October 27, 2020
De parte de La Haine
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Noruega se hizo cargo de los esfuerzos de mediaci贸n. Adopt贸 una metodolog铆a que result贸 muy ventajosa para los israel铆es y desastrosa para los palestinos

El 13 de septiembre de 1993, la Organizaci贸n de Liberaci贸n de Palestina (OLP) y el r茅gimen israel铆 firmaron los Acuerdos de Oslo con gran fanfarria. El acuerdo fue dise帽ado de un grupo de israel铆es que formaban parte del grupo de expertos Mashov, dirigido por el entonces viceministro de Relaciones Exteriores, Yossi Beilin.

Su suposici贸n era que una convergencia de factores proporcionaba un momento hist贸rico oportuno para imponer una soluci贸n a la parte palestina: el triunfo en Israel del Partido Laborista, m谩s moderado, en las elecciones de 1992, por un lado; la dr谩stica erosi贸n en la posici贸n internacional de la OLP por el apoyo de Yasser Arafat a la invasi贸n de Kuwait de Saddam Hussein, por el otro.

Los arquitectos de los acuerdos asumieron que los palestinos no estaban en condiciones de resistir un diktat israel铆 que representaba el m谩ximo que el estado jud铆o estaba dispuesto a conceder en ese momento. Lo mejor que pod铆an ofrecer estos representantes del 鈥渃ampo de la paz israel铆鈥 eran dos bantustanes, una Cisjordania reducida y una Franja de Gaza cercada, que disfrutar铆an de algunos de los s铆mbolos del estado, aunque en la pr谩ctica permanecer铆an bajo el control israel铆.

Adem谩s, este arreglo deber铆a declararse como el fin del conflicto. Cualquier otra demanda, como el derecho al retorno de los refugiados palestinos, o cambios en el estatus de la minor铆a palestina dentro de Israel, fue eliminada de la agenda de “paz”.

Receta para el desastre

Este diktat era una nueva versi贸n de las antiguas ideas israel铆es que hab铆an conformado el llamado proceso de paz desde 1967. La primera fue la llamada opci贸n jordana, que significar铆a dividir -geogr谩fica o funcionalmente-, el control de los territorios ocupados entre Israel y Jordania. El movimiento laborista israel铆 apoy贸 esta pol铆tica. La segunda fue la idea de una autonom铆a palestina limitada en estos territorios, que fue el eje de las conversaciones de paz con Egipto a fines de la d茅cada de 1970.

Estas distintas ideas, la opci贸n jordana, la autonom铆a palestina y la f贸rmula de Oslo, ten铆an una cosa en com煤n: todas suger铆an dividir Cisjordania entre 谩reas jud铆as y palestinas, con la intenci贸n de integrar en el futuro la parte jud铆a en Israel, manteniendo la Franja de Gaza como un enclave conectado a Cisjordania por un pasillo terrestre que Israel controlar铆a.

Oslo se diferencia de las iniciativas anteriores en varios aspectos. El m谩s importante es que la OLP ser铆a el socio de Israel en esta receta para el desastre. Debe decirse, sin embargo, que la organizaci贸n, para m茅rito suyo, no ha aceptado, hasta el d铆a de hoy, los Acuerdos de Oslo como un proceso que haya concluido.

Su participaci贸n, y el reconocimiento internacional que recibi贸, fue el 煤nico aspecto positivo (o al menos potencialmente positivo) de Oslo. El aspecto negativo de la participaci贸n de la OLP fue el hecho de que una pol铆tica israel铆 unilateral de anexi贸n y partici贸n progresiva de los territorios ocupados ahora recib铆a legitimidad gracias a un acuerdo que la direcci贸n de la OLP hab铆a firmado.

Otra diferencia fue la participaci贸n de un equipo acad茅mico supuestamente profesional y neutral para facilitar los acuerdos. La Fundaci贸n de Investigaci贸n Fafo de Noruega se hizo cargo de los esfuerzos de mediaci贸n. Adopt贸 una metodolog铆a que result贸 muy ventajosa para los israel铆es y desastrosa para los palestinos.

En esencia, fue una b煤squeda de la mejor oferta que la parte m谩s fuerte estaba dispuesta a conceder, seguida del intento de obligar a la parte m谩s d茅bil a aceptarlo. No se concedi贸 ning煤n papel a la parte definida como la m谩s d茅bil. Todo el proceso se convirti贸 en una imposici贸n.

Una medicina amarga

Hab铆a precedentes. El Comit茅 Especial de las Naciones Unidas para Palestina (UNSCOP) en 1947-1948 adopt贸 un enfoque similar. El resultado fue catastr贸fico. Los palestinos, que eran la poblaci贸n ind铆gena y la mayor铆a en el territorio, no tuvieron ninguna influencia en la soluci贸n propuesta. Cuando la rechazaron, la ONU ignor贸 su posici贸n. El movimiento sionista y sus aliados les impusieron la partici贸n por la fuerza.

