October 12, 2022
De parte de Nodo50
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El viejo estaba all铆. Y habl贸. Vaya, ya lo creo que habl贸. Dijo lo que nadie m谩s se atrevi贸 a decir. Y lo dijo bien. Entre el p煤blico estaba el tuerto, a quien adem谩s le faltaba un brazo. Echaba chispas, el tuerto. Dicen que ese d铆a gritaba mucho. Daba golpes y gru帽铆a como una mala bestia. Se lo llevaban los demonios escuchando al viejo. Hab铆a un obispo catal谩n, el primero que escribi贸 que todo aquello era una Cruzada, que la Ciudad de Dios combat铆a a la Ciudad del Diablo. Pero all铆 estaba la esposa del diablo. La llamaban la Alta Dama o la Alta Se帽ora. Al final el viejo tuvo que agarrarse del brazo de la Se帽ora para que no lo linchasen all铆 mismo. Su marido, en cambio, no tendr铆a tanta clemencia. Pero ya llegaremos a eso.

Conocemos a los personajes. Conocemos los hechos. Sabemos c贸mo empieza y c贸mo termina esta historia. El viejo (o el sabio) se llamaba Miguel de Unamuno. Era rector perpetuo de la Universidad de Salamanca, pero el t铆tulo solo le iba a durar unas semanas. El tuerto (o el manco) era Jos茅 Mill谩n-Astray y Terreros. Todav铆a hoy muchos lo conocen por ser el fundador de la legi贸n. Muy pocos, en cambio, saben que tambi茅n fue el fundador de Radio Nacional de Espa帽a. La mujer es Mar铆a del Carmen Polo y Mart铆nez-Vald茅s, aunque ese nombre a esas alturas nos dice muy poco. Durante los cuarenta a帽os que siguen ser谩 conocida como Carmen Polo de Franco. O 鈥渓a collares鈥. O, sencillamente, la Se帽ora.

Se ha escrito mucho sobre aquella ma帽ana del d铆a de la Hispanidad (todav铆a D铆a de la Raza). Es una de esas leyendas de la Guerra Civil que se han contado tantas veces que casi han perdido su significado. Aunque quiz谩s por ello mismo convenga recordarla.

La guerra civil tuvo para la Universidad efectos similares a los de una bomba at贸mica. A la destrucci贸n inicial habr铆a que sumarle varias d茅cadas de radiaciones

12 de octubre de 1936. La Guerra Civil apenas cumple su cuarto mes. Las tropas sublevadas contra el Gobierno de la Rep煤blica avanzan r谩pido. Unas semanas antes, el 28 de septiembre, el general africanista Francisco Franco ha sido nombrado en Salamanca Jefe de los ej茅rcitos 鈥淕eneral铆simo鈥. A partir de esa fecha la ciudad ser谩 sede de su cuartel general, la primera capital (m谩s tarde lo ser谩 Burgos) del bando fascista. La celebraci贸n del descubrimiento de Am茅rica, Fiesta de la Raza, ha de ser por tanto por todo lo alto. Salamanca ya ha dejado de ser la primera universidad del pa铆s, pero todav铆a mantiene un prestigio y una influencia determinantes, en gran medida debido precisamente a la figura de Unamuno. Sin caer en la exageraci贸n, el viejo es con diferencia el intelectual m谩s respetado en Espa帽a. Anda por los setenta y dos a帽os y ha visto ya varios cambios de r茅gimen. El sabio ha vivido las guerras carlistas. Tres veces ha sido rector de la Universidad de Salamanca y en dos ocasiones ha sido destituido por razones pol铆ticas. Pronto va a sumar la tercera. Resumiendo mucho: le gustaba meterse en l铆os. Sin importarle el color del gobierno, siempre ha sido inc贸modo para el poder. Ha conocido el destierro por injurias al rey Alfonso XIII y por insultar a Primo de Rivera (鈥渇antoche real y peliculero tragic贸mico鈥). Tambi茅n ha contribuido como pocos a la ca铆da de la monarqu铆a, hasta el punto de proclamar desde el balc贸n del Ayuntamiento la llegada de la Rep煤blica el 14 de abril de 1931. Comenzaba, seg煤n sus palabras, 鈥渦na nueva era y termina una dinast铆a que nos ha empobrecido, envilecido y entontecido鈥.

Desde aquel d铆a ha llovido mucho. El sabio no oculta ahora su decepci贸n por la marcha de la Rep煤blica ni su desprecio visceral hacia el presidente Aza帽a (鈥淐uidado con Aza帽a, es un escritor sin lectores y ser谩 capaz de hacer una revoluci贸n para tenerlos鈥). Y s铆, Unamuno se contradec铆a a s铆 mismo unas nueve veces al d铆a y rara vez se casaba con nadie. Hasta ese momento, no obstante, Franco y el resto de militares sublevados no pueden estar m谩s contentos. El cerebro m谩s reconocido del pa铆s les daba su apoyo. Con matices, claro. Unamuno siempre fue inc贸modo. Lo iba a demostrar una 煤ltima vez, aunque a cambio descubrir铆a que, a diferencia de lo ocurrido en los a帽os veinte, lo que llegaba con Franco no era una segunda versi贸n de la dictadura de Primo de Rivera. Posicionarse en su contra no se resolv铆a con cuatro meses de destierro en Fuerteventura.

Pasemos ahora al escenario. Paraninfo de la Universidad de Salamanca. Filas a rebosar. Se conservan las im谩genes de ese d铆a. Falangistas, soldados, personalidades, catedr谩ticos. Era un acto protocolario, pero important铆simo. A nadie se le escapa la necesidad de contar con el respaldo del mundo acad茅mico. Y las palabras del viejo con cara de b煤ho contaban mucho, dentro y fuera de Espa帽a.

