January 26, 2023
De parte de Indymedia Argentina
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El ascenso de las nuevas derechas ya no genera sorpresas en el mundo. Confirma una tendencia de las 煤ltimas d茅cadas, que incluye su captura de varios gobiernos y su presencia como actor corriente del sistema pol铆tico.

Jair Bolsonaro durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales en las que cay贸 derrotado ante Lula da Silva. Foto: Evaristo Sa, AFP.

La oleada de proyectos reaccionarios canaliza parte del descontento generado por la globalizaci贸n neoliberal. Recepta con mensajes contestatarios, el hast铆o suscitado por un modelo que multiplic贸 la desigualdad, el desempleo y la precarizaci贸n laboral.

La ultraderecha acusa a 鈥渓os pol铆ticos鈥 de los males que afectan a la sociedad, pero se excluye a s铆 misma de esa responsabilidad. Despotrica contra presidentes, legisladores o simples empleados p煤blicos, encubriendo al poder econ贸mico, judicial y militar que genera los sufrimientos populares.

Juventudes precarizadas en Europa y Am茅rica.

Sus l铆deres despliegan un discurso demag贸gico que disimula su complicidad con esa regresi贸n. Jam谩s resistieron el deterioro del nivel de vida popular que impuso el capitalismo neoliberal, ni batallaron contra la desestructuraci贸n social que gener贸 ese esquema (Palheta, 2018).

Se han montado en la erosi贸n del sistema pol铆tico, para lucrar con el generalizado descreimiento en los partidos tradicionales. Propician la irritaci贸n contra las v铆ctimas de la crisis, para facilitar la perpetuaci贸n de los privilegios de las clases dominantes.

Perfiles, creencias y posturas

La nueva derecha surgi贸 inicialmente en Europa resucitando los discursos xen贸fobos del nacionalismo. Adopt贸 las banderas del soberanismo regresivo de las regiones pr贸speras, que no quieren compartir los recursos fiscales con las zonas retrasadas.

Tambi茅n empalm贸 con el renacimiento de las religiones, el repliegue identitario y la a帽oranza por las conquistas perdidas. Esa nostalgia de un pasado mejor fue transformada en un persistente odio, contra los sectores acusados de causar las desgracias actuales. La ultraderecha no sit煤a en ese banquillo a los capitalistas, sino a los segmentos populares m谩s desprotegidos. Concentra toda su artiller铆a sobre esas minor铆as y supone que la sociedad armoniosa del pasado ha sido corro铆da por la indeseada presencia de estos grupos (Forti, 2021).

Jean-Marie Le Pen y Marine Le Pen, del ultraderechista Front national franc茅s (actual Rassemblement national).

Con esa distorsi贸n de la realidad exculpa a los potentados y ataca a los inmigrantes que escapan de las guerras o del despojo agrario. Exige la persecuci贸n de las v铆ctimas de esas tragedias, criminalizando su desesperada huida con m谩s deportaciones, campos de concentraci贸n y militarizaciones fronterizas.

La ultraderecha omite la hip贸crita utilizaci贸n capitalista de esas desventuras para abaratar la fuerza de trabajo. Tambi茅n silencia la inoperancia de sus promocionadas penalidades para contener la explosi贸n de refugiados que generan las guerras del imperialismo. El n煤mero de esos desamparados ya supera los 70 millones de individuos (Larsen, 2018).

Los derechistas europeos han reemplazado el viejo antisemitismo por la nueva islamofobia. Descargan contra el mundo musulm谩n la misma furia que sus antecesores dirig铆an contra los jud铆os. En esta asociaci贸n de lo extranjero con la corrosi贸n de la identidad nacional, el hebraico bolchevique del pasado ha sido sustituido por el terrorista 谩rabe (Traverso, 2016).

En las metr贸polis, la derecha reactiva los viejos prejuicios del colonialismo. Anuncia un dram谩tico reemplazo de la poblaci贸n blanca por otras variedades 茅tnicas, para impedir el acceso de las nuevas minor铆as a los cargos m谩s apreciados del empleo estatal. En todas partes difunde la misma campa帽a de crispaci贸n, para justificar pol铆ticas autoritarias contra los sectores sumergidos.

Comandan, adem谩s, una reacci贸n neo patriarcal contra los derechos conquistados por las mujeres. Esa contraofensiva es proporcional a la exitosa gravitaci贸n del feminismo y a la traum谩tica reestructuraci贸n contempor谩nea del entorno familiar. La nueva derecha a帽ora la vieja y sacudida estabilidad del patriarcado (Therborn, 2018).

