April 11, 2021
De parte de ANRed
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Como resultado del crecimiento del movimiento feminista ha empezado a escucharse, con mayor frecuencia, la frase “rompan el pacto”; pero muy poco se ha ahondado en lo que esto implica. En la sociedad boliviana sigue siendo muy difícil hablar sobre el patriarcado; ese “sistema político, económico y cultural basado en la dominación masculina y en la opresión de las mujeres”, según Marcela Lagarde; que se vuelve casi imperceptible de tan normalizado que está. Por Belén Pereira Rojas (Diario Femenino)


Los temas relacionados se hablan cotidianamente en espacios seguros para mujeres, pero no en círculos de hombres, se tocan apenas temas que cuestionan la masculinidad, que implica un análisis incómodo a sus privilegios, en una sociedad que está construida para sostenerlos.

Entonces ¿qué significa el pacto patriarcal? Es la complicidad implícita, o a veces explícita, que hay entre los hombres; para protegerse en actos que ante la sociedad y hasta la ley, pueden ser repudiables. Esto es casi imperceptible dentro de nuestra sociedad, que se estructuró en base a una división social de hombres y mujeres, enfrentando a estas últimas y poniéndolas como enemigas; mientras que los primeros se beneficiaban de esto, naturalizando, a su vez, actitudes violentas y machistas.

Desde la revolución francesa hasta hoy, se ha universalizado el concepto de “fraternidad” dentro de los círculos masculinos, que en muchos casos es usado dentro del paraguas patriarcal, lo que normaliza muchas actitudes y no se las muestra como el problema que es, y que concierne a los hombres desmontar.

Según Rita Segato, la masculinidad es un mandato que exige a los varones que constantemente pongan a prueba sus atributos: potencia bélica, potencia sexual y potencia económica “el mandato de masculinidad es un mandato de violencia, de dominación, el sujeto masculino tiene que construir su potencia y espectacularizarla a los ojos de los otros”.

Ejemplos de lo que es el pacto patriarcal y de la expresión de la masculinidad en nuestro medio, hay muchos. Uno muy controversial se dio esta semana con el alcalde de Monteagudo, que a pesar de sus expresiones misóginas, tales como: “Lamentablemente, cuatro, cinco señoras solteronas, discúlpenme, que hoy vienen y botan huevos, finalmente falta quién las huevee (…) es lamentable que cuatro, cinco personas hacen quedar mal a un municipio, igual nosotros los alcaldes, cabeza blanquita, pero jóvenes, vamos a tener que atender a esas señoras”; no tuvieron la suficiente repercusión como para que los hombres de su partido se pronunciaran repudiando sus actitudes. Y este no es un caso aislado, también podríamos nombrar las actitudes machistas y de acoso que tuvo Percy Fernández durante su carrera política, que en su momento fueron tomadas a broma y hasta hoy siguen quedando impunes.

Por eso, lo que las feministas demandamos hoy en día no son aliados, son detractores del patriarcado, que dejen de reírse de chistes sexistas, de compartir imágenes de mujeres sin su consentimiento, que no cuestionen nuestra vida sexual y nuestros cuerpos, etc. Los aliados hoy en día han adoptado una posición paternalista que les ha atribuido la autoridad de juzgar nuestra lucha, ocupar nuestros espacios seguros y darse el lujo de pretender ser el foco principal del movimiento.

Pero ¿cómo se puede combatir? El primer paso es tomar conciencia sobre las actitudes que sustentan el pacto patriarcal entre varones, señalarlas, criticarlas y no dejarlas pasar sin buscar un cambio. También hay que romper las estructuras que lo perpetúan desde adentro, desde el hogar, el trabajo y el Estado. De esta manera, se podría lograr un cambio en esta sociedad sumida en el machismo de forma latente, aunque a veces casi imperceptible.

Deberíamos plantearnos como objetivo identificar los “pactos” que se gestan dentro de nuestros círculos, dejar de relacionarnos con el amigo abusador, señalar las actitudes machistas dentro de nuestras familias o círculos de amigos, no revictimizar a las sobrevivientes de abusos, etc. Todo esto hace el cambio, y no solo beneficiaría a las actuales generaciones, también es una forma de labrar el camino a las generaciones que vienen, para que puedan vivir en una sociedad libre de este sistema patriarcal.





Fuente: Anred.org