July 12, 2021
De parte de Nodo50
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Cuando el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, vol贸 a Belfast para anunciar los planes de conmemoraci贸n de los 100 a帽os de la creaci贸n de Irlanda del Norte, lo calific贸 de “motivo obvio de celebraci贸n”. ”Amo y creo en la uni贸n que conforma el Reino Unido”, dijo, calific谩ndola como “la asociaci贸n pol铆tica m谩s exitosa de todo el mundo”.

”脡xito” y “celebraci贸n” son palabras que no suelen asociarse a la creaci贸n de Irlanda del Norte. Despu茅s de todo, 驴qu茅 hay que celebrar de un Estado forjado en el sectarismo y el anticatolicismo? Porque no hay duda de que eso es precisamente lo que fue. James Craig, el primer primer ministro de Irlanda del Norte, lo llam贸 “un estado y un parlamento protestante para un pueblo protestante”. Basil Brooke, uno de los sucesores de Craig, anim贸 a los unionistas a seguir su ejemplo y a no emplear a cat贸licos, presumiendo de “no tener ninguno en mi casa”.

Esto es lo que Johnson celebraba. Una pol铆tica en la que un tercio de la poblaci贸n era sistem谩ticamente maltratada por sus gobernantes unionistas. Un lugar donde la discriminaci贸n en el trabajo, la vivienda, el voto, la pol铆tica, la polic铆a, los tribunales y la cultura era una forma de vida.
 

Cuando el gobierno brit谩nico ignor贸 la democracia y legisl贸 la Partici贸n en la Ley del Gobierno de Irlanda de 1920, todav铆a se enfrentaba al problema de gobernar a medio mill贸n de nacionalistas en el norte que no quer铆an tener nada que ver con una frontera impuesta por los brit谩nicos. Los unionistas, sin embargo, encontraron una soluci贸n al problema: el pogromo de Belfast.

Fue una campa帽a de terror que dur贸 20 meses, desde 1920 hasta 1922. Se desencaden贸 contra los cat贸licos del 谩rea metropolitana de Belfast para “darles una lecci贸n” y silenciar toda oposici贸n al establecimiento de un estado norirland茅s. El pogromo consisti贸 en la expulsi贸n a gran escala de los cat贸licos de sus lugares de trabajo y de los distritos en los que eran una peque帽a minor铆a, y en ataques violentos contra poblaciones cat贸licas aisladas. Hombres, mujeres y ni帽os inocentes fueron asesinados por bandas de asesinos lealistas, muchos de los cuales eran miembros de la fuerza policial conocida como los Especiales. Los cat贸licos de Belfast quedaron traumatizados y aterrorizados por la magnitud de la brutalidad asesina que se abati贸 sobre ellos.

Y todo se llev贸 a cabo con la aprobaci贸n t谩cita de las altas esferas. Hay pruebas de que l铆deres unionistas como Edward Carson y James Craig se entregaron primero a la incitaci贸n y luego ofrecieron apoyo a los pogromistas en las secuelas del terror. Los l铆deres brit谩nicos en Londres no hicieron nada para impedirlo. Dejaron a Craig al mando, y en gran medida hicieron la vista gorda ante los atropellos a favor del r茅gimen.

El discurso de Carson y las expulsiones de los astilleros

Las atrocidades comenzaron el d铆a de las expulsiones de los astilleros.

En las elecciones generales de 1918, el electorado hab铆a respaldado el mandato de Sinn Fein para una Irlanda independiente de 32 condados. Gran Breta帽a se neg贸 a la independencia de Irlanda, por lo que, en 1919, el IRA lanz贸 lo que se conoci贸 como la Guerra de Independencia de Irlanda. Consciente de la vulnerabilidad de los cat贸licos de Belfast ante las represalias unionistas, el IRA s贸lo llev贸 a cabo operaciones limitadas en el norte. En Belfast, Sinn Fein ten铆a poco apoyo. Los nacionalistas apoyaban al Partido Parlamentario Irland茅s constitucionalista y a su l铆der en Belfast, Joe Devlin. La Belfast cat贸lica hab铆a ignorado pr谩cticamente a Sinn Fein y cualquier presencia republicana era m铆nima e ineficaz.

