November 28, 2020
De parte de Nodo50
884 puntos de vista

La muerte de Diego Maradona ha generado pol茅mica en Espa帽a. Se critican las muestras de fervor popular hacia su figura. En particular, porque para algunos implicar铆a una suerte de complicidad con aspectos controvertidos de su vida privada (si es que la tuvo). Y, en general, porque muchos juzgan 鈥渆xcesiva鈥 tal muestra de afecto, la que interpretan como s铆ntoma de carencias  (de 鈥渃ultura鈥, de 鈥渕adurez鈥 c铆vica o de 鈥溍﹛ito鈥 de un pa铆s).

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La identificaci贸n popular con Maradona en Argentina se puede fechar con bastante precisi贸n. La admiraci贸n por su arte surge incluso antes de su debut en primera divisi贸n, a d铆as de cumplir 16 a帽os (octubre 1976), y en la Selecci贸n Nacional (febrero 1977). Pero no ser铆a consagrado definitivamente hasta el Mundial de 1986; m谩s precisamente, en el partido contra Inglaterra, donde mostr贸 las dos caras del potrero argentino: picard铆a e imaginaci贸n. 

El duelo con los ingleses no se vincula s贸lo con la guerra de Malvinas, una reducci贸n habitual. Proviene tambi茅n de la fundaci贸n misma del f煤tbol en Argentina

La picard铆a es una regla no escrita del potrero, aceptada por todos, continuaci贸n del enga帽o como coraz贸n del juego: nadie se pelear铆a con el adversario ni exteriorizar铆a su queja por sufrir 鈥損or ejemplo鈥 un gol con la mano, sino que el honor del p铆caro y del equipo es devolver 鈥搒i es posible, duplicado鈥 el envite. Pelearse ser铆a 鈥渓lorar鈥 y se llora en la iglesia, reza el c贸digo del potrero, no en la cancha. Por otra parte, el duelo con los ingleses no se vincula s贸lo con la guerra de Malvinas, una reducci贸n habitual. Proviene tambi茅n de la fundaci贸n misma del f煤tbol en Argentina, donde muchos equipos tienen nombre ingl茅s. Ese origen hist贸rico dispar贸 el orgullo de desarrollar un estilo propio, antiguamente llamado 鈥渓a nuestra鈥 o 鈥渄e toque鈥, basado en la destreza t茅cnica a la que obligaba jugar en potreros, terrenos bald铆os irregulares donde era muy dif铆cil controlar la pelota (obs茅rvese c贸mo va saltando el bal贸n en el segundo gol a los ingleses鈥). Pero, sobre todo, aquellos inicios generaron el reto de superar 鈥搈谩s que vencer鈥 con ese estilo propio a los maestros, a los que hab铆an inventado el juego, menos h谩biles y m谩s potentes. Por eso el 14 de mayo es el d铆a del futbolista en Argentina, pues se conmemora la primera vez que se derrot贸 a Inglaterra (1953), lo que se consigui贸 adem谩s con un tanto de gran factura t茅cnica: el 鈥済ol imposible鈥 鈥揷omo tantos de Maradona鈥 de Ernesto Grillo, un jugador muy representativo de 鈥渓a nuestra鈥.

La identificaci贸n con Maradona ni siquiera proviene completamente de la obtenci贸n, merced a su excepcional actuaci贸n, del Mundial en M茅xico. El plus que vuelve inigualable su figura tiene al menos tres hitos. 

Uno es el partido de octavos contra Brasil en el Mundial del 鈥90, en el que jug贸 porque se infiltr贸 aprovechando un descuido del m茅dico para literalmente clavarse la inyecci贸n en su tobillo inflamado y endurecido por una patada en un partido previo. Brasil bail贸 a Argentina, que gan贸 de milagro gracias a una jugada t铆picamente maradoniana que acab贸 en gol de Caniggia, sobre el final del partido. 

El segundo hito fue insultar a todo el estadio que, a su vez, abucheaba el himno argentino antes de la final contra Alemania en 1990. Y el tercero, llorar como un ni帽o la derrota en esa final, siendo ya campe贸n del mundo y crack mundial indiscutido. Cabr铆a agregar un hito m谩s: cuando volvi贸 a la Selecci贸n tras ser sancionado por dopaje en Italia y fue decisivo para que el equipo venciera en el repechaje a Australia y clasificara al Mundial 鈥94.

El plus de Maradona proviene de otro lugar. De su compromiso inclaudicable con la camiseta, con el equipo, con el juego y con sus compa帽eros

Maradona reuni贸 lo que muy pocos jugadores en la historia del f煤tbol: talento y car谩cter. Los jugadores t茅cnicos suelen ser 鈥渓aguneros鈥 (intermitentes, en el idioma futbolero) y temperamento suelen tener los carentes de talento. Pero el plus, insistimos, proviene de otro lugar: su compromiso inclaudicable con la camiseta, con el equipo, con el juego y con sus compa帽eros, propios y de la profesi贸n. Maradona ense帽贸 a patear tiros libres a Messi siendo t茅cnico de la Selecci贸n en 2008鈥 como lo hab铆a hecho un a帽o antes con los jugadores de Deportivo Riestra, un club de barrio de tercera divisi贸n, acudiendo 茅l mismo al entrenamiento. Maradona fue a la casa de un compa帽ero retirado para evitar que se suicidara, y animaba en las tribunas al equipo nacional de tenis, rugby o hockey como un hincha m谩s. Todos sus compa帽eros subrayan que nunca tuvo un gesto de superioridad hacia ellos, ni en la cancha ni en el vestuario, sino que los alentaba como uno m谩s. 

