimos a parar miembros de la Uni贸n de Intelectuales Espa帽oles y de la FUE, pero tambi茅n j贸venes universitarios”, relata el antiguo preso.

“Mi paso por Alcal谩 se limit贸 desde el 12 de abril, m谩s o menos, hasta el mes de septiembre de 1947, cuando nos trasladaron a Madrid para ser juzgados. Dentro de la c谩rcel est谩bamos perfectamente organizados: le铆amos libros clandestinos y debat铆amos sobre ellos. Fueron unos d铆as muy activos e instructivos”, rememora el historiador, que termin贸 exili谩ndose en Francia, Argentina y Estados Unidos. As铆 recuerda S谩nchez-Albornoz en sus memorias a una de las personas destacadas con las que coincidi贸: “Obligar a los presos pol铆ticos probadamente recalcitrantes a asistir a un servicio religioso ten铆a mucho de provocaci贸n. En Alcal谩 solo hab铆a un recluso que se proclamaba cat贸lico. 脡ste era Luis Michelena, el luego conocido por Koldo Mitxelena, miembro del PNV”.

Nicol谩s S谩nchez-Albornoz.

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GUILLERMO MART脥NEZ

脡l mismo insiste en que “Alcal谩 era una m谩quina de represi贸n para ese tiempo” porque se daba la combinaci贸n perfecta: militares que serv铆an para la vigilancia de las c谩rceles y oficiales para los consejos de guerra, parafraseando a este hist贸rico antifranquista. En este sentido, Lled贸 cuantifica en 2.400 las personas que se encontraban en la Prisi贸n Central de Alcal谩 de Henares a 1 de enero de 1940. Junto con las dem谩s dependencias de reclusi贸n ubicadas en la ciudad complutense, como la c谩rcel La Galera, exclusiva para mujeres y muy cerca de la Prisi贸n Central, los presos ascend铆an hasta los 8.000. Entre ellos, el poeta Jos茅 Hierro, recluido en all铆, o el tambi茅n escritor Marcos Ana.

27/11/2021 La derruida c谩rcel para mujeres de La Galera, vista desde el Parador de Alcal谩 de Henares

La derruida c谩rcel para mujeres La Galera, vista desde el Parador de Alcal谩 de Henares. 鈥 Guillermo Mart铆nez

Algo antes de esta fecha, se inauguraron los talleres penitenciarios, “la gran baza propagand铆stica del r茅gimen, la regeneraci贸n de los presos”, en palabras de la historiadora. En el mismo lugar en el que ahora se ubica el Parador, se encontraban talleres de carpinter铆a e imprenta. “En Alcal谩 se imprim铆a Redenci贸n, el peri贸dico propagandista de las c谩rceles, y en la carpinter铆a les obligaban a tallar crucifijos. Igual que el emblema de la Rep煤blica hab铆a sido quitarlos de las escuelas, el del franquismo fue ponerlos. Este fue uno de esos espacios en los que se tallaban por unas personas que no se caracterizaban por ser muy cat贸licos. Esa era la reeducaci贸n de los presos”, indica Lled贸.

El olvido sobre la memoria




Fuente: Memorialibertaria.org