October 22, 2020
De parte de La Haine
223 puntos de vista

“Con la ayuda de Dios estar茅 dispuesto a dar mi vida por el Evangelio, pero no para defender estructuras capitalistas, aun cuando ellas est茅n en la iglesia”

Carlos Mugica, 鈥淒ialogo entre cat贸licos y marxistas鈥, Buenos Aires, 1965.

En estos d铆as se conmemora el 90 aniversario del nacimiento del sacerdote m谩rtir Carlos Mugica, y 55 a帽os desde que abri贸 con valent铆a la primera puerta al dialogo de cat贸licos y marxistas en la Argentina.

Su precursora opci贸n por los pobres y la liberaci贸n nacional es la raz贸n de odio del privilegio, que empuj贸 a su asesinato en 1974 por la Alianza Anticomunista Argentina, tal como prob贸 la justicia penal, dato que pretenden omitir algunos desertores del peronismo o escribas pagos, hoy voceros de Juntos por el Cambio y el neoliberalismo.

El 18 de octubre de 1965, una multitud colm贸 el Aula Magna de la entonces Facultad de Filosof铆a y Letras de la UBA para escuchar las reflexiones de dos cat贸licos y dos marxistas, entre los primeros un joven sacerdote de 35 a帽os y entre los segundos mi propio padre.

Mugica Echague, casi desconocido entonces, ser铆a pionero del trabajo sacerdotal en las villas y, pese a provenir de una familia aristocr谩tica y conservadora, ya hab铆a abrazado la causa de los humildes y con ella al peronismo.

Sin plena consciencia de su trascendencia, pude presenciar ese potente intercambio, con apenas 13 a帽os y en los primeros tiempos pasos de la militancia pol铆tica, inaugurada con mi expulsi贸n del reci茅n iniciado colegio secundario por promover el repudio a la reciente invasi贸n estadounidense a Santo Domingo.

Entonces gobernaba Arturo Illia, se respiraba mayor libertad luego de a帽os de c谩rceles y torturas para centenares de militantes peronistas y marxistas bajo el Plan CONINTES, dictado por el presidente Frondizi, al que ambos hab铆an apoyado electoralmente. Desde marzo, cuando se realizaron elecciones legislativas nacionales, se multiplic贸 el odio del privilegio por la victoria de la Uni贸n Popular, sigla con que el justicialismo y sus aliados burlaron nuevamente la proscripci贸n del r茅gimen, que respondi贸 meses despu茅s con un nuevo golpe c铆vico-militar, en esta ocasi贸n encabezado por el general Juan Carlos Ongan铆a.

Hab铆an pasado 10 a帽os de otro golpe, el de la 鈥Revoluci贸n Fusiladora鈥, y la proscripci贸n del PJ se extendi贸 hasta las elecciones de 1973, mientras el PC recuper贸 su legalidad reci茅n en mayo de ese a帽o, cuando el electo Congreso Nacional derog贸 por unanimidad la abundante legislaci贸n represiva, entre ella la llamada 鈥Ley 17.401 de Represi贸n del Comunismo鈥, mediante la cual se persigui贸 penalmente a todo el movimiento popular combativo.

En la d茅cada que sigui贸 al golpe de 1955, y pese a su enfrentamiento electoral en 1945 y represiones posteriores, obreros peronistas y marxistas resistieron el asalto de los 鈥渃omandos civiles鈥 gorilas a las organizaciones gremiales. Juntos crearon en 1957 las 鈥62 organizaciones鈥, y confluyeron en el hist贸rico plenario de delegados en que la CGT dio a conocer ese a帽o el antimperialista y antiolig谩rquico Programa de La Falda, posteriormente ratificado con el de Huerta Grande.

Tambi茅n se unieron los delegados de ambas militancias en ese 铆cono de los a帽os de la Resistencia Peronista que fue la toma en 1959 del Frigor铆fico Lisando de la Torre, donde 9.000 obreros con la solidaridad activa del barrio obrero de Mataderos rechazaron su privatizaci贸n y la represi贸n conjunta de polic铆as, gendarmes y el propio Ej茅rcito, con el ins贸lito apoyo de cuatro tanques de guerra.

