December 12, 2021
De parte de SAS Madrid
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Aunque ha pasado a la historia con la formulación de que “España es el país en donde uno puede hacerse rico más rápidamente”, la frase del exministro Carlos Solchaga que más se ajusta a aquella es “España es el país donde se puede ganar más dinero a corto plazo de Europa y quizá del mundo”. Casi lo mismo pero con matices importantes, como la dimensión global del que fue titular de Economía (1985-1993). El tiempo ha dado la razón a Solchaga, como atestigua el informe World Inequality Lab, publicado esta semana, en el que España destaca como el país rico en el que más ha crecido la riqueza privada desde mediados de la década de los 2000. En una cifra: el 1% de la población española posee una cuarta parte de la riqueza el país.

 

El extenso documento, firmado por Lucas Chancel, Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman arroja varias conclusiones. Una, que el covid-19 ha aumentado las desigualdades en todo el mundo. Dos, que el 10% de la población recibe el 52% de la riqueza mundial. Tres, que las mujeres están discriminadas en el reparto de la riqueza. Cuatro, que quienes más CO2 emiten pertenecen a esa élite que domina más de la mitad de la riqueza mundial. Cinco, que falta transparencia sobre las desigualdades de ingresos y patrimonio y eso dificulta un debate en términos “pacíficos y democráticos”. Y seis, que sin medidas fiscales valientes no se van a poder revertir las condiciones más dramáticas del aumento de la desigualdad.

El drama: la misma semana que Chancel, Piketty, Saez y Zucman publican su informe, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alertaba de que el problema de la subalimentación tiende a agravarse (la población mal alimentada ha subido de 604 millones en 2014 a 768 millones en 2020) y se agudizará con la pérdida de espacios de cultivo provocada por la crisis climática y la pérdida de recursos hídricos.

En términos globales, la carestía es la consecuencia de un dato: la mitad pobre de la población mundial solo posee el 2% de la riqueza. El patrimonio medio de ese segmento más pobre es de 2.900 euros —normalmente en forma de viviendas, tierras, cash o depósitos— mientras que el 10% superior tiene un patrimonio superior a medio millón de euros.

Más desigualdad en el interior de los países

Desde 1995, el aumento del patrimonio y la riqueza por parte de los ultrarricos —el 0,01% de la población, 520.000 individuos en todo el mundo— ha aumentado un 3%. Hoy, ese 0,01% posee el 11% del conjunto de la tarta de la riqueza mundial. La pandemia no ha hecho sino exacerbar esa tendencia. 

La riqueza global media ha crecido un 1% —gracias al tirón de los países asiáticos y a pesar del estancamiento y la bajada de la creación de riqueza en América Latina y Europa— pero el aumento del patrimonio del 0,01% ha sido de dos dígitos (un 14%).

La presencia entre los autores del informe de Piketty, autor de El capital en el siglo XXI, se plasma en el análisis histórico de la desigualdad. El informe destaca que pese a que estamos en una etapa de meseta en el crecimiento de la desigualdad, en términos brutos 2020 es igual de desigual que el año 1900. En ese sentido, el ciclo histórico destaca por la reducción de las desigualdades entre los países, provocada por el auge de los llamados “países emergentes” y el incremento de las desigualdades en el interior de los Estados. La brecha entre el 10% y la mitad más pobre de los distintos países se ha duplicado en el periodo del neoliberalismo.

Junto a eso, destacan los autores el elemento clave de que “durante los últimos 40 años, los países se han vuelto significativamente más ricos, pero sus gobiernos se han vuelto significativamente más pobres”. Es decir, la desigualdad absoluta en el mundo es similar a la del comienzo del siglo XX, con la salvedad de que la riqueza ya no pertenece a los sistemas-estado sino, en mayor medida, a individuos y familias.

El caso de España es el principal ejemplo de cómo la participación de la riqueza en manos de los actores públicos es cercana a cero o negativa, lo que significa que la totalidad de la riqueza creada en este tiempo de paradigma neoliberal está en manos privadas o ha pasado a transformarse en deuda pública. “Esta tendencia se ha visto magnificada por la crisis de Covid, durante la cual los gobiernos tomaron prestado el equivalente al 10-20% del PIB, esencialmente del sector privado”, refleja World Inequality Lab, que no escatima en advertencias al asegurar que la “escasa riqueza actual” de los gobiernos va a tener importantes implicaciones para las capacidades estatales de abordar la desigualdad en el futuro, “así como los desafíos clave del siglo XXI como el cambio climático”.

Ese desequilibrio entre la riqueza privada de los multimillonarios a expensas de la riqueza pública, se produce por varios factores, indican los autores del informe, como son “la desregulación, la privatización y el aumento de la deuda pública”. La tendencia, sin embargo, no es común a todos los países del mundo. En la última década, la riqueza pública —medida como la suma de los activos de los países— ha aumentado un 32% en China y un 31% en Oriente Medio, pero ha caído un 6% en Estados Unidos y en Europa ha crecido solo un 2%, gracias en gran medida al espectacular crecimiento del sector público noruego y su uso de los fondos derivados de los pozos petrolíferos.

Revolución o reforma fiscal

“A menos que se vean obligados a, a través de la revolución, reforma agraria o sistemas permanentes de tributación progresiva y redistribución de riqueza, es poco probable que  los grupos económicos más ricos cedan sus activos”, explican los autores del informe. Chancel, Piketty, Saez y Zucman optan por propuestas que graven en mayor medida a las grandes fortunas. Los ingresos fiscales ya representan entre un tercio y un 50% de la renta nacional en los países ricos —entre los que se encuentra España—, entre un 15 y un 30% en los países emergentes y un 10% en los países más pobres, pero los autores del informe insisten en que se debe profundizar en la progresividad de la imposición. En este sentido, recuerdan que los tipos del impuesto sobre la renta alcanzaron el 80% (o más) hace unas décadas en países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania o Japón, lo que favoreció la consolidación del capitalismo de postguerra. Entre 1985 y 2018, los tipos a nivel mundial cayeron del 49% al 24%.

Los autores del informe aventuran tres modelos de imposición que permitirían reducir la desigualdad y sus consecuencias más funestas. Con un impuesto de sociedades mínimo del 15%, a semejanza del que ha sido aprobado este año a nivel global, un Estado como España podría aumentar en 700 millones su recaudación anual, pero si este subiese al 25%, el nivel de recaudación subiría hasta los 12.400 millones.

La prensa financiera ha destacado en su análisis del informe que Europa es la región en la que se da mayor igualdad. El 1% más rico solo mantiene el 25,2% de la riqueza. China y el este asiático ven cómo su clase alta posee el 30% del conjunto de la riqueza. Las regiones más desiguales son América Latina (45,6%) y Rusia y Asia central son las áreas más desiguales del planeta: un 49,9% está en manos de solo un 1% de la población.

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Fuente: Sasmadrid.org