Pero la situaci贸n cambi贸 radicalmente el 12 de julio de 1920, cuando el l铆der unionista Edward Carson se dirigi贸 al desfile de la Orden de Orange:

Nosotros, en Ulster, no toleraremos a Sinn Fein… Pero le decimos [al gobierno brit谩nico] esto: que si habi茅ndole ofrecido nuestra ayuda, no es capaz de protegernos de las maquinaciones de Sinn Fein, y no acepta nuestra ayuda; entonces tomaremos el asunto en nuestras propias manos… Y eso no son meras palabras. Odio las palabras sin acciones”.

Eran palabras incendiarias. La mayor铆a de los protestantes de Ulster no distingu铆an entre un simpatizante de Sinn Fein y un cat贸lico. Por lo tanto, el discurso de Carson sirvi贸 para intensificar la animosidad hacia los cat贸licos, convirti茅ndolos en objetivos leg铆timos de la violencia unionista, especialmente en Belfast, donde constitu铆an menos de una cuarta parte de la poblaci贸n. Como dijo The Times al d铆a siguiente, “Sobre Sir Edward Carson recae, en gran medida, la culpa de haber sembrado los dientes del Drag贸n en Irlanda”.

Cuando comenzaron los inevitables ataques, la excusa nominal fue el asesinato por parte del IRA de un polic铆a abatido a varios cientos de kil贸metros de distancia, en Cork. Alrededor de 5.000 trabajadores protestantes se reunieron a las puertas de los astilleros Harland y Wolff, y aprobaron mociones en las que se negaban a trabajar junto a los “sinn feiners”. Armados con barras de hierro, martillos y portando banderas de la Uni贸n, se abrieron paso por el astillero en busca de cat贸licos y “Rotten Prods”, socialistas y sindicalistas protestantes que desafiaban el unionismo.

Muchos fueron golpeados salvajemente ese d铆a. Algunos fueron arrojados a la desembocadura del r铆o Lagan, mientras que otros saltaron al agua para escapar. Todos y cada uno de los varios miles de cat贸licos y socialistas que hab铆a all铆 fueron expulsados del astillero. Las expulsiones pronto se extendieron a otras empresas de ingenier铆a y construcci贸n y a las f谩bricas de lino de Belfast, y a continuaci贸n se expuls贸 a las mujeres cat贸licas. En poco tiempo fueron expulsados 10.000 hombres y 1.000 mujeres, que nunca volvieron. Toda la poblaci贸n cat贸lica de Belfast en ese momento era de 93.000 personas. En los d铆as y semanas siguientes, esta cifra se redujo dr谩sticamente.

Al difundirse la noticia de las expulsiones, estall贸 la violencia en distintas partes de la ciudad. Turbas de varios miles de personas se desplazaron desde el astillero para atacar el peque帽o enclave cat贸lico del Short Strand y su iglesia de San Mateo. A medida que los enfrentamientos se intensificaban, ambos bandos lucharon cuerpo a cuerpo, lanzaron palos, ladrillos y botellas, y utilizaron armas y bombas. Varias personas murieron. Se asaltaron y quemaron casas y tiendas cat贸licas en el norte y el oeste de la ciudad.

La org铆a de destrucci贸n contra las propiedades cat贸licas y de los Rotten Prod en Ballymacarrett, en el este de Belfast, fue a escala masiva. En la segunda noche, la violencia lealista, que hasta entonces hab铆a sido m谩s espont谩nea, se coordin贸 y se convirti贸 en una campa帽a de limpieza religiosa y pol铆tica. Fue tan sistem谩tica que la zona de Ballymacarrett, en el este, que antes era una zona muy mezclada, se transform贸 en un monocultivo protestante.