El fascismo espa帽ol de Vox.

Las vertientes libertarias de ese conglomerado tuvieron gran protagonismo durante la pandemia, en su batalla contra las vacunas y los pases sanitario. Lanzaron advertencias delirantes contra una sat谩nica elite gobernante, que buscar铆a aterrorizar a la poblaci贸n mundial mediante enfermedades imaginarias.

Ese tipo de creencias ins贸litas permea a toda la ultraderecha del siglo XXI. Su evaluaci贸n de la pandemia como un simple invento se nutre del negacionismo clim谩tico y de la reacci贸n conservadora contra el movimiento ambientalista.

Pero lo novedoso es la presentaci贸n de su cruzada como un acto de rebeld铆a, junto a una intensa defensa de los principios conservadores (Lucita, 2023). En los hechos retoman los viejos imaginarios tradicionalistas con un tono de indignaci贸n y poses contestatarias. Coquetean con lo exc茅ntrico para enmascarar su adhesi贸n al status quo.

Los derechistas radicalizan los postulados del neoliberalismo en la inconsistente modalidad del anarcocapitalismo. Ese concepto es un contrasentido, puesto que reivindica un ideal de plena libertad, bajo un sistema que funciona con estrictas normas de regulaci贸n estatal.

Pero en ese combo de conceptos la ultraderecha nunca pierde el hilo conductor de su estrategia: culpar a los m谩s despose铆dos por las desgracias que sufren los asalariados y la clase media. Esa pol铆tica de enemistad con los humildes y justificaci贸n de los poderosos es el plan B del capitalismo, frente a la aguda crisis de las formas convencionales de dominaci贸n.

Al igual que sus antecesores, los derechistas contempor谩neos est谩n atravesados por una irresuelta tensi贸n entre vertientes extremas y tradicionales. Las corrientes ofensivas disputan con las defensivas y los promotores de la acci贸n virulenta rivalizan con sus pares meramente transgresores (Mosquera, 2018). En esas disidencias, el amoldamiento al status quo coexiste con incursiones audaces y aventureras.

La toma de edificios p煤blicos por bandas movilizadas es la operaci贸n m谩s impactante de las vertientes agresivas. El asalto al Capitolio en Washington (2021) y la ocupaci贸n de los Tres Poderes en Brasilia (2023) han sido los actos m谩s resonantes de una escalada, que tambi茅n incluy贸 simulaciones del mismo tipo en Paris (2018), Berl铆n (2020), Roma (2021) y Ottawa (2022) (Ramonet, 2023).

Asalto de seguidores de Trump al Capitolio estadounidense el 6 de enero de 2021.

Esa secuencia indica un modus operandi compartido por un sector que combina el mensaje reaccionario con la exhibici贸n de fuerza. Su captura por un brev铆simo tiempo de los lugares m谩s emblem谩ticos del poder pol铆tico es la ant铆tesis de las revoluciones populares, que derrocaron monarqu铆as, tiran铆as o dictaduras en los 煤ltimos dos siglos. En lugar de coronar una din谩mica de emancipaci贸n apuntalan proyectos contrapuestos de opresi贸n totalitaria.

Amoldamientos en Europa

La nueva derecha despunt贸 con fuertes avances electorales en Europa, pero no logr贸 hasta ahora un status dominante (L枚wy, 2019). El descontento que genera el ajuste impuesto por la unificaci贸n regional ha generalizado una frustraci贸n, que los derechistas capturan impugnando a Bruselas. Usufruct煤an de las reacciones nacionalistas que genera la gestaci贸n de una nueva estructura continental, sin la correspondiente identidad europea.

Pero esa canalizaci贸n de malestares ya no es una novedad. Las corrientes pardas acumulan doce a帽os de gobierno en Hungr铆a bajo el comando de Orban, que encarna la mayor conversi贸n de un dirigente liberal a la moda derechista. Con la bandera del cristianismo y el fomento del p谩nico identitario erosion贸 los derechos civiles, multiplic贸 el autoritarismo y convirti贸 a Budapest en un centro de peregrinaje del conservadurismo mundial (S谩nchez Rodr铆guez, 2020). Los coqueteos de Urban con Pek铆n y Mosc煤 no remueven sin embargo sus compromisos con la OTAN y las diatribas contra la Uni贸n Europea no alteran su dependencia financiera de ese organismo.