Cuando se firm贸 Oslo I, el primer conjunto de acuerdos en su mayor铆a simb贸licos, la desastrosa falta de cualquier contribuci贸n palestina no sali贸 a la luz de inmediato. Esos acuerdos inclu铆an no solo el reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP, sino tambi茅n el regreso de Yasser Arafat y de la direcci贸n en general de la OLP a Palestina. Esta parte del acuerdo cre贸 una euforia comprensible entre algunos palestinos, ya que ocultaba bien el verdadero prop贸sito de Oslo.

Para endulzar la amarga p铆ldora pronto se elimin贸 con el siguiente paquete de acuerdos, conocido como el Acuerdo de Oslo II, en 1995. Incluso el d茅bil Arafat los encontr贸 dif铆ciles de aceptar, y el presidente egipcio Hosni Mubarak literalmente le oblig贸 a firmar el pacto frente a las c谩maras de medio mundo.

Una vez m谩s, como en 1947, la comunidad internacional aplic贸 una “soluci贸n” que satisfac铆a las necesidades y visiones ideol贸gicas de Israel, ignorando por completo los derechos y aspiraciones de los palestinos. Y una vez m谩s, el principio subyacente de la “soluci贸n” era la partici贸n.

En 1947, se le hab铆a ofrecido el 56 por ciento de Palestina al movimiento de colonos sionistas y ocup贸 el 78 por ciento por la fuerza. El Acuerdo de Oslo II ofreci贸 a Israel otro 12 por ciento de la Palestina hist贸rica, consolidando el estado del gran Israel en m谩s del 90 por ciento del pa铆s y creando dos bantustanes en el resto del territorio.

En 1947, la propuesta era dividir Palestina entre un estado jud铆o y uno 谩rabe. La narrativa elaborada por Israel, Fafo y los actores internacionales involucrados en la mediaci贸n de Oslo fue que los palestinos hab铆an perdido la oportunidad para conseguir un estado propio debido a la posici贸n irresponsable y negativa que hab铆an adoptado en 1947. Por lo tanto, did谩cticamente, se les ofreci贸 entonces un territorio mucho m谩s peque帽o y una entidad pol铆tica degradada, pero en ning煤n caso nada que se pueda parecer a un estado.

Geograf铆a del desastre

Oslo II cre贸 una geograf铆a de desastre que permiti贸 a Israel extenderse sobre partes adicionales de la Palestina hist贸rica mientras encerraba a los palestinos en dos bantustanes; o, para decirlo de otra manera, dividiendo Cisjordania y la Franja de Gaza en 谩reas jud铆as y palestinas.

El 脕rea A quedaba bajo el gobierno directo de la Autoridad Palestina (AP – con la apariencia de un estado, pero ninguno de sus poderes); El 脕rea B fue gobernada conjuntamente por Israel y la Autoridad Palestina (pero efectivamente por Israel); y el 脕rea C estaba gobernada exclusivamente por Israel. Recientemente, de forma gradual, esta zona se ha anexado de facto a Israel.

Los medios para lograr esa anexi贸n han incluido el acoso militar y de los colonos a los aldeanos palestinos (algunos de los cuales ya hab铆an abandonado sus hogares), la declaraci贸n de vastas 谩reas como campos de entrenamiento para el ej茅rcito o “pulmones verdes” ecol贸gicos, de los cuales los palestinos est谩n excluidos, y finalmente constantes transformaciones del r茅gimen agrario para apoderarse de m谩s tierras para nuevos asentamientos o la expansi贸n de los antiguos.

Cuando Arafat lleg贸 a Camp David en 2000, el mapa de Oslo se hab铆a desarrollado con claridad y, de muchas maneras, hab铆a creado hechos irreversibles sobre el terreno. La caracter铆stica principal de la cartograf铆a posterior a Oslo fue la bantustanizaci贸n de Cisjordania y la Franja de Gaza, la anexi贸n oficial del 谩rea metropolitana de Jerusal茅n y la separaci贸n f铆sica del norte y el sur de Cisjordania.

Otros desarrollos no fueron menos importantes: la desaparici贸n del derecho al retorno de la agenda de “paz” y la continua judaizaci贸n de la vida palestina dentro de Israel (mediante la expropiaci贸n de tierras, el estrangulamiento espacial de pueblos y ciudades, el mantenimiento de asentamientos y pueblos exclusivos para jud铆os y la aprobaci贸n de una serie de leyes que institucionalizan a Israel como un estado de apartheid).

M谩s tarde, cuando result贸 demasiado costoso mantener la presencia de colonos en medio de la Franja de Gaza, los dirigentes de Israel revisaron el mapa y la l贸gica de Oslo para incluir un nuevo m茅todo para apoyarlo: imponer el asedio terrestre y el bloqueo mar铆timo de Gaza por su negativa a convertirse en otra 脕rea A bajo la AP.