El discurso de Carson hab铆a desatado un monstruo contra la minor铆a cat贸lica. Las expulsiones de los astilleros iban a ser el comienzo de 20 meses de asesinatos y violencia en el gran Belfast. Aunque la inmensa mayor铆a de los ataques iban dirigidos a los nacionalistas, 茅stos no estaban libres de culpa. Un peque帽o n煤mero de ellos fue culpable de la violencia sectaria. En busca de venganza, apedrearon tranv铆as llenos de trabajadores de los astilleros que regresaban y, en dos incidentes, lanzaron bombas contra tranv铆as repletos, matando a cinco trabajadores. En la C谩mara de los Comunes, el diputado del Partido Nacionalista Joe Devlin acus贸 al gobierno brit谩nico de “fomentar deliberadamente, o al menos tolerar, una guerra religiosa en el Norte para justificar [su] proyecto de partici贸n”. Los diputados unionistas, incluido Carson, defendieron las expulsiones de cat贸licos. Carson insinu贸 que, mientras el IRA estuviera inmerso en una guerra de independencia, los cat贸licos de Belfast recibir铆an una lecci贸n.

Unas semanas m谩s tarde, Craig, l铆der unionista y pronto primer ministro de Irlanda del Norte, visit贸 el astillero para desplegar una enorme bandera de la Uni贸n. En su discurso, sac贸 a relucir las expulsiones de los astilleros y dijo a la multitud: “驴Apruebo las medidas que hab茅is tomado en el pasado? Yo digo que s铆’.

Mientras la violencia y los desalojos continuaban en agosto y septiembre, apenas quedaban tiendas o propiedades de propiedad cat贸lica en pie en el centro de Belfast. El London Daily News inform贸 de que, hasta la fecha, “el 95% de las propiedades destruidas por el fuego fueron causadas por los unionistas”. Pero en lugar de pedir el fin de la violencia que hab铆a incitado, Craig exigi贸 el establecimiento de una Polic铆a Especial (los Especiales). Esto convirti贸 a los pogromistas en una fuerza policial oficial y armada.

Londres lo aprob贸. Winston Churchill, secretario de Estado para las colonias, apoy贸 la medida y el gabinete brit谩nico acept贸 la petici贸n de Craig. Los Especiales eran una fuerza totalmente protestante, compuesta por reclutas de la Fuerza Voluntaria de Ulster y de las Logias de Orange. En su intervenci贸n en el parlamento, Devlin no ten铆a dudas sobre la funci贸n de los Especiales. Hay que armar a los protestantes”, dijo, “para que su pogromo sea menos dif铆cil. En lugar de adoquines y palos, se les dar谩n rifles”.

Por la noche, el cielo se ti帽贸 de rojo con las llamas de las casas cat贸licas incendiadas en distintos puntos de la ciudad. Mientras el pogromo de Belfast continuaba, el Daily News informaba de que pr谩cticamente todos los da帽os se hab铆an producido en las propiedades de los nacionalistas y que apenas quedaban locales cat贸licos en pie en Belfast, aparte del basti贸n cat贸lico del Falls. Al informar sobre la violencia de julio/agosto de 1920, el Daily News describi贸 “cinco semanas de despiadada persecuci贸n mediante el boicot, el fuego, el saqueo y el asalto, que culminaron en una semana de violencia al por mayor probablemente sin parang贸n fuera del 谩mbito de los pogromos rusos o polacos”.

Cada mes el n煤mero de muertos y heridos segu铆a aumentando. Se precipit贸 una crisis de refugiados por los muchos miles de personas que fueron desalojadas de sus hogares, ya que distritos enteros fueron limpiados religiosamente. Los enclaves cat贸licos fueron objeto de ataques nocturnos, en particular la peque帽a zona del Short Strand, en el este de Belfast, donde hubo numerosos intentos de quemar la iglesia de San Mateo. El distrito “Bone” de Oldpark, Clonard, y tambi茅n York Road, en la zona de los Docks, fueron otras peque帽as zonas cat贸licas que sufrieron el asedio constante de francotiradores e incendiarios. Como los ataques sectarios continuaron durante 1921 y 1922, y las familias huyeron, muchas se retiraron a la zona de Weaver Street.