Y sin embargo, nada va a seguir el gui贸n previsto.

Tras la misa de rigor, llega el acto acad茅mico. Todo est谩 preparado para el espaldarazo definitivo al alzamiento. No vamos a aburrirnos con los discursos. La secuencia sigue as铆. Primero le toca el turno a Unamuno. Es un saludo de cortes铆a. Dice que prefiere no hablar: 鈥淢e conozco cuando se me desata la lengua鈥. Le siguen el catedr谩tico Jos茅 Mar铆a Ramos Loscertales, el dominico Vicente Beltr谩n de Heredia, el catedr谩tico Francisco Maldonado de Guevara. Cierra las charlas el presidente de la comisi贸n de Cultura y ense帽anza, Jos茅 Mar铆a Pem谩n. Las dos primeras intervenciones siguen los cauces esperados. Unamuno escucha sereno la chatarrer铆a verbal de la 茅poca: loas a Espa帽a, vivas al Caudillo, denuncias del marxismo, la masoner铆a, el juda铆smo, el bolchevismo. Cuando llega el discurso de Maldonado de Guevara, los 谩nimos de la audiencia andan desatados. Lo que se escucha a continuaci贸n rompe incluso la escala de la estupidez. Maldonado habla de catalanes y vascos como 鈥渃谩nceres en el cuerpo de la naci贸n鈥 que 鈥渆l fascismo, sanador de Espa帽a, sabr谩 c贸mo exterminar, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos鈥. El p煤blico, lejos de horrorizarse, rompe en gritos. Se oyen los 鈥渧ivas鈥 de Mill谩n Astray. Los falangistas aplauden extasiados.

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Francisco Franco y Mill谩n Astray en un acto de la Legi贸n en 1926.

“> Francisco Franco y Mill谩n Astray en un acto de la Legi贸n en 1926.

Francisco Franco y Mill谩n Astray en un acto de la Legi贸n en 1926.

Es entonces, cuentan los testigos, cuando a Unamuno le cambia la cara. El anciano aprieta las manos. Se busca en los bolsillos. All铆 encuentra una carta de Enriqueta Carbonell, esposa de Atilano Coco, pastor protestante detenido en los primeros meses de la guerra. Unamuno se hab铆a llevado la carta para entreg谩rsela a Carmen Polo y tratar de conseguir que la petici贸n de clemencia llegue hasta Franco. Ahora, nervioso, toma el papel y garabatea en el reverso algunas anotaciones. Escribe: 鈥淕uerra incivil鈥. Escribe: 鈥淐atalanes y vascos鈥. Escribe: 鈥淰encer y convencer鈥. Escribe: 鈥淐贸ncavo y convexo鈥 (esto 煤ltimo no lo lleg贸 a utilizar). Cuando Jos茅 Mar铆a Pem谩n termina su discurso, el todav铆a rector de Salamanca se pone de pie. Las palabras que siguen var铆an seg煤n las fuentes. La versi贸n que da Andr茅s Trapiello en Las armas y las letras es, tal vez, una de las m谩s completas. Seg煤n Trapiello, el silencio que se hizo fue profundo.

鈥淓st谩is esperando mis palabras. Me conoc茅is bien y sab茅is que soy incapaz de permanecer en silencio. Callar, a veces, significa mentir, porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. Hab铆a dicho que no quer铆a hablar, porque me conozco; pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aqu铆 de guerra internacional en defensa de la civilizaci贸n cristiana; yo mismo lo he hecho otras veces. Pero no, la nuestra solo es una guerra incivil. Nac铆 arrullado por una guerra civil y s茅 lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasi贸n; el odio a la inteligencia, que es cr铆tica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisici贸n. Quisiera comentar el discurso (por llamarlo de alguna forma) del profesor Maldonado. Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosi贸n de ofensas contra vascos y catalanes. El obispo, quiera o no, es catal谩n, nacido en Barcelona, para ense帽aros la doctrina cristiana, que no quer茅is conocer, y yo que, como sab茅is, nac铆 en Bilbao, soy vasco y llevo toda mi vida ense帽谩ndoos la lengua espa帽ola, que no sab茅is. Eso s铆 es Imperio, el de la lengua espa帽ola, y no鈥︹

Llega en ese momento la interrupci贸n de Mill谩n Astray. El tuerto se levanta. Comienza a golpear la mesa con su 煤nica mano y grita: 鈥溌縋uedo hablar? 驴Puedo hablar?鈥. Hecho una furia, culmina su discurso con el lema de la legi贸n: 鈥溌iva la muerte!鈥. La audiencia jalea. Unamuno prosigue:

鈥淎cabo de o铆r el grito necr贸filo y sin sentido grito de 隆Viva la muerte! Esto me suena lo mismo que 隆Muera la vida! Y yo, que me he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de los que no las comprendieron, he de decirles, como autoridad en la materia, que esta rid铆cula paradoja me parece repelente [鈥 隆Y otra cosa! El general Mill谩n Astray es un inv谩lido. No es preciso decirlo en un tono m谩s bajo. Tambi茅n lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente hay hoy en d铆a demasiados inv谩lidos en Espa帽a. Y pronto habr谩 m谩s, si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Mill谩n Astray pueda dictar las normas de psicolog铆a de las masas. Un inv谩lido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre (no un superhombre) viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inv谩lido, como dije, que carezca de esa superioridad del esp铆ritu, suele sentirse aliviado viendo c贸mo aumenta el n煤mero de mutilados alrededor de 茅l.鈥

Se produce en ese instante la segunda y definitiva interrupci贸n del legionario, quien suelta su frase: 鈥淢uera la inteligencia鈥. Hay quien dice que sus palabras fueron otras: 鈥溌ueran los intelectuales!鈥. O tal vez: 鈥淪i la inteligencia sirve para el mal, muera la inteligencia鈥. O tal vez: 鈥溌uera la intelectualidad traidora!鈥. Para algunos ap贸logos, la misma idea expresada de otras formas resulta de alg煤n modo menos brutal. Al o铆rle Unamuno se enerva y llegan sus palabras finales, minutos antes de que el acto termine pr谩cticamente a golpes.

