December 20, 2020
De parte de Lobo Suelto
186 puntos de vista

鈥淐on orgullo debo decir que mi padre nos hab铆a preparado para la clandestinidad鈥, declara la 鈥淣egra鈥 Mar铆a Santucho, sobrina de Mario Roberto, ante el Tribunal Oral Federal N掳 6 en el juicio Espa帽adero Puente 12 II.

A sus sesenta a帽os, Mar铆a es abuela, y su vida transcurre entre Buenos Aires y La Habana, ciudad en la que reside hace d茅cadas y donde desempe帽a una intensa actividad como productora cultural en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. En su testimonio, realizado el d铆a 11 de diciembre de 2020 de manera virtual, retornan los d铆as de horror vividos por parte de su familia y por ella misma hace exactamente 45 a帽os.

A comienzos de diciembre del 鈥75 un allanamiento a cargo de un grupo de tareas secuestr贸 a Mar铆a, que entonces ten铆a 15 a帽os, junto a su madre, Ofelia, a sus hermanas menores Susana (14), Silvia (13) y Emilia (10) y a sus tres primas Ana (14), Marcela (13) y Gabriela (11), tambi茅n menores 鈥攈ijas de Mario Roberto y Ana Mar铆a Villarreal鈥, a Mario Antonio Santucho, beb茅 de 9 meses (hijo de Mario Roberto y de Liliana Delfino) y a Esteban Abd贸n, de 4 a帽os (hijo de Esteban Abd贸n y Elba Balestri). Todos ellos llevaban nombres falsos y se encontraban en una casa de seguridad del PRT-ERP.

Mar铆a recuerda perfectamente el momento en que escuch贸 decir a uno de los secuestradores: 鈥淓stos son Santucho鈥. Luego vinieron los golpes, los insultos y los traslados. Primero al Centro de Detenci贸n Clandestino llamado Protobanco, Cuatrerismo, hoy reconocido como Puente 12, donde fueron sometidxs a golpes, toqueteos e interrogatorios. Luego a una comisar铆a de Quilmes (Pozo de Quilmes), y a un hotel de la zona de Flores antes de ir a parar a la Embajada de Cuba, para salir, un a帽o despu茅s, del pa铆s.

Entre sus recuerdos de aquella tenebrosa madrugada en Puente 12, hay un hombre que le baja la bombacha [1]. Otro que le dice con voz serena: 鈥淵o la atend铆 personalmente a tu prima Graciela Santucho y ahora te voy a atender a vos鈥. Luego otra voz le grita: 鈥淰os sos hija de Santucho鈥, y de inmediato recibe una patada en la boca del est贸mago. Su mente piensa aceleradamente, 鈥渆sto hasta ahora es soportable鈥. Pero de inmediato alguien la toquetea y le advierte 鈥渢e van a coger todos los soldados鈥. Recuerda la capucha, la venda, el pavor.

Pero sobre todo recuerda el trayecto que debi贸 recorrer hasta entrar al despacho de alguien que se present贸 como el mayor Peirano, quien luego de un breve interrogatorio, qued贸 a cargo de la supervisi贸n de todos los traslados del grupo hasta la salida del pa铆s. A帽os despu茅s Mar铆a se enterar铆a de que el mayor Pe帽a o Peirano era en realidad uno de los jefes del Batall贸n de Inteligencia 601, llamado Carlos Antonio Espa帽adero, a cargo de varias infiltraciones en las organizaciones guerrilleras de la 茅poca.

Hace unos pocos a帽os, a instancias de amigxs y familiares, Mar铆a obtuvo el domicilio de Espa帽adero. 驴Qu茅 hacer? Hab铆a sido formada en la idea de que con el enemigo no se habla, pero cre铆a que saber le har铆a bien, quer铆a la verdad y necesitaba sanar. Dej贸 en manos de los jueces lo relativo a la determinaci贸n de responsabilidades y penas y redact贸 una carta que dej贸 en la casa del represor. A los pocos d铆as recibi贸 una respuesta del agente de inteligencia, lo que dio lugar a un intercambio de correos electr贸nicos. Mar铆a quer铆a averiguar qu茅 hab铆a pasado con tantos militantes y combatientes, quer铆a informaci贸n concreta. Al relatar este intercambio le dice al tribunal: 鈥淣o alcanza con lo que se ha hecho, me voy a morir sin saber d贸nde est谩n los restos de mi padre y de tantos seres queridos鈥.