El primer ministro de Hungr铆a, Viktor Orb谩n. Foto: Bernadett Szabo.

Estas dualidades de la ultraderecha h煤ngara se extienden a Polonia, d贸nde se ha consolidado un gobierno que recorta los derechos civiles, avasalla el poder judicial, bloquea el ingreso de inmigrantes y resiste la preservaci贸n del medio ambiente. Pero la ret贸rica inflamada de sus gobernantes no se traduce en medidas acordes, cuando peligra el sost茅n econ贸mico de Bruselas. Los mandatarios de la oleada reaccionaria son muy pragm谩ticos y amoldan su gesti贸n a las exigencias del establishment.

El presidente polaco, Andrzej Duda.

Esta misma adaptaci贸n se perfila en Italia con la llegada de una figura que reivindica a Mussolini. En los hechos, la ultraderecha italiana ha quedado totalmente incorporada al manejo de cuotas variables del poder estatal. Desde los a帽os 90, Berlusconi y Salvini precedieron a Meloni en ese tipo de administraci贸n (Trucchi, 2022). Italia es la tercera econom铆a de la Uni贸n Europea, integra el G7 y act煤a directamente en la OTAN. Por esa raz贸n, seguramente la ultraderecha encontrar谩 una adaptaci贸n al guion combinado de Bruselas y Washington.

Giorgia Meloni, de la ultraderechista Fratelli d鈥橧talia.

Estas experiencias de gobierno son muy ilustrativas del rumbo transitado por los partidos reaccionarios. Su ejercicio del gobierno en algunos pa铆ses, brinda la pauta de lo que podr铆a suceder en las naciones d贸nde logran avances (Suecia) o sufren altibajos (Alemania, Austria, Espa帽a).

Francia es el principal candidato a un ensayo de mayor porte. Cuenta con m谩s variantes que el resto del continente y alberga un ex贸tico conjunto de celebridades e influencers en las redes sociales (Febbro, 2022).

En todos los pa铆ses del Viejo Continente la ultraderecha afronta dos contradicciones que no puede resolver. Por un lado, convoca a recuperar la soberan铆a monetaria sin moverse del euro y por otra parte, propone restaurar la soberan铆a militar sin abandonar la OTAN. Ambos contrasentidos retratan los enormes l铆mites de esas formaciones.

La centralidad del Trumpismo

El trumpismo se ha transformado en el principal referente de la nueva derecha. Sus pares de Europa (Le Pen, Orban, Abascal Conde, Meloni) lo adoptaron como inspiraci贸n de los pr贸ximos pasos. Esa centralidad es coherente con la continuada supremac铆a norteamericana en el sistema imperial y con la pretensi贸n estadounidense de recuperar la hegemon铆a internacional.

Donald Trump.

Los socios de Trump tantearon incluso la formaci贸n de una Internacional Parda para ratificar ese liderazgo. Ese ensayo de Banon fracas贸, pero no ha sido archivado y podr铆a renacer si persiste la primac铆a de Washington y la subordinaci贸n de Bruselas (Conroy: Dervis, 2018). La ultraderecha reproduce esa asimetr铆a de la relaci贸n euro-americana, que choca con el legado chauvinista y el ostentado nacionalismo de esa corriente en el Viejo Mundo.

Esa primac铆a norteamericana tambi茅n obedece a su mayor manejo de los nuevos instrumentos para manipular el electorado. Han demostrado gran capacidad para forjar el nuevo ecosistema comunicacional de la derecha 2.0. Se especializaron en difundir mentiras para convencer a sus seguidores y neutralizar a sus opositores.

A trav茅s de las redes sociales ejercen una influencia mental y psicol贸gica sobre sus adherentes muy superior a la prensa, la radio y los medios de comunicaci贸n del siglo XX. En ese nuevo universo es m谩s dif铆cil distinguir lo cierto de lo falso, la realidad de la ficci贸n o lo aut茅ntico de lo manipulado. En ese 谩mbito la nueva derecha encontr贸 un entorno favorable para difundir mensajes delirantes del m谩s variado tipo.

Tambi茅n apuntalaron los experimentos de Cambridge Anal铆tica para dividir al electorado en nichos estratificados y desarrollar estrategias de digitaci贸n, con mensajes micro focalizados en cada segmento (Serrano, 2020).