鈥溍塻te es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros est谩is profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio pa铆s. Vencer茅is, pero no convencer茅is. Vencer茅is porque ten茅is sobrada fuerza bruta. Pero no convencer茅is, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir, necesit谩is algo que os falta: raz贸n y derecho en la lucha. Me parece in煤til pediros que pens茅is en Espa帽a鈥.

De nuevo tenemos para esto casi tantas versiones como testigos. Hay quien dice que el viejo sali贸 casi en volandas, perseguido por los falangistas. En los 煤ltimos a帽os, una serie de historiadores ha negado que Unamuno corriera peligro. Lo cierto, sin embargo, es que incluso una versi贸n tan poco sospechosa de izquierdismo como la que daba el propio Mill谩n Astray d铆as despu茅s de lo ocurrido refleja la atm贸sfera reinante:

鈥淎l terminar, la Se帽ora del Jefe del Estado sal铆a sola y entonces me dirig铆 al se帽or de Unamuno y le dije: 鈥淪e帽or Rector: d茅 usted el brazo a la Se帽ora del Jefe del Estado y acomp谩帽ela hasta la puerta a despedirla鈥. 脡l as铆 lo hizo. Yo fui detr谩s. Luego supe que los estudiantes j贸venes y principalmente los falangistas, si no hubiese sido por haber ido dando el brazo a la Se帽ora del Caudillo e ir yo detr谩s de ellos, quiz谩s hubiesen tomado alguna medida violenta contra el se帽or Unamuno.鈥

Normalmente aqu铆 suele terminar el relato. La verdadera historia, en cualquier caso, comienza en este mismo punto. Es el fin del viejo. Esa tarde, cuando acude a su tertulia en el Casino, sus compa帽eros le dan la espalda y lo insultan. Un d铆a despu茅s, 13 de octubre, el Ayuntamiento aprueba su destituci贸n como concejal. El 14 de octubre, el claustro de la Universidad de Salamanca decide retirarle la confianza. Es el mismo claustro que en enero de ese a帽o hab铆a propuesto a Unamuno como candidato al premio Nobel de literatura. El 18 de octubre es cesado oficialmente. En palabras de su bi贸grafo, Jon Juaristi, el ya ex rector se convierte en prisionero de Salamanca. No vuelve a poner un pie en la calle. 鈥淗e decidido no salir ya de casa desde que me he percatado de que al pobrecito polic铆a esclavo que me sigue 鈥揳 respetable distancia鈥 a todas partes, es para que no escape 鈥搉o s茅 ad贸nde- y as铆 me retenga en este disfrazado encarcelamiento como reh茅n de no s茅 qu茅, ni por qu茅 ni para qu茅鈥.

Mill谩n Astray es todav铆a hoy conocido por haber fundado la legi贸n. Muy pocos saben que tambi茅n fue el fundador de Radio Nacional de Espa帽a. No hablamos solamente de un militar, sino de un ide贸logo y propagandista

En cuesti贸n de semanas sus amigos dejan de visitarle. Ser visto en su compa帽铆a se convierte en motivo de sospecha. Dos meses m谩s tarde, el 31 de diciembre, d铆a de Nochevieja, hacia las cinco de la tarde, muere en Salamanca Miguel de Unamuno y Jugo, escritor, fil贸sofo, diputado en Cortes, rector perpetuo. Al d铆a siguiente, primero de enero, se re煤nen en un velatorio los mismos catedr谩ticos y falangistas que lo hab铆an defenestrado. Estos consiguen apropiarse del f茅retro para enterrarlo como si fuera uno de los suyos. Ese d铆a el nieto del ex rector sal铆a corriendo mientras gritaba a sus padres: 鈥淪e llevan al abuelo, a tirarlo al r铆o鈥.

La depuraci贸n

Todo esto lo cuenta el historiador Jaume Claret Miranda en su libro El atroz desmoche. La destrucci贸n de la Universidad espa帽ola por el franquismo, 1936-1945. En realidad, el incidente de Salamanca es apenas una de las muchas cosas, ni siquiera la m谩s grave, de las muchas que se detallan en este libro. Con una bibliograf铆a y una documentaci贸n que solamente se puede considerar abrumadora, Claret Miranda recorre un episodio silenciado y oculto durante d茅cadas, nunca antes contado en su totalidad. Su libro, basado en la tesis del autor, es estudio minucioso y pormenorizado, universidad por universidad, centro por centro (Salamanca, Valladolid, Zaragoza, Santiago de Compostela, Oviedo, Sevilla, Granada, Barcelona, Madrid, Valencia y Murcia), de un exterminio intelectual: el plan de liquidaci贸n de cualquier rastro de disidencia por parte del r茅gimen de Franco.

Como escribe en su pr贸logo el historiador Josep Fontana, el choque entre Mill谩n Astray y Unamuno posee un valor metaf贸rico. 鈥淐uando se habla del 鈥樎ueran los intelectuales!鈥 que Jos茅 Mill谩n Astray pronunci贸 el 12 de octubre de 1936 en Salamanca se suelen interpretar sus palabras como el exabrupto de un militar temperamental. Lejos de ello, representaban la expresi贸n sincera de un punto fundamental del programa de los sublevados de 1936鈥.