Capit谩n y hermano, eso fue Maradona. Ah铆 radica todo el secreto, y es lo que lo vuelve 煤nico para tanta gente. 驴C贸mo no va a identificarse un pueblo futbolero como el argentino (y muchos otros en el planeta), que sabe lo que es levantarse a las siete de la ma帽ana un s谩bado o un domingo para ir a jugar bajo la lluvia con los amigos a canchas destartaladas? Maradona sigui贸 haciendo en la c煤spide lo que todos hac铆an a ras del suelo. Mantuvo el esp铆ritu amateur, de amor desinteresado por el juego y por jugar, estando ya consagrado como el mejor del mundo. Quiso al f煤tbol y lo separ贸 cuidadosamente de sus propios errores personales (鈥渓a pelota no se mancha鈥). Maradona no represent贸 el poder viril avasallante, sino la fortaleza de esp铆ritu que emerge inquebrantable de la debilidad, tan visible en 茅l y que a menudo no ocult贸. 

Aun as铆, se podr谩 decir que estas cualidades que mostr贸 a trav茅s del f煤tbol no exonera todo lo dem谩s. Desde luego que no. Tampoco la literatura, ni la pintura, ni la m煤sica, ni los toros, ni la pol铆tica, ni el dinero ni nada en este mundo, si se lo quiere mirar de frente, 茅ticamente. Pero esa mirada dispensatoria est谩 presupuesta m谩s en el que juzga que en los que celebran. Nadie en Argentina, ni en ning煤n otro lado, est谩 haciendo una apolog铆a sin matizaciones de Maradona. De hecho, el debate sobre esta problem谩tica ha tomado estado p煤blico y los que lo quisieron bien suelen separar a 鈥淒iego鈥 de 鈥淢aradona鈥. Adem谩s, hay muchas maneras de identificarse con los diversos Maradonas que se pueden construir, as铆 como tambi茅n muchas formas de rechazarlo. La condena sin paliativos recuerda a veces la reprobaci贸n ilustrada del consumo de televisi贸n propia de los 鈥60/鈥70.

Los que juzgan a Maradona y a sus admiradores negativamente no est谩n libres de la misma l贸gica de identificaci贸n, ni de las contradicciones que 茅sta entra帽a

Se dir谩 que hay rasgos de su vida que impiden toda celebraci贸n. Podr铆a ser, pero 驴qu茅 har铆amos entonces con figuras como Louis-Ferdinand C茅line, Pablo Picasso, Charles Chaplin, Martin Heidegger, Elvis Presley, Michael Foucault y un largu铆simo etc茅tera? 驴No podr铆amos elogiar su arte porque su vida privada y/o p煤blica no han sido inmaculadas? 驴Qu茅 tipo de comprensi贸n de lo humano presupone una evaluaci贸n as铆? 驴Estamos acaso buscando santos? Pero, 驴no era que no necesit谩bamos identificarnos con nada, que la pasi贸n por otro resultaba excesiva, irracional, adolescente? Porque, adem谩s 驴qui茅n nos asegura que el que juzga no tiene 茅l mismo sus rasgos oscuros? 驴Por el solo hecho de ejercer esa cr铆tica? 驴O se escuda en que su vida no ha sido retransmitida desde que es pr谩cticamente un ni帽o? Demasiada ventaja para tanta exigencia. Demasiado paternalismo para querer formar individuos racionales y aut贸nomos. Dejemos la pedagog铆a para, en todo caso, los menores de edad. Confiemos democr谩ticamente en la capacidad de juicio de los adultos. Debatamos todo con todos, pero en igualdad de condiciones, sin superioridad moral, ni prejuicios coloniales, ni de clase.

Maradona cumpli贸 el deseo de much铆simos: jugar a la pelota como el mejor de todos. Tal haza帽a involuntaria convierte en h茅roe al que la realiza. Pero a su pesar. No hay quien sortee indemne tal sacrificio. Porque fuimos todos nosotros, no s贸lo 茅l, quienes sacrificamos a Diego para gozar de Maradona, como ayer sacrificamos a Jimmy para tener a Hendrix, a Miles para tener a Davis, a Edvard para alcanzar a Munch. Hagamos la cuenta completa. Dejemos al coaching eso de cargar los problemas sociales exclusivamente a los individuos.

La identificaci贸n con Maradona no es s铆ntoma de una carencia colectiva, sino de la abundancia de admiraci贸n, respeto y agradecimiento por el m谩ximo artista y capit谩n de un juego inigualable. Ni siquiera es porque nos hizo ganar, sino porque 鈥搒e sabe鈥 jugar ya es ganar. Celebrar el juego es tambi茅n celebrar la fiesta colectiva en la sociedad de la contrici贸n al trabajo sufriente, en su mayor铆a humillante y hueco, cuando no destructor de la subjetividad aut贸noma y creativa. Es tambi茅n celebrar, en una 茅poca de abandono de los 鈥減erdedores鈥 a su suerte, aquellas cosas felices que forjaron un nosotros. Quiz谩 el problema es creer que no se necesita un nosotros. 

El problema no es no comprender las identificaciones de otros, sino condenarlas como si entendi茅ramos todo. Los que juzgan a Maradona y a sus admiradores negativamente no est谩n libres de la misma l贸gica de identificaci贸n, ni de las contradicciones que 茅sta entra帽a, ni de las presuntas falencias que la disparar铆an. S贸lo que su objeto de amor es otro. Eso es lo que los hace humanos, demasiado humanos. 

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Fuente: Ctxt.es