Despu茅s de Rabin

La geograf铆a del desastre, al igual que en 1948, fue el resultado de un plan de paz. Desde 1995 y la firma del acuerdo de Oslo II, m谩s de seiscientos puestos de control han robado a los habitantes de los territorios ocupados su libertad de movimiento entre pueblos y ciudades (y entre la Franja de Gaza y Cisjordania). La vida ha sido administrada en las 脕reas A y B por la Administraci贸n Civil, un equipo cuasi militar dispuesto a otorgar permisos solo a cambio de una colaboraci贸n total con los servicios de seguridad.

Los colonos continuaron con sus ataques sectarios contra los palestinos y la expropiaci贸n de sus tierras. El ej茅rcito israel铆 con sus unidades especiales entra en el 脕rea A y la Franja de Gaza a voluntad, arrestando, hiriendo y matando palestinos. El castigo colectivo de las demoliciones de viviendas y los largos toques de queda y cierres tambi茅n continuaron en el marco del “acuerdo de paz”.

Poco despu茅s de la firma de Oslo II, el primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin, fue asesinado en noviembre de 1995. Nunca sabremos si hubiera querido, o hubiera podido, influir en los acontecimientos de una manera m谩s positiva. Quienes lo sucedieron hasta el 2000, Shimon Peres, Benjamin Netanyahu y Ehud Barak, apoyaron plenamente la transformaci贸n de Cisjordania y la Franja de Gaza en dos mega-prisiones, donde el movimiento de entrada y salida, la actividad econ贸mica, la vida diaria y la supervivencia depend铆an de la buena voluntad de Israel, un bien escaso en el mejor de los casos.

El liderazgo palestino bajo Yasser Arafat se trag贸 estas amargas p铆ldoras por varias razones. Era dif铆cil renunciar a la apariencia de poder presidencial, a un sentido de independencia en algunos aspectos de la vida y, sobre todo, a la creencia ingenua de que se trataba de una situaci贸n temporal, que ser铆a reemplazada por un acuerdo final que conducir铆a a la soberan铆a palestina. (Cabe se帽alar que este liderazgo firm贸 un acuerdo que no menciona en ninguna parte de su papeleo oficial el establecimiento de un estado palestino independiente).

El espejismo de Camp David

Por un breve momento en 1999, pareci贸 que hab铆a una base para tal optimismo. El gobierno de derecha de Benjamin Netanyahu dio paso a otro encabezado por el l铆der laborista, Ehud Barak. Ret贸ricamente, Barak declar贸 su compromiso con el acuerdo y su voluntad de implementaci贸n final. Sin embargo, debido a una r谩pida p茅rdida de su mayor铆a en la Knesset, 茅l y el presidente de los EEUU, Bill Clinton, envuelto en ese momento en el asunto Monica Lewinsky, arrastraron a Yasser Arafat a una cumbre desordenada y mal preparada en el verano de 2000.

El gobierno israel铆 reclut贸 una gran cantidad de expertos y prepar贸 monta帽as de documentos con un prop贸sito en mente: imponer la interpretaci贸n israel铆 de un acuerdo final a Arafat. Seg煤n sus expertos, el fin del conflicto implicar铆a la anexi贸n de grandes bloques de asentamientos a Israel, una capital palestina en la aldea de Abu Dis, y un estado desmilitarizado, sometido al control econ贸mico israel铆 y a su dominio en materia de seguridad. El acuerdo final no incluy贸 ninguna referencia seria al derecho de retorno y, por supuesto, como con los propios Acuerdos de Oslo, ignor贸 totalmente a los palestinos en Israel.

La parte palestina contrat贸 al Instituto Adam Smith de Londres para ayudarlos en sus preparativos para la apresurada cumbre. Produjeron algunos breves documentos, que en cualquier caso no fueron considerados relevantes por Barak y Clinton. Estos dos caballeros ten铆an prisa por concluir el proceso en dos semanas, simplemente pensando en su propia supervivencia dom茅stica.

Ambos necesitaban un 茅xito r谩pido del que jactarse (un precedente de la gesti贸n catastr贸fica de Donald Trump de la crisis del COVID-19 y la paz de Israel con los Emiratos 脕rabes Unidos y Bahr茅in, vendida como un gran triunfo de su administraci贸n). Dado que el tiempo era esencial para la credibilidad de la maniobra, dedicaron las dos semanas a ejercer una enorme presi贸n sobre Arafat para que firmara un acuerdo cerrado, preparado de antemano en Israel.