Al recordar el incidente corremos el riesgo de quedarnos con una imagen banal o caricaturizada de Mill谩n-Astray, la de un malvado de cart贸n piedra, un villano de opereta que grita y bufa como un mast铆n enloquecido. A ello contribuyen sin duda sus discursos exaltados, su sangriento historial y su imagen poco menos que siniestra. Su bi贸grafo, Luis E. Togares, quien no se esfuerza demasiado en disimular la admiraci贸n que le suscita el personaje, lo describe as铆: 鈥淪u imagen, de uniforme, tuerto y manco, con el pecho repleto de condecoraciones, la mirada fr铆a de su 煤nico ojo, como perdida, y la tez cetrina y cadav茅rica, resultaba la misma imagen de la muerte en combate, la imagen subyugante de la guerra鈥. No obstante, seg煤n cuenta el libro de Togares, quiz谩s la mayor contribuci贸n de Mill谩n Astray a la historia de Espa帽a no sea ni su enfrentamiento con Unamuno ni la fundaci贸n de la Legi贸n, sino el apoyo decidido al nombramiento de Franco como jefe de los Ej茅rcitos. El Polifemo del Rif (seg煤n el terriblemente cursi apodo que acu帽贸 la prensa franquista) hizo todo lo posible por promocionar a su viejo compa帽ero de batallas en 脕frica. Como insiste Fontana, no est谩 de m谩s recordar que pocas semanas despu茅s del episodio en Salamanca, Franco nombr贸 a Mill谩n Astray jefe de la Oficina de Prensa y Propaganda, y que ya unas semanas antes el tuerto hab铆a sugerido la inserci贸n obligatoria en todos los peri贸dicos del lema 鈥淯na Patria, un Estado, un Caudillo鈥, copia casi literal del Ein Volk, ein Reich, ein F眉hrer de Hitler.

El D铆a de la Raza no fue la 煤nica vez que Mill谩n Astray habl贸 de acabar de ra铆z con todo rastro de disidencia. Lo har铆a de nuevo una semana m谩s tarde, el 18 de octubre, escribe Jon Juaristi, durante la inauguraci贸n de un cuartel de requet茅s, 鈥渁menazando con fulminar a los intelectuales desafectos a la rebeli贸n鈥. 隆Muera la inteligencia! no era un grito descontrolado, sino el anuncio exacto de lo que iba a suceder en los a帽os siguientes.

En la universidad, aquello fue llamado 鈥渆l atroz desmoche鈥. La expresi贸n se la debemos nada menos que a Pedro La铆n Entralgo, uno de aquellos falangistas arrepentidos, quien en su Descargo de conciencia, publicado tras la muerte de Franco (en 1976), afirma: 鈥溾e acomet铆a la empresa de la reconstrucci贸n intelectual de Espa帽a 鈥搕an urgente, despu茅s del atroz desmoche que el exilio y la depuraci贸n hab铆an creado en nuestros cuadros universitarios, cient铆ficos y literarios鈥.

驴Cu谩ntos cerebros fueron desmochados? Poner n煤meros a la llamada depuraci贸n es tarea imposible. Seg煤n Jaume Claret, en cada territorio 鈥渓a autoridad militar correspondiente, con la colaboraci贸n de fuerzas vivas, adoptaba una serie de medidas provisionales en el 谩mbito educativo con el objetivo de purgar a los elementos republicanos y de izquierdas y devolver el control a los elementos cat贸licos y de derechas鈥. La purga alcanzaba todos los niveles. Se calcula, por ejemplo, que hacia 1937 ya eran 50.000 los maestros expedientados. Hacia marzo de 1939, el ministro franquista Sainz Rodr铆guez cifraba en 1.101 los docentes universitarios depurados. Son las estimaciones del r茅gimen. Desde el otro lado, los republicanos en el exilio estimaban que cerca de un 40% del profesorado universitario se vio afectado.

En los discursos de la 茅poca, los propagandistas de Franco describen la aniquilaci贸n como un pasaje b铆blico: 鈥淟a espada de nuestro caudillo traz贸, en un amanecer ardiente de julio, la divisoria entre dos mundos irreconciliables, entre el reinado del error y el imperio de la verdad鈥 Y como en todo trance de creaci贸n, nuestra Patria revivi贸 en el alumbramiento de un orden nuevo, el augusto dolor de su gloria y m铆stica maternidad鈥. Dentro de la universidad, la guerra civil tuvo efectos similares a los de la bomba at贸mica. A la destrucci贸n inicial habr铆a que sumarle los da帽os causados por varias d茅cadas de radiaciones. Incluso puede que algunos claustros no se hayan librado todav铆a hoy de la contaminaci贸n. Ello explicar铆a, en opini贸n de Josep Fontana, el 鈥揹igamos鈥 escaso inter茅s hacia este episodio. 鈥溌緼 qu茅 puede deberse esta diferencia entre la forma en que se ha investigado la tragedia de los maestros y el silencio acerca de lo que sucedi贸 en las universidades? La raz贸n esencial es que la universidad franquista no se renov贸 despu茅s de la transici贸n y opt贸, para disimularlo, por callar y esconder su pasado鈥.