Pero ninguno de estos instrumentos alcanz贸 para evitar el fracaso de la presidencia de Trump. Los desenfrenos del magnate socavaron sus pretensiones autoritarias y esas falencias lo empujaron a su fallida toma del Capitolio. El millonario tampoco logr贸 contener el declive internacional de Estados Unidos con agresividad discursiva, mercantilismo arancelario y desplantes geopol铆ticos. En los hechos, evit贸 poner a prueba el recortado poder de la primera potencia y disfraz贸 esas vacilaciones con pomposas bravuconadas.

Trump captur贸 igualmente a una masa plebeya descontenta con las elites globalistas de las costas y forj贸 una base electoral perdurable en torno al Partido Republicano. Aglutina numerosas variantes de una derecha, que combinan la manipulaci贸n institucional con la presi贸n de las milicias racistas. Ha logrado reciclar todos los mitos del individualismo, revitalizando absurdas creencias en la genialidad (o excepcionalidad) de los estadounidenses.

Frente a la decepci贸n con un presidente tan senil e inaudible como Biden, Trump apuesta a un segundo mandato. Pero no logr贸 suscitar la esperada marea republicana en las elecciones de medio t茅rmino. Los Dem贸cratas mantuvieron m谩s esca帽os en el Congreso que los imaginados y se quebr贸 la pauta hist贸rica de retroceso del oficialismo en este tipo de comicios. No hubo voto castigo, a pesar de la defraudaci贸n que gener贸 Biden en el grueso de su electorado (Morgenfeld, 2022).

Los candidatos m谩s alocados de la ultraderecha fueron derrotados en sus distritos, en un marco de gran reacci贸n democr谩tica contra la anulaci贸n judicial del derecho al aborto. Hubo un alto registro de votantes en muchas circunscripciones para sostener esa conquista (Selfa, 2022).

Este fracaso de Trump ha sido aprovechado por sus propios rivales para disputarle la pr贸xima candidatura presidencial. Son personajes del mismo espectro reaccionario, con exponentes como el gobernador De Santis, que sustituy贸 la educaci贸n sexual en los colegios por un d铆a de oraci贸n por las 鈥渧铆ctimas del comunismo鈥. En este escenario, el retorno de la ultraderecha a la Casa Blanca es por muy incierto.

Singularidades latinoamericanas

La influencia del trumpismo es muy visible en la ultraderecha latinoamericana. El resurgimiento de este 煤ltimo sector fue posterior a Europa o Estados Unidos y cobr贸 fuerza durante la restauraci贸n conservadora (2014-2019) que sucedi贸 al ciclo progresista.

Como en otras partes del mundo, afianz贸 su pr茅dica durante la pandemia con inconsistentes discursos negacionistas y objeciones medievales a las vacunas. Comparte con sus pares del Primer Mundo las conductas autoritarias, la intolerancia hacia las minor铆as estigmatizadas y la recreaci贸n de una ideolog铆a conservadora.

Donald Trump y Mauricio Macri.

Ha importado, adem谩s, las t茅cnicas de manipulaci贸n de las redes sociales, con una agenda reaccionaria de intrigas y fake news implementada por pelotones de trolls. Transformaron la conversaci贸n y el contrapunto de opiniones en enga帽os, para fidelizar a un p煤blico cautivo. Multiplican de esa forma su captura de audiencias, viralizando discursos de pura intolerancia.

Con ese instrumental han logrado salir del encierro de clase que afectaba a sus antecesores elitistas y lograron territorializar parte de su actividad en el campo popular. Disputan actualmente presencia en sectores sociales que estaban fuera de su alcance, con posturas demag贸gicas basadas en la denigraci贸n del sistema pol铆tico (L贸pez, 2022). Con esos pilares despliegan una presencia callejera mayor que sus colegas del mundo desarrollado.

La ultraderecha latinoamericana tiene determinantes muy espec铆ficos. Expresa, ante todo, la reacci贸n de los grupos dominantes contra las mejoras obtenidas durante el ciclo progresista de la d茅cada precedente. No se limita a canalizar un gen茅rico descontento con los efectos del neoliberalismo, sino que busca doblegar la intensa movilizaci贸n social que prevalece en la regi贸n.

Por esa raz贸n confronta tambi茅n en las calles con todos los movimientos, partidos o figuras emparentados con alg煤n ideario progresista. Este perfil reactivo y revanchista es la nota dominante de la oleada reaccionaria en Am茅rica Latina (De Gori, 2017).