En febrero de 1922, unos ni帽os cat贸licos que jugaban con otros ni帽os en la calle Milewater, predominantemente protestante, en la esquina de Weaver Street, fueron abordados por dos especiales que les dijeron a los ni帽os cat贸licos que fueran a “jugar con los suyos”. Hicieron lo que les dijeron y se trasladaron a la calle Weaver, ocupada por cat贸licos, y jugaron en un columpio sujeto a una farola. Diez minutos despu茅s lanzaron una bomba en medio de los ni帽os. Cuando la bomba explot贸, los pistoleros tambi茅n dispararon hacia la calle Weaver. Dos mujeres y cuatro ni帽os murieron de sus heridas y muchos m谩s sufrieron lesiones catastr贸ficas. En las semanas siguientes, los ataques se intensificaron mientras los residentes cat贸licos de la zona segu铆an siendo asesinados. El 20 de mayo, Thomas McShane fue asesinado. Ese mismo d铆a, las 148 familias restantes de los alrededores de Weaver Street fueron obligadas a abandonar sus hogares a punta de pistola para no volver jam谩s. La limpieza religiosa de otra parte de Belfast estaba completa. Los cat贸licos nunca volver铆an.

El pogromo entr贸 en una nueva fase. La violencia se volvi贸 menos espont谩nea y m谩s calculada. Las v铆ctimas fueron objeto de asesinatos premeditados, algunos como represalia por las acciones del IRA llevadas a cabo en la Guerra de la Independencia. Mientras las bandas de asesinos recorr铆an las calles por la noche en busca de v铆ctimas, la sensaci贸n de presentimiento era palpable, especialmente en los distritos m谩s aislados y vulnerables. El pogromo estaba teniendo el efecto deseado: los nacionalistas estaban aterrorizados y manten铆an la cabeza baja. Muchos miembros de bandas de asesinos lealistas estaban formados por polic铆as y por los reci茅n formados Specials. Se hab铆a demostrado que Devlin ten铆a raz贸n cuando advirti贸 al gobierno brit谩nico en el parlamento que su decisi贸n de armar a esa gente les facilitaba el asesinato de cat贸licos. Los asesinos llevaban uniformes brit谩nicos de d铆a y asesinaban impunemente de noche. Las familias cat贸licas estaban paralizadas por el miedo, temiendo una bala a trav茅s de la ventana o un mazo a trav茅s de la puerta. Se despertaban a diario con noticias de m谩s asesinatos. Estaban desesperados y no ten铆an a nadie a quien recurrir.

En el norte de Belfast, en mitad de la noche, cinco hombres golpearon con un mazo la puerta de la familia McMahon. En la casa hab铆a ocho hombres y tres mujeres. El tabernero Owen McMahon y sus seis hijos fueron acorralados y obligados a entrar en el comedor, junto con un amigo de la familia que trabajaba en el bar familiar. Eliza, la esposa de McMahon, se arrodill贸 y rog贸 por la vida de su familia, pero fue golpeada en la cabeza con una pistola. Cuando Owen pregunt贸 por qu茅 hab铆an elegido a su familia, uno de los pistoleros dijo que era porque era “un respetado papista”. Vosotros, chicos, rezad”, dijo el pistolero, antes de abrir fuego.

El tiroteo continu贸 durante cinco minutos; cinco de los hombres murieron en el acto. El hijo menor de los McMahon, Michael, sobrevivi贸 al ataque escondi茅ndose detr谩s de los muebles y fingiendo ser alcanzado. Otro hijo, John, sobrevivi贸 a sus heridas, pero, atormentado por el sentimiento de supervivencia, se suicid贸 alg煤n tiempo despu茅s.

Los miembros de la banda asesina se mostraron tranquilos y met贸dicos en su ejecuci贸n de la familia McMahon. Muchos ni siquiera se molestaron en ocultar sus uniformes de polic铆a. Los individuos fueron identificados y nombrados, aunque no importaba. Ning煤n polic铆a tendr铆a que rendir cuentas por haber matado a cat贸licos. Controlaban la ciudad a trav茅s del miedo y los cat贸licos aterrorizados lo sab铆an.