Los claustros universitarios, explica Claret, se vieron profundamente afectados tanto por las consecuencias directas 鈥揺xilio, muerte y represi贸n del profesorado鈥 como por las indirectas 鈥搉uevas adjudicaciones de vacantes, interferencias pol铆ticas o equilibrios entre los intereses de las familias ideol贸gicas. Todo ello 鈥渄e resultas de una pol铆tica que propugnaba la necesidad de entrar a sangre y fuego, sin respeto a nada de lo preexistente鈥. Como bien resum铆a desde su exilio mexicano el m茅dico y cient铆fico Jos茅 Puche 脕lvarez, 鈥渓o que se perdi贸 en la guerra no fue s贸lo un Gobierno, sino toda una cultura鈥.

El caso de Salvador Vila Hern谩ndez

La asepsia de las cifras no permite siquiera asomarse a la tragedia detr谩s de cada expediente. Los m谩s afortunados perd铆an el trabajo. Otros acababan en el exilio. Demasiados, en las c谩rceles o ante el pelot贸n de fusilamiento. Para comprender la dimensi贸n humana de la p茅rdida es necesario volver al terreno de las historias. Regresemos por tanto al 12 de octubre de 1936. Conviene recordar, por ejemplo, que el mismo d铆a y a la misma hora que Unamuno se enfrentaba a Mill谩n Astray en Salamanca, en la Universidad de Sevilla el poeta de la generaci贸n del 27 Jorge Guill茅n le铆a el discurso del D铆a de la Raza ante el general Queipo de Llano y el Gran Visir de Tetu谩n, Sidi Ahmed El Ganmia. A Guill茅n le recomendaron participar en el acto de adhesi贸n al alzamiento para que no prosiguiera la investigaci贸n abierta contra 茅l. En agosto de 1936 se le hab铆a denegado ya el permiso para asistir a una reuni贸n del Pen Club en Buenos Aires. Finalmente, tras muchos azares, se exili贸 con su familia a Francia y despu茅s a Canad谩.

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Retrato de Salvador Vila.

“> Retrato de Salvador Vila.

Retrato de Salvador Vila.

Menos suerte tendr铆a Salvador Vila Hern谩ndez, rector de la Universidad de Granada al estallar la Guerra Civil. Salvador Vila era un joven catedr谩tico salmantino. Fue un investigador precoz, as铆 como un extraordinario arabista. Tambi茅n fue amigo y disc铆pulo predilecto de Unamuno, a quien tuvo como maestro mientras estudiaba Letras y Derecho en Salamanca. En 1928 hab铆a disfrutado de una beca para estudiar cultura 谩rabe en la Universidad de Berl铆n, donde conoci贸 a su futura mujer Gerda Leimd枚rfer, procedente de una familia jud铆a, laica e ilustrada, hija del redactor jefe del principal peri贸dico jud铆o de la capital alemana.

Quienes conocieron a Salvador Vila habr铆an de recordarlo como un hombre 鈥渟onriente siempre, y sencillo y bueno鈥. Era de car谩cter t铆mido y ten铆a un leve defecto de pronunciaci贸n en el habla. Eso no le impidi贸 hacerse, en 1935, con la direcci贸n de la Escuela de Estudios 脕rabes en Granada, y un a帽o despu茅s, en 1936, con el rectorado de la Universidad. Tras conocerse la noticia del golpe de Estado, y con la confianza de que el paso del verano calmar铆a los 谩nimos, el matrimonio parti贸 a Madrid y a Salamanca para visitar al viejo maestro. De acuerdo con el relato de Claret: 鈥淒urante aquellas primeras semanas, Miguel de Unamuno y Santiago Vila pasearon y conversaron por las calles de Salamanca como si nada sucediese a su alrededor鈥. Uno de aquellos d铆as, el 7 de octubre de 1936, despu茅s del almuerzo, 鈥渦na pareja de la Guardia Civil deten铆a al joven matrimonio en su casa y los trasladaba a Granada. Alarmado ante el arresto, el maestro trataba en vano de interceder por su disc铆pulo predilecto. Mientras tanto, Salvador y Gerda eran encarcelados por separado en la prisi贸n de hombres y en la de mujeres. Ya no volvieron a verse鈥.

No es exagerado pensar que la persecuci贸n y el arresto de su alumno m谩s brillante cambiaron radicalmente la visi贸n de Unamuno sobre el levantamiento militar de Franco. Esa es la interpretaci贸n que hace Jaume Claret y cuesta no asumirla como la m谩s correcta. 鈥淓l cambio de actitud no respondi贸 a ning煤n arrebato irreflexivo, sino que ven铆a originado por una lenta evoluci贸n a ra铆z del constante goteo de noticias sobre los excesos represores cometidos por las nuevas autoridades鈥. En uno de sus cuadernos, el rector de Salamanca apunta lo siguiente: 鈥淓l que una horda de locos energ煤menos mate a un n煤mero de ricos sin raz贸n alguna, por bestialidad, no me parece tan grave como el que unos se帽oritos asesinen a un profesor por suponerle mas贸n鈥.

En los primeros d铆as de octubre, Unamuno comienza a escribir a las autoridades cartas que no obtienen respuesta. Llegado el momento decide visitar personalmente a Franco en su cuartel general. El todav铆a rector conf铆a en su autoridad y su prestigio para interceder por sus amigos. Pide clemencia, entre otros, para el catedr谩tico y 煤ltimo alcalde republicano de Salamanca, Casto Prieto Carrasco. Sus palabras apenas son escuchadas. El caudillo no atender谩 ninguna de sus peticiones. Es m谩s, puede que, despu茅s del altercado con Mill谩n Astray, quedase echada para siempre la suerte de Salvador Vila. As铆 lo sugiere en su libro Jaume Claret: 鈥淣o por casualidad, el crimen contra el disc铆pulo se produc铆a poco despu茅s de que el general Francisco Franco firmase la destituci贸n de Miguel de Unamuno como rector dentro de las represalias tras el incidente durante la celebraci贸n de la Fiesta de la Raza鈥. La noche del 22 de octubre de 1936, el ya destituido rector de Granada es conducido a V铆znar, la misma localidad donde tres d铆as antes era asesinado Federico Garc铆a Lorca. All铆 ser谩 fusilado junto con otros veintiocho presos.