La guillotina de 鈥淩evoluci贸n Federal鈥, el grupo macrista que intent贸 asesinar a Cristina Fern谩ndez de Kirchner, en Plaza de Mayo el 9 de julio de 2022. Foto: Nicolas Solo ((i))

La t贸nica vengativa contra las experiencias revolucionarias (Fidel) radicales (Ch谩vez, Evo) o progresistas (Kirchner, Lula, Correa) explica su odio a la izquierda y su apego a las modalidades cl谩sicas del macartismo. Las diatribas contra la 鈥渁menaza comunista鈥 han renacido con gran fuerza en el Nuevo Mundo y el discurso de la guerra fr铆a es repetido con la misma puntillosidad del pasado.

La derecha regional desenvuelve, adem谩s, una agenda tem谩tica propia. La hostilidad a los inmigrantes o las persecuciones de minor铆as 茅tnicas no ocupan tanto espacio, como las campa帽as contra la delincuencia. La demagogia punitiva, la exigencia de dureza policial y la convocatoria al uso generalizado de las armas son sus principales caballitos de batalla, en una regi贸n afectada por elevados niveles de violencia social (Traverso, 2019).

Am茅rica Latina ha quedado al margen de los grandes conflictos b茅licos, pero acumula un r茅cord de violencia cotidiana, De las 50 urbes m谩s peligrosos del planeta 43 se localizan en la regi贸n. El neoliberalismo ha generado un entramado may煤sculo de criminalidad. A帽ade a los viejos patrones de la marginalidad urbana, una novedosa interacci贸n de mafias y redes del narcotr谩fico controladas desde Estados Unidos. El mensaje de orden represivo busca resucitar de a帽oranza por un pasado m谩s tolerable.

Nueva cruzada con primac铆a del norte

La ultraderecha regional repite el viejo recitado conservador contra 鈥渓os pol铆ticos ladrones鈥, ocultando sus propias fuentes de financiamiento. Cuenta con el apoyo de los grupos capitalistas beneficiados por el ajuste neoliberal y por eso aprueba en forma expl铆cita el programa econ贸mico de esos sectores. No comparte el distanciamiento formal de sus colegas europeos del ideario neoliberal, ni su disfraz con ingredientes de xenofobia. En Am茅rica Latina propugnan formas extremas de apertura comercial, liberalizaci贸n financiera y desregulaci贸n laboral.

Sus principales voceros abjuran del viejo nacionalismo de la derecha, que resaltaba las virtudes del desarrollismo y del intervencionismo estatal (Petras, 2018). Ese abandono corrobora su total sinton铆a con la restauraci贸n conservadora que exigen las clases dominantes.

Los grupos reaccionarios cuentan, adem谩s, con el enorme sost茅n de muchas corrientes evangelistas. El vertiginoso crecimiento de esa comunidad ha puesto a la Iglesia Cat贸lica a la defensiva y ya tiene contundentes correlatos pol铆ticos. Desenvuelven intensas campa帽as contra la igualdad de g茅nero (Gatti, 2018) y han logrado que Brasil sea el pa铆s con mayor poblaci贸n pentecostal del planeta. Ungieron un presidente en Guatemala y formaron bancadas de legisladores en Chile, M茅xico, Colombia, Paraguay, Per煤 y Ecuador.

La subordinaci贸n al trumpismo es un rasgo generalizado en todas las vertientes de la regi贸n. El primer ensayo de articulaci贸n derechista en Am茅rica Latina fue directamente dise帽ado por los asesores del magnate (Abrams, Rubio, Pompeo), que montaron el ef铆mero Grupo de Lima. La estrecha y subordinada relaci贸n de Bolsonaro a Trump qued贸 corroborada en el refugio provisto por la Florida a los golpistas brasile帽os.

El 鈥淕rupo de Lima鈥.

Tambi茅n el evento organizado por dos agrupaciones del conservadurismo estadounidense (CPAC, ACU) en M茅xico, retrat贸 la primac铆a del Norte sobre sus pares de la regi贸n (Majfud, 2022). Llegaron al rid铆culo de exponer en la capital azteca, el mismo discurso antiinmigrante que propagan al otro lado de la frontera. El trumpismo no disimula sus exigencias de total sometimiento del Patio Trasero.