Pero el intercambio no s贸lo no la san贸, sino que la hundi贸 en una angustia a煤n mayor, puesto que Espa帽adero neg贸 haberla interrogado en Puente 12, y se dedic贸 a manipularla todo lo que puedo (鈥渜u茅 pensar谩n los tuyo de este intercambio鈥). En su notable libro Bombo el reaparecido, Mario Antonio Santucho, aquel primo de Mar铆a secuestrado con s贸lo nueve meses, relata una entrevista con Espa帽adero, a quien llama 鈥淓l Embustero鈥. Espa帽adero se neg贸 a romper el pacto de silencio, no dio muestra alguna de arrepentimiento, ni ofreci贸 pista alguna sobre los restos de sus familiares. En una entrevista reciente, a prop贸sito de su libro, Mario reflexiona sobre esta actitud de Espa帽adero con las siguientes palabras: 鈥淢i impresi贸n es que no pueden asumir realmente sus actos. No pueden hacer justicia con sus actos, no pueden sincerarse con lo que hicieron, compartirlo. Porque no estaban a la altura 茅tica, y un poco mi experiencia fue esa, intentar hacerle unas preguntas a este personaje y claramente lo que encontr茅 fue un modo de esquivarlas, no responder. Decir que no saben nada, un pacto de silencio que permanece. Esto me parece muy importante, porque hay un elemento fundamental en toda esta historia reciente y en toda esta discusi贸n, que sigue viva, que sigue abierta, que es que no somos lo mismo, que hay una asimetr铆a entre los que dieron su vida, que lucharon por cambiar la sociedad y los que entregaron su mano de obra y su ferocidad para defender un orden injusto y para servir y hacer servilismo al poder constituido鈥.

Pocos contactos con las palabras transmiten el poder de la verdad como los testimonios que quieren hacer algo con un pasado ominoso, del que es imposible escapar. De all铆 la pregunta que Mar铆a no deja de formular a Espa帽adero, al Tribunal, a la sociedad argentina: 鈥溌縌u茅 pas贸 con los que dejamos atr谩s?鈥. Hay un desgarro del sobreviviente, un dolor que no es culpa, pero s铆 es una lucha interminable por contar lo que pas贸 sin poder responder a la pregunta imposible sobre por qu茅 se sobrevivi贸.

En 2016 Mar铆a visit贸 a Ofelia, su madre 鈥攁 quien tuve la suerte de conocer en el barrio de Alamar, en La Habana鈥, en un geri谩trico de Buenos Aires. Su memoria hab铆a dejado escapar el pasado, s贸lo reten铆a aquel horror: 鈥淢ir谩 Negrita, me volvieron a atar las manos鈥, le dijo. Es que el 鈥渉orror vuelve鈥, reflexiona Mar铆a. Vuelve con el miedo de que le pueda ocurrir algo semejante a lxs hijxs, a lxs nietxs. Sanar, en cambio, hacer algo con el desgarramiento, dice Mar铆a al tribunal con su pa帽uelo verde en la mu帽eca, es una forma de la dignidad que no alcanzan los perpetradores del terrorismo de Estado, a quien Mar铆a dirige una 煤ltima pregunta: 鈥溌緿贸nde est谩n nuestras muertitas y nuestros muertitos? Son nuestros鈥.

[1] Situaci贸n por la que la fiscal ofreci贸 a Mar铆a iniciar una investigaci贸n espec铆fica por agresi贸n sexual.




Fuente: Lobosuelto.com