鈥淕erda Leimd枚rfer no se enter贸 del asesinato de su marido hasta el 1 de noviembre, y no consigui贸 ser excarcelada hasta tiempo despu茅s, gracias a los buenos oficios del compositor Manuel de Falla.鈥 Para lograrlo, y como si hubiesen vuelto los tiempos del Santo Oficio, 鈥渢uvo que abjurar del juda铆smo y convertirse al catolicismo. Con un ni帽o de pocos meses, la viuda de Salvador Vila tomaba el nombre de Mar铆a de las Angustias, virgen patrona de Granada鈥.

Prisionero en su propia casa en Salamanca, la noticia de la muerte de Salvador Vila no hizo sino a帽adir amargura a los 煤ltimos d铆as de Unamuno. El 13 de diciembre, dos semanas antes de su muerte, el maestro se lamentaba as铆 en una carta dirigida a su amigo Quint铆n de la Torre:

鈥淐laro est谩 que los mastines 鈥搚 entre ellos algunas hienas鈥 de esa tropa no saben lo que es la masoner铆a ni lo que es lo otro. Y encarcelan e imponen multas 鈥搎ue son verdaderos robos y hasta confiscaciones y luego dicen que juzgan y fusilan. Tambi茅n fusilan sin juicio alguno [鈥 Y esto es cosa cierta, porque lo veo yo y no me lo han contado. Han asesinado, sin formaci贸n alguna de causa, a dos catedr谩ticos de universidad 鈥搖no de ellos, disc铆pulo m铆o鈥 y a otros. 脷ltimamente al pastor protestante de aqu铆, por ser鈥 mas贸n. Y amigo m铆o. A m铆 no me han asesinado todav铆a estas bestias al servicio del monstruo [鈥 Qu茅 c谩ndido y que ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco.鈥

La exhibici贸n de atrocidades

El anti-juda铆smo en los primeros a帽os de represi贸n franquista no era el 煤nico elemento com煤n con el nazismo alem谩n o la Inquisici贸n espa帽ola. Tambi茅n lo fue la quema de libros. El 30 de abril de 1939, cuando a煤n no se cumple un mes del final de la guerra, una pira de vol煤menes considerados peligrosos o degenerados arde en la Universidad Central de Madrid. Los nuevos dirigentes, leemos en El atroz desmoche, justificaron las hogueras por 鈥渓a falsificaci贸n, a trav茅s del libro escolar, de nuestra historia patria, buscando en el servilismo sovi茅tico el modelo m谩s adecuado para infiltrar en la ni帽ez el odio a todo lo nacional, a todo lo cat贸lico y espiritual鈥.

El adjetivo 鈥渁troz鈥 (es decir: fiero o cruel) no es gratuito. Dif铆cilmente puede definirse de otro modo lo ocurrido en Santiago de Compostela: la persecuci贸n a la que se vieron sometidos los miembros del Seminario de Estudios Galegos (SEG). 鈥淎l menos noventa y nueve fueron asesinados, represaliados o se exiliaron.鈥

S贸lo como atroz (es decir: inhumano o enorme) puede describirse el asesinato en Oviedo del rector y catedr谩tico de Derecho Civil Leopoldo Garc铆a-Alas Garc铆a-Arg眉elles. Sus asesinos alegaron que el acusado hab铆a asistido a un mitin de Manuel Aza帽a. La causa 煤ltima de su muerte, en cambio, no se deb铆a a su ideolog铆a ni a su cargo, sino sencillamente al hecho de ser el hijo de Leopoldo Alas 鈥淐lar铆n鈥, autor de La regenta. El odio de la sociedad tradicional de Oviedo contra aquella novela llegaba a tal extremo que, al no poder descargar su rabia contra el literato (Clar铆n llevaba muerto desde 1901), la emprendieron contra su hijo y el monumento a su honor. As铆 lo narra Claret: 鈥淯n grupo de j贸venes vestidos con camisa azul, correajes y pistolas colocaban una enorme careta de burro en el busto del novelista y, antes de dinamitarlo, se fotografiaban orgullosos frente a 茅l鈥.

La exhibici贸n de atrocidades podr铆a dar la impresi贸n de obedecer a una espiral desatada de furia sin sentido. Nada m谩s lejos de la realidad. En el campo de la cultura esa interpretaci贸n ser铆a enormemente ingenua. La violencia ten铆a un triple fin: el castigo para los desafectos, la sumisi贸n de los indecisos y la cohesi贸n de los vencedores. Por esto mismo el per铆odo de la 鈥渄epuraci贸n鈥 ser铆a una edad dorada para los delatores. El franquismo, apunta este libro, no s贸lo necesitaba una universidad sometida, sino c贸mplice. Al fin y al cabo, casi peor que las ausencias ser铆a lo que vino despu茅s, cuando el vac铆o del exilio, las c谩rceles y las cunetas pas贸 a ser cubierto por una legi贸n de arribistas. Detr谩s de cada sanci贸n, de cada exilio, de cada asesinado, se hallaba un beneficiario. Las c谩tedras se convirtieron en bot铆n de guerra y premio por los servicios prestados. En la pr谩ctica, la consecuencia inmediata para las generaciones siguientes ser铆a una universidad mucho m谩s restringida, adem谩s de declaradamente clasista y sexista. El bachillerato universitario se volv铆a m谩s selectivo, subraya Claret, y la educaci贸n superior reduc铆a sus objetivos, 鈥渁 dotar de una cultura cl谩sica, religiosa y eminentemente espa帽ola a la minor铆a selecta de alumnos que han de ir a la Universidad鈥. Una minor铆a selecta donde muy pocos ten铆an cabida, 鈥測 menos a煤n las alumnas, cuyo puesto 煤ltimo, en general, no debe ser la Universidad, sino el hogar鈥.