Una semana despu茅s de los asesinatos de McMahon, un agente de polic铆a fue asesinado a tiros en la zona nacionalista de Old Lodge. La polic铆a y los especiales, empe帽ados en vengarse, salieron en coches blindados a altas horas de la noche, buscando castigar a cualquier cat贸lico de la zona. Cuando su veh铆culo se detuvo, se dirigieron a la casa m谩s cercana y asesinaron a un hombre. Luego fueron a una casa a la vuelta de la esquina y mataron a otro hombre. Luego se dirigieron a la calle Arnon. All铆 irrumpieron en una casa y subieron las escaleras. En la cama estaban William Spallen, de 70 a帽os, y su nieto Gerald Tumelty, de 12 a帽os. Spallen hab铆a enterrado a su mujer ese mismo d铆a. En la declaraci贸n de un testigo, Tumelty dijo:

”Dos hombres entraron en la habitaci贸n; uno llevaba el uniforme de polic铆a. Le preguntaron a mi abuelo su nombre y 茅l dijo William Spallen. El hombre de paisano le dispar贸 tres veces. Cuando grit茅, me dijo “t煤mbate o te meto una bala”. Me arrebataron 20 libras que mi abuelo hab铆a reservado para pagar los gastos del funeral de mi abuela… Ten铆a 12 a帽os el pasado 11 de febrero; s茅 que si digo una mentira ir茅 al infierno. Reconoc铆 al hombre vestido de civil. Lo hab铆a visto antes en la carretera de Old Lodge”.

A continuaci贸n, los atacantes utilizaron un mazo para entrar en la casa de al lado, donde encontraron a Joseph Walsh en la cama con su hijo Michael, de siete a帽os, y su hija Bridget, de dos. Joseph Walsh fue apaleado hasta la muerte con el mazo y el peque帽o Michael fue disparado en la cama – muri贸 de sus heridas al d铆a siguiente. M谩s tarde, por la noche, otro hombre, John Mallon, fue asesinado a tiros. Al igual que en los asesinatos de McMahon, la banda de asesinos fue identificada y nombrada por los testigos como polic铆as. Pero los asesinos de la calle Arnon permanecieron tranquilos. No tem铆an a los testigos.

En The Burnings 1920, Pearse Lawlor cuenta la historia de c贸mo Banbridge, Dromore y Lisburn, en las afueras de Belfast, estallaron en violencia anticat贸lica cuando cientos de cat贸licos se vieron obligados a huir. Relata conversaciones recientes con protestantes de clase media de Lisburn, muy elocuentes, inteligentes y cultos, que no ten铆an ni idea de la violencia anticat贸lica que cambi贸 sus comunidades para siempre. Nunca se hab铆a mencionado ni ense帽ado en las escuelas locales. Y no es de extra帽ar. Desde aquellos d铆as, hubo un intento constante de borrar o restar importancia a la gravedad de la violencia anticat贸lica. Lawlor escribe que muchos trataron de “olvidar a prop贸sito” que las atrocidades tuvieron lugar.

Entre 1969 y 1972, miles de cat贸licos volvieron a ver quemados sus hogares en diferentes partes de Belfast. Una vez m谩s, cientos de cat贸licos fueron asesinados por bandas de asesinos lealistas. Y al igual que en 1920-22, algunos de los asesinos eran tambi茅n miembros de las fuerzas del Estado, en este caso, la Real Polic铆a del Ulster y el Regimiento de Defensa del Ulster.

Yo ten铆a siete a帽os en 1972, cuando una noche me despertaron, y vistiendo s贸lo mis pantalones me obligaron a huir con mi familia por la puerta principal, mientras era abucheado por una turba lealista. Le dieron a mi familia 10 minutos para salir o quemar铆an nuestra casa. Viv铆amos en Ballymacarrett. Y al igual que aquellas familias que huyeron de Ballymacarrett en los pogromos de Belfast de 1920-22, nunca volver铆amos.

Texto extractado por El norte de Irlanda desde un art铆culo de Kevin Rooney, coordinador del Foro de Educaci贸n de la Academia de Ideas y coautor de The Blood-Stained Poppy. spiked-online.com




Fuente: Nortedeirlanda.blogspot.com