Los reaccionarios de Latinoam茅rica han buscado tambi茅n una articulaci贸n con el falangismo espa帽ol de Vox, para recrear el eje ideol贸gico hispano-americano. Al discurso habitual contra el 鈥減eligro comunista鈥, a帽aden la reivindicaci贸n de la conquista colonial y la consiguiente convalidaci贸n de la masacre de los pueblos originarios. En el debut de esa cruzada, el alzamiento franquista fue ensalzado y edulcorado con una alegre presentaci贸n musical (鈥淰amos a volver al 36鈥).

Este alineamiento compite con los enlaces m谩s tradicionales de la Ibero-esfera (un t茅rmino que sustituye la alica铆da noci贸n de Iberoam茅rica). Ese nexo es motorizado por el Partido Popular espa帽ol y los intelectuales ultraconservadores del Nuevo Mundo (como Mario Vargas Llosa). En este tipo de entrelazamientos, los derechistas latinoamericanos vuelven a sus ra铆ces hispano-eclesi谩sticas, confirmando su ausencia de novedades sustanciales.

Golpismo recargado

La oleada conservadora confirma que la derecha no se apacigu贸, ni moderniz贸 en Am茅rica Latina. Las ilusiones en un comportamiento 鈥渃ivilizado鈥 de este sector se est谩n diluyendo, junto a la creciente influencia de las vertientes extremas de ese espectro (Campione, 2022).

La derecha sostuvo tradicionalmente todas las formas de violencia que utilizaron las clases dominantes para garantizar sus privilegios. Esa funci贸n era asegurada por el ej茅rcito a trav茅s de feroces dictaduras.

Los fracasos acumulados por esas tiran铆as y la fuerte oposici贸n democr谩tica a su reinstalaci贸n han reducido la viabilidad de esa receta. Para sortear esa limitaci贸n, la nueva oleada reaccionaria apuntala formas sustitutas del viejo golpismo.

El ficticio presidente venezolano Juan Guaid贸, surgido de las 鈥済uarimbas鈥 de ultraderecha.

El imperialismo norteamericano es el principal sost茅n de los reg铆menes autoritarios, que la ultraderecha refuerza con su ideolog铆a, sus aparatos y sus liderazgos. Ha estado particularmente involucrada en los complots del lobby de Miami contra Cuba y Venezuela, pero confronta con cualquier revuelta popular genuina. Recobr贸 gravitaci贸n como instrumento de las elites para lidiar con esas protestas.

Esta funcionalidad para contrarrestar resistencias, acallar militantes y aterrorizar descontentos es su principal rasgo. Los derechistas han tomado nota de los levantamientos sociales, que en los 煤ltimos a帽os desembocaron en triunfos electorales del progresismo en Bolivia, Chile, Per煤, Honduras y Colombia. Tambi茅n registraron las victorias de movilizaciones populares m谩s recientes en Ecuador y Panam谩 y los giros pol铆ticos en Argentina, M茅xico y Brasil.

La ultraderecha vuelve a escena para tantear respuestas reaccionarias a esos desaf铆os. La restauraci贸n conservadora no pudo sepultar el ciclo precedente y por eso ensayan otros rumbos, para desactivar la persistente lucha popular. Pero frente a tantas variedades de esa contraofensiva se impone tambi茅n una clarificaci贸n te贸rica del sentido de ese espacio. Abordaremos ese problema en el pr贸ximo texto.

. 21-1-2023

Resumen

La nueva derecha canaliza el descontento con la globalizaci贸n neoliberal encubriendo su complicidad con los atropellos patronales. Disfraza su conservadurismo con mensajes de rebeld铆a y culpa a las minor铆as desprotegidas por las desgracias que genera el capitalismo.

Las vertientes europeas no logran conciliar su discurso soberano con el sostenimiento del euro y la subordinaci贸n a la OTAN. El liderazgo trumpista de la oleada reaccionaria es coherente con el comando estadounidense del sistema imperial, pero arrastra varios fracasos.

En Am茅rica Latina confrontan con las sublevaciones populares y el ciclo progresista. Repiten todas las imposturas de la demagogia punitiva y abjuran de sus antecesores desarrollistas, para defender el neoliberalismo y la sumisi贸n a los dictados de Washington. Su gravitaci贸n confirma que la derecha no se apacigu贸, ni moderniz贸.

Referencias

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Fuente: Argentina.indymedia.org