Con frecuencia se ha dicho, con admirable capacidad de s铆ntesis, que la Guerra Civil la ganaron los curas y la perdieron los maestros. En el campo de las ideas, el nuevo r茅gimen tuvo como objetivo inicial, a menudo expresado de forma expl铆cita, borrar cualquier rastro del pensamiento cr铆tico y racionalista nacido en la Ilustraci贸n, y que por azares hist贸ricos en Espa帽a solo hab铆a llegado a eclosionar en los a帽os veinte y treinta del siglo XX. Como dice el historiador brit谩nico Eric Hobsbawm, la guerra 鈥渆ncarnaba las cuestiones pol铆ticas fundamentales de la 茅poca: por un lado, la democracia y la revoluci贸n social, siendo Espa帽a el 煤nico pa铆s de Europa donde parec铆a a punto de estallar; por otro, la alianza de una contrarrevoluci贸n o reacci贸n, inspirada por una Iglesia cat贸lica que rechazaba todo cuanto hab铆a ocurrido en el mundo desde Mart铆n Lutero鈥. El 1 de abril de 1939, cautivo y desarmado el Ej茅rcito rojo, el monopolio del pensamiento regresaba a manos de Dios.

Con la nueva era de la Victoria, la Iglesia recuperaba el control de todos los 谩mbitos educativos. En la escuela su dominio iba a ser absoluto. En la educaci贸n universitaria el 煤nico rival serio en la disputa del bot铆n iba a ser la Falange, que ya en los a帽os de la Rep煤blica ten铆a presencia en los campus a trav茅s del SEU (Sindicato Espa帽ol Universitario). Entre los planes para una universidad 鈥渇alangizada鈥, el Movimiento Nacional promov铆a el logro de la 鈥渁utarqu铆a cultural鈥 (sic). Pero aun as铆 Falange ni pudo ni supo imponerse. Como se recoge en El atroz desmoche: el mismo Franco aclaraba que en Espa帽a 鈥渘o har谩 falta una universidad cat贸lica, porque todas nuestras universidades ser谩n cat贸licas y en ellas habr谩 una ense帽anza superior religiosa de car谩cter filos贸fico鈥.

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Juan Peset

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Juan Peset

As铆, mientras los colegios se llenaban de crucifijos y las facultades de capillas, la persecuci贸n de profesores ligados a la Rep煤blica no cesaba. Entre los 煤ltimos ajusticiados figura el nombre de Juan Peset Aleixandre, catedr谩tico de Medicina legal y exrector de la Universidad de Valencia. Otro alumno extraordinario, que acumulaba cinco carreras (doctor en Medicina, Ciencias y Derecho, y perito qu铆mico y mec谩nico), y que fue condenado por dos veces a muerte en un simulacro de consejo de guerra. En su defensa, multitud de testimonios aseguraban que hizo lo posible por proteger vidas y edificios en la retaguardia republicana. No sirvi贸 de mucho. A las seis de la ma帽ana del 24 de mayo era fusilado contra el muro del cementerio de Paterna (Valencia). M谩s de dos mil personas fueron asesinadas all铆. La muerte del rector Juan Peset ocurri贸 en 1941. La guerra, por aquellas fechas, llevaba dos a帽os terminada.

Una ola de estupidez

A partir de 1939 todo intento de modernizaci贸n pedag贸gica o democratizaci贸n de la Universidad era abolido. Las consecuencias, dice Jaume Claret, no s贸lo no se ocultaban, sino que eran asumidas como un mal necesario: 鈥渆l desmoche ha sido tremendo porque tremenda era la plaga鈥. En Barcelona el n煤mero de expedientes se volv铆a gigantesco. Al ser una de las 煤ltimas ciudades en caer, 鈥渢odos los docentes de la Universidad fueron declarados suspensos de empleo y obligados a solicitar el reingreso y la depuraci贸n鈥.

En Madrid, entre los perjudicados partir铆an al exilio personalidades tan conocidas como Am茅rico Castro o Claudio S谩nchez-Albornoz. Juli谩n Besteiro, catedr谩tico de L贸gica y ex presidente del Congreso y del Partido Socialista, pagar铆a con su vida el compromiso con la Rep煤blica. Muri贸 en 1940 en la c谩rcel de Carmona (Sevilla). Terminada la guerra, y al ser preguntado por sus captores por la localizaci贸n exacta del Tesoro Nacional, cuentan que Besteiro respondi贸 con un punto de orgullo: 鈥淓n las c谩rceles y en los campos de concentraci贸n鈥.