Arafat explic贸 a los dos que necesitaba un logro tangible que mostrar a su regreso a Ramallah. Esperaba al menos poder anunciar un congelamiento de los asentamientos y / o el reconocimiento del derecho de la OLP a Jerusal茅n este, as铆 como alg煤n tipo de acuerdo de principios sobre la importancia del derecho al retorno para la parte palestina. Barak y Clinton ignoraron por completo su situaci贸n. Antes de que Arafat partiera hacia Palestina, los dos l铆deres lo acusaron de belicista.

La Segunda Intifada

A su regreso, Arafat, como inform贸 m谩s tarde el senador George Mitchell, se mostr贸 bastante pasivo y no plane贸 ning煤n movimiento dr谩stico, mucho menos un levantamiento. Los servicios de seguridad de Israel informaron a sus jefes pol铆ticos que Arafat estaba haciendo todo lo posible para aplacar a los miembros m谩s militantes de Fatah, y a煤n esperaba encontrar una nueva soluci贸n diplom谩tica.

Los que rodeaban a Arafat se sintieron traicionados. Hab铆a una atm贸sfera de impotencia hasta la provocativa visita a Haram al-Sharif del l铆der de la oposici贸n israel铆, Ariel Sharon. La maniobra de Sharon para recuperar su propio protagonismo desencaden贸 una ola de manifestaciones a las que el ej茅rcito israel铆 respondi贸 con particular brutalidad. Hab铆an sufrido recientemente una humillaci贸n a manos del movimiento Hezbol谩 del L铆bano, que oblig贸 a las Fuerzas de Defensa de Israel a retirarse del sur del L铆bano y, al parecer, erosion贸 el poder de disuasi贸n de Israel.

Los polic铆as palestinos decidieron que no pod铆an quedarse al margen y el levantamiento se volvi贸 m谩s militarizado. Se extendi贸 a Israel, donde la polic铆a racista de gatillo f谩cil estaba encantada de demostrar con qu茅 facilidad pod铆an matar a manifestantes palestinos que eran ciudadanos del estado israel铆.

El intento de algunos grupos palestinos como Fatah y Hamas de responder con ataques suicidas con bombas fracas贸 cuando las operaciones de represalia israel铆es, que culminaron en la infame operaci贸n “Escudo Defensivo” de 2002, provocaron la destrucci贸n de ciudades y pueblos y a una mayor expropiaci贸n de tierras por parte de Israel. Otra respuesta fue la construcci贸n del muro del apartheid que separa a los palestinos de sus negocios, campos y centros de vida.

Israel volvi贸 a ocupar efectivamente Cisjordania y la Franja de Gaza. En 2007, se restaur贸 el mapa A, B y C de Cisjordania. Despu茅s de la retirada israel铆 de Gaza, Hamas se hizo cargo y el territorio fue sometido a un asedio que contin煤a hasta el d铆a de hoy.

De las cenizas

Muchos pol铆ticos y estrategas israel铆es conf铆an en que han quebrado el esp铆ritu de resistencia palestino. Veintisiete a帽os despu茅s de la firma de los Acuerdos de Oslo, el c茅sped de la Casa Blanca ha acogido en una nueva ceremonia los Acuerdos de Abraham, un acuerdo de paz y normalizaci贸n entre Israel y dos estados 谩rabes, los Emiratos 脕rabes Unidos y Bahr茅in.

Los principales medios de comunicaci贸n estadounidenses e israel铆es nos aseguran que este es el 煤ltimo clavo en el ata煤d de la obstinaci贸n palestina. Argumentan que la Autoridad Palestina tendr谩 que aceptar cualquier oferta de Israel, ya que no queda nadie para ayudarlos si rechaza sus propuestas.

Pero la sociedad palestina es una de las m谩s j贸venes y educadas del mundo. El movimiento nacional palestino resurgi贸 de las cenizas de la Nakba en la d茅cada de 1950 y podr铆a volver a hacerlo. No importa cu谩n poderoso sea el ej茅rcito israel铆, y no importa cu谩ntos estados 谩rabes m谩s firmen tratados de paz con Israel, el estado jud铆o seguir谩 albergando millones de palestinos bajo su control dentro de un r茅gimen de apartheid.

El fracaso de Camp David en el 2000 no fue el final de un aut茅ntico proceso de paz. Nunca ha habido tal proceso, desde que el movimiento sionista lleg贸 a Palestina a finales del siglo XIX; m谩s bien, signific贸 la proclamaci贸n oficial del apartheid en Israel. No sabemos durante cu谩nto tiempo el resto del mundo aceptar谩 semejante r茅gimen como leg铆timo y viable, o si finalmente comprender谩 que la de-sionizaci贸n de Israel, con la creaci贸n de un estado democr谩tico que abarque toda la Palestina hist贸rica, es la 煤nica soluci贸n justa de este problema.

jacobinmag.com. Traducci贸n: Enrique Garc铆a para Sinpermiso. Extractado por La Haine.




Fuente: Lahaine.org