Carlos Mugica fue hijo de esos tiempos, esas persecuciones y esas luchas

Y aquella noche de octubre, inici贸 en estas tierras un camino que en Europa empezaron a transitar cat贸licos y marxistas en los campos de exterminio nazi y la resistencia partisana antifascista. Un camino que en Am茅rica Latina se insinuaba rebelde al influjo de la Revoluci贸n Cubana y la mirada puesta en los movimientos de liberaci贸n nacional en las colonias de Asia y 脕frica, en la resistencia vietnamita a la invasi贸n estadounidense.

En aquella justa mitad de los 60, cuando dialogaron cat贸licos y marxistas, a煤n no se hab铆a hecho luz la cruz de madera de su hermano Camilo Torres, el sacerdote y soci贸logo que uni贸 el evangelio con el marxismo, y cay贸 en una emboscada del ej茅rcito de Colombia al destacamento guerrillero que integraba.

Juan XXIII ya hab铆a puesto en marcha la renovaci贸n del Concilio Vaticano II que impact贸 a Mugica, pero todav铆a no nac铆a la Teolog铆a de la Liberaci贸n ni el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, al que adhiri贸.

Tres a帽os faltaban para la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM) en Medell铆n o la Opci贸n preferencial por los Pobres, un compromiso con los cambios sociales del continente, del trabajo de religiosos y laicos junto a las mayor铆as despose铆das. De 鈥Una iglesia pobre para los pobres鈥, como la quer铆a Monse帽or Romero, el obispo de El Salvador asesinado en 1980, luego de ser abandonado y humillado por el papa Wojtyla.

Un casi inhallable folleto de la 茅poca, ajado y sobreviviente de tantas huidas y allanamientos policiales, contiene la desgrabaci贸n de lo que el padre Mugica anticip贸 aquel d铆a en el viejo edificio de la calle Independencia, del barrio porte帽o de Balvanera, junto al dirigente universitario laico Guillermo Tedeschi, y a los comunistas Juan Rosales y Fernando Nadra.

Algunas frases textuales, que comparto m谩s abajo, nos hablan de ese mundo, esa Latinoam茅rica y ese pa铆s.

Son una convocatoria a honrar la memoria y construir un futuro que rescate esos sue帽os rebeldes de una generaci贸n sacrificada, cruelmente segada.

Padre Carlos Mugica

Antes de comenzar a leer mi breve contribuci贸n, quiero decir que siento una gran emoci贸n de estar aqu铆 junto a todos los que me acompa帽an, as铆 sea porque sencillamente ni son anticomunistas ni son anticristianos, sino que precisamente est谩n luchando en favor de algo para bien de un mundo nuevo, un mundo que todos queremos cambiar para que cada persona realmente pueda vivir como un ser humano y tenga toda la dignidad que merece, precisamente por ser humano.

La iglesia vive tiempos de renovaci贸n y siente cada vez m谩s la necesidad de abrirse a los hombres, de dialogar con ellos. Est谩 en estado de revoluci贸n permanente, en funci贸n de un ideal futuro y que ya se est谩 realizando ahora. Iniciado el di谩logo con las otras religiones, ha llegado el momento de hacerlo tambi猫n con los hombres no creyentes, especialmente con aquellos que, como nosotros los cristianos, desean un mundo nuevo en que haya verdadera paz y justicia para todos los hombres.

Por eso estamos aqu铆 en esta aventura de intentar algo juntos, cat贸licos y marxistas, sin ocultar nada, sin dejar de lado las profundas diferencias que doctrinariamente nos separan.

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As铆 como nosotros los cristianos comprendemos ahora los valores del marxismo y reconocemos en ellos elementos entra帽ables de nuestro cristianismo que m谩s de una vez hemos ignorado, yo le pido a nuestros amigos marxistas que con toda honestidad revisen su actitud para con los religiosos como ya lo est谩n haciendo muchos despojados de todo sectarismo en las filas de ustedes.

