December 14, 2021
De parte de La Haine
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Lo que result贸 verdaderamente chocante el viernes fue que los jueces del Tribunal Superior no mostraran ninguna vacilaci贸n en enviar a Julian a la muerte, vivo o no

“Mir茅monos a nosotros mismos, si tenemos valor para ello, para ver lo que nos pasa”
Jean-Paul Sartre

Las palabras de Sartre deber铆an resonar en todas nuestras mentes tras la grotesca decisi贸n del Alto Tribunal brit谩nico de extraditar a Julian Assange a los EEUU, donde se enfrenta a “una muerte en vida”. Este es su castigo por el delito de periodismo aut茅ntico, preciso, valiente y vital.

Error judicial es un t茅rmino inadecuado en estas circunstancias. Los cortesanos con peluca del ancien r茅gime de Gran Breta帽a tardaron s贸lo nueve minutos el pasado viernes en estimar una apelaci贸n norteamericana contra la aceptaci贸n por parte de un juez de un tribunal de distrito en enero de una catarata de pruebas de que a Assange le esperaba el infierno en la tierra al otro lado del Atl谩ntico: un infierno en el que, se predijo con pericia, encontrar铆a la manera de quitarse la vida.

Se ignor贸 el ingente n煤mero de testimonios de personas distinguidas, que analizaron y estudiaron a Julian y diagnosticaron su autismo y su s铆ndrome de Asperger, y que revelaron que ya hab铆a estado a punto de suicidarse en la c谩rcel de Belmarsh, el mism铆simo infierno brit谩nico.

Se ignor贸 la reciente confesi贸n de un informante crucial del FBI, t铆tere de la fiscal铆a, estafador y mentiroso en serie, de que se hab铆a inventado sus pruebas contra Julian. Se ignore tambi茅n la revelaci贸n de que la empresa de seguridad, de gesti贸n espa帽ola, de la embajada de Ecuador en Londres, donde se hab铆a concedido refugio pol铆tico a Julian, era una tapadera de la CIA que espiaba a los abogados, m茅dicos y confidentes de Julian (yo mismo incluido).

La reciente revelaci贸n period铆stica, repetida gr谩ficamente por el abogado de la defensa ante el Alto Tribunal en octubre, de que la CIA hab铆a planeado asesinar a Julian en Londres鈥 hasta eso se ignor贸.

Cada una de estas “materias”, como les gusta decir a los abogados, era suficiente por s铆 sola para que un juez que defiende la ley desechara el vergonzoso caso montado contra Assange por el corrupto Departamento de Justicia de los EEUU y sus pistoleros a sueldo en Gran Breta帽a. El estado mental de Julian, bram贸 James Lewis, abogado, el hombre de los EEUU en el Old Bailey [sede de los tribunales londinenses] el a帽o pasado, no era m谩s que “malingering” [鈥渇ingirse humano鈥漖, un arcaico t茅rmino victoriano utilizado para negar la existencia misma de la enfermedad mental.

Para Lewis, casi todos los testigos de la defensa, incluidos quienes describieron desde la profundidad de su experiencia y conocimiento el b谩rbaro sistema penitenciario estadounidense, ten铆an que ser interrumpidos, maltratados, desacreditados. Sentado detr谩s de 茅l, y pas谩ndole notas, se encontraba su director de orquesta estadounidense: joven, de pelo corto, claramente un hombre de la Ivy League [las universidades norteamericanas m谩s elitstas] en ascenso.

En sus nueve minutos de desestimaci贸n del destino del periodista Assange, dos de los m谩s altos jueces de Gran Breta帽a, entre ellos el Lord Chief Justice, Lord Burnett (compa帽ero de toda la vida de Sir Alan Duncan, el ex ministro de Asuntos Exteriores de Boris Johnson que organiz贸 el brutal secuestro policial de Assange en la embajada de Ecuador) evitaron referirse a cualquiera de los rosarios de verdades ventiladas en audiencias anteriores en el tribunal de distrito, verdades que hab铆an pugnado por escucharse en un tribunal inferior presidido por una juez extra帽amente hostil, Vanessa Baraitser. Su insultante comportamiento hacia un Assange claramente afectado, que se debat铆a entre la niebla de la medicaci贸n dispensada en prisi贸n para recordar su nombre, constituye algo imposible de olvidar.

Lo que result贸 verdaderamente chocante el viernes pasado fue que los jueces del Tribunal Superior -Lord Burnett y Lord Justice Timothy Holyrode, que leyeron sus palabras- no mostraran ninguna vacilaci贸n en enviar a Julian a la muerte, vivo o no. No ofrecieron ninguna atenuaci贸n, ni sugirieron que se hubieran atormentado por los elementos legales o siquiera por la moralidad b谩sica.