鈥淪in haberse retirado la ola de sangre, ya se abate sobre Espa帽a la ola de la estupidez鈥, escribir铆a Aza帽a desde el exilio. 鈥淭odo lo ocurrido en Espa帽a es una insurrecci贸n contra la inteligencia鈥

Con el tiempo, m谩s tarde o m谩s temprano, los sectores m谩s aperturistas y l煤cidos del franquismo llegar铆an a ser conscientes del da帽o causado. Destacan las palabras del primer ministro de Educaci贸n Nacional de Franco, Pedro Sainz Rodr铆guez, quien calific贸 el 茅xodo de intelectuales como 鈥渦no de los m谩s graves problemas que la Guerra Civil plantea a la cultura espa帽ola鈥. Una p茅rdida, en su opini贸n, que 煤nicamente pod铆a ser comparada con 鈥渓a emigraci贸n de los afrancesados a ra铆z de la Guerra de la Independencia鈥. La suya no era, no obstante, la opini贸n mayoritaria en su tiempo. En cuesti贸n de tres a帽os el pensamiento hab铆a retrocedido a las tinieblas medievales, con el aplauso exaltado de quienes ahora estaban llamados a dirigir la cultura. En Los intelectuales y la tragedia de Espa帽a, libro publicado en 1937, Enrique Su帽er Ord贸帽ez propon铆a directamente la 鈥渆xtirpaci贸n a fondo de nuestros enemigos, de esos intelectuales, en primera l铆nea, productores de la cat谩strofe. Por ser m谩s inteligentes y cultos, son los m谩s responsables鈥.

Jaume Claret termina su estudio sobre El atroz desmoche en el a帽o 1945. Es cierto que a partir de esa fecha, tras la derrota de Hitler y Mussolini en la Segunda Guerra Mundial, se atempera (sin llegar nunca a detenerse) el grado de represi贸n ideol贸gica en las aulas espa帽olas. Como ha estudiado entre otros Jordi Gracia en La resistencia silenciosa y antes en Estado y cultura. El despertar de una conciencia cr铆tica bajo el franquismo, la universidad no tardar铆a en volver a ser en la d茅cada siguiente uno de los focos de resistencia contra la dictadura. La raz贸n ilustrada pudo recuperar algo de ox铆geno, de forma precaria y escondida, a partir de los a帽os cincuenta. La historia reciente de la universidad espa帽ola es quiz谩s un relato de claroscuros, pero en la inmediata posguerra la oscuridad era absoluta.

鈥淐uando nos referimos al yermo franquista siempre tenemos en mente a todos aquellos docentes que se perdieron, pero olvidamos que el yermo real y duradero lo crearon sobre todo aquellos profesores que permanecieron en Espa帽a y ocuparon las vacantes鈥, concluye Claret. 鈥淓videntemente, en esta desgraciada herencia hubo excepciones [鈥 Con los a帽os, adem谩s, la masificaci贸n impidi贸 mantener el control estricto de los claustros, y poco a poco, algunas c谩tedras se airearon, pero en muchas otras la herencia sigui贸 presente. De hecho, todav铆a parte de la actual universidad espa帽ola es m谩s hija de la universidad franquista que de la republicana. No ideol贸gicamente, sino por tradici贸n.鈥

Casi nadie lee hasta el final estos art铆culos. Por lo tanto, querido lector o querida lectora, si has llegado hasta esta l铆nea significa que podemos hablar en confianza y compartir alguna confidencia. Resulta tentador que nos preguntemos, por ejemplo, c贸mo habr铆a sido la universidad espa帽ola si el proceso modernizador puesto en marcha por la Rep煤blica no hubiera sido ahogado en un charco de sangre.

La pr贸xima vez que oigamos hablar sobre la precariedad de la investigaci贸n en Espa帽a, sobre rectores colocados a dedo que plagian sus trabajos o sobre la falta de prestigio de los campus espa帽oles, podr铆amos pensar por un momento en Miguel de Unamuno, en Salvador Vila, en Leopoldo Garc铆a-Alas, en Juli谩n Besteiro, en Juan Peset. O en las palabras que escribi贸 desde el exilio Manuel Aza帽a. En sus 煤ltimos cuadernos se conserva esta nota, escrita en junio de 1939, un a帽o antes de su muerte: 鈥淭odas las informaciones que recojo prueban que, sin haberse retirado la ola de sangre, ya se abate sobre Espa帽a la ola de la estupidez en que se traduce el pensamiento de sus salvadores. El desastre para todo el pa铆s, debe ser a煤n mayor de lo que yo me imaginaba y tem铆a鈥. En el fondo, las palabras que Mill谩n Astray dirigi贸 aquel 12 de octubre contra Unamuno no hab铆an podido ser m谩s acertadas. 鈥淭odo lo ocurrido en Espa帽a鈥, escribir铆a Aza帽a, 鈥渆s una insurrecci贸n contra la inteligencia鈥.

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CLARET MIRANDA, Jaume (2006). El atroz desmoche. La destrucci贸n de la Universidad espa帽ola por el franquismo, 1936- 1945.Barcelona: Cr铆tica.

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Miguel de Lucas es periodista y candidato a doctor en Literatura espa帽ola e hispanoamericana en la Universidad de Sevilla. En la actualidad, trabaja como profesor de Lengua espa帽ola en el Centro Norteamericano de Estudios Interculturales de Sevilla. 

Para saber m谩s:

GRACIA, Jordi (2004). La resistencia silenciosa. Fascismo y cultura en Espa帽a. Barcelona: Anagrama.

JUARISTI, Jon (2012). Miguel de Unamuno. Madrid: Taurus.

RABAT脡, Colette y RABAT脡, Jean Claude (2009). Miguel de Unamuno. Biograf铆a. Madrid: Taurus.

ROJAS, Carlos (1995). 隆Muera la inteligencia! 隆Viva la muerte! Salamanca, 1936. Barcelona: Planeta.

TOGORES, Luis E. (2004). Mill谩n Astray. Legionario. Madrid: La esfera de los libros.

TRAPIELLO, Andr茅s (2010). Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939). Barcelona: Destino.




Fuente: Ctxt.es