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La religi贸n no es entonces opio, siempre que sea aut茅ntica y comprometa al hombre por entero. Una religi贸n burguesa superficial, meramente cultural, ciertamente anula al hombre, pero si el hombre es verdaderamente evang茅lico se siente metido en el drama del mundo y de la historia.

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Voy a decir algunas palabras que quiz谩 me puedan traer inconvenientes, pero no me importa porque yo quiero servir a la verdad y al Evangelio, como creo que todos los que estamos aqu铆 queremos servir a la verdad, y por eso siento en mi conciencia que tengo que decir que ha llegado el momento de que cortemos con una solidaridad que los hombres de la iglesia repudiamos: la solidaridad con el capitalismo y con cierta concepci贸n de la propiedad privada. Con la ayuda de Dios estar茅 dispuesto a dar mi vida por el Evangelio, pero no para defender estructuras capitalistas, aun cuando ellas est茅n en la iglesia.

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A los amigos marxistas les digo finalmente. Es cierto que, para cambiar las estructuras, para rehacer este mundo que todos queremos renovar es necesaria la lucha, lucha que no necesariamente debe entra帽ar violencia. Pienso que hay una fuerza m谩s potente, una fuerza m谩s fecunda que es la fuerza del amor, amor que puede llevar a odiar las estructuras injustas, pero respetando siempre al ser humano.

Fernando Nadra

Antes que nada, quiero decir, como el Padre Mugica, que siento una profunda emoci贸n.

Tengo dos razones para ello, que quiero exponer previamente: soy, como ustedes, un estudiante, un viejo estudiante si prefieren; he vivido en mis a帽os universitarios las grandes jornadas de la lucha antifascista y ahora me siento c贸modo en medio de una juventud tan entusiasta y valerosa; adem谩s 鈥揷omo signo de los tiempos鈥攅s la primera vez que ocupo la tribuna con amigos cat贸licos, juntos a tantos cat贸licos como los que est谩n aqu铆, los que, como dijo el Padre Mugica, est谩n dispuestos a tomar en serio el Evangelio y a construir en la tierra ese cielo con el cual tanto han so帽ado.

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Este mismo di谩logo y la lucha en com煤n, por sobre las diferencias, forman parte de un vasto y profundo proceso que se ha reiniciado. Y que tiene sus antecedentes. El Padre Mugica ha citado a Thorez. E hizo bien. Porque el dirigente del Partido Comunista de Francia ya en 1936, formulo la llamada pol铆tica de 鈥渕ano tendida鈥, dirigida a los cat贸licos, con el fin de luchar en com煤n contra el fascismo y la invasi贸n hitleriana.

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Algunos se preguntan si esta unidad, en el di谩logo y en la lucha, es solo circunstancial o puede durar mucho tiempo.

Es claro que tenemos un largo per铆odo de trabajo en com煤n por delante. Debemos resolver juntos los problemas nacionales, que no son pocos. Debemos contribuir a crear juntos un nuevo tipo de gobierno, aut茅nticamente democr谩tico y popular. Debemos luchar juntos para terminar con la carest铆a de la vida, la miseria, la superexplotaci贸n, la falta de libertades democr谩ticas para todos; en una palabra, debemos poner fin a las lacras sociales de las que habla el Padre Mugica. Juntos tenemos que terminar con la dependencia del imperialismo yanqui, con las garras asfixiantes del FMI. Es decir, hay mucho que hacer juntos, y todo este trabajo que debemos realizar luchando y dialogando nos ofrece una larga perspectiva de unidad.

Pero, luego, tenemos que construir juntos una sociedad m谩s avanzada y justa, que nosotros llamamos socialismo. Y debemos, entonces, estar unidos. La experiencia nos ir谩 diciendo cu谩les son las ideas mejores las que tienen mayor vigencia.

CALPU




Fuente: Lahaine.org