Su fallo a favor, si no en nombre de los EEUU, se basa directamente en “garant铆as” transparentemente fraudulentas reunidas por el gobierno de Biden cuando pareci贸 que la justicia podr铆a prevalecer en enero.

Estas “garant铆as” son que, una vez bajo custodia norteamericana, Assange no se ver谩 sometido a las orwellianas SAMS -Medidas Administrativas Especiales-, que lo convertir铆an en una no persona, que no ser谩 encarcelado en ADX Florence, una prisi贸n de Colorado condenada desde hace tiempo por juristas y grupos de derechos humanos como ilegal: “un pozo de castigo y desaparici贸n”, que pueda ser trasladado a una c谩rcel australiana para terminar all铆 su condena.

El absurdo estriba en lo que los jueces omitieron decir. Al ofrecer sus “garant铆as”, los EEUU se reservan el derecho de no garantizar nada en caso de que Assange haga algo que desagrade a sus carceleros. En otras palabras, como ha se帽alado A.I., se reserva el derecho de romper cualquier promesa.

Hay abundantes ejemplos de que esto es precisamente lo que hacen los EE.UU. Como revel贸 el mes pasado el periodista de investigaci贸n Richard Medhurst, David Mendoza Herrarte fue extraditado de Espa帽a a los EEUU con la “promesa” de que cumplir铆a su condena en Espa帽a. Los tribunales espa帽oles lo consideraron una condici贸n vinculante.

“Documentos clasificados revelan las garant铆as diplom谩ticas dadas por la Embajada de los EE.UU. en Madrid y el modo que los EE.UU. violaron las condiciones de la extradici贸n”, escribi贸 Medhurst, “Mendoza pas贸 seis a帽os en los EE.UU. tratando de volver a Espa帽a. Los documentos judiciales muestran que los EEUU denegaron su solicitud de traslado en m煤ltiples ocasiones”.

Los jueces del Alto Tribunal -que eran conscientes del caso Mendoza y la duplicidad habitual de Washington- describen las “garant铆as” de no tratar bestialmente a Julian Assange como un “compromiso solemne ofrecido por un gobierno a otro”. Este art铆culo se extender铆a hasta el infinito si enumerase las veces en que los rapaces EEUU han roto “compromisos solemnes” con los gobiernos, como esos tratados que se rompen sumariamente y esas guerras civiles que se fomentan. Es el modo en que Washington ha gobernado el mundo y, antes de 茅l, Gran Breta帽a: el modo del poder imperial, tal como nos ense帽a la historia.

Esta mentira y duplicidad institucional es la que Julian Assange sac贸 a la luz, y al obrar de este modo, acas贸 cumpliera el mayor servicio p煤blico de cualquier periodista en los tiempos modernos.

El propio Julian lleva preso de gobiernos mentirosos ya m谩s de una d茅cada. Durante estos largos a帽os, me he sentado en muchos tribunales cuando los EEUU han intentado manipular la ley para silenciarlo a 茅l y a WikiLeaks.

Esto alcanz贸 un momento estrafalario, en la diminuta embajada ecuatoriana, cuando 茅l y yo nos vimos obligados a aplastarnos contra una pared, cada uno con un bloc de notas que us谩bamos para conversar, teniendo buen cuidado de proteger lo que nos 铆bamos escribiendo de las omnipresentes c谩maras esp铆a, instaladas, como ahora sabemos, por un apoderado de la CIA, la organizaci贸n criminal m谩s duradera del mundo.

Esto me lleva a la cita que encabeza este art铆culo: “Mir茅monos a nosotros mismos, si tenemos valor para ello, para ver lo que est谩 pasando”.

Jean-Paul Sartre escribi贸 esto en su pr贸logo a Los condenados de la tierra, de Franz Fanon, el estudio cl谩sico de c贸mo los pueblos colonizados y seducidos y coaccionados y, s铆, cobardes, cumplen las 贸rdenes de los poderosos.

驴Qui茅n de nosotros est谩 dispuesto a levantarse en lugar de seguir siendo meros espectadores de una parodia 茅pica como es el secuestro judicial de Julian Assange? Lo que est谩 en juego es tanto la vida de un hombre valiente como la conquista, si permanecemos en silencio, de nuestros intelectos y del sentido del bien y del mal: de hecho, nuestra propia humanidad.

Counterpunch. Traducci贸n: Lucas Ant贸n para Sinpermiso




Fuente